CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Reck, I. y Ramírez, D. (2025). Semillas rebeldes: reflexiones y aprendizajes sobre “el día menos capitalista del año” (Misiones, Argentina).  Otra Economía, 18(34), 77-96.

Semillas rebeldes: reflexiones y aprendizajes sobre “el día menos capitalista del año” (Misiones, Argentina)

Sementes rebeldes: reflexões e lições aprendidas do “dia menos capitalista do ano” (Misiones, Argentina)

Rebel seeds: reflections and lessons learned from “the least capitalist day of the year” (Misiones, Argentina)

Ilana Reck

ilureck@gmail.com
Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Argentina
ORCID: https://orcid.org/0009-0006-8993-3123

Delia Ramírez

deliaramirezf@gmail.com
Universidad Nacional de San Martín (UNSAM/CONICET), Argentina
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1977-2580

Recibido: 06/05/2025 - Aceptado: 24/10/2025

Resumen: Misiones es una provincia argentina pionera en la protección de las semillas, pero también en la reivindicación de la agricultura familiar, campesina y la agroecología. La historia de la Feria provincial de semillas nativas y criollas se remonta a la década de 1990, cuando se inició un diálogo entre organizaciones sociales con la voluntad de proteger la biodiversidad. El siguiente artículo es una sistematización realizada a partir de la participación en las dos últimas ferias provinciales, recoger testimonios de los/as gestores y participantes de este emblemático evento. De esta manera, nos sumergimos en la historia del autodenominado movimiento semillero, conformado por organizaciones de productores/as, instituciones públicas y educativas, asociaciones civiles, etc. Se trata de un colectivo heterogéneo que promueve la agricultura y el trabajo familiar, reivindicando a las comunidades campesinas e indígenas que han sabido conservar y multiplicar la sabiduría milenaria que encierra cada semilla nativa y criolla, produciendo alimentos saludables y en armonía con la naturaleza.

Palabras clave: Semillas, Movimiento, Agricultura familiar

Resumo: Misiones é uma província argentina pioneira na proteção das sementes, mas também na valorização da agricultura familiar, camponesa e da agroecologia. A história da Feira provincial de sementes nativas e crioulas remonta à década de 1990, quando se iniciou um diálogo entre organizações sociais com a intenção de proteger a biodiversidade. O presente artigo é uma sistematização realizada a partir da participação nas duas últimas feiras provinciais, coletando depoimentos dos/das gestores/as e participantes deste evento emblemático. Dessa forma, mergulhamos na história do autodenominado movimento semeador, formado por organizações de produtores/as, instituições públicas e educativas, associações civis, entre outros. Trata-se de um coletivo heterogêneo que promove a agricultura e o trabalho familiar, valorizando as comunidades camponesas e indígenas que souberam conservar e multiplicar o saber milenar contido em cada semente nativa e crioula, produzindo alimentos saudáveis e em harmonia com a natureza.

Palavras-chave: Sementes, Movimento, Agricultura Familiar.

Abstract: Misiones is an Argentine province that is a pioneer in seed protection, as well as in the promotion of family farming and agroecology. The history of the provincial fair of native and creole seeds dates back to the 1990s, when a dialogue began among social organizations with the goal of protecting biodiversity. This article is a systematization based on participation in the last two provincial fairs, gathering testimonies from the managers and participants of this emblematic event. In this way, we delve into the history of the self-called seed movement, composed of producer organizations, public and educational institutions, civil associations, and more. It is a heterogeneous collective that promotes agriculture and family labor, recognizing the indigenous communities that have preserved and multiplied the millenary knowledge contained in each native and creole seed, producing healthy food in harmony with nature.

Key words: Seeds, Movement, Family agriculture.

Introducción

La Feria provincial de semillas nativas y criollas es un evento que se realiza periódicamente (cada dos años) en la provincia argentina de Misiones. En ella participan fundamentalmente productores/as familiares de base campesina para intercambiar semillas y resguardar su producción.

La organización de la Feria está a cargo de un espacio horizontal conformado por agricultores, ambientalistas, técnicos, profesionales, estudiantes y activistas. Según explican Ortt y Segovia (2021, p.1), “El movimiento por las Semillas Campesinas de Misiones es un espacio de construcción colectiva integrado por organizaciones de agricultores familiares, instituciones públicas, ONGs, comunidades indígenas, iglesias, escuelas e institutos del medio rural y de alternancia de la provincia de Misiones, Argentina”. En términos nativos, los actores que componen este espacio organizativo se presentan como “movimiento semillero”, categoría que retomaremos a lo largo del texto para explicitar la acción de este espacio en red, que se genera alrededor de la protección y promoción de la semilla en Misiones.

Para mí el movimiento semillero es algo muy importante, primero porque nos reunimos tantas familias, es una comunidad que se cuida, tratamos de transmitir nuestra sabiduría a nuestros hijos, a nuestros nietos, para ver si eso sigue funcionando, para que eso no se pierda. Mis amigos semilleros son una confraternidad. Pueden pasar muchos años sin vernos, pero al momento de encontrarnos con las semillas, es una fiesta (Daniela Cristaldo, guardiana de semillas de Colonia Mado Delicia, pionera del movimiento, e integrante de Red de Agricultura Orgánica de Misiones, 5/07/2022).

El movimiento semillero funciona como una red colaborativa, pero también militante, en ocasiones incorpora la participación de actores urbanos que no trabajan la tierra, pero que entienden la importancia de la semilla en términos materiales, culturales y políticos para la sobrevivencia y la soberanía de los pueblos.

En términos analíticos, la Feria provincial de semillas nativas y criollas representa un momento de cristalización que permite dar cuenta de los problemas y preocupaciones que transitan productores/as y ambientalistas. Cabe destacar que esta no es la única actividad del movimiento semillero, también se organizan periódicamente ferias zonales y participan de un diálogo permanente con otros espacios1.

El título del artículo surge de una expresión del presidente de la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), Gerardo Segovia, quien asegura que el día de la feria es el “menos capitalista del año” porque allí se apuntalan espacios de intercambio donde no hay lugar para la ambición, la especulación y la acumulación: el encuentro se realiza no alrededor del dinero, sino de la semilla. Pero también puede pensarse que es el día menos capitalista por las motivaciones que conducen al encuentro comunitario y los valores que se reivindican allí: la alegría, la esperanza, la solidaridad. También porque en reiteradas oportunidades el evento representa un momento de denuncia y organización frente a las injusticias que amenazan a los agricultores familiares y comunidades originarias.

La metodología aplicada para reconstruir y analizar la Feria provincial de semillas es la sistematización de experiencias, una propuesta proveniente del campo de la educación popular que ofrece un ejercicio reflexivo, más allá de una recopilación y ordenamiento de datos (Jara Holliday, 2011, 2012). La sistematización de experiencias es una potente estrategia de investigación que trasciende la mera descripción, y busca producir conocimiento crítico a partir de las prácticas sociales, desde la articulación de saberes tradicionales y científicos. Sus aportes son tanto metodológicos como epistemológicos.

