Sentidos y afectaciones de la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay
Clara Betty Weisz, Natania Tommasino y Daniel González
Otra Economía, vol. 14, n. 25: 59-71, enero –junio 2021. ISSN 1851-4715
Sentidos y afectaciones de la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay
Sentidos e efeitos da Rede de Grupos de Mulheres Rurais do Uruguai
Meanings and affectations of the Network of Rural Women Groups of Uruguay
Clara Betty Weisz*
clarabettyweisz@gmail.com
Natania Tommasino**
Daniel González***
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Resumen: Se presenta la experiencia de la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay, donde se ponen en acto principios y valores de la Economía Social y Solidaria. En el devenir de la trayectoria se disputan sentidos que tensionan instituidos e instituyentes, en la dimensión económica-productiva-reproductiva, vinculados a la soberanía alimentaria y el cuidado del medioambiente; y en el plano socio-político, donde acontece la reivindicación de derechos, la lucha por el reconocimiento, la disputa por la participación en el espacio público y por el desarrollo productivo. Asimismo, se analiza la práctica entre mujeres como una política afectiva capaz de generar transformaciones de sí mismas y de sus comunidades. El estudio de caso de esta red, llevado a cabo desde la mirada cualitativa y metodologías participativas, articula relevamiento documental, entrevistas en profundidad y realización de talleres, donde se procura con-construir conocimiento en relación con formatos en red que contribuyen a la formación y transformación de sus integrantes, a la vez que potencian prácticas colectivas en la búsqueda de soluciones, que politizan la experiencia, religan y amplían campo de la otra economía.
Palabras clave: mujer rural- participación comunitaria- solidaridad
Resumo: É apresentada a experiência da Rede de Grupos de Mulheres Rurais do Uruguai, onde se colocam em prática princípios e valores da Economia Social e Solidária. No decorrer da trajetória, disputam-se sentidos que ressaltam instituídos e instituintes, na dimensão econômico-produtivo-reprodutiva, vinculados à soberania alimentar e ao cuidado do meio ambiente; e no plano sócio-político, onde acontece a reivindicação de direitos, a luta pelo reconhecimento, a disputa pela participação no espaço público e pelo desenvolvimento produtivo. Da mesma forma, a prática entre mulheres é analisada como uma política afetiva capaz de gerar transformações para si e para suas comunidades. O estudo de caso desta rede, realizado numa perspetiva qualitativa e com metodologias participativas, articula a pesquisa documental, entrevistas em profundidade e encontros grupais, onde se pretende co-construir conhecimentos em relação aos formatos em rede que contribuem para a formação e transformação de seus integrantes, ao mesmo tempo que promove práticas coletivas na busca de soluções, que politizam a experiência, reúnem e ampliam o campo da outra economia.
Palavras-chave: mulheres rurais - participação comunitária – solidariedade
Abstract: The experience of the Network of Groups of Rural Women of Uruguay is presented, where principles and values of the Social and Solidarity Economy are put into action. In the course of the trajectory, meanings are disputed that stress instituted and instituting, in the economic-productive-reproductive dimension, linked to food sovereignty and care for the environment; and on the socio-political level, where the claim of rights, the struggle for recognition, the dispute for participation in public space and for productive development takes place. Likewise, the practice among women is analyzed as an affective policy capable of generating transformation of themselves and their communities. The case study of this network, carried out from a qualitative perspective and participatory methodologies, articulates documentary survey, in-depth interviews and workshops, where it is sought to con-construct knowledge in relation to online formats that contribute to training and transformation of its members, while promoting collective practices in the search for solutions, which politicize the experience, reunite and broaden the field of the other economy..
Key-words: rural women - community participation- solidarity
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Introducción
El artículo presenta el proceso de coproducción de conocimiento entre un equipo interdisciplinario de la Universidad de la República y la Red de Grupos de Mujeres Rurales de Uruguay (en adelante REDMU), en el marco de un proyecto de investigación que tuvo por objetivo analizar los sentidos emergentes y en disputa en la Economía Social y Solidaria (en adelante ESS)[1].
Los antecedentes más próximos en relación con la ESS en Uruguay (Guerra, 2012, Torrelli, et al., 2015) indican que en los últimos años ha tenido lugar el surgimiento de nuevos actores organizados desde la modalidad en red que, junto a las organizaciones sociales de mayor tradición como el movimiento cooperativo, las mutuales y las asociaciones, conforman el amplio campo de la otra economía (Coraggio y Gaiger, 2011) en nuestro país. Un hito de este proceso lo marca la recientemente aprobada Ley Nº 19.848 de Economía Social y Solidaria, en Uruguay (Poder Legislativo, 2019). Dicha ley pasará a implementarse en un contexto nacional de retorno del neoliberalismo, y pandemia producida por COVID 19, lo que configura un nuevo escenario singular, que obliga a los distintos colectivos a su reinvención.
El estudio más reciente (Sarachu, et al., 2020) muestra que los procesos colectivos dentro del campo de la otra economía constituyen un entramado solidario vivo con desafíos, pero también con muchas potencialidades en este escenario de crisis socioeconómica y sanitaria en distintos planos: político, económico, social y de intercooperación. En el escenario actual y ante los nuevos cercamientos (Caffentzis y Federici, 2015) que el capital encuentra para su acumulación es cada vez más necesario crear formas alternativas de producción y consumo, donde la explotación de recursos y personas no sea el valor prioritario.
