Debate sobre la superioridad de la mujer

Presentación
En la Dinamarca de la década de 1830, siguiendo las ideas revolucionarias francesas, las mujeres educadas de entornos acomodados, contrariamente a la posición que habitualmente ocupaban como ama de casa al servicio del marido y los hijos, comenzaron a participar de la vida cultural y se aventuraron a salir al mundo masculino. Este acto -cauteloso, pero eminentemente emancipatorio- no tardó en obtener respuesta por parte de los hombres que hegemonizaban la escena cultural danesa. En este sentido, Heiberg consideraba que si bien los varones poseen una razón más potente y mayor facilidad para la dialéctica, las mujeres, por su parte, poseen una sensibilidad infalible para captar la verdad y para contemplar, sin perturbaciones, la realidad sobre la cual se funda su ser. El tema de “la mujer” era adecuado para su tratamiento, aunque no siempre en un sentido “positivo”. Por ejemplo, el estudiante Lind, tal vez con intención de impresionar y captar la atención del maestro Heiberg, escribe un artículo que fue aceptado y publicado por Kjobenhavns fiyvende Post el 4 de diciembre de 1834. El artículo titulado “En defensa del origen superior de la mujer” tiene un tratamiento irónico y cómico, en el que afirma que la mujer es un ser super-terrestre y como tal sólo un objeto de veneración, y que debe actuar sólo para mostrarse en su gloria. El escrito de Lind provocó que Kierkegaard hiciera su debut literario, como pseudónimo, escribiendo sobre las mujeres, un 17 de diciembre de 1834. Aunque ambas contribuciones están orientadas a los hombres y carecen de un interés serio o crítico acerca de la posición de las mujeres en la sociedad; el artículo de Kierkegaard destaca, al contrario que el de Lind, por su ingenio y humor que llegarán a ser una de las marcas características de sus posteriores escritos. Como era de esperar el artículo de Kierkegaard captó inmediatamente la atención de los autores del círculo de Heiberg, de los cuales, por cierto, se burla audazmente. Kierkegaard asegura que aún antes de que el hombre hubiera nacido, Eva tomaba lecciones de filosofía con la serpiente y las practicaba, a fin de probar su talento especulativo.

En defensa del origen superior de la mujer

P. Lynd

Tomando nuestra posición a partir de la proposición adelantada y defendida por Jean Paul y muchos otros, de que el más grande de los poetas es el más grande de los filósofos1, e infiriendo, a partir de ella y de acuerdo con principios matemáticos, que un gran poeta es un gran filósofo, hemos llegado a la convicción, leyendo las obras de muchos poetas que en su entusiasmo traicionan un don de visión profética, de que el origen de la mujer no es terrenal sino etéreo. Una convicción que, habiéndose arraigado en nosotros (en parte a través de las afirmaciones de muchos jóvenes enamorados, en parte a través de nuestra propia observación de la delicadeza de la estructura femenina y el encanto y la belleza que el principio de vida femenino muestra en sus formaciones), se ha visto aún más confirmada por el hecho de que la mujer misma parece intuir su origen superior (como también dice Platón, en efecto, que todo aprendizaje es recuerdo2), en la medida en que su vestimenta ligera, su andar y su forma de hablar sugieren un alma aprisionada a punto de desplegar sus alas para volar3.

La concepción de la naturaleza de la mujer contenida en la historia antigua no debe objetarse contra el principio que ahora quiero exponer. El tratamiento de la mujer en el Paraíso (en la medida en que el Génesis contiene una historia real) sólo puede excusarse por la evidente barbarie del pasado, que se manifiesta especialmente en el fratricidio de Caín4. Que tiempos posteriores, y una gran parte del presente, tratan a la mujer un como una posesión útil en lugar de contemplarla como una obra de arte, bien puede explicarse en parte por la envidia con la que Adán miraba a Eva (así como el diablo miraba a Adán con envidia, según la enseñanza de Mahoma y los rabinos)5 y, en parte por un malentendido de la verdad, de que la mujer es creada del hombre, ya que este último, en lugar de ver en la mujer al fénix resurgir de sus cenizas, creía que debido a esta creación tenía derecho a manda a la mujer como su legítima propiedad. Por lo tanto, planteamos con confianza el principio de que la mujer es un ser superterrestre y como tal sólo un objeto de veneración, y que debe actuar sólo para mostrarse en su gloria.

