CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Arévalo Pacheco, G. J. (2026). El modelo de ciclo de vida del turismo comunitario un acercamiento desde la economía social y solidaria en la meseta purépecha, Michoacán, México . Otra Economía, 19(35), 126-145. https://doi.org/10.67215/otraeconomia.1121
Georgina Jatzire Arévalo Pacheco
arevalogeorgina80@gmail.com
Universidad Nacional Autónoma de México, México
https://orcid.org/0000-0001-5596-3603
Recibido: 27/01/2025 - Aceptado: 28/04/2026
El objetivo es identificar la evolución del ciclo de vida desde la visión del turismo comunitario en un entorno que se orienta a la economía social y solidaria ubicado en la zona de la meseta purépecha ubicada en el estado de Michoacán, México. El marco teórico se focaliza en la economía social y solidaria. El Método es un estudio de caso ubicado de la meseta purépecha con análisis comparativo implementando las etapas del ciclo de vida en cada uno de los municipios. Los resultados y conclusiones del análisis indican que los destinos de turismo comunitario, como Cherán, Chilchota y Nahuatzen, se encuentran en etapas del ciclo de vida que promueven la participación y preservación locales, diferenciándose del modelo capitalista de rápida rentabilidad. El desarrollo sostenible y el enfoque en el bienestar comunitario han permitido que estos destinos eviten los problemas comunes de saturación en el turismo convencional. Sin embargo, enfrentan desafíos como la necesidad de capacitación y la gestión de la llegada de turistas para asegurar la sostenibilidad a largo plazo. La gestión conforme a los principios de la economía social y solidaria no solo genera beneficios económicos, sino que también asegura la conservación cultural y ambiental. Finalmente, la participación continua de la comunidad es vital para asegurar que el turismo continúe siendo una herramienta efectiva de desarrollo social y económico.
Palabras clave: gobernanza, desarrollo, actores, usos y costumbres.
O objetivo e identificar a evolução do ciclo de vida sob a perspectiva do turismo comunitário em um ambiente que se orienta para a economia social e solidária localizado na meseta purépecha no estado de Michoacán, México. O marco teórico foca na economia social e solidária. O método envolve um estudo de caso situado na meseta purépecha com análise comparativa implementando as etapas do ciclo de vida em cada um dos municípios. Os resultados e conclusões da análise indicam que os destinos de turismo comunitário, como Cherán, Chilchota e Nahuatzen, encontram-se em etapas do ciclo de vida que promovem a participação e preservação locais, diferenciando-se do modelo capitalista de rentabilidade rápida. O desenvolvimento sustentável e o foco no bem-estar comunitário permitiram que esses destinos evitassem os problemas comuns de saturação no turismo convencional. No entanto, enfrentam desafios como a necessidade de capacitação e a gestão da chegada de turistas para garantir a sustentabilidade a longo prazo. A gestão conforme aos princípios da economia social e solidária não gera apenas benefícios econômicos, mas também garante a conservação cultural e ambiental. Finalmente, a participação contínua da comunidade é vital para assegurar que o turismo continue sendo uma ferramenta eficaz de desenvolvimento social e econômico.
Palavras-chave: governança, desenvolvimento, atores, usos e costumes.
The objective is to identify the evolution of the life cycle from the perspective of community tourism in an environment oriented towards the social and solidarity economy located in the Purépecha plateau in the state of Michoacán, Mexico. The theoretical framework focuses on the social and solidarity economy. The method is a case study located in the Purépecha plateau with comparative analysis implementing the stages of the life cycle in each of the municipalities. The results and conclusions of the analysis indicate that community tourism destinations, such as Cherán, Chilchota, and Nahuatzen, are in life cycle stages that promote local participation and preservation, distinguishing themselves from the capitalist model of rapid profitability. Sustainable development and a focus on community well-being have allowed these destinations to avoid the common issues of saturation found in conventional tourism. However, they face challenges such as the need for training and managing tourist arrivals to ensure long-term sustainability. Management according to the principles of the social and solidarity economy not only generates economic benefits but also ensures cultural and environmental conservation. Finally, the continuous participation of the community is vital to ensure that tourism remains an effective tool for social and economic development.
Keywords: governance, development, stakeholders, customs, and traditions.
El modelo de ciclo de vida del turismo comunitario, desde la perspectiva de la economía social y solidaria (ESS), se fundamenta en la idea de que el turismo puede ser una herramienta para el desarrollo sostenible y la mejora del bienestar de las comunidades locales (Kieffer, 2021). Este enfoque reconoce que el turismo no solo debe centrarse en la generación de ingresos, sino también en fortalecer la cohesión social, preservar la cultura y el medio ambiente. A lo largo de las distintas etapas del ciclo de vida del turismo, desde la planificación y el desarrollo hasta la operación y evaluación, se enfatiza la participación de la comunidad en la toma de decisiones, asegurando que sus necesidades y deseos sean atendidos de manera equitativa (Butler, 1980).
Además, el modelo promueve la autogestión y la cooperación entre los miembros de la comunidad, fomentando un sentido de pertenencia y corresponsabilidad en la gestión de recursos turísticos. Esto se traduce en prácticas que respetan la cultura local y el entorno natural, integrando acciones de conservación y educación ambiental en cada etapa. Al abordar el turismo comunitario desde esta óptica, se busca no solo maximizar los beneficios económicos, sino también garantizar que estas actividades contribuyan al desarrollo social y ambiental de las comunidades, consolidando así los principios de la economía social y solidaria en el ámbito turístico.
Así una comunidad que promueve la ESS se posiciona como un modelo clave en el contexto del turismo promoviendo un enfoque que prioriza el bienestar de las comunidades locales y la sostenibilidad. Esta forma de economía se basa en principios como la cooperación, la inclusión y la equidad, aspectos que son fundamentales para el desarrollo de un turismo que no solo busca rentabilidad económica, sino también beneficios sociales y ambientales (Agualongo Carrera, 2022). La ESS, al fomentar en redes de colaboración entre actores locales, permite que las comunidades participen activamente en la toma de decisiones sobre el uso de sus recursos, lo que resulta en un turismo más responsable y sustentable (Coraggio, 2013).
