
Redes agroalimentarias comunitarias ¿Qué (en)traman?
Redes agroalimentares comunitárias. O que tecem/entrelaçam?
Community agro-food networks. What do they weave/hide?
Romina María Bocco [*]
Resumen: El objetivo de este artículo es analizar la cuestión de las redes agroalimentarias comunitarias a partir del estudio del caso del Corredor Ruta 5 de Córdoba (CR5). Comenzamos describiendo algunos rasgos claves del Sistema Agroalimentario Global contemporáneo para comprender la emergencia de nuevos y renovados procesos socio-organizativos en torno a los alimentos. Posteriormente examinamos el conjunto de procesos y relaciones sociales que se tejen en el corredor, centrando nuestra atención en las formas organizativas y el horizonte interior que moviliza y sustenta la red. De esta manera intentamos trazar pistas para reconocer algunas claves y argumentos que ayuden a comprender e interpretar las formas específicas de politicidad que se cultivan en estas redes y que, desde nuestra perspectiva, pueden alumbrar nuevos sentidos de transformación social en clave de soberanía alimentaria.
Palabras claves: redes agroalimentarias comunitarias, soberanía alimentaria, politicidad
Resumo: O objetivo deste artigo é analisar a questão das redes agroalimentares comunitárias a partir do estudo de caso do Corredor Ruta 5 de Córdoba (CR5). Começamos descrevendo algumas características-chave do Sistema Agroalimentar Global contemporâneo para entender o surgimento de novos e renovados processos socioorganizacionais em torno dos alimentos. Posteriormente examinamos o conjunto de processos e relações sociais que se tecem no corredor, focalizando nossa atenção nas formas organizacionais e no horizonte interno que mobiliza e sustenta a rede. Desta forma tentamos traçar pistas para reconhecer algumas chaves e argumentos que ajudam a compreender e interpretar as formas específicas de política que são cultivadas nestas redes e que, do nosso ponto de vista, podem iluminar novos significados de transformação social na chave da alimentação soberania.
Palavras- claves: Redes agroalimentares comunitárias, soberania alimentar, política
Abstract: The objective of this article is to analyze the issue of community agri-food networks based on the case study of Corridor Route 5 de Córdoba (CR5). We begin by describing some key features of the contemporary global agrifood system to understand the emergence of new and renewed socio-organizational processes around food. Later we examine the set of processes and social relations that are woven in the corridor, focusing our attention on the organizational forms and the inner horizon that mobilizes and sustains the network. In this way we try to trace clues to recognize some keys and arguments that help understand and interpret the specific forms of politics that are cultivated in these networks and that, from our perspective, can illuminate new meanings of social transformation in the key of food sovereignty.
Keywords: Community agri-food networks, food sovereignty, politics
Introducción
Los diseños y formas organizativas comunitarias tendientes a promover prácticas de producción, comercialización y consumo de alimentos alternativos representan en la actualidad un fenómeno social en franca expansión, que funcionan a contramarcha de las lógicas impuestas por el SAG imperante. En Argentina, y particularmente en la provincia de Córdoba, son numerosas las iniciativas de circuitos socioeconómicos de alimentos (Pastore, 2020) que se vienen desplegando con formas diversas de designación y organización como ferias francas, nodos de consumidores organizados, almacenes populares, cooperativas de productores y redes de compras comunitarias, entre otros.
A pesar del auge y la destacada expansión territorial, siguen subsumidas, negadas y menoscabadas por el orden simbólico que sostiene el modelo hegemónico, que se esmera por invisibilizarlas o reconocerlas como insignificantes tanto para la economía local como para la comensalidad de las personas/consumidoras que participan en estas.
En tiempos donde es urgente pensar alternativas posibles para enfrentar la problemática agroalimentaria actual, es preciso entender y aprender de los modos organizativos situados, diversos y concretos que promueven una re-comunalización alimentaria, rastreando las capacidades colectivas que despliegan y atendiendo simultáneamente a las novedades organizativas y recreaciones prácticas que producen desde abajo (Gutierrez Aguilar, 2022).
En este sentido, el texto propone examinar la cuestión específica de las redes agroalimentarias comunitarias1 a partir del análisis del caso de la red denominada Corredor Ruta 5 (CR5). Nuestro análisis se desprende de un trabajo sostenido de acompañamiento, y particularmente de algunas reflexiones surgidas como producto de un estudio que, junto a estudiantes de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba, llevamos a cabo en el año 2021 utilizando una metodología cualitativa de análisis mediante la aplicación de entrevistas en profundidad a la totalidad de los cinco nodos participantes.
Particularmente en este trabajo centraremos el eje de discusión en torno a la contrastación de los alcances prácticos -materiales y simbólicos- y el horizonte interior construido intersubjetivamente entre los actores que conforman este proceso. Para ello reflexionamos sobre la noción de proximidad geográfica y vincular, analizamos los mecanismos de autorregulación interna y exponemos algunas pistas que revelan los sentidos, valores y motivaciones que subyacen en el seno de la red. Distinguiremos las características constitutivas del corredor ahondando en las prácticas específicas, potencialidades y límites que enfrentan en la construcción de estas alternativas, así como los principales desafíos que encuentran en sus caminos. De esta manera, buscamos revelar un conjunto de claves y argumentos que ayuden a comprender e interpretar las formas específicas de politicidad que se cultivan en estas redes agroalimentarias comunitarias y que, desde nuestra perspectiva, pueden alumbrar nuevos sentidos de transformación social en clave de soberanía alimentaria.
Sistema agroalimentario actual: un modelo para (des)armar(nos)
En la evolución del Sistema Agroalimentario (SA),[2] la producción de alimentos pasó de ser una actividad artesanal, a cargo de una multiplicidad de agentes económicos de pequeña escala y pequeñas producciones mercantiles,[3] a convertirse en una gran industria, regida casi exclusivamente por relaciones de mercado[4] (Shanin, 1976), y controlada por unas pocas corporaciones alimentarias de alcance mundial.