Ahora bien, aunque nuestra época parece en general estar de acuerdo con nosotros, hay varios fenómenos que aquí requieren un examen más detenido. Algunos hombres en particular, siguiendo el principio incorrecto de Basilius6, que es la base de su enseñanza, “que en la resurrección las mujeres se levantarán como hombres”, no parecen apreciar esta verdad. Lo hacen especialmente aquellos que, al alentar a la mujer a participar en tareas académicas, parecen querer colocarse por encima de ella. No nos extenderemos más sobre esto, pero, para su honor, creemos que las propias mujeres consideran que esta empresa es un error. En cambio, continuaremos investigando si la mujer, al responder a tales invitaciones, no ha logrado apreciar su origen superior.

No hace tanto tiempo que la mujer comenzó a aparecer con frecuencia en una forma prestada del hombre, es decir, en pantalones7, y así parecía colocar al hombre por encima de ella, por analogía con la proposición “a potiori fit denominatio (la designación la da el más fuerte)”8. Y esto, su aceptación de la superioridad del hombre, se volvió aún más convincente cuando las vimos asistiendo a conferencias en un número realmente gigante. Sin embargo, esto no refuta nuestra proposición, sino que, por el contrario, parece que una investigación más cercana lo fundamenta aún más. Para el primer fenómeno, surge, como todas las variaciones de la moda, del deseo de un ser superior de aparecer en forma cambiante; y en cuanto al segundo, sin duda la mujer se mostrará en su gloria de esta manera sólo para aquellas otras criaturas que se regocijan ante la vista.

Sin embargo, la mujer también debe observar muestras de consistencia

Por lo tanto, (1) no diremos, como dice Jean Paul, que las mujeres (y los niños) no deben estirar su cordón de profundidad para que no se rompa (porque este hombre procedía de un principio incorrecto, como lo muestra su Gronliindische Processe)9, pero pídales que lo estiren más y que se den lecciones entre sí, en lo que resultará esclarecedor un conocido grabado en cobre de Chodowiecki en la obra de Claudio10.

Tampoco (2), por lo tanto, exigiremos que se mantengan alejadas de las conferencias para buscar el conocimiento químico en el libro de cocina y observar cómo se desarrolla una comprensión de la razón en la cacerola, sino exhortarlas a que enseñen a los hombres la habilidad que poseen en consecuencia de su naturaleza superior, a saber, la de vivir de poco o nada, ya que de otro modo los hombres pronto experimentarán, de manera más perceptible lo que es el hambre y, por lo tanto, según un conocido proverbio, se verán privados de su fuerza heroica11.

Finalmente, (3) tampoco es nuestra opinión que “deben hacer un trabajo honesto con las manos”, como dice el apóstol12, pero les pedimos que utilicen el tiempo que pasan en las aulas para cultivar las artes que hasta ahora han cultivado con gran consistencia, sobre todo bordados y tocados, ya que, al dañar así sus ojos han expuesto claramente a la luz del día su odio al mundo material y, por tanto, su elevación por encima de él.

Una nueva defensa de las capacidades superiores de la mujer

S. Kierkegaard

Mucho se ha dicho contra el intento de las damas de educarse tanto en un sentido práctico como teórico. Sí, incluso por medio del nº 33 de este periódico, al público se le ha presentado una ironía sobre esta cuestión, específicamente en lo que respecta a la formación científica que en la actualidad se les ofrece a través de conferencias. ¡Pero qué injusticia! La historia de todas las épocas muestra que las capacidades superiores de la mujer, al menos en parte, han sido reconocidas. Ni bien creado el ser humano, encontramos ya antes a Eva como oyente de las conferencias filosóficas de la serpiente13 y vemos que se instruyó en ellas con tanta facilidad que, de inmediato, podría haber utilizado los resultados de las mismas en sus prácticas domésticas. Esta capacidad para la especulación y la necesidad asociadas a una comprensión más profunda, ya manifiesta aquí, es lo que intentó satisfacer Occidente y, por esta razón, las mujeres fueron encerradas en serrallos14. Y si un simple viajero errante, impulsado quizá sólo por la curiosidad, se aventuraba dentro de estos santuarios, ellas iban cubiertas con un velo para no ser perturbadas en su línea de pensamientos. Sin embargo, no todas fueron arrancadas así de la vida para cavilar sobre objetos más abstractos; una inmensa mayoría buscó hacer valer sus habilidades para la vida. Como oradora, la mujer posee un talento tan grande que ha hecho época en la historia en su propia dirección, a saber, los llamados sermones de rodapiés de cama, sermones de cortinas15, etc.; y Jantipa16 sigue siendo un modelo de elocuencia femenina, la fundadora de una escuela que perdura hasta nuestros días, mientras que la escuela de Sócrates lleva largo tiempo desaparecida. A pesar de que el cristianismo fue bastante duro con las mujeres, al prohibirles hablar en las asambleas17, sin embargo, les concedió un campo de acción para su elocuencia en el hogar; y cuando los rabinos les impidieron tomar la palabra fue porque tenían miedo de que ellas pudieran eclipsarlos y expusieran sus males. Los incontables juicios por brujería de la Edad Media mostraron, sobradamente, la profunda comprensión que las mujeres tenían de los secretos de la naturaleza.