Por lo tanto, el modelo de ciclo de vida del destino turismo (MCVDT) en un entorno de turismo comunitario presenta implicaciones específicas para la sostenibilidad del desarrollo de la comunidad a largo plazo; desde la planificación y el desarrollo hasta la operación y la evaluación de los impactos, se entrelaza con los principios de la ESS en cada una de sus etapas. En la fase de planificación, la inclusión de comunidades locales a través de cooperativas y asociaciones permite identificar de manera más efectiva sus necesidades y deseos, contribuyendo a un desarrollo turístico que respete su identidad y cultura (Giampiccoli, 2018). A medida que el turismo se desarrolla, la ESS ayuda a maximizar los beneficios para la comunidad mediante la creación de empleos y la promoción de productos locales, asegurando que los ingresos generados queden dentro de la comunidad.
Finalmente, la implementación de prácticas de turismo comunitario enmarcadas en la ESS y en el MCVDT no solo se focaliza en la sostenibilidad, sino también en el empoderamiento de las comunidades. A través de la generación de capital social, que se manifiesta en la confianza y el sentido de pertenencia, se potencia la resiliencia frente a los desafíos del turismo masivo (Utama y Ayu, 2019). De esta manera, el turismo comunitario, en sincronía con la ESS, ofrece una alternativa viable para transformar el sector turístico, promoviendo un equilibrio entre rentabilidad económica, cohesión social y responsabilidad ambiental.
Así el documento se divide en los siguientes apartados: 1) Modelo del ciclo de vida en destinos turísticos, 2) Turismo comunitario, 3) Economía social y solidaria, 4) El turismo comunitario y la economía social y solidaria, 5) Método, 6) Particularidades del ciclo de vida en un entono de turismo comunitario y 7) Discusión y conclusiones.
El modelo de ciclo de vida de los destinos turístico (MCVDT) diseñado por Richard Butler (1980), está basado en los patrones de comportamiento elaborados por Christaller (1963), y considerando la teoría de Vernon y Wells (1966) sobre el ciclo de vida del producto en el comercio internacional. Butler integró en su modelo al turista como el sujeto característico del sistema turístico y lo explica en torno al cambio de actitudes que tienen los residentes hacia ellos. En el año 2011, Butler se replantea el MCVDT destacando que los destinos turísticos se ven afectados tanto por factores externos que ocasionan el dinamismo de la actividad (actitudes, tecnología, política y economía), como por factores internos que generan inercia (hábitos, gustos, preferencias e inversiones). En otras palabras, los agentes internos son los que producen los efectos locales (renovación y rejuvenecimiento, desarrollo regional, eventos y promociones especiales), mientras que los agentes externos (política, medios de comunicación, economía y cambio climático, entre otros) producen efectos globales (Butler, 2011). Esta nueva aseveración da origen a una serie de estudios relacionados con el MCVDT en los cuales se reconoce al gobierno y la iniciativa privada como agentes interventores determinantes de la suerte del destino turístico (Yang et al., 2013).
La articulación del turismo como actividad económica con la organización sociopolítica y sociocultural de comunidades indígenas y rurales constituye un proceso altamente complejo, ya que implica la interacción entre lógicas de mercado y formas colectivas de gobierno del territorio, donde intervienen estructuras comunitarias, sistemas normativos propios y relaciones de poder externas. Diversos autores han señalado que el turismo comunitario no puede analizarse únicamente como una actividad productiva, sino como un proceso social que transforma las dinámicas organizativas locales y puede generar tensiones entre autonomía comunitaria, participación estatal e intereses del mercado (Palomino-Villavicencio, et al, 2016; Kieffer, 2021; Giampiccoli y Saayman, 2018). En este sentido, el análisis del ciclo de vida de los destinos turísticos requiere actualizarse más allá del modelo clásico de Richard W. Butler, incorporando aproximaciones críticas que consideran gobernanza, actores locales, sostenibilidad y relaciones de poder. Investigaciones posteriores han replanteado el ciclo de vida enfatizando el papel de los actores sociales, la resiliencia territorial y las trayectorias diferenciadas de los destinos turísticos (Bianchi, 2018; Saarinen, 2006; Butler, 2011; Capote y Enríquez, 2023). Desde estas perspectivas críticas, el desarrollo turístico en contextos comunitarios no sigue necesariamente una evolución lineal, sino que depende de la capacidad organizativa local, del control del territorio y de la manera en que se negocia la inserción de la actividad turística dentro de las estructuras socioculturales existentes, lo que resulta particularmente relevante para comunidades indígenas y rurales de América Latina.
Las etapas del ciclo de vida están constituidas de los siguientes elementos: 1) exploración donde existen pocos visitantes, más bien expedicionarios, atraídos por atributos de tipo natural e histórico-cultural, los cuales no tienen contacto con la comunidad receptora y la actividad que realizan no constituye un peso en la economía local. 2) involucramiento, donde se vuelve regular la cantidad de visitantes, creciendo en comparación con la fase anterior; algunos residentes comienzan a involucrarse en la actividad turística al proveer facilidades a los visitantes, aunque es aún informal en este momento del ciclo y se comienza la promoción para atraer turistas, con lo que se distinguen las temporadas turísticas fácilmente. 3) la etapa de desarrollo, por lo que comienza la inversión extranjera mejorando la oferta y aumentando su promoción; aquí, el número de turistas probablemente iguala o supera a la comunidad local en algunos períodos. 4) etapa de consolidación, la mayor parte de la economía dependerá del turismo, la promoción se afianza y el número de visitantes supera a la comunidad local, lo cual podría causar un impacto negativo en ésta, sobre todo cuando no se encuentra involucrada en la actividad. 5) la etapa de estancamiento, en la cual la capacidad de carga habrá sido alcanzada o sobrepasada, el área habrá alcanzado una imagen bien establecida pero ya no estará de moda, por lo que, en su mayoría, será visitada por turistas que repiten. En esta fase, las atracciones de tipo natural y cultural serán sustituidas por otras de tipo artificial y ocurrirá un nuevo crecimiento en la periferia del área turística donde las propiedades existentes podrían cambiar de dueño (Sánchez-Valdés et al., 2017).
A partir de ahí, existen dos posibles fases o escenarios en dependencia de las decisiones de los gestores: 6.1) el primer escenario es el declive, donde ya el área no podrá competir con nuevas atracciones y será rechazada en el mercado, las visitas ya no serán de vacaciones, sino de fines de semana o de un día y las atracciones turísticas serán reemplazadas por estructuras no relacionadas con la actividad. Cabe mencionar que, en esta etapa, el involucramiento local pudiera crecer, ya que los residentes serán capaces de comprar propiedades a bajos precios. En el caso del 6.2) segundo escenario, se da el rejuvenecimiento, donde a partir del diseño de una nueva oferta turística el área vuelve a ser competitiva. En este escenario, los gestores necesitan proveer al destino de nueva infraestructura, atracciones y una promoción distinta a la que tenía en las fases preestancamiento, ya que, de lo contrario, el declive será inminente (Capote y Enríquez, 2023). Las fases se muestran en la tabla 1.
