Estrategias de inserción de la migración venezolana en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Insertion strategies of Venezuelan migration in the city of Buenos Aires

Cecilia Eleonora Melella1

Resumen

Este artículo tiene como objetivo observar y analizar las estrategias de inserción de la migración venezolana en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Esas estrategias son producto de la articulación entre las condiciones objetivas (normativas y de políticas nacionales y locales) y la dimensión subjetiva, la cual remite a las prácticas concretas llevadas a cabo por los agentes (sujetos y asociaciones). Se puso especial atención en el estudio de la dimensión subjetiva y se recurrió a una metodología cualitativa que combinó la realización de entrevistas en profundidad y el análisis de normativas, textos periodísticos y redes sociales. También se utilizó la técnica de observación participante para realizar observaciones en terreno. Los resultados permitieron la construcción analítica de cuatro dimensiones, a partir de las cuales se despliegan estrategias de inserción en el contexto de destino: a) asociaciones y redes migratorias; b) medios de comunicación y redes virtuales; c) trabajo, emprendimientos y formación, y d) prácticas culturales y religiosas. Uno de los aportes principales fue dar cuenta de los procesos a través de los cuales los/las migrantes venezolanos/as se esfuerzan por reconvertir sus capitales cultural, educacional y económico para conservar o acrecentar su posición en el campo social de destino.

Palabras claves: migración venezolana, Argentina, estrategias de inserción, capitales.

Abstract

This article aims analyze the insertion strategies of Venezuelan migration in the city of Buenos Aires (CABA). These insertion strategies are articulated between the objective conditions (national and local regulations and policies) and the subjective dimension, that refers to the specific practices carried out by the agents (people and associations). I paid special attention to the subjective dimension and used qualitative methodology that combined in-depth interviews the analysis of regulations, journalistic texts and social networks. The ethnographic record was also used to make observations in the field. The results allowed the analytical construction of four dimensions where insertion strategies are deployed in the destination context: a) associations and migratory networks; b) media and virtual networks; c) work, entrepreneurship and training, and d) cultural and religious practices. One of the main contributions was to give an account of the processes through which Venezuelan migrants strive to reconvert their cultural, educational and economic capital to preserve or increase their position in the social field of destination.

Keywords: Venezuelan migration, Argentina, insertion strategies, capitals.

Introducción

Este artículo tiene como objetivo observar y analizar las estrategias de inserción de los migrantes venezolanos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). El trabajo es producto de la articulación entre las condiciones objetivas (normativas, políticas y programas migratorios nacionales y locales) y la dimensión subjetiva, la cual remite a las prácticas concretas llevadas a cabo por los agentes (sujetos y asociaciones) y a las estrategias migratorias como prácticas para conservar/aumentar los capitales.2 La definición de Pierre Bourdieu (1996, 1997) de capital se aleja de la clásica noción económica para situarse en una “economía de las prácticas”, que depara para el agente algún tipo de beneficio producto de cierta capacidad (potencia que estos poseen). “La distinción de los agentes –su distancia en el espacio social– está dado por el volumen global y la estructura del capital que poseen en sus diferentes aspectos” (1997: 18). Así, concebimos las estrategias migratorias como prácticas conscientes o inconscientes cuyo objetivo radica en conservar o aumentar los capitales poseídos por los individuos o grupos para mejorar su posición en la estructura social. Las reestructuraciones o desplazamientos de los capitales poseídos en otra especie más accesible, rentable o legítima pueden ser verticales o transversales. Los primeros modifican el volumen del mismo capital, y los segundos suponen el paso a un campo diferente a través de la reconversión de una especie de capital en otro (1996). En otras palabras, los individuos o familias migrantes se esfuerzan por reconvertir sus capitales cultural, educacional y económico para conservar o acrecentar su posición en el campo social de destino. Cada uno de estos capitales presenta mayores o menores dificultades y depende de las disposiciones adquiridas por cada individuo o grupo. No obstante, se debe tener en cuenta, como afirma Sayad (2010), que al inmigrante el camino de validación de sus capitales le resulta más difícil, ya que al ser una presencia desplazada geográfica y “moralmente” carga simbólicamente con la idea de “falta”. De esta forma, las estrategias pueden tener que ver con la simulación y el disimulo de las marcas que lo caracterizan como inmigrado (acento, formas de vestir, creencias, etcétera) para poder sobrevivir a través de la asimilación en destino. La simulación propone aparentar la imagen que agrada a través de los comportamientos y atributos esperados por los nativos. El disimulo comprende las marcas características de su propia identidad a partir de la imitación de la identidad legítima nativa.

Para el caso venezolano, estas estrategias de disimulo fueron evidenciadas, por un lado, a partir de la posibilidad de incorporación al sistema educativo nacional universitario a nivel de grado y posgrado, así como del ejercicio de la profesión a través de las formas de convalidación o revalidación de los títulos obtenidos en origen. Por otro lado, prácticas culturales como fiestas cívicas y religiosas, la sociabilidad característica de los espacios de esparcimiento de la comunidad, grupos de música y bailes pueden ser analizadas como estrategias de simulación que persiguen la supervivencia y la convivencia de los migrantes en el espacio social de destino. Igualmente, el uso y la apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), en especial las redes sociales como Instagram, Facebook y Whatsapp, se conforman como herramientas fructuosas a la hora de desarrollar y potenciar estratégicamente redes de articulación, comunicación e intercambio. En este sentido, hemos establecido analíticamente cuatro dimensiones en las que se despliegan estrategias de inserción en el contexto de destino: a) asociaciones y redes migratorias; b) medios de comunicación y redes virtuales; c) trabajo, emprendimientos y formación, y d) prácticas culturales y religiosas.