Los procesos de globalización ocurridos con mayor velocidad desde mediados de siglo XX, han generado un dominio total de la agroindustria sobre los sistemas de producción de alimentos, principalmente en los países subordinados bajo relaciones centro-periferia (Camacho Vera, 2019). Estas lógicas engloban las dinámicas y formas de producción, distribución y consumo de alimentos, que cada vez más se integran a las estructuras mercantiles, sustituyendo su característica de satisfactores de necesidades humanas por su valor como mercancía (Oreggioni Marichal, 2019).
Los avances científicos y las innovaciones tecnológicas, han dado la posibilidad de alcanzar mercados alejados de los centros de manufactura, configurándose cadenas largas de comercialización de los alimentos. De esta manera se originan grandes redes agroalimentarias que ofrecen alimentos globalizados y con alto grado de procesamiento que se “ajustan” cada vez más a patrones occidentales, incitando a un consumo que aparentemente satisface y libera, en un fenómeno dialéctico de integración y diferenciación social, pero que, en definitiva, termina desencadenando una profunda desafección alimentaria.
Estos modelos de producción y consumo permean muchos ámbitos de la sociedad e influyen profundamente en las formas de pensar y organizar las relaciones entre humanos y no-humanos, regulando así la diversidad de todos los territorios. De esta manera se soslayan, invisibilizan y menoscaban las culturas productivas locales que eran resultado de una co-evolución con el medio ambiente y los recursos existentes (Camacho Vera, 2019).
La provincia de Córdoba es una jurisdicción referente a nivel país por su protagonismo en el modelo de agronegocios. Al igual que el resto del territorio argentino el denominado “modelo sojero de desarrollo” (Barri y Wharen, 2010) imperante en la región, trajo aparejado serias consecuencias socio-ecológicas y metabólicas territoriales, como el avance indiscriminado de la frontera agropecuaria, con altísimas tasas de deforestación y la consecuente pérdida de biodiversidad; el aumento de la desertificación y la reducción de productividad y nutrientes del suelo; una fuerte retracción de los cultivos diversificados de la agricultura familiar, con la consecuente pérdida y desterritorialización de economías regionales; la concentración de la tierra y la riqueza en manos de unos pocos (Barri, 2010); además de una descomunal producción de desechos y efluentes de alta toxicidad arrojados a la tierra y fuentes de agua. La expansión del régimen de plantación (Haraway, 2016) y la agricultura industrial, encabezada por los agronegocios transnacionales, se configuran en claras relaciones de poder desplegadas en el territorio. En definitiva, dicho sistema está diseñado para generar ganancias multimillonarias a través del despojo de la autogestión de vida por medio del control de los alimentos (Hernandez Morales, 2018).
Esta situación es grave porque los enclaves extractivos generan una mayor transferencia ecológica a costa del debilitamiento o la definitiva eliminación de los sistemas locales de producción, es decir, de las formas de reproducción de la vida a partir de estilos particulares de apropiación de la naturaleza, y una acentuada dependencia del mercado financiero internacional con potestad para aumentar unilateralmente los precios de los alimentos. Además, se configuran como dispositivo de poder que erosiona al mismo tiempo las capacidades, posibilidades y condiciones de la autonomía, de la diversidad cultural y de un entramado de relaciones de complementariedad y reciprocidad.
Las implicancias de este modelo agroalimentario dan cuenta de esta profunda desafección política y alimentaria que se expresa en el alimento, en la agricultura y en la comensalidad y que se plasma, a nivel de los individuos, en una crisis sanitaria de los cuerpos (Machado, 2020).
Procesos socio-organizativos agroalimentarios emergentes
Pese a la pretensión que tiene el SAG de subsumir todas las relaciones sociales para insertarlas en los circuitos globales de agregación de valor en distintas geografías, constantemente emergen y se actualizan luchas, movimientos sociales y resistencias en defensa de la vida que irrumpen como una especie de fisura rebelde en el interior de la frenética pulsión de muerte del capitalismo (Giraldo, 2020).
Esta creciente organización popular está siendo motivada y ha venido creciendo como resultado de las contradicciones del mismo sistema. Las argumentaciones que sustentan los movimientos son múltiples: un cansancio colectivo de las consecuencias del modelo agroindustrial de la revolución verde; en rechazo a la vulnerabilidad creada por el mismo sistema a las fluctuaciones macroeconómicas, como la devaluación, el incremento de los costos de insumos comerciales, y la caída de precios productos agrícolas; y/o por la inconformidad ante el deterioro de la salud causada por la toxicidad por los agroquímicos y el aumento de enfermedades crónicas asociadas a una dieta altamente industrializada (Giraldo, 2018). No obstante, resulta paradójico que estas sensaciones de hartazgo y cansancio, sean el motor dinamizador de las luchas y que ayuden a desatar cambios en vez de generar un desgaste que socave la capacidad de actuar (Ingrid Toro, 2021). Quizás, y como explica Giraldo (2018: 128), “la búsqueda de alternativas no surja como resultado de un rechazo colectivo directo al desarrollo o como una afrenta política contra el agronegocio capitalista, sino como un mecanismo de autoprotección”.
Independientemente de las motivaciones que rigen en el interior de esta diversidad de entramados comunitarios, se trata de re-lanzamientos de diversos y variados diseños de políticas de lo común (Gutierrez, 2017) que intentan caminar a contracorriente. A estas experiencias podemos comprenderlas como “líneas de fuga” ya que no necesariamente buscan confrontar, oponerse o cuestionar de forma directa el orden establecido, sino que se trata de una potencia afirmativa que crea otros sentidos, se escabulle y emprende un camino discreto y paulatino de transformación (Toro, 2021).
Es en el seno de esos procesos organizativos donde la soberanía alimentaria se ha convertido en uno de los principios de lucha fundamentales para disputar los territorios con el capital. Las formas en que es comprendida responde a múltiples maneras: desde un concepto normativo y un enfoque metodológico hasta una propuesta política y un movimiento social en respuesta a las fuerzas globalizadoras que están socavando activamente los derechos y el territorio (Rosset, 2008).
