Cartografías de la politicidad feminista en entramados comunitarios-solidarios de Uruguay
Nat Tommasino Comesaña
nat.tommasino@gmail.com
Instituto de Psicología Social, Facultad de Psicología,
Universidad de la República Montevideo, Uruguay.
Recibido: 22/08/2023 - Aceptado: 30/11/2023
Resumen: Desde la epistemología feminista y la perspectiva de los comunes, a través de entrevistas y observaciones, se compone un mapa —abierto, alterable, modificable— para explorar las políticas en femenino en entramados comunitarios-solidarios de Uruguay, entendidos como un universo heterogéneo de organizaciones y experiencias locales asociativas-colectivas que producen economías sociales y solidarias. Dichos entramados presentan potencialidad interpeladora y capacidad de aprendizaje respecto a esta forma de politicidad que tiene la capacidad de cuidar y defender la vida disputando las políticas relacionales que nos impone el sistema colonial-patriarcal y capitalista. Desde estas reflexiones podemos entender a estas tramas como alternativas éticas y gérmenes de futuro en el presente, porque nos confirman que otro mundo está latiendo y es posible aquí y ahora, basta con interrogarnos sobre qué modos y relaciones construimos para reproducirnos.
Palabras claves: entramados comunitarios, economía social y solidaria, políticas en femenino
Resumo: A partir da epistemologia feminista e da perspectiva dos comuns, utilizando-me de entrevistas e observações, compõe-se um mapa —aberto, alterável, modificável— sobre as políticas feministas relacionadas aos movimentos comunitários-solidários no Uruguai, compreendidos como um universo heterogêneo de organizações e experiências associativas-coletivas locais que produzem economia social e solidária. Essas organizações são potencialmente questionadoras e por isso proporcionam capacidade de aprendizagem sobre esta forma de politicidade que tenham a capacidade de cuidar e defender a vida, contestando as políticas relacionais que nos são impostas pelo sistema colonial-patriarcal e capitalista. A partir dessas reflexões podemos compreender essas tramas como alternativas éticas e sementes do futuro no presente, pois nos confirmam que outro mundo está acontecendo aqui e agora, basta nos perguntarmos sobre quais caminhos e relações construímos para nos reproduzirmos.
Palavras-chave: organizações comunitárias, economia social e solidária, políticas feministas
Abstract: From feminist epistemology and the perspective of the commons, through interviews and observations, a map is composed —open, alterable, modifiable— to explore feminine policies in community-solidarity frameworks in Uruguay, understood as a heterogeneous universe. of local associative-collective organizations and experiences that produce social and solidarity economies. These frameworks present interpellation potential and learning capacity regarding this form of politicities that has the capacity to care for and defend life by disputing the relational policies imposed on us by the colonial-patriarchal and capitalist system. From these reflections we can understand these plots as ethical alternatives and seeds of the future in the present, because they confirm to us that another world is beating and is possible here and now, it is enough to ask ourselves about what ways and relationships we build to reproduce ourselves.
Key Words: community frameworks, social and solidarity economy, feminine policies
El presente texto aborda el problema de la politicidad feminista en entramados comunitarios y solidarios de Uruguay. El mismo se nutre de los resultados de la investigación “El campo de la Otra economía en los procesos de inclusión y transformación”1 en el marco de la cual desarrollé una parte del trabajo de campo de mi investigación doctoral en psicología.2.Desde estos devenires venimos3 trabajando para reconceptualizar, desde la perspectiva de los comunes (Federici, 2020, 2013; Gutiérrez, 2017), el campo de la Otra economía en Uruguay. Es así que, inspiradas en el concepto de “tramas comunitarias” (Gutiérrez, 2017) entendidas como relacionalidades rizomáticas que funcionan en tensión con el Estado y la acumulación de capital y que establecen sus propios fines, deseos, alcances y delimitan sus ritmos y códigos de relacionamiento para reproducir la vida, hemos denominado (Weisz, Tommasino y Rieiro, 2021) como “entramados comunitarios-solidarios” al conjunto de experiencias locales asociativas-colectivas, heterogéneas entre sí, que producen desde múltiples ensamblajes economías sociales y solidarias para sostener la vida social, simbólica y materialmente.
En distintas regiones de Latinoamérica estos entramados se tejen cotidianamente para producir común y en su hacer reorganizan las relaciones de interdependencia y de reproducción de la vida. Se caracterizan por producir economías solidarias, por su arraigo territorial, por el énfasis en la cultura, en la autonomía y por el papel de las mujeres y de las familias (Zibechi, 2010). Resguardan y defienden la vida ante crisis del sistema capitalista-patriarcal-colonial que se despliega en distintos planos —socio-económico, ecológico y de cuidados—, generando relaciones sociales-afectivas alternativas para sostener la vida.
