Jóvenes, disfraces y espacio público en el Tandil dictatorial: memorias de la Farándula Estudiantil

Manuela Belén Calvo *

RESUMEN: Este artículo pretende analizar las relaciones entre los jóvenes, las prácticas culturales y el espacio público en el contexto de la dictadura cívico-militar en una ciudad media no metropolitana. Para ello se toma como caso de estudio a la Farándula Estudiantil, un desfile de carrozas y disfraces realizado en la ciudad de Tandil desde 1960. Se analizan los testimonios orales de ex estudiantes que participaron en la primera etapa del evento (desarrollada hasta 1980, inclusive) con el objetivo de comprender dos cuestiones: 1) de qué maneras la Farándula Estudiantil fue utilizada por el régimen dictatorial para vincularse con los jóvenes; 2) de qué formas el evento transgredió los imaginarios morales de la ciudad y su gobierno en dicho contexto, llevándolo a su suspensión.

Palabras clave: dictadura, jóvenes, espacio público

ABSTRACT: This article aims to analyze the relationships between young people, cultural practices, and public space in the context of the civil-military dictatorship in a medium-sized non-metropolitan city. The study case is Farándula Estudiantil, a parade of floats and costume sheld in Tandil city since 1960. It analyzes oral testimonies of former students who participated in the first stage of the event (developed until 1980, inclusive). The aims to understand two issues: 1) the ways in which the dictatorial regime used the Farándula Estudiantil to connect with young people; 2) how the event transgressed the moral imaginaries of the city and its government in the above context, which led it to its suspensión.

Keywords: dictatorship, young people, public space

1. Introducción

En Argentina, los estudios acerca de las juventudes constituyen un campo consolidado. Parte de ello se observa en la creación de la Red de Investigadorxs en Juventudes de Argentina (ReIJA) en 2004, compuesta por miembros provenientes de distintos puntos del país, pertenecientes a diversas disciplinas de las Ciencias Sociales y Humanas. Entre esos aportes, es posible encontrar varios trabajos que, desde una perspectiva histórica, analizan una multiplicidad de prácticas culturales urbanas protagonizadas por jóvenes (Auyero, 1992; Cattaruzza, 1997; Molinari, 2006; Manzano, 2017; Álvarez, 2019, 2020) y que, inclusive, hacen énfasis en la importancia de aplicar una mirada federal sobre estos análisis (González y Basile, 2014).

A pesar de ello, se presenta una relativa vacancia en el estudio de las juventudes y las culturas argentinas situadas por fuera de las metrópolis, lo cual otorga características particulares. En este sentido, para estudiar a los jóvenes1 es necesario atender no solo a la variante temporal, sino también al aspecto territorial, el cual se vuelve relevante por las diversas formas en que influye en el desarrollo de los jóvenes en tanto actores sociales. De este modo y tal como expresa Rosana Reguillo (2012), “El contexto (…) deviene así el ‘texto’ principal que orienta el proceso de configuración de la condición juvenil” (p. 13).

Diversos trabajos realizados desde la antropología urbana han dado cuenta de las singularidades que se presentan en las prácticas sociales y culturales de las ciudades no metropolitanas. Esto no solo responde a factores estructurales geográficos y demográficos, sino también a los imaginarios sociales urbanos propios de las ciudades medias (Silva y Boggi, 2015) y a ciertas condiciones territoriales que configuran los modos de vida no metropolitanos (Greene y Abrantes, 2018). Es decir, desde el plano simbólico, las relaciones sociales en estas escalas se configuran de un modo especial, debido a que responden a tramas de poder y de sociabilidad ligadas a lo pueblerino-periférico (Gravano y Silva, 2017) y a otros factores, como el ritmo desacelerado y la personalización (en contraposición a la individualización) (Greene y Abrantes, 2018) en el trato cotidiano.

Como consecuencia, el desarrollo de la juventud -y las prácticas sociales vinculadas a este recorte etario- en estos territorios se vuelve complejo. Parte de ello lo muestra el trabajo de Lucía de Abrantes y Magdalena Felice (2015) acerca de la situación de los jóvenes en Villa Gesell. En él se explica el contraste entre su “capital locacional” durante el período turístico de verano y su falta de inclusión en las actividades realizadas el resto del año. A su vez, el análisis de las juventudes gesellinas cobra otras dimensiones al comparar la situación actual con el período histórico caracterizado como “momento contracultural”, desarrollado en dicha ciudad en las décadas de 1960 y 1970, en donde la ciudad se había convertido en un epicentro del movimiento hippie (Noel, 2020). Esto conduce nuevamente a postular la necesidad de atender tanto a los ejes territoriales como temporales de los contextos específicos.

En esa línea, este artículo se centrará en un caso desarrollado en Tandil durante la dictadura de Juan Carlos Onganía y la dictadura cívico-militar denominada, Proceso de Reorganización Nacional. Dicha ciudad intermedia2 se ubica en el centro sudeste de la provincia de Buenos Aires y, al igual que el resto de las ciudades de Argentina, en 1966 y 1976 también inauguró gobiernos dictatoriales en su escala municipal. Esto no solo tuvo consecuencias en el plano político gubernamental, sino también en la regulación de las pautas sociales y culturales, tanto del espacio público como privado.

