CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Maidana, D. y Vázquez, G. (2025). Presentación N° 34: Pensar y hacer otras economías en América Latina y el Caribe Otra Economía, 18(34), 1-5.
Daniel Maidana y Gonzalo Vázquez
Editores
Titulamos esta presentación con el lema de la Semana Latinoamericana y Caribeña de Economía Social y Solidaria, realizada entre el 3 y el 7 de noviembre de 2025 con múltiples actividades impulsadas por redes y organizaciones de 5 países, cuyos objetivos y horizontes se expresaron en un Documento Final, del cual compartimos estas ideas:
Estamos convencidos que nuestras redes contribuyen no solamente a la promoción de la ESS, sino que se constituyen de hecho en factor y soporte de la necesaria integración de nuestros países, mediante la gestación de nuevas formas de complementariedad y aprovechamiento de sinergias, promoviendo la comunicación de las experiencias, los avances normativos e institucionales, la reflexión crítica, las agendas comunes e integrando culturalmente el buen vivir.
Dado que muchas de estas redes son promovidas, acompañadas o cuentan con la participación de equipos universitarios, este sendero puede contribuir a la articulación de nuestros sistemas científico-técnicos y nuestros sistemas educativos en todos sus niveles, componentes fundamentales para el fortalecimiento de la ESS.
En este proceso, las universidades están llamadas a estimular el pensamiento emancipatorio, contribuir a nuevas formas de institucionalidad pública, y fomentar diálogos con las organizaciones comunitarias, sociales y solidarias, reconociendo su papel en la construcción de autonomía y justicia social; en clave de generación de conocimiento desde otras epistemologías que subviertan el saber eurocéntrico.
Desde la riqueza de nuestra multiculturalidad, esperamos que estas acciones de diálogo e integración contribuyan a fortalecer y ampliar la democracia en nuestros países y consoliden a la región latinoamericana y caribeña como zona de paz, en armonía con la naturaleza, con pleno ejercicio de la soberanía y la autodeterminación política de nuestros pueblos. (Documento Final SEMESSLAC 2025)
Abrimos este número 34 con el texto de Antônio Cruz, Henrique Mendonça, Laís Vargas Ramm y Renato Waldemarin, “A ética do bem viver e o espírito da economia solidária”, que presenta a la economía solidaria y la ética del buen vivir como una cultura y una praxis habilitante de condiciones históricas para un futuro sustentable, ante la crisis estructural de la formación social capitalista y su imposibilidad de garantizar su reproducción económica, social y ambiental. Según los autores, se trata de recuperar principios y prácticas tan antiguos como la propia sociabilidad humana: cooperación, reciprocidad, gestión democrática, distribución equitativa de los frutos del trabajo, intercambio justo, reproducción de la vida y búsqueda colectiva de la felicidad, dejando abierto el interrogante respecto de la naturaleza de esta etapa: ¿estamos en los umbrales de una “ética de la economía solidaria”, superadora de la “ética del capitalismo”?
El artículo de Julio César Valencia Martínez, Guido Gasparrini, Lilia Bergessio, “Cartografía Crítica de la Economía Popular: Análisis bibliométrico, temático y geopolítico de un campo en expansión”, comienza destacando el interés en un campo que disputa el sentido del trabajo y las formas de la organización colectiva. Advierte que la configuración dispersa de los estudios en economía popular, con varios enfoques disciplinares, baja articulación conceptual y un marcado desequilibrio en la circulación del conocimiento facilita la reproducción de “modalidades contemporáneas de colonialidad epistémica que margina saberes generados en el Sur”. El texto propone establecer metodologías que no reproduzcan los sesgos epistemológicos del canon dominante, sino que permitan una representación más democrática, situada y plural de los saberes relacionados con este universo de prácticas emergentes forjadas desde los márgenes del sistema capitalista, con fuerte anclaje latinoamericano. Esta redefinición de las reglas de circulación, legitimidad y diálogo intelectual implica una reapropiación activa del sentido del conocimiento, reconociendo a los actores “periféricos” no sólo como generadores de datos, sino también con capacidades para disputar los marcos interpretativos y los criterios de validación. Lxs autorxs valoran el potencial transformador del campo, basado en redes regionales construidas sobre temas comunes y marcos teóricos compartidos, con capacidades para generar conocimiento situado, crítico y transformador, embriones de una comunidad epistémica con capacidad de incidencia más allá del plano nacional o sectorial, mediante agendas comunes de investigación y acumulación conceptual compartida.