La situación de parar el mundo y desacelerarse que nos impuso la pandemia, producto del COVID-19, dejó en evidencia la forma de activación de estas tramas para volver a los planos más básicos y elementales de la reproducción, incrementando la conciencia del consumo responsable y del cuidado de la naturaleza, así como potenciando estrategias de soberanía alimentaria (Rieiro, Castro y Pena, 2021; Sarachu et al, 2020). En ese sentido, las tramas de la Otra economía tienen como objetivo la construcción de un proyecto social que asegure la reproducción de la vida por medio de la solidaridad, basada en el reconocimiento entre lxs seres humanos y en la responsabilidad en los intercambios con la naturaleza (Coraggio, 2013)
En nuestro país, este campo se manifiesta como abierto y en disputa, compuesto por experiencias heterogéneas que conforman “subcampos” (Rieiro, Weisz y Tommasino, 2018; Rieiro, Latorre y Ferro, 2022) a saber: a. cooperativismo: el sector más institucionalizado que se triplica entre el 2008 y el 2018;4 b. redes: experiencias menos formalizadas; adoptan formatos jurídicos distintos al del cooperativismo, surgidas fundamentalmente en la crisis socio-económica del 2002 con una fuerte impronta latinoamericana y al calor del 1er Foro Social Mundial, buscan nuevas prácticas para la reproducción social; c. experiencias de la economía comunitaria/popular que resurgen en el 2020 en el marco de la crisis producto de la pandemia; las ollas populares, las huertas comunitarias, los clubes de trueque y las monedas sociales son ejemplos de estas economías locales territorializadas .
La continua expansión de estos entramados desde otras gramáticas y epistemologías del sur nos permite conectar con formatos, políticas y saberes de experiencias que nos evocan la memoria larga de las luchas latinoamericanas y que persisten como una modernidad alternativa a la modernidad capitalista-colonial (Millán, 2014; Rivera Cusicanqui, 2018). Esta observación es relevante si tenemos en cuenta que en nuestro país la narrativa histórica de los entramados comunitarios-solidarios está asociada fundamentalmente con el cooperativismo que emerge en la segunda mitad del S.XX con la ola de inmigrantes europeos asociados a los valores del legado utópico socialista y anarquista (Errandonea y Supervielle, 1992). En ese marco, la economía social asociada al cooperativismo logra ser promovida por políticas estatales, hecho que revela “la fusión simbólica entre el cooperativismo y el Estado Uruguayo” (Terra, 1986).5 El registro y la institucionalización de estas organizaciones cooperativas, aún siendo un movimiento social muy importante en nuestro país, invisibiliza otras experiencias que fueron mapeadas recién en el 2014 para identificar a sus principales actores6 (Torrelli y Giacomi, 2018).
Cuando miramos a contrapelo la historia de expansión de los entramados comunitarios-solidarios en Uruguay, desde la perspectiva de los comunes y también desde una epistemología feminista, podemos ver una fuerte presencia de mujeres y cuerpos feminizados resolviendo los alimentos, la educación, la salud y otros cuidados. Esto nos condujo a preguntarnos sobre las relaciones de género, la presencia femenina y sus roles dentro de las organizaciones y experiencias. Elaboramos un mapeo en el 2018 sobre la presencia de comisiones de género de este campo (Rieiro, Osorio, Tommasino, Veras y Andrade, 2018) encontrando dieciséis grupos que abordan la cuestión del género como un eje transversal a los espacios de gestión, así como otras comisiones que han logrado generar actividades específicas para incidir sobre este tema a la interna de los colectivos. Algunos testimonios revelan que han podido reconocer el trabajo “oculto” en la esfera productiva como eje fundamental de la reproducción de la vida y para la organización del trabajo más formal (Osorio, et.al, 2019).
Durante este proceso de trabajo la clave de “políticas en femenino” de Raquel Gutiérrez (2017) fue inspiradora para explorar con mayor profundidad los sentidos políticos que se despliegan en el campo de la Otra economía. Según la autora, lo femenino alude a una forma específica de lo político porque: 1) tiene como punto de partida el compromiso colectivo con la reproducción de la vida (vida humana y no humana); 2) asumir como político lo vinculado a la producción y defensa de las condiciones para reproducir la vida, requiere establecer algún tipo de inclusión puesto que desde la mirada clásica lo político está ligado a lo androcéntrico y a la acumulación del capital. De este modo, la política en femenino modifica drásticamente “las relaciones mando-obediencia que segmentan, jerarquizan y estructuran a las sociedades” (Gutiérrez, 2017: 69-70). Desde estos apuntes conceptuales nosotras (Tommasino et. al, 2021:3) denominamos como politicidad feminista “a un conjunto de saberes y haceres cotidianos específicos que despliegan mujeres y disidencias en las heterogéneas tramas-comunitarias y solidarias que sostienen cotidianamente, desde las cuales producen común”. Entendiendo por lo común una relación social que se teje para el cuidado de todas las vidas y que tiene como horizonte práctico la transformación desde el presente (Gutiérrez, 2017).