En este contexto, resulta particular el desarrollo de la Farándula Estudiantil3, un evento de carácter artístico y competitivo que fue adoptado por los habitantes como parte de la identidad tandilense, a pesar de tener cierta similitud con desfiles estudiantiles de otras ciudades del país. Se desarrolló en tres períodos: en primer lugar, de 1960 a 1980; luego, de 1989 a 2019; y finalmente, se retomó en 2021 hasta la actualidad, una vez levantadas las medidas sanitarias adoptadas por el gobierno debido a la pandemia de Covid-19. Particularmente, durante la primera etapa –desarrollada durante gobiernos dictatoriales- se conformó como un desfile callejero de carrozas y disfraces que representaban números artísticos cómicos y serios. Estos eran desarrollados por agrupaciones de estudiantes del nivel secundario que participaban en representación de sus escuelas de pertenencia. Esas performances eran evaluadas por un jurado colectivo compuesto por varias autoridades y adultos destacados de la escena social y cultural de la ciudad, como lo eran el intendente, funcionarios de los sectores de turismo y cultura, directivos de las instituciones escolares y periodistas de medios gráficos y radiales.

De este modo, uno de los caracteres relevantes de la Farándula Estudiantil consistía en ser un acontecimiento desarrollado en el espacio público, en el cual los adolescentes pasaban a ser el centro de atención de la opinión pública y las normas sociales que regulaban la moral de la ciudad. Esto cobra importancia en el contexto tandilense de los sesenta y setenta, en el que predominaba un imaginario de la ciudad como “pueblo grande” y donde la imagen pública (Goffman, 2001) y el rumor eran reguladores fundamentales de la sociabilidad cotidiana. Tal como expresa Paola Gallo (2023), a mediados del siglo XX esta se ordenaba a partir de la proximidad espacial y física. Esto significaba que los habitantes de la ciudad tenían un vasto conocimiento de sus pares, debido a estas relaciones de cercanía. De cierta manera, se conocían todos. Este era un factor relevante en la exposición pública, lo cual se acentuaba durante la costumbre de dar la “vuelta al perro”4 por las calles céntricas los domingos por la tarde.

Estas características de la sociabilidad son intrínsecas de Tandil, pero también son comunes a gran cantidad de ciudades medias no metropolitanas. Por ejemplo, al analizar la cuestión de lo público en este tipo de ciudades, Ariel Gravano y Ana Silva (2017) utilizan la metáfora de “vitrina urbana” acuñada por Armando Silva (1992). Ese concepto les “(…) permitía dar cuenta de la espacialidad escópica que se configuraba en el espacio urbano, a partir de las presencias —y ausencias— en lugares para ver y ser vistos que se cargaban simbólica y valorativamente.” (p. 51) Por lo tanto, el espacio público se construía como un lugar en donde los habitantes se mostraban a los demás.

Al mismo tiempo, el rumor también se instala como una práctica común en las ciudades de las características mencionadas. Ricardo Greene y Lucía de Abrantes (2018) explican que la estructura social de esos espacios urbanos se construye sobre la base de la figura de las personas, en la cual el chisme se posiciona como forma de organización social:

En términos amplios, podemos sostener que los chismes son comentarios o noticias, generalmente de carácter negativo, no verificados ni documentados que circulan entre la gente generando ciertas ideas o representaciones sobre sujetos o situaciones. Mediante ellos se refuerzan los sentidos de pertenencia (ya que marcan un adentro y afuera), se disputan fuerzas morales hegemónicas, se ponen en juego los intereses individuales de los sujetos y se hacen circular, de manera informal, diversas informaciones significativas para el entramado social en el cual se sostienen. (p. 227)

De esta forma, el espacio público abre el juego a la producción de juicios de valor en torno a la imagen y los comportamientos de las personas en la vida cotidiana. La moral de Tandil en esos tiempos podía describirse como blanca, cristiana, conservadora, tradicionalista, androcéntrica y heteronormativa.

Es necesario aclarar que, aunque las características mencionadas resultan comunes a las ciudades no metropolitanas contemporáneas, cobraban un tenor más profundo en el período histórico analizado en este artículo. La censura moral sobre diversas expresiones culturales era una de las formas de persecución más extendidas por los gobiernos dictatoriales. A pesar de ello, la Farándula Estudiantil se realizó durante esos años y se presentó como un evento artístico que interrumpía la cotidianeidad y convertía a las calles céntricas en una vitrina en la cual los estudiantes pasaban a ser centro de atención.

Por consiguiente, este artículo5 pretende analizar las relaciones entre las juventudes tandilenses –representadas con los alumnos del nivel secundario- y el espacio público en el contexto dictatorial, partiendo de dos preguntas: ¿por qué la Farándula Estudiantil se siguió realizando a pesar del régimen dictatorial? ¿Por qué dejó de realizarse durante el régimen dictatorial? Para ello, se analizan los testimonios de algunos ex estudiantes que participaron en el primer período de la Farándula Estudiantil, particularmente de las ediciones desarrolladas bajo la última dictadura militar. Esto podría contribuir a analizar las maneras en que se relacionaron las juventudes y las prácticas artísticas con las dictaduras, en espacios alejados de los grandes centros urbanos metropolitanos. A continuación, el artículo hará referencia a algunos apuntes metodológicos; posteriormente, se referirá a las dos preguntas mencionadas; y finalizará con algunas conclusiones.