Una sistematización es, en parte, la exploración de una narrativa y en eso influyen las formaciones disciplinarias y las trayectorias de quienes se asumen como sistematizadores/as2. El potencial epistemológico de la sistematización de experiencias radica en su capacidad para redefinir la relación entre la práctica y la teoría, en función de saberes generados por los propios actores. El objetivo último es aportar a los procesos colaborativos, teniendo en cuenta la demanda constante de las organizaciones y movimientos sociales que precisan apoyos y colaboraciones a la hora de recuperar los procesos e identificar los aprendizajes que emergen de las distintas experiencias. La sistematización que presentamos aquí parte de reconstruir la perspectiva de los actores a través de entrevistas a personas comprometidas con la organización, observaciones de las dos últimas Ferias provinciales (2022 y 2024), participación en los espacios asamblearios organizativos y recopilación de documentos, notas periodísticas, publicaciones en redes sociales, etc.

Este artículo se organiza en cinco secciones. En primer lugar, ofrecemos una síntesis histórica de la Feria provincial de semillas nativas y criollas, destacando ciertos hitos relevantes. En la segunda sección abordamos discusiones políticas y jurídicas en torno a la semilla -su privatización y las transformaciones normativas- para contextualizar el debate a nivel argentino. La tercera sección recupera cómo se han configurado las resistencias locales y las articulaciones con movimientos globales por la defensa de las semillas. En la cuarta analizamos actores y procesos locales: la influencia de la Iglesia católica, el rol histórico de Monseñor Joaquín Piña3 y la participación de las mujeres guardianas. Y por último reflexionamos sobre la Feria como espacio de emergencia de la conflictividad social. Finalmente, en las conclusiones sintetizamos aprendizajes, tensiones y desafíos para los procesos de sistematización y la continuidad del movimiento semillero.

1. Breve historia de la feria provincial de semillas nativas y criollas

La historia de la Feria provincial de semillas nativas y criollas se remonta a la década de 1990, cuando se inició un diálogo entre organizaciones sociales con la voluntad de proteger la biodiversidad. En 1996, hubo un encuentro de mujeres en Oberá en el que, según recuerdan algunos participantes, se comenzó a hablar sobre la importancia de la semilla para la vida de los campesinos/as y productores. El acontecimiento fundacional sucedió en 1997 en la localidad de San Vicente (ver Figura 1), en un evento de intercambio que se realizó con la intención de promocionar y resguardar las semillas. De esa primera Feria, participaron 200 agricultores de Misiones, Chaco, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Formosa que trabajaron en talleres; se inscribieron más de 500 variedades de semillas4. El impacto de esta experiencia permitió entender la importancia de la articulación para el sostenimiento de la causa.

A finales de la década de 1990, fue influyente la interrelación que se estableció entre la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM) y el Programa Social Agropecuario (PSA). Entonces, se gestó un trabajo de articulación entre los técnicos y las chacras de los productores familiares y de las comunidades indígenas combinando conocimientos técnicos con los ancestrales. En un contexto de empobrecimiento de los sectores rurales, particularmente castigados por las políticas neoliberales y las migraciones rurales que se hicieron sentir fundamentalmente en la región del Alto Paraná misionero, fueron importantes iniciativas como la del Programa Autoconsumo (2002). Esta consistía en la compra de semillas a productores locales y su redistribución entre familias productoras con menos recursos, a través de los municipios.

Cuando el movimiento semillero cumplió 15 años, se introdujo por primera vez la idea de “guardián y guardiana”, refiriéndose a quienes se desempeñan como protectores de las semillas y, con ello, de la vida. Los pioneros y pioneras del movimiento han coincidido en señalar que han sido las mujeres quienes en la década de 1990 advirtieron la escasez en la diversidad para el autoconsumo. “Cuando íbamos a visitar las chacras con el PSA la gente nos decía “solamente tengo esto”, entonces había una percepción de la escasez y de la pérdida. Por eso uno de los primeros objetivos de la feria fue recuperar lo perdido” recordó Gerardo Segovia, pionero del movimiento semillero y técnico Agricultura Familiar.

Desde entonces, “que la semilla esté en manos de los agricultores” se consolidó como un principio del movimiento. Aunque inicialmente expresado en masculino, la narrativa actual reconoce a las mujeres como las principales guardianas de semillas dado que son ellas quienes han dedicado mayor tiempo y cuidado a la preservación de la biodiversidad para el autoconsumo y la vida comunitaria.

Figura 1. Primera Feria provincial de semillas nativas y criollas. San Vicente, 1997.

Un grupo de personas sentadas alrededor de mesa con comidaEl contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Archivo del Movimiento por las Semillas Campesinas de Misiones.

Con los años, la Feria provincial ha ido creciendo y madurando a partir de la integración de nuevos actores sociales. Desde 2015, las actividades están enmarcadas en la Semana Continental de las semillas, del 26 de julio al 1 de agosto, propuesta del Movimiento Agroecológico de Latinoamérica y el Caribe (MAELA). La selección de las fechas comprende la primera siembra del maíz y la celebración de la Pachamama; el propósito apunta a fortalecer la producción-reproducción, el cuidado y el intercambio libre y solidario de las semillas. Según consta en el documento 26 de Julio al 1º de Agosto – Semana Continental de las Semillas Nativas y Criollas. MAELA (Julio, 2015), el principio de la celebración es la protección de la semilla:

Reproducir e intercambiar libre y solidariamente las semillas, decidir cómo y qué cultivar para comer una comida saludable y hacerlo en armonía con la naturaleza, han sido por milenios, las bases de una agricultura orientada a garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos y las naciones. Las semillas representan entonces ni más ni menos que la historia productiva y cultural de los pueblos.
Toda esta sabiduría aprendida de la tierra ha sido compartida, ha sido entregada como don, y hoy es defendida ante las amenazas de modelos agrarios que, sin respetar los ciclos de la naturaleza y el interés de sus pueblos, solo buscan el lucro produciendo destrucción de las bases de la vida y generando una apropiación desigual del mundo y la naturaleza y por ende de la vida misma.

Pero la Feria provincial de semillas no es solo un lugar de celebración, también es un espacio de materialización de las luchas sociales, de cristalización de las desigualdades y de denuncias sobre las injusticias que padecen los sectores más castigados de la agricultura. En este sentido, en la Feria de 2019, hubo una fuerte interpelación por parte del movimiento semillero hacia un programa estatal de promoción de los transgénicos en el maíz. La oposición a ese programa, no solo se manifestó en todos los discursos de los referentes que tomaron la palabra, sino también en la marcha final en la que participaron productores, originarios, artistas, activistas, entre otros, en la defensa del maíz criollo y el rechazo a los transgénicos5.

Un año más tarde, durante las restricciones del Covid-19, el movimiento tuvo que reforzar su creatividad para seguir sosteniendo el intercambio. Así en 2020, surgió la propuesta de la “canasta viajera” bajo el lema: “Semillas Viajeras Polinizando Soberanías. Una Experiencia de Participación Comunitaria en Tiempos de Pandemia”6. Esta actividad consistió en la preparación de canastas que permitieron la recolección de variedades de semillas, para luego ser trasladadas en once postas en distintos lugares de la provincia. Las guardianas de semillas aguardaban en cada posta junto con referentes de organizaciones de agricultores, productores urbanos y técnicos/as de instituciones, mientras estos últimos se ocupaban de rotular las semillas con nombre y procedencia para identificarlas. Los intercambios sucedieron en las chacras, las sedes de organizaciones, escuelas, ferias y espacios colectivos en distintas localidades, entre las fechas del 26 de julio al 1 de agosto (Ortt y Segovia, 2021).

