
Agricultura
familiar en Santiago del Estero: fuerzas productivas y relaciones
sociales de producción para la reproducción social de
tres experiencias
Agricultura familiar em Santiago del Estero: forças produtivas e relações sociais de produção para a reprodução social de três experiências
Family farming in Santiago del Estero: productive forces and social relations of production for the social reproduction of three experiences
Camila Mariana Infante[*]
Resumen: En la agricultura familiar se pueden observar distintos procesos de diferenciación interna. De acuerdo con la revisión de bibliografía especializada y la presentación de tres experiencias registradas en Santiago del Estero (Argentina) a partir de un análisis cualitativo que recupera información de encuestas y entrevistas realizadas en el trabajo de campo, el artículo propone dar cuenta cómo los diferentes modos de articulación entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción configuran distintas estrategias de reproducción social. Como principal aporte, la posibilidad de identificar dichas estrategias a partir del abordaje teórico representa una alternativa significativa para visibilizar la persistencia del sector y problematizar las posturas que insisten en su necesaria desaparición en un contexto moderno
Palabras claves: estrategias de reproducción social, fuerzas productivas, relaciones sociales de producción
Resumo: Na agricultura familiar observam-se diferentes processos de diferenciação interna. De acordo com a revisão da bibliografia especializada e a apresentação de três experiências registradas em Santiago del Estero (Argentina) com base em uma análise qualitativa que recupera informações de pesquisas e entrevistas realizadas no trabalho de campo, artigo pretende dar conta de como os diferentes modos de articulação entre forças produtivas e relações sociais de produção configuram diferentes estratégias de reprodução social. Como principal contribuição, a possibilidade de identificar essas estratégias a partir da abordagem teórica representa uma alternativa significativa para tornar visível a persistência do setor e problematizar as posições que insistem em seu necessário desaparecimento em um contexto moderno.
Palavras- claves: estratégias de reprodução social, forças produtivas, relações sociais de produção
Abstract: In family farming, different processes of internal differentiation can be observed. According to the review of specialized bibliography and the presentation of three experiences recorded in Santiago del Estero (Argentina) based on a qualitative analysis that retrieves information from surveys and interviews carried out in the field work, the article intends to account how the different modes of articulation between productive forces and social relations of production configure different strategies of social reproduction. As a main contribution, the possibility of identifying these strategies from the theoretical approach represents a significant alternative to make visible the persistence of the sector and problematize the positions that insist on its necessary disappearance in a modern context.
Keywords: social reproduction strategies, productive forces, social relations of production
Introducción
En un contexto moderno, los agricultores familiares despliegan una diversidad de prácticas y modalidades organizativas para persistir, dando lugar a distintas estrategias de reproducción social y marcados procesos de diferenciación interna. Si bien no existe un concepto univoco de agricultura familiar (AF), articulando perspectivas de diferentes autores, se puede establecer como una forma de vida y una cuestión cultural, un tipo de producción en el que la unidad doméstica y la unidad productiva están físicamente integradas, donde la agricultura es la principal ocupación y fuente de ingresos del grupo familiar, la familia aporta la parte predominante de la mano de obra, existe una mercantilización parcial de su producción, el principal objetivo es la reproducción social de la familia en condiciones dignas y es en su interior que se realiza la transmisión de valores, prácticas y experiencias (FONAF, 2006; Schiavoni, 2010; Grisa y Sabourin, 2019).
Teniendo en cuenta que el principal objetivo de la AF es su reproducción social en condiciones dignas, resulta significativo el desarrollo de marcos teóricos que permitan entender cómo los agricultores familiares se reproducen socialmente a partir de ciertas estrategias y cuáles articulaciones condicionan o favorecen su persistencia en el tiempo. Para responder esas inquietudes, el trabajo acerca algunos enfoques teóricos clásicos como el desarrollo de fuerzas productivas y relaciones sociales de producción de Marx y distintos avances sobre la noción de reproducción social. Consecuentemente, se presentan tres experiencias de AF registradas en Santiago del Estero (Argentina) con el objetivo de contrastar empíricamente el marco conceptual y aportar a la visibilidad del sector a partir de la problematización de perspectivas que insisten en su inevitable desaparición.
El artículo se estructura de la siguiente manera: en primer lugar, se presenta la estrategia metodológica. En segundo lugar, se desarrolla el marco conceptual que permite introducir la complejidad del problema. Posteriormente, se presentan las tres experiencias de AF a través de una rápida aproximación al territorio y una caracterización general de sus estructuras productivas. Una cuarta instancia está orientada a describir las distintas estrategias de reproducción social de las experiencias según las categorías elegidas para interpretar las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Finalmente, se destina un espacio de reflexión acerca de la riqueza que tiene la noción de las estrategias de reproducción social para entender la persistencia de la AF y para problematizar las posturas que insisten en la desaparición del sector como consecuencia de la modernidad y el desarrollo de fuerzas productivas, la tecnificación y la industrialización.
Estrategia metodológica
El artículo es una construcción surgida de los resultados de la tesis doctoral de la autora sobre tipos de agricultores familiares y estilos de producción. El trabajo realiza un análisis cualitativo de tres experiencias de AF radicadas en el área de riego de la provincia de Santiago del Estero (Argentina). La recolección de información consta de dos etapas: por un lado, la revisión bibliográfica que se orienta a recuperar los elementos centrales del pensamiento marxista sobre el desarrollo de fuerzas productivas, la configuración de relaciones sociales de producción y los principales avances conceptuales sobre las estrategias de reproducción social. Por otro lado, la recuperación de información obtenida de encuestas y entrevistas en profundidad resultantes del trabajo de campo de la tesis doctoral en los años 2021 y 2022 que permite conocer las estructuras productivas y captar la subjetividad de los actores.
Las encuestas trataron de indagar sobre la estructura demográfica de las familias, la capacidad productiva -cantidad de hectáreas cultivadas, tecnologías utilizadas y composición de mano de obra- y la estructura de ingresos. Por su parte, las entrevistas estuvieron orientadas a conocer en profundidad la modalidad de organización familiar en las explotaciones, los mercados en los que participan y la configuración de redes institucionales.