Victória Mello Fernandes e Isabella Almeida dos Santos nos presentan el artículo “Resistência associativas de mulheres binacionais: A experiência do Grupo de Economia Solidária Feminista Riveramento”, desde una perspectiva de pós-desarrollo. Describen la creación de redes relacionales de apoyo económico y social, en contraposición a las formas de mercado y las relaciones laborales del capitalismo. Aunque el grupo se consolidó durante la pandemia del COVID-19, el valor de la experiencia va más allá de la emergencia, ofreciendo pistas valiosas para pensar la sustentabilidad de las redes de apoyo femeninas, confrontando desigualdades estructurales de género, raza y clase en contextos de frontera. El artículo excede la descripción de fenómenos sociales, intentando proponer la producción de otros mundos posibles, con formas de vida y racionalidades económicas históricamente invisibilizadas, desde una experiencia de interlocución ética que permite acceder a significados y experiencias vividas que impregnan las actividades cotidianas del grupo. El trabajo propone ir más allá de las trayectorias individuales, llegando a los entrelazamientos entre subjetividades y contextos sociales que estructuran las prácticas colectivas de organización popular. En otras palabras: la experiencia no es vista apenas como un “caso”, sino como una entrada analítica potente para comprender el modo en que las mujeres en situación de vulnerabilidad construyen formas de pertenencia y autonomía material y simbólica, incluso a veces en conflicto con los modelos tradicionales de economía solidaria.
Maria de Lourdes Borges, Fernanda Veadrigo Irber, Camile Rosa de Souza y Grayce de Castro Couri presentan “Memórias do protagonismo feminino em uma cooperativa de reciclagem”. A partir del reconocimiento y legitimación recíproca de los conocimientos y experiencias las protagonistas -muchas veces oprimidas por una racionalidad eurocéntrica- , las mujeres -mediante los principios de autogestión, democracia, igualdad y participación- encuentran un camino hacia el empoderamiento dentro de la sociedad. En un contexto social que ofrece menores oportunidades de progreso profesional para las mujeres -lo que facilita la prevalencia de problemas psicológicos y emocionales- la cooperativa se constituye como un espacio de afecto y reciprocidad, protector de la salud mental y fortalecimiento de la autoestima, permitiéndoles desarrollarse económicamente, reivindicar su lugar en la sociedad como agentes de transformación social y constituirse como “sujetos epistémicos”.
Ilana Reck y Delia Ramírez desarrollan el texto “El día menos capitalista. La Feria provincial de semillas nativas y criollas organizada por el Movimiento semillero de Misiones”, donde describen un evento bianual en el que participan fundamentalmente productores/as familiares de base campesina para intercambiar semillas y resguardar su producción, y se presentan como “movimiento semillero”. Esta iniciativa funciona como una red colaborativa, pero también militante que entiende la importancia de la semilla en términos materiales, culturales y políticos para la sobrevivencia y la soberanía de los pueblos. El movimiento y la Feria reconocen sus orígenes en un nutrido y heterogéneo conjunto de organizaciones sociales, estatales y religiosas, inscribiéndose actualmente en la Semana Continental de las semillas propuesta por el Movimiento Agroecológico de Latinoamérica y el Caribe (MAELA). Se trata de un espacio de visibilidad de los conflictos sociales, que implica no solo conservar un reservorio de conocimientos, sino también asumir una voz pública de denuncia de los daños que afectan a la soberanía y la biodiversidad, como acto político de resistencia frente al modelo del agronegocio y confrontación con las lógicas extractivas que amenaza con homogeneizar cultivos, privatizar la semilla y debilitar la soberanía alimentaria.
