Patricia Dip, La angustia. Buenos Aires: EDIUNGS, 2025 (pp. 64)

Joaquín Nahuel Noronha

(Universidad de Morón)

La angustia1 (2025) es un ensayo escrito por la filósofa e investigadora argentina Patricia Dip, especialista en la tradición de pensamiento posthegeliana, el marxismo occidental, la escuela psicoanalítica y la filosofía existencialista, con particular atención a la obra de Kierkegaard (1813-1855) y Gramsci (1891-1937). El libro integra la colección “Filosofía de a Pie” editado por la Universidad Nacional General Sarmiento y está compuesto por los siguientes apartados: Introducción, Primeras modulaciones de la angustia, Segundas modulaciones de la angustia, Ínfimas consideraciones y A modo de cierre: antídotos contra la angustia. El texto convoca imágenes y acontecimientos, geografías y tiempos que, a primera vista, parecen no guardar relación alguna: desde el monte Moriah, donde se consumó el sacrificio de Abraham, hasta la Plaza de Mayo herida por el bombardeo de 1955. La angustia atraviesa todos estos momentos. La originalidad del libro radica en repensar a una serie de autores clásicos que han reflexionado sobre el fenómeno de la angustia en su afán por conceptualizarlo. Ahora bien, este diálogo con la tradición se plantea desde nuestro tiempo: Dip recupera los planteos de estas figuras cuando resultan fecundos y los cuestiona cuando dejan de serlo.

El libro se abre con una introducción en la que la autora expone su propósito, tomando como referencias la filosofía, el psicoanálisis y la psicología: “(…) con la esperanza de que estos nos permitan comprender qué pone la experiencia de la angustia hoy en evidencia y de qué manera la podemos transitar” (p.18). Cuatro serán los pensadores que retomará en el desarrollo del texto: Soren Kierkegaard, Sigmund Freud, Jaques Lacan (1901-1981) y Rollo May (1909-1994). La investigadora argentina ensaya por primera vez una definición positiva de la angustia, criterio que cambiará con el transcurso del texto: “La angustia es un efecto que paraliza al individuo cuando no sabe qué hacer con su libertad. No es entonces el resultado inmediato de un proceso histórico (…)” (p. 15). Al alejar la angustia del malestar social, Dip nos invita a indagar el origen de ese malestar en la historia particular (cf. p. 15). En primera instancia, esta propuesta se traduce en un llamado a que nos hagamos responsables de nuestra angustia y a que nos dispongamos a transitarla. “La angustia nos confunde y cuestiona los límites de nuestra comprensión, nos arrebata el control de nuestras acciones, nos entristece, pero también nos educa y nos ayuda a enfrentar diversos desafíos” (p. 16).

El capítulo “Primeras modulaciones sobre la angustia” se inaugura con una pregunta que exige una definición semántica: “¿Cuáles son los rasgos específicos de la angustia?” (p. 19). La singularidad de la angustia consiste en la carencia de un objeto específico, a diferencia del temor. “Tal vez la angustia pueda concebirse como ese sentimiento enigmático difícil de aprehender que funciona como un afecto primordial, como una fuente de la que emanan y se desarrollan otros afectos” (p. 20). El desarrollo de este apartado se despliega en torno a la importancia de la angustia, prestando especial atención a las concepciones de lo humano según Kierkegaard, Freud, May y Lacan. Cada uno de estos autores son abordados de forma específica y sucesiva en las secciones del capítulo: El pecado: angustia, libertad y culpabilidad, La neurosis: angustia y sexualidad, El sinsentido: angustia y amenaza de pérdida y El deseo: angustia y alteridadPara ilustrar este recorrido, nos detendremos en la exposición que la autora realiza sobre Kierkegaard. En la sección “El pecado: la angustia, libertad y culpabilidad” se reconstruye el fenómeno de la angustia, atendiendo al pasaje de la inocencia a la culpa, tal como se desarrolla en El concepto de la angustia. Ampliando la comprensión clásica de la relación entre cuerpo y alma, para el pensador danés la libertad se realiza por la operación del espíritu. Al tomar conciencia de sí, el ser humano tensiona la presunta “naturalidad” del cuerpo y del alma. Como señala Dip: “cuando el alma y el cuerpo no se entienden mutuamente, aparece la angustia” (p. 23). Libertad, angustia, pecado y género son registros que se interconectan en el pensamiento del danés. Esta compleja red conceptual marca el inicio del análisis de Dip, el cual establece diálogos y disensos con los otros tres pensadores mencionados.