La experiencia de la REDMU en Uruguay es emblemática en este sentido, como una red que ha desarrollado prácticas antagonistas de resistencia, solidarias y con justicia social. En esa línea, desarrollamos un estudio con mirada cualitativa (Alonso, 1998) y con metodologías participativas (Fals Borda, 1987), desde un abordaje multiétnico que incluyó relevamiento documental de archivos, de material de difusión y de publicaciones, así como también la realización de seis entrevistas individuales en profundidad y cuatro entrevistas grupales, dos talleres y tres instancias de observación participante en dinámicas grupales colectivas de la REDMU, que nos permitieron aproximarnos a la forma organizativa y a la dinámica interna, así como comprender las composiciones afectivas relacionales internas y externas.
En este recorrido nos preguntamos junto con las mujeres que integran la Red: ¿Cuáles fueron los sentidos instituidos que se reproducen y cuáles los instituyentes construidos en el devenir de la experiencia? ¿Cómo las mujeres de la red significan y politizan la Economía Social y Solidaria desde sus experiencias, trayectorias y afectos?
Estas interrogantes forman parte del enclave de nuestro trabajo con los colectivos que se sostiene en las prácticas integrales (Tommasino, 2008, 2009; CSEAM, 2010; Kaplun, 2013) promovidas desde la Universidad de la República desde la Segunda Reforma Universitaria, donde investigación, extensión y enseñanza son parte de una misma metodología de acercamiento de la Universidad a las organizaciones sociales. Este modelo nos permitió trabajar en el fortalecimiento de la REDMU al mismo tiempo que desarrollamos una propuesta de investigación que pudiera nutrir y complementar dicho trabajo. De este modo se llevó a cabo la reconstrucción histórica de la REDMU y se generaron instancias para reflexionar acerca de sus condiciones de posibilidad para enfrentar los desafíos que traen los nuevos escenarios sociopolíticos.
El artículo profundiza entonces, acerca de la REDMU, como experiencia que interpela el modelo hegemónico de producción, a la vez que disputa la ampliación de los derechos de las mujeres en el espacio público. Su trayectoria ha estado atravesada por las repercusiones socioeconómicas y psicosimbólicas (Weisz, 2018) de los sucesivos procesos macro políticos a nivel global, regional y local. Actualmente enfrentan el desafío del distanciamiento social y el retorno de políticas restrictivas y recesivas.
El artículo se organiza a partir de un primer apartado donde se sintetizan los antecedentes y los principales hitos a lo largo de los treinta años de historia de la REDMU, que surgieron de la reconstrucción realizada de modo participativo. De este modo se procura comprender la relación dialéctica entre la historia -entendida como aquellos componentes políticos, económicos y culturales que pesan y condicionan sobre los procesos singulares y colectivos-; y la historicidad, en tanto creación y acontecimiento, que habilita intersticios de libertad, que dan cabida a la transformaciones singulares y colectivas (De Gaulejac, 2019).
En un segundo momento se analiza el movimiento entre los sentidos instituidos e instituyentes (Castoriadis, 1989) que emergen de los discursos y de las prácticas en la REDMU. Dichas tensiones se ubican en lo socio-político y en lo económico-productivo-reproductivo, así como también en el relacionamiento con el Estado y en las alianzas con otras organizaciones sociales, nacionales e internacionales. Mientras en un tercer momento nos detenemos en el proceso de politización de las prácticas que transcurren en los encuentros entre mujeres (Gutiérrez, et al., 2018), en las múltiples instancias de formación, capacitación, talleres, viajes y encuentros diversos.
1. Historia e historicidad de la Red de Grupos de Mujeres Rurales
La REDMU es una organización de segundo grado que involucra a grupos de mujeres agricultoras, apicultoras, lecheras, avicultoras, artesanas, maestras y jubiladas. Esta organización nuclea diversos grupos de mujeres a lo largo de toda la zona sur de Uruguay y parte del litoral noroeste. Los grupos se dedican a diversas actividades. El área productiva comparte dentro de sus principales reivindicaciones la defensa del agua, la tierra, los valores de la agroecología y la soberanía alimentaria. Asimismo, todos los grupos promueven el trabajo con las mujeres y sus comunidades en relación con el ejercicio de la participación, con el acceso a la salud y a la educación, entre otros.
Desde su perspectiva de trabajo articulan producción rural, promoción de derechos y cuidado del medio ambiente. La Red ha trabajado históricamente para visibilizar la cantidad de actividades producidas por mujeres que ante los ojos del mundo productivo-patriarcal permanecen invisibles. En ese sentido, se proponen considerar las dimensiones de género en las dinámicas económicas y la implicación que esto conlleva en la vida de las mujeres (Rodríguez, 2015). Desde sus prácticas es posible pensar la economía en términos amplios e integrales, según la Economía Feminista esta concepción incluye todas las tareas que implican la reproducción social de la vida, sin reducirlo a esfera laboral o empleo formal de las relaciones mercantiles (Moreno, 2013; Larrañaga, et. al., 2014) inspiradas a su vez en las tradiciones de la producción familiar, sin recaer sobre la esfera laboral asalariada y las relaciones de mercado clásico.