Melisa Erro Velazquez y Maria Celia Vittar describen los “Circuitos cortos de comercialización de carne caprina en Santiago del Estero”, a los que consideran estrategias alternativas frente a los canales comerciales organizados a partir de lógicas mercantiles y de acumulación de ganancias, gestionados por intermediarios. Se trata de una forma de comercio de productos frescos o procesados, basada en la venta directa, en la que se busca minimizar la distancia geográfica y económica entre productores y consumidores, mediante relaciones de proximidad a partir de un contacto personal y la construcción de lazos de confianza que permiten sostener un vínculo comercial a lo largo del tiempo. Si bien estos mercados constituyen espacios emblemáticos para la transmisión de la cultura y del estilo de vida local, las tendencias en los volúmenes de producción y comercialización en las últimas dos décadas resultan decrecientes, lo que está produciendo su re-emergencia como producto regional destacado para el sector turístico.
Por último, Cesar Eduardo Ramirez Barrientos reseña el Libro: “Economía, Sustentabilidad y Racionalidad Reproductiva de la Vida” de Henry Mora Jiménez y Hugo Amador Herrera Torres (Coords.), donde se destaca la incompatibilidad del crecimiento económico hegemónico actual con la reproducción de la vida, ya que “la sostenibilidad sólo puede alcanzarse si se prioriza la reproducción de la vida, digna y justa para todos”, evitando transgredir los límites biofísicos de la naturaleza y la concentración de la riqueza, y subordinando la producción y generación de excedentes a la satisfacción de necesidades. Se postula además la democratización de la tecnología y del conocimiento que hace posible la aparición de nuevas formas de relacionarse, entre ellas el cooperativismo como una alternativa hacia la sostenibilidad y cuyos principios deben estar presentes en cualquier propuesta sostenible. No obstante, se advierten los riesgos que asume el movimiento cooperativista al estar inmerso en un entorno hegemónico capitalista, que interpela su naturaleza, haciendo necesario el fortalecimiento del movimiento cooperativista y la generación de un mercado alternativo fuera de la lógica capitalista.
En todas las reflexiones se advierte una narrativa polifónica que pone de manifiesto la naturaleza compleja de las experiencias de Economía Social y Solidaria, que desarrollan capacidades de supervivencia inexorablemente anfibias durante la transición, y obligadas a moverse entre un mundo que no acaba de morir y otro que no termina de nacer.
Ante la incapacidad sistémica del capitalismo para la integración social podemos identificar respuestas colectivas basadas en la solidaridad y la reciprocidad, contrapuestas a otras crudamente competitivas y funcionales a la reproducción del capitalismo. Incluso las iniciativas solidarias enfrentan a menudo el dilema entre criterios de sostenibilidad resignadamente adaptativos o con voluntad transformadora.
Nos gustaría vincular estas reflexiones con el recuerdo de Alberto Federico-Sabaté, fallecido en 2005, impulsor de ideas y proyectos que hoy forman parte de esta Revista. Hace pocos días, recordando a “su mejor y leal amigo”, José Luis Coraggio nos decía: “Alberto era muy riguroso, responsable y apasionado con su trabajo y para mí era una fuente de seguridad y aprendizaje trabajar juntos. En el naciente Instituto del Conurbano se puso al hombro la tarea de inventar el instituto, implementamos una encuesta de economía popular en la zona y pusimos en marcha un programa de acompañamiento y capacitación a actores locales de la economía popular, del cual se hizo responsable activo con cuerpo y alma y cosechó merecidos afectos de lxs compañerxs de esas organizaciones.”
Queremos compartir un breve extracto de un texto de Alberto publicado en “Economía Social desde la periferia. Contribuciones latinoamericanas” (J. L. Coraggio, org., 2007). Notamos una gran actualidad en sus palabras, y una estrecha relación con las reflexiones que veníamos planteando.