2. Apuntes metodológicos

Dado que este artículo se encarga del análisis de testimonios orales, resulta necesario narrar las distintas etapas que constituyeron el relevamiento de datos. El primer paso de esta investigación consistió en indagar las fuentes escritas que había sobre el tema, ya que se trataba del corpus más accesible. Sin embargo, como se explicó en un trabajo anterior (Calvo, 2022), la prensa consistía en un agente particular dentro de la Farándula Estudiantil: los diarios eran un espacio en el cual los periodistas plasmaban sus opiniones acerca del evento y en donde también se incluían cartas de lectores que lo criticaban. A pesar de contener una gran cantidad de datos objetivos, los medios escritos constituían un conjunto de fuentes que brindaban una mirada sesgada. Esto me motivó a triangular esta información con otra, proveniente de fuentes orales.

Mediante la técnica de la entrevista no directiva (Guber, 2011), relevé los testimonios de algunos ex estudiantes que habían participado de la Farándula Estudiantil en los años en cuestión. Mi interés era acceder al “espacio biográfico” de dichos agentes, como “un espacio entre, que clausura la antinomia, revelando la imbricación profunda entre individuo y sociedad” (Arfuch, 2010, p. 248). Estas personas fueron consideradas “informantes” de la vida social de un contexto en particular (Guber, 2011). Pero, al tener en cuenta que mi interés era rescatar sus experiencias en el pasado, con las entrevistas se intentó abrir un “espacio de recuerdos” (Niethammer y Strunk, 2007). Este elemento resultó desafiante, ya que el tamiz de la memoria fue evidente en la mayor parte de los testimonios, en los cuales se observaban fuertes idealizaciones de la etapa de la adolescencia; evaluaciones y juicios personales sobre el pasado; y, en algunos casos, profundos olvidos. A pesar de estas dificultades, las entrevistas contribuyeron a ahondar en las experiencias y las perspectivas de los estudiantes de aquella época y a acceder a aquella parte de la vida cotidiana que no ha sido documentada (Niethammer, 1989).

Los informantes pueden ser descritos como mujeres y varones cis-género de entre 60 y 70 años de edad. Algunos de ellos fueron seleccionados porque sus nombres figuraban en algunos de los periódicos relevados, como parte de las comisiones organizadoras de la Farándula Estudiantil o habían sido seleccionados como reinas o princesas del evento. En otros casos, me basé en mis propias condiciones de factibilidad: ser nacida y criada en Tandil y tener gran cantidad de familiares, vecinos, amigos y conocidos que habían participado en la Farándula Estudiantil o habían desarrollado su etapa escolar en la ciudad.

Con respecto a la reflexividad en la investigación (Guber, 2011), ser tandilense me habilitó un acceso relativamente fácil a algunos informantes, ya que el trato de confianza brindaba seguridad y apertura a los interlocutores. A su vez, al ser una gran conocedora del evento, tuve mayor facilidad para enfocar las preguntas a cuestiones de interés y a fundamentar la investigación sobre un tema considerado importante por los habitantes de Tandil y las personas escolarizadas allí. Sin embargo, algunos entrevistados que me conocían de antemano demostraron cierta cautela a la hora de hablar de las propias experiencias. Esto sucedió en particular con aquellos que habían sido adultos de referencia –en la crianza o la educación- durante mi infancia y adolescencia. Ludmila da Silva Catela (2015) explica que, durante el trabajo de campo realizado por medio de entrevistas en el espacio íntimo/privado de los informantes,

(…) en la medida en que las fronteras entre lo privado y lo público son fluidas e inestables, las diferentes modalidades de interacción personalizada generadas al interior de la casa, son transformadas cuando se plantea la posibilidad de que “lo dicho” sea difundido a través de la escritura académica o la difusión por medio de imágenes. No todo lo que se comunicó en la entrevista puede quebrar esta frontera cultural. (p. 529)

En los casos referidos, la cautela que se presentó en algunos de los testimonios posiblemente se haya relacionado con la inquietud que les causaba a los informantes hacer públicas las propias experiencias. Esto cobra un carácter particular si se tiene en cuenta que se hacía referencia a la juventud, una etapa relacionada con vivencias que suelen ser mal vistas en la adultez y, mucho más, en una ciudad no metropolitana. Estas particularidades me condujeron a construir las preguntas de un modo estratégico, para interpelarlos a responder de forma más abierta.