Estas prácticas y concepciones son particularmente potentes en el campo de la ESS, porque permite visibilizar muchas nuevas prácticas, nuevos cuerpos y otras formas de la política que hasta el momento no eran considerados, por lo tanto, lo amplia, lo diversifica y lo enriquece.
El surgimiento de la REDMU se enmarca a finales del Siglo XX. Con la apertura democrática en el Uruguay, se abren las puertas a nuevas sensibilidades globales, sensibilidades que habían permanecido de forma clandestina o en el exilio. Por aquellos años los organismos internacionales y la segunda ola feminista (Varela, 2018) comienzan a desarrollar trabajos en búsqueda de conocer la condición de la mujer a nivel mundial. Este proceso tiene eco en Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) locales que empiezan a consolidar una red de impulso de la organización de las mujeres. Una de las líneas de trabajo que llevan adelante en ese momento, refiere a la promoción de Derechos Humanos y específicamente a visibilizar y apoyar la formación de colectivos, que atiendan a las condiciones de vida y los problemas de la mujer rural. En este sentido, en la década del ´90 algunas ONGs de Uruguay, buscaron promover la asistencia a un encuentro feminista en Argentina, reuniendo mujeres artesanas, productoras y maestras rurales. La participación de esas mujeres rurales en el encuentro feminista en San Bernardo en 1989, constituye uno de los hitos fundacionales de esta red. Luego de ese encuentro, emerge la necesidad de conocerse más entre los grupos e inspirar a otras mujeres de sus comunidades a integrarse. Su formalización ocurre en 1991, después de un tiempo de trabajo y rompimientos que llevan a la creación de las dos organizaciones más importantes de mujeres rurales en Uruguay: la AMRU (Asociación de Mujeres Rurales) y la REDMU. Al poco tiempo de trabajo la red consigue ser un actor relevante en las ruralidades uruguayas y específicamente de lo relacionado a las mujeres rurales. Como ejemplos mencionamos que este grupo formó parte en 1995 de la comisión de seguimiento que evalúa los avances de los acuerdos alcanzados en la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing.
Durante el período comprendido entre 2005 y 2019, donde actuaron los sucesivos gobiernos progresistas, la REDMU accede a políticas de apoyo a las organizaciones rurales, con posibilidades de acceso a fondos de fortalecimiento para inversiones y asistencia técnica. Esto genera un crecimiento a nivel organizacional y una tensión con su propia autonomía.
A lo largo de treinta años han sostenido una estrategia asociativa (Peixoto de Albuquerque, 2004), conformada por unos veintitrés grupos que se encuentran situados en el centro-sur del Uruguay. El formato de organización interna y la dinámica de funcionamiento se mantuvo similar y estable a lo largo de las tres décadas de trayectoria. Todos los grupos trabajan en sus respectivos territorios y, a su vez, están conectados a una comisión directiva que opera como espacio de coordinación central. La misma está compuesta por una presidenta, una secretaria y una tesorera. Cada dos meses se llama a reuniones de delegadas, donde participan dos o tres personas de cada grupo. Las elecciones son todos los años, alternando el recambio, una vez cambia la presidenta, y al siguiente, secretaria y tesorera, en el entendido que de ese modo se aporta a la transmisión de saberes sobre dichos roles y funciones. En estos años la cantidad de grupos ha oscilado poco en tanto la Red se ha mantenido entre los 17 y 23 grupos, de unas 10 integrantes cada uno, que suelen reunirse una vez por mes.
En virtud de la cantidad de espacios de representación a los cuales asisten (nacionales e internacionales), la designación para concurrir a las múltiples instancias y eventos a las cuales son convocadas e invitadas es una tarea ardua. Ellas deciden en cada intercambio quienes serán las participantes en base a intereses y posibilidades y también se ha recurrido a sorteos para dirimir. En este sentido se ha diversificado la participación en diversos ámbitos del espacio público a nivel nacional, así como también en relación con la experiencia significativa de asistir a múltiples encuentros en el exterior. De lo antedicho se desprende que el poder y los saberes necesariamente deben circular equitativamente, aunque muchas mujeres dicen no tener las competencias y los saberes para asumir estas responsabilidades; mientras otras insisten que es un aprendizaje posible. Construir esa capacidad de ser una voz relevante, debe ser acompañada por un ejercicio grupal de trabajo en autoestima. Es entonces que la experiencia de la REDMU en tanto trama colectiva, pone en relevancia la interseccionalidad, compuesta por la desigualdad territorial y las inequidades de género, en ámbitos rurales del Uruguay (Rodríguez Lezica, 2020; Vitelli, 2005).
A lo largo de los años, han logrado ser referentes y canalizadoras de múltiples demandas de las mujeres y sus comunidades. Esto las ha convertido en una organización ineludible a la hora de generar vínculos entre políticas y territorio.