Según datos de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), el porcentaje de radicaciones resueltas de la población venezolana en la Argentina alcanzó el número de 70.531 en 2018, de las cuales 9.844 corresponden a permanentes y 60.687 a temporarias, un 126% más que en 2017 (tabla 1). Para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2019), entre enero y octubre de 2019, un total de 39.157 radicaciones entre temporarias y permanentes fueron iniciadas por personas venezolanas, y se entregaron 57.300 residencias (41.849 fueron residencias temporarias y 15.451, residencias permanentes). Asimismo, si se observan los datos comprendidos entre 2011 y 2018, se aprecia un aumento evidente en los pedidos de radicación de esta población en la Argentina. Para el Informe de Movilidad Humana Venezolana de 2019, de los 3,4 millones de emigrantes venezolanos, el 79,4% escogió como destino América Latina y el Caribe. Colombia fue el principal país receptor, con 1.100.000 venezolanos/as acogidos/as; luego, Perú, con 506.000; Chile, con 288.000; Ecuador, con 221.000; Argentina, con 130.000, y Brasil, con 96.000 (Mazuera Arias, et al., 2019). Recordemos que el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 contabilizaba 6.379 personas nacidas en Venezuela que residían en la Argentina. De ellas, el 49% eran varones y el 51%, mujeres, con edades que rondaban entre los 18 y 40 años, una población pequeña con una franja de edad joven, activa laboralmente y con un perfil altamente calificado.3

Tabla 1. Radicaciones de venezolanos en la Argentina, 2011-2018

Año Temporarias Permanentes Totales
2018 60.687 9.844 70.531
2017 27.075 4.092 31.167
2016 11.298 1.561 12.859
2015 4.707 1.091 5.798
2014 1.777 857 2.636
2013 1.294 991 2.285
2012 1.132 779 1.911
2011 1.510 500 1.010

Fuente: elaboración propia según datos de la Dirección Nacional de Migraciones.

Enfoque metodológico

Se recurrió a una metodología cualitativa, ya que no se pretendió el análisis de una problemática puntual. Este trabajo se inserta en dos proyectos de investigación: a) “Migraciones, interculturalidad y territorio. Cartografías multiescalares de la inclusión social”, orientado al trabajo en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y el Conicet; y b) “The Venezuelan humanitarian crisis: migration, trauma and resilience”, bajo el USF Nexus Initiative Award, de la Universidad del Sur de Florida. Con el objetivo de triangular y analizar la información obtenida, se recurrió a distintas técnicas. En primer lugar, se realizaron entrevistas en profundidad semiestructuradas con migrantes de Venezuela e informantes claves con el objetivo de recabar opiniones e interpretaciones sobre el proceso migratorio de esta comunidad. Se tuvo en cuenta un criterio de selección basado en que el año de llegada al país fuese posterior a 2015, pues coincide con el aumento en el flujo migratorio del país caribeño. Se apeló a la técnica de la bola de nieve, buscando una muestra de variación máxima para cubrir una gama completa de perfiles cuya mayor parte correspondió a mujeres procedentes de ciudades, como Maracaibo y Caracas, con edades entre los 20 y los 65 años. Se entrevistó a quince personas que residían en la ciudad de Buenos Aires, las cuales figuran en este artículo con pseudónimos. Con el fin de sistematizar la información de las entrevistas, se trabajó con ejes temáticos centrados en definir las causas de la migración, el modo de acceso a la información y a redes sociales y virtuales, y la planificación del proyecto migratorio. También se tuvieron en cuenta las formas de búsqueda y obtención de trabajo, vivienda y educación, entre otros aspectos. Al ser diseñados previamente, estos ejes temáticos permitieron dar cuenta de las diferentes dimensiones de análisis. El enfoque planteado consideró la entrevista como el momento en el que se accede a la estructura del relato a partir del cual la persona entrevistada adjudica significados a los acontecimientos de su vida, los cuales fueron aprehendidos como una suerte de visión del mundo compartida por un grupo histórico particular que se encuentra en una posición común en un espacio social determinado (Arfuch, 2010).

Dado que la migración venezolana es reciente y dinámica, nuestra intención es ofrecer una perspectiva que contemple las acciones de los principales actores comunitarios. Se examinaron las principales normativas que afectan a la población venezolana en la Argentina, así como la producción informativa y de divulgación gráfica y virtual a nivel nacional de los principales periódicos online, como La Nación, Clarín e Infobae, entre otros, durante el período 2015-2019. También se tuvo en cuenta el seguimiento y el registro del contenido de las principales cuentas de Facebook e Instagram de la colectividad. A partir del análisis de contenido, se construyeron los nodos temáticos que resultaron como guías a la hora del proceso interpretativo, que culminó en la construcción de las dimensiones.

Por último, se realizó observación participante de espacios de esparcimiento, comercios y festividades por los que transita la colectividad venezolana en la ciudad de Buenos Aires. Este tipo de registro se caracteriza por permitir que el/la investigador/a acceda, por un período de tiempo, a un grupo social determinado (campo o escenario) en su ambiente natural, en el que sus miembros interaccionan. Se apeló a esta técnica con el objetivo de analizar comportamientos e interacciones e identificar los puntos de vista de los actores. Específicamente, se observaron prácticas religiosas (Virgen de Coromoto en el barrio de Palermo) y de esparcimiento (“Buenos Aires celebra” y “Paseo de las colectividades” en el Rosedal de Palermo), y comercios especializados en gastronomía venezolana (restaurantes y almacenes).

Asociaciones y redes migratorias

La motivación para emprender la migración, la planificación del viaje y su materialización implican una red y/o cadena migratoria atravesada por las relaciones de parentesco, género, clase, etcétera. Las cadenas migratorias se refieren a la transferencia de información y al apoyo material que familiares, amigos o paisanos ofrecen al potencial inmigrante a la hora de decidir su viaje. La unidad mínima de la cadena migratoria se refiere al grupo doméstico, pero traspasa la unidad residencial (Pedone, 2010). Pueden facilitar el proceso de salida y llegada, financiar parte del viaje, gestionar documentación y empleo, conseguir vivienda y brindar apoyo emocional (Massey et al., 2000; Malgesini y Giménez, 2000). Las redes son estructuras sociales mayores que trascienden los límites geográficos y tienen un carácter transnacional que involucra distintos actores que intervienen en el proceso migratorio completo.

El principio de congregación de las asociaciones venezolanas en la ciudad de Buenos Aires responde, como en otros casos, a la provisión de un ámbito de sociabilidad dentro de la sociedad local con el objetivo de acompañar el proceso migratorio de sus connacionales. Pese a que la mayoría de las agrupaciones se definen como apolíticas, existió cierta afinidad político-ideológica con el partido político de Mauricio Macri (Unión PRO, alianza política de centro-derecha) y con la oposición venezolana a la gestión de Nicolás Maduro, encabezada por Juan Guaidó, e influenciaron a los venezolanos emigrantes en la consideración de la Argentina como un destino atractivo. Además, varias publicaciones de distintas entidades en las redes sociales expresan cierta simpatía con referentes políticos y culturales argentinos que se definen como antichavistas. Las ideas políticas en destino se concentran en el derecho al voto en el exterior y a su inclusión como colectivo dentro del campo político local. El auxilio de necesidades básicas y laborales y el acceso a derechos sociales, de género y culturales son algunos objetivos que direccionan a estas entidades. A partir de 2016 se comprobó la existencia de al menos treinta asociaciones, entre formales e informales, que trabajan sobre dimensiones culturales, instrumentales, políticas y asistenciales, y que desarrollan acciones que combinan lógicas inter e intracomunitarias. La mayoría de estas entidades no disponen de sede física, sino que sus actividades se concentran en la comunicación por redes sociales y representan al campo profesional (ingenieros, médicos, enfermeros, odontólogos). En cuanto a los médicos, estos tienen personería jurídica, y aquellas instituciones que reúnen a los enfermeros gozan de mayor cantidad de integrantes. También otros grupos se nuclean bajo las problemáticas del acceso al trabajo y la convalidación de títulos universitarios. Asimismo, en estas entidades se articulan diferentes actores sociales, como asociaciones civiles y religiosas, y existen espacios de diálogo legislativo y administrativo en diferentes niveles. Si bien existe una identificación que implica la construcción de un “nosotros” bajo el criterio de adscripción étnico-nacional, el objetivo que los nuclea parecería ser la respuesta ante una problemática contextual específica. En este sentido, siguiendo a Cynthia Pizarro, entendemos a las asociaciones de migrantes “como espacios sociales múltiples en los que sus integrantes, que comparten la experiencia de residir en el extranjero, articulan un sentimiento de pertenencia y de devenir de una nación, región o etnia” (2009: 5). En un trabajo reputado, Saskia Sassen clasificó a las asociaciones de migrantes latinos en Estados Unidos bajo la conceptualización de “cívico culturales y profesionales” (1979). Si bien estas categorías se complementan, las primeras se vinculan con prácticas recreativas y tradicionales, y las segundas, con ciertos objetivos instrumentales de una élite profesional. Retomando ciertos aspectos de este planteo, hemos observado que las asociaciones venezolanas en la ciudad de Buenos Aires nacieron con una impronta cívico-cultural, pero que, a partir del crecimiento de la cantidad de población arribada al país y de sus necesidades más urgentes, se fueron reconvirtiendo en profesionales y/o políticas. Esta reconfiguración se concentró en la mejora de las condiciones de vida de los recién llegados y en su integración en la sociedad de destino.

Un ejemplo de la trasformación de los perfiles, que pasaron de cívico-culturales a profesionales, se manifiesta en la trayectoria de la asociación que denominaremos 1 (A1), la cual fue fundada en 1999 como una asociación civil de bien público y sin fines de lucro. En su estatuto plantea “difundir los usos, costumbres y cultura venezolanas; promover la amistad y el intercambio cultural entre el pueblo argentino y el pueblo venezolano” (estatuto fundacional de A1). Un referente de esta institución reconoció el año 2015 como un punto de inflexión que determinó una segunda etapa en su perfil, al incorporar a la dimensión cultural ya existente la inserción laboral, la ayuda para la obtención de documentación, el armado de currículums y la capacitación para la generación de nuevos emprendimientos. También se fortaleció la dimensión asistencialista al procurar la adquisición de medicamentos, la donación de ropa (ropero solidario) y la contención emocional frente a la integración en destino, en especial de personas mayores cuyo duelo por el país perdido es intenso o tienen dificultades significativas para insertarse en el mercado laboral.

Al mismo tiempo, la entidad logró una mayor articulación con la Iglesia, con el Estado y con organismos internacionales, así como con organizaciones de la sociedad civil y grupos de colectividades. La relación con el Estado es fundamental para la identificación de estas asociaciones. Algunos ejemplos son el espacio de orientación al migrante, que funcionó entre 2014 y 2015 en la sede de la DNM, los talleres de emprendimientos con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y otras actividades como “Venezuela celebra la Navidad”, en una institución educativa del barrio porteño de Palermo.

Otra de las asociaciones (A2) que ha tomado relevancia en los últimos años se enmarca dentro del perfil instrumental que desarrolla sobre distintas líneas de trabajo: ayuda social (búsqueda de apoyos para enfrentar necesidades urgentes y básicas de alimentación, indumentaria, medicinas y vivienda); documentación; educación (convalidación de títulos universitarios); apoyo a emprendedores (capacitaciones, información sobre ferias, conocimiento sobre redes sociales y asesoramiento sobre el marco legal argentino); empleo (vínculo entre empleadores y trabajadores); salud (acceso a servicios médicos privados); apoyo a grupos diversos (difusión cultural y gastronómica) y representación ante organismos internacionales e instituciones públicas. Además, provee apoyo psicológico, orientación vocacional y potenciamiento del desarrollo personal.

La A2 despliega una batería de estrategias concretas que le permiten orientar a los y las migrantes para organizar el capital con el que llegan al país y comenzar el camino de reconversión para una inserción exitosa –en términos de su concepción–, basada en la capacitación para realizar emprendimientos y promocionar sus productos por las redes sociales, la asesoría para la convalidación de títulos, y los talleres de contención psicológica. Por otro lado, se observa que las asociaciones existentes tienden a involucrar intercambios con grupos externos (élite gubernamental, asociaciones de inmigrantes, organismos internacionales, etcétera) como otro camino para redefinir la articulación de la comunidad inmigrante con la sociedad receptora, y de esta manera reforzar su estructura interna.

En el caso venezolano, más allá de las facilidades que puede otorgar el Programa de Asistencia a Migrantes Venezolanos (Disposición 520/2019 B.O.), cuyo objetivo consistió en facilitar el ingreso, la regularización y la inserción social de esta población, y en la posibilidad de homologación/convalidación de titulación, se observan ciertas dificultades a la hora de llevarlo a cabo. En estas circunstancias se evidencia que las cadenas y las redes resultan sustanciales a la hora de decidir emigrar hacia la Argentina (Melella, 2019). La mayor parte de las personas entrevistadas manifestaron que el hecho de contar con alguien que pudiera acogerlos en su casa fue decisiva para viajar al Argentina. Los hospedadores, generalmente, pertenecen a un círculo íntimo de familia o amigos cercanos, lo que subraya la importancia de los lazos comunitarios previos, que se reproducen en destino y funcionan como capital social.