Posteriormente, se construyeron categorías analíticas para explicar las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción presentes en cada experiencia. La categoría elegida para interpretar las fuerzas productivas es la capacidad productiva de la familia y las dimensiones representativas de las relaciones sociales de producción son la organización de la producción, los procesos de mercantilización y la constitución de redes institucionales. El análisis de esas categorías permitió identificar articulaciones disimiles entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción en las experiencias, dando lugar a diferentes estrategias de reproducción social.
La combinación de ambas etapas metodológicas facilita, por un lado, la recuperación de lectura clásica para comprender problemáticas actuales y, por otro lado, la vinculación de teoría y práctica -a través del trabajo de campo- para contrastar con la realidad de los actores. Este esfuerzo implica profundizar acerca de las distintas formas de organización y lógicas de la AF a partir del conocimiento exhaustivo de algunas experiencias, dando lugar a nuevas perspectivas analíticas para el entendimiento del sector.
1. El aporte de la perspectiva marxista sobre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción en la agricultura familiar
El marxismo es uno de los principales enfoques clásicos que critica al capitalismo y busca respuestas a los problemas ocasionados por ese modo de producción. Harnecker (1969) indica que, para explicar las revoluciones sociales del siglo XIX y la lucha de clases, Marx planteaba una necesaria interpretación económica de la historia, es decir, los cambios profundos en la historia no tienen su raíz en cambios ideológicos o políticos sino en cambios económicos, en cuanto a cómo producen los hombres los medios que le permiten seguir sobreviviendo. En ese sentido, si bien son importantes los elementos ideológicos y políticos por sí mismos, cobran mayor relevancia cuando interactúan dialécticamente con la dimensión de la producción y la reproducción económica.
El principal aporte de Marx en esta línea fue El Materialismo histórico, donde los elementos centrales de análisis fueron las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción. Su teoría principal consiste en entender el modo de producción de una sociedad como una unidad-equilibrio de fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, en otras palabras, como una forma en que los hombres de una determinada época producen socialmente sus medios para vivir. En esta línea, el hombre satisface sus necesidades materiales en el marco de una constante relación con la naturaleza la cual es transformada por él a través del trabajo (Dos Santos, 1986).
Las fuerzas productivas son los elementos materiales y humanos que intervienen en el proceso productivo —materias primas, técnicas de producción, herramientas, maquinarias, dinero y energía humana—. Por su parte, las relaciones sociales de producción son vinculaciones y relaciones que los trabajadores establecen entre sí y con otros que no forman parte del proceso de producción. En la teoría marxista más pura, las relaciones sociales se daban entre quienes poseían los medios de producción y quienes solamente disponían de la fuerza de trabajo, generando una brecha social cada vez más amplia entre capitalistas y obreros.
Sin embargo, el modo de producción como resultado de un equilibrium entre fuerzas productivas y relaciones sociales no siempre permanece estático, sino que puede experimentar una crisis como consecuencia de un desajuste entre esos dos elementos. Por ejemplo, ante una ampliación o desarrollo de fuerzas productivas debido al avance científico-tecnológico, las relaciones sociales de producción deben adecuarse o se produce inevitablemente un cambio del modo de producción y hasta una lucha de clases o una revolución social.
Es decir, el desarrollo de las fuerzas productivas exige la adecuación de las relaciones sociales de producción y la modalidad organizativa del trabajo. De lo contrario, para el marxismo, el modo de producción entra en una crisis que lleva a una revolución hacia la búsqueda de un nuevo modo de producción en el cual las relaciones sociales de producción estén mejor adaptadas al desarrollo de las fuerzas productivas (Dos Santos, 1986).
En la AF se observan dos cuestiones relacionadas en cierto sentido a esto. Primero, el desarrollo de las fuerzas productivas generalmente se asienta sobre el despliegue de los medios de producción y la mano de obra familiar. Segundo, existe una vinculación reciproca y natural entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, que permite ir configurando modos particulares de reproducción social y de relacionamiento con los mercados y las tecnologías; en otras palabras, un modo particular de desarrollo de fuerzas productivas implica la generación de determinadas relaciones sociales de producción, y viceversa. Entonces, no sería descabellado pensar que un cambio en las fuerzas productivas generaría una modificación en las relaciones sociales de producción o al revés.
Teniendo en cuenta esto, la AF y sus fuerzas productivas, sus relaciones sociales de producción y sus prácticas tradicionales tales como conocimientos ancestrales-tradicionales, un saber hacer moldeado por generaciones anteriores y una capacidad para desarrollar tecnologías con recursos internos, no son reconocidos en un contexto de modernización y globalización ni tienen potencialidad en ese marco (Infante y Paz, 2023). Además, revisten el carácter de obstáculo para el desarrollo y de una fuerza que se opone a la incorporación de nuevas maneras de vivir (Bula Escobar, 1994).
Sin embargo, a pesar de las posturas modernas que explican la desaparición necesaria de la AF, se podría decir que este sector sigue vigente, por ejemplo, en los distintos procesos de recampesinización (Rodríguez Sperat, 2012) y, según Infante y Paz (2023), en la construcción de circuitos agroalimentarios locales alternativos.
De alguna manera, el estudio de las estrategias de reproducción social permite asumir una mirada proactiva del agricultor familiar e identificar relaciones, articulaciones y acciones orientadas a la búsqueda de estrategias para la subsistencia y la viabilidad de los emprendimientos en un contexto moderno.
2. Las estrategias de reproducción social
El objetivo de este trabajo es dar cuenta cómo los diferentes modos de articulación entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción configuran distintas estrategias de reproducción social. Dicho de otro modo, las distintas estrategias de reproducción social en las experiencias esconden disimiles articulaciones entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. Pero, ¿qué son las estrategias de reproducción y porqué es importante posicionar el trabajo desde allí?
El abordaje de las estrategias de reproducción social ha permitido entender por qué el mundo dura y cómo se perpetua el orden social y las relaciones sociales que lo constituyen. El modo en que el mundo lo logra es a partir de estrategias que procuran la reproducción de las clases, ósea, la conservación o mejora de sus condiciones de vida y de su posición respecto de otros grupos (Bourdieu, 1988). Justamente, es a partir de esas estrategias que la AF busca reproducirse, no solo en sentido biológico, sino reproducir las condiciones de su posición social (Cowan Ros y Schneider, 2008).