2. Los sentidos en disputa: tensiones entre los instituidos y los instituyentes
La REDMU, como todo fenómeno social, es el resultante de la relación dialéctica entre lo instituido, en tanto conjunto de normas valores dominantes que reproducen el orden social, y lo instituyente, entendido como fuerza innovadora que niega la realidad tal cual es, generando mecanismos alternativos y contrahegemónicos. La reproducción de lo establecido forma parte de toda realidad; es el modo en que ésta se estructura y organiza, junto al imaginario social efectivo y la racionalidad instituida, tiene la capacidad de reproducir lo establecido. Asimismo, siempre existen componentes del imaginario creativo, que escapan a dichos determinantes. Los que se ha instituido, el imaginario social efectivo, las significaciones, las creencias, las normas, los valores y las formas de relación, que procuran la preservación, entran en tensión con el imaginario social radical que, en tanto dimensión instituyente, crea nuevas significaciones en el proceso de autocreación de la sociedad en su devenir.
En la experiencia de la REDMU dichas tensiones se ubican fundamentalmente en lo socio-político y en lo económico-productivo-reproductivo, así como también en el complejo relacionamiento con el Estado y en las alianzas con otras organizaciones sociales, nacionales e internacionales.
2.1 Tensiones en la dimensión económica-productiva-reproductiva
En sus comunicaciones resaltan el componente productivo junto al componente social, por tanto, ambos se plantean como ejes prioritarios. Sin embargo, en los espacios de coordinación parece tener mayor relevancia el componente socio-político. Por su parte, el componente económico-productivo está vinculado principalmente a la producción agrícola familiar y la relevancia de la agroecológica; mientras que el área política-social se encarga principalmente de la promoción de derechos, la lucha por el acceso a los servicios públicos, y las demandas para generar un mayor bienestar hacia la mujer y la familia en el medio rural. Desde la REDMU han trabajado sobre temáticas de educación sexual, de violencia y acerca del lugar que ocupan las mujeres en la familia y en la actividad productiva; incorporando nuevas temáticas a lo largo del tiempo.
....había muchos grupos que a pesar de que hacían su producción (todas productoras rurales, unas tamberas, otras horticultoras, otras artesanas) todas teníamos una inclinación más hacia lo social, a luchar por las carencias que tenía la mujer rural (Mujer integrante de la REDMU, entrevista grupal, 2019).
Por su lado, dentro del componente económico-productivo expresan que realizan sus actividades desde criterios que sostienen el cuidado de la naturaleza. De este modo son consistentes con los principios indicados en el artículo 4 de la Ley 19.848 “A) La persona debe ser el centro de la actividad económica y social, teniendo absoluta primacía frente al capital”, cuestionando los modelos actuales de producción desde la promoción de la salud y la educación en las comunidades rurales. Asimismo, asumen la defensa de derechos y la lucha por reducir las inequidades de las condiciones de vida en ámbitos rurales en general y de la mujer en particular, siendo consistentes con los principios “D) Debe existir un compromiso con la comunidad, la organización y desarrollo local y territorial, y con el cuidado del medio ambiente” (Ley 19.848: 1). Si bien afiliarse a estos principios coloca a esta red en un plano de procesos instituyentes, existe una distancia entre lo proyectado y lo que efectivamente acontece, dado que se ven tensionadas las lógicas de la producción familiar en el Uruguay, donde existe un respeto por el valor de la propiedad privada y por el uso de mano de obra asalariada para el desarrollo productivo.
Otra tensión refiere a las restricciones de la autonomía que resultan de las exigencias por parte de los gobiernos progresistas para el acceso a recursos económicos y asistencia técnica, que se vieron condicionados a la generación de formatos colectivos y asociativos (González, 2016). De esta manera la REDMU asume el rol de dinamizar y canalizar recursos destinados a las políticas públicas agropecuarias, de producción familiar.
Estos apoyos han posibilitado a su vez, mejoras en las capacidades productivas en las mujeres rurales, el desarrollo de la propia red, lo que visibiliza el lugar preponderante que las mujeres han tenido en la resistencia a la precariedad socioeconómica. Cuando leemos la historia de las organizaciones de la ESS a contrapelo (Gutiérrez, et al., 2016), nos permite visibilizar otros actores de la lucha, otros ámbitos de disputa y otros modos de comprender la transformación social. De este modo las mujeres emergen como “sostenedoras de la resistencia de la reproducción de las tramas para resolver el sostén cotidiano de la vida en el medio de la adversidad” (Menéndez, 2018a: 80).
Tal como se puede observar, la compleja interrelación con el Estado ha tensionado la relación entre lo instituido y lo instituyente. Los apoyos han permitido la implementación de múltiples proyectos, pero también han condicionado y cercenado la autonomía. Apoyar estos procesos colectivos en red, desde una ética-política de la autonomía, implica una paideia que estimule la interrogación y la reflexión constante, el pensamiento crítico y creativo, a los efectos de formar parte de la polis, desde una participación que amplíe y profundice el vínculo con el espacio público.
2.2 Tensiones en la dimensión socio-política
Por su parte, en relación al componente socio-político, en sus documentos expresan su propuesta de contribuir al desarrollo integral de la mujer rural uruguaya a través de la promoción de organizaciones y espacios de participación para las mismas. Hacer énfasis en la organización y en la participación de las mujeres rurales, da cabida a la lucha por el reconocimiento (Honneth, 1997), al promover espacios de enunciación validada dentro de la esfera pública. La condición de mujer se entrecruza con la condición de productoras familiares (Figari, et al., 2008) y de integrantes activas de sus respectivas comunidades, lo cual habilita la lucha interseccional permitiendo “...revelar las variadas identidades, exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades” (Symington, 2004: 2).
