año VII, n. 7
[noviembre 2021]

Determinantes del tiempo de trabajo de cuidado y brechas de género

Ariela Micha*, Martin Trombetta**, Francisca Pereyra***1

Resumen

El cuidado es una dimensión crucial del bienestar humano, cuyos costos de proveerlo recaen desproporcionadamente sobre las mujeres. Es un hecho ampliamente reportado que su distribución al interior de los hogares dista de ser equitativa entre varones y mujeres. Sin duda, se trata de una problemática cuyos efectos se extienden más allá de la esfera doméstica e impactan negativamente sobre las posibilidades de participación de las mujeres, tanto en el mercado de trabajo en particular como en la esfera pública en general. Este trabajo utiliza datos de la Encuesta Nacional de Estructura Social, llevada adelante por el Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (ENES-PISAC) –que incluyó un módulo específico sobre esta temática– para estimar modelos de determinación del tiempo destinado a TDCNR. 

Aportamos evidencia novedosa sobre tamaño y determinantes de la brecha de género observada en una serie de tareas realizadas de manera cotidiana en los hogares. Los resultados contribuyen al conocimiento sobre los atenuantes y/o agravantes de las inequidades observadas en la distribución del TDCNR, sugiriendo posibles líneas de intervención en este campo.

Introducción

El cuidado es una dimensión crucial del bienestar humano, pero, a su vez, proveer cuidado es costoso (Esquivel, 2014). Históricamente, debido a que el cuidado ha sido considerado una actividad inherente a la condición femenina, los costos de proveerlo han recaído desproporcionadamente sobre las mujeres. El andamiaje simbólico, por una parte, y una determinada organización económica y social, por otra, consolidaron la división sexual del trabajo que reproduce la concepción de las mujeres como las mejores y más idóneas cuidadoras (Faur, 2014). Asimismo, las diferencias de clase delinean experiencias diferentes para las mujeres, ya que los condicionamientos que imponen las responsabilidades domésticas y de cuidado operan con mayor intensidad entre las mujeres de sectores populares.

En este sentido, en la Argentina se observa que mientras en los estratos altos el cuidado se resuelve en gran parte a través del mercado, recurriendo a servicios pagos (servicio doméstico, guarderías privadas, etc.), en los estratos más bajos crece el rol de los hogares en la provisión, ya que dependen de servicios públicos de cuidado de escasa cobertura y altamente fragmentados (Faur, 2011). Estas diferentes maneras de resolución de las tareas reproductivas y de cuidado según estrato social impactan, a su vez, en la capacidad de las mujeres para trascender la esfera del hogar y, en particular, para participar del mercado de trabajo y generar ingresos propios. Así, las desigualdades de género en la distribución del trabajo de cuidados no remunerado y en el mercado de trabajo están estrechamente relacionadas (OIT, 2018).

Por ello, en América Latina el concepto de cuidado se consolidó a la par de la literatura sobre la organización social y política del cuidado (Faur, 2009; 2014; Montaño Virreira y Calderón Magaña, 2010; Martínez Franzoni et al., 2010; Filgueira, Gutiérrez y Papadópulos, 2011; Staab y Gerhard, 2011; Esquivel y Faur, 2012). Desde esta perspectiva, se pone énfasis en la fuerte segmentación de la oferta de cuidado característica de estos contextos, en el acceso desigual en términos de clase social y lugar de residencia, y en la multiplicidad de actores, instituciones y sectores que participan en la organización del cuidado. Por lo tanto, cobra relevancia el concepto de organización social del cuidado que remite a la configuración dinámica “que surge del cruce entre diferentes instituciones que regulan y proveen servicios de cuidado y los modos en que los hogares de distintos niveles socioeconómicos y sus miembros acceden, o no, a ellos” (Faur, 2014: 19, sobre la base de Faur, 2009).

A la par de esta literatura, la cuestión de los cuidados fue ganando impulso en nuestros contextos en materia de visibilización de este trabajo, así como en el diseño e implementación de políticas públicas para su redistribución.2 También desde esta perspectiva se buscó jerarquizar al componente de cuidado indirecto a la par del de cuidado directo, incluyendo tanto actividades de cuidado directo de personas como actividades instrumentales que resultan una precondición de estas –cocinar, limpiar, otras tareas de trabajo doméstico–, así como la gestión de los cuidados –coordinar horarios, realizar traslados a centros educativos y otras instituciones, supervisar el trabajo de la cuidadora remunerada, entre otros– (Esquivel, 2011; Rodríguez Enríquez y Marzonetto, 2015).

De hecho, la evidencia disponible indica que en los países en desarrollo la dedicación de tiempo al trabajo doméstico (cuidado indirecto) suele ser equiparable al tiempo dedicado al cuidado directo, y no se puede afirmar a priori que las diferencias de género sean más pronunciadas en uno u otro componente del cuidado (Budlender, 2010; Esquivel, 2012). Además, en los países de nuestra región la mercantilización del trabajo doméstico es frecuente porque es accesible incluso para muchos hogares que no necesariamente serían considerados dentro de los estratos sociales más altos.3 Por lo tanto, desde nuestros contextos hablamos de Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado (TDCNR).

Respecto de la cuantificación del tiempo dedicado al TDCNR, a partir del impulso de la Plataforma para la Acción de Beijing, que instó a los países a medir cuantitativamente el valor del trabajo no remunerado que no se incluye en las cuentas nacionales, el levantamiento de encuestas de uso del tiempo ha avanzado significativamente (Esquivel, 2014). En particular, en las últimas décadas los países de la región han recolectado importante información de uso del tiempo, a través de encuestas con variadas metodologías y alcances.4

En la Argentina, una primera medición de este tipo se realizó para la ciudad de Buenos Aires en el año 2005, y se volvió a medir en esa jurisdicción en el año 2016 (Esquivel, 2009; DGEyC, 2017). También en el ámbito de la ciudad de Rosario se llevó a cabo una encuesta de uso del tiempo en el año 2010 –un análisis de los resultados se encuentra en Ganem, Giustiniani y Peinado (2014)–. Y a nivel nacional se realizó un relevamiento de este tipo en el año 2013 como módulo de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) (INDEC, 2014). Cabe señalar que la encuesta a nivel nacional difiere de las encuestas previas en las ciudades mencionadas en términos del instrumento de relevamiento.5

Adicionalmente, durante los años 2017 y 2018 se realizó una encuesta sobre trabajo no remunerado en el ámbito del Conurbano Bonaerense, que relevó tasas de participación en tareas domésticas y de cuidado (ver Cicciari, Tinoboras y Weinmann, 2019).