Entonces, la mayor parte de los informantes seleccionados demostraron predisposición para hablar sobre sus experiencias del pasado. En contraposición, hubo casos de personas que al contactarlas se mostraron esquivas y afirmaron no recordar nada de aquella época. También hubo entrevistados que prefirieron no hablar sobre determinados asuntos, que se sintieron incómodos y cambiaron de tema. Otros, al ser más explícitos, me pidieron expresamente que sus testimonios sean anónimos o que sus palabras sean registradas off the record o no sean transcritas o publicadas. Esto sucedió particularmente cuando hicieron referencia a elementos relacionados a cuestiones de política y sexualidad. Por este motivo, en este trabajo se reservarán los nombres de las personas entrevistadas para resguardar su identidad.

Otra cuestión metodológica a destacar fue que tuve mayor acceso a informantes que participaron de la Farándula Estudiantil en los sesenta que en los setenta. De hecho, solo accedí a cuatro testimonios referidos al evento durante la última dictadura. Más adelante se podrá ver que estas particularidades constituyen datos relevantes para la reconstrucción de los imaginarios sociales tandilenses que predominaban en aquel momento y se han perpetuado hasta la actualidad. A continuación, haré referencia a las entrevistas propiamente dichas.

3. Memorias estudiantiles en el espacio público: dos hipótesis

A partir de la totalidad de los testimonios relevados, concluí en que una de las características de la sociedad tandilense consistía en la importancia de la imagen propia (individual) en el espacio público cotidiano. Esto hacía que, para los vecinos de la ciudad, fuera muy importante la opinión del otro, la cual se presentaba de forma oral -como rumor- y en publicaciones escritas en la prensa. Este último caso, constituía el mayor regulador moral social, ya que allí no solo se brindaba información sobre acontecimientos locales, sino que también se publicaban los logros de algunos habitantes (por ejemplo, viajar al extranjero, comprometerse, realizar un festejo de cumpleaños de quince, entre otros) y se realizaban duras y extensas críticas sobre aquello que era considerado impropio o contrario a la “tranquilidad” de la ciudad. Esto resulta similar al análisis que realiza Ana Silva (2011) sobre el suplemento para jóvenes de un diario local de Olavarría. En ambos casos, la prensa gráfica constituía una “vitrina urbana mediática”, la cual sostenía el imaginario pueblerino del reconocimiento.

La importancia que tenía esta exposición en las personas hacía que muchas de ellas generaran mecanismos de autorregulación para adecuarse a la moralidad citadina o, por el contrario, buscaran formas de transgredirla. En ese caso, la Farándula Estudiantil se presentaba como una ocasión en que los adolescentes podían disfrazarse y realizar performances (Schechner, 2011) para restaurar conductas que en la vida cotidiana no estaban permitidas: acercarse demasiado al género opuesto o vestirse como él o simplemente ensuciar y desordenar las calles.

De acuerdo a Lucas Bilbao y Florencia Ramón (2023):

Según reflejan los medios gráficos locales de la época, no se evidenciaron profundas transformaciones en la vida cotidiana de la ciudad tras la concreción del golpe de Estado. Las principales noticias al respecto hacen alusión a las disposiciones de vigilancia de los centros de recreación nocturnos, tal como se decretó para todo el ámbito provincial en al ámbito del llamado “Operativo Identificación”, mediante el cual se requisaba a la población en cumplimiento de la obligatoriedad de la portación de la documentación personal para ser presentada frente a la petición de las autoridades policiales y militares. (p. 254)

Sin embargo, cabe preguntarse por las maneras en que el acartonado y tradicional imaginario moral de la ciudad de aquella época contribuyó con el control dictatorial. En efecto, tal como mencioné anteriormente, algunas personas contactadas no accedieron a ser entrevistadas y aquellas que sí lo hicieron mantuvieron posturas enfrentadas sobre el gobierno de facto. Es decir, mientras algunas fueron críticas, otras se mostraron a favor del golpe y, en sus testimonios, intentaron dar cuenta de que nunca salieron a la calle con tanta seguridad como en esa época.

Como ya expliqué, la Farándula Estudiantil se continuó realizando durante los cinco años posteriores al golpe de 1976. Esto implica dos facetas opuestas: por un lado, que a pesar del contexto, se siguió desarrollando un festejo en el espacio público que congregaba a una gran cantidad de habitantes; y, por el otro, que durante el gobierno de facto se decidió dejar de realizar un evento tradicional local. Mi primera hipótesis es que el evento se continuó realizando en los primeros años de la última dictadura como una manera de mantener una sensación de normalidad. En este sentido, tal como explican Bilbao y Ramón, las persecuciones, detenciones y represiones fueron realizadas de forma ilegal y clandestina. Por ende, el hecho de que el intendente de turno -máxima figura dictatorial en la escala municipal- se exhibiera en el palco del jurado contribuía a construir una imagen de cordialidad del régimen hacia los jóvenes.