De este modo, la propia experiencia de participación resulta instituyente, en tanto que habilita procesos emancipatorios y de transformación social. La preocupación por las carencias de servicios que existen en las ruralidades, -como la atención en salud y el acceso a educación secundaria y terciaria-, así como también la experiencia de participación en instancias locales, nacionales, regionales e internacionales; conllevan procesos de construcción de ciudadanía, de ampliación del espacio público y de profundización de la democracia (Ranciëre, 2018; Mallo, 2010), que transforman significativamente los imaginarios centrales instituidos.
En el 2005 fue grandiosísimo, porque pararon la aprobación de transgénico con una marcha de mujeres que lo único que hicieron fue entrar con velas al parlamento en Curitiba, donde se iba a firmar y la única acción fue entrar con velas y la boca tapada… en silencio… (Mujer integrante de la REDMU, taller realizado por el equipo, 2019).
Yo agradezco a la Red porque salí de atrás del monte y conocí Chile, Paraguay, Punta del Este, Buenos Aires. (Mujer integrante de la REDMU, entrevista grupal, 2019).
La trayectoria da cuenta que la REDMU ha sido particularmente consistente con el principio de la ESS que plantea el compromiso con la comunidad, la organización y desarrollo local y territorial y con el cuidado del medio ambiente. Esta organización en tanto acto sociopolítico de asociatividad, entendido como “proceso por el cual una o más personas y/o grupo(s) deciden reunirse de forma regular, pero no necesariamente continua, para atender demandas comunes” (Peixoto de Albuquerque, 2004: 31), vertebra demandas comunes, particularmente expresadas a través del acceso a derechos sociales y a temáticas de género.
El relacionamiento con el Estado ha sido fundamental en la trayectoria de la REDMU. Dadas las características de la historia social del Uruguay las iniciativas comunitarias participan mayormente dentro del marco de las políticas públicas estatales, manteniendo cierta autonomía respecto de éste. Una de las actividades dentro del componente socio-político a la que se han dedicado ha sido la preparación y difusión de documentos que tienen por finalidad ser presentados a los/as candidatos/as a la presidencia, en los consecutivos procesos eleccionarios.
Deseamos y creemos realmente que estos aportes sirvan para la creación de políticas dirigidas al agro y la planificación de programas de desarrollo rural que contemplen la difícil problemática que atravesamos las familias rurales en su conjunto, y las mujeres rurales en particular, además muestran importantes alternativas y caminos a recorrer para fomentar la productividad en el campo, la priorización de la soberanía alimentaria, la solidaridad social, la protección del medio ambiente y la equidad entre mujeres y hombres. (Material presentado por la REDMU a los candidatos presidenciales, 1999).
Encontramos a su vez, prácticas que permiten articular fluidamente el componente económico -productivo con el socio-político. Ubicamos en esta línea, las luchas ambientales que disputan el sentido hegemónico de desarrollo. Asimismo, el proceso transitado hacia una producción más responsable y sustentable, tendiente a la agroecología y la soberanía alimentaria. Esta nueva ruralidad (Fernández, 2008) reivindica políticamente vivir en el campo, adhieren a luchas por el medio ambiente y realizan prácticas de producción responsable. La interrelación de la REDMU con organizaciones como Vía Campesina, la Red de Agroecología, la Red Nacional de Semillas Criollas y Nativas, entre otra, han ampliado los sentidos hacia problemas globales como la preservación del ambiente y los derechos humanos, han tensado los sentidos sociopolíticos hacia perspectivas instituyentes de emancipación social.
En el 2007 me acuerdo que estábamos trabajando el tema de cómo iba a afectar la salud el tema de la forestación, se trabajaba mucho en esa área. Empezamos a tomar conciencia de la forestación, en la comisión de la defensa del agua y de la vida. (Mujer integrante de la REDMU, taller realizado por el equipo, 2019).
Otra articulación entre ambos componentes refiere a la generación de espacios de comercialización, donde se promueve la intercooperación desde acciones colectivas como ferias y eventos que faciliten el acceso a sus productos; a la vez que se llevan adelante prácticas vinculadas al consumo responsable. De este modo se han implementado actividades de promoción del cuidado del medio ambiente, de soberanía alimentaria y de defensa de la producción local.
3. La política afectiva de los encuentros entre mujeres
Las prácticas entre mujeres (Gutiérrez, et al., 2018) constituyen una herramienta política en clave feminista, a partir de la cual estos espacios se vuelven redes de cuidado y sostén afectivo desde donde politizar la propia experiencia, otorgándole un valor político a la vivencia individual y familiar de cada una de las mujeres. Partiendo de sus propias vivencias singulares y locales los encuentros entre mujeres de la REDMU les permite pensar cómo han sido construidas histórica y socialmente desde configuraciones opresivas. Por lo tanto, son encuentros e interacciones que generan reflexividad en relación a los roles establecidos según el mandato sexo-género, así como las dicotomías público-privado, productivo-reproductivo; y se vuelven entonces una estrategia posible y potente para transformar las prácticas de cuidado tradicional, así como para generar fortaleza en las mujeres que participan en la ESS (Osorio-Cabrera, et. al, 2019).