Estas iniciativas han comenzado a construir alternativas que moldean otras formas de vinculación con el alimento y discute el modelo agroalimentario en un sentido integral, poniendo de relieve la necesidad de amasar procesos colectivos, que incluyan a agricultores y consumidores como parte de una misma trama (Rossi, 2020). Así, en la provincia de Córdoba vienen emergiendo en la última década una serie de entramados e iniciativas territoriales que impulsan formas de comercialización alternativa, que asumen formas diversas tales como mercados populares; ferias francas; comercializadoras y almacenes populares; nodos y redes de consumo colectivas; compras comunitarias; ferias y almacenes abocados a la agroecología, cuya centralidad está en procesos participativos de parte de consumidores para potenciar este tipo de producciones (Rossi, 2021). Si bien algunos de ellos aún se mantienen en forma embrionaria, su vital importancia radica en que aparecen como intersticios que se abren en las rendijas del sistema (Toro, 2021), particularmente en una provincia regida por el modelo de agronegocio. Tal como lo describe Giraldo (2018:129):
Quizá su fortaleza resida en que no son experiencias pomposas, pero sí persistentes, y tal vez, sin saberlo, hayan estado transitando por una vía muy distinta a las relaciones sociales impuestas por el desarrollo y sus herramientas industriales para la expansión del capitalismo.
Esta trama territorial que se viene tejiendo en el territorio evidencia que no se trata sólo de una manifestación de preferencias de consumo, sino de una expresión de valores sobre el tipo de desarrollo que se proyecta para la región, y que tiene su correlato en la salud de los ecosistemas -entendiendo a las personas como parte del mismo- y el tipo de relaciones socioeconómicas que se desean en lo que hace a la alimentación. Al respecto Monachon (2017: 89) refiere:
los actores de estos movimientos perciben que no hay un único principio de transformación social, y por eso buscan nuevas formas de consumos solidarios, sustentabilidad democrática, autonomías y un nuevo internacionalismo: “hay consciencia de la necesidad de sociabilidades alternativas” que permitan por su diversidad proporcionar alternativas factibles y librarse de la mercantilización totalizante.
Tales procesos de producción y comercialización alimentaria, no sometidas plenamente a las lógicas mercantiles, coexisten de forma ambigua y contradictoria con las relaciones sociales capitalistas que les imprime marcas y características singulares. De allí la necesidad de desentrañar, comprender y problematizar críticamente estos procesos de organización social en torno a los alimentos, particularmente si aspiramos a su expansión y desarrollo territorial en clave de soberanía alimentaria.
Para muestra basta un botón: breve esbozo de los procesos socio-organizativos del CR5
Rastrear un contexto específico que permita dar cuenta del surgimiento de la experiencia, nos invita a realizar una breve genealogía de los sucesos socio-históricos y políticos que fueron sucediendo, pero también en aquellos sentidos colectivos que se fueron tejiendo y que decantaron en el encuentro de intereses y motivaciones comunes de diversos actores del territorio. Por un lado, el creciente interés de personas por consumir alimentos sanos y provenientes de productores locales, fue generando incipientes experiencias socio-organizativas locales a lo largo del territorio provincial con el fin de organizar compras comunitarias y reconocer la oferta de productores cercanos. Paralelamente, la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación (SAF) fue relevando las experiencias y desarrollando acciones de fortalecimiento de productores familiares y diversos procesos territoriales que favorecieron el acceso a alimentos provenientes de circuitos de cercanía en la región. De forma paulatina, se fueron diagramando de manera articulada entre vecinos organizados, municipios, comunas y organizaciones de la región pequeñas acciones de compra colectiva de alimentos, con el propósito de acortar el circuito entre productores y consumidores y favorecer el desarrollo de producciones regionales de pequeños productores.
A partir del año 2015, en el marco de un contexto del paulatino desmantelamiento de las políticas públicas orientadas al sector de la economía popular y específicamente de la desvinculación sistemática de equipos técnicos territoriales de la SAF -sumado a un proceso inflacionario que repercutió en el precio de los alimentos y consecuentemente del acceso de estos por parte de las familias- se fue afianzando la consolidación de procesos socio-organizativos tendientes a la conformación de circuitos socioeconómicos de alimentos regidos por la intermediación solidaria con nodos de consumo (Bocco, 2020).
Surge así el CR5, una red agroalimentaria de gestión común regida bajo el modelo de intermediación solidaria con nodos de consumo (Arnaiz, 2022), autodefinida por los propios actores como una “red de organizaciones de consumidores y productores (prosumidores)[5] que tiene como objetivo fortalecer y promover la soberanía de los pueblos y el desarrollo local a través del acceso a los alimentos sanos y de calidad” (MSA, 2016). En sus inicios, la promoción de las compras se realizó utilizando canales cotidianos –del boca en boca y entre conocidos-, pero luego, se fueron sumando otros actores (consumidores, organizaciones sociales, productores) que fueron fortaleciendo la organización del corredor e incrementando la oferta y variabilidad de alimentos ofrecidos (Bocco, 2020).
Su estructura organizativa está constituida por nodos locales desplegados a lo largo de la ruta provincial N°5 de la provincia de Córdoba –que le otorga la denominación al corredor–. Están integrados por organizaciones sociales del propio territorio, grupos de vecinos organizados para las compras de alimentos, comunas y municipios, familias interesadas en realizar esta labor, más aquellos técnicos territoriales que formaron parte de la estructura de la SAF. Se trata de una red abierta y flexible, con una composición muy dinámica, por lo que su configuración ha ido mutando a lo largo de los años desde su conformación (Bocco, 2020). Por ejemplo, en un principio, el corredor incluía un nodo de la ciudad de Córdoba, pero debido a su expansión y complejidad logística, se decidió que se constituya como circuito independiente.
Los hilos que tejen y sostienen la red
Las prácticas organizativas constituyentes –implícitas y explícitas– que despliega el CR5 tanto en su interior como aquellas que se van construyendo hacia afuera de la red, establecen una pista central para comprender los modos de organización política que se tejen en su quehacer.
Para iniciar este análisis, nos parece pertinente reflexionar acerca de la noción de proximidad, para lo cual podemos reconocer dos dimensiones analíticas. Por un lado, la proximidad territorial, que abarca al espacio físico y geográfico; y por otro la proximidad organizada, que se circunscribe al plano social y relacional. Ambas formas de identificar las proximidades están delimitadas por una dimensión territorial de los procesos de intercambio entre producción y consumo. Al respecto, Torre y Beuret describen:
[...] la proximidad territorial es el lugar de la intersección de dos categorías distintas pero interdependientes: la "proximidad geográfica" y la "proximidad organizada"; la primera se refiere a la distancia física entre dos actores, y en muchos casos promueve la aparición de la segunda categoría, que se refiere a la distancia relacional entre dichos actores (Torre y Beuret, 2012: 15).
En el enfoque de proximidad la relación productor-consumidor involucra, además de las transacciones económicas propiamente dichas, la participación del productor en esta cadena, las cualidades geográficas y ambientales del espacio productivo, el papel del consumidor como generador de demandas de productos tradicionales y alternativos, las interacciones ambivalentes de ambos (prosumidores), la dimensión territorial que abarca y el tipo de relaciones que conlleva con otros actores de la red. A esta imbricada red de relaciones se suma el rol central que asumen los intermediarios solidarios que tejen los vínculos entre productores y consumidores.
Esta interrelación compleja entre actores representan formas explícitas de interacción dentro de la proximidad organizacional, pero para que se produzcan de manera exitosa en un ámbito territorial predeterminado, requieren de condiciones mínimas de gobernanza, es decir, el proceso de articulación dinámica del conjunto de prácticas y dispositivos institucionales entre actores próximos geográficamente, para resolver un problema productivo, de consumo o bien de realizar un proyecto de desarrollo territorial (Gilly y Wallet, 2005).
Un criterio de proximidad geográfica establecido por la red es que el circuito no supere los 100 km de recorrido, con el objetivo de favorecer la producción y comercialización de cercanía. En la actualidad el CR5 está conformado por cinco nodos: Alta Gracia (NAG) y La Serranita (NLS) pertenecientes al Departamento Santa Maria, y Villa Rumipal (NVR), Santa Rosa de Calamuchita (NSRC) y Villa Ciudad Parque (NVCP), correspondientes al departamento Calamuchita. En este caso, la distancia que existe entre los nodos extremos del corredor (Alta Gracia y Villa Rumipal) es de 75 km, no superando los 16 km de distancia entre los más cercanos.
Si bien esta proximidad geográfica podría ser el motor para promover y facilitar la proximidad organizacional (Torre y Beuret, 2012) nos propusimos analizar la distancia o proximidad relacional entre los actores como una categoría también determinante del proceso. Cuando examinamos la calidad y tipo de vínculos, pudimos reconocer que los actores que componen los nodos y la red en general, se distinguen por ser principalmente extensiones de las relaciones sociales de las redes familiares, de amistad y muchas veces de vecindad, donde el vínculo de confianza parece ser el elemento aglutinante que fundamenta y sostiene este proceso. Los relatos obtenidos de las entrevistas muestran que la incorporación como nodo en este corredor se fue gestando a través de la convocatoria entre personas conocidas, y particularmente dinamizada por uno de los (ex)técnicos de la SAF, quien parece constituirse -de acuerdo a lo manifestado en las entrevistas- en el principal motor para gestar la red. Asimismo, la filiación política también apareció como un factor aglutinante y convocante, pero no necesariamente determinante para incorporarse al corredor.
Las connotaciones que tiene esta proximidad relacional no han sido indagadas en profundidad, pero las contribuciones obtenidas muestran que juega un papel ambiguo a la hora de establecer mecanismos de autorregulación interna. Si bien en algunas circunstancias estas filiaciones facilitaron la definición de reglas y viabilizaron acciones específicas, en otros generaron tensiones que no pudieron dirimirse, e inclusive desencadenaron la desvinculación de algunos actores y nodos. En tal sentido, se puede inferir que la proximidad vincular es un hecho complejo y determinante dentro de la estructura final de la red que debe ser estudiada con mayor detenimiento.
Esquema general del modelo socio-organizativo del CR5
Para analizar el tipo de estructura particular que adopta el CR5, describiremos las principales prácticas que se despliegan, como así también algunos dispositivos de regulación comunitaria, tanto intra como inter-nodos.
En relación a la organización de cada nodo, se observa que -si bien los mecanismos organizativos se deciden de manera autónoma-, necesariamente debe nuclear e incluir algunas pautas específicas derivadas de su pertenencia al corredor, como por ejemplo las fechas de los operativos, que se estructuran en torno al día de reparto de los lácteos: estos productores distribuyen el mismo día los alimentos a todos los nodos debido a que se organizan en torno a un corredor regional que optimiza la logística de entregas. La amplia autonomía que tienen en torno a las decisiones vinculadas a los alimentos y productos que ofrecen, como así también a las modalidades y logística organizativas internas que despliegan –modos de comunicación, toma de pedidos, procesos de distribución de alimentos, etc– le imprime a cada espacio características singulares y únicas, que la distingue de los restantes (Carretero, 2021) y en su conjunto le otorga una identidad heterogénea al entramado de esta red.
En relación a las acciones conjuntas inter-nodos podemos diferenciar dos planos o dimensiones analíticas. La primera está relacionada a dinámicas de autorregulación interna para la comercialización de alimentos comunes a todos –particularmente yerba, lácteos y miel–. Para llevar adelante dichas prácticas se establecieron reglas, principios y criterios rigurosos que regulan su dinámica y que –aunque no se encuentran exentas de tensiones– permiten el sostenimiento y funcionamiento de la red. Así, se distribuyen roles y se designan diferentes actores que generan las mediaciones con los productores implicados en el proceso. Estas actividades son las que insumen la mayor parte del tiempo y energía –y suelen constituirse en el nudo de los conflictos hacia el interior del corredor– dado que requieren de una coordinación y comunicación constante entre nodos.