En realidad nosotros no sabíamos mucho sobre la página de Migraciones, pero ellos lo van publicando, y ahí es donde uno se entera. Y casualmente, al hermano de mi mejor amiga lo llaman para una entrevista acá. Y entonces él se viene, porque supuestamente, ya el trabajo era de él. Cuando llegó aquí le dieron la noticia de que no, o sea, todo un conflicto, cosa que nosotros donde vivimos eso no se hace. Pero bueno, ya él estaba aquí, entonces, nos explicó cómo era todo el proceso de los documentos, y eso. Y me dice: “Bueno, yo te recibo, vente tranquila”. Y entonces, yo saqué mi cita y me salió un mes antes que a mis papás, y dije: “Bueno, da tiempo a cualquier cosa buscar un departamento, lo que sea, un trabajo”, y así me vine (Adriana, psicóloga, 25 años, 2019).

Asimismo, la familia es la que decide e inicia el proceso migratorio, el cual implica, muchas veces, una temporalidad y una territorialidad múltiples. La decisión de emigrar se toma en conjunto e involucra distintas estrategias para llevar a cabo ese proceso, como, por ejemplo, emigrar al mismo destino en distintas fechas o tomar diversos rumbos. La misma entrevistada relata que su hermano emigró a España y luego a los Estados Unidos, mientras que ella partió hacia la Argentina. La siguieron a los pocos meses su padre y su madre. También en su relato se evidencia que las cadenas fueron centrales a la hora de conseguir empleo.

Medios de comunicación y redes virtuales

El uso y la apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) por parte de grupos de migrantes se acondicionan según la variabilidad contextual que promueve el mismo proyecto migratorio. Estas prácticas comunicacionales mediadas por las TIC conllevan la potencialidad de vivir en múltiples espacio-tiempos que sustentan la experiencia de un vivir transnacional interconectado. Es el entorno virtual que posibilita múltiples presencias –doble presencia o presencia conectada– del estar aquí y allí/real y virtual (Licoppe, 2004; Diminescu, 2011; Baldassar, 2016). Las narrativas migratorias son necesariamente multiterritoriales, inscriptas sobre un bagaje cultural diversificado que viabiliza las vivencias de diferentes espacios a través de la conectividad informacional o inmaterial. En este caso, resulta iluminador el concepto de polymedia, acuñado por Mirca Madianou y Daniel Miller (2012), entendido como el contexto tecnológico que permite la proliferación de oportunidades comunicativas para las relaciones interpersonales mediadas por las TIC. Según los autores, los regímenes de polymedia generan nuevas formas de copresencia desplazando la presencia física como eje fundamental para el establecimiento de relaciones sociales que deben ser consideradas contextualmente.

Las redes virtuales de migrantes pueden ser abordadas analíticamente a partir de dos niveles o dimensiones. Por un lado, un el nivel comunitario que se encuentra integrado por asociaciones y medios de comunicación con un perfil más informativo tradicional. Por otra parte, el nivel individual se presenta a través de la conformación de espacios biográficos tecnologizados y excede las lógicas de los medios masivos para situarse en modelos que se aproximan a la comunicación interpersonal.

La motivación inicial que impulsa a los y las migrantes venezolanos/as para el uso de las TIC tiene que ver con la planificación del proyecto migratorio. El manejo de las tecnologías resulta indispensable a la hora de obtener información puntual para “hacerse un panorama” sobre el destino (por ejemplo, con el uso de la aplicación Street View de Google). Ante la pregunta sobre los motivos de la elección de la Argentina como destino para la emigración, Sara explica que su decisión tuvo que ver con la información hallada en internet en las páginas de venezolanos en el país:

Sí, buscando por páginas en internet de “venezolanos en Argentina”, ya había una que otra página, y si no Google o la gente que se había venido. Que por eso también como acá ya tenía algunos conocidos, este amigo y otros conocidos, fui preguntando la experiencia de cada uno. Yo molestaba a cada uno: “¿A ti cómo te fue? ¿Cómo hiciste?”, y así. Y me metí en internet para ver cuánto costaban los alquileres, calculaba todo, si este es el sueldo mínimo, cuánto puedo ganar, cuánto puedo gastar. Y bueno, vi al final que era la mejor opción. Y que de los países de Latinoamérica, Argentina era el que más me llamaba la atención como en cuanto a lo lindo. No lo conocía, pero bueno, no sé, veía en internet y decía “creo que este me va a gustar más” (Sara, psicóloga, 30 años, 2019).

Asimismo, una vez instalados en la sociedad de destino, el uso de las TIC se torna central para la búsqueda de empleo y vivienda, para la compra-venta de productos venezolanos, para la realización de trámites administrativos y comerciales y para el acceso a eventos culturales y gastronómicos, entre otras actividades. No obstante, desde una dimensión individual, una de las principales causas para el uso de estas tecnologías comunicacionales que se evidenció en las entrevistas fue el sostenimiento del vínculo con el país de origen a través del contacto asiduo con el círculo familiar y de amigos. Algunas entrevistadas sostuvieron que esa sensación de cercanía se construye a través del acceso a los medios de comunicación y de la búsqueda de información tanto de su tierra natal como de la sociedad receptora. En palabras de Nadia:

Nosotros informamos a la gente de Venezuela. Yo tengo un grupo con mi familia en Venezuela, y ellos nos piden a nosotros que les digamos qué está pasando, porque no lo saben, porque no tienen electricidad, porque no tienen internet, porque no tienen nada. No hay forma. Las redes sociales son una de las formas que nosotros hemos encontrado para difundir la información entre nosotros. El Whatsapp es nuestra vía (Nadia, psicóloga, 41 años, 2019).

Y ante la pregunta sobre el uso de las redes sociales, Juan respondió:

Sí, el Instagram. Muy poco el Facebook. Son las redes que utilizo para poder informarme, con las pocas opciones que hay, de las noticias que llegan desde Venezuela, de la situación que acontece. Y lo otro es la comunicación esporádica con mi familia y con gente conocida que sigue en el país. Y siempre lo hago por la necesidad de no desvincularme y por la necesidad personal de estar siempre atento a los acontecimientos que se dan en Venezuela, en lo social, político, económico, y toda la movida que se está gestando desde hace muchos años, incluso en este momento, con respecto a todo este proceso que nos ha tocado vivir (Juan, teólogo y filósofo, 28 años, 2020).

Hemos relevado más de treinta cuentas, entre Facebook e Instagram, de la colectividad venezolana en la Argentina. Esto sitios brindan información, organizan lazos comunitarios y asistenciales, generan visibilización y publicitan emprendimientos comerciales. Efectivamente, a nivel comunitario, las tecnologías resultan herramientas de conexión, medios de comunicación y de expresión diaspóricos, instrumentos para la participación política y espacios privilegiados para la construcción de identidades comunitarias. Cabe destacar que también ha surgido con fuerza dentro la comunidad la figura del influencer, que germina en el nivel individual pero que actúa en el nivel comunitario.

Por último, un medio tradicional como la prensa escrita se encuentra presente en la comunidad caribeña. La prensa gráfica de migrantes tiene una gran historia en la Argentina, ya que su nacimiento se remonta a la floreciente vida comunitaria de los inmigrantes de los siglos XIX y XX. Muchas publicaciones han subsistido hasta la fecha y mantienen una edición en papel y/o digital (Melella, 2016). Del mismo modo, las comunidades latinoamericanas, principalmente durante la década del noventa, fundaron sus periódicos como respuesta a los discursos estigmatizantes de la prensa hegemónica de la época, que vinculaban a las colectividades de los países limítrofes con el brote de enfermedades infectocontagiosas, con la creciente desocupación y con la inseguridad que tenía lugar en la sociedad del momento.

La colectividad venezolana cuenta con un periódico que lleva el nombre de El Tricolor, fundado en diciembre de 2019 por un grupo heterogéneo de profesionales residentes en la ciudad de Buenos Aires. El tabloide tiene una edición en papel que se distribuye en lugares frecuentados por la comunidad, como locales comerciales y gastronómicos. Análogamente, su contenido puede consultarse en las cuentas de Twitter e Instagram: @eltricolor.arg, y en el portal www.eltricolorarg.com. El sitio del periódico remarca que su nacimiento ha tenido que ver con la generación de información para la comunidad venezolana en la Argentina:

El Tricolor nace de una idea y una necesidad. La primera, un sueño que se materializa en aras de poder ayudar a un hermano en cualquier situación fuera de casa, las cuales se extienden y se experimentan desde el primer momento cuando sales de ella con la maleta cargada de sueños, de metas y de unas ganas incontrolables de comerte el mundo, sin saber lo que va a llegar luego de tomar el bus o el avión con destino a lo inesperado. La segunda emana nostalgia, sentimiento y esa necesidad de poder conseguir lo que buscas en un tiempo prudente; una guía de qué hacer, a dónde ir y a quién recurrir si no sale todo tal cual esperas. Es poder refugiarte en un elemento tangible de características profesionales, responsable y solidario que con solo leerlo te identifique y traslade a lo que tanto extrañas y anhelas (https://eltricolorarg.com/que-es-el-tricolor).

El diario cuenta con distintas secciones, como Argentina, Venezuela, Deportes, Economía y finanzas, Comunidad, Tritop, Vida y salud, Criollismo y Pateando la calle. Su agenda periodística incluye noticias internacionales, con especial atención en el país de origen, y nacionales. Se caracteriza por “levantar” noticias de otros medios, pero también produce su propia información, presente en las noticias firmadas por los redactores. Algunas notas mantienen un estilo más cercano al diseño periodístico tradicional (economía, deportes, salud, espectáculos, etcétera), y otras nos introducen de lleno en su particularidad a través de las problemáticas y vivencias de los y las migrantes venezolanos/as en la Argentina, en las secciones Comunidad, Pateando la calle y Criollismo. Las temáticas que reflejan el dinamismo de la colectividad en la Argentina tienen que ver con las problemáticas y vivencias en la vida cotidiana, como las historias de vida de ascenso social y superación, los emprendimientos comerciales y culturales, la tramitación de documentación y el acceso a derechos laborales.

Trabajo, emprendimientos y formación

Respecto de los trabajos bajo relación de dependencia, la mayoría de las personas entrevistadas obtuvo su primer empleo dentro de las actividades gastronómicas, comerciales, de venta ambulante, de cuidados y de limpieza, todas con profundas condiciones de informalidad. Varias de las peronas entrevistadas y también algunos miembros de sus núcleos familiares llegaron desde Venezuela con una entrevista pautada, pero ninguno obtuvo el empleo esperado. Luego de esa etapa pudieron acceder a trabajos más calificados, con condiciones que respetan las leyes laborales y les permiten acceder a los beneficios que el Estado establece y garantiza, como el respeto de la jornada laboral y los aportes jubilatorios y de obra social. Sin embrago, casi la totalidad de los entrevistados afirma que si bien se encuentran satisfechos con su trabajo actual, ninguno se encuentra en condiciones similares a las que tenían en Venezuela, ya que la mayoría se dedicaba a trabajos calificados (sociólogos, psicólogos, ingenieros, etcétera). Varios tenían puestos de media y alta calificación en empresas editoriales o de petróleo, como PDVSA. Los capitales educativos y culturales sobrecalifican para este tipo de empleos, y el capital económico no les permite proseguir con la vida que llevaban antes, situación que genera un fuerte proceso de desclasamiento social (Pedone et al., 2019).

Sobre el modo de acceder a los empleos, los primeros trabajos vinieron de la mano de las redes más íntimas, como amigos o conocidos de la misma colectividad, y por el uso de redes virtuales. No obstante, a medida que pasa el tiempo, las redes locales que exceden a la comunidad de origen brindan posibilidades para el camino hacia empleos más calificados o una situación laboral legal.