Los encuentros entre mujeres se presentan como una experiencia singular y fértil para realizar un análisis genealógico que busque dar cuenta de ciertas invisibilizaciones históricas en el campo de la ESS (Rieiro y Pérez, 2019), así como para comprender las debilidades, a los efectos de que éstas constituyan aprendizajes.
En este sentido entendemos que la práctica entre mujeres que se lleva adelante en la REDMU, contiene algunas claves interesantes desde las cuales podemos revisitar las experiencias en el campo de la ESS. Una clave hace referencia a la idea de acuerpamiento flexible (Gutiérrez, 2017; 2018), que se va construyendo entre mujeres a través de muchas conversaciones, no exentas de tensiones, pero que impugnan ciertas lógicas de la racionalidad masculina dominante. Este acuerpamiento tiene como desafío generar articulaciones desde las diferencias, es decir cultivando cercanías sin homogeneizaciones, haciendo distinciones y “guardando distancias en lo que no compartimos, regenerando las relaciones de respeto y abriéndonos a la posibilidad de la amistad, nos vamos haciendo fuerte entre todas” (Gutiérrez, 2018: 46).
Otra clave importante, es la forma en cómo se teje el hacer política entre mujeres. En la REDMU estar entre mujeres permite politizar sus prácticas desde una forma peculiar de hacer política que pone en primer plano la afectividad, la singularidad, la diferencia y la multiplicidad. La política afectiva como la denomina Tales (2009), refiere a esta forma de hacer política que recupera y exalta el plano del afecto en el pensamiento, la práctica de la amistad y de la amorosidad, como condición sine qua non para el despliegue de la acción política, que nace de la posibilidad y del deseo de enunciarse.
Atender a este modo de la política, nos permite visualizar otros/as actores-actrices y ámbitos para la lucha política. Desde esta mirada el sujeto de la lucha es amplio y múltiple, y se conforma en el propio proceso, en un movimiento intensivo, afectivo e inmanente, no trascendente y apriorístico. Por lo tanto, si bien históricamente este plano de la política no ha sido considerado (y por lo tanto ha invisibilizado una infinidad de trabajos de cuidados y ámbitos de la lucha), cuando hacemos visible todo el trabajo social, reproductivo y de cuidados que realizan las mujeres de la REDMU (que sostienen y defienden la vida), al mismo tiempo hacemos visible ámbitos y prácticas específicas de transformación social.
A partir de estas claves es posible visualizar cómo las mujeres de la REDMU, desde sus relacionalidades, desafían la soledad y el problema de no poder disponer de ellas mismas por estar siempre al cuidado de los demás.
El problema de la soledad, el problema del aislamiento, el problema de mandar a estudiar a los muchachos, qué pasaba en materia de salud con las mujeres, y siempre terminamos reflexionando que las mujeres somos las últimas en atendernos y nos atendemos rápido y mal porque aparte hay que estar. (REDMU, Presidencia de la Cámara de Representantes del Poder Legislativo de Uruguay, 2005: 5).
Este problema histórico de las mujeres rurales, ha sido el motivo por el cual deciden comenzar a reunirse para dialogar. De este modo, se fue generando una transformación de sí, incrementando su participación en los espacios colectivos, que a la vez fue transformando algunas condiciones de existencia de las que son parte, junto con sus comunidades. La relevancia de la afectividad en esta red es clave para sostener la participación y la disposición de las mujeres sobre sí (Menéndez, 2018a).
Las relacionalidades que se tejen a partir de los encuentros entre mujeres constituyen espacios-tiempos afectivos desde los cuales las mujeres de la REDMU han producido profundos procesos de autorreflexión sobre sí, y acerca de sus relaciones con las personas y con la naturaleza. Dichos encuentros son multiescalares, es decir se manifiestan en lo local-vecinal, entre los grupos que componen la red, así como también a nivel nacional y regional, a través de los vínculos con el Estado y con otras organizaciones sociales. La maduración y consistencia de estos intercambios fueron generando una red capaz de salir al mundo al encuentro de otras compañeras mujeres que propiciaron intercambios novedosos para pensar sus prácticas locales y su organización como red a nivel nacional.
En este sentido, los diversos talleres, capacitaciones y los viajes que han realizado aportaron a un proceso de deconstrucción genealógica (Foucault, 2008) sobre los lugares instituidos de la mujer.
de a poquito fuimos ganando lugar y hoy en día estamos orgullosas de lo que somos yo me doy cuenta del crecimiento personal que hemos tenido ha sido grandísimo. (…) Nosotras no nos dábamos el lugar, entonces después que empecé con los grupos ahí cambié totalmente la manera de pensar. (Mujer integrante de la REDMU, entrevista grupal, 2018)
Dicho proceso de intercambio y de fortalecimiento les iba permitiendo a las mujeres compartir sus trayectorias e historias (partir de sí), para al mismo tiempo politizar la vida y producir un común, que da fuerza a la acción conjunta para la transformación de todas (para salir de sí). Esta experiencia conecta con la consigna de Precarias a la Deriva (2004: 11) “partir de sí para no quedarse en sí” que permite visualizar cómo las mujeres paulatinamente van politizando su existencia desde sus propias experiencias puestas en común. No quedarse en sí implica entonces “desobedecer las segmentaciones y fronteras del capitalismo global integrado para estar juntas y revueltas; (...) situarse dentro y contra (la precarización, la movilidad forzada, el acceso desigual a los recursos, la explotación, el miedo, la soledad...)”.
...ellas lo que querían era comunicarse entre ellas, hacer esa catarsis de los problemas que tenían y cómo lo vivían y si una lo vivía y si otra no los vivía… y luego empezar a encontrar algunas salidas, algunas soluciones… (Técnica de la REDMU, entrevista individual, 2019).
Entonces, dichos encuentros entre mujeres van permitiendo la construcción de un nuevo lenguaje respecto de lo que les pasa y por tanto les permite delinear nuevos horizontes de deseos, que les permite organizar la propia experiencia de un modo diferente. Colaboran con el conocimiento de sí y se torna fuente de fuerza y de saber (Muraro, 1994), valorando de “forma explícita las relaciones cotidianas y políticas entre nosotras” (Menéndez, 2018b: 78)
Como mujer rural era hacer acciones políticas, política era la palabra que yo más odiaba, claro no era política partidaria, ahí aprendí eso…a razonar eso… que yo estaba yendo allí haciendo política desde mi base (Mujer integrante de la REDMU, taller realizado por el equipo, 2019).
Los testimonios de las mujeres dan cuenta de ello, evidencian el resquebrajamiento de los sentidos instituidos sobre el lugar de la mujer, mostrando una profunda transformación en la autopercepción y en el pensamiento.
Sin embargo, como es sabido, la matriz cultural que diagrama el espacio social que ocupan las mujeres se encuentra en disputa. Las relaciones de exclusión que enfrentan las mujeres rurales limitan su acceso a determinados espacios del saber y del poder. Restricciones que responden a la división sexual del trabajo, y a la invisibilización del trabajo reproductivo. Para las integrantes de la REDMU, salir del campo y organizarse junto con otras mujeres en pequeños y grandes grupos, ha sido fuertemente resistido desde varios ámbitos incluso desde el familiar. La lucha de estas mujeres por el reconocimiento y la aparición (Butler, 2019) en la escena pública para disputar derechos no ha sido fácil, así como los obstáculos que debieron superar para poder participar.
Fuimos muy criticadas en la zona, que qué estarán haciendo esas mujeres… que miren ...que andar de noche que reuniones que esto que aquello… (Mujer integrante de la REDMU, entrevista grupal, 2018)
Te decían que desatendíamos el campo o la casa...pero no lo desatendíamos porque siempre las mujeres hicimos tres cosas a la vez, porque mentira que lo desatendemos, igual había que atender a los hijos, hacerle la comida al marido, cargar los camiones para ir al mercado y después… ibas a la reunión; aunque fueras gateando porque a esa altura ya estabas cansada y horrible, pero ibas porque era una necesidad (Mujer integrante de la REDMU, entrevista grupal, 2018)
La matriz cultural que las personas naturalizan e interiorizan sobre la mujer representa el primer obstáculo a desandar para crear efectivamente un espacio entre mujeres. Pero tal como plantea Siliprandi (2010), la reacción de la opinión pública a este tipo de manifestaciones de mujeres campesinas o rurales organizadas, revela los impactos que tienen las acciones políticas de las mujeres en “el debate ambiental y para la transformación del imaginario social, en lo que refiere a la aparición como sujetos políticos” (Siliprandi, 2010, 127). A través de diversas prácticas las mujeres de la REDMU se han construido como líderes sociales y políticas capaces también de cuestionar el imaginario social de las mujeres agricultoras, como mujeres sumisas, y del feminismo como un movimiento que no tienen nada para aportar en los movimientos rurales (Siliprandi, 2010). De modo que la REDMU logra rehacer y resignificar la historia de los movimientos a los que pertenecen, a la vez que disputan nuevas subjetivaciones políticas que les permite reconfigurar sus relaciones familiares, comunitarias, entre otras, para denunciar los problemas sociales locales y globales en los que están implicadas.
A modo de cierre
La REDMU, en tanto espacio colectivo en red, se destaca por generar instancias de encuentro y de formación, que contribuyen a visibilizar y producir reflexión crítica, en relación con la multiplicidad de problemas que el modelo económico y cultural hegemónico genera, a la vez que se disponen a elaborar proyectos e implementar múltiples acciones, a los efectos de revertir la situación imperante en el medio rural.
En la búsqueda de soluciones van desarrollando procesos de autonomía y de transformación subjetiva desde la potencia de la asociatividad, la intercooperación y la solidaridad. La producción de tramas vinculares de confianza, reconocimiento mutuo y cuidado entre mujeres constituye la columna vertebral de los procesos de participación, problematización y transformación, de modo que la contención colectiva y la exploración de nuevos horizontes posibles constituyen dos caras de la misma moneda.
De este modo, entrelazan la lucha por la redistribución con la del reconocimiento (Fraser, 2000), al disputar recursos económicos dentro de las políticas públicas -dirigidas a la pequeña producción rural-, y al ser escuchadas, en las múltiples instancias del espacio público local, nacional e internacional. En dichas experiencias la retroalimentación de saberes y la expansión de la sensibilidad, conlleva la transformación de las prácticas cotidianas. Este entrelazamiento puede ser comprendido como un espiral de afectaciones paulatinas producen un ida y vuelta entre lo personal-familiar y lo colectivo-comunitario.
Otras racionalidades rigen la acción colectiva de este tipo de redes contemporáneas que toman distancia del homo economicus (Larrañaga, et al., 2014; Matthaei, 2010) como un ser siempre racional, egoísta e independiente, que fragmenta lo productivo de lo reproductivo y subestima el lugar del afecto en la construcción de la organización social y política. De modo que, formar parte de redes y movimientos solidarios socioeconómicos constituye una experiencia desde la cual es posible problematizar la vida cotidiana a partir de procesos que requieren indefectiblemente recuperar el sentido afectivo de lo político y el sentido político de lo afectivo (Tommasino, 2018; 2019). Las múltiples y heterogéneas afectaciones que se generan en este tipo de redes pueden entenderse como la huella de la experiencia, entendida como lo que nos pasa, eso externo o exógeno (Larrosa, 2005) que nos atraviesa a nivel personal, colectivo y social y transforma las formas de ser y estar en el mundo, toma mayor o menor intensidad según el involucramiento de las personas. Las afectaciones moldean nuestras vidas, es a partir de diversos ensamblajes afectivos que se va produciendo un deseo de transformar la vida en un sentido integral.
Es en el devenir de la historia de la REDMU que acontece el juego dialéctico entre instituidos e instituyentes, entrelazándose resistencia y resiliencia. De sus prácticas se desprenden acciones que interpelan los procesos de expulsión y exclusión económica y social del sistema hegemónico que les permite impugnar ciertos ensamblajes jerarquizados que vienen dados (género, raza, clase, lugar de nacimiento, fecha de nacimiento); a la vez que escogen vías formales vinculadas con el Estado, como modo principal de canalización de las reivindicaciones.
Al mantenerse vigente en Uruguay el imaginario central estatal proteccionista, es frecuente recurrir al Estado, a los efectos de buscar garantizar una mejor calidad de vida, así como la permanencia en los territorios rurales. La historización participativa habilitó espacios de reflexión al respecto de la compleja relación que se establece con los equipos técnicos que se han dispuesto desde las políticas públicas, para apoyar y acompañar a estos colectivos. En este sentido, la noción de autonomía se aproxima la posibilidad de ir superando en la vida cotidiana las diversas formas en que la desigualdad se expresa; y en menor medida, vinculada con perspectivas que ubican la emancipación como horizonte de transformación social (Weisz, 2019). Del mismo modo, esta organización lleva adelante sus prácticas con mayor proximidad con la perspectiva de género y con mayor lejanía adhiere en clave política los postulados del movimiento feminista. Es decir, se vinculan dando relevancia a la afectividad para sostener la participación entre mujeres, que les permite ejercitar la disposición de sí, versus una subjetividad femenina signada por el ser para otros.
En síntesis, esta experiencia espacio-temporalmente situada, con la que hemos trabajado, comparte ciertos principios básicos de la Economía Social y Solidaria, principalmente relativos al sistema democrático participativo en la toma de decisiones, al cuidado del otro, a la sustentabilidad ambiental, a la intercooperación y a la intermediación en base al comercio justo y el consumo responsable. La tensión entre lo instituido y lo instituyente acompaña sus trayectorias singulares, grupales y comunitarias. Reproducen y sostienen significaciones imaginarias, a la vez que han demostrado capacidad de formarse, transformarse y renovarse en la búsqueda de soluciones que amplían y religan la política y la economía, aportando al amplio campo de la otra economía.
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Enviado:20/04/2020
Aceptado: 27/01/2021
Cómo citar este artículo:
Weisz, C. B.; Tommasino, N., y González, D. (2021). Sentidos y afectaciones de la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay. Otra Economía, 14(25), 59-75
* Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
** Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
*** Universidad de la República, Montevideo, Uruguay
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[1]El proyecto de investigación titulado "La Economía Social y Solidaria como estrategia de inclusión social", fue aprobado en el marco del Programa orientado a la inclusión social de la Comisión Sectorial del Investigación Científica (CSIC) de la Universidad de la República, y cuenta con el aval del Comité de Ética de la Facultad de Psicología. Fue ejecutado durante 2019 por el equipo interdisciplinario integrado por docentes-investigadores del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales: Dra. Anabel Rieiro, y Lic. Daniel Pena, con la colaboración del Lic. Gonzalo Karageuzan y docentes-investigadores de la Facultad de Psicología, Dra. Clara Betty Weisz, Mag. Natania Tommasino y el Lic. Daniel González Fajardo, con la colaboración del Dr. Ismael Ibarra. El artículo fue entregado a la Red de Grupos de Mujeres Rurales, quienes realizaron aportes y ajustes finales.