Y cabe mencionar que actualmente se encuentra en proceso de diseño la primera Encuesta Nacional de Uso del Tiempo y Trabajo No Remunerado, a cargo del INDEC, que se relevará durante 2021-2022. Se trata de la primera encuesta a nivel nacional específicamente diseñada para medir el tiempo destinado al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, su distribución al interior de los hogares y entre diferentes estratos económicos (ver INDEC, 2020).

Los relevamientos disponibles en el país aportan evidencia de las injustas condiciones en que se ejerce el cuidado. Por un lado, la información estadística corrobora la existencia de una inequitativa distribución del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado entre mujeres y varones. La evidencia muestra que, tanto en participación como en intensidad, el TDCNR es asumido mayormente por las mujeres.

Por otro lado, los relevamientos mencionados muestran que en hogares de bajos ingresos las mujeres dedican una cantidad de tiempo sustantivamente mayor al TDCNR que en hogares de mayores ingresos. Esta evidencia se relaciona con el mayor tamaño del hogar y la mayor presencia de niños/as en los hogares más vulnerables, con el peor equipamiento con que cuentan, la casi nula posibilidad de recurrir a trabajo doméstico pago, y con el hecho de que dependen fuertemente de servicios públicos de cuidado de escasa cobertura y altamente fragmentados (Cerrutti, 2002; Faur, 2011; Rodríguez Enríquez, 2014).

Y, por último, los resultados de las encuestas de uso del tiempo señaladas también muestran que las tasas de participación y el tiempo dedicado al cuidado se incrementan en los hogares con presencia de niños/as menores de edad, y este incremento tiende a ser absorbido casi en su totalidad por las mujeres-madres.

Por su parte, la encuesta que utilizaremos en este trabajo –Encuesta Nacional de Estructura Social (ENES)– incorporó un módulo de “Trabajo doméstico/economía del cuidado”, que abarca distintos aspectos de la organización social y política del cuidado en la Argentina,6 incluyendo información sobre la participación y dedicación horaria de varones y mujeres en las tareas domésticas y de cuidado al interior de los hogares. Faur y Pereyra (2018) realizan un análisis descriptivo de este módulo y presentan resultados en línea con el análisis de las encuestas de uso del tiempo previas: la dedicación de tiempo promedio que los varones destinan a las tareas domésticas y de cuidado es significativamente menor que la que dedican las mujeres. Asimismo, la diferencia en tiempo y participación entre varones y mujeres se agudiza con la presencia de menores de edad en el hogar, y se profundiza a medida que aumenta el número de hijos. Por último, si bien la participación de las mujeres en las tareas domésticas y de cuidado se mantiene elevada en todos los estratos socioeconómicos, las diferencias disminuyen levemente en los estratos más altos debido a que externalizan parte de las tareas a través de la contratación de servicio doméstico.

Teniendo en cuenta todo lo desarrollado hasta aquí, este trabajo busca seguir explotando la información que brinda la ENES, con el objetivo de ahondar en la comprensión sobre el tamaño y los determinantes de la brecha de género observada en una serie de tareas realizadas de manera cotidiana en los hogares. A través de la estimación de modelos de determinación del tiempo destinado al TDCNR, nos proponemos profundizar en el conocimiento sobre los atenuantes y/o agravantes de las inequidades de género observadas en la distribución de este trabajo.

Metodología y fuente de información

La Encuesta Nacional sobre la Estructura Social, llevada adelante por el Programa de Investigación sobre la Sociedad Argentina Contemporánea (ENES-PISAC), es una encuesta de hogares representativa de la población urbana del país. Mediante un módulo dedicado exclusivamente a cuestiones sobre la temática, esta encuesta recoge información sobre la distribución de las tareas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado al interior del hogar, incluyendo la participación y la dedicación horaria de varones y mujeres en los cuidados directos (de niños y personas mayores con dependencia) y en las tareas domésticas –limpiar, ordenar, cocinar, hacer las compras, etc.– (cuidados indirectos). El instrumento de relevamiento para esta información es una encuesta de tareas corta, con preguntas sobre la participación de cada individuo en un conjunto de actividades realizadas durante la semana pasada. Sin embargo, la base de datos no contiene información acerca de la dedicación horaria en cada una de estas tareas sino que releva el tiempo total dedicado al trabajo no remunerado dentro del hogar.

La metodología empleada en este trabajo para medir la brecha de género es tradicional. Estimamos modelos Tobit utilizando como variable dependiente el tiempo destinado al TDCNR y diversas variables independientes de interés que incluyen género, nivel educativo, tamaño y composición del hogar, región geográfica, asistencia escolar de los niños, presencia de servicio doméstico e ingreso del hogar. Por otra parte, estimamos modelos de probabilidad lineal (MPL) mediante mínimos cuadrados ordinarios (MCO) usando como variables dependientes dummies de participación en diversas tareas reportadas.

La base de datos utilizada incluye imputación de ingresos ante casos de no respuesta, como es habitual en los relevamientos realizados en Argentina. Si bien el ingreso total de los hogares es una variable de interés en nuestros ejercicios, comprobamos que el trabajo con quintiles de la distribución de ingreso per cápita ofrece mejores resultados (posiblemente porque estos quintiles también pueden interpretarse como estratos socioeconómicos, captando así otros atributos inobservables pero correlacionados con el ingreso).

Resultados

El Cuadro 1 presenta estadísticas descriptivas de la base de datos utilizada para el subconjunto de individuos de entre 18 y 75 años, los que resultan de interés para este estudio. Dividimos las variables en dependientes e independientes (de acuerdo a los fines de nuestro análisis) y presentamos la media de cada una.