En segundo lugar, se distinguen aquellas prácticas y estrategias que despliegan hacia afuera de la red, orientadas a disputar sentidos y promover vínculos entre las esferas de producción y consumo. En este plano se destacan los encuentros entre productores y consumidores, la generación de procesos de difusión y comunicación, entre otros, acciones que tuvieron su mayor apogeo hasta el año 2020. En ese momento la pandemia se configuró como un hito disruptor de aquellos espacios de encuentro, tanto hacia el interior de la red como de aquellas actividades de despliegue hacia los territorios. Algunos relatos de las entrevistas dan cuenta de esto:
“Si, conozco a todos los productores, tenemos vínculos (…) hasta antes de la pandemia hacíamos un encuentro entre productores y consumidores, el productor venía, pero no a vender sino a compartir su experiencia, su vida, cómo hacen sus productos y a convidarlos como una forma de cerrar el vínculo de ese consumidor que todo el año lleva su producto y no sabe quién está del otro lado”
“Hacíamos reuniones seguidas, principalmente para ponernos de acuerdo, antes de la pandemia habíamos quedado en hacer reuniones por mes en cada nodo, pero luego no se pudieron sostener”
Un primer análisis apresurado nos remite a pensar que el nudo aglutinante que sostiene y estructura la red en la actualidad está centrado casi exclusivamente en procesos de logística para la comercialización de alimentos comunes, dado que durante las entrevistas manifestaron que en la actualidad no se lograron concretar reuniones presenciales ni otras actividades extra abastecimiento. De este escenario brotan algunos interrogantes: ¿Proveer y garantizar alimentos de producción de cercanía a los consumidores locales es la principal motivación de la red? Si así fuera ¿la provisión y abastecimiento de alimentos de cercanía y alternativos en los propios territorios responde a una forma de disputar sentidos al modelo global hegemónico? Algunos actores entrevistados se preguntan si es plausible y viable sostener circuitos de abastecimiento regional de alimentos alternativos exentos o carentes de acciones tendientes a comunicar, divulgar y demandar al estado o las corporaciones -lo que algunos denominan acciones políticas-: “No sé si tiene sentido sostener una red comunitaria sólo para abastecer alimentos, sin acciones políticas a la par”.
Para comenzar a develar e hilvanar algunas nociones en torno a estas inquietudes, parece preciso indagar más allá de los alcances prácticos concretos de la red –tendientes a garantizar el acceso a alimentos de producción alternativa en los territorios–, rastreando aquellas otras motivaciones, valuaciones y sentidos que subyacen en la red y que podrían constituirse en los motores dinamizadores del proceso.
El espacio de sentido que se configura en la red
En este apartado nos propusimos exponer algunas pistas que nos permiten comprender los rasgos generales del horizonte interior[6] del CR5. Orientamos el análisis en torno a dos interrogantes principales: ¿Existe un sentido u horizonte político común que se construye colectivamente? ¿Cuáles son los mecanismos que despliegan al interior de la red para gestar ese horizonte común?
Para comenzar a rastrear algunos argumentos, nos remitimos al documento de síntesis del 1er Encuentro de Organizaciones de la Economía Popular para la Soberanía Alimentaria, llevado a cabo en la ciudad de Alta Gracia en el año 2018.[7] Se trata de uno de los registros más notorios que lograron construir como corredor, junto a otros actores del territorio provincial que conformaban la Mesa de Soberanía Alimentaria (MSA) de la provincia de Córdoba, en el que quedaron plasmadas las principales inquietudes y horizontes de deseo de quienes conformaban la red. Algunas se centran en el orden capitalista, en los efectos ambientales nocivos de los modos de producción, en cuestionamientos vinculados a la naturaleza de los alimentos en cuanto a sus procesos y modelos de producción y distribución y en la necesidad de garantizar el comercio justo. Algunos extractos del documento de síntesis lo demuestran:
Consideramos fundamental generar otras formas de producir y consumir, alternativas a los modelos mercantilistas. Garantizar la reproducción (y la dignidad) de la vida debe ser el sentido de las acciones y no la acumulación y la ganancia.
Pensamos a la intermediación de las organizaciones, entre les productores y consumidores, como un servicio comunitario y social. En este sentido, proponemos el trabajo asociado entre les productores, intermediaries y consumidores, como forma de facilitar y garantizar la soberanía alimentaria.
Consideramos importante la utilización de 2 herramientas que permiten el acercamiento entre les productores y les consumidores: las ferias y los nodos. Los nodos constituyen una forma de distribución de alimentos que está conformada por consumidores organizades, permitiendo generar un vínculo estable entre les consumidores y les productores. En este dispositivo les actores que intervienen definen qué comer y cuánto pagar por el alimento. Este es el mecanismo que reconocemos más cercano a la construcción de la soberanía alimentaria. Por otro lado, pensamos a la feria no solo como un espacio de venta de productos sino como el dispositivo que permite la ocupación del territorio y la disputa de sentidos a través de la recreación cultural y artística. Reconocemos además, múltiples espacios de vinculación entre les productores y les consumidores, tales como: proveedurías, almacenes populares, mercados municipales, ferias regionales y barriales.
Acordamos la necesidad de avanzar hacia precios justos. Entendemos la importancia de profundizar con las organizaciones sobre cómo garantizar un comercio justo para todes les actores. Si bien el debate quedó abierto, se plantearon diversas estrategias posibles, como el presupuesto abierto, el estudio de cómo se conforman las estructuras de costos de las diferentes cadenas productivas de los alimentos que consumimos en los nodos y ferias” (MSA, 2018).