Sin embargo, transcurrieron muchos siglos antes de que las capacidades superiores de la mujer fueran completamente reconocidas. Logro que hubo de reservarse a Francia y aquí nos referiremos únicamente a dos fenómenos: al hecho de que en la Revolución Francesa la Razón estaba representada por una mujer18 y al hecho de que los saint-simonianos ponían a la mujer en pie de igualdad con los varones19. Si a esto, además, le agregamos el hecho de que hasta ahora nunca se ha logrado derrotar a una mujer en una disputa, que la habilidad dialéctica de la mujer ha reducido al silencio a numerosos oponentes; entonces, ciertamente, uno comprende la superioridad femenina en torno de las cosas espirituales, una superioridad que se extiende hasta todas las ramas de las facultades anímicas. Y de ahí también que probablemente las antesalas20 estén repletas de damas, porque pese a estar casadas, en virtud de su perspicacia, ingenio, etc., superan con creces las de los varones.

De estas estupendas capacidades femeninas, tampoco nos dejan carentes de ejemplos las damas de nuestro tiempo. A ellas les debemos varias obras teatrales, una de las cuales, que enriquece la casuística con nuevos casos de colisión, está haciendo mucho ruido21. En los últimos años, ha sido una dama la única que ha demostrado la inmortalidad del alma22 – un libro que, junto con el libro de cocina de Christiane Rosen23, ha servido para mantener a muchos con vida. Con pasos veloces, las damas se apresuran hacia su noble objetivo: en materia estética, las críticas son suministradas por las damas; en el campo de la medicina, el Centro de Sanidad les da una mano para permitirles arrancar a la gente el casquete empegado de pez24; en materia artística, ellas les ofrecen los objetos más elevados, conjuran seres supraterrenales sobre el lienzo25 y trabajan junto a los varones para la difusión del arte; a la hora de manufacturar, son las primeras en la invención de coser medias a partir de guantes; en lo que respecta a la historia, permanecen al tanto de los sucesos y muchas de las revistas y de los diarios que los varones consideran insignificantes no escapan a la agudeza de su mirada –en las publicaciones sobre moda estudian el espíritu de la época. ¡Gracias, por lo tanto, a ustedes, grandes hombres que las ayudan a alcanzar las cimas del conocimiento, y así y todo sin olvidar al otro sexo! Por eso es tan hermoso ver que el hombre que especialmente quiere tener un efecto sobre las damas, no se olvida de los hombres, y finalmente extiende su amoroso entusiasmo a todos26. Espero con alegría el momento en que las damas sepan qué es realmente el amor; el momento en que obtengan una concepción clara de la naturaleza del calor, el momento en que superen con creces a los hombres en el estudio de la historia con precisión, incluso en eso de querer saber qué fue lo que cenaron Hagbart y Signe27 y, en todo caso, si habían cenado algo; el momento en que profundicen en los secretos de la Trinidad (aunque esta doctrina les resultará particularmente difícil pues hasta ahora han sido lastimadas por entender que dos pueden estar de acuerdo entre sí). ¡De este modo regresa el tiempo caballeresco de la Edad Media en otra esfera! Así como antiguamente se reconocía a las damas como árbitros de las batallas, ahora las disputas, las piezas teatrales, las obras filosóficas deberán estar sujetas a su juicio. Así como los caballeros llevaban los colores de su dama, ya no se hablará de kantianos, hegelianos, etc. ¡No! De aquí en adelante, las palabras azules, rojos, etc. ocuparán su lugar; de la mano de Eva recibiremos la manzana del conocimiento. ¡Entonces, elevaos sobre la tierra! Ya en la cima se están convirtiendo en pájaros alados, llenan apenas las grandes mangas de aire y desaparecen ante nuestros ojos, ante la gran muchedumbre que estará presente durante la ascensión de las damas. Huid, entonces, de esta tierra ingrata, levantaos sobre las alas de la filosofía y mirad con desdén a aquellos cuyas mentes cobardes y serviles, que con los judíos de antaño, preferirían permanecer junto a las ollas de carne28. Y una vez que, en este frio invierno, los hombres se hayan arrepentido de su pecado, entonces la primavera sonreirá a vuestro regreso, entonces la mujer tenderá nuevamente su mano al hombre – un tonto de verano y campanilla de invierno29.