Tabla 1. Fases del CVDT según Butler (1980).
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Fase |
Descripción |
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1) Exploración |
Los visitantes provienen de pueblos cercanos y son pocos en número, caracterizándose como “alocéntricos”. El acceso a información y las facilidades para llegar al destino turístico son limitados. La oferta turística, que incluye infraestructura, actividades y atractivos, es casi inexistente o no ha sido valorada adecuadamente. Los atractivos del destino son de tipo natural o cultural. |
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2) Involucramiento |
Los visitantes llegan principalmente de una escala regional. La participación de los residentes locales en la oferta turística es aún limitada; la oferta es informal, incluyendo casas de hospedaje, orientación turística y alquiler de caballos. Las temporadas turísticas son claramente identificables. |
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3) Desarrollo |
Se observa un aumento rápido en el número de visitantes, donde los “alocéntricos” son reemplazados por los “mediocéntricos”. Hay una mejora tanto cualitativa como cuantitativa de la oferta turística. Las inversiones externas comienzan a aumentar. Se incrementa la promoción del destino y se inician diseños de atractivos para los turistas. |
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4) Consolidación |
La mayoría de los turistas son de tipo “psicocéntrico”. El turismo se convierte en un componente clave de la economía local y adquiere relevancia política, resaltando los problemas ambientales y sociales. A pesar de que el número total de visitantes sigue creciendo, la tasa de crecimiento disminuye. Los gestores turísticos realizan esfuerzos significativos en promoción y gestión para mitigar la estacionalidad del turismo y/o aumentar el número de visitantes. La presencia de inversiones extranjeras en la oferta turística es evidente. La población local puede tener opiniones tanto positivas como negativas sobre el turismo, especialmente aquellos que no se benefician de la actividad. |
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5) Estancamiento |
El número de visitantes alcanza su máximo, donde son pocos los que visitan el destino por primera vez. Disminuye la tasa de ocupación hotelera. Puede haber un alto número de ventas de propiedades inmuebles. Se alcanzan o superan los límites de capacidad de carga del destino. El destino ya no es “de moda”, lo que requiere estrategias para rejuvenecerlo y reinventarlo. |
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6.1) Declive |
La oferta turística disminuye significativamente. Se produce una fuga de capitales externos al territorio. La infraestructura turística, que ha sido dañada por la superación de la capacidad de carga, necesita ser reparada o reemplazada. |
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6.2)Rejuvenecimiento |
Se realiza un rediseño de la oferta de atractivos para los turistas. El destino se reposiciona en el mercado. Las inversiones aumentan en comparación con las fases de estancamiento y declive. |
Fuente: elaboración propia con base a diez (2019).
Otros autores como Sánchez et al. (2018), consideran que, para entender la evolución de un destino turístico, el análisis del ciclo de vida es una de las herramientas más utilizadas, aunque opina que las variables que existen para su medición son limitadas y que generalmente se basan en la cantidad de turistas y el tiempo en que se ha desarrollado la actividad, lo cual deja en un segundo plano la sustentabilidad. Diez (2019) por su parte, menciona que quien realiza una revisión en profundidad de la literatura en torno a las investigaciones del MCVAT, concluye validando la vigencia del modelo como un marco de referencia importante en la evolución de los espacios turísticos, y destaca la conveniencia de complementarlo con análisis adicionales que evalúen la sustentabilidad del destino, identifiquen situaciones de alerta y posibles cursos de acción. Dicho autor considera que es muy probable que existan más indicadores que pueden utilizarse para analizar, comprobar o complementar los estudios de ciclo de vida que aún no han sido explorados.
Existen otros autores con propuestas para analizar el ciclo de vida de un área turística. Se pueden mencionar los modelos de Miossec (1977) y Chadefaud (1987). El modelo de Miossec es apropiado para analizar la evolución de un área turística que surge desde la nada. Plantea que la evolución ocurre a partir de cuatro fases: preturística, pionera, desarrollo y saturación. Por otra parte, Chadefaud (1987) plantea que la evolución del área turística tiene tres fases (creación, madurez y obsolescencia) con base en tres variables: el mito, la oferta y el espacio. La fase de creación es la de la planificación del producto turístico, promoción y construcción de la infraestructura para satisfacer la demanda. La segunda fase es la de diversificación de la oferta y consolidación del destino, posicionándose en el mercado. La última fase es la de declive, que llega cuando existe una nueva demanda que la oferta antigua no puede satisfacer; por lo tanto, para no llegar a esta fase, debe ser diversificada constantemente. Si se llega a la fase de obsolescencia, se podrá vencer al crear nuevos productos que satisfagan las necesidades de la demanda emergente (Diez, 2019). Como limitación, González (2012) plantea que este modelo sólo otorga una relevancia secundaria al papel que juega el espacio turístico, considerándolo como un punto de apoyo en las dinámicas de desarrollo turístico.
Diez (2019) menciona que el rejuvenecimiento de los destinos turísticos es un proceso cíclico inacabable. Cuando un destino consigue reposicionarse eficientemente mediante estrategias de diferenciación, las mismas son replicadas en destinos similares, dando origen a un fenómeno que concluye en la estandarización de las medidas que originalmente eran diferenciadoras.
El turismo comunitario se define como
toda forma de organización empresarial sustentada en la propiedad y la autogestión de los recursos patrimoniales comunitarios, con arreglo a prácticas democráticas y solidarias en el trabajo y en la distribución de los beneficios generados por la prestación de servicios turísticos, con miras a fomentar encuentros interculturales de calidad con los visitantes (Maldonado, 2005: 5).
La definición establecida por Maldonado (2005), considera que el turismo comunitario es una forma de organización que se sustenta en la propiedad y la autogestión del patrimonio de una localidad, promoviendo la distribución de beneficios de forma equitativa por la prestación de servicios, bajo el modelo de economía solidaria (Reyes et al., 2014).