Las estrategias de reproducción social son un conjunto de prácticas por medio de las cuales los individuos y las familias tienden, consciente o inconscientemente, a conservar o aumentar su patrimonio, y correlativamente a mantener o mejorar su posición en la estructura de las relaciones de clase (Bourdieu, 1988). Por su parte, Eguía (2008) las asimila como el conjunto de mecanismos desplegados por los hogares para su reproducción, para Recepter (2008) se tratan de estrategias de supervivencia, existencia y adaptativas a los contextos por parte de las familias o unidades domésticas, y, para Tonkonoff (2000), son todos los procedimientos y los comportamientos a través de los cuales los sujetos sociales reproducen sus condiciones materiales y no materiales de vida.
La AF tiene como objetivo principal la reproducción de la unidad familiar en condiciones dignas. Esa reproducción es alcanzada a partir de una conducta, un conjunto de actividades y tareas cotidianas de la familia que se organiza en un permanente equilibrio entre la obtención y el consumo de los recursos como bienes y servicios (Paz, 2005). Esa conducta permite el resultado o la síntesis de dos procesos que necesariamente deben complementarse y que actúan dialécticamente: el estilo de producción y los comportamientos de la unidad familiar (Torrado, 1980).
El estilo de producción es una herramienta conceptual-práctica que va marcando una forma particular de organizar la actividad agrícola dentro del predio, así como la relación entre los actores y los mercados y las tecnologías (Van der Ploeg, 1994; Infante y Paz, 2023). Algunos aspectos que permiten comprender con mayor facilidad las distintas formas de organizar la producción familiar son la intensificación de mano de obra familiar y las estrategias de no mercantilización -donde no está presente el factor dinero-[2] que se establecen como pilares clave sobre los cuales se apoya la estructura comercial y productiva (Infante, 2023); los procesos de artesanalidad o interacción de fuerza de trabajo, objetos de trabajo y herramientas (Van der Ploeg, 1993) y la sinergia generada entre trabajo manual y mental que permite alcanzar cierto nivel de control del trabajo agrícola.
La AF despliega estrategias para persistir y desarrollar su potencial de acuerdo con los recursos y las opciones disponibles. Se vuelve fundamental entonces descubrir cuáles son esas opciones sobre las cuales se apoya el sector para configurar sus propias estrategias de reproducción y contribuir a la diferenciación interna.
3. Breve descripción del territorio y caracterización de las tres experiencias
Las tres experiencias de AF están ubicadas en el ejido municipal de la ciudad de La Banda y pertenecen al área de riego[3] de la provincia de Santiago del Estero. Se encuentran a una distancia cercana entre ellas configurando un área de estudio ubicada a 10 km de la ciudad de La Banda y a 16 km de la ciudad de Santiago del Estero (ver Figura 1)
Figura 1. Municipalidad de La Banda. Identificación de parajes en el área de estudio. Año 2022

Fuente: Instituto de Estudios Geográficos “Dr. Guillermo Röhmeder”- Facultad de Filosofía y Letras, UNT. Diseño Ana Gabriela Aguilar (abril, 2022).
En términos generales, los criterios de selección de las experiencias fueron cuatro: 1) son unidades representativas de los resultados obtenidos en la tesis doctoral de la autora, 2) se tratan de unidades agrícolas-domésticas con una marcada presencia y organización de mano de obra familiar, 3) tienen una mínima incidencia de mano de obra asalariada, y 4) se caracterizan por un uso intensivo de recursos internos y una fuerte presencia del Estado a través de las ayudas sociales como Asignación Universal por Hijo[4] e Ingreso Familiar de Emergencia.[5]
Teniendo en cuenta que las estrategias de reproducción social se sitúan en contextos políticos, históricos y económicos específicos, al mismo tiempo que están configuradas por las trayectorias familiares y personales, las unidades de observación de este trabajo son productores que habitaron históricamente el territorio y no están relacionados con la realización de trabajos golondrinas o migratorios. Si bien no se tienen datos precisos sobre los distintos tipos de producción agrícola del área de riego, se puede decir que este estudio adquiere relevancia en una provincia como Santiago del Estero donde el 83% de las explotaciones agropecuarias son familiares (Paz, de Dios y Gutiérrez, 2014).
El tamaño promedio de las fincas de los productores es 6 hectáreas (ha), la superficie destinada a la agricultura promedio es 3,6 ha, la producción pecuaria 0,25 ha y 2 ha promedio corresponden a vegetación natural. En cuanto a la tecnología, existe una tendencia hacia el uso y reproducción de recursos internos, la construcción artesanal de instalaciones para almacenamiento, la disponibilidad de algunos medios de transporte como camionetas, motos y motocarga, y de una variedad de herramientas. Por otro lado, la diversidad de cultivos agrícolas promedio es de 15 especies, de las cuales 9 son hortalizas y el resto se distribuye entre cucurbitáceas, granos, plantas frutales y aromáticas. El stock pecuario está compuesto por 6 especies -caballos, gallinas, vacas, padrillos, chanchas y lechones- y cada familia tiene un promedio de 46 animales que representan un valor total aproximado de $118,000.[6]
La mano de obra familiar está compuesta en promedio por 4 personas representando 73% del total y el resto es mano de obra asalariada de vecinos o familiares que son contratados de forma permanente u ocasional, es decir, solo cuando la demanda de mano de obra supera la de la producción o cuando el volumen de cosecha exige mayor fuerza de trabajo. El tipo de tracción es mayoritariamente mecanizado a partir del alquiler de un tractor comunitario donado en el año 2018 por la Secretaría de Agricultura Familiar -SAF- y la siembra es generalmente a mano, salvo una de las familias que dispone de una sembradora manual para realizar esa tarea.
La estructura de ingresos se compone de un ingreso anual por venta de producción agrícola promedio de $1,376,000 y un ingreso anual por percibir ayudas sociales promedio de $114.000. En cuanto a la colocación de la mercadería, las familias comercializan en el Mercado Concentrador de frutas y hortalizas de la provincia y distintos circuitos cortos de comercialización como verdulerías, restaurantes, puestos en la calle y ventas a domicilio de bolsones.
Teniendo en cuenta la descripción promedio de las estructuras productivas, el desafío a partir de ahora es reconocer las distintas estrategias de reproducción social configuradas según el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción de cada experiencia.