Cuadro 1. Estadística descriptiva

Variables dependientes

Variables independientes

Participación limpieza

72.1%

Género y edad

Participación planchado

45.0%

Mujer

52.7%

Participación preparación comidas

69.3%

Edad

41.06

Participación arreglos

25.1%

Educación

Participación cuidado niños

36.5%

Asistencia educativa

14.6%

Participación cuidado ancianos

5.4%

Hasta primaria incompleta

9.5%

Participación compras

80.9%

Primaria completa

17.7%

Participación trámites

70.5%

Secundaria incompleta

17.5%

Horas trabajo dentro del hogar

14.52

Secundaria completa

25.6%

Desvío horas

14.55

Terciario incompleto

13.5%

Terciario completo

16.6%

Composición del hogar

Jefe/a

43.4%

Cónyuge

27.7%

Hijo/a

22.3%

Otro familiar

5.8%

Cantidad de niños de hasta 4 años

0.30

Proporción niños hasta 4 años que asiste a un establecimiento educativo

29.6%

Cantidad de niños de 5-12 años

0.48

Cantidad de niños de más de 12 años

0.32

Cantidad de ancianos

0.41

Cantidad de miembros

3.9

Región

CABA

8.6%

GBA

25.3%

Cuyo

6.9%

Pampa

14.5%

Centro

20.7%

NEA

7.9%

NOA

10.8%

Patagonia

5.5%

Otras

Horas trabajo fuera del hogar

23.59

Servicio doméstico

7.4%

Participación del ingreso laboral individual en el ingreso laboral del hogar

31.5%

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.

La muestra contiene 18338 individuos en el rango de edad seleccionado. El 52.7% son mujeres y la edad promedio es de 41 años. El perfil educativo es intermedio, con mayoría de la muestra en la categoría de secundaria completa (25.6%) y un 55.3% con un nivel educativo mayor o igual a ese. El 43.4% de los individuos son jefes de hogar, mientras que el 27.7% son cónyuges, y solo un 5.8% de los restantes corresponde a una categoría distinta de “hijo”. El tamaño medio del hogar es de casi 4 miembros, con poco más de un niño por hogar en promedio. En cuanto a la distribución geográfica, un 33.9% de la muestra reside en el AMBA, mientras que un 35.2% lo hace en las regiones catalogadas como Pampa o Centro; el peso de las restantes regiones (NOA, NEA y Patagonia) es considerablemente menor. La cantidad de horas promedio trabajadas fuera del hogar es de 23.6, consistente con una jornada de medio tiempo, o bien con el promedio entre individuos ocupados a tiempo completo y otros no económicamente activos. Por último, el 7.4% de los individuos vive en un hogar que contrata servicio doméstico.

En cuanto a las variables de TDCNR dentro del hogar, encontramos una media de 14.5 horas de trabajo semanal, aunque con un desvío de prácticamente la misma magnitud, lo que implica una distribución con alta variabilidad. En cuanto a las variables de participación en distintas tareas, podemos ver que compras es la tarea más frecuentemente realizada, ya que involucra al 80.9% de los individuos relevados, seguida por limpieza con el 72.1%. En el extremo opuesto aparecen el cuidado de ancianos (5.4%) y las reparaciones (25.1%).

La estimación de funciones de densidad por métodos no paramétricos puede ser útil para comenzar a indagar en las diferencias según género en el tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. El Gráfico 1 a continuación presenta la distribución del trabajo dentro del hogar por género. Se trata de una distribución sesgada hacia la izquierda tanto para varones como para mujeres, pero con una cola derecha mucho más pesada en el segundo caso. Si bien los modos no parecen diferir significativamente, tanto media como mediana son visiblemente mayores en mujeres (19.1 y 15) que en varones (9.4 y 6), lo que indica que las mujeres dedican aproximadamente el doble de tiempo al TDNCR que los varones.

Gráfico 1. Distribución del tiempo de trabajo dentro del hogar por género


Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES. Filtro Epanechnikov con ancho de banda 4.

También es interesante analizar la distribución del tiempo de trabajo total, es decir, la suma del tiempo destinado a trabajar tanto dentro como fuera del hogar. Aquí resulta de interés distinguir entre individuos ocupados e individuos no ocupados, ya que es esperable que los no ocupados absorban una proporción mayor de las tareas de cuidado al interior del hogar. Esto también contribuye a la generación de una brecha de género, habida cuenta de la menor participación laboral femenina, ampliamente documentada en la literatura.7

Gráfico 2. Distribución del tiempo de trabajo total por género


Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES. Filtro Epanechnikov con ancho de banda 5. Se eliminó el 1% superior de los datos para simplificar la lectura.

Tal como se observa en el Gráfico 2, el tiempo de trabajo total presenta para los varones una distribución bimodal, lo que sugiere dos casos predominantes: por un lado, el de individuos que trabajan jornadas completas fuera del hogar y dedican una cantidad reducida de horas al trabajo dentro del hogar, y, por otro lado, el de individuos que trabajan pocas horas fuera del hogar pero aun así dedican al TDCNR una cantidad de horas inferior a la media femenina. En cambio, las mujeres presentan nuevamente una distribución sesgada hacia la izquierda, sugiriendo que para ellas los casos que predominan son de jornadas más balanceadas entre trabajo fuera y dentro del hogar (aunque posiblemente con diversas estructuras de composición).

Cuando se excluye a los individuos no ocupados del análisis encontramos distribuciones unimodales para ambos géneros, con colas derechas muy similares pero con un segmento más pesado en el tramo comprendido entre 18 y 40 horas para las mujeres. Esta diferencia es consistente con el hecho de que la inserción laboral en puestos de jornada reducida (inferior a 10 horas semanales) caracteriza al 14% de las mujeres ocupadas pero solo al 8% de los varones ocupados, sin que esto compense la desigual distribución del TDCNR. Así, una proporción relevante de mujeres trabaja un total de entre 20 y 40 horas semanales (a pesar de estar insertas en puestos de media jornada o de trabajo eventual), situación más bien atípica en varones.

A continuación, presentamos los primeros resultados de la estimación del modelo Tobit para las horas de TDCNR. Los resultados presentados solo incluyen algunas variables de interés, el resto puede ser consultado en el Anexo (ver Cuadro A.1).