A30


  1. Jean Paul (seudónimo de Johann Paul Friedrich Richter) (1763-1825). Sobre el poeta y el filósofo, ver, por ejemplo, Vorschule der Aesthetik, I-II (Viena: 1815; ASKB 1381-83), II, p. 244; Sämmtliche Werke de Jean Paul, I-LX (Berlín: 1826-28; ASKB 1777-99), XLIII, p. 118.↩︎

  2. Una proposición básica en la filosofía de Platón; ver, por ejemplo, Menón, 81 d; Platonis quae exstant opera, I-XI, ed. Friedrich Ast (Leipzig: 1819-32; ASKB 1144-54), IX, págs. 224-25. Los diálogos recopilados de Platón, ed. Edith Hamilton y Huntington Cairns, Princeton, Princeton University Press, 1963, p. 364.↩︎

  3. La representación artística del alma como mariposa.↩︎

  4. Cfr. Génesis 4:8-16.↩︎

  5. En el Islám, Adán es el primero de los profetas. Satanás cayó al negarse a adorarlo por mandato de Dios.↩︎

  6. Posiblemente el padre de la Iglesia, Basilio el Grande (c. 330-379).↩︎

  7. George Sand.↩︎

  8. Generalmente atribuido a Marcus Fabius Quintillianus, Institutio oratorio, 8, 6, 23; M. Fabii Quintiliani de Institutione oratoria libri duodecim, I-IV, ed. Georg L. Spalding (Leipzig: 1829; ASKB 1267-68 [I-II]), III, p. 314. Aquí, sin embargo, deberíamos pensar en una latinización de la palabra griega original “metonimia”.↩︎

  9. La primera obra anónima de Jean Paul (1783) fue Gronländische Processe oder satirische Skizzen. La referencia aquí es a la sección "Ueber Weiher und Stutzer". Véase Werke, V, pp. 89-115.↩︎

  10. Daniel Chodowiecky (1726-1801), pintor y grabador alemán que ilustró las obras del poeta alemán Matthias Claudius (1740-1815). El grabado en cuestión es presumiblemente el de un grupo de patos a los que un dragón le da una conferencia o lo preside. Los patos duermen, caminan, etc. Véase Matthias Claudius, ASMUS omnia sua SECUM portans, oder Sämmtliche Werke des Wandsbecker Bothen, Werke, I-IV (1-8) (Hamburgo: 1838; ASKB 1631-32), I (3), grabado hacia p. 107.↩︎

  11. Uden mad og drikke duer helten ikke [El héroe es impotente sin comida ni bebida]. Cfr. T. Vogel Jorgensen, Bevingede Ord (Copenhague: 1975), pp. 995-96.↩︎

  12. Cfr. Efesios 4:28. Sin embargo, Pablo se dirige a los ladrones de la comunidad cristiana, no a las mujeres.↩︎

  13. Cfr. Génesis 3, 1 – 6.↩︎

  14. Un serrallo es un palacio o bien residencia de un regidor turco. También se conoce como serrallo al área residencial de las mujeres y concubinas (odaliscas) en una residencia musulmana o el harén de un palacio musulmán.↩︎

  15. Antiguamente las camas estaban rodeadas por cortinas.↩︎

  16. Jantipa, como se sabe, era la esposa de Sócrates. Se estima que tenía varios años menos que Sócrates (entre 30 y 40). Las anécdotas la retratan como una mujer de temperamento fuerte.↩︎