Al mes que yo llegué comencé a recorrer Puerto Madero4 y yo dije: “Voy a buscar de lo que sea, de mesera, de bachera...”. Me llamaron de Puerto Madero, de un restaurante, comencé a trabajar como recepcionista. Y trabajé una semana, porque ya después se me hizo muy complicado el horario. A la noche yo llegaba a las tres de la madrugada, mi hijo…, se me complicó mucho, porque mi esposo también trabajaba de noche. Entonces se me complicó con el niño porque mi mamá no había llegado todavía. Y luego dejé. Luego conseguí otro trabajo de volantera, trabajé un mes. Pero en ese mes ya yo había hablado con una chica de aquí del local, donde actualmente trabajo, y ella me dice: “Te voy a tomar, te voy a hacer una prueba”, y me hizo la prueba esa semana, esos dos días, y quedé. Que es donde trabajo ahora. Voy para dos años, y estoy en blanco. Que es la chica que es mi vieja, que es mi amiga ahora. Bueno, y ahí estoy con ella. Ella sabe todo, que yo igual estoy buscando en mi área, sin embargo, ella me sigue apoyando en todo. Y ahí estoy con ella. Estamos las dos trabajando (Ramona, ingeniera en petróleo, 36 años, 2019).

Igualmente, varias personas entrevistadas mencionaron que en sus primeros trabajos sufrieron condiciones de contratación precarias, con mayores exigencias en los horarios y en las tareas por menos cantidad de dinero, en comparación con un trabajador local. Esa fue la experiencia de Adriana, quien si bien es psicóloga de profesión, posee conocimientos sobre las redes sociales:

Lo último que hicieron fue que me dijeron que me iban a dar un sistema de incentivo, un plan de incentivo. Porque la verdad es que yo hago muchas cosas; yo les manejo las redes sociales, les hice una página nueva, les hice, de verdad, muchísima cantidad de cosas. Entonces me dijeron: “Bueno, por cada actividad que tú cumples, por cada cosa que tú hagas, si lo haces bien, te pagamos 1.000 pesos más, si lo haces mejor de lo que esperábamos, te pagamos 2.000 pesos más, por cada actividad”. La verdad es que terminó el mes y me dieron esos 2.000 pesos más, no por cada actividad sino… “Sí, cumpliste más de lo que esperábamos, abarcaste absolutamente todo…”, porque de paso ellos se fueron, uno de viaje a Europa y otro a Bariloche, y yo me encargué de toda la oficina, y lo que me dieron fueron 2.000 pesos (Adriana, psicóloga, 25 años, 2019).

En este primer momento, cierta “disponibilidad a ser explotado/a” funciona como estrategia de simulación dentro del mercado laboral y es consecuencia de estar momentáneamente invalidado/a para reconvertir el capital con el que arriban. Del mismo modo, las personas maduras tienen más dificultades para insertarse en el mercado de trabajo y, si logran hacerlo, obtienen empleos de mínima calificación. Es el caso de Marina, quien desarrolló una carrera exitosa en Venezuela dentro del mercado editorial y llegó a ejercer puestos jerárquicos. Si bien ha intentado reiteradas veces incorporarse a la industria editorial argentina, solo ha podido acceder a un trabajo de cuidadora de una persona mayor, para el cual su expertise resulta infecunda. Otras entrevistadas, como Elena (socióloga) y Carmen (licenciada en Relaciones del Trabajo), ambas cientistas sociales y de más de 50 años de edad, no han podido insertarse aún en el mercado laboral y viven bajo el cuidado de sus hijas. Esta situación no solo les genera impotencia al dar cuenta de que los capitales cultural y educativo que poseen no son valorados, sino que también resultan derogados ante los requerimientos del sistema laboral en destino. En este plano, las personas buscan estrategias para revalorizar su capital a través de prácticas ad honorem o del vínculo en el país con grupos de colegas. Así lo relata Carmen:

Sí, o sea, he tratado de buscar en otros ámbitos, bueh… Este año, que va a ocurrir, quiero mandar currículum a donde sea. Desde que llegué en enero estuve trabajando en una ONG como un voluntariado, sin paga. Estuve seis meses trabajando con ellos, bueno, desde febrero hasta agosto. Yo estaba como coordinadora del Programa de Buenas Prácticas Solidarias. Pero era todo al interno de la organización, para el personal, pues. Y hasta ahora, ellos han tenido, a mi manera de ver, poca incursión en proyectos hacia la comunidad (Carmen, licenciada en Relaciones del Trabajo, 56 años, 2019).

Por otra parte, una fracción de la comunidad ha generado emprendimientos gastronómicos, comerciales y de servicios varios. Entre estos emprendimientos se encuentran también aquellos que tienen gran precariedad e informalidad, como la venta ambulante de comida y el servicio de mensajería de aplicaciones, que requiere la condición de monotributista. Este último servicio ha recibido varias críticas por no brindar condiciones laborales de acuerdo con la ley: servicio de salud adecuado, medidas de seguridad para el traslado de objetos en bicicleta y el registro de las personas como empleados en lugar de colaboradores.

Los emprendimientos formalizados se componen de locales gastronómicos o de venta de productos de interés para la comunidad. Estos fueron iniciados por aquellos que contaban con un capital económico mayor a la hora de emigrar hacia la Argentina y que advirtieron que la comida étnica podía ser un nicho de mercado para atraer clientes dentro de la colectividad y también fuera de ella. Generalmente son personas que no se dedicaban a ese rubro en el país de origen, y esta actividad en destino les permitió generar un desplazamiento de capital transversal. En términos de Sayad, se asimilaron sobre la visibilización de su “venezualidad”, ya que la gastronomía vincula simbólicamente el allá con el aquí y articula relaciones interculturales en las sociedades transnacionales (2010).

Respecto de la formación académica, la Disposición Nº 1920/2019 permitió la selección de una universidad nacional para realizar una evaluación de quienes tuvieran sus tramitaciones incompletas en relación con sus documentos complementarios del título y del documento nacional de identidad (DNI) argentino, a modo de facilitar el acceso al reconocimiento de sus titulaciones. Si la universidad evaluadora reconoce el título, gira el expediente al Ministerio de Educación, que se encarga de emitir la disposición de convalidación de ese título en particular. No obstante, pese a las facilidades que brindaría el sistema de convalidación y homologación, en la práctica este camino resulta más engorroso para ciertas profesiones que para otras: las sociales y las humanidades tienen más inconvenientes que las técnicas y organizacionales, porque sus diferencias programáticas son mayores. Del total de las entrevistas realizadas, solo tres personas iniciaron el proceso de convalidación y ninguna pudo obtenerlo finalmente. Los inconvenientes tienen que ver con el criterio de cada universidad para evaluar los títulos y las trayectorias, así como con los tiempos del trámite y el dinero que luego se debe abonar para su matriculación. Las palabras de Sara resumen los escollos que en la práctica conlleva la convalidación dentro del campo de la psicología:

Les escribí un correo (a una universidad de una provincia argentina), me respondieron, me enviaron todos los requisitos, todo perfecto. Llegué aquí, en cuanto me llegó el DNI a los tres meses de estar aquí envié los papeles. Un año después me enviaron el dictamen de que se me negaba la reválida, siendo que cuando yo pedí la información me dijeron que las posibles respuestas eran que aceptaran la reválida o que me pidieran rendir exámenes, y que si los exámenes se reprobaban, ahí te negaban la reválida. Eran esas las opciones. Bueno, lo más seguro es que tenga que presentar exámenes, no tengo problema. Pero resulta que me llegó el dictamen al año siguiente diciendo: “Su reválida está negada” (…). Y yo les dije: “No me dieron opción a exámenes”. Me responden: “¿Cómo qué no? Un momento, esta universidad no procede de esa manera. No hay una opción de que se niegue una reválida sin antes haberte evaluado”. Cuando yo apelo para que revisen de nuevo el caso, me dicen que todavía la comisión nueva no había sido designada. Ahí pasó un año más. Que no daban respuesta: “Que no, que todavía no”. Por fin respondieron y me enviaron un correo reenviándome el mismo dictamen pasado y diciéndome que lo imprimiera, que lo firmara y que se los hiciera llegar para continuar con el proceso. Ya para ese entonces el proceso no se hace directamente en la universidad, sino que se tiene que ir al Ministerio de Educación, ir no, meterse en la página y por allí cargás los documentos. Y el Ministerio hace allí su evaluación, y luego te envían un correo con las universidades donde tú puedes convalidar. Tú escoges la universidad, y ahí tienes que pagarle a la universidad, y cursar dos años más. O sea, el proceso para mí ahora es peor de lo que era antes. Y bueno, nada, perdí dos años con esta universidad, y ahora hace unos dos o tres meses comencé con el Ministerio otra vez el proceso (Sara, psicóloga, 30 años, 2019).

Ante la imposibilidad de la rápida convalidación, una opción es una homologación fáctica que involucra poner en valor un “saber hacer” en los lugares de trabajo (Jiménez, 2013). Esta alternativa conlleva cierta precarización reflejada en la cantidad de horas a cumplir o en los sueldos más bajos que los nativos. Otra alternativa parecería ser la iniciación de estudios de grado o posgrado. Gran parte del grupo entrevistado mencionó el deseo de comenzar una carrera de grado en las universidades nacionales, algo posibilitado por su carácter gratuito y de calidad. Efectivamente, solo una persona se encontraba realizando estudios de grado y otra de posgrado en el área de las ciencias sociales. Para las personas venezolanas calificadas, el acceso a la educación brinda la posibilidad de reconsideración de los capitales educativo y cultural con los que emigran y contribuye a la concreción de un capital social en destino en pos del desarrollo del día a día. Sin embargo, como sucede con gran parte de los colectivos migratorios, las condiciones de vulnerabilidad a las que estas personas se encuentran sometidas hacen que su posibilidad del acceso a la educación terciaria o universitaria se vea en muchos casos cercenada.

Prácticas culturales y religiosas

La memoria colectiva en las comunidades migrantes requiere una reactivación y resignificación del capital simbólico que se materializa a través de diferentes prácticas culturales, religiosas, políticas, entre otras (Baeza et al., 2016). Al igual que todas las colectividades de inmigrantes, la venezolana retoma elementos culturales como las fiestas cívicas y religiosas, la gastronomía, la música y los bailes folklóricos y modernos, los cuales se establecen en la ciudad de Buenos Aires como estrategias de inserción en la sociedad argentina y remarcan su etnicidad como forma de identificación de un “nosotros” al reafirmar un sentimiento de pertenencia grupal que renueva trayectorias compartidas (Barth, 1976).

Prácticas culturales como grupos de danzas (folclóricas y modernas) nuclean a parte de la colectividad venezolana en la ciudad de Buenos Aires y permiten la reconfiguración de ese nosotros hacia el afuera como capital cultural a ser resignificado y reconvertido como atributo de una simulación hiperbólica de “venezualidad”. La simulación, muchas veces, va de la mano de la visibilización de ciertas características que se pretenden exponer en el campo social de destino. Estas prácticas culturales se manifiestan en las tradicionales festividades de inmigrantes que se desarrollan al aire libre en distintas partes de la ciudad y son organizadas por el gobierno local (imagen 1). Igualmente, existen espacios privados en que los habitués comparten música popular moderna, como la salsa y la bachata, y que devienen en espacios de sociabilidad y de encuentro donde la construcción de un nosotros colectivo se actualiza a través de la vivencia del allá en el aquí.

Por otra parte, las manifestaciones de fe y, en particular, la religiosidad popular de los migrantes se imbrican en la vida cotidiana y generan pertenencia e identidad étnica en contextos transnacionales. Las festividades religiosas proveen un contexto excepcional (tiempo sagrado) en el que se desarrollan y activan redes de vinculación entre connacionales, las cuales, en otras circunstancias no festivas (tiempo profano), quedan obturadas. Podemos conjeturar que las celebraciones exceden el mismo sentido religioso y ponen en juego las estrategias de reconversión del capital social dentro de la comunidad (Giorgis, 2004). La fiesta es considerada como un objeto cultural que permite cimentar un sentimiento de identidad en el país de destino. En la Argentina resultan significativas diversas celebraciones religiosas por parte de distintas comunidades de migrantes. Dentro de las latinoamericanas, se destacan la Virgen de Copacabana y la Virgen de Urkupiña, ambas de la colectividad boliviana, desarrolladas en diferentes ciudades del país.

Imagen 1. Prácticas culturales y gastronómicas en el Paseo Migrante Emprende, ciudad de Buenos Aires, 2020

Fuente: Cecilia Melella.

Del mismo modo, las celebraciones de la Virgen de Caacupé, de la colectividad paraguaya, y del Señor de los Milagros, de la comunidad peruana, tienen un alcance nacional. En todas estas conmemoraciones, la música y la danza se articulan como elementos centrales a la hora de la identificación colectiva y otorgan dinamismo a las identidades étnicas, locales y regionales, así como a los criterios geográficos de demarcación identitaria. Distintos analistas coinciden en que en estas celebraciones se despliega una lógica de apropiación y visibilización –que conlleva conflictos y negociaciones– en el espacio urbano.