Además, reconocen la importancia del rol del estado y la necesidad de contar con políticas públicas y legislaciones que garanticen la democracia económica en los territorios. Creen plausible la institucionalización y proponen para ello promover el debate sobre las prácticas territoriales preguntándose:
“¿Para qué, quién, desde dónde y especialmente, cómo generar la relación con el estado y otras instituciones sin perder la autonomía de las organizaciones, entendiendo que el rol del estado es clave en el proceso de fortalecer y acompañar a pequeñes productores?” (MSA, 2018).
Para profundizar la comprensión sobre aquellas particularidades que constituyen el horizonte interior del CR5, en el estudio realizado en el año 2021 se indagaron aquellos sentidos y atributos que los propios actores de la red les otorgan a los alimentos, como así también las representaciones y motivaciones para sostener y potenciar este tipo de proceso organizativo territorial. Se analizaron aquellos construidos en cada nodo, y se analizaron en su conjunto poniendo en diálogo las experiencias entre sí para conocer, con mayor profundidad, sus similitudes y diferencias (Carretero, 2021).
Para ello realizamos un análisis desde el enfoque de procesos de valuación[8] (Dziencielsky y Laborda, 2020) para dar cuenta cómo son valorados cualitativa y cuantitativamente los alimentos y los procesos de intermediación solidaria. De este modo se pudieron distinguir valuaciones materiales e inmateriales que responden a sentidos comunes concedidos por todos los nodos, basados no sólo relación al precio del alimento sino también en aspectos sociales, vinculares y territoriales de proximidad, entre otras.
La calidad alimentaria y el precio justo se erigieron como los principales atributos conferidos a los alimentos que circulan en esta red. Los entrevistados destacaron la importancia que tiene la construcción social del precio justo en el marco de las transacciones comerciales entre intermediadores y productores de alimentos, característica que distingue a la intermediación solidaria del mercado tradicional. Así, expresan que se conforma un precio justo para ambos lados de la cadena en relaciones transparentes y sin finalidad especulativa. No obstante, en la construcción de la noción de precio justo que emerge de los propios actores se conjugan una serie de características constitutivas del tipo de alimento que se ofrece tales como la producción agroecológica, la artesanalidad, el origen vinculado a pequeños productores regionales, entre otras. En tal sentido refirieron:
“Me interesaba esto de tener un producto de calidad y con un precio justo y esto de organizarnos para tal fin”
“(...) los precios buenos que conseguimos del productor al vecino, o sea no hay intermediarios viste”
“El precio es justo porque tiene que ver con la calidad de los productos, sin agrotóxicos, sin conservantes (…) el productor recibe lo que pide y el consumidor paga el precio justo, sabiendo que es un producto de calidad, sin agrotóxicos, y está igual al del super, en buen precio”
Una preocupación común estuvo vinculada a la necesidad de generar acciones que favorezcan el acceso de estos alimentos a sectores socioeconómicos más vulnerables de la población:
“Acá particularmente queríamos llegar a consumidores con poco poder adquisitivo, la mayoría de consumidores de acá son asalariados (...)
“La mayoría de los consumidores de este nodo son asalariados”
“Es un desafío que nos planteamos como corredor, llegar a sectores más vulnerables que sólo consumen alimentos industrializados”.
También se plasmaron otros sentidos que, si bien surgieron sólo en algunas entrevistas, no podemos validarlas como estrictamente individuales. Entre ellas se destaca el interés por el consumo y comercialización de alimentos sin agroquímicos y como así también por la posibilidad de incorporar producciones propias dentro del corredor, particularmente aquellos nodos que tienen emprendimientos productivos. En tal sentido nos señalaba una entrevistada: “La idea de entrar al corredor era para vender nuestros productos del lado de Anisacate, Alta Gracia”.
Es interesante observar cómo se entrelazan estas diversas trayectorias, experiencias y motivaciones personales y colectivas, imprimiéndole a la red una identidad colectiva diversa y heterogénea. Tanto en el documento como en las entrevistas se pueden reconocer temáticas, discursos, motivaciones y preocupaciones comunes respecto a la alimentación, agricultura, relación producción-consumo y sentido de la vida, que en definitiva se tornan fundamentales para el encuentro y el hacer colectivo con sentido práctico.
Aunque no se haya profundizado en el sentido concreto que atribuyen los actores a esta red, se puede inferir que circulan una multiplicidad de valuaciones y motivaciones que trascienden la lógica del puro abastecimiento de alimentos de cercanía y alternativo, dotando de significados a sus acciones, vínculos y transacciones más allá del acto comercial. Esta lectura muestra la importancia de develar y trabajar el espacio de sentido que se tejen al interior de los procesos y que son el motor para sostener y disputar otros modelos agroalimentarios posibles.
Conclusión
En este recorrido presentamos una serie de argumentos que permiten develar la complejidad que revisten las redes agroalimentarias comunitarias que siguen formas de organización y autorregulación social distintas a las lógicas capitalistas, o al menos se resisten a asumir las pautas de comportamiento, los códigos de relacionamiento recíproco y del manejo del tiempo y del espacio impuestas por ese modelo (Gutierrez Aguilar, 2017). De hecho, no puede perderse de vista que se configura como una red de comercialización donde el nudo aglutinante está vinculado a transacciones mercantiles, lo que hace que se creen sincretismos no fáciles de discernir (Giraldo, 2018).
Esta trama específica de relaciones que se gesta a partir de la creación del corredor permite generar lazos múltiples que son importantes no sólo para dinamizar la comercialización de alimentos de cercanía y facilitan un acceso de los mismos a consumidores de la región, sino particularmente para reconectar entre actores territoriales en clave política.