Cuadro 2. Determinantes del tiempo de trabajo no remunerado dentro del hogar

Variable

Efecto marginal

Mujer

7.1327***

Niños de hasta 4 años

1.5969***

Niños de hasta 4 años que asisten

-1.1651***

Niños de 5-12 años

0.304***

Niños de más de 12 años

-0.9371**

Servicio doméstico

-2.4088***

Horas de trabajo fuera del hogar

-0.0216***

Quintil 2 ingreso per cápita

-0.3093

Quintil 3 ingreso per cápita

-0.4857

Quintil 4 ingreso per cápita

-0.8482**

Quintil 5 ingreso per cápita

-1.0479***

Participación del ingreso laboral del individuo en el ingreso laboral total del hogar

-0.0306***

Tamaño muestral

17912

Pseudo R2

0.0341

*** p<0.01, * p<0.05, *p<0.1. Efectos marginales sobre la variable observada.

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.

En primer lugar, en línea con los relevamientos disponibles en el país, se observa que la brecha de género en el tiempo de trabajo dentro del hogar es de una magnitud considerable: las mujeres realizan casi un 50% más de trabajo no remunerado que los varones (7.1 horas semanales), magnitud equivalente a medio desvío estándar en la distribución empírica de horas.

En segundo lugar, los resultados muestran que la presencia de niños en el hogar es un determinante relevante del tiempo destinado a trabajo de cuidado, también en línea con la evidencia proveniente de encuestas de uso del tiempo disponibles en el país. A su vez, es interesante notar que las edades de los niños resultan clave, ya que las necesidades de cuidado varían sensiblemente a lo largo de la vida de los niños. La presencia de niños de entre 5 y 12 años tiene un efecto modesto sobre la carga de horas de cuidado de los restantes miembros del hogar (0.3 horas), mientras que este efecto es considerablemente mayor cuando se trata de niños menores de 5 años (1.6 horas). También es importante notar que el efecto de los niños pequeños es compensado casi totalmente por la asistencia a un jardín, guardería o centro de cuidado infantil, lo que remarca la importancia de la provisión de servicios de cuidado en la reducción de la carga de TDCNR. Por último, la presencia de niños mayores de 12 años tiene un efecto negativo ya que estos niños pueden absorber parte de la carga de trabajo de cuidado de los hogares.

En cuanto a la contratación de servicio doméstico, es también un determinante de peso, ya que reduce en 2.4 horas el tiempo destinado al trabajo dentro del hogar. Sin embargo, como se ve en el cuadro, la tercerización del trabajo doméstico y de cuidados está lejos de compensar el diferencial existente entre varones y mujeres.8

El trabajo fuera del hogar tiene un efecto negativo sobre el trabajo dentro del hogar, de una magnitud de aproximadamente 0.02 por hora trabajada, lo que implica que un individuo con una ocupación de tiempo parcial (20 horas semanales) realiza casi media hora menos de trabajo de cuidado que uno que no trabaja fuera del hogar.

Sin embargo, la participación de los individuos en el mercado de trabajo puede afectar su dedicación al TDCNR por otras vías. En particular, la literatura sugiere que la percepción de ingresos es un determinante del poder de negociación de los individuos al interior del hogar,9 lo que podría influir en las cargas de cuidado que sobrellevan. En nuestros resultados vemos que cada punto porcentual de participación en el ingreso laboral del hogar reduce en 0.03 las horas dedicadas al trabajo dentro del hogar; esto implica que un aumento de un desvío en dicha participación (32 puntos porcentuales) se traduce en una reducción de una hora semanal en el TDCNR.10

El ingreso per cápita del hogar también es un determinante relevante, tal como señalan las distintas encuestas de uso del tiempo disponibles, aunque en este caso se observa un efecto significativo solo en la cola derecha de la distribución: los individuos ubicados en los quintiles 4 y 5 realizan 0.8 y 1 hora menos de TDCNR, respectivamente. Factiblemente esto responda a la posibilidad de tercerizar tareas que van más allá de las que realizan las empleadas domésticas, ya sea comidas preparadas fuera del hogar, servicios de lavandería, reparaciones u otros. También podría responder a un mayor equipamiento del hogar en tecnologías que ahorran tiempos de trabajo, como lavadoras, hornos y otros.

Por otro lado, cabe mencionar que exploramos la posibilidad de que la concurrencia de niños a establecimientos educativos de doble jornada pudiera ser un determinante pero no encontramos resultados estadísticamente distintos de cero.

En el Anexo pueden consultarse los resultados completos, que ofrecen algunas otras conclusiones interesantes. La relación entre el trabajo de cuidado y la edad tiene forma de parábola cóncava y alcanza un máximo en los 46 años. Las variables educativas indican un patrón particular: la carga de TDCNR es menor en las puntas de la distribución, con una reducción de alrededor de una hora y media para individuos con educación terciaria completa o bien con primaria incompleta, pero sin diferencias estadísticamente significativas entre individuos de niveles educativos intermedios. Por otro lado, la asistencia a un establecimiento educativo reduce el tiempo de trabajo en el hogar en aproximadamente 1 hora. El tipo de estructura del hogar también tiene un efecto sobre la dedicación al TDCNR: en particular, los individuos que integran hogares nucleares incompletos dedican 4.2 horas más que los que integran hogares nucleares completos (diferencia que se reduce a alrededor de 2 horas para hogares unipersonales o extendidos).

Por último, los individuos que habitan fuera de Gran Buenos Aires realizan mayor cantidad de trabajo dentro del hogar que los habitantes de Capital Federal y el conurbano, en diversas magnitudes de acuerdo con la región en particular. Esto se podría relacionar con las profundas desigualdades que existen en la oferta (pública o privada) de servicios de cuidado que sustituyan el trabajo dentro del hogar. La ciudad de Buenos Aires particularmente es uno de los distritos con mayor oferta, tanto pública como privada, de servicios de cuidado para la primera infancia y es también donde tiende a concentrase la oferta de doble jornada para los establecimientos educativos (Faur y Pereyra, 2018).

Resulta de interés ahondar en las distintas tareas en que puede ser dividido el trabajo de cuidado dentro del hogar. Sin embargo, la base de datos utilizada no contiene información acerca de la distribución del tiempo dedicado a cada una, solo podemos observar la participación de cada individuo en una u otra tarea como una variable dicotómica. Por este motivo, repetimos el ejercicio anterior pero estimando modelos de probabilidad lineal para cada una de las tareas diferenciadas. Los resultados son presentados en el Cuadro 3.