Por su parte, Cisneros-Palacios et al. (2018) destaca que el turismo comunitario fue concebido como una alternativa al turismo tradicional. Una opción que permite gestionar la conservación de los espacios naturales y la participación de la comunidad en la actividad turística, contribuyendo al desarrollo local en las áreas rurales. Los orígenes de estos emprendimientos han sido muy diversos y estos han aparecido en zonas rurales también muy diferentes, tanto por su cultura e historia como en lo relativo al nivel de pobreza. El turismo comunitario surge en América Latina a partir de la década de 1980, en un contexto de fuertes cambios económicos, sociales y políticos. Se trata de un período con importantes movimientos de reivindicación de los pueblos indígenas sobre sus territorios, como defensa frente a la presión de empresas extractivas (forestales, mineras, petroleras). Y unos años en los que, por otro lado, la deficiente dinámica de las actividades agropecuarias tradicionales contribuyó a la persistencia de elevados índices de pobreza y desempleo en las poblaciones rurales (Campos-Sánchez et al., 2024)
Entre las diversas formas de turismo, el turismo comunitario destaca como una alternativa relevante dentro del turismo rural, enfatizando la apreciación de la identidad cultural, actividades experienciales dentro de la comunidad y autogestión (Bravo y Zambrano, 2018). El turismo comunitario representa un enfoque distinto en el uso del territorio y los recursos, caracterizado por prácticas de apreciación ambiental in situ, reconocimiento del patrimonio cultural comunitario e interacción con las comunidades locales (Palomino Villavicencio et al., 2016). El turismo comunitario integra alojamiento, gastronomía y servicios complementarios a través de la participación comunitaria, destacando prácticas sostenibles que requieren que las localidades desarrollen capacidades socio-políticas para valorizar su entorno, promover la colaboración entre diversos sectores, establecer conexiones con otros territorios y comprometerse con la comunidad global (Bravo y Zambrano, 2018). En contraste con el turismo de masas, que ha mercantilizado extensos territorios, desplazado poblaciones y alterados espacios de vida y trabajo, el turismo comunitario representa una alternativa de desarrollo económico y social para áreas rurales, donde el territorio, los actores sociales y el medio ambiente convergen como elementos fundamentales de la actividad, con participación activa de las comunidades anfitrionas (Palomino Villavicencio, et al. 2016).
El turismo comunitario es un término en construcción que se relaciona con el turismo sostenible y además sus actores forman parte de la Economía Popular y Solidaria por su forma de organización y los principios del bien común que fortalecen las capacidades humanas y conservan los espacios naturales y culturales para las próximas generaciones (Cisneros Palacios, et al. 2018).
Desde la bibliografía de Giampiccoli (2018), el concepto de turismo comunitario, se evita asumirlo como una categoría homogénea o inherentemente transformadora. Este autor señala que el turismo de base comunitaria no se define únicamente por la participación local, sino por el grado de control efectivo que la comunidad ejerce sobre los recursos, la toma de decisiones y la distribución de beneficios. En este sentido, la sola presencia de actores comunitarios no garantiza procesos de desarrollo equitativos, ya que pueden persistir relaciones de dependencia con intermediarios externos, desigualdades internas o dinámicas que reproducen lógicas del turismo convencional bajo una narrativa comunitaria.
Desde esta perspectiva crítica, el turismo comunitario debe analizarse como un campo en disputa donde coexisten distintas formas de gobernanza, niveles de participación y modelos económicos. Giampiccoli (2018) plantea que el turismo de base comunitaria implica no solo participación, sino también autonomía organizativa, propiedad colectiva y orientación al bienestar comunitario por encima de la rentabilidad. Esto permite distinguir entre iniciativas que utilizan el discurso comunitario como estrategia de mercado y aquellas que efectivamente se estructuran bajo principios de autogestión y control local. Así, problematizar el turismo comunitario desde esta categoría contribuye a fortalecer el análisis del ciclo de vida del destino, incorporando dimensiones de poder, control territorial y redistribución de beneficios que resultan centrales para su vinculación con la economía social y solidaria (Mtapuri e Giampiccoli, 2019).
Adicionalmente, es necesario conocer los factores que inciden en la situación del turismo comunitario; según Sartika y Wargadinata (2017) estos son:
» Planificación participativa y desarrollo de capacidades para fortalecer las habilidades de gestión turística de la comunidad
» Colaboración y asociaciones que faciliten los vínculos con el mercado para garantizar la viabilidad financiera
» Gestión local / empoderamiento de los miembros de la comunidad.
» Establecimiento de objetivos ambientales / comunitarios para garantizar que los resultados estén alineados con los valores de la comunidad
» Asistencia de facilitadores (gobierno, instituciones financieras y sector privado) - para facilitar el acceso a la economía formal
» Centrarse en generar ingresos suplementarios para la sostenibilidad comunitaria a largo plazo
» Viabilidad financiera: falta de financiación y habilidades financieras
» Marketing: poco marketing directo para visitantes extranjeros
» Desarrollo de productos: producto no preparado para el mercado
» Desarrollo de capacidades: falta de acceso a los mercados
» Gestión / gobernanza de la tierra: falta de empoderamiento de las comunidades locales (o gobernanza centralizada)
La Economía Social y Solidaria (ESS) se caracteriza, según Coraggio (2013), por la producción de bienes y servicios que buscan alcanzar objetivos tanto sociales como económicos en un contexto compartido, al mismo tiempo que fomentan la solidaridad. En varios países latinoamericanos, como Ecuador, México, Colombia y Bolivia, se han establecido leyes que respaldan la ESS. En este marco, la ESS considera al ser humano como sujeto y objetivo final, adoptando una perspectiva sistémica que interrelaciona sociedad, economía, medio ambiente y cultura, con el fin de asegurar la producción y el mantenimiento de las condiciones para un buen vivir.
La economía solidaria abarca todas las actividades económicas que apoyan la democratización del sistema económico, fundamentadas en principios de solidaridad y trabajo. No se trata de un sector aislado de la economía, sino de un enfoque integral que abarca iniciativas en todos los ámbitos de la actividad económica. Su base se encuentra en el aumento de niveles de cooperación y solidaridad que rodean a las actividades, organizaciones e instituciones económicas, lo que resulta en un conjunto de beneficios sociales y culturales que van más allá del simple beneficio económico y favorecen a la sociedad en su totalidad (Agualongo Carrera, 2022). Los principios que sustentan la ESS se exponen en la figura 1.
Figura 1. Principios de la Economía Social Y Solidaria.

Fuente: tomado de Agualongo Carrera (2022:17).