La revolución tecnológica y organizativa del capital a escala global y bajo el predominio de la lógica del capital financiero, así como las reformas del Estado, que redujo drásticamente su papel como productor –y como empleador– de bienes públi0cos y/o de ciertos bienes y servicios considerados estratégicos, como regulador de los mercados y como programador y redistribuidor del excedente generado en las empresas, han originado una situación de crisis de reproducción de la vida de grandes masas de personas, familias y comunidades, si es que no de países completos –desempleo, subempleo, precarización laboral, pérdida de ingresos reales, degradación de la oferta de bienes públicos y calidad de vida, etc.–. (...) Ante esto, las personas han ido desarrollando respuestas reactivas que se fueron estructurando en nuevas formas de producción, para la reproducción social de la vida. Los sectores populares –los que viven de su trabajo y no del ajeno, que incluyen no sólo a los más pobres– buscaron organizarse para sobrevivir de alguna manera. (...) Nos resulta necesario aceptar que, en la actualidad, la sociedad vive tiempos de enormes transformaciones, que mucha gente –incluso los intelectuales– no logran conceptualizar hasta que se les caen encima, tanto en los aspectos de la realidad concreta como en el plano de las ideas. (...) En tanto examinamos en nuestro país, con cuidado y una mirada amplia, despojada de sectarismos y prejuicios, esta realidad hoy envolvente, se descubre que los excluidos y carenciados sobreviven, inventando centenares y centenares de soluciones parciales e improvisadas, espontáneas o no, a sus problemas. La mayor parte de ellas, predominantemente subordinadas a la satisfacción de sus necesidades y a la calidad de los vínculos socioculturales –solidaridad, cooperación, reciprocidad, confianza, ayuda mutua...–, y no a la lógica de la explotación del trabajo ajeno. (...)
Sin embargo, esa economía popular resulta ahora un conjunto inorgánico de actividades –es como un coro que crece sin dirección, dicen algunos autores–, realizadas por trabajadores, subordinadas directa o indirectamente a la lógica del capital. En estas circunstancias, lo que se propone, rescatando la experiencia democrática y popular, es organizar, programar y ejecutar una estrategia que lleve la economía popular a transformarse en un subsistema económico orgánicamente articulado, centrado en el trabajo y en el conocimiento, que se puede denominar “Economía Social y Solidaria y/o del Trabajo”. (...) No es sólo enfrentar la pobreza y la exclusión social, sino organizar un nuevo actor social, existente hoy pero desestructurado, disperso, desvalorizado. Dicha organización significaría dotar a ese actor social de nueva identidad por la creatividad, el trabajo y su reconocimiento, superando la pasividad de la espera de soluciones asistenciales: si ello fuera posible, como es evidente, se generaría una importante transformación cultural. Transformar en la tarea concreta, material, del trabajo cooperativo, el espíritu inculcado por el neoliberalismo de la competencia insana e individualista, en un nuevo sentido que afirme la solidaridad orgánica. (Extracto de “¿Es posible otra economía? El caso de las asambleas vecinales y la recuperación de empresas en la Argentina reciente”, Alberto Federico-Sabaté, 2005)
Nuestras revistas no pueden instalarse como zonas de confort cuya única contraseña de acceso sea el cumplimiento de protocolos metodológicos o convenciones gramaticales. Cumplir esos protocolos y convenciones puede ser todavía un “peaje” inevitable, pero no debemos confundir el peaje con el camino, y menos aún con el punto de llegada.
Desde el pensamiento crítico debemos facilitar el desarrollo de instrumentos conceptuales que habiliten una “minería de alternativas” en las formidables canteras de posibilidades que son las experiencias de economía popular –muchas veces sociales y solidarias– para catalizar su sesgo disfuncional, contribuyendo a la inscripción narrativa de estas prácticas –intersticiales, rizomáticas– en horizontes emancipatorios.