Cuadro 3. Determinantes de la participación en distintas tareas dentro del hogar

Limpieza

Planchado

Preparación comidas

Arreglos

Cuidado niños

Cuidado ancianos

Compras

Trámites

Mujer

0.33***

0.42***

0.328***

-0.199***

0.118***

0.0274***

0.131***

0.0853***

Niños de hasta 4 años

-0.01

-0.0141**

-0.00366

0.0124*

0.219***

-0.0247***

0.0075

0.0157**

Niños de hasta 4 años que asisten

-0.0017

-0.0004

0.0073

0.0137

0.0148

0.0066

-0.0106

-0.0208*

Niños de 5 a 12 años

-0.0145***

-0.00668

-0.0110**

0.0116***

0.156***

-0.0022

0.0039

0.0042

Niños de más de 12 años

-0.0157***

-0.0139**

-0.0139***

-0.004

-0.0056

0.0031

-0.0181***

-0.0182***

Servicio doméstico

-0.140***

-0.177***

-0.0799***

-0.0629***

-0.0155

0.0049

-0.025**

-0.0183

Horas de trabajo fuera del hogar

-0.0013***

-0.0013***

-0.0011***

0

-0.0001

-0.0001

-0.0006***

-0.0002

Participación ingreso laboral

-0.0003**

0

-0.0004***

0.0004***

-0.0007***

0

0

0

Quintil 4 ingreso per cápita

0.0226**

0.0645***

0.0391***

-0.0166

0.0279***

-0.0208***

0.0306***

0.0651***

Quintil 5 ingreso per cápita

0.0531***

0.0709***

0.0569***

-0.0113

0.00328

-0.0316***

0.0527***

0.0870***

*** p<0.01, * p<0.05, *p<0.1. La categoría base en las variables de ingreso es el quintil 1.

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.

Todas las tareas registran una brecha de género estadísticamente significativa al 99% de confianza, aunque con tamaños de distinta magnitud. Planchado es la tarea con la mayor brecha (de 42 puntos porcentuales), seguida por limpieza y preparación de comidas (ambas en torno a 33 puntos porcentuales). El cuidado de niños y las compras exhiben una brecha considerablemente menor (alrededor de 12 puntos porcentuales), mientras que los trámites y el cuidado de ancianos presentan los menores valores (con 9 y 3 puntos porcentuales respectivamente). El caso de los arreglos dentro del hogar es particular ya que allí la brecha se invierte: la participación de los varones es casi 20 puntos porcentuales mayor a la de las mujeres. Este último dato es consistente con lo señalado por Faur y Pereyra (2018) sobre ciertas tareas que se encuentran “masculinizadas”.

La presencia de niños pequeños en el hogar tiene un efecto previsiblemente alto sobre la participación en el cuidado de niños, además de efectos pequeños en otras tareas (trámites y arreglos). Sin embargo, no encontramos evidencia de que la asistencia de los niños a instituciones educativas o de cuidado reduzca la participación en tareas de cuidado, a excepción de un pequeño efecto en la realización de trámites. Esto sugiere que el efecto de esta asistencia podría operar en el margen intensivo del TDCNR pero no así en el extensivo. La convivencia con niños de entre 5 y 12 años ejerce un efecto similar, aunque menor en magnitud, mientras que la presencia de niños mayores a 12 años no afecta la participación en el cuidado de niños. A su vez, esta última variable tiene un efecto negativo en otras 5 tareas, lo que sugiere que en ese tramo etario los niños son capaces de participar en la distribución de la carga de cuidado de su hogar.

En lo que refiere a la contratación de servicio doméstico, esta variable tiene un efecto negativo importante sobre la participación en varias de las tareas (particularmente en limpieza y planchado, de 14 y 18 puntos porcentuales respectivamente), aunque no en el cuidado de niños, de ancianos o en la realización de trámites. Este resultado se encuentra en línea con la tendencia que se observa en el país respecto de la modalidad de contratación del empleo doméstico, que en los últimos años ha mostrado un crecimiento significativo del trabajo “por horas”, que implica jornadas parciales asumiendo fundamentalmente las tareas de limpieza de los hogares (Pereyra y Tizziani, 2014; Pereyra, 2017).

Con respecto al trabajo fuera del hogar, este tiene un efecto negativo, aunque pequeño, sobre la participación en varias tareas. En esta misma línea, la participación del ingreso laboral individual en el ingreso laboral del hogar muestra magnitudes muy pequeñas y cercanas a cero en casi todas las tareas, lo que resulta esperable: si bien, como se observó previamente, la contribución económica de los miembros del hogar puede reducir la cantidad de horas dedicadas al TDCNR, difícilmente anule la participación en las tareas específicas.

Por último, se observa que a medida que aumenta el quintil de ingresos per cápita de los hogares aumentan los requerimientos de participación en todas las tareas domésticas a excepción de arreglos y cuidado de ancianos. Esto sugiere que estas tareas se realizan en mayor medida en los hogares de los quintiles de mayores ingresos, si bien, como se observó previamente, los individuos de estos hogares dedican en total menos cantidad de horas al TDCNR.

Ahora bien, es interesante notar que el caso del cuidado de niños es particular, ya que allí los individuos del quintil más alto no muestran mayor participación que los del más bajo. Factiblemente esto responda a la posibilidad de tercerizar tareas de cuidado en el caso de los hogares de mayores ingresos a través de la contratación de niñeras. Algo parecido sucede en el caso del cuidado de ancianos, ya que la pertenencia de los individuos a los quintiles 4 y 5 tiene un efecto negativo en la participación en esta tarea, probablemente debido a la contratación privada de cuidadoras de adultos mayores. La evidencia disponible a partir de la encuesta de uso del tiempo a nivel nacional va en línea con estos hallazgos e hipótesis, ya que apunta también a una disminución de las tasas de participación en tareas de cuidado a medida que aumentan los ingresos de los hogares, producto de la mayor capacidad para contratar cuidadoras particulares (Calero, Dellavalle y Zanino, 2015).

A continuación, repetimos las estimaciones para las horas dedicadas al TDCNR incluyendo una serie de interacciones con la dummy de género. Esto permite computar efectos marginales de interés que varían entre mujeres y varones, con el objetivo de indagar sobre los atenuantes y/o agravantes de las inequidades de género observadas en la distribución de este trabajo al interior del hogar. Para este ejercicio utilizamos la variable de horas dedicadas al TDCNR como variable dependiente, ya que en la variable de participación que indaga sobre los diferentes tipos de tareas no contamos con información sobre cuánto tiempo insumió cada una.

Cuadro 4. Determinantes del tiempo de trabajo no remunerado dentro del hogar. Interacciones

Variable

Efecto marginal varones

Efecto marginal mujeres

Niños de hasta 4 años

1.0125***

2.2614***

Niños de hasta 4 años que asisten

-0.4938

-1.798***

Servicio doméstico

-1.4147***

-3.533***

Quintil 4 ingreso per cápita

0.3695

-2.1797***

Quintil 5 ingreso per cápita

0.7816*

-3.2149***

Horas de trabajo fuera del hogar

-0.0121**

-0.0187**

Participación en el ingreso laboral

-0.0144***

-0.0438***

Hogar unipersonal

4.0564***

-1.0059

*** p<0.01, * p<0.05, *p<0.1. Efectos marginales sobre la variable observada.

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.

Los resultados presentados en el Cuadro 4 arrojan luz sobre la forma en que operan algunos factores sobre la brecha de tiempo de trabajo no remunerado dentro del hogar entre varones y mujeres, apuntando a algunos determinantes subyacentes. En primer lugar, constatamos que el efecto marginal de los niños pequeños sobre el tiempo destinado al TDCNR es mayor en mujeres que en varones. De este modo, la convivencia con niños aumenta la brecha de género en trabajo dentro del hogar, un resultado consistente con los presentados a partir de encuestas de uso del tiempo disponibles en el país y con el análisis de Faur y Pereyra (2018). Sin embargo, la asistencia de niños de hasta 4 años a establecimientos educativos o de cuidado compensa parcialmente su efecto sobre la carga de cuidado en mujeres, aunque no necesariamente así en varones (donde el efecto no es estadísticamente distinto de cero), de modo que el acceso a servicios de cuidado para la primera infancia tiene un potencial considerable de reducción de la brecha de género en la distribución del TDCNR.

El servicio doméstico es otra variable que aparece como un determinante de la brecha de género. Como se observa, la contratación de trabajadoras domésticas en los hogares permite reducir el tiempo de trabajo no remunerado en mayor medida para las mujeres que para los varones. Sin embargo, el tamaño del efecto del servicio doméstico alcanza apenas al 30% de la brecha de género reportada, lo que indica que este es capaz de reducir las inequidades de género pero solo parcialmente. Además, es importante notar que la opción de contratar servicio doméstico se encuentra limitada o es directamente nula para la enorme mayoría de mujeres de los estratos sociales más bajos.

Con respecto a las variables de ingreso per cápita, el efecto marginal es negativo y tiene magnitud considerable solo para las mujeres, probablemente como fruto del mayor acceso a tercerización de tareas domésticas y a optimización de los tiempos de trabajo no remunerado mediante mejores equipamientos del hogar. Sin embargo, conviene recordar que las variables de ingreso habitualmente capturan la incidencia de otros atributos inobservables pero correlacionados con el ingreso. En particular, nos referimos a aspectos de la inequidad de género que se conforman más allá de lo material (como ser jerarquías y roles sociales), que reflejan y refuerzan relaciones de poder sustentadas en la esfera material.

Por otro lado, el tiempo de trabajo fuera del hogar tiene un efecto negativo sobre el trabajo dentro del hogar, tanto para varones como para mujeres, pero de magnitudes muy pequeñas. En este sentido, esta variable no parece actuar como un determinante de peso en la brecha de género, en la medida en que tiene poca incidencia en la injusta distribución del tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado entre varones y mujeres. Esta situación se ve reflejada en todas las encuestas de uso del tiempo preexistentes en el país, las cuales llaman la atención sobre la denominada “doble jornada” de trabajo para las mujeres, ya que a las responsabilidades en el mercado de trabajo se le adicionan las que siguen manteniendo dentro del hogar (véase Rodríguez Enríquez, 2014).

Por su parte, la percepción de ingresos laborales tiene un efecto significativo en la reducción de la brecha de género, en la medida en que la mayor participación en el ingreso laboral total del hogar tiene un efecto negativo sobre la dedicación al TDCNR de un tamaño de casi el triple en mujeres que en varones. En esta misma línea, Faur y Pereyra (2018), sobre la base de los mismos datos de la ENES-PISAC, señalan que cuando las mujeres ocupan la posición de jefas de hogar (cuando son quienes perciben la mayor parte de los ingresos), se observa una mayor tendencia a democratizar el trabajo no remunerado, aunque continúan siendo ellas quienes asumen las tareas en mayor medida. Este hallazgo va en línea con diversos trabajos previos que señalan que en el caso de las mujeres la percepción de ingresos implica cierta redistribución del poder de negociación al interior del hogar y el quiebre de la dependencia económica a partir de la diversificación de las fuentes de donde proviene el dinero (Wainerman, 2002; Goren, 2012; Kliksberg y Novacovsky, 2015).

Finalmente, mostramos los resultados para el tipo de hogar unipersonal, ya que resulta llamativo que, en comparación con los individuos que viven en hogares nucleares completos, la carga de horas de TDCNR es significativamente más alta en varones mientras que es menor en las mujeres (aunque en una magnitud que no es estadísticamente diferente de cero). Este efecto podría estar siendo impulsado por el previamente reportado “trasvasamiento” del trabajo doméstico de los varones hacia las mujeres cuando se modifica la composición del hogar (Esquivel, 2009; Ganem, Giustiniani y Peinado, 2014).

A modo de conclusión

En este trabajo analizamos los determinantes del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al interior del hogar a partir de una nueva base de datos, todavía poco explorada en la literatura. Nuestros resultados coinciden con estudios previos en señalar una considerable brecha de género, tanto en términos del tiempo total dedicado como en la participación en tareas específicas.

En segundo lugar, proveemos evidencia sobre varios determinantes clave de la distribución del TDCNR, en particular, la composición sociodemográfica del hogar, el ingreso per cápita del hogar (o nivel socioeconómico), la cantidad de horas trabajadas fuera del hogar, y la participación del ingreso individual en el ingreso laboral del hogar.