Kieffer (2021) señala que la ESS simboliza un cambio de paradigma que puede entenderse a través de tres dimensiones propuestas por Pastore (2006): empírica, conceptual y propositiva. En la dimensión empírica, la ESS se enfoca en priorizar objetivos sociales sobre la rentabilidad, buscando mejorar la calidad de vida de sus miembros y comunidades mediante diversas formas de producción y distribución de bienes y servicios. En cuanto a la dimensión conceptual, se integra la problemática social en el análisis económico, resaltando la relevancia de la solidaridad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Por último, la dimensión propositiva concibe la ESS como un proyecto de transformación social que redefine las dinámicas económicas para construir una sociedad más justa e inclusiva, atendiendo a sectores tradicionalmente excluidos y reconfigurando la relación entre la sociedad, la economía y el Estado.
La ESS se centra en prácticas de producción, distribución, circulación y consumo que están orientadas hacia el sustento de todos, promoviendo no solo el desarrollo y la reproducción de la vida, sino también el respeto por la diversidad cultural (Coraggio, 2011). Estas prácticas aspiran a fomentar una solidaridad económica fundamentada en principios como la reciprocidad, desmercantilización, autogobierno y el respeto a los sistemas ecológicos y sociales que son esenciales para la vida (Razeto, 2010).
Según Kieffer (2021) las organizaciones de la economía solidaria poseen características distintivas. Entre estas se encuentran la administración doméstica, donde grupos de personas o familias colaboran para atender sus necesidades económicas; la existencia de la reciprocidad, que implica el intercambio no monetario de bienes y servicios, como el tequio; la creación de conexiones entre producción, distribución y consumo a través de la fijación de precios; y la redistribución de beneficios, que consiste en establecer procedimientos que atiendan colectivamente las necesidades individuales y comunitarias.
Tabla 2. Enfoques teóricos de la economía social.

Fuente: tomado de Jouault et al. (2015:166).
En la tabla 2, se presentan los diversos enfoques sobre la economía desde la perspectiva de varios autores y sus características descriptivas. Por ejemplo, la economía cooperativa enfatiza la autogestión y la federación en el mercado, promoviendo una visión integral de las cooperativas. La economía popular abarca actividades colaborativas dentro de las comunidades, donde se busca tomar decisiones colectivas y satisfacer necesidades comunes a través de intercambios basados en la reciprocidad. La economía solidaria, por su parte, se centra en las relaciones sociales de producción, con el objetivo de evaluar riesgos y atender necesidades de manera colectiva. En cuanto a la economía colectiva, esta implica la producción conjunta, enfocándose en el trabajo y los derechos de la comunidad, priorizando el bienestar colectivo sobre el individual.
Estos autores ofrecen un enfoque crítico en el análisis de la teoría económica tradicional y proponen alternativas que sitúan la solidaridad, la cooperación y la participación comunitaria como fundamentos. A través de sus contribuciones, resaltan la relevancia de modelos económicos que integren la dimensión social, con el propósito de satisfacer necesidades colectivas y promover la justicia social.
Diversas investigaciones en América Latina y México han analizado la relación entre turismo comunitario y economía social y solidaria, destacando su potencial para fortalecer la gobernanza local, la redistribución de beneficios y la gestión sostenible del territorio. Estudios como el modelo de desarrollo de turismo de base comunitaria propuesto por Giampiccoli y Saayman subrayan la importancia de la participación comunitaria efectiva y el control local en la toma de decisiones (Giampiccoli y Saayman, 2018). En la misma línea, autores como Palomino-Villavicencio et al. (2016) analizan la gobernanza del turismo comunitario en territorios indígenas de México, mientras que Jouault et al. (2015) identifican el turismo alternativo como estrategia regional vinculada a la economía social en la península de Yucatán. Desde la perspectiva de la economía solidaria, Kieffer (2021) examina el turismo de comunidades rurales en México como una forma organizativa colectiva orientada al desarrollo local, y Cisneros-Palacios et al. (2018) lo consideran un modelo de economía popular y solidaria frente al desempleo rural. Asimismo, Flores Amador et al. (2014) destacan la comunalidad y la economía social como base del turismo rural comunitario, mientras que Matarrita-Cascante y Brennan (2012) enfatizan el desarrollo comunitario como proceso clave para articular turismo y bienestar local. En el contexto latinoamericano, estudios como los de Maldonado (2005) y Reyes et al. (2014) resaltan la autogestión, la propiedad colectiva y la distribución equitativa de beneficios como rasgos distintivos del turismo comunitario, evidenciando su convergencia con los principios de la economía social y solidaria y su relevancia como alternativa al modelo turístico convencional.
Según Kieffer (2021), a partir de la década de los noventa, México experimentó una evolución en las prácticas turísticas, enfocándose en el medio rural y la naturaleza, así como en el patrimonio biocultural de las sociedades campesinas e indígenas. Esta evolución se debe a tres factores: 1) la implementación de políticas públicas a nivel internacional y nacional dirigidas a combatir la pobreza y conservar los ecosistemas a través del turismo; 2) una tendencia global hacia la conciencia ambiental y el interés por visitar lugares preservados, así como la mitigación de los efectos negativos derivados de la actividad turística convencional; y 3) un esfuerzo por diversificar la oferta turística del país.
El medio rural en México se distingue por la presencia significativa de poblaciones indígenas y campesinas, cuya organización territorial se basa en la propiedad social, ya sea a través de ejidos o comunidades agrarias, modalidades de propiedad que se gestionan de manera colectiva. El uso de estas tierras se administra bajo el concepto de recursos de uso o bienes comunes (Ostrom, 2011), y las decisiones sobre el territorio se toman en asamblea, lo que otorga a los ejidos y comunidades agrarias un gran potencial para el manejo sostenible de los ecosistemas. Inicialmente, fueron estos ejidos y comunidades agrarias quienes, por su capacidad institucional para organizar la vida social, política y productiva en su territorio, incorporaron la gestión de la actividad turística dentro de una estrategia de desarrollo local endógeno (Flores Amador et al., 2014).
Desde mediados de los 2000, emergieron iniciativas que optaron por la creación de sociedades cooperativas, y muchas comunidades hicieron una transición de su organización ejidal o comunal hacia una estructura cooperativista, generalmente para cumplir con requerimientos fiscales. Así, el crecimiento del turismo en áreas rurales y la organización social en comunidades campesinas facilitaron el surgimiento de iniciativas turísticas gestionadas por instituciones locales colectivas. Esta situación representa una innovación y un cambio estructural, ya que la actividad económica del turismo, tradicionalmente dominada por empresas privadas, incluidas grandes compañías nacionales y transnacionales en el contexto mexicano, comenzó a ser manejada por instituciones colectivas. Esto condujo al desarrollo de prácticas turísticas alternativas, como ecoturismo, turismo rural y agroturismo, que se relacionan tanto con el entorno donde se implementan (áreas protegidas, medio rural) como con las actividades ofrecidas (caminatas, observación de la naturaleza, actividades culturales, paseos, etc.).