La Farándula Estudiantil se puede comparar con la presencia de festejos en el espacio público por el Día del Estudiante en la ciudad de Buenos Aires durante el período dictatorial. Alejandra Álvarez (2019) explica que esta celebración había sido propuesta y sostenida por los estudiantes desde principios del siglo XX, por lo que se trataba de un evento difícil de cancelar. Sin embargo, a través del análisis de los informes de inteligencia de esos años, demuestra que el gobierno de facto ejercía un control sistemático sobre su desarrollo. Aunque no accedí a este tipo de fuentes para el caso tandilense, se pueden considerar ciertas similitudes, ya que, tal como expresa Álvarez:

(…) frente al despliegue de esta presencia estatal, habilitar la primavera servía para sus fines políticos. Se operó en el espacio público la construcción de una imagen positiva del régimen asociada a la alegría y a la vida encarnada en la juventud que lo alejaba, por esos días, de las denuncias por la desaparición de personas, entre las cuales se encontraban estudiantes secundarios. (p. 119)

Hoy en día es sabido que los estudiantes militantes -especialmente, del nivel universitario- fueron uno de los principales blancos de violencia del gobierno dictatorial, inclusive en Tandil.

Los testimonios de los ex estudiantes tandilenses entrevistados confirman esa sensación de normalidad en la vida cotidiana, ya que la mayoría de ellos expresó no haberse enterado en ese momento de la violencia ejercida por los militares. De acuerdo a uno de ellos:

Nosotros no teníamos consciencia de lo que pasaba, era la realidad. Nos enterábamos sí por los comentarios, de que algo pasaba. Pero no éramos conscientes de la barbaridad que estaban viviendo. (…) Nosotros vivíamos en una nube de pedos básicamente, no nos dábamos cuenta. (Entrevista realizada vía telefónica, 2021)

En este sentido, la gran mayoría de los entrevistados coinciden en que los adolescentes de esa época eran ingenuos y que durante la década del setenta perduraba la idea de la juventud como una etapa biológica diferente, en la cual social y culturalmente se privilegiaba la alegría y la inocencia. El accionar clandestino de los militares permitió que ellos pudieran vivir la adolescencia sin demasiados cambios con respecto a los años democráticos. De hecho, es necesario remarcar que la Farándula Estudiantil se realizó sin pausas durante la dictadura anterior, denominada “Revolución Argentina”. En esos años, las autoridades militares también formaron parte de los jurados del evento. Como ya mencioné, esta participación activa del gobierno de facto contribuyó a la normalización y atenuación de la mirada que tenía la sociedad sobre el régimen dictatorial.

Esta idea me permite realizar una comparación de la Farándula Estudiantil con el XI Campeonato Mundial de Fútbol. De acuerdo a Maylén Bolchinsky Pinsón (2018),

El ideal de juventud que la dictadura pretendió instaurar – concibiendo a los jóvenes como actores claves en el proceso refundacional que se iniciaba-, la “juventud de la Patria”, la “verdadera” juventud argentina, portadora de valores éticos y morales, se alejaba de aquella juventud que en tiempos pasados, -desde el imaginario militar- se había “desviado del camino” cayendo en las trampas de la “subversión”. La participación juvenil en el evento posibilitó reforzar esta iniciativa dictatorial propagando en el espacio público imágenes estereotipadas de la juventud. (p. 113)

Inclusive, como explica Laura Graciela Rodríguez (2009), el enfoque del Mundial hacia la juventud fue parte de una política estatal del gobierno de facto. Ese año la Subsecretaría de Educación indicó a las escuelas y a los docentes que debían aprovechar la euforia generada por dicho campeonato para advertir a los estudiantes sobre las “campañas anti-argentinas” llevadas adelante por los “extranjeros” (p. 8).

Entonces, en la convivencia de festejos expuestos y terrores escondidos, tanto el Mundial como la Farándula Estudiantil parecen haber contribuido a generar vínculos entre la sociedad y la dictadura, que le permitió a esta sostener su poder durante algunos años. En efecto, una de las personas entrevistadas realizó la misma comparación sobre la edición de 1978:

Fue muy exitosa la del 78. Es que también yo creo que venía asociada a otras cosas… Pero es pura especulación… Fue un año en el que también vivimos el Mundial en la escuela. Entonces fue un año irreverente. Porque si había algo que no estaba permitido era salirte de los cánones de la disciplina escolar. Y, sin embargo, en ese año nosotros cantábamos, mirábamos el mundial. Hubo que llevar una tele a las aulas para mirar el mundial. Se salió a cantar, se festejó, se salió a la calle. Entonces había una algarabía que, por un lado, el gobierno estaba con esta cosa nacionalista potenciada, pero por otro lado era el lugar permisivo en el que estábamos festejando y que creo que a los chicos y chicas nos encantó. (…) Entonces me parece que eso fue una válvula de escape muy atractiva para los chicos y chicas que, de golpe, encontramos que nos podíamos expresar así. (…) Me parece que fue un microclima no esperado. (…) Se estaba en medio de la opresión, de la dictadura, en un clima de festejo… ¡Y la adolescencia también puede ser una fiesta! (…) Vos pensá que el Mundial fue en junio, julio y la Farándula en septiembre. Entonces hubo una necesidad de seguir con esa inercia de festejos. (Entrevista realizada de forma personal en Tandil, 2022)