El capítulo titulado “Segundas modulaciones sobre la angustia” se distingue del anterior, pues en él la autora sostiene que “(…) las razones por las cuales la angustia es entendida como un afecto privilegiado dependen de los rasgos que la describen” (p. 46). A nuestro parecer, de aquí se desprende la originalidad y el aporte de Dip, que resulta valioso tanto para especialistas en la materia como para quienes aún no se han adentrado en el estudio del fenómeno de la angustia. La autora utiliza dos preguntas que marcarán el recorrido al lector: “¿qué nuevos rasgos caracterizan hoy a la angustia? ¿Qué modos de hacerle frente podemos encontrar?” (p. 45). Este capítulo no estudia la angustia como una respuesta concluyente, parcelada y de manual, sino como una invitación al ejercicio filosófico. Uno de los temas actuales que aborda la autora es el vínculo entre la inteligencia artificial y la angustia. Es innegable que el tiempo que habitamos impone un ethos productivo como rasgo irrenunciable de época. Ahora bien, los efectos irreflexivos que dicha exigencia conlleva en la sociedad no deberían ser soslayados por el discurso filosófico. Y así lo entiende Dip. Para ella, la hiperinformación constituye un factum. Pero, ¿cómo afecta a nuestro deseo la imposibilidad de actuar frente a la infinita apertura informativa que presuponen los dispositivos digitales? La autora advierte un vacío en los diagnósticos sobre esta problemática: “la angustia de tener acceso a un conocimiento infinito sin desarrollar ninguna capacidad personal para obtenerlo no tiene nombre todavía” (p. 48). Esta valoración filosófica no se sustenta en presupuestos tecno-optimistas, sino en inquietudes acerca de la constitución de nuevas formas de subjetividad.

En el capítulo “Ínfimas consideraciones”, el lenguaje, la risa, la niñez y el prójimo funcionan como dispositivos a través de los cuales la autora vuelve a abordar la angustia, empleando una prosa tanto poética como filosófica. Este apartado le asigna al otro un rol preponderante: abre un horizonte de posibilidades para actuar de otra manera y revertir el tiempo angustiante en el cual vivimos. Lamentablemente, según la autora, “no tenemos mucho tiempo, el espejo del mundo nos refleja una imagen oscurecida y fatal” (p. 55).

El libro concluye con la sección titulada “A modo de cierre: antídotos contra la angustia”, donde la investigadora argentina sugiere una “política de alteridad radical” (p. 60). La misma prolonga su reflexión en torno a cómo combatir la angustia en nuestro tiempo. La originalidad de Dip al actualizar e incorporar, para nuestra historia, ciertos autores que han abordado la angustia encuentra su límite teórico y práctico en la siguiente observación: “es difícil vislumbrar proyectos emancipatorios que puedan ser llevados a cabo por sujetos cuyas conciencias han sido sujetadas por la imagen” (p. 47). La autora enfatiza la necesidad de una acción colectiva, pero reconoce que no es clara la manera, ni el programa para revertir la angustia en el plano social. La honestidad y humildad intelectual de Dip en señalar un nuevo camino posible y ayudarnos a formular preguntas es más importante que indicarnos de forma definitiva qué y cómo debemos actuar.


1. Patricia Dip, La angustia (Los Polvorines: EDIUNGS, 2025). De aquí en adelante, las citas textuales del libro se incorporan al cuerpo principal de la reseña entre paréntesis.

Estudiante avanzado de la carrera de Filosofía de la Universidad de Morón.