En esta ocasión las preguntas que nos orientan son ¿cómo estos entramados trastocan las formas de la reproducción social y de los cuidados y en qué sentido producen, alteran y resignifican las relaciones de interdependencia entre lxs humanxs7 y otros seres? Compartimos a continuación algunas pistas teórico-metodológicas y tres nudos problemáticos que emergen del análisis sobre el problema aquí abordado: 1. los sentidos otorgados a la participación femenina; 2. las prácticas de cuidado y, 3. la praxis entre-mujeres y disidencias. A modo de “cartografías” (Deleuze y Guattari, 2006), este texto presenta un mapa abierto, vivo, inacabado, alterable sobre de la politicidad feminista en los entramados comunitarios-solidarios de Uruguay.
1. Claves teórico-metodológicas
La investigación que da origen al presente artículo se orienta por la epistemología feminista (Harding, 1996) que supone asumir un compromiso político epistémico en contra de las formas de producción androcéntricas y coloniales del conocimiento, para producir y experimentar el conocimiento como parcial, situado y encarnado (Haraway, 1997), así como para otorgarle un valor epistémico a los afectos y transformarlos en herramientas para conocer (García Dauder y Ruiz Trejo, 2020). Desde estos giros y sensibilidades podemos cuestionar el modelo binario racionalidad-afectividad en el que se basa el androcentrismo epistémico que prioriza el estilo cognitivo patriarcal “abstracto, teórico, distante emocionalmente, analítico, deductivo, cuantitativo, atomista y orientado hacia valores de control y dominación” (Blázquez Graf, 2012 en Rieiro, et.al., 2022: 59). Por lo contrario, nos interesa una ciencia que hace visible el lugar del que mira, hace audible la voz de quienes narran (en primera persona y en plural) y explícita las relaciones de poder que se entrecruzan en el proceso investigativo.
Como sabemos, en la última década se ha desplegado lo que algunas autoras denominan como “tercer ciclo feminista” con una impresionante “transversalidad política” (Gago, 2019) que permea el campo social a través de las vertientes feministas autónomas o “desde abajo” (Menéndez, 2019), y feminismos que reconstruyen la genealogía de los saberes generados por mujeres y disidencias afrodescendientes, lesbianas, trans, latinoamericanas, feministas comunitarias (Paredes, 2014). La capacidad con la que este fenómeno sacudió nuestras vidas nos permite renovar nuestros “regímenes de afecciones” (Deleuze, 2006) incidiendo también en las formas en que producimos conocimiento.
“La vida en el centro” se vuelve una clave político-epistémica muy potente desde la cual podemos explorar las relaciones del cuidado y protección de la vida en el marco de las relaciones económicas, culturales, políticas, teniendo presente además la heterogeneidad del mundo vivo del que dependemos como humanos. Esta clave es utilizada por la economía feminista y los ecofeminismos (Herrero, 2016; Mies y Shiva, 2013; Pérez Orozco, 2015), corrientes que se proponen alterar la visión androcéntrica y dicotómica de la economía, derribar los binarismos en torno al trabajo/no trabajo, lo productivo/reproductivo, lo público/privado, la razón/emoción, cultura/naturaleza, y tejer puentes entre los feminismos y la ecología política en la búsqueda de unificar luchas para defender los cuerpos-territorios-de-vida (Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, 2017).
En esta línea y desde acuerdos de trabajos colaborativos que tenemos con las organizaciones y experiencias, nos propusimos analizar cómo irradian algunos elementos de la epistemología feminista en el campo de la Otra economía y qué herramientas teórico-metodológicas nos proporciona para investigar. ¿Qué seres y formas de la política se desocultan cuando producimos teoría desde esta clave epistemológica? Inspiradas en estas preguntas analizamos las entrevistas realizadas en el marco del mapeo antes mencionado y de observaciones de campo de mi proyecto doctoral con la Red de Grupos de Mujeres Rurales (RedMu) y con la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas (RNSNC). Las entrevistas fueron realizadas por lxs distintxs integrantes del grupo de investigación del mapeo: fueron un total de veinticuatro entrevistas en profundidad a referentes de organizaciones y experiencias de segundo grado.8 Dieciséis fueron individuales (trece hombres y tres mujeres) y ocho grupales (participando un total de cinco hombres y diecisiete mujeres). Construimos una pauta de entrevista con cincuenta preguntas guía, que exploraban distintos posicionamientos en torno a las siguientes dimensiones: solidaridad, democracia interna, relaciones de composición, generaciones, cadenas productivas, estado, bienes comunes, naturaleza y género.
De las entrevistas, once corresponden al subsector cooperativo: la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Apoyo Mutuo (FUCVAM), la Federación de Cooperativas de Vivienda (de usuarios por ahorro previo) (FECOVI), la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay (FCPU), la Federación Uruguaya de Cooperativas de Consumo (FUCC), la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito (FECOAC), las Cooperativas Odontológicas Federadas del Interior (COFI), el COVIPRO - Plenