Evangelista, José Luis, “Kierkegaard. Una aproximación con tintes personalistas”, en Cinco aproximaciones heterodoxas al personalismo: Kierkegaard, Buber, Levinas, Cohen y Marcel, México, Infinita, 2021, pp. 13-42.

Yésica Rodríguez

La presente reseña pretende abordar el capítulo del libro Cinco aproximaciones heterodoxas al personalismo de Evangelista dedicado al pensador danés y titulado Kierkegaard. Una aproximación con tintes personalistas. Dicho capítulo es el primero de una obra consagrada al análisis del pensamiento de diversos filósofos a los que se considera como los antecedentes o «ramas» centrales del «árbol personalista». Según Evangelista, Kierkegaard, retomando a Sócrates y a Kant, aporta conceptos de carácter personalista, vinculados con lo que podría denominarse la antropología ética. Para mostrar la vinculación entre la ética como proyecto antropológico y el personalismo el autor reseñado considera importante relacionar la biografía, la escritura pseudónima y los conceptos que el danés desarrolla a la luz de las esferas de la existencia. Estos indicios de personalismo serán desarrollados poniendo el foco de atención en tres conceptos (1) El de «Individuo» que Kierkegaard equipara en su expresión más alta con el cristianismo, de manera que hay cierta identidad entre ambos elementos. En este sentido la pregunta por el cristiano es la pregunta por el individuo: se llega a ser cristiano siendo individuo. (2) La definición «ética» que propone el danés centrada en la libertad del individuo. (3) La concepción «existencial» expuesta por medio de la pseudonimia. Estos tres elementos, según la lectura del autor reseñado, permiten ligar a Kierkegaard con la propuesta antropológica del personalismo haciendo de la filosofía del pensador danés troncal para el desarrollo de las ramas del personalismo contemporáneo.

El capítulo comienza con una «semblanza» (p. 14) en la que se desarrollan de modo sucinto algunos datos biográficos del filósofo danés. Luego, se exponen datos acerca de la metodología que Kierkegaard emplea como autor. En esta exposición se resalta el carácter pseudonímico y autobiográfico de la escritura kierkegaardeana (p. 15). Evangelista realiza una división de la totalidad de la obra de Kierkegaard según este criterio. La obra pseudónima es la “primera autoría” y los escritos firmados con su propio nombre, entre los que contamos los escritos teológicos, los sermones y los diarios personales, serían la «segunda autoría». El autor reseñado explica que esta segunda etapa de escritura es habitualmente dejada de lado; sin embargo, es en esta última donde se encuentran pautas importantes de su reflexión e, incluso, las notas que permiten la comprensión de la obra pseudónima (p. 16). El autor resalta que en la primera recepción de Kierkegaard no se tomó en cuenta la distinción entre los pseudónimos y el propio Kierkegaard, lo cual ocasionó serias confusiones y olvidos que atentaron contra la finalidad de Kierkegaard como pensador: la individualidad, particularmente. el lector encontrará que al leer a Kierkegaard no sólo lee a Kierkegaard o a sus pseudónimos, sino que se lee en ellos; que la angustia, el temor, el amor, la fe y otras tantas sacudidas lo son de la existencia propia y no de la teoría, no de Kierkegaard, no del seudónimo, sino propias. Ahí, precisamente, se cumple uno de los propósitos del danés (p. 22). Es por ello que, en el apartado La reflexión kierkegaardiana Evangelista remarca las características del pensamiento de Kierkegaard: el devenir cristiano/individuo; la apropiación subjetiva de la verdad, que encuentra en ésta razones para vivir y morir; la confrontación del lector consigo mismo más que con el autor y, en relación con lo anterior, la existencia de un juicio crítico sobre la propia existencia. El pensamiento de Kierkegaard debe entenderse de modo dialéctico reflexionando sin olvidar el «pathos de la existencia». La pasión se enraíza en lo más profundo del individuo y resulta inconmensurable con una formulación racional o una expresión a través de actividad alguna (p. 27). A partir de todo esto, Evangelista retoma lo que llama «tinte personalista» en Kierkegaard, pero ¿cuáles son estos tintes que hacen de Kierkegaard un personalista? La respuesta está en Kant. El prusiano puso a la Razón en el centro de su pensamiento práctico, lo mismo hizo Kierkegaard al colocar el pathos existencial del Individuo en el cómo habitar la propia existencia (en relación con los demás hombres). Es precisamente la relación que mantiene el Individuo como especie, en tanto espíritu, lo que hace de la obra de Kierkegaard una antropología: “su propuesta antropológica resulta de la síntesis de lo finito y lo infinito, de lo temporal y lo eterno, de libertad y necesidad, pero podríamos extender sin violentarlo, a individualidad y sociedad, herencia y autodeterminación, entre otros” (p. 32). La reflexión de la «relación», señala Evangelista, es justamente lo innovador de Kierkegaard, ya que su filosofía es una «antropología ética». “Evitando solipsismos o subjetivismos, el individuo kierkegaardiano se construye desde la exigencia bíblica neotestamentaria, situando a la vez al humano en el centro de la reflexión, desde la relación” (p. 40), remarca Evangelista sobre la «antropología ética» del danés.

Es ampliamente conocido que Kierkegaard desarrolla tres esferas de la existencia: la estética, la ética y la religiosa. Sin embargo, es notorio y algo para resaltar, que el autor reseñado se concentre en la esfera de lo ético, dedicando un apartado a la “propuesta ética” de Kierkegaard. No nos resulta sorprendente ya que es en esta esfera, al menos en la ética que representa el Juez Guillermo en O lo uno o lo otro II, donde se desarrolla el concepto de elección de personalidad (at vælge sig Selv) o el bautismo de la voluntad. Dado que el autor muestra interés por la distinción entre las posiciones pseudónimas, consideramos que el libro reseñado podría realizar esta sutil pero fundamental distinción entre el «nacimiento» de la personalidad y la constitución del Individuo (Enkelte). La tesis de lectura sobre los «matices» personalistas en Kierkegaard es admisible siempre y cuando se delimiten algunos conceptos. El autor, consideramos, bien orientado, se dirige a la ética primera, aunque podría desarrollar el concepto de personalidad que en ella se plantea. Otra intuición correcta es que esta ética tiene, aún, «características» modernas, acordamos con que es una ética centrada en la reflexión racional de la interioridad. También, adherimos a la influencia de Kant. En un sentido más amplio, extender estás características a obras posteriores, firmadas por otros pseudónimos alejados de la primera ética, consideramos arriesga la tesis que el capítulo reseñado quiere sostener.