Entonces, para pensar la específica politicidad de estas redes fue preciso recuperar y reconocer no sólo el tipo de estructura organizativa y alcances concretos en el territorio, sino también vislumbrar aquellos horizontes de deseo y motivaciones que sostienen estos procesos. Comprendimos así que el CR5 se trata de una trama sostenida no sólo por la proximidad geográfica de los actores, sino particularmente por la proximidad relacional que teje, desteje y reteje generando estructuras dinámicas de red. No obstante las filiaciones y vinculaciones, que aparentemente otorgan una estructura social homogénea, entrelazan motivaciones y sentidos heterogéneos que le confiere una identidad específica. Esta complejidad que reviste la trama no se encuentra exenta de tensiones y contradicciones que se cristalizan en las constantes configuraciones y re-configuración de la red y de sus procesos de regulación interna. Esto es de alguna manera esperable, debido a que se trata de construcciones colectivas que entrelazan una multiplicidad de fenómenos económicos, sociales, políticos, históricos y culturales, como así también afectivos y simbólicos.
Estas otras ontologías en construcción –que podrían catalogarse como acotadas e incipientes– entienden que el alimento sano debe ser parte de una gramática de la cotidianeidad y apuestan a un consumo más arraigado al propio territorio. En ese quehacer se entretejan capacidades sociales en torno a la recuperación de lo político, a la recomposición comunitaria, al arraigo con el territorio, centrados en la experimentación y fortalecimiento de modos de autorregulación social basados en la solidaridad y la sostenibilidad para hacer común la vida. Con esto no queremos decir que se trate de una ruptura plena con respecto al capitalismo, pero son experiencias en torno a los alimentos que han emprendido una vía política propia derivada de su fuerte arraigo territorial y de la propia naturaleza de sus reivindicaciones (Composto, 2014), y por tal merecen ser entendidas como procesos capaces de generar transformaciones sociales en clave de soberanía alimentaria.
Entonces, estos esfuerzos y experiencias que parecen incipientes y diseminadas en los territorios -menos politizadas de lo que algunos quisieran- han dado muchas de las pistas para construir algo por entero diferente de lo que hasta acá hemos venido cuestionando (Giraldo, 2018), por lo cual sigue teniendo sentido sostener, promover, expandir y divulgar estas otras formas de intercambios de alimentos en los territorios, porque -tal como afirma un entrevistado: “Lo importante es tejer redes”.
Referencias bibliográficas
Arnaiz, C.; Isola, F.; Niño, L. y Jurado, E. (2022). Circuitos Cortos con Mercados de Cercanía en el partido de Quilmes, Buenos Aires. En 3er Congreso Nacional de Desarrollo Territorial, 26 y 27 de mayo de 2022, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires.
Barri, F.R. y Wahren, J. (2010). El modelo sojero de desarrollo en la Argentina: tensiones y conflictos en la era del neocolonialismo de los agronegocios y el cientificismo-tecnológico. Realidad económica, 255, 43-65.
Barri, F.R. (2010). Pueblos fumigados en Argentina: resistencia epidemiológica comunitaria al modelo económico de los agronegocios. Ecología política, (40), 67-72.
Bocco, R.; Lassa, M. y Zuliani, F. (2020). Alternativas territoriales en el campo agroalimentario. El caso de la Mesa de Soberanía Alimentaria-Corredor Ruta 5, Córdoba. En II Congreso Internacional de Desarrollo Territorial: Nuevos desafíos en la construcción de los territorios. Los desarrollos en América Latina. Mesa 21 Consumo local y Soberanía Alimentaria. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Disponible en: http://mdt.frra.utn.edu.ar/Files/Files/arch_100.pdf
Camacho Vera, Joaquín Huitzilihuitl, Cervantes Escoto, Fernando, Cesín Vargas, Alfredo, & Palacios Rangel, María Isabel. (2019). Los alimentos artesanales y la modernidad alimentaria. Estudios sociales. Revista de alimentación contemporánea y desarrollo regional, 29(53), 2-20. Recuperado de https://www.scielo.org.mx/pdf/esracdr/v29n53/2395-9169-esracdr-29-53-e19700.pdf
Carretero, E.; Ordoñez, F.; Villagra, C.; Bocco, R. (2021). Caracterización geo-socio-organizativa de la red agroalimentaria alternativa Corredor Ruta 5-Mesa de Soberanía Alimentaria de la provincia de Córdoba en el año 2021 y atributos de los alimentos comercializados en dicha red. Tesis Final para la Licenciatura en Nutrición. Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Córdoba: mimeo.
Composto, C. y Navarro, M. L. (2014). Claves de lectura para comprender el despojo y las luchas por los bienes comunes naturales en América Latina. En Composto, C. y Navarro, M. L. (Comps.) Territorios en disputa. Despojo capitalista, luchas en defensa de los bienes comunes naturales y alternativas emancipatorias para América Latina (pp. 33-76). México DF: Bajo Tierra Ediciones.
Dziencielsky, V. y Laborda, V. (2020). El valor de la intermediación solidaria. Revista Idelcoop N° 232,13-40.
Gilly, J. P. y Wallet, F. (2005). Enchevêtrement des espaces de régulation et gouvernance territorial. RERU,5, 699-722.
Giraldo, O.F. (2018). Ecología política de la agricultura. México DF: Ecosur.
Giraldo, O.F. y Toro, I. (2020). Afectividad ambiental: sensibilidad, empatía, estéticas del habitar. México. El Colegio de la Frontera Sur: Universidad Veracruzana.
Gutiérrez Aguilar, R. (2008) Los ritmos del Pachakuti: movilización y levantamiento indígena-popular en Bolivia (2000-2005). Buenos Aires: Tinta Limón.
Gutiérrez Aguilar, R., Linsalata, L.; Navarro, M. (2017). Repensar lo político, pensar lo común. Claves para la discusión. En Inclán, D.; Linsalata, L. y Millán, M. (Coords.) Modernidades alternativas (pp. 377-417). México: UNAM.
Gutiérrez Aguilar, R. (2022). Producción de lo común, autonomías y formas no patriarcales de organización social. Alter-Nativa, 6(11), 1–3. Recuperado de: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/alter-nativa/article/view/38602
Haraway, D. (2016). Antropoceno, Capitaloceno, Plantacionoceno, Chthuluceno: Generando relaciones de parentesco. Revista Latinoamericana de Estudios Críticos Animales. (3)1. 15-26. Recuperado de http://www.revistaleca.org
Hernández Moreno, M.C. y Villaseñor Medina, A, (2014). La calidad en el sistema agroalimentario globalizado, Revista Mexicana de Sociología (4), 557-582.