  17. Cfr. 1 Corintios 14, 34.↩︎

  18. El 20 de brumario (10 de noviembre) de 1793, la Convención, a sugerencia de Chaumette, proclamó a la Diosa de la Razón. Identificada con la iconografía grecorromana de Sophia ("sabiduría"), se eligió para personificarla a una mujer de nombre "Sofía": Sophie Momoro, esposa del impresor Antoine-François Momoro. Para rendirle culto (culto de la Razón) se le consagró el hasta entonces altar mayor de la catedral de Notre Dame (París).↩︎

  19. Se trata del movimiento socialista fundado por el conde francés Claude Henri de Saint Simon (1760 – 1825). Los partidarios de Saint Simon exigían la emancipación femenina y la igualdad entre varones y mujeres. Cabe destacar que algunos miembros de este movimiento social, principalmente Enfantin, esperaban el advenimiento de un Mesias Mujer y sostenían que Dios era masculino y femenino.↩︎

  20. La antesala era una pieza contigua a la sala principal de una residencia. Cuando llegaba un visitante, debía aguardar por su anfitrión en la antesala.↩︎

  21. Probablemente esta expresión haga referencia a Thomasine C. Gyllembourg-Ehrensvard (1773-1856), la madre de Johan Ludvig Heiberg. Para la fecha en que se redacta el presente artículo había publicado de forma anónima las obras Familien Polonius (1827), En Hverdags-Historie (1828) y Slægtskab og Djævelskab (1830), todas ellas aparecidas en Kjebenhavns.flyvende Post.↩︎

  22. Aquí la referencia sería a Hanna Irgens (1792 - 1853). Publica en 1822 la obra titulada Orfanina.↩︎

  23. Cfr. Christiane Rosens Oeconomisk Huusholdning-Bog, I-II, publicado en 1818.↩︎

  24. El Centro de Salud o de Sanidad o Sanitario era un organismo dependiente del rey, que dirigía y coordinaba todas las cuestiones referidas a la salud. Ellos daban permiso para que las mujeres se ocuparan en la tarea de arrancar de un tirón un casquete embadurnado con pez (una especie de brea) para quitar las costras de la cabeza de los que tenían tiña.↩︎

  25. La referencia probable es Mariane Frederikke Stub (1790-1842). En los años 1822-23 y 1826-30 expuso numerosas pinturas de ángeles, querubines, etc. en la galería Charlottenborg de Copenagüe.↩︎

  26. La alusión, seguramente, es a las conferencias sobre filosofía ofrecidas por Heiberg en la primavera de 1833. En aquella ocasión, extendió la invitación de las mismas, de manera inusual, tanto a varones como a mujeres. Dado que únicamente dos mujeres se inscribieron para participar en ellas, las conferencias no se realizaron. En el programa de su curso Heiberg sostenía que era capaz de ofrecer una introducción a la filosofía accesible a cualquier persona instruida por lo cual no era necesario convocar únicamente a los varones. Heiberg considera que si bien los varones poseen una razón más potente y mayor facilidad para la dialéctica, las mujeres, por su parte, poseen una sensibilidad infalible para captar la verdad y para contemplar, sin perturbaciones, la realidad sobre la cual se funda su ser.↩︎

  27. Se trata de dos amantes legendarios de la mitología escandinava. Hagbard era un guerrero que se enamoró perdidamente de Signe, la hija del rey Sigar. Signe y Hagbard se juran mutuamente amor hasta la muerte y más allá de ella. Cuando son descubiertos Hagbard es condenado a morir ahorcado, Signe prende fuego su casa y perece bajo las llamas. Hagbard observa la escena y exige que su verdugo lo ejecute de inmediato.↩︎

  28. Cfr. Éxodo, 16, 3. La expresión suele utilizarse para hacer referencia de forma nostálgica a épocas pasadas consideradas mejores.↩︎

  29. Se trata de un juego (en algún punto similar a nuestro “amigo invisible”) que continúa en la actualidad. Se enviaba una carta dentro de la cual se ponía una campanilla blanca o Vinternar. La carta comenzaba con las palabras Sommergjæk og Vinternar, para burlarse del que la recibía. El destinatario de la carta tenía que adivinar, antes de Pascua la identidad de quién la había enviado.↩︎

  30. Kierkegaard utilizó para este primer texto la firma pseudónima “A”. Su segundo texto publicado llevará la firma pseudónima “B”. Como es sabido ambas letras serán utilizadas por Víctor Eremita, el editor pseudónimo de O lo uno o lo otro, para designar respectivamente a los autores pseudónimos de la primera y la segunda parte de la obra que inaugura el proyecto autoral de Kierkegaard.↩︎