Proyecto Chasqui: Tecnologías digitales para el desarrollo y fortalecimiento de la producción popular

 

Proyecto Chasqui: Tecnologias digitais para o desenvolvimento e fortalecimento da produção popular

 

 Proyecto Chasqui: Digital technologies for the development and strengthening of popular production

 

 

Santiago Errecalde *

santiago.errecalde@unq.edu.ar

 

Jonathan Katz **

jkatz@proyectowow.com.ar

 

 

Resumen: El doble carácter de las plataformas como modelo de negocios e infraestructura que facilita encuentros las convierten en una de las protagonistas de los debates actuales de la economía, el trabajo y la tecnología. Estos negocios e infraestructuras de encuentro ponen en tensión las relaciones entre personas, las formas de resolver la organización del trabajo y una buena parte de nuestras prácticas de consumo reforzando y profundizando algunos de los efectos de las formas hegemónicas de hacer economía. Pero, al mismo tiempo, las plataformas presentan potenciales para dinamizar, multiplicar y escalar las estrategias de producción, comercialización, consumo y financiamiento populares. En particular, entramando en circuitos socioeconómicos que beneficien a productores/as y consumidores/as. Proyecto Chasqui (www.proyectochasqui.com ) es una plataforma de comercio electrónico para las economías social y solidaria (ESS) y popular (EP) que busca acercar las estrategias de organización de la producción, el consumo e intermediación. El presente artículo intenta esquematizar una parte de los debates en torno a la economía y el cooperativismo de plataformas. Luego se presentan algunas ideas, reflexiones y propuestas a partir de la experiencia en el desarrollo de la plataforma Chasqui.

Palabras clave: tecnologías digitales, cooperativismo de plataforma, comercialización

 

Resumo: A dupla natureza das plataformas como modelo de negócios e infraestrutura que facilita as reuniões as tornam uma das protagonistas dos debates atuais sobre economia, trabalho e tecnologia. Estes negócios e infraestruturas de encontro colocam em tensão as relações entre as pessoas, as formas de resolver a organização do trabalho e boa parte das nossas práticas de consumo, reforçando e aprofundando alguns dos efeitos das formas hegemónicas de fazer economia. Mas, ao mesmo tempo, as plataformas têm potencial para impulsionar, multiplicar e dimensionar estratégias populares de produção, comercialização, consumo e financiamento. Em particular, vinculando circuitos socioeconômicos que beneficiam produtores e consumidores. O Proyecto Chasqui (www.proyectochasqui.com ) i é uma plataforma de comércio eletrônico para economias populares, sociais e solidárias que busca aproximar as estratégias de organização de produção, consumo e intermediação. Este artigo procura delinear parte dos debates em torno da economia e do cooperativismo de plataforma. Em seguida, são apresentadas algumas ideias, reflexões e propostas baseadas na experiência no desenvolvimento da plataforma Chasqui.

Palavras-chave: Tecnologias digitais, cooperativismo de plataforma, comercialização

 

Abstract: The dual nature of platforms as a business model and infrastructure that facilitates meetings make them one of the protagonists of current debates on the economy, work and technology. These businesses and meeting infrastructures put in tension the relationships between people, the ways of solving the organization of work and a good part of our consumption practices, reinforcing and deepening some of the effects of the hegemonic ways of doing economy. But, at the same time, the platforms have the potential to boost, multiply and scale popular production, marketing, consumption and financing strategies. In particular, linking socioeconomic circuits that benefit producers and consumers. Proyecto Chasqui (www.proyectochasqui.com ) is an electronic commerce platform for popular, social and solidarity economies that seeks to bring closer the organization strategies of production, consumption and intermediation. This article tries to outline a part of the debates around the economy and platform cooperativism. Then some ideas, reflections and proposals are presented based on the experience in the development of the Chasqui platform.

Keywords: digital technologies, platform cooperativism, commercialization

 



 

Punto de partida: Economía digital. Algunas ideas para iniciar el debate

 

El acceso a Internet y su mediación con otros aspectos de la vida se multiplicó en los últimos años y resulta hoy una dimensión inevitable para el análisis de cómo producimos, intercambiamos, construimos conocimientos y tomamos decisiones. De cómo vivimos en sociedad. Y nuestro país no queda por fuera de este fenómeno. Según el INDEC (2020), en Argentina 9 de cada 10 hogares tienen acceso a Internet y 9 de cada 10 personas de 4 años o más tienen acceso a un celular.

Según Srnicek, cuando hablamos de economía digital “nos referimos a aquellos negocios que dependen cada vez más de la tecnología de la información, datos e Internet para sus modelos de negocios” (2018: 12). Es decir, infraestructuras que permiten y dependen de la construcción de información representada en datos digitales (con el sistema binario de 0 y 1) de manera interconectada en múltiples dispositivos (que logran crear, conservar e interpretar ese tipo de datos).

Esos datos son la materia prima y la mercancía de la Revolución Digital: el proceso rápido de adopción de las tecnologías digitales como forma de dominar las condiciones en las que se desarrolla nuestra vida (Paz, 2021: 8). Y esa revolución, como indica Srnicek, se está convirtiendo en modelo hegemónico: “las ciudades tienen que volverse inteligentes, los negocios deben volverse disruptivos, los trabajadores deben ser flexibles y los gobiernos austeros y capaces” (2018: 13).

Pero esa revolución hay que entenderla en su marco: las dinámicas de acumulación del sistema capitalista. Incluso, siguiendo Srnicek (idem), situada en la crisis del modelo industrial manufacturero de la posguerra. Lo que implica pensar las asimetrías de poder, recursos y conocimientos; los procesos crecientes de mercantilización y financiarización; la contradicción capital-vida. Como lo indica Antunes (2020: 14):

 

Fue a partir de la crisis estructural surgida a inicios de 1970 (Mészáros, 2002 y Chesnais, 1996) – y que se intensificó a partir de 2008- que los capitales desencadenaron un vasto proceso de reestructuración productiva que se tradujo en formas de acumulación flexible (...) El resultado de este proceso puede observarse en todas partes: precarización ampliada y multiforme, de la cual las principales víctimas son los trabajadores y las trabajadoras.

 

El proceso globalizador de fragmentación, deslocalización, informatización y financiarización de la producción cambió las formas de inserción de nuestro país en el mercado mundial convirtiéndose, entre otras cosas, en una nueva forma de transferencia de recursos de la periferia al centro.

Estos procesos junto a la construcción de una infraestructura de dispositivos (y miles de millones de personas) interconectados en internet permitió la emergencia de un nuevo modelo de negocios: la economía de plataformas.

 

1. Economía de plataformas

 

Según Srnicek las plataformas tienen un doble carácter: por un lado, son un nuevo modelo de negocios y empresas y, por el otro, “son infraestructuras digitales que permiten que dos o más grupos interactúen” (2018: 45). Este doble carácter las convierte en la más eficiente y poderosa forma de extracción y uso de la materia prima de la economía digital: el dato.

Las plataformas, al posicionarse “como intermediarias que reúnen diferentes usuarios: clientes, anunciantes, proveedores de servicios, productores, distribuidores e incluso objetos físicos” (Srnicek, 2018: 45) se posicionan a sí mismas y son el espacio donde se generan los datos. Por lo tanto, mantienen privilegios para el registro y uso de la información de esos diferentes usuarios. Y en ese posicionamiento, las plataformas digitales, “producen y dependen del ‘efecto de red’: mientras más numerosos sean los usuarios de esa plataforma, más valiosa se vuelve esa plataforma para los demás” (Srnicek, 2018:  46).

Hoy, el mundo de las plataformas digitales, se encuentra dominado por un puñado de empresas que pueden actuar en cualquier lugar donde haya conexión a internet. Son diseñadas para esas diferentes personas usuarias que aportan y pueden ser caracterizadas a partir de sus datos. Su uso genera más datos, usuarios y usuarias, dependencia y concentración.

Srnicek (2018: 50-83) plantea la existencia de 5 tipos de plataformas: publicitarias, de la nube, industriales, de productos y austeras. Las publicitarias son el tipo más visible para quienes usamos las plataformas como consumidores, y son las que vienen impulsando muchos de los cambios en tecnologías digitales y dispositivos recientes. Dentro de este tipo podemos ubicar las que solemos llamar redes sociales. Pero es en las plataformas austeras donde encontramos un modelo de negocios que propone relaciones sociales más empobrecidas.

 

1.1. Sobre las plataformas austeras, la problemática del trabajo y los modelos de desarrollo

 

Las plataformas austeras con una pequeña infraestructura propia (principalmente su software) establecen negocios con grandes niveles de rentabilidad en la que se pueden encontrar usuarios/as, clientes y trabajadores/as. El más conocido es Uber: “la empresa de taxis más grande del mundo” que “no es propietaria de ninguno” (Goodwin, 2015 en Srnicek, 2018).

Esa descripción seguramente les resulte parecida: Uber ofrece viajes mediados por la plataforma y conecta trabajadores y trabajadoras que ponen sus autos, pagan los gastos y no son empleados de la compañía con usuarios que quieren viajar, pero tampoco son clientes de la compañía. Como lo indica Antunes (2020: 17):

 

Uber es otro ejemplo más que emblemático: trabajadores y trabajadoras dotados de sus propios instrumentos de trabajo (autos) deben hacerse cargo de los gastos de seguro, manutención, alimentación, etc. Mientras tanto la “aplicación”, en realidad una corporación global que practica el trabajo ocasional e intermitente, se apropia del sobretrabajo generado por los servicios de los choferes, sin preocuparse por las obligaciones laborales. (...) el trabajador o la trabajadora de Uber no puede rechazar ningún trabajo. Si así lo hiciera quedará descartado definitivamente.

 

Además, estas plataformas subcontratan a otros/as trabajadores/as que hacen, por ejemplo, el mantenimiento de la plataforma. Así, estos modelos establecen formas empobrecidas de relaciones con quienes utilizan el servicio, quienes lo ofrecen (trabajan en la plataforma como forma de vincularse con los y las clientes) y quienes trabajan para la propia plataforma (trabajadores/as freelancers, autónomos/independientes, muchas veces contratados para una tarea u obra).

Collins (1990) sugiere que no hay otra motivación para la externalización de la fuerza de trabajo que la reducción de costos y la posibilidad de evitar el cumplimiento con los derechos protectores del empleo. Subraya que la fórmula contractual entre el empleador y quien realiza el trabajo, determina cómo se distribuyen los riesgos entre las partes para la realización de la tarea productiva. En los contratos por tiempo de servicio los riesgos los corre el empleador y en contratos que son por realización de tareas, estos se transfieren al trabajador.

Sobre el mismo modelo de negocios, se expanden otros servicios que vimos crecer exponencialmente en los últimos años: las plataformas de delivery.

En estos casos, cabe destacar que logran dar una respuesta rápida a un problema que habíamos indicado: la baja en los niveles de empleo y las problemáticas asociadas a los ingresos de las personas y las familias. Es decir, logran captar a trabajadores y trabajadoras sin empleo o con necesidad de obtener más ingresos para ofrecer su fuerza de trabajo sin derechos (sociales, sindicales) y a un bajo costo. Así, se expanden “explosivamente por todo el mundo son los precarios, los intermitentes globales, los superfluos que corroboran las tesis de la precarización estructural del trabajo” (Antunes, 2020: 16).

Pero también logran a captar a bajo costo[1] el trabajo intensivo en conocimiento. Esto presenta, al menos, 4 dimensiones intervinculadas que resultan interesantes pensar en este artículo:

 

 

Como indican Robert y Baum (2020):

 

Argentina entró en la gran fábrica global de tecnología a través del “outsourcing” y el “offshoring”, es decir, subcontratación y deslocalización de la producción (...). Esto profundiza un modelo exportador que garantiza a clientes globales previsibilidad en los proyectos de desarrollo y calificación y calidad de recursos humanos a bajo costo. Pero no genera espacios para la apropiación local de los conocimientos y las rentas de innovación que las capacidades y competencias argentinas contribuyen a formar.

 

2. Cooperativismo de plataforma

 

A partir de una visión crítica de la Economía de plataformas (en particular de las descritas en el apartado anterior como plataformas austeras), Trebor Scholz propone pensar en Cooperativismo de Plataforma. Una de sus principales hipótesis es que una plataforma es “un ambiente en el cual los intermediarios extractivos o cooperativos ofrecen sus servicios o contenidos” (Scholz, 2016: 32-33). Es decir, que la plataforma podría tener una lógica y dinámica de funcionamiento diferente a la acumulación del capital (y las relaciones sociales que se establecen en ese marco) que implica romper con el determinismo tecnologicista y tratarlo como “un modo de pensar” que “describe cambios tecnológicos, culturales, políticos y sociales”.

El cooperativismo de plataforma consta de tres partes: i) “clonar el corazón tecnológico” apropiándose de las tecnologías de las plataformas pero bajo control y valores democráticos proponiendo “cambio estructural, un cambio de propiedad”; ii) esa propiedad puede ser de “sindicatos ingeniosos, ciudades y otras formas diversas cooperativas” bajo control de sus trabajadores o “produsuarias”; y iii) ese cambio de propiedad y forma de gestión debe llevar a la “reformulación de conceptos como la innovación  y la eficiencia” (Scholz, 2016: 32).

Una de las claves de la propuesta de Scholz (2016: 47) está en la idea de construir un ecosistema cooperativo apoyado en una propuesta política: “Las cooperativas de plataforma dependen de otras cooperativas, sistemas de financiamiento, ingenieras de software, abogadas, trabajadoras y diseñadoras. Las alianzas entre cooperativas son esenciales”.

En esa línea, propone una serie de mecanismos y factores necesarios para el fortalecimiento de ese ecosistema: financiamiento, bienes comunes, hardware y software libres, construcción de confianza, gobierno democrático, solidaridad, formación y educación.

En síntesis, propone, por un lado, la adopción y redefinición del movimiento cooperativo (y otros actores de la ESS, la EP, les trabajadores organizades y los gobiernos) del modelo de las plataformas digitales y, por el otro, impulsar este tipo de infraestructuras para generar cambios económicos, políticos y sociales:

 

El cooperativismo de plataforma puede dinamizar una economía de intercambio genuino, la economía solidaria. No va a poner remedio a los efectos corrosivos del capitalismo, sino que puede mostrar que el trabajo, para la experiencia humana, puede ser dignificante en lugar de desvalorizador (Scholz, 2016: 58).

 

3. Plataformas y software libre

 

En los orígenes de la informática, allá por los años cincuenta del siglo pasado, el desarrollo del software era fundamentalmente colaborativo. En su mayoría era desarrollado por académicos y grupos de investigación que lo distribuían para que el código pueda ser modificado y mejorado.

Esto cambió a finales de los años setenta, cuando los fabricantes de computadoras comenzaron a cobrar mediante licencias de uso del software.

El movimiento del software libre surge en los años 80 ante el avance del software privativo. La existencia de este movimiento y la cantidad de programas informáticos que se crearon bajo las licencias de software libre fueron fundamentales para el crecimiento de Internet.

Facebook se construyó sobre software libre, al igual que gran parte de Internet, utilizando la infraestructura conocida como LAMP. Sistema operativo GNU/Linux, servidor web Apache, intérprete de programación PHP y base de datos MySQL. Todo software libre.

En la actualidad, Microsoft, Google y Facebook, son los más grandes aportantes al desarrollo de software libre. Tom Occhino (2017), jefe del equipo de desarrollo de React (software libre con el que se desarrollan interfaces de usuarios, lo que vemos cuando entramos, por ejemplo, a Instagram), define en dos motivaciones la apuesta de las grandes coorporaciones por el software libre:

 

En primer lugar, hay un procedimiento para liberar el software que obliga a los programadores a mejorar la documentación y separar la tecnología de la infraestructura. Esto permite que el software pueda ser encapsulado y funcionar en otro sistema de forma independiente. Por el otro, al publicarse es la misma comunidad la que hace mejoras al software. Aparte de sacar provecho de estas mejoras, les permite identificar a quienes las realizan para sumar a su plantel.

 

Como lo indica Scholz (2016), el cooperativismo de plataforma está y debe seguir desarrollado en software libre. Pero esto no es una ruptura, es la confirmación de la tendencia con la que se desarrolla toda la industria del software y el Internet. La economía digital, en general, y las plataformas, en particular, corren sobre software libre.

El movimiento del software libre y la comunidad de desarrollo es fuerte e impulsa el desarrollo de Internet, nuevos conocimientos y nuevas aplicaciones tecnológicas. Argentina no es la excepción. Una de las expresiones de ese movimiento son las cooperativas nucleadas en la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento (FACTTIC).

 

4. Proyecto Chasqui

 

Chasqui es una plataforma de comercialización para las economías popular, social y solidaria. El diseño, desarrollo y despliegue de la plataforma es liderado por la Universidad Nacional de Quilmes junto a organizaciones de producción, consumo, comercialización, desarrollo de software y comunicación y con la participación de otras universidades e instituciones del sistema científico técnico.

El proyecto se desarrolló con mecanismos participativos que permitieron detectar las problemáticas a abordar, pensar estrategias de resolución y construir diferentes mecanismos articulados de financiamiento y trabajo para ponerla en funcionamiento. Por eso decimos que Chasqui se trata de un co-desarrollo entre diferentes actores de la producción y el consumo popular.

La plataforma se organiza en tres partes: el panel de administración, el multi catálogo y las tiendas digitales. El panel de administración permite a quienes venden administrar los catálogos, hacer el seguimiento de los pedidos, enviar comunicaciones a les compradores y configurar la tienda. El multi catálogo (www.tiendaschasqui.ar) que permite ver todas las Tiendas creadas en la plataforma. Y las tiendas digitales que permiten ver los productos, las organizaciones productoras, las zonas de entrega, puntos de retiro y concretar los pedidos (ver figura 1).

Figura 1. Pantallas, de izquierda a derecha, de la Tienda de Mercado Territorial, la multitienda y el panel de administración




Fuente: Elaboración propia en base a capturas de pantalla de Chasqui.

Entre otras características, Chasqui permite utilizar 3 formas de compra/venta (individual, en grupos y construyendo nodos de consumo solidario) que combinadas con las dos formas de envío (zonas de entrega y puntos de retiro, ambas georeferenciadas y visibles en mapas en las tiendas) dan cuenta de una amplia variedad de modalidades de comercialización y organización del consumo de la ESS y la EP.

Además, brinda la posibilidad de tener información sobre las organizaciones productoras, las propuestas de comercialización y navegar los catálogos a partir de una serie de sellos que indican características de los productos, los procesos de producción y los sistemas de organización.

 

4.1. Origen y principales antecedentes

 

El antecedente inmediato es el trabajo que viene desarrollando el Proyecto Construyendo Redes Emprendedoras en Economía Social y Solidaria (CREES) en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

El CREES se inicia en el año 2006 como proyecto de voluntariado universitario con el objetivo de participar de los procesos de formación, organización política y visibilización de las organizaciones que trabajaban en Quilmes, Varela y Berazategui vinculadas a las políticas de microcrédito, producción popular y comercialización (Arnaiz, et al. 2011; Pastore, 2014). Al mismo tiempo, se empieza a ofertar la materia “Teoría y Práctica en Economía Social y Solidaria” como espacio de integración entre las acciones de extensión, docencia y enseñanza y que permitía avanzar en el reconocimiento y sistematización de experiencias (Pastore, 2019).

Actualmente, el CREES tiene su anclaje institucional en el Observatorio de la Economía Social y Solidaria[2] del Departamento de Economía y Administración de la UNQ y articula y proyecta acciones estratégicas de formación, investigación, extensión e incubación.

Hay dos cuestiones que queremos destacar de ese trayecto para pensar Chasqui. La primera, son las iniciativas de comercialización y visualización en el periodo 2006-2014. En particular las Ferias articuladas a eventos y con la puesta en funcionamiento de una moneda social y un sistema de crédito solidario (Arnaiz, et al; 2017). El segundo, es la creación en el 2013 del Programa Universitario de Incubación Social (PUIS)[3]. En el PUIS se determinan objetivos estratégicos a partir de los cuales se convoca a la presentación de Incubadoras Universitarias en ESS. Las incubadoras, son espacios multiactorales e interdisciplinares de trabajo para el desarrollo y fortalecimiento de esos procesos estratégicos en clave de innovación social y valorización económica (Daga, et al; 2017). Uno de los ejes estratégicos de trabajo son los procesos de venta y organización del consumo.

En el marco del PUIS se lograron dinamizar múltiples procesos de comercialización, comunicación y desarrollo tecnológico con participación de diversos actores articulando con estrategias de investigación, extensión y formación. En ese marco, uno de los resultados más destacados es la incubación de circuitos socioeconómicos alimentarios que integran la producción, distribución y consumo a través de diferentes dispositivos de venta minorista, mayorista y de organización comunitaria del consumo (Cardozo, et al, 2021).

En particular en la Incubadora de Transformación Digital (ITD)[4] y en articulación con las de Diseño y Comunicación y Economía, Mercados y Finanzas se comenzó con los procesos de diseño y desarrollo compartido de Chasqui.

Esos procesos implicaron estrategias de análisis y caracterización de modalidades de comercialización de la ESS y la EP; investigar tecnologías existentes que pudiesen adaptarse a las funcionalidades detectadas; desarrollar las primeras versiones del software y realizar pruebas de uso[5] hasta poner en línea una primera plataforma en producción[6] en mayo de 2020 con 4 tiendas digitales.

La implementación en producción de la plataforma, cabe destacar, se hizo en el marco de las restricciones a la circulación de personas por la pandemia del COVID-19. Esta situación aceleró la puesta en funcionamiento de la tecnología para colaborar en el sostenimiento de las experiencias de comercialización y consumo que debieron modificar sus prácticas en el marco del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio decretado por el Gobierno Nacional como medida de cuidado en el marco de la emergencia sanitaria (BORA, 2020).[7]

Para lograr el diseño, desarrollo y puesta en funcionamiento de la plataforma se construyó una red de actores y se articularon diferentes fuentes de financiamiento. Respecto al financiamiento, cabe mencionar el sostenimiento del proceso estratégico por parte de la UNQ y la obtención de fondos públicos orientados a la investigación, la asistencia técnica y el desarrollo (del software, la plataforma y las tiendas digitales).

Hasta el momento, el financiamiento público y el esfuerzo compartido con los actores participantes del desarrollo y usuarios de Chasqui son clave para su sostenimiento.

 

4.2. Estado actual

 

A partir de junio de 2020 comenzó una etapa de despliegue de la plataforma con la inclusión de la Cooperativa Proyecto Wow[8] a la red de Chasqui para realizar el mantenimiento, mejora del software y participar del fortalecimiento del proyecto. Así, en diciembre de 2020 contábamos con la plataforma, una aplicación para celulares, 12 Tiendas Virtuales y cerca de 3 mil personas registradas como usuarias.

Durante 2021 se trabajaron en 4 procesos paralelos: el fortalecimiento de la plataforma, el desarrollo de habilidades para la comercialización digital, la incorporación de nuevas tiendas y el co-diseño de nuevas perspectivas de desarrollo. Finalmente, en marzo de 2022 se puso en funcionamiento una versión del software (Chasqui 2.0) con nuevas funcionalidades, más velocidad y mejores condiciones de infraestructura tecnológica.

Respecto al fortalecimiento de la plataforma se pueden indicar tres aspectos: mejoras en el rendimiento, funcionalidades y estabilidad del software; el fortalecimiento de la red de actores (incorporando nuevas organizaciones e instituciones en diferentes ámbitos del trabajo: socios en proyectos, vendedoras, promotoras); y las mejoras en el soporte y acompañamiento.

Pero fortalecer la plataforma implica además mejorar las capacidades, habilidades y estrategias de las organizaciones (y personas). En particular, las vinculadas al uso de tecnologías digitales (incluyendo la plataforma Chasqui, pero no sólo), los procesos de administración y la gestión y desarrollo de mercados y/o canales de comercialización.

Ese mejoramiento de capacidades, habilidades y estrategias implican un esfuerzo de aprendizaje al comenzar con el uso de la plataforma (de quienes venden y de quienes venimos trabajando en el desarrollo de la propuesta) pero se profundiza en el proceso. Es decir, el uso de la plataforma lleva a observar (y solicitar) nuevas o mejores capacidades, habilidades y estrategias. Que la plataforma o el software esté disponible no garantiza su uso o apropiación. Ese desafío queda en manos de una nueva estructura de soporte que ya no sólo acompaña la inclusión en la plataforma, sino que debe detectar esas nuevas demandas, re construirlas en propuestas que se puedan colectivizar y tratar de dinamizar esas iniciativas de enseñanza-aprendizaje y, en los casos que sea necesario, mejoras en el software o desarrollo de nuevas funcionalidades.

En ese marco, el trabajo desarrollado con esta perspectiva en proyectos con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y los Ministerios de Trabajo, Ciencias y Tecnología y Desarrollo Social[9] para la incorporación de nuevas tiendas, procesos de formación y mejoramiento de las funcionalidades de la plataforma y las capacidades del soporte.

Estos financiamientos articulados en la estrategia general en el marco de la ITD permiten contar en septiembre de 2022 con más de 50 tiendas de 10 provincias, 494 productores y 3674 productos cargados en la plataforma y más de 6.000 personas registradas como consumidoras. Entre enero y septiembre de 2022 se procesaron a través de Chasqui más de 25.000 pedidos.

 

Perspectivas y convocatoria

 

En Chasqui convergen (o se intenta que converjan) las respuestas que se vienen desarrollando desde la ESS y la EP a las problemáticas del mundo de trabajo, financiero y ambiental (Pastore, 2010) con el potencial de las plataformas digitales.

Estos procesos implican determinar objetivos estratégicos en donde hibridar recursos económicos (no sólo financieros) de diferentes orígenes (estado, trabajo voluntario o ad honorem, compra-venta) construyendo una red multiactoral de respaldo y potenciación de la plataforma. Dentro de esa red, un lugar destacado lo tienen las instituciones del sistema científico-tecnológico.

La plataforma debería lograr mejorar las condiciones en la que quienes producen, comercializan y consumen se vinculan en la construcción de circuitos socioeconómicos. Los circuitos socioeconómicos (Pastore, 2019) son, al mismo tiempo, una forma de caracterizar tramas territoriales existentes, planificar acciones en el campo de la ESS y proponer políticas públicas.

Los socioeconómicos, en términos de Pastore (2019: 44) son un tipo de circuito económico específico cuyas “finalidades, actores, relaciones y territorialidad ´encastran´ lo económico en función de las necesidades sociales” favoreciendo a organizaciones de productores/as y consumidores/as que se vinculan en tramas de trabajo de “entidades y actores locales, entre las cuales se incluyen en lugar importante las organizaciones económicas en manos de los trabajadores y las comunidades”.