En línea con la evidencia de los relevamientos de uso del tiempo disponibles en el país, cuando las mujeres conviven con niños pequeños y cuando habitan en hogares de bajos ingresos, se intensifica su dedicación al TDCNR y aumenta la brecha de género en trabajo dentro del hogar.

Ahora bien, nuestro análisis permitió advertir que la mayor participación de las mujeres en el ingreso laboral del hogar es un factor de peso que colabora en la reducción de la brecha de género en el tiempo dedicado al trabajo no remunerado. Si bien continúan siendo las mujeres quienes asumen las tareas en mayor medida, este hallazgo parece indicar que cuanto mayor es la contribución relativa al hogar de los ingresos laborales de las mujeres, se incrementa en alguna medida su poder de negociación en torno a la distribución del TDCNR, por lo que se observa una cierta mejora en su redistribución.

En tercer lugar, encontramos que la posibilidad de externalizar parte del trabajo doméstico y de cuidados a través del servicio doméstico y de la escolarización de los niños puede contribuir a reducir la brecha de género reportada. Este es un hallazgo sin precedentes, en tanto y en cuanto la información de la ENES-PISAC permite profundizar sobre la organización social del cuidado en la Argentina a partir de información novedosa y representativa de la población de todo el país.

En este sentido, cabe subrayar el efecto compensatorio que se observa por parte de la asistencia de niños pequeños a establecimientos educativos o de cuidado sobre la carga de TDCNR en las mujeres. Sin embargo, existe amplia evidencia en torno al hecho de que la tasa de escolarización en las edades no obligatorias es más baja para los niños y niñas que viven en hogares de los estratos más bajos, dadas las restricciones de la provisión pública de servicios de cuidado para la primera infancia en nuestro país. Por lo tanto, adquieren un rol preponderante las intervenciones de la política pública que apunten a desvincular la resolución de los cuidados a la situación socioeconómica de los hogares. Es decir, resulta de primordial importancia el fortalecimiento de la presencia estatal en la regulación, coordinación y provisión de los servicios de cuidado infantil para la primera infancia, así como la necesidad de reducir las barreras para su acceso, fundamentalmente en relación con las vacantes.

Asimismo, si bien se advierte un efecto reductor de la brecha de género a partir de la contratación de servicio doméstico, este resulta parcial y también se encuentra limitado, ya que la opción de contratar servicio doméstico resulta casi nula para los hogares de los estratos sociales más bajos. En este sentido, se reafirma la profunda interrelación entre las desigualdades de género y las desigualdades socioeconómicas.

Para finalizar, cabe mencionar que en la reproducción de las desigualdades de género en la distribución del TDCNR también juegan un rol otros atributos inobservables. De este modo, se deben considerar también los aspectos de la inequidad de género que se conforman más allá de lo material (jerarquías y roles sociales), que generan patrones de género fuertemente instalados en la cultura. Además, las desigualdades estudiadas en este trabajo repercuten en otras, en particular, en la participación de las mujeres en la esfera pública y en el mercado de trabajo. De modo que las políticas públicas deberían apuntar, simultáneamente, a mejorar el acceso a los servicios de cuidado en la primera infancia, a potenciar el empoderamiento económico de las mujeres vía la obtención de ingresos propios, y a abordar las distintas dimensiones de los patrones culturales de género, de cara a una redistribución social más justa del trabajo de cuidado.

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Wainerman, C. (2002). “La reestructuración de las fronteras de género”, en WAINERMAN, C. (comp.), Familia, trabajo y género. Un mundo de nuevas relaciones. Buenos Aires: UNICEF / FCE.

ANEXO

Cuadro A.1. Determinantes del tiempo de trabajo no remunerado dentro del hogar

Variable

Modelo sin interacciones

Modelo con interacciones

Efecto marginal

Efecto marginal varones

Efecto marginal mujeres

Edad

0.0335***

0.0405***

0.0456***

Asiste

-1.0386***

-0.8057***

-1.0153***

Hasta primaria incompleta

-1.2016***

-1.0676***

-1.3509***

Primaria completa

0.0785

0.1716

0.2134

Secundaria incompleta

0.2667

0.2348

0.2917

Terciaria incompleta

0.0769

0.1292

0.1607

Terciaria completa

-1.1868***

-0.8328***

-1.05***

Cónyuge

2.8734***

1.8182***

2.1442***

Hijo

-4.5746***

-2.5479***

-6.7812***

Otro familiar

-3.456***

-2.3226***

-4.7151***

Hogar unipersonal

2.0474***

4.0564***

-1.0059

Hogar nuclear sin hijos

-0.7513***

0.5316

-2.0004***

Hogar nuclear completo ensamblado

1.4053***

1.6313***

1.5005***

Hogar nuclear incompleto

4.2066***

3.7081***

3.2714***

Hogar extendido

1.7452***

1.9699***

1.079**

Otros hogares

1.3224

2.1756**

-0.3073

GBA

0.6543*

0.1292

1.1122*

Pampa

3.7767***

1.8968***

5.6638***

Cuyo

3.6905***

1.5521***

5.8842***

Centro

2.0015***

0.4944

3.5864***

NEA

3.726***

0.7677

6.9017***

NOA

2.9118***

1.5123***

4.3095***

Patagonia

3.0162***

1.0833**

5.1274***

Quintil 2 ingreso per cápita

-0.3093

0.0519

-0.6299

Quintil 3 ingreso per cápita

-0.4857

0.2013

-1.1384**

Observaciones

17912

17912

17912

*** p<0.01, * p<0.05, *p<0.1. Efectos marginales sobre la variable observada.

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.