Como ya mencioné, varios informantes fueron críticos con su actitud en aquel momento. Algunos de ellos expresaron que, quizás, en ese entonces realizaron prácticas arriesgadas de forma inconsciente, como los eran las bromas callejeras. Otros consideraron que esa falta de consciencia provenía de las características del contexto: por ejemplo, uno de ellos calificó a la sociedad tandilense de aquella época como “chata”, es decir, con pocas habilidades intelectuales que les permitieran una mirada más crítica sobre la realidad que vivían. Esto, a su vez, se complementaba con el silencio y la imposibilidad de nombrar lo que sucedía. De acuerdo a otros testimonios, esto último se presentaba en la advertencia de los padres y las madres sobre tener cuidado al elegir amigos o compañeros, pero sin dar mayores explicaciones. Así, circulaban expresiones como andar en algo raro o tener cuidado en la calle, las cuales contribuían con una sensación de temor hacia algo desconocido. Según un entrevistado,

Nadie te decía qué, pero estaba muy internalizada esta idea de que la calle era peligrosa. ¿Quién podía atacarte? No sabías. Se asociaba a ciertas horas y a ciertos lugares. Ciertos lugares del barrio alejados con la oscuridad, el alejamiento, lo descampado. (…) Había una sensación de que te podían venir a buscar. Podía ser la policía, los militares o los zurdos. (Entrevista realizada de forma presencial en Tandil, 2022)

De acuerdo a este testimonio, parece que los padres tampoco tenían en claro lo que estaba sucediendo. Esto se presenta en su visión de que la peligrosidad provenía tanto de los militares como de los militantes. Con este ejemplo, otro entrevistado trató de explicar que la mediocridad de la sociedad tandilense de aquella época contribuyó con el ocultamiento de la violencia ejercida por la dictadura.

Sin embargo, mi segunda hipótesis es que este evento comenzó a salirse del control gubernamental, debido a las transgresiones realizadas por los estudiantes a través de sus representaciones. Para comprender esto es necesario explicar que la prensa de la década de 1970 da cuenta de cierta incomodidad en la sociedad a partir de carrozas y performances consideradas “groseras” y de “mal gusto”. De acuerdo a algunos entrevistados que participaron en los primeros años de la década del setenta, estos números hacían alusiones o ridiculizaban a algunas autoridades (eclesiásticas, escolares y gubernamentales) o se burlaban de situaciones particulares del contexto económico del país. También hacían referencia a cuestiones sexuales que eran consideradas “desagradables” por la moral tandilense de aquella época.

Esta segunda hipótesis se puede comparar con el trabajo realizado por Alejandra Soledad González (2019) acerca de los festejos oficiales conformados por puestas en escena que se realizaron en Córdoba el 21 de septiembre de 1981 para celebrar el Día del Estudiante-Día de la Juventud (DE-DJ). De acuerdo a la autora:

Las performances en torno al DE-DJ concretadas por la última dictadura en diversas provincias de Argentina constituyen un acontecimiento paradigmático al momento de historizar a las prácticas de socialización (in)formal de los jóvenes considerados por el régimen virtuosos o indiferentes. Esas celebraciones presentaban una historia de larga duración en las costumbres cordobesas como fiestas populares carnavalescas (Bajtín, 1989). Al respecto, consideramos que distintos gobiernos intentaron apropiarse de esas performances y transformarlas en fiestas oficiales que legitimaran los modelos sociales hegemónicos (p. 20).

Según González, desde la matriz ideológica dictatorial la población joven fue dividida en tres conjuntos: enemigos-subversivos, heroicos-virtuosos e indiferentes-desorientados. Mientras que el primer grupo era el más perseguido por el gobierno de facto, los otros dos eran legitimados como formas de juventud valorada, las cuales correspondían con los ideales tradicionalistas y autoritarios del régimen: “el elitismo, el catolicismo, el eurocentrismo ario y el androcentrismo.” (p. 21). Efectivamente, en la Farándula Estudiantil de Tandil se promovían los mismos estereotipos juveniles que en las fiestas cordobesas mencionadas.

Por otra parte, González explica que ciertos “intersticios de resistencia” materiales y simbólicos de algunos jóvenes artistas acompañaron y contribuyeron a la crisis del régimen dictatorial. Esto mismo se puede percibir en el análisis de la Farándula Estudiantil. Por ejemplo, un informante que participó en las ediciones de 1974, 1975 y 1976 afirmó:

Yo sé que después al año siguiente que yo no participé, ya empezaban con esas ideas de hacer algo referido a la democracia, contra los militares. Creo que ya empezaba. (…) no estábamos de acuerdo cómo se manejaba el país en ese momento, pero ninguno tiró una idea… Ninguno se quiso meter en problemas, más que nada. (…) Era medio pesado el ambiente… (…) era peligroso, incluso antes de la dictadura. (Entrevista realizada de forma presencial en Tandil, 2022)

Las fuentes escritas de la época no profundizaron en la caracterización de los números de esas ediciones del evento, sino que simplemente se dedicaron a criticar la falta de ingenio de los estudiantes y el deterioro que sufría la Farándula Estudiantil. Inclusive, algunas de estas publicaciones vaticinaban su desaparición -por ejemplo, el diario Nueva Era de 1975 afirmaba “Farándulas eran las de antes…” y El Eco de Tandil de 1978 se preguntaba “¿Conviene reflotar este espectáculo?”-. Ante la falta de detalles sobre las representaciones que parecieron generar incomodidad en la sociedad tandilense y probablemente en el gobierno dictatorial, intenté recuperar esta información mediante las entrevistas. Sin embargo, los informantes a los que tuve acceso no recordaban o preferían hacer hincapié en otros detalles.