4. La brecha entre la reproducción simple y la reproducción ampliada
Las entrevistas estuvieron orientadas a obtener información sobre la modalidad organizativa de los actores, los procesos de mercantilización y la constitución de redes institucionales. Esta tarea se enmarca en otra más compleja dentro del desarrollo de la tesis que fue identificar estilos de producción teniendo en cuenta las categorías de análisis surgidas de la codificación de las entrevistas, con el propósito de presentar los resultados de forma más ordenada. Las categorías analizadas en ese contexto fueron: capacidad productiva y forma de organización del trabajo, relación con los mercados, relación con las tecnologías -exógenas y endógenas-, constitución de redes institucionales y rol de la mujer en la producción y la comercialización.
El desarrollo de las dimensiones analizadas en este trabajo permite entrever una articulación determinada entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, dando lugar a la configuración de estrategias de reproducción social disimiles. Este esfuerzo intentó superar la fase descriptiva dando como resultado tres estrategias de reproducción social ascendente: reproducción simple impedida basada en la subsistencia, reproducción simple con baja capitalización y reproducción acumulada con fuerte integración a los circuitos cortos de comercialización.
4.1. Experiencia 1. Reproducción simple impedida basada en la subsistencia
Fuerzas productivas: capacidad productiva de la finca
Esta categoría fue construida sobre la base de las principales características técnico-productivas de la explotación, los ingresos principales y el stock pecuario. El grupo conviviente está compuesto por 6 personas. La mano de obra es familiar en un 70% y el resto lo constituye eventualmente algún vecino o pariente cuando la demanda de la cosecha supera la fuerza de trabajo del núcleo familiar. El tamaño total de la finca es 6 ha, de las cuales 2 ha corresponde a superficie destinada a la agricultura, 0,25 ha a la producción pecuaria y 3,75 ha a vegetación natural. El stock pecuario está representado por 67 animales con un valor total de $141.000 y no disponen de medios de transporte propios, sino que la mercadería es trasladada mediante flete.
Se puede observar un interesante despliegue de tecnologías endógenas o endotecnologías[7] como la realización artesanal de un galpón y un depósito (ver Figura 2), la reconversión de tanques de agua, tachos de combustible y cubiertas de camiones en “tachos de agua” para el lavado de la mercadería recién cosechada y el uso de carretillas en desuso para recolectar la cosecha.
Figura 2. Tecnologías endógenas utilizadas por la familia

Fuente: gentileza de la productora Nataly García. Mayo, 2021. Tramo 18, Santiago del Estero.
Las endotecnologías son instrumentos y conocimientos generados por los mismos productores en el interior de las explotaciones como consecuencia de procesos de experimentación o adaptación tecnológica (Cáceres et al., 1997). Van der Ploeg (2010) las conceptualiza bajo el término de novelties campesinas, generalmente vinculadas a las estrategias de no mercantilización y uso, movilización y reproducción de recursos internos hacia su conversión en bienes específicos (Long y Van der Ploeg, 1994). Asimismo, para Paz e Infante (2020: 6), “las novedades son creaciones que dependen del paisaje, el saber hacer, la artesanalidad y la cultura local donde el proceso productivo se encuentra enraizado”. Otras novelties observadas son el intercambio de animales entre vecinos y la histórica “recolección de semillas” destinada a obtener semillas en la finca sin necesidad de erogar nuevos gastos.
Por su parte, las tecnologías exógenas o exotecnologías son maquinarias, herramientas, insumos y conocimientos adquiridos. Por ejemplo, la vinculación de la familia y el Estado durante el periodo 2010-2020 posibilitó la inclusión de una pulverizadora, rayadora y cinceles, así como también el aprendizaje de técnicas de manejo del suelo y de producción. Generalmente, el tipo de tracción es a sangre y la siembra es a mano, por lo tanto, el alquiler del tractor solo es eventual debido al alto costo del alquiler del mismo.[8]
Esta información va marcando un estilo de producción basado en una agricultura económica (Van der Ploeg, 1994), que refleja la baja monetización o mercantilización de los procesos productivos a través de ciertas estrategias usadas para contener los costos de insumos, recursos y mano de obra. Si bien se pueden observar rasgos de agricultura económica en todas las experiencias, en esta sobresalen las diferentes formas que la familia emplea para abaratar costos, puesto que de otra forma sería muy difícil sostener su proyecto agrícola. Un ejemplo de ello es la asociación con otro productor de la zona para alquilar juntos el flete que traslada la mercadería al Mercado Concentrador.
El ingreso anual total es $654.000, del cual 82% corresponde a la venta de productos agrícolas y el resto lo componen ayudas sociales que funcionan como una fuente de ingresos complementaria para cubrir gastos de educación, de salud familiar y también de la producción.
Se trata de una lógica de producción basada en la subsistencia, que busca satisfacer las necesidades primarias de las familias a partir de la venta de la producción agrícola en un solo mercado. El ingreso anual por este tipo de venta es el menor de las tres experiencias y el ingreso anual por recibir ayudas sociales es uno de los más altos. En este sentido, se va desvelado un tipo de productor fuertemente vinculado al Estado, con un interesante stock pecuario y con una lógica productiva de tipo económica por el uso de recursos internos.
Relaciones sociales de producción: modalidad organizativa de los actores, procesos de mercantilización y constitución de redes institucionales
Esta categoría corresponde al estudio de las características socio-organizacionales de los productores (Friedman, 1978) y que, junto con las fuerzas productivas, dan lugar a las estrategias de reproducción social.
En primer lugar, se observa en la familia una estructura jerárquica clara: el padre es considerado jefe de familia, y, por lo tanto, es quien toma todas las decisiones de producción, comercialización y economía familiar, mientras que el resto de integrantes acompaña estas disposiciones a través de su tiempo y su fuerza de trabajo en los quehaceres agrícolas y domésticos. Por un lado, los varones jóvenes y adultos se ocupan del arado, la siembra y la cosecha, y, por otro lado, las mujeres jóvenes y adultas preparan las verduras cosechadas, limpian el cerco, alimentan a los animales, se encargan de trasladar la mercadería al Mercado y cumplen con las tareas de la casa y el cuidado de los niños. En este sentido, la mujer no tiene un rol protagónico en las decisiones relativas a la producción, sino que su posición se limita a acompañar y acatar las tareas que se les asignan.
En cuanto a los procesos de mercantilización, la familia sostiene una vinculación estrecha con los mercados tradicionales que se caracterizan por la presencia de varios intermediarios y exigencias impositivas, de volumen y calidad, precios y formas de pago impuestos por las autoridades. La venta en el Mercado Concentrador más grande de la provincia constituye una estrategia comercial histórica para esta experiencia, que alquila mensualmente un puesto[9] y recurre tres veces por semana. Si bien no es un espacio comercial que favorece el ahorro y los márgenes de autonomía y libertad de los productores, constituye una fuente de ingresos segura que los productores no están dispuestos a abandonar por la “seguridad” en la venta. Sin embargo, este tipo de mercado es el reflejo de un régimen socio-técnico propio del paradigma modernizador de la agricultura que impone un conjunto de regulaciones nacionales que especifican metas y prácticas necesarias para alcanzarlas, así como sistemas de control y sanciones que inciden directa o indirectamente en las prácticas de los productores (Craviotti, 2010).
Por otro lado, los circuitos cortos de comercialización son mercados alternativos caracterizados por evitar la presencia de intermediarios, disminuir la distancia sociocultural entre productores y consumidores, y estar asociados a la venta de productos frescos identificados generalmente con la producción familiar y/o local (Craviotti y Soleno Wilches, 2015; Caracciolo, 2019). Estos mecanismos mercantiles no tienen un rol protagónico en la familia debido a la falta de recursos para sostenerlos en el tiempo, sobre todo, medios de transporte propios y volúmenes de producción más grandes y continuos.
Finalmente, en referencia a la constitución de redes institucionales, estas actúan como una especie de paraguas de protección ante las limitaciones de los factores de la producción y el mercado (Rodríguez Sperat, 2012). La categoría se puede explicar a partir de la articulación de la familia con la SAF, la cual fue continua y sostenida durante el periodo 2010-2020. En ese tiempo, la familia experimentó cambios significativos en la producción a partir de la incorporación de técnicas y el mejoramiento de las condiciones de vida gracias a la venta en ferias. Sin embargo, el despido de algunos técnicos de la SAF en el 2018, sumado a la llegada de la pandemia por el coronavirus 19 y las medidas restrictivas de circulación a principios de 2020, imposibilitó la continuidad del acompañamiento institucional en la zona. Actualmente, disminuyó de forma considerable la frecuencia de visitas a campo de los técnicos de terreno y las ferias fueron clausuradas por tiempo indeterminado, lo que perjudica notablemente a los productores con este tipo de reproducción.
Desde la teoría, los diversos estilos de producción también constituyen formas de actuar, procesar las circunstancias y divisar maneras de sobrellevar la vida (Long y Long, 1992). A partir de esa perspectiva, el estilo de producción de la experiencia y su estrategia de reproducción social constituyen modos de resistencia práctica (Huter y López Castro, 2017) o espacios de resistencia (Craviotti y Pardías, 2013) enfocados en sostener un proyecto agrícola basado en una agricultura económica, atender las necesidades básicas de la unidad familiar y minimizar los riesgos de la mala cosecha.
Se trata de una experiencia con estrategias de reproducción simple impedida porque sostiene un uso intensivo de la mano de obra familiar en el predio y la venta de la producción se orienta a satisfacer necesidades primarias de vida como alimentación, educación, vivienda, vestimenta y salud. Además, existen limitaciones que dificultan el comienzo del ciclo agrícola siguiente bajo similares condiciones sociolaborales, técnicas y productivas del ciclo anterior (Llambí, 1980; Neiman, 1989; Paz, 2005).
No son productores con “falta de espíritu empresarial o emprendedor” sino que estos experimentan una serie de limitaciones a su propio desarrollo. En línea con Craviotti (2010) en este tipo de explotaciones generalmente lo social se entreteje con lo técnico, donde se genera un apego a la actividad y el sostenimiento de la tradición familiar a pesar de los contratiempos de la producción.
4.2. Experiencia 2. Reproducción simple con baja capitalización
La reproducción simple es una categoría frecuentemente utilizada para explicar las lógicas de las explotaciones que producen para uno o más mercados sin dejar de lado la producción para autoconsumo familiar. Además, son unidades que logran cubrir la reposición de los gastos relativos a la producción y lo familiar para recomenzar anualmente el ciclo productivo con la replicación de su propio modelo técnico-productivo y social (Paz, 2005).
Fuerzas productivas: capacidad productiva agrícola
La familia tiene 5 integrantes, de los cuales 2 conforman la totalidad de mano de obra de la explotación. Al igual que la anterior experiencia, el tamaño total de la finca es 6 ha, de las cuales 2 ha es superficie destinada a la agricultura, 0,25 ha corresponde a producción pecuaria y 3 ha a vegetación natural. Posee un stock pecuario de 25 animales que equivale a $64.000 y si bien no disponen de camionetas, la logística es realizada con una moto y una motocarga.
Las endotecnologías están presentes en la construcción de un galpón de cañas y tierra como instalación de almacenamiento y un corral de tarimas para los chanchos. También la familia elabora abono con restos de alfa, guano de caballos, cebada, pasto y trigo, y, en cuanto a la técnica de recolección de semillas, no se trata de una práctica realizada con frecuencia. Por su parte, la familia presenta una capitalización baja representada por la disponibilidad de una moto y una motocarga (ver Figura 3) que facilita en gran medida el traslado de la mercadería y por el alquiler eventual del tractor y la sembradora manual. Sin embargo, a pesar de la disponibilidad de diversos recursos que posibilita la cobertura de necesidades primarias, la reproducción no permite generar excedentes ni acumular capital.
Figura 3. Motocarga para trasladar la mercadería

Fuente: Gentileza de la productora Verónica Arancibio (junio, 2022). Colonia Argentina, Santiago del Estero.
El ingreso anual total equivale a $1.128.000, correspondiendo $960.000 a la venta anual de productos agrícolas y el resto a ayudas sociales. Se trata entonces de una familia con una capacidad productiva similar a la anterior experiencia en términos de extensión del lote y distribución de la superficie por actividades productivas, con menos capacidad pecuaria pero mayor consolidación en la actividad agrícola a pesar de llevar a cabo también una agricultura económica como estilo de producción.
Relaciones sociales de producción: modalidad organizativa de los actores, procesos de mercantilización y constitución de redes institucionales
La estructura jerárquica familiar es similar a la anterior, aunque la mujer tiene un rol más activo en las decisiones del cerco. La mano de obra familiar está compuesta solo por el matrimonio que se distribuye las tareas de acuerdo con las necesidades de la producción y la venta. Por su parte, ante una necesidad inmediata de acortar la cadena de intermediación para lograr mejores márgenes de ganancia sobre los productos y una variedad de recursos que lo permiten, la familia despliega otros mecanismos mercantiles además de la venta en el Mercado Concentrador: ventas a vecinos y familiares, a rotiserías, parrilladas, restaurantes y ferias. De acuerdo con Craviotti (2010: 57), todos estos espacios “conforman un abanico de diferentes grados de formalidad y confiabilidad cuya complementación aporta a disminuir el riesgo”.
Lo interesante de esta experiencia es reconocer la fidelización del cliente[10] alcanzada a partir de los precios competitivos, la amistad y la fluidez de la relación. Si bien se trata de un intercambio comercial, la experiencia se puede analizar también a partir de lo que Alcoba Dumrauf et al. (2011) llaman intercambios sociales, culturales y políticos.
Se podría decir entonces que los circuitos cortos de comercialización adquieren un rol protagónico en esta experiencia. En gran parte, esto es posible gracias al suministro continuo de mercadería y la disponibilidad de medios de transporte como moto y motocarga que facilitan la logística. La relevancia y la complejidad de estos circuitos no solo viene dada por los beneficios económicos que reportan los productores a causa de la eliminación de la intermediación, sino por los lazos sociales que se construyen con los consumidores. Desde este punto de vista, Craviotti y Soleno Wilches (2015) proponen la denominación circuitos de proximidad en referencia al acortamiento que produce el canal comercial en el sentido social y cultural, y la presencia de ciertos elementos como la confianza, el conocimiento del poder adquisitivo de la clientela y de los gustos y las preferencias que surge de la interacción directa.
En cuanto a la relación con las instituciones, no se observan grandes diferencias entre las distintas estrategias de reproducción, siendo el denominador común la vinculación con la SAF en el período 2010-2020. En este sentido, lo único que se pudo saber es que actualmente los productores no reciben un asesoramiento comercial/productivo continuo por parte de técnicos, pero la articulación y la sinergia generada en ese periodo contribuyó a la configuración de esta estrategia de reproducción social y el mejoramiento en la calidad de vida de los actores.
La diferenciación entre ambas experiencias consiste, por un lado, en el despliegue de relaciones sociales y comerciales como la diversificación de mercados que permite disminuir el riesgo y obtener mayores ingresos por venta de producción agrícola, y, por otro lado, en el desarrollo de las fuerzas productivas y las limitaciones que surgen en ese marco -como la baja capitalización-, impidiendo la generación de excedentes y una reproducción ampliada.
4.3. Experiencia 3. Reproducción acumulada con fuerte integración a los circuitos cortos de comercialización
Fuerzas productivas: capacidad productiva agrícola
La reproducción ampliada o acumulada incluye a una familia que no solamente cubre los gastos de la explotación y de la casa, sino que además es generadora de excedente utilizado para reinvertir. Se trata de una unidad productiva donde está presente la mano de obra familiar pero también la mano de obra asalariada en gran parte, y contiene una capacidad de ahorro que permite afrontar los gastos de consumo alimentario u otras necesidades básicas aún en los momentos más críticos de la temporada o el ciclo (Paz, 2005). Esta reproducción, según FONAF (2006), puede ser asimismo subdividida en reproducción ampliada con bajo nivel de capitalización y reproducción ampliada con nivel medio de capitalización. La diferencia responde al porcentaje de trabajo extrapredial presente en las unidades y la estructura de los ingresos.
La familia se compone de 4 personas y conforma 50% de la mano de obra del predio ya que el porcentaje restante lo conforman trabajadores asalariados permanentes que son contratados para las distintas actividades del cerco como preparación del suelo, desmalezamiento, arado, siembra y cosecha. El tamaño total de la finca es 8 ha correspondiendo 7,75 ha a superficie destinada a la agricultura y aproximadamente 0,25 ha a producción pecuaria. Tienen 45 animales equivalentes a un valor de $148.000 y disponen de medios de transporte que facilitan la logística como una camioneta 0 km de 4 años de antigüedad y dos motos en óptimas condiciones.
Lo atrayente de esta experiencia es que, a pesar de manifestar algunos rasgos capitalistas en sus fuerzas productivas como la presencia de 50% de mano de obra asalariada, conserva elementos relacionados a la agricultura económica, por ejemplo, la intensificación de la mano de obra familiar donde se esconde un saber hacer ganado a partir de los años de experiencia (Paz, 2017), la construcción artesanal de instalaciones y la recolección de semillas.
El artículo 5.C. de la Ley 27.118 de Reparación histórica de la agricultura familiar para la construcción de una nueva ruralidad en la Argentina, establece que “los requerimientos del trabajo son cubiertos principalmente por la mano de obra familiar y/o con aportes complementarios de asalariados” (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, 2015). Desde esta perspectiva, la experiencia puede no ser asimilada como AF ya que la mitad de la mano de obra total es externa al predio, es decir, la mano de obra asalariada no reviste de carácter complementario sino central y protagónico. Sin embargo, la familia reúne otras características asociadas al sector de la AF como las mencionadas en el párrafo anterior.
Las exotecnologías están representadas por el alquiler continuo del tractor y la sembradora manual y la disponibilidad de distintas herramientas que facilitan la producción y disminuyen el cansancio humano. También las redes sociales digitales -WhatsApp, Instagram y Facebook- contribuyeron en la visibilidad del emprendimiento. Las fotos son tomadas por una de las hijas con la cámara de su celular y poco a poco fue perfeccionando los ángulos y mejorando la calidad de las mismas. El material sirve para la difusión en las redes a partir del contenido elaborado -publicaciones en el feed e historias- y la respuesta rápida a las consultas online.
En referencia a los procesos de mercantilización, prevalece la producción agrícola con destino predominantemente comercial. Como se dijo, se trata de una familia con un desarrollo consolidado de fuerzas productivas reflejado en el alquiler continuo del tractor, la compra de una camioneta Toyota Hilux 0km en el año 2018, diversas mejoras en la vivienda y alimentación, la contratación de mano de obra fija y la incorporación de herramientas diversas para la producción. Este conjunto de elementos facilita la producción, la comercialización y, por ende, la satisfacción de las necesidades básicas y la generación de excedentes y acumulación de capital.