Las formas de gestión de estas actividades económicas basadas en instituciones colectivas proponen “una racionalidad propia en sus prácticas de gestión, gobierno, regulación y relaciones” (Fernández Miranda, 2020: 26), lo que las vincula, aunque sin expresarlo explícitamente, con el paradigma de la ESS, representado por organizaciones cuyo objetivo principal es satisfacer las necesidades de sus miembros a través de una gobernanza democrática.
Agualongo Carrera (2022) destaca que la economía social y solidaria se caracteriza por producir bienes y servicios que buscan objetivos sociales y económicos, al mismo tiempo que promueven la solidaridad. Esta economía solidaria abarca todas las actividades que contribuyen a la democratización de la economía, fundamentadas en la solidaridad y el trabajo, y no se limita a un sector específico, sino que se presenta como un enfoque transversal que incluye iniciativas en múltiples sectores. Su base está en el incremento de la cooperación y solidaridad en actividades y organizaciones económicas, generando beneficios sociales y culturales que superan el beneficio económico, favoreciendo así a la sociedad en su conjunto.
Cisneros-Palacios et al. (2018) argumentan que el turismo comunitario puede ser considerado una estrategia de la ESS para combatir el desempleo a través del desarrollo de empresas turísticas comunitarias. El turismo comunitario se comprende mejor dentro del marco de la economía social y las economías populares (formas organizativas), en lugar de verlo únicamente como un sector turístico tradicional (objeto de la actividad), ya que su aspecto definitorio es su organización comunitaria.
El método descrito anteriormente se puede asociar con el enfoque de análisis o método comparativos, que es utilizado frecuentemente en las ciencias sociales para estudiar y analizar fenómenos sociales, culturales, económicos o políticos a través de la comparación de diferentes casos o contextos. Este enfoque permite identificar patrones, similitudes y diferencias entre los casos analizados, lo que facilita la comprensión de los factores que influyen en los fenómenos estudiados. También puede integrarse con otros métodos cualitativos, como el estudio de caso y el análisis temático, para profundizar en la comprensión de las dinámicas en contextos específicos. En el ámbito del turismo y el desarrollo comunitario, este tipo de análisis es particularmente valioso para identificar prácticas efectivas y lecciones aprendidas que pueden ser aplicadas en otros lugares.
1. Definición de Objetivos: Establece claramente qué es lo que deseas lograr con tu análisis. Esto puede incluir comprender las similitudes y diferencias entre los lugares, identificar tendencias o patrones, o determinar las mejores prácticas a seguir.
2. Recopilación de Información: Reúne descripciones detalladas de cada lugar, considerando aspectos como la cultura, la historia, el entorno natural, la economía y la infraestructura. Asegúrate de usar fuentes fiables y diversas.
3. Análisis Comparativo: Compara los datos recopilados para identificar similitudes y discrepancias. Usa herramientas como matrices de comparación o diagramas para visualizar la información. Esto te ayudará a ver cómo se relacionan los distintos lugares entre sí.
4. Identificación de Temas Comunes: A partir del análisis comparativo, busca temas o patrones recurrentes. Esto puede incluir aspectos culturales, ambientales, económicos o sociales que sean relevantes para tu objetivo.
5. Desarrollo de una Línea de Acción: Basándote en los temas comunes identificados, formula una línea de acción que refleje las mejores prácticas. Esto debe ser práctico y adaptado a las características específicas de los lugares analizados.
Región de estudio se ubica en Michoacán, México en la zona denominada meseta purépecha como se muestra en la figura 2, la cual está constituida de los siguientes municipios: Charapan, Cherán, Chilchota, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Paracho, Tancítaro, Taretan, Terán, Tingambato, Uruapan y Ziracuaretiro.
Figura 2. Meseta purépecha

Fuente: Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (2024).
Los municipios que integran la mesa son los siguientes y sus elementos de turismo comunitario son:
1. Cherán: este municipio ha implementado proyectos de turismo comunitario que promueven la participación de la comunidad y la preservación de sus recursos naturales y culturales. La economía social y solidaria está presente en sus iniciativas al involucrar a los habitantes en la gestión y beneficios del turismo.
2. Chilchota: en Chilchota, se están llevando a cabo proyectos de turismo comunitario que valorizan tradiciones locales y artesanías, buscando mejorar las condiciones económicas de la población mientras se fomenta la participación comunitaria.
3. Nahuatzen: este municipio ha desarrollado iniciativas que involucran a la población en el turismo, promoviendo no solo los atractivos naturales y culturales, sino también un enfoque social que beneficia a la comunidad.
4. Nuevo Parangaricutiro: se ha implementado un proyecto de turismo comunitario que se centra en el ecoturismo y la valorización de los recursos naturales y culturales de la región. Este proyecto busca involucrar a la comunidad local en la gestión turística, promoviendo la participación de los habitantes en la creación de experiencias que resalten su patrimonio cultural y las tradiciones de la zona. Una de las principales actividades del turismo comunitario en Nuevo Parangaricutiro es la visita a la zona del volcán Parinacota y la exploración del Parque Nacional de Uruapan, donde los turistas pueden aprender sobre la flora y fauna local, así como la historia de la erupción del volcán que afectó la región en 1943. Además, se organizan talleres y actividades que permiten a los visitantes interactuar con las tradiciones locales, como la gastronomía, la música y las artesanías, contribuyendo así a la economía local y fomentando la preservación del patrimonio cultural purépecha. Este enfoque busca no solo mejorar las condiciones económicas de la comunidad, sino también crear conciencia sobre la importancia de la sostenibilidad y la conservación del medio ambiente.
5. Paracho: conocido por su producción de guitarras y su rica cultura musical, Paracho tiene proyectos de turismo comunitario que integran a los artistas locales, generando beneficios económicos a través de la promoción de su cultura.
6. Taretan: este municipio ha comenzado a explorar el turismo comunitario, promoviendo sus tradiciones y actividades agrícolas, fomentando un enfoque que respete y promueva la identidad local.