Como pudimos observar, el crecimiento (sostenimiento, fortalecimiento y promoción) de este tipo de plataformas depende de tres cuestiones que quisiéramos destacar:

 

 

Chasqui es hoy una realidad. Pero también es proyecto. Construir una plataforma para la EP y la ESS implica además de consolidar la infraestructura para que se conecten dos o más grupos, construir un modelo de negocio con mecanismos de gestión democrática que logre vincularse a otras iniciativas que convergen en el objetivo de fortalecer y construir otras formas de producir, comercializar y consumir.

 

Referencias bibliográficas

 

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Otra Economía, vol. 15, n.28, 98-109   -   julio/diciembre 2022     -    ISSN 1851-4715   -    Recibido: 30/06/2022  -   Aceptado: 19/11/2022

 

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Errecalde, S., y Katz, J.. (2022). Proyecto Chasqui: Tecnologías digitales para el desarrollo y fortalecimiento de la producción popular. Otra Economía, 15(28), 98-109

 

*  Docente y extensionista de la Universidad Nacional de Quilmes. Director de la Incubadora Universitaria en Economía Social y Solidaria de Transformación Digital. Integrante del equipo de desarrollo de la Plataforma Chasqui. Integrante del Observatorio de la Economía Social y Solidaria.Adrogue, Argentina.

** Integrante de Cooperativa Proyecto Wow y de la Plataforma Clementina. Síndico de la Federación de Coperativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Coordinador de la Incubadora Universitaria en Economía Social y Solidaria de Transformación Digital de la Universidad Nacional de Quilmes. Integrante del equipo de desarrollo de la Plataforma Chasqui. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

 

[1] El pago de la hora vinculada a las tareas de programación, desarrollo, soporte y otras actividades vinculadas a la economía digital en Argentina resultan más económicas que otros mercados y, al mismo tiempo, un muy buen ingreso para los y las trabajadores de nuestro país.

[2] El Observatorio fue creado por la Resolución del Consejo Departamental 072/13 y renovado por la 064/18. Para más información: http://observatorioess.org.ar.

[3] Creado por la Resolución del Consejo Superior de la UNQ 132/13.  Reglamento de las Incubadoras Universitarias en Economía Social y Solidaria establecido en la Resolución del Consejo Superior 263/14. Para conocer más sobre la propuesta de incubación se recomienda: http://observatorioess.org.ar/puis/  y Altschuler y Peletay (2019).

[4] En el periodo 2014-2020 se llamó Incubadora de Tecnologías Sociales. En la convocatoria 2021 se reformuló la propuesta tomando el nombre de IUESS de Transformación Digital.

[5] Un mayor desarrollo sobre esta etapa de Chasqui se puede ver en Altschuler, et al. (2021).

[6] En la jerga significa una plataforma usable en entornos reales (no de prueba).

[7] El decreto 297/20 del 20 de marzo de 2020 estableció la primera etapa del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que luego fue extendido por otros decretos. Las medidas primero de aislamiento y, luego, de distanciamiento se mantuvieron, con diferentes criterios, hasta agosto de 2021.

[8] Proyecto Wow (https://wow.coop.ar/ ) es una cooperativa de trabajo de desarrollo de software integrante de las Federaciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (FEDECABA) y de Tecnología, Innovación y Conocimiento (FACTTIC).

[9] En el caso del INTA, en el marco del proyecto de Investigación Aplicada “Agricultura Familiar y Mercados” y en red con la Asociación Civil Praxis. Con el Ministerio de Trabajo a partir del proyecto “Formación basada en economía del conocimiento” de la Dirección de Gestión de Programas de Formación Profesional Secretaria de Empleo. Con el Ministerio de Ciencia y Tecnología en el marco de los Proyectos Asociativos de Diseño “Chasqui. Plataforma de comercialización para la economía popular, social y solidaria” y “La Red en las Redes. Estrategias de comercio electrónico para la comercialización de productos de cooperativas y emprendimientos de inclusión sociolaboral”. En el caso del Ministerio de Desarrollo Social con el proyecto “Chasqui. Comercio electrónico para la economía popular, social y solidaria” en el marco del Programa Mercados de Cercanía de la Secretaría de Economía Social.