De esta manera, la creatividad del movimiento permitió pensar una estrategia que no sustituyó a la Feria como evento, pero logró garantizar el intercambio de semillas a partir de una vinculación entre los actores locales. Si bien se presentaron otras ideas en las reuniones organizativas previas, las mismas apuntaban a intervenciones y manifestaciones en cada municipio. La canasta viajera, en cambio, logró el entrelazamiento de los actores de los territorios locales.

En 2022, en el vigésimo quinto aniversario de la Feria provincial, se reunieron más de mil personas en la ciudad de Capioví, bajo el lema: “Somos semillas y desde los territorios defendemos y multiplicamos la vida” (ver Figura 2). El movimiento semillero generó un encuentro participativo tras atravesar una pandemia que lo desafió en sus capacidades productivas y recreativas. Dos años después, en 2024, la Feria se realizó en Wanda, en un contexto de desarticulación de instituciones y programas estatales fundamentales en la asistencia de los agricultores familiares de la zona. Entonces, el evento se presentó como la posibilidad de visibilizar y reclamar frente a las destructivas políticas neoliberales del gobierno nacional de Javier Milei. Con estas caracterizaciones es posible advertir que la Feria se ve influenciada por la coyuntura política, nacional y global.

En síntesis, tras casi tres décadas de actividad, la Feria provincial de semillas nativas y criollas de Misiones resulta un evento de importancia que trasciende la práctica del intercambio, consolidándose como una resistencia cultural frente al modelo de agricultura capitalista. Al ser un espacio para la socialización de semillas y saberes ancestrales, la Feria no solo promueve la agroecología y la producción de alimentos sanos (libres de agroquímicos), sino que también fortalece la autonomía de las comunidades, tejiendo redes de apoyo, colaboración y solidaridad.

Figura 2. Feria Provincial de Semillas (2022)

Un grupo de personas alrededor de una mesa con comidaEl contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Juan Errico, 30/07/2022. Capioví, Misiones

2. La cuestión semillera

La preservación de las semillas ha estado históricamente en manos de los campesinos, y en particular de las campesinas, incluso en contextos adversos. Sin embargo, el sistema productivo y agroalimentario iniciado con la Revolución Verde7 convirtió a las semillas en meras mercancías. En el siglo XX, con especial intensidad a partir de la década de 1960, el cambio tecnológico impactó significativamente en las agriculturas del sur global, destacándose dos hechos: la introducción de semillas híbridas y la expansión de las biotecnologías aplicadas al sector agrícola. Estas transformaciones separaron la producción de semillas de la práctica agrícola tradicional, reemplazando las semillas campesinas por variedades industriales (Lizarraga, 2021). Algunas empresas desarrollaron semillas de “alto rendimiento” o de alta respuesta a los paquetes tecnológicos al identificar el potencial económico de estos recursos genéticos, buscando además su protección mediante sistemas de propiedad intelectual (Vélez, 2014). Estos cambios se consolidaron en Europa y América del Norte, y se extendieron luego a África, Asia y América Latina, imponiendo monocultivos de trigo, arroz y maíz, así como el uso intensivo de insumos químicos, fertilizantes y maquinaria pesada.

Para dimensionar la velocidad y complejidad de las transformaciones, es fundamental destacar que los materiales vegetales utilizados en el mejoramiento genético fueron de libre acceso hasta la década de 1960. En 1961, la regulación internacional sobre la protección de los derechos de obtentor (DOV) se formalizó con la creación de la Unión para la Protección de Variedades Vegetales8 (UPOV). Las versiones de 1972 y 1978 fueron adoptadas inicialmente por los países del norte, y más tarde incluyeron a los países del sur, culminando con la adopción de la versión de 1991. Este sistema UPOV alteró profundamente la relación tradicional de los pueblos con sus semillas y los derechos que los agricultores tenían sobre ellas, reconocida previamente por la FAO en la Declaración de los “Derechos del Agricultor” en la década de 1970.

La incorporación masiva de vegetales híbridos y posteriormente de transgénicos, impulsada por el uso de nuevas maquinarias y de agrotóxicos, se consolidó a nivel global a partir de los años 90. Estos cambios transformaron profundamente la organización de la producción agrícola, marcando el inicio y la expansión del agronegocio (Frank, s. f.). La introducción de semillas transgénicas en América Latina desempeñó un papel clave en este proceso de cambio, contribuyendo significativamente a la reconfiguración de las prácticas agrícolas tradicionales. Esto da cuenta de que la llamada “modernización” de la agricultura, lejos de ser un proceso natural o inevitable, como sugieren las narrativas del desarrollo, constituye un modelo impuesto que responde a intereses específicos. Este se apoya en un andamiaje jurídico que regula la certificación, fiscalización y comercialización de los recursos genéticos. A través de estas normativas, las corporaciones buscan establecer control sobre qué materiales pueden ser vendidos, intercambiados y utilizados en el mercado, así como las condiciones bajo las cuales esto puede realizarse (Perelmuter, 2021, p. 113). La propiedad intelectual sobre las semillas se articula de dos formas: primero, a través de los derechos de obtentor (DOV), que reconocen a quienes introducen mejoras en una semilla; y segundo, mediante las patentes, que otorgan protección tanto al producto como a las generaciones sucesivas del vegetal. Los DOV son aplicables a todo tipo de semillas, independientemente de su origen, mientras que las patentes están específicamente diseñadas para proteger las modificaciones genéticas, limitándose a cultivos transgénicos.

La trayectoria histórica de las semillas y las formas de su apropiación no se pueden comprender de manera aislada, sino como parte de los cambios estructurales del sistema agroalimentario mundial. En este sentido, la propuesta teórico-metodológica de los regímenes agroalimentarios, formulada por McMichael (2015) ofrece un marco para periodizar las estructuras globales que organizan la producción, distribución y consumo de alimentos, vinculando a estos procesos con las dinámicas de acumulación de capital y las formas de hegemonía global en cada época. Desde esta mirada, las semillas constituyen una categoría privilegiada para analizar la articulación entre agricultura, mercados y poder corporativo.

McMichael identifica, en principio, tres regímenes agroalimentarios: a) el imperial, que se manifiesta a finales del siglo XIX, promovido por Inglaterra a través de la Revolución industrial que demanda alimentos baratos, cuyo resultado es la expansión de la frontera agrícola y la producción de materias primas para la acumulación de capital; b) el alimentario de desarrollo intensivo, en el contexto de la Revolución Verde y la masificación de insumos industriales (fertilizantes, pesticidas, maquinaria) para aumentar la productividad agrícola; c) el corporativo globalizado a partir de la década de 1980, con el auge del neoliberalismo y la globalización. Entonces, las corporaciones transnacionales y el capital financiero adquieren un poder creciente en el sistema alimentario. Se promueve la desregulación, la eliminación de barreras comerciales y la formación de cadenas globales de suministro de alimentos. Esto lleva a una mayor concentración de la producción, el procesamiento y la distribución en las manos de unas pocas empresas que se desarrollan en el campo de la especulación financiera.

Para comprender cómo estas dinámicas globales se materializan resulta pertinente recuperar el concepto de cercamiento. De tradición marxista, esta noción describe el proceso por el que aquello que era común y quedaba por fuera del mercado, pasa a convertirse en una mercancía (Perelmuter, 2018a. pág. 90). Perelmuter (2018a) sostiene que las semillas se incluyen en un proceso de cercamiento capitalista que se consolida a través de dos tipos de mecanismos articulados entre sí: el cercamiento agrario, asociado a cambios en los que la biotecnología cumple un rol central, y el cercamiento jurídico vinculado a las modificaciones en el marco legal de la propiedad intelectual, que reconfiguran la relación de productores y productoras con sus semillas. Ambos procesos refuerzan el control de las empresas transnacionales sobre las semillas y el monopolio de su comercialización a escala mundial.