Cuadro A.2. Determinantes de la participación en distintas tareas dentro del hogar

Limpieza

Planchado

Preparación comidas

Arreglos

Cuidado

niños

Cuidado

ancianos

Compras

Trámites

Cónyuge

0.0898***

0.138***

0.0997***

-0.0554***

0.0174**

-0.0168***

0.0185**

-0.0161

Hijo

-0.0986***

-0.0522***

-0.148***

-0.126***

-0.0808***

-0.0214***

-0.184***

-0.227***

Otro familiar

-0.0625***

-0.0170

-0.0919***

-0.103***

-0.0584***

-0.0507***

-0.181***

-0.230***

Hogar unipersonal

0.271***

0.197***

0.275***

0.0426**

-0.0112

-0.0005

0.137***

0.126***

Hogar nuclear sin hijos

0.0573***

0.0301**

0.0534***

0.0275**

-0.0404***

-0.0045

0.0429***

0.0462***

Hogar nuclear completo ensamblado

0.0518***

0.0329**

0.0354***

-0.00230

0.247***

0.0084

0.0233**

-0.0012

Hogar nuclear incompleto

0.183***

0.135***

0.178***

-0.0063

0.297***

0.0166

0.107***

0.11***

Hogar extendido

0.0914***

0.0743***

0.098***

-0.0105

0.166***

0.0747***

0.0891***

0.0751***

Otros hogares

0.167***

0.0595*

0.226***

0.0674**

0.0448

0.0859***

0.149***

0.140***

GBA

0.0514***

0.0712***

0.0281**

0.0937***

0.0207

0.0201**

0.0734***

0.0885***

Pampa

0.0901***

0.0329**

0.072***

0.0602***

0.0238*

0.0139*

0.0279**

0.0379**

Cuyo

0.0846***

0.108***

0.0167

0.0086

-0.0150

0.0173**

-0.0025

0.0227

Centro

0.0518***

-0.0144

0.0073

-0.0456***

0.0191*

0.0154**

-0.0330***

-0.0434***

NEA

0.0410***

0.103***

-0.0034

-0.0335**

-0.016

0.0185**

-0.0845***

-0.0777***

NOA

0.0641***

0.109***

-0.0041

-0.0087

0.0027

0.0387***

-0.00640

0.0670***

Patagonia

0.0747***

0.123***

0.0296**

0.0347**

0.0092

0.0148*

0.00567

0.0288*

Quintil 2 ingreso per cápita

0.0041

0.0244**

-0.0007

0.0076

0.0357***

-0.0104*

0.0303***

0.0432***

Quintil 3 ingreso per cápita

-0.0005

0.0386***

0.0134

-0.0114

0.0305***

-0.0101

0.0242**

0.0465***

Constante

0.394***

-0.0922**

0.346***

0.292***

0.106***

-0.0715***

0.666***

0.290***

Observaciones

18042

18042

18042

18042

18042

18042

18042

18042

R cuadrado

0.251

0.305

0.276

0.117

0.400

0.066

0.144

0.144

*** p<0.01, * p<0.05, *p<0.1.

Fuente: elaboración propia sobre la base de ENES.


1* Doctora en Ciencias Sociales con beca posdoctoral (CONICET-UNGS).

** Doctor en Economía e investigador asistente (CONICET-UNGS).

*** Licenciada en Sociología y profesora adjunta en el área de economía del Instituto de Ciencias, de la UNGS.

2 La redistribución del trabajo doméstico y de cuidados puede tener lugar dentro de los hogares así como entre la comunidad (sociedad civil), el Estado y el mercado. Ver Esquivel (2013) para un desarrollo de la propuesta del marco de la Triple R: reconocimiento, reducción y redistribución.

3 Producto de la combinación de mercados de trabajos con elevada informalidad e inequidad de ingresos y condiciones de trabajo precarias para el servicio doméstico, ocupación que además es escasamente regulada (Abramo, 2004). En la Argentina, esta ocupación, que aglutina a la cantidad más alta de trabajadoras de sectores populares, se caracteriza por sus bajos niveles de registro, sus magros salarios y altas tasas de rotación (Pereyra, 2012; Pereyra y Tizziani, 2014).

4 El detalle sobre las características metodológicas de algunas de las encuestas de uso del tiempo en la región y en otros países en desarrollo puede encontrarse en Esquivel et al. (2008).

5 Las encuestas de uso del tiempo de la ciudad de Buenos Aires (2005 y 2016) y de la ciudad de Rosario (2010) utilizan como instrumento de recolección de la información un diario de actividades del día de ayer. Este diario capta información sobre todas las actividades de un día, según las relatan las/os entrevistadas/os, y permite diferenciar distintos patrones de uso del tiempo de acuerdo a distintos tipos de días (días de semana/ fin de semana; días “típicos” y “atípicos”), y también permite la captación de la presencia de simultaneidad de actividades (Esquivel, 2009; Ganem, Giustiniani y Peinado, 2014). Ver DGEyC (2017) para una comparación de las principales características metodológicas de las experiencias de relevamiento sobre uso del tiempo que se llevaron a cabo en la Ciudad de Buenos Aires en 2005 y 2016. En cuanto a la encuesta de uso del tiempo a nivel nacional, fue implementada por el INDEC como módulo de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU). Es una encuesta de tareas corta, con cuatro preguntas sobre grupos de actividades realizadas en el día de ayer, y no permite distinguir la simultaneidad en las tareas (Rodríguez Enríquez, 2014).

6 Un análisis exhaustivo de los resultados de este módulo puede encontrarse en Faur y Pereyra (2018).

7 Para una amplia revisión de esta literatura, ver Gasparini y Marchionni (2015).

8 Cabe aclarar que la base de datos no permite conocer la cantidad de horas contratadas de servicio doméstico.

9 Los primeros avances son presentados en Chiappori (1992). Para literatura específica sobre género, se puede consultar autores que indagan sobre cómo la percepción de ingresos por parte de las mujeres puede generar un margen de autonomía económica en ellas y fortalecer su posición en las negociaciones intra-hogar; véase CEPAL, 2012; Kabeer, 2012; Espino y Salvador, 2016; Sanchís, 2016; Sanchís y Binstock, 2016; entre otros.

10 No ocurre lo mismo si tenemos en cuenta el ingreso total (es decir, incluyendo el ingreso no laboral), que no arroja resultados estadísticamente significativos. Esto puede deberse a varios factores. Por un lado, es sabido que la captación de los ingresos no laborales en las encuestas presenta varias dificultades. Por otro lado, en general el ingreso laboral está asociado a un mayor grado de legitimidad social que el ingreso no laboral, por lo que en este sentido podría resultar en una mayor contribución del primero al poder de negociación del individuo en el hogar.