En el caso venezolano, se venera en la Argentina a la Virgen de Coromoto (Santa María de Coromoto, en Guanare de los Cospes), cuyas imágenes se encuentran en la parroquia Nuestra Señora de Balvanera, en la basílica de Nuestra Señora de Luján y en la del Espíritu Santo, templo de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en el barrio de Palermo. La Virgen de Coromoto es una devoción mariana y es la patrona de Venezuela, y desde 2011 es también la patrona principal de la arquidiócesis de Caracas. La imagen que se encuentra en la parroquia de Guadalupe fue traída de Venezuela y entronizada el 12 de diciembre de 2019 frente a un centenar de fieles absolutamente conmovidos (imagen 2).

Imagen 2. Entronización de la Virgen de Coromoto, Palermo, ciudad de Buenos Aires

Fuente: Cecilia Melella.

Se comprende que las expresiones como la danza, la música, la gastronomía y la religiosidad popular evidencian la existencia de una comunidad migratoria transnacional que se sustenta en la circulación de bienes, valores y representaciones, aspectos que, lejos de instalarse como un folklorismo estático, están cargados de dinamismo y resultan nodales a la hora de poner en valor los capitales simbólico y cultural que estos migrantes traen consigo. Al considerar estas prácticas como estrategias migratorias de inserción en la sociedad de destino, se observa que, por un lado, posibilitan cierta revalorización intracomunitaria del capital que los migrantes traen consigo y, por otro lado, funcionan como estrategias de simulación, ya que permiten visibilizar características que constituyen la “venezualidad” y desplazan transversalmente ese capital cultural hacia la sociedad de destino.

Reflexiones finales

Desde una perspectiva local, los datos sobre pedidos de radicación de la DNM a partir de 2015 confirman el aumento en la cantidad de población venezolana que reside en la Argentina. Respecto de las causas para emigrar, si bien la crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela deviene la motivación central, la elección de la Argentina como destino tuvo que ver con las facilidades de la normativa migratoria para la obtención de la regularidad, la posibilidad de convalidación de títulos, cierta afinidad político-ideológica de carácter antichavista con el gobierno de Macri (2015-2019), así como con el rol de las cadenas y redes migratorias. Se identificaron cuatro dimensiones a través de las cuales se analizaron las estrategias migratorias de inserción: las asociaciones y redes de migrantes; los medios de comunicación de migrantes y las redes virtuales; el trabajo, la educación y los emprendimientos; y las prácticas culturales y religiosas.

Teniendo en cuenta estas estrategias, se concluye que las asociaciones que vienen de larga data han reconvertido su capital prexistente al profesionalizar algunos aspectos de su misión original. Además, tanto las más antiguas como las más recientes se conforman como actores centrales que median entre quienes llegan al país –y se convierten en inmigrantes– y la coyuntura que encuentran. Esta idea de pasaje se evidencia en la necesidad de los sujetos migrantes de reconvertir el capital (cultural, educacional y/o económico) y el rol de la asociación al proporcionar la asistencia para realizar la “traducción” necesaria. Igualmente, se observó que las asociaciones existentes tienden a visibilizar y mejorar su posición en la estructura con los grupos externos y con la comunidad migrante a partir de una batería de estrategias comunicativas que se construyen a partir de las relaciones materiales y simbólicas entre origen y destino.

Por su parte, las redes virtuales y los medios de comunicación cumplen el papel de mediadores/traductores al comunicar a la colectividad las nuevas habilidades necesarias para la reconversión del capital en destino. Además, varios testimonios reconocieron el uso de las redes como un primer acercamiento para planificar su proyecto migratorio desde el origen, y que los utilizan asiduamente para establecer contactos con su grupo familiar e íntimo.

Con todo, la reconversión más evidente del capital simbólico como estrategia migratoria de inserción se evidencia en el mercado laboral y en la formación educativa. En el primero, al igual que en la mayoría de los procesos migratorios, la estrategia para subsistir consiste en utilizar cierta “resignación a ser explotado” a la hora de obtener los primeros empleos, aunque con la perspectiva de que será una situación transitoria. En una segunda etapa, las personas se proponen reconvertir el capital con el que llegan a través del sistema educativo (convalidación/homologación como estrategia de disimulo) o “del saber hacer” al poner en juego los conocimientos y las aptitudes que poseen. También, algunos testimonios dieron cuenta de la posibilidad de cursar nuevos estudios, aunque su magnitud fue limitada. Los emprendimientos formales e informales dependen del capital económico poseído al llegar y de las habilidades para traducirlo en la sociedad de destino. En distintos casos se comprobó que apelar a la “venezualidad” se hace presente a través de estrategias de simulación, y esto se convierte en un capital simbólico de supervivencia a partir de una distinción que, por ejemplo, pueda producir un nicho de mercado.

Por último, las prácticas culturales y religiosas conforman estrategias migratorias que resignifican y reconvierten el capital cultural y construyen una “venezualidad” que funciona, por un lado, como estrategia de simulación/visibilización hacia el afuera y, por otro lado, permite construir y activar lazos intercomunitarios que movilizan la relación con otros capitales.

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  1. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y Universidad de Buenos Aires (UBA), Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG), cemelella@gmail.com.↩︎

  2. Pese a que excede los objetivos de este artículo, resulta relevante posar la mirada sobre las tensiones que la inserción y la integración generan respecto de una concepción instrumental de la migración y de su vinculación con las políticas de los organismos internacionales. Como señalan Gil Araujo y Yufra (2021), los “fallos” en la integración de los y las migrantes se atribuyen a causas personales y a la falta de aptitudes para ser ciudadanos activos.↩︎

  3. Las causas de la emigración venezolana son de índole económica, social y, específicamente, políticas. La profundización sobre ese tema excedería en extensión este artículo. Para ello, se pueden consultar los trabajos de Freitez (2011, 2018), Páez (2015), Allen González (2017) y Vargas Ribas (2018), entre otros. También en la Argentina se han desarrollado diversos trabajos sobre la temática, como los de Pacecca y Liguori (2019) y Espínola e Insa (2021), entre otros.↩︎

  4. Es uno de los barrios porteños más exclusivos de la ciudad de Buenos Aires.↩︎