7. Uruapan: aunque es más conocido como un destino turístico consolidado, Uruapan también ha implementado proyectos de turismo comunitario centrados en su riqueza cultural y natural, buscando involucrar a la comunidad en la gestión turística.
Estos municipios buscan desarrollar el turismo de manera sostenible y justa, alineándose con los valores de la economía social y solidaria, donde los beneficios se distribuyen equitativamente entre los habitantes y se conserva la cultura productiva de la región.
Como mencionan Guijarro et al. (2018), la necesidad de estudiar el desarrollo de experiencias comunitarias de turismo a lo largo de su ciclo de vida radica en la importancia de conocer y afirmar los efectos positivos de esta modalidad turística, minimizar sus efectos negativos y visualizar su potencial de desarrollo. Ramirez et al. (2024) proponen un modelo para evaluar los niveles de participación comunitaria, integrando la escalera de participación ciudadana en la redistribución del poder, así como los procesos de colaboración y creación de capital social, aplicándolo a una experiencia de turismo comunitario.
En su estudio, Guijarro et al. (2018) examinaron el turismo comunitario en la localidad de Shiripuno, Ecuador. Interpretaron los datos obtenidos mediante una adaptación y combinación del MCVDT de Butler (1980) y el índice de irritación de Doxey (1975). Incorporaron las percepciones de los actores locales y aspectos de sostenibilidad, encontrando que el destino se encontraba en la fase de desarrollo (apatía). Concluyeron que esta adaptación permitió analizar y comprender las particularidades del turismo comunitario, lo cual podría ser considerado para futuras evaluaciones de sostenibilidad.
La evolución de los factores en el desarrollo del turismo comunitario se fundamenta en el modelo de cambio de áreas turísticas propuesto por Christaller (1963) y ampliado por Butler (1980), quien detalla las fases del ciclo de vida del turismo. Matarrita-Cascante y Brennan (2012) también subrayan que los procesos de desarrollo comunitario son mecanismos esenciales que permiten a los actores locales combinar recursos para mejorar sus condiciones de vida.
La tabla 3 refleja cómo, según el modelo de Butler, las etapas del ciclo de vida del turismo pueden variar notablemente entre un enfoque capitalista, que tiende a priorizar el lucro y el crecimiento rápido, y un enfoque de turismo comunitario, que busca integrar la sostenibilidad, la equidad y los beneficios para la comunidad en todas las etapas del desarrollo turístico.
Tabla 3. Características del ciclo de vida dependiendo del modelo económico del turismo.
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Etapa del Ciclo de Vida |
Modelo Turístico Capitalista (Butler) |
Modelo Turístico Comunitario (Economía Social y Solidaria) |
|---|---|---|
|
1. Exploración |
Pocas instalaciones turísticas; llegada inicial de turistas, a menudo enfocados en el lucro. |
Comunidad identifica potencial turístico; inicio de pequeñas iniciativas con enfoque cultural y social. |
|
2. Involucramiento |
Inversión en infraestructura básica; participación limitada de la comunidad; enfoque comercial. |
Aumento en la participación comunitaria; desarrollo de infraestructuras locales que reflejan la cultura. |
|
3. Desarrollo |
Expansión rápida de instalaciones; enfoque en atraer grandes flujos de turistas; preeminencia del capital privado. |
Crecimiento controlado y sostenible; inversiones locales, con beneficios económicos reinvertidos en la comunidad. |
|
4. Consolidación |
Capacidad turística alcanza su pico; demanda comienza a estabilizarse; posibles problemas de saturación. |
La comunidad mejora y diversifica las ofertas turísticas; se mantiene la autenticidad, evitando la saturación. |
|
5. Estancamiento |
Mercado saturado, disminución de la calidad; competencia excesiva entre desarrolladores turísticos. |
Proceso de revitalización mediante la diversificación de actividades y la formación continua de la comunidad. |
|
6. Declive |
Pérdida de interés por parte de turistas; caída en la rentabilidad; deterioro de la infraestructura. |
Implementación de procesos de reingeniería turística que involucran a la comunidad para revitalizar el turismo. |
|
7. Renovación o Destrucción |
Opción de renovación a través de nuevos proyectos o alternativas; si no se actúa, el destino puede convertirse en obsoleto. |
Nuevos proyectos turísticos sostenibles se desarrollan con base en la participación comunitaria; foco en la conservación y recuperación del patrimonio. |
Fuente: elaboración propia.
El modelo de ciclo de vida del turismo propuesto por Butler describe cómo los destinos turísticos evolucionan a través de distintas etapas, desde la exploración inicial hasta la consolidación y eventual estancamiento o declive. En un proyecto turístico capitalista, el enfoque se centra en la maximización de beneficios y la atracción de grandes flujos de turistas, lo que a menudo lleva a una rápida expansión de la infraestructura y a una saturación del mercado. Durante estas etapas, la participación comunitaria es limitada y la calidad de la experiencia turística puede verse afectada por la competencia excesiva y la falta de atención a los intereses locales, resultando a menudo en un deterioro del destino.
En contraste, un modelo de turismo comunitario dentro de la economía social y solidaria aborda estas etapas con un enfoque en la sostenibilidad, la participación de la comunidad y la preservación de la cultura local. Desde la fase de exploración, la comunidad identifica su potencial turístico y se involucra en el desarrollo de proyectos que reflejan sus tradiciones y necesidades. A medida que el proyecto avanza, se busca un crecimiento controlado, donde los beneficios económicos se reinvierten en la comunidad. En lugar de caer en el estancamiento o declive, este enfoque promueve la revitalización y diversificación de actividades turísticas, asegurando que el turismo beneficie a todos los miembros de la comunidad y contribuya a la conservación del patrimonio cultural y ambiental.
La mayor diferencia entre el modelo de ciclo de vida del turismo capitalista y el modelo de turismo comunitario dentro de la economía social y solidaria se presenta en la fase de Desarrollo. En el modelo capitalista, esta fase se caracteriza por una rápida expansión de instalaciones y servicios turísticos, impulsada por la inversión de capital privado que busca maximizar beneficios económicos al atraer grandes flujos de turistas. Este enfoque a menudo resulta en la creación de infraestructura estandarizada que puede no reflejar la cultura local o las necesidades de la comunidad, y puede llevar a problemas de saturación y deterioro de la calidad del destino. Por otro lado, en el modelo de turismo comunitario, la fase de Desarrollo se enfoca en un crecimiento controlado y sostenible. Aquí, la comunidad juega un papel activo en la creación y gestión de la infraestructura turística, asegurándose de que las iniciativas se alineen con sus tradiciones, valores y necesidades. Este enfoque promueve la autenticidad y la integración de la cultura local en la oferta turística, además de garantizar que los beneficios económicos se reinviertan en la comunidad, favoreciendo un desarrollo más equitativo y sostenible a largo plazo.