El ingreso anual total equivale a $2.688.000 correspondiendo el 98% -$2.628.000- a ingresos por venta de productos agrícolas y el restante 2% a ingresos por ayuda social. Esta información demuestra que la estructura general de ingresos es una variable indispensable para entrever procesos de diferenciación social entre las experiencias debido a la significativa brecha que se puede observar en la misma en relación con las otras estrategias de reproducción.
Relaciones sociales de producción: modalidad organizativa de los actores, procesos de mercantilización y constitución de redes institucionales
En la distribución de tareas agrícolas, ambos integrantes del matrimonio son considerados jefes de familia y máximas autoridades de la casa, pero hay una división clara de las tareas. Las decisiones de la producción generalmente las toma el marido, mientras que las decisiones relativas al traslado y circulación de la mercadería y el cuidado de los animales están a cargo de la mujer y las hijas. Asimismo, el mantenimiento del orden y la limpieza de la vivienda es una tarea compartida por todos los integrantes del hogar. Algo para aclarar es que el tiempo en el cerco de las hijas es variable, ya que cursan estudios terciarios y universitarios en la ciudad.
Aquí está presente un elemento diferenciador: el capital simbólico dado por la educación superior de las hijas se lleva a cabo como una práctica de ascenso social en el estudio de las estrategias de reproducción (Bourdieu, 1988). Sumado a esto, no se observa una estructura jerárquica familiar basada en la autoridad, sino un trabajo en equipo en igualdad de condiciones. Las hijas brindan su opinión sobre la siembra y la cosecha, pero sobre todo se abocan a la venta y a la difusión en redes sociales de los contenidos relativos a ofertas, puntos de venta, pedidos y días y horarios de entregas domiciliarias.
Por otro lado, la relación con los mercados visibiliza una fuerte incorporación de los circuitos cortos de comercialización. La familia no participa en el Mercado Concentrador, sino que enfoca esfuerzos en la entrega de bolsones a domicilio, puestos en la calle y entregas de pedidos semanales en rotiserías, cafeterías, verdulerías y parrilladas (ver Figura 4). En este sentido, la conformación de estos circuitos mercantiles implica además la construcción de una proximidad social y cultural entre los productores y los clientes.
Figura 4. Entregas de pedidos en un vivero privado y a domicilio

Fuente: Imágenes del Instagram del emprendimiento. Junio, 2021.
Estos tipos de mercados se vuelven claves al momento de pensar en un proyecto comercial sostenible en el tiempo ya que permiten obtener información acabada de la dinámica de la demanda que es transmitida a quienes se encargan de la organización de la producción. En este caso, las mujeres, encargadas de la venta, informan al hombre como se va presentando la demanda en relación al tipo, cantidad de producto y precio, y es él quien acomoda la producción a dicha información. En línea con esto último, Paz e Infante (2020: 8-9), afirman:
Entender los circuitos cortos de comercialización requiere incorporar al análisis de la oferta del producto su estrecha relación vis a vis con la propia lógica productiva llevada adelante por la agricultura familiar con esa capacidad de rápida adaptación a lo solicitado por la demanda.
Es importante destacar que el desenvolvimiento en circuitos cortos a lo largo del tiempo posibilitó tener un conocimiento fino sobre la dinámica social del consumo, y establecer un calendario anual que surge de la experiencia de los sujetos (Paz e Infante, 2020). Aprovechar esos contextos resulta clave para perfeccionar la producción y para ampliar los canales comerciales existentes.
En un estudio previo, Paz e Infante (2020) concluyen sobre esta experiencia dos cuestiones: 1) el conocimiento exhaustivo de la demanda en relación con el tipo, cantidad de producto y precio y la rápida comunicación con su sistema de producción también flexible va generando nuevas posibilidades, y 2) a pesar de que las estrategias comerciales no están determinadas por un plan de negocios previo o un estudio de mercado, estas se fueron construyendo en base al binomio disponibilidades-posibilidades y la capacidad de rápida respuesta y de reinventar sus lógicas.
Los elementos de diferenciación social tienen que ver no solo con la modalidad de organización del trabajo al interior de las explotaciones, sino con el capital simbólico dado por la educación de las hijas y los circuitos cortos de comercialización construidos por la familia. Este último aspecto cobra una importancia central, y de acuerdo con Craviotti (2010), un determinado nivel de integración a los mercados va marcando cierta relación con la sociedad de consumo y un cierto modo de vida.
Finalmente, la configuración de redes institucionales es similar al resto. Tal vez la única diferencia es que esta familia participa a menudo de capacitaciones dictadas por la Municipalidad de la Capital y La Banda, permitiendo la actualización de ciertas técnicas de producción y manejo de la mercadería. La participación en estas actividades resulta central para la construcción de una red social y de fuentes de información efectivas que les permite desarrollar estrategias (Jingzhong, Yihuan y Long, 2009).
La reproducción ampliada de esta experiencia está basada no solo en las relaciones sociales de producción construidas a lo largo del tiempo y que implican procesos de mercantilización directos, relación estrecha con instituciones y una sinergia establecida naturalmente en la modalidad organizativa del trabajo familiar, sino también en el desarrollo superador de las fuerzas productivas gracias a los recursos disponibles y las tecnologías empleadas.
Conclusiones finales
El artículo visibiliza la significatividad de la AF a partir del análisis de tres experiencias de Santiago del Estero que llevan adelante diferentes estrategias para asegurar su reproducción social y su persistencia en un contexto moderno. La investigación permite evidenciar que estas estrategias no son accidentales, en realidad son el resultado de una articulación determinada -muchas veces inconsciente- entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción de las unidades.
Para poder identificar esa articulación, se establecieron algunas categorías analíticas como la capacidad productiva para personificar las fuerzas productivas y la modalidad organizativa de las familias, los procesos de mercantilización y la configuración de redes institucionales para representar relaciones sociales de producción. Las dimensiones que permitieron diferenciar rápidamente las distintas estrategias de reproducción fueron la capacidad productiva y los procesos de mercantilización de los actores, generando un feedback que responde a la vinculación constante y necesaria entre producción y comercialización en la agricultura familiar. Por su parte, la tecnología utilizada, la estructura general de ingresos que tiene en cuenta los ingresos por venta de la producción agrícola y las ayudas sociales, y las dinámicas familiares que se despliegan en las decisiones del trabajo agrícola también fueron aspectos que acentuaron los procesos de diferenciación interna.
Tres son los aportes obtenidos a partir de este estudio. Primero, que en estas experiencias se refleja una fuerte intensificación de mano de obra familiar y las estrategias de reproducción se configuran de acuerdo con la articulación entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción. Esa vinculación responde a la disponibilidad de recursos de la finca y las opciones objetivas de cada familia, lo que en palabras de Paz y Jara (2020) se conoce como el juego entre disponibilidades y posibilidades.
Segundo, es necesario instalar en la agenda gubernamental la relevancia de la producción familiar en Santiago del Estero como pilar clave para la alimentación nutricional de la población local, siendo fundamental retomar el apoyo estatal a través del trabajo de organismos especializados con el fin de mejorar las estrategias de reproducción social de los actores.
En tercer lugar, el análisis realizado da cuenta de la presencia de elementos con otros matices conceptuales relacionados con la identidad rural y territorial de los sujetos, lo cual podría ayudar a entender mejor las prácticas de producción artesanal y local.
Haciendo una analogía con el trabajo de Gutiérrez (2003), si bien este trabajo también permite reconocer las limitaciones de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción de las experiencias, en realidad prioriza el análisis de lo que se tiene por sobre lo que se carece. En ese sentido, captar la riqueza de la noción de las estrategias de reproducción social permite alejarnos de aquella visión reduccionista y romántica que reduce la potencialidad de la AF e invisibiliza su capacidad de agencia.
Percibir en el trabajo de campo de la tesis doctoral que en el área de estudio había una posible diferenciación interna entre los productores motivó a pensar en las estrategias de reproducción social y sobre la base de qué elementos estas se originan y se configuran. En ese proceso se observó una evidente reproducción social de los agricultores a partir de la adopción y la utilización de recursos endógenos e instrumentos externos, pero siempre manteniendo una agricultura económica como estilo de producción. Para lograrlo, los actores desarrollan constantemente cierto grado de sensibilidad y creatividad en la captación de esos recursos lo cual permite ir construyendo un proyecto propio y único (Paz e Infante, 2020).
Es importante aclarar que las estrategias de reproducción social no son construcciones nuevas ni creadas hace poco tiempo, sino que responden a trayectorias históricas marcadas por diferentes procesos de mercantilización, capitalización e intensificación de mano de obra familiar, las cuales fueron moldeadas teniendo en cuenta la disponibilidad de recursos propios y del entorno que los rodea.
Esta perspectiva rescata la dimensión activa y protagonista de los actores, dejando de lado la mirada restringida de la reproducción estructural-material y prestando atención a los procesos mercantiles, la relación con el Estado y las dinámicas de organización familiar. La reproducción social en este trabajo no es pensada como la solución a los problemas de la AF sino como un conjunto de estrategias y prácticas orientadas a comprender el modo en que la familia sobrevive, persiste y/o se capitaliza en un contexto de modernidad y de muchas transformaciones sociales y económicas.
Interesa seguir avanzando en esta línea y pensar de qué manera algunos factores externos como el mercado capitalista y sus imperativos, la venta de fuerza de trabajo o las actividades extraprediales son determinantes en la construcción de nuevas estrategias de reproducción social en la AF. Para avanzar en ese sentido, es indispensable comprender la reproducción social como un recurso teórico y empírico capaz de visibilizar la persistencia del sector dentro del sistema capitalista vigente, y de problematizar las posturas que insisten en la desaparición de la AF como consecuencia de la modernización y el desarrollo de las fuerzas productivas, la tecnificación y la industrialización.
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Otra Economía, vol. 16, n.29, 3-22 - enero/junio 2023 - ISSN 1851-4715 - Recibido: 12/12/2022 - Aceptado: 25/05/2023
CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Infante, C. M. (2023). Agricultura familiar en Santiago del Estero: fuerzas productivas y relaciones sociales de producción para la reproducción social de tres experiencias. Otra Economía, 16(29), 3-22
* Doctoranda en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Tucumán). Instituto de Estudios para el Desarrollo Social-Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud (Universidad Nacional de Santiago del Estero-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Santiago del Estero, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8916-1526
[2] Para Infante (2023), las estrategias de no mercantilización surgen de la creatividad y la habilidad de los productores para sobrevivir ante situaciones adversas. Se tratan de recursos utilizados para resistir o neutralizar los efectos de los contextos desfavorables, permitiendo una mayor autonomía de la familia y el sostenimiento de la finca. La autora presenta algunas estrategias de este tipo vinculadas a decisiones productivas como la diversificación de la producción, el desarrollo de tecnologías endógenas, la incorporación de tecnologías exógenas y la configuración de relaciones sociales y redes institucionales orientadas a fortalecer los procesos de comercialización.
[3] Es una zona que se caracteriza por la presencia de tierras fértiles y gran capacidad de riego.
[4] Es una suma mensual que se paga por cada hijo o hija menor de 18 años cuando sus progenitores están desocupados, tienen empleos informales o son trabajadores del servicio doméstico. No hay límite para cobrarlo si el hijo o hija tiene discapacidad (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, s.f.).
[5] Destinada a trabajadores autónomos inscriptos en el régimen de monotributo (categoría A y B), monotributistas sociales, trabajadores de casas particulares y trabajadores informales (Ministerio de Economía, 2020).
[6] Todos los valores -en $- corresponden a mayo de 2021.
[7] Las endotecnologías están representadas por instalaciones construidas con recursos internos y por la siempre presente mano de obra familiar que posibilitan mantener rasgos de artesanalidad en la producción, lazos de solidaridad e intercambios y bajos niveles de mercantilización, constituyéndose como herramientas estratégicas históricas para el desarrollo de la AF (Paz e Infante, 2020).
[8] El valor del uso del tractor por hectárea cruzada en febrero de 2022 fue $6000.
[9] El valor del alquiler del puesto comercial en febrero de 2022 fue $20.600.
[10] La fidelización del cliente es el resultado de una estrategia de relacionamiento del emprendimiento/empresa con el cliente, lograda mediante la satisfacción del consumidor de los productos que adquiere y la compra continua o periódica de los mismos (Silvestre, 2013).