En concreto, a nivel global, a fines de 1990 y comienzos de los 2000, se hicieron efectivos los cercamientos a través de la implementación de mecanismos jurídicos que acompañaron estas nuevas formas de apropiación de las semillas: leyes de registro obligatorio y certificación, contratos asimétricos entre empresas y productores y, especialmente, legislaciones vinculadas a la propiedad intelectual, que reforzaron el control corporativo sobre los recursos genéticos (Perelmuter, 2018b; Lizarraga, 2021). En el apartado que sigue profundizaremos sobre el caso argentino.

2.1 La legislación de las semillas en Argentina: un campo en disputa

Además de ser pionera en la regulación de la propiedad intelectual, Argentina a mediados de los años 90’ adopta las semillas transgénicas (como la soja resistente al glifosato), lo que para diversos autores tuvo consecuencias importantes en la temprana y rápida transformación del modelo agroalimentario. Las modificaciones en la legislación sobre la semilla en Argentina han acompañado en gran medida a las transformaciones globales mencionadas anteriormente.

La propiedad intelectual sobre las variedades vegetales se ejerce mediante los DOV contemplados en la Ley Nº 20.247 de Semillas y Creaciones Fitogenéticas de 19739. Esta normativa permite a los agricultores reservar y sembrar semillas de cualquier variedad protegida únicamente para su uso personal, mientras que la venta de estas semillas constituye un delito.

Argentina es firmante del Convenio UPOV desde 1994 pero en su versión de 1978, existe una más actual, la UPOV 91, más restrictiva para los y las pequeños productores/as, en la medida que limita el uso de semillas patentadas, y proporción mayores derechos y protecciones a las empresas que desarrollan variedades, incentivando la inversión en biotecnología y mejoramiento genético.

Si bien desde los años 2000 se han hecho modificaciones a la normativa vigente a nivel nacional10, en gran medida por las fuertes presiones de los actores empresariales, concretamente, es en el año 2012 cuando se comenzó a discutir formalmente la reforma de la Ley de Semillas, aunque no se alcanzó un acuerdo definitivo.

Desde el Ministerio de Agricultura de la Nación se habilitó una mesa de negociaciones en el marco de la Comisión Nacional de Semillas (CONASE), se sumaron al debate cuestiones presentes en UPOV 91 vinculadas a restringir el uso propio, a la implementación de sanciones, otorgando a las empresas el poder de controlar y fiscalizar los campos en el caso de que se presuma que la ley no se cumpliera. En esta mesa participaron algunos organismos públicos, representantes del sector privado y de las entidades de productores agrarios (vinculados al modelo del agronegocio). Las organizaciones de la agricultura familiar, campesina e indígena, las universidades nacionales, los organismos públicos de investigación como el CONICET no fueron consultados ni incorporadas formalmente al debate (Perelmuter 2018a; 2021).

Hacia finales de 2016, a partir de la presentación de un nuevo proyecto por parte del ejecutivo nacional, la Federación Agraria Argentina (FAA), la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), una ONG y sectores de la oposición al gobierno manifestaron formalmente sus propuestas. Estas, aunque variadas en su formulación, coincidían en limitar el uso propio, recurriendo en general a la figura de los “agricultores exceptuados”11.

Luego de un año de presentado, el proyecto oficial perdió estado parlamentario y el gobierno anunció el inicio de negociaciones para enviar uno nuevo, las discusiones continuaron sin resolución. Hacia finales del 2018, la secuencia se repitió de manera similar.

En 2023, en el marco de la “Ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”, se incluyó nuevamente una propuesta para adherir a UPOV 91 -lo que implicaría discutir la Ley de Semillas para adecuarla a sus disposiciones-, pero hasta la fecha dicha adhesión no se ha formalizado. La llamada ley ómnibus intentó introducir modificaciones que llevaban más de una década de debate en nuestro país. Discusiones centradas como se ha mencionado, en el derecho de agricultores y agricultoras de reservar semillas para “uso propio”, lo que constituye uno de los principales conflictos en materia de soberanía alimentaria.

Mientras las corporaciones defienden el control de las semillas como un motor de innovación, las organizaciones campesinas, activistas y productores/as sostienen que restringir el acceso a las semillas fomenta la dependencia económica, y atenta contra la agrobiodiversidad. Si hasta el momento, las iniciativas de las corporaciones no lograron modificar la legislación en Argentina, ha sido gracias a la vigilancia permanente de organizaciones sociales comprometidas con las causas ambientales y de soberanía alimentaria. Esta disputa enfrenta a sectores con un acceso desigual al poder institucional y económico, una tensión siempre vigente que lejos de resolverse, se acentúa en contexto de gobiernos neoliberales y autoritarios.

3. Resistencias globales y locales: semillas campesinas e indígenas para la humanidad

Las organizaciones campesinas han promovido diversas campañas internacionales, entre ellas el primer encuentro de mujeres rurales de América Latina en 1987 y la Campaña Continental “500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular” (1989-1992). Esta última considerada como clave en la historia de la organización colectiva contra las políticas neoliberales, colocó como tema central la relación entre la tierra, la producción campesina y las semillas, “...ya había una inquietud por la semilla, y las compañeras lanzan el reto de re-descubrirnos, el redescubrimiento que nosotras hacemos, y yo diría que fue el inicio de un debate que tuvo continuidad en los años” (Francisca Rodríguez, en Lizarraga, 2021, p. 63). En 1993, se formalizó La Vía Campesina, una articulación mundial de movimientos campesinos12 que se proponía reunir a trabajadores/as sin tierra, migrantes, indígenas, pescadores/as, agricultores/as, mujeres rurales, jóvenes campesinos/as, para defender la Soberanía Alimentaria, concepto lanzado en 1996 en el marco de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.

En 2001, La Vía Campesina junto a la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), a partir de la propuesta de la Segunda Asamblea Continental de las Mujeres del Campo, emprendieron una campaña mundial de defensa de las semillas nativas y criollas. Este fue el inicio de los preparativos para la Cumbre Mundial de la Alimentación a realizarse en Roma el siguiente año. Allí se congregaron “las semillas del mundo”, al decir de una agricultora (Francisca Rodríguez en Lizarraga, 2021, p. 65), y lanzaron la campaña “las semillas patrimonio común de la humanidad”. Posteriormente, en 2003, en la ciudad de Caaguazú (Paraguay), en una reunión de La Vía Campesina, Amigos de la Tierra Internacional y GRAIN se establecieron los principios básicos de la campaña. Luego de un amplio debate se concluyó que:

Las semillas son muchísimo más que un recurso productivo, que son simultáneamente fundamento y producto de culturas y sociedades a través de la historia. En las semillas se incorporan valores, afectos, visiones, y formas de vida que las ligan al ámbito de lo sagrado. Sin ellas es imposible el sustento y la soberanía de los pueblos. […] Por tanto, las semillas y el conocimiento asociado a ellas son parte fundamental e insustituible de la soberanía alimentaria de los pueblos (CLOC-Vía Campesina, 2010).