Por ejemplo, uno de ellos participó de la edición de 1977 con un número que se llamó “La Guardia del Dique”6. Con este, los estudiantes intentaron parodiar a la Guardia Nacional del Mar, un conjunto coreográfico creado por la Dirección Nacional de Turismo de Mar del Plata en 1969 con el fin de representar a la ciudad en desfiles y actos oficiales. Dicho grupo estaba compuesto por adolescentes: algunos varones que se ocupaban de la ejecución de instrumentos musicales (los mismos que suelen utilizar las bandas militares) y mujeres que se realizaban coreografías al ritmo de la música. La vestimenta de estos jóvenes se componía por un atuendo similar al de los militares de la Marina. Pero, en el caso de las mujeres, los pantalones eran reemplazados por polleras tableadas cuyo largo llegaba a unos cuantos centímetros por encima de la rodilla. Una de estas jóvenes dirigía al grupo llevando un bastón con el cual realizaba movimientos coreográficos, por lo que era denominada “bastonera”.

Entonces, la agrupación de estudiantes de Tandil decidió imitar al conjunto marplatense y reemplazó la referencia al mar por el dique, un espacio propio de la infraestructura y el turismo tandilense. Otra de las particularidades fue que la agrupación que eligió esta temática pertenecía a una escuela de educación técnica dirigida a varones. De esta manera, la propia institución educativa adjudicaba el género masculino a este tipo de formación. Sin embargo, los estudiantes mencionados decidieron representar al sector femenino de la Guardia, por lo que todos ellos utilizaron el atuendo diseñado para las mujeres. De acuerdo a uno de los testimonios, a pesar de que a partir de 1975 comenzaron a asistir algunas mujeres a la institución, “La Escuela Técnica fue siempre algo así como un símbolo machista. Éramos los machitos, éramos todos varones”. De forma que, si el imaginario social tandilense sobre la escuela era masculinizar a sus estudiantes, el hecho de que estos se presentaran en público vestidos como el género opuesto se conforma como un acto transgresor.

No obstante, la persona entrevistada explica que:

La gente se reía muchísimo. Porque fue una cosa que no quisimos hacer lo que ahora se llaman “travestidos”. Éramos personas muy serias, bailando y haciendo una coreografía seria. (…) Salió muy lindo, nos divertimos. (…) Fue una cuestión que conmocionó. Fue divertido, nadie lo tomó a mal (Entrevista realizada vía telefónica, 2021).

De hecho, en algunos espacios por fuera de la Farándula Estudiantil, les pidieron que repitieran dicha representación. Por ejemplo, un club les pidió que jugaran un partido de fútbol con el disfraz mencionado. Se puede comprender esta posible aceptación del travestismo por parte de la sociedad tandilense de la época, porque era utilizado como un recurso humorístico, tal como sucedía desde la década anterior en algunas películas de comedia. Judith Butler (2002) explica que el efecto cómico estaba dado por la representación hiperbólica de corporalidades femeninas. La feminidad, entonces, se presentaba claramente como un rasgo que se actuaba y se performaba. El travestismo no era utilizado para construir una identidad cotidiana sino una particular con el objeto de burla y parodia.

A partir de una filmación de la edición de 1979, observé que algunos alumnos de dicha institución nuevamente utilizaron el travestismo en sus performances. Esto me lleva a preguntarme si la aceptación que hubo en 1977 frente a estas representaciones pudo ser sostenida en el tiempo o si, en realidad, impactó de forma negativa en el jurado y en la sociedad. Es necesario tener en cuenta que, durante la dictadura, las disidencias sexo-genéricas fueron duramente perseguidas y que la moral de la época era impuesta principalmente por la Iglesia Católica, cuyos valores hetero-normativos se sostenían sobre la base de la familia tradicional. De este modo, es posible que la repetición y la acentuación de disfraces y performances transgresoras en la Farándula Estudiantil hayan actuado como elementos que quedaban por fuera del control dictatorial. Suspender el evento quizás haya sido la única solución para limitar las expresiones artísticas de estos jóvenes en el espacio público.

4. Algunas conclusiones

La Farándula Estudiantil constituye un evento relevante para analizar los vínculos complejos entre la sociedad y el gobierno dictatorial y entre éste y los jóvenes. La relevancia de dicho desfile reside en que, al desarrollarse en el espacio público, permitía la participación de gran parte de los habitantes de la sociedad y ponía a prueba sus imaginarios morales a través de la realización de carrozas y performances artísticas, que se sujetaban o transgredían las normas morales cotidianas.