Hernández Morales, C. y Rennard, MC. (2018). Análisis comparativo de tres redes agroalimentarias alternativas en México y Canadá. Revista Latinoamericana de Estudios Rurales, Vol. 3(5), 40-68. Recuperado de http://www.ceil-conicet.gov.ar/ojs/index.php/revistaalasru/article/view/455/321
Machado Aráoz, H. (2020). Repensar (la producción d-) el pan, repensar (nuestra relación con) la tierra. Clave para una renovación (y radicalización) del pensamiento crítico y las energías revolucionarias. Bajo el Volcán, 1(2), 39-76. Recuperado de: http://apps.buap.mx/ojs3/index.php/bevol/article/view/1417
Monachon, D. (2016). Redes Alimentarias Alternativas: institucionalización de la agroecología y procesos de garantía. En Mercados y desarrollo local sustentable (pp. 317–336). México: Red de Sistemas Agroalimentarios Localizados (Red Sial-México), Colofón.
MSA (2016). Acta de reunión N° 2 de la MSA: mimeo
MSA (2018). Documento de síntesis del Encuentro de Organizaciones de la Economía Popular por la Soberanía Alimentaria. Alta Gracia, Córdoba: mimeo.
Oreggioni Marichal, W. y Carámbula Pareja, M. (2019). ¿Es posible otro consumo? La experiencia de grupos de consumidores y su vínculo con los productores agroecológicos en Uruguay. Revista NERA, 22(50), 152-172. Disponible en: https://revista.fct.unesp.br/index.php/nera/article/view/6180
Pastore, R. (2020) “Circuitos socioeconómicos y emergencia alimentaria. Una agenda transformadora y democrática para el desarrollo popular y solidario”. Revista de Ciencias Sociales, segunda época, Nº 37, 31-56.
Rosset, P. (2008). Food Sovereignty and the Contemporary Food Crisis. Development, 51(4), 460-463.
Rossi, L. (2021). El alimento, flujo energético vital entre la tierra y la humanidad. Reflexiones sobre una comensalidad crítica desde una trama agroecológica.
Rossi, L. (2020). Alimentación en tiempos de crisis ecológica, entre el “consumo responsable” y el tejido de una nueva comunalidad alimentaria. En Dettano, A. Topografías del consumo (pp. 67-91). Bs As: Estudios Sociológicas Editora. Disponible en: : http://estudiosociologicos.org/-descargas/eseditora/Topografias-del-consumo_Andrea-Dettano.pdf
Shanin, T. (1973). Naturaleza y lógica de la economía campesina. Bs. As.: Anagrama.
Toro, I. (2021). Afectos en línea de fuga. La potencia del espacio intersticial en San Cristóbal de Las Casas. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Torre, A.; Beuret, J. E. (2012). Proximités territoriales. Paris: Editions Economica, Anthropos.
Wallerstein, I. (2005). Análisis del Sistema Mundo. Una Introducción. Mexico: Siglo XXI.
Otra Economía, vol. 15, n.28, 241-255 - julio/diciembre 2022 - ISSN 1851-4715 - Recibido: 27/09/2022 - Aceptado: 14/11/2022
CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO: Bocco, R. M. (2022). Redes agroalimentarias comunitarias ¿Qué (en)traman?. Otra Economía, 15(28), 241-255
* Centro Experimental de la Vivienda Económica-Conicet (CEVE-Conicet), Córdoba, Argentina.
[1] En este texto, entendemos a las redes agroalimentarias comunitarias como aquellos procesos socio-organizativos multiformes cuyo eje aglutinador se configura en torno a la producción, comercialización y/o consumo de alimentos -particularmente provenientes de pequeños productores de cercanía-; que en su quehacer recupera y amplifica capacidades políticas colectivas en favor de la soberanía alimentaria de los territorios
[2] Louis Malassis, fundador de la economía agroalimentaria, acuña en los años setenta el concepto de sistema agroalimentario y lo define como “el conjunto de actividades que concurren a la formación y distribución de los productos alimentarios y, en consecuencia, al cumplimiento de la función de la alimentación humana en una sociedad determinada” en un espacio y tiempo bien delimitados (Hernandez Moreno, 2014).
[3] Wallerstein (2005: 29) define a una pequeña producción mercantil como “el producto producido en la unidad doméstica pero vendido por dinero en el mercado”.
[4]Theodor Shanin afirma que, “las relaciones de mercado proveen el principal sistema de organización económica de las sociedades industriales capitalistas y están estrechamente ligadas a su organización política y a la ética del individualismo, la competencia y el racionalismo utilitario” (Shanin, 1976: 4).
[5] El término “prosumidores” denota un intento por autopercibirse e intentar que se perciba a los actores que conforman la mesa de un modo no dualista, ya que refieren que no necesariamente son consumidores o productores/elaboradores, sino ambos a la vez: producen y consumen.
[6] Por “horizonte interior” podemos comprender aquello que se expresa como búsqueda e intención explícita por quienes se movilizan, con lo que dicen en sus consignas y documentos y también con lo que no expresan con claridad pero sugieren y bosquejan implícitamente con sus acciones y a través de otras formas de expresión, con las contradicciones e incoherencias entre lo que dicen y hacen antes, durante y después de los momentos más álgidos de lucha, etc. (Gutierrez Aguilar, 2008).
[7] Es preciso aclarar que los actores que conformaban el CR5 en ese momento tuvieron un rol central y una presencia significativa en el proceso organizativo de dicho encuentro.
[8] El enfoque de los procesos de valuación es la perspectiva más acortada para comprender la combinación de aspectos materiales e inmateriales que le imprimen sentido a los bienes y su contexto en un sentido amplio (Dziencielsky y Laborda, 2020)