Entonces se propuso que las semillas mantuvieran su carácter de patrimonio colectivo, en oposición a la propiedad intelectual, pero se consideró que las semillas debían ser tratadas como patrimonio de los pueblos campesinos e indígenas, al servicio de la humanidad.

La campaña global Semillas campesinas, patrimonio de los pueblos al Servicio de la Humanidad:

Condensa las luchas históricas que diversas comunidades campesinas y pueblos indígenas de todo el mundo han venido desarrollando para defender los Sistemas de Semillas Campesinas que cuidan y alimentan a la humanidad de manera cíclica, holística y armoniosa. Es una respuesta de los pueblos a los permanentes intentos del poder corporativo de monopolizar y privatizar nuestra historia, nuestro patrimonio, nuestras semillas (La Vía campesina, 2022).

A principios de 2000, se comenzó a trabajar en un instrumento legal internacional13. En 2004, se aprobó la Carta de los Derechos de las Campesinas y los Campesinos y se entabló el proceso de diálogo con el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Cuatro años después, el gobierno de Bolivia presentó el proyecto en el Consejo y se aprobó una resolución que dio inicio al proceso formal y a la creación de un Grupo de Trabajo. La Declaración fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 201814. La declaración representa una nueva herramienta para las organizaciones a nivel global, fruto de 20 años de lucha. Con ella, el sistema internacional de derechos humanos valida el rol de las campesinas/nos en la lucha contra el hambre y la protección de la naturaleza. Tras su aprobación, los Estados que forman parte de las Naciones Unidas reconocen estos derechos y se comprometen a respetarlos, promoverlos y garantizarlos (Lizarraga, 2021).

Lins Ribeiro señala que, junto al proceso de globalización hegemónica impulsado por agentes multinacionales y transnacionales que promueven las metas del capitalismo neoliberal, como la “reducción del Estado, ajustes estructurales, privatización y apoyo a las empresas y capitales privados, redirección de las economías nacionales hacia los mercados externos, comercio global libre, legislación flexible para el trabajo, disminución de los sistemas de seguridad estatal, etcétera” (Lins Ribeiro, 2008. p. 176), existen también otras formas de globalización no hegemónica. En especial la que el autor denomina globalización popular, entendida como una “globalización económica desde abajo”. Desde esta perspectiva, los actores que integran movimientos políticos contrahegemónicos se agrupan bajo la categoría de anti/alterglobalización.

En Misiones, actualmente se desarrolla una experiencia significativa a través de la Red de Casas de Semillas de Misiones, impulsada por la RAOM, que forma parte del entramado amplio de luchas territoriales y reivindicaciones sociales vinculadas al derecho a las semillas.

Se trata de espacios comunitarios donde no solo se promueve el intercambio y la distribución de semillas, sino también la transmisión de conocimientos y prácticas asociadas.

En marzo de 2023, se llevó a cabo el primer encuentro provincial de la Red, bajo el lema “Planificando juntos hacia la Soberanía Alimentaria”. La actividad reunió a referentes de diferentes regiones para compartir experiencias, evaluar desafíos y proyectar acciones conjuntas. Actualmente, la Red participa activamente en diversas instancias de articulación regional, como ferias de semillas, encuentros interchacras y otras actividades vinculadas a la agroecología y la defensa de las semillas locales. Entonces, tanto la Feria provincial de semillas como otras actividades propiciadas por el movimiento semillero pueden ser entendidas como expresiones de resistencia anti/alterglobalización, si se tienen en cuenta a los actores que gestionan estas iniciativas, las narrativas y también las demandas que confrontan con las propuestas de la modernización capitalista contemporánea.

Por lo tanto, es posible advertir que las luchas de las resistencias globales anti/alterglobalización no solo han tenido eco en espacios multilaterales o en campañas internacionales, sino que también se han traducido en experiencias concretas. Impulsadas por organizaciones sociales, ambientales y de la agricultura familiar, campesina e indígena, estas iniciativas trabajan para contrarrestar los cercenamientos jurídicos que restringen el libre uso de las semillas, así como para promover marcos normativos y políticas públicas que garanticen su protección.

4. De dónde venimos y hacia dónde vamos: la influencia de Monseñor Piña y las nuevas tendencias

Para la gestación y el fortalecimiento del movimiento semillero, ha sido muy importante la Iglesia Católica bajo el liderazgo del obispo Joaquín Piña (1930-2013), un sacerdote jesuita fundador de la diócesis de Iguazú (norte de Misiones). Esta institución ha apoyado activamente a los ocupantes de tierras de la zona norte misionera, colaborando con el proceso de regularización de la tenencia. También influyó en las relaciones de gobernanza, y al mismo tiempo proporcionó un marco simbólico -propio del catolicismo y el cristianismo- a las comunidades identificadas con su proyecto ideológico15. Monseñor Piña fue un gran “sembrador”, muchos dirigentes, líderes, lideresas y referentes de las organizaciones que se han formado en el seno de esta iglesia -nutrida por la teología de la liberación- han mantenido su compromiso social en sus comunidades.

La desactivación conservadora de la diócesis de Iguazú que tuvo lugar con la jubilación (2006) y posterior fallecimiento de Monseñor Piña (2013) afectó al movimiento semillero en distintos aspectos. Uno de estos, fue la fragmentación del marco simbólico y de representaciones que brindaba la iglesia católica. Una hipótesis que presentamos aquí pero que por motivos de extensión será trabajada en próximos artículos, es que a partir de ese momento el movimiento semillero se volcó a recrear nuevas formas de reconocimiento, relacionamiento entre los distintos actores y el territorio. A esto llamaremos momentáneamente nueva espiritualidad, la cual no se limita a una estructura religiosa, sino que se articula con prácticas de cuidado de las comunidades y del entorno.

Esta nueva espiritualidad recurre al arte como forma expresiva -principalmente el teatro comunitario- y reivindica el respeto a la cosmovisión de los mbya-guaraníes, lo cual implica el reconocimiento de los pueblos originarios en tanto cuidadores ancestrales del monte (la biodiversidad, la cultura, el agua, la medicina). En palabras de una de las pioneras del movimiento semillero: “Los pueblos originarios nos sumaron la espiritualidad, que era una palabra que no la teníamos muy presente. Nosotros hablábamos de independencia, de soberanía y ahí sumamos la palabra espiritualidad. Para mí fue un concepto nuevo” comentó Silvana Zimmermann (Aristóbulo del Valle), integrante de RAOM y emprendedora de la Pacha Agroturismo.

Esta nueva espiritualidad se integra a estrategias más amplias que los pueblos originarios, las comunidades campesinas, los productores/as y los movimientos sociales venían desarrollando para la defensa de los territorios, de los ámbitos comunes de la biodiversidad, de los medios de sustento y de la soberanía alimentaria desde movilizaciones sociales, resistencias, desobediencias y sobre todo construyendo alternativas comunitarias.

4.1 Revalorización del papel de las mujeres rurales: guardianas y comadres

Por lo que se ha podido advertir en la historia local, según la apreciación de los técnicos de agricultura familiar entrevistados, mientras los productores se han preocupado principalmente por proteger los cultivos de renta, las mujeres han asumido la responsabilidad de resguardar la diversidad de semillas para el autoconsumo. En casi todas las localidades misioneras, existen mujeres que se identifican orgullosamente como guardianas:

Me considero guardiana de semilla porque ya con mi madre veníamos guardando. Ella era la que llevaba el timón, siempre juntaba semillas de todas partes. Nosotras con mi madre ya diferenciamos las semillas nativas de las criollas, tratábamos de no mezclar. En esa época no existían los agrotóxicos (...) tengo un maíz de los que yo cuido hasta hoy, que es un maíz que lo considero mío, por eso le pusimos el Maíz Yacutinga. (Daniela Cristaldo, de Colonia Mado Delicia).