A continuación, se presenta la tabla 4 que categoriza las iniciativas de turismo comunitario en los destinos mencionados (Cherán, Chilchota, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Paracho, Taretan y Uruapan) en función de las etapas del ciclo de vida del turismo turístico propuesto por Butler, contrastándolo con las características del modelo turístico comunitario basado en la economía social y solidaria:
Tabla 4. Etapa del ciclo de vida de los municipios de la meseta purépecha.
|
Destino |
Etapa del Ciclo de Vida |
Modelo Turístico Comunitario (Economía Social y Solidaria) |
|---|---|---|
|
1. Cherán |
Involucramiento |
Aumento significativo en la participación de la comunidad; proyectos que preservan recursos naturales y culturales. |
|
2. Chilchota |
Involucramiento |
Proyectos que valorizan tradiciones locales y artesanías; enfoque en mejorar las condiciones económicas y participación comunitaria. |
|
3. Nahuatzen |
Involucramiento/ Desarrollo |
Iniciativas que involucran a la población en la promoción de atractivos naturales y culturales con un enfoque social. |
|
4.Nuevo Parangaricutiro |
Desarrollo |
Implementación de ecoturismo; participación activa de la comunidad en la gestión turística; enfoque en la preservación del patrimonio cultural. |
|
5. Paracho |
Desarrollo |
Proyectos que integran a artistas locales en actividades turísticas, generando beneficios económicos y promoviendo la cultura. |
|
6. Taretan |
Exploración/ Involucramiento |
Inicio de la promoción de tradiciones y actividades agrícolas que fomentan el respeto por la identidad local. |
|
7. Uruapan |
Consolidación/ Desarrollo |
Proyectos comunitarios que buscan involucrar a la comunidad en la gestión turística, manteniendo su riqueza cultural y natural. |
Fuente: elaboración propia.
En este análisis, se puede observar que la mayoría de los destinos están en las etapas de Involucramiento y Desarrollo, marcando un fuerte compromiso con la participación comunitaria y la sostenibilidad. Estos municipios están trabajando activamente para que el turismo beneficie a sus comunidades, preservando su cultura y medio ambiente, lo que contrasta con el modelo tradicional capitalista en el que predominan los intereses económicos de inversionistas privados.
La discusión de los resultados revela que los destinos de turismo comunitario, como Cherán, Chilchota y Nahuatzen, están en fases del ciclo de vida que favorecen la participación local y la preservación cultural y ambiental. A diferencia del modelo capitalista descrito por Butler, que tiende a priorizar la rentabilidad y el crecimiento rápido, estas comunidades han adoptado un enfoque que pone énfasis en el desarrollo sostenible y el bienestar comunitario. La diversificación de las ofertas turísticas y la integración de la cultura local han permitido que estos destinos se mantengan auténticos, evitando la saturación y los problemas que enfrentan los destinos turísticos tradicionales en sus etapas de consolidación y estancamiento. Esto demuestra que una fuerte participación comunitaria puede conducir a un turismo más equitativo y menos dependiente de flujos masivos de turistas.
Sin embargo, aunque muchos de estos destinos están avanzando en la dirección correcta, aún enfrentan desafíos significativos. La necesidad de capacitación continua, la diversificación de actividades y el fortalecimiento de la infraestructura son aspectos cruciales que deben ser abordados para asegurar la sostenibilidad a largo plazo. Además, la llegada de un mayor número de turistas puede desestabilizar las dinámicas locales si no se manejan adecuadamente. Por tanto, es imperativo que los proyectos de turismo comunitario permanezcan en sintonía con las necesidades y aspiraciones de la comunidad, asegurando que sus beneficios sean equitativos y que se preserven los recursos culturales y naturales.
En el análisis de los municipios de la meseta purépecha se observa que el turismo comunitario no responde a un único modelo de gestión, sino que combina experiencias impulsadas desde la organización comunitaria con otras promovidas o acompañadas por políticas públicas. En algunos casos, como Cherán, Nahuatzen o Chilchota, el turismo comunitario se vincula con estructuras de gobierno comunal, asambleas y formas de organización basadas en usos y costumbres, donde la comunidad define directamente los proyectos turísticos, su alcance y la distribución de beneficios. Este tipo de iniciativas se caracteriza por una fuerte relación con la gestión territorial colectiva y con la economía social y solidaria, priorizando la preservación cultural, la participación local y el control comunitario del desarrollo turístico.
En contraste, otros municipios muestran dinámicas donde el turismo comunitario ha sido promovido desde programas institucionales o estrategias de desarrollo regional, en los que participan dependencias gubernamentales, organismos de apoyo o políticas públicas orientadas a la diversificación económica del medio rural. En estos casos, aunque se mantiene la participación comunitaria, la planificación y el impulso inicial pueden provenir de actores externos, generando esquemas de gobernanza compartida. Ejemplos de ello pueden observarse en municipios como Uruapan o Nuevo Parangaricutiro, donde el desarrollo de proyectos de ecoturismo y valorización del patrimonio natural se articula con iniciativas de promoción turística más amplias. Esta diferencia evidencia que el turismo comunitario en la meseta purépecha oscila entre modelos autónomos y modelos co-gestionados, lo cual influye en las etapas del ciclo de vida del destino, el nivel de participación local y la forma en que se distribuyen los beneficios del turismo.
En conclusión, el turismo comunitario, cuando se gestiona bajo los principios de la economía social y solidaria, ofrece una alternativa viable a los modelos turísticos convencionales. Este enfoque no solo puede generar beneficios económicos para las comunidades, sino que también promueve la conservación cultural y ambiental. La alineación con las etapas del ciclo de vida de Butler permite visualizar cómo estos destinos pueden avanzar de manera sostenible, manteniendo su autenticidad y aprovechando su rico patrimonio cultural.
Así, la adaptación de los principios del ciclo de vida de Butler al contexto de turismo comunitario evidencia la importancia de la participación de la comunidad en cada etapa del proceso. Esto no solo asegura la relevancia y sostenibilidad a largo plazo de los proyectos turísticos, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y orgullo entre los habitantes, lo que resulta crucial para el éxito del turismo como herramienta de desarrollo social y económico.
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