La realización de la Farándula Estudiantil durante los años dictatoriales se puede adjudicar a una estrategia del gobierno dictatorial para contribuir al desarrollo de una sensación de normalidad en la continuidad del festejo, mientras los horrores de la violencia los llevaban a cabo de forma clandestina. De este modo, la cara visible del gobierno de facto parecía coincidir e, incluso, resguardar las normas morales tradicionales de la sociedad tandilense de aquella época.

Sin embargo, la prensa de la época da cuenta de la incomodidad que generaron en varios sectores sociales las transgresiones realizadas por los estudiantes de forma artística. Esto me condujo a triangular esta información con algunos testimonios de ex estudiantes que confirmaron estas reacciones, sobre los cuales se ha centrado este artículo. Este efecto en la opinión pública da cuenta de que el evento había comenzado a salirse del control de las autoridades gubernamentales, escolares y familiares, por lo que la no realización de la Farándula Estudiantil posiblemente haya sido la única opción para volver a controlar a los jóvenes, un sector de la sociedad que se había mostrado activo y contestatario, incluso fuera de la militancia propiamente dicha.

Como se expresó en el artículo, aunque se intentó acceder a testimonios de personas que participaron de forma activa en la Farándula Estudiantil durante el último régimen dictatorial, fueron pocos quienes se mostraron dispuestos a hablar acerca de recuerdos de aquellas épocas. Esto da cuenta de la presencia de memorias fragmentadas y de olvidos que, en definitiva, representan la imposibilidad que tenía la sociedad tandilense de aquella época para nombrar lo que estaba sucediendo. Tal como expresa da Silva Catela (2009), “(…) son las coyunturas políticas, sociales y hasta religiosas las que producen la voluntad explícita de la comunidad o de los grupos afectados a “no romper el silencio” (p. 528).

Además de contribuir con la reconstrucción de la historia local en el contexto dictatorial, en un nivel más general este artículo también pretende colaborar con estudio de las prácticas culturales juveniles en la intersección de las variables temporales y territoriales. De esta manera, se espera que futuros trabajos profundicen en la caracterización de la situación de las juventudes en contextos históricos particulares, situados en ciudades no metropolitanas, cuyas características habilitan y complejizan el desarrollo de los jóvenes como actores sociales particulares.

Recibido el 10 de agosto de 2023. Aceptado el 20 de octubre de 2023

*Manuela Belén Calvo

Doctora en Comunicación (Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata), Magister en Culturas y Literaturas Comparadas (Facultad de Lenguas, Universidad Nacional de Córdoba) y Profesora en Lengua y Literatura (Instituto San José). Ha sido becaria doctoral y posdoctoral en el Instituto de Geografía, Historia y Ciencias Sociales de CONICET Tandil entre 2015 y 2023. Contacto: nuna.calvo@gmail.com

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1 Para este artículo se decidió utilizar el genérico masculino tal como lo propone la RAE, pero se reconoce la necesidad de ampliar el uso del lenguaje incluyente no binario en todos los ámbitos discursivos - inclusive el académico-, como una forma de reconocer los derechos y las identidades de las personas por fuera de la heteronorma.

2 Las ciudades intermedias se califican de ese modo, entre otros aspectos, por el rango poblacional, que va de 50000 a 500000 habitantes. De acuerdo a los datos censales, en el período analizado en este artículo, Tandil contaba con menos de 70000 habitantes.

3 Aún no se halló el origen de la denominación del evento, pero es posible decir que el término farándula alude a ciertas caravanas de teatro ambulante.

4 En ciudades pequeñas de otras provincias argentinas, la expresión es “vuelta del perro”. Gabriel Scaletta Melo (2015), la define como “(…) una metáfora de lo que ocurre. El nombre alude al movimiento del perro para atrapar su cola. Es bien conocido que el perro gira sobre sí con un objetivo que nunca se cumple, pero que lo tiene atento solo al hecho mismo de lo que hace. La metáfora ayuda a nombrar, pero no se da tal cual en los hechos. El perro gira para atrapar su cola, pese a que nunca lo logra, ese es su objetivo final. En la vuelta dominguera el sentido mismo está en girar, en dar la vuelta sin fin. La vuelta, así entendida, no tiene objeto final porque, justamente, la vuelta es el aliciente a la falta de metas que se produce los días domingos. La vuelta constituye una despedida del fin de semana y un momento para prepararse para lo que vendrá.” En Tandil esta vuelta por el centro de la ciudad se ha convertido en una tradición que, durante los sesenta y setenta, ya se practicaba. Algunos adultos transitaban en coches y, los jóvenes, lo hacían a pie, en grupos de amigos.

5 El análisis que desarrollé en este trabajo forma parte de algunos avances de la investigación titulada “Moralidades y sexualidades juveniles en el largo plazo: el caso de la Farándula Estudiantil de la ciudad de Tandil (1960-2019)”, la cual es financiada por CONICET a través de una beca interna posdoctoral entre 2020 y 2023, dirigida por la Dra. Ana Silva y co-dirigida por la Dra. Lucía Lionetti.

6 Se puede acceder a una fotografía de dicho número en el siguiente link: https://padlet.com/juventudtandil/faranduloteca-3ne41dhseb03bg11/wish/2588596450