Ser guardiana de semillas implica no solo conservar un reservorio de conocimientos, sino también asumir una voz pública de denuncia de los daños que afectan a la soberanía y la biodiversidad. Su práctica constituye un acto político de resistencia frente al modelo del agronegocio y confrontación con las lógicas extractivas que amenaza con homogeneizar cultivos, privatizar la semilla y debilitar la soberanía alimentaria: “No me acuerdo cuando fue que comencé, hace mucho tiempo ya. Guardé semillas con mi mamá y con mi papá y ahora estoy guardando semillas con mis hijos (...) se nos hace muy difícil porque hay muchos productores grandes que contaminan nuestra semilla” (Paulina guardiana de Montecarlo).

Las guardianas son protagonistas centrales de la historia del movimiento semillero, sostenidas por una red de cuidadores y cuidadoras, que independientemente del trabajo que realicen o la profesión que tengan, se dedican a proteger, sostener, valorar y acompañar permanentemente a esas mujeres productoras de alimento y de biodiversidad.

Además del proceso de reconocimiento de las mujeres en su papel de guardianas -cuidadoras de la continuidad de la vida- la Feria de semillas implica además un espacio de encuentro particularmente importante. Para las compañeras, vecinas, amigas, familiares, comadres se habilita un momento de acompañamiento, disfrute, contención frente a los problemas cotidianos. Para las mujeres que participan asiduamente de la feria, ésta se configura como un espacio de intimidad colectiva (Ramírez y Gareis, 2024) donde las mujeres tejen las tramas comunitarias que las sostienen y fortalecen las confianzas. Se trata entonces de momentos de “creación y regeneración de lo común, donde se fortalecen las relaciones de reciprocidad y afectividad (...) fundamentales para sostener la salud física, psíquica y emocional de las mujeres rurales y sus comunidades” (Ramírez y Gareis, 2024, p 160).

En síntesis, la Feria resulta un lugar para problematizar y visibilizar aquello que las mujeres y las familias campesinas hicieron siempre: cuidar la vida. En esa práctica se refuerzan los vínculos de reciprocidad latente en los territorios.

5. La feria como espacio de visibilidad de los conflictos sociales y denuncias públicas

La heterogeneidad del movimiento semillero no siempre redunda en relaciones armónicas: en las reuniones organizativas hay debates, discusiones y negociaciones. Una de las principales cuestiones que se discute internamente tiene que ver con el “lugar de la política”. Mientras algunas personas se oponen a la injerencia de figuras partidarias, otras entienden que la Feria no debería ser un lugar de “pronunciamientos” sino únicamente de celebración. De cualquier manera, este espacio nunca logra estar apartado de su lugar de vidriera de los conflictos sociales, porque los productores/s, ambientalistas, activistas y luchadores sociales llevan consigo sus consignas16.

De todos modos, el movimiento semillero se identifica como apartidario e intenta sostener su autonomía e independencia a partir de la autogestión. Los aportes que eventualmente se han recibido desde el Estado han sido generalmente indirectos: traslado de productores, disposición del espacio a utilizarse, provisión del sonido, entre otros aspectos vinculados a la logística. El compromiso de los gobiernos municipales también ha sido dispar e irregular, reflejando diferencias notables según la localidad y momento.

El espacio de visibilidad del escenario mayor en la Feria de semillas nativas y criollas está orientado a los referentes de organizaciones, movimientos sociales, productores/as, originarios y otros actores usualmente marginados de la escena pública. El uso del micrófono implica una gran responsabilidad para quienes conducen el acto o ejercen el rol de moderadores, ya que estas personas reciben presiones por parte de funcionarios o legisladores que quieren aprovechar la ocasión para hablar en público.

En el contexto de desmantelamiento de las políticas públicas para la agricultura familiar, encabezado por el presidente ultraderechista Javier Milei, a través del llamado “plan motosierra”, muchas personas involucradas activamente en el movimiento semillero y en la organización de la Feria pasaron a ser desempleadas entre los años 2023 y 2024. Fueron especialmente afectados trabajadores del INTA y trabajadores del Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI), técnicos/as con un fuerte vínculo con el territorio, sus actores y sus problemáticas. Por ello, de manera directa o indirecta, la consigna por la defensa de los puestos de trabajo estuvo presente y se integró a la apertura de la Feria de 2024.

Ese mismo año, fue importante el lugar que ocupó la denuncia de una familia desalojada por la empresa forestal transnacional en connivencia con el Estado (ver Figura 3). La vivienda de los productores desalojados fue incendiada y los cultivos destrozados. Las tres personas detenidas en el operativo afirman haber sido maltratadas y también denunciaron que adolescentes de 14 y 15 años fueron esposados. Si bien en la última década hubo incendios de casas en el marco de disputas territoriales en la región, estos hechos fueron realizados por particulares encubiertos, a modo de amedrentamiento. En cambio, el desalojo de julio de 2024 sucedió con la presencia explícita de las fuerzas públicas de seguridad, una jueza en funciones y personal de la empresa que se presentó en un vehículo identificado con el nombre de la transnacional (Ramírez, 2024). La familia violentada participó de la Feria de semillas portando un cartel y asistiendo a la asamblea de productores que se hizo por la tarde en el patio del predio.

Figura 3. Familia desalojada junto a la directora de Agroecología de la provincia 

Un grupo de personas de pieEl contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: Delia Ramírez. 27/07/24. Wanda, Misiones.

Esta asamblea no fue totalmente espontánea, sino que estuvo organizada por referentes y dirigentes interesados en la problemática de la tierra. La discusión giró en torno a los problemas por la tenencia de la tierra, varios casos en condiciones de judicialización y hubo una caracterización de las condiciones represivas que se recrudecieron en el último tiempo. Si bien este debate asambleario se produjo en un espacio marginal, no puede dejar de reconocerse el interés de productores/as, militantes y activistas por sostener la politización del acontecimiento. En ese sentido, habría que considerar que la Feria nació al calor de los conflictos sociales resultantes de las políticas neoliberales.

La Feria de las semillas nativas y criollas se ha ganado su lugar en la provincia, y eso no es ajeno al interés de los sectores empresarios. En la última reunión organizativa previa a la Feria de 2024 realizada en la localidad de Wanda (departamento de Iguazú), veinte referentes de organizaciones recibieron la sorpresiva visita de un representante de extensión y educación ambiental de la empresa multinacional forestal, quien se acercó con una propuesta para la asamblea. El dirigente de la RAOM entrevistado sostuvo que fue la primera vez en 30 años que la empresa manifestó su interés por la Feria y que la presión que se sintió en ese momento hizo que la mayoría intentará sostener la cordialidad, con excepción de los militantes y activistas de la lucha por la tierra, quienes fueron determinantes al momento de expresar su oposición. La asimetría de poder entre una transnacional y los pobladores locales se expresa en la relación interpersonal aun cuando no haya palabras hostiles o enfrentamientos de por medio. Finalmente, el movimiento semillero rechazó la propuesta evitando la participación de la multinacional en la feria (Ramírez, 2024).

6. A modo de cierre: aprendizajes en limpio

Se trata del día menos capitalista del año, porque al decir de uno de sus gestores y promotores, en la Feria el dinero pierde centralidad. Allí la lógica que predomina es la del trabajo colaborativo y comunitario, sustentada en valores distintos a los del mercado. Al mismo tiempo se ponen de relieve las problemáticas provocadas por el capitalismo: el despojo, las asimetrías, la apropiación de bienes comunes, las múltiples violencias asociadas. De este modo, es posible comprender a la Feria como un evento contrahegemónico o como dice Lins Ribeiro de anti/alterglobalización, porque allí, a partir de distintas expresiones y manifestaciones (el arte, la mística, el intercambio, el diálogo, el debate, la denuncia, etc.) se cuestionan las formas dominantes de producción y consumo establecidas por el mercado global contemporáneo.

La importancia de la Feria provincial de semillas nativas y criollas radica no sólo en garantizar la economía de las familias productoras mediante la diversificación de los recursos, sino en su carácter de:

Un espacio integrador de lazos, voluntades y prácticas solidarias. Conformado por diversas organizaciones campesinas, indígenas, grupos sociales, ambientales, educativos, iglesias e instituciones del ámbito municipal, provincial y nacional. Con el objetivo de rescatar, conservar y multiplicar la biodiversidad que recrean los agricultores familiares e indígenas de la provincia de Misiones, valorizando y defendiendo el libre intercambio de las semillas nativas y criollas, como garantía de la soberanía alimentaria, contribuyendo a un ambiente sano y saludable17.

Son muchos los productores y las productoras que esperan ansiosamente la llegada de ese día, pues saben que allí irán a diversificar sus semillas, intercambiar y resguardarlas ante posibles pérdidas en contextos marcados por los avances de procesos extractivistas y de desposesión. Por su parte, militantes y activistas aprovechan el encuentro para presentar las denuncias y demandas en relación con la protección de los bienes comunes, plantear las causas alrededor de la soberanía alimentaria y para demandar al Estado el cumplimiento de derechos sociales y económicos.

En los últimos años, la Feria también ha sido escenario de transformaciones: se ha jerarquizado el papel de las mujeres como guardianas de las semillas nativas y criollas; y han cobrado protagonismo nuevos actores, quienes aportan a las prácticas políticas del movimiento. Asimismo, el tratamiento de la problemática de las desigualdades en el acceso a la tierra aparece de manera recurrente, lo que refuerza la idea de que la Feria no es un evento más en la provincia sino un espacio clave para la reproducción social, pero también para el reconocimiento de actores sociales y políticos, de sus problemas y narrativas. En este sentido, la Feria provincial de semillas nativas y criollas tiene también un componente ritual, prácticas colectivas situadas en el espacio público, en un territorio de larga trayectoria de lucha y organización por la tierra.

Los y las integrantes del movimiento semillero esperan con ansias ese día por el disfrute mismo del encuentro: una celebración de lo común, que refuerza vínculos de compañerismo y solidaridad que sostienen la resistencia en territorios que sufren la agresión capitalista.

Referencias

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» Frank, F. (s. f.). Suelos, aguas y semillas: Un acercamiento a la producción agroecológica de los alimentos. Acción por la Biodiversidad. https://www.biodiversidadla.org/Suelos-aguas-y-semillas

» GRAIN. (2013). Leyes de semillas en América Latina. Una ofensiva que no cede y una resistencia que crece y suma.

» Jara Holliday, O. (2011). Orientaciones teórico-prácticas para la sistematización de experiencias. Centro de Estudios y Publicaciones Alforja / Programa Latinoamericano de Apoyo a la Sistematización (PLA-S) – CEAAL. https://centroderecursos.alboan.org/ebooks/0000/0788/6_JAR_ORI.pdf

» Jara Holliday, O. (2012). Sistematización de experiencias, investigación y evaluación: Aproximaciones desde tres ángulos. Revista Internacional de Investigación en Educación Global y para el Desarrollo, 1(1), 56–70. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6368512

» La Vía Campesina (7 de junio de 2022). Módulo de formación N°03. Semillas en la cultura campesina e indígena. https://viacampesina.org/es/modulo-de-formacion-n03-semillas-en-la-cultura-campesina-e-indigena

» Lins Ribeiro, G. (2008). Otras globalizaciones: Procesos y agentes alter-nativos trasnacionales. Alteridades, 18(36), 175–200.

» Lizarraga, P. (2021). Los caminos de las semillas en la lucha campesina. En P. Lizárraga y C. Vicente (Coords.), La revolución de una semilla (pp. 60–74). El Colectivo.

» McMichael, P. (2015). Regímenes alimentarios y cuestiones agrarias. Miguel Ángel Porrúa. https://miguelangelporrua.mx/libro/regimenes-alimentarios-y-cuestiones-agrarias/

» Ortt, E. y Segovia, G. (2021). Semillas viajeras polinizando soberanía: Una experiencia de participación comunitaria en tiempos de pandemia. Segundo Congreso Nacional de Agroecología, Chaco, Argentina.

» Picado Umaña, W. (2022). Revolución Verde. En A. Salomón y J. Muzlera (Eds.), Diccionario del agro iberoamericano (4.ª ed.).

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» Perelmuter, T. (2021). Semillas cercadas: Leyes de semillas y propiedad intelectual. En P. Lizárraga y C. Vicente (Coords.), La revolución de una semilla (pp. 109–123). El Colectivo.

» Ramírez, D. (2014). Tradición movimentista. Una categoría para pensar las relaciones de continuidad y ruptura entre organizaciones agrarias históricas y contemporáneas de Misiones. Mundo Agrario, 15(28).

» Ramírez, D. (2024). No es solo cuestión de hectáreas. Reflexiones sobre el control del territorio de una empresa forestal transnacional en la provincia de Misiones (Argentina). Campo-Território: revista de Geografia Agrária, 19(57), 191-215.

» Ramírez, D. y Gareis, L. (2024). Espacios de intimidad colectiva entre mujeres rurales del norte argentino. Palimpsesto. Revista Científica de Estudios Sociales Iberoamericanos, 14(25), 149-173.

» Vélez, G. (2014). Dos décadas de ataque a las semillas y se profundiza el cerco. Revista Biodiversidad. Sustento y Culturas, 80, 10–13. https://www.biodiversidadla.org/Revista/80


1 Por ejemplo, con el LAICRIMPO, un movimiento de salud intercultural gestado en Latinoamérica. Se trata de una convergencia estratégica entre la salud popular y comunitaria y la recuperación identitaria y alimentaria de nuevos actores rurales.

2 Somos antropólogas: una proveniente de los estudios rurales y agrarios, y la otra del campo de la educación. Una de nosotras se dedica principalmente a la investigación social, mientras que la otra centra su trabajo en la docencia. Ambas compartimos una formación en la misma universidad pública y nos reconocemos en los diálogos interdisciplinarios. Además, conocemos al movimiento semillero desde hace muchos años. Estas trayectorias y afinidades nos permitieron conformar un equipo de trabajo cuya motivación principal es aportar a la construcción de memorias “desde abajo”, como un compromiso social, político y también pedagógico. Creemos firmemente en el potencial educativo de experiencias como la Feria de Semillas Nativas y Criollas. Cada vez que se plantea el debate acerca del rol que debe asumir una academia comprometida con los procesos de construcción y transformación social -en los cuales los sectores trabajadores sean protagonistas de sus propios destinos-, una de las demandas más recurrentes por parte de obreros y agricultores familiares es la sistematización: el acompañamiento en el registro y la puesta en valor de las experiencias que se generan en los distintos espacios.

3 Cabe mencionar que la figura de Joaquín Piña, y su importancia para los actores subalternos, especialmente del norte de la provincia, no ha sido suficientemente abordada en la literatura crítica, por lo que resulta pertinente detenerse brevemente en ello.

4 Algunos de los recordados participantes de los orígenes del Movimiento Semillero fueron el Instituto de Desarrollo Social y Promoción Humana (INDES), el Movimiento Agrario de Misiones (MAM), el Programa Social Agropecuario (PSA), la Pastoral Social de la diócesis de Iguazú, la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), el Proyecto Minifundio, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el programa ProHuerta, agricultores y técnicos biodinámicos, algunas Escuelas de la Familia Agrícola (EFA) y los Institutos de Enseñanza Agropecuaria (IEA). También participaron la Iglesia Luterana, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, la Asociación Civil para el Desarrollo (ODAP), la Unión de Trabajadores Rurales de Misiones (UTERMI), diversas ferias de la provincia y, más adelante, se incorporaron Interferias, el grupo Unión y Progreso, entre otros actores.

5 En el marco de un taller realizado antes de la Feria, promovido por la Fundación Rosa Luxemburgo se grabó un video que resume algunas de las demandas y consignas alrededor de la protección de la semilla y las reivindicaciones de esa coyuntura (año 2019). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=xnMFBDXJnY4

6 La Canasta Viajera - Semillas Viajeras Polinizando Soberanía - Misiones 2021 https://www.youtube.com/watch?v=9hAMtDh0THM

7 Hace referencia a un proceso de transformación tecnológica que, desde la segunda mitad del siglo XX, se expandió en las agriculturas del sur global. Se fundamentó en la incorporación de fertilizantes e insumos químicos de origen industrial, así como de maquinaria para las labores de cultivo y cosecha, con el objetivo de incrementar la productividad. Este proceso implicó la mercantilización de las semillas y su subordinación al mercado, al tiempo que generó impactos sociales, culturales y ecosistémicos. Entre sus principales consecuencias, promovió la especialización productiva, simplificó los agroecosistemas, reforzó la dependencia de una matriz energética basada en combustibles fósiles e integró estas agriculturas a un sistema agroalimentario de escala global (Picado Umaña, 2022)

8 La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV) es una organización intergubernamental con sede en Ginebra (Suiza) creada por el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales. Este convenio fue adoptado en París en 1961, y fue revisado en 1972, 1978 y 1991. El Convenio UPOV 91 es el que hoy se está intentando imponer en todo el mundo. En América Latina y el Caribe son miembros de UPOV Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Trinidad y Tobago y Uruguay. De estos Costa Rica, Panamá, República Dominicana y Perú son los únicos que en este momento aplican UPOV 912 (GRAIN, 2013).

9 Para más información

10 1) Modificación del Reglamento de la Ley de Semillas, se introducen algunos elementos de UPOV ´91 pero sin modificar las excepciones. 2) 1994 se ratifica el Convenio de la UPOV en su versión de 1978. 3) 1995 se aprueba una nueva Ley de Patentes (adaptación del cuerpo legal local a los requerimientos de ADPIC). 4) 1996 se adopta una resolución que especifica restricciones sobre el derecho de las y los agricultores para guardar semillas. La legalidad de algunas disposiciones de la presente norma fue cuestionada debilitando su aplicación (Perelmuter, 2021)

11 Desde la perspectiva empresarial se desconoce el “derecho” al libre uso de las semillas, considerándolo en algunos casos como ilegal, en otros recurriendo a las nociones como “excepción” o “privilegio”.

12 Las raíces de La Vía Campesina se remontan a la década de los 80, los miembros fundadores participaron en diálogos e intercambios con contrapartes de sus regiones e internacionales. Esto condujo a la creación de movimientos regionales tales como la Coordinadora Campesina Europea (CPE) en Europa, así como la Asociación de Organizaciones Agrarias Centroamericanas (ASOCODE) y la Coordinadora Latinoamericana de organizaciones campesinas (CLOC) en América Latina. Los años 80 y 90 fueron una era de expansión capitalista desenfrenada, a un ritmo nunca antes visto en la historia de la humanidad

13 A partir de un trabajo de “sensibilización e incidencia” con la presentación de numerosos casos de discriminación y violación de los derechos humanos acaecidos a partir de la consolidación del agronegocio y el extractivismo de las empresas trasnacionales a escala global (incluyendo desalojos, desplazamientos forzosos, apropiación de las semillas, pérdida de la biodiversidad, tala indiscriminada de los bosques, apropiación del agua, etc.) (https://www.cels.org.ar/web/publicaciones/declaracion-de-derechos-campesinos-y-otras-personas-que-trabajan-en-zonas-rurales/)

14 Para más información ver “Cartilla: Declaración de derechos campesinos y otras personas que trabajan en zonas rurales”. Disponible en: https://www.cels.org.ar/web/wp-content/uploads/2020/03/2019-CELS_DeclaracionDerechosCampesinos.pdf
Libro de ilustraciones: Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales. LVC. Disponible en
https://viacampesina.org/wp-content/uploads/2020/04/UNDROP-Book-of-Illustrations-l-ES-l-Web.pdf

15 Entre los años 2003-2004 se logró hacer un relevamiento censal en Pozo Azul con apoyo técnico de la UNaM para saber a ciencia cierta la cantidad de familias y tierras que se encontraban en disputa. Luego se creó la Mesa Provincial de la Tierra y el Foro de la Tierra. En el 2004, se estableció por fin la Ley de Expropiación de Tierras que habilitaba al Estado a expropiar las tierras que estaban en conflicto para entregarlas a las familias, sin embargo, esta ley no se aplicó hasta el 2013. Ese mismo año falleció Monseñor Piña, aunque estaba retirado de su cargo como obispo desde 2006. La estructura eclesiástica no permitió la continuidad del proyecto de Piña, por el contrario, se ha observado una desactivación vertical y sistemática de aquella iglesia comprometida con las causas sociales del norte de la provincia. La lucha por la protección de las semillas nativas y criollas también actualiza una tradición movimientista (Ramírez, 2014) en la que convergen históricamente las disputas por la tierra, la defensa de la agricultura familiar y campesina, la búsqueda de la soberanía alimentaria y la producción sin agrotóxicos, la oposición a los megaproyectos hidroeléctricos y al modelo forestal, entre otras causas que convocan a una multiplicidad de actores heterogéneos.

16 Por ejemplo, en el 2022, dentro de la Feria se recordó el cumplimiento de los 20 años del Tractorazo yerbatero. El Tractorazo yerbatero fue una protesta social que se duró 53 días entre los meses de mayo a junio de 2002, protagonizada por productores de la yerba mate de la provincia de Misiones, los denominados colonos- El Tractorazo reclamó el regreso de los mecanismos de regulación de la actividad y finalizó con la creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Con el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) de Milei de 2023 se ha vuelto a destruir el instrumento determinando el regreso de los paros, movilizaciones y cortes de ruta por parte del sector.

17 Primer Conversatorio - 25 años Ferias Provinciales de Semilla Misiones 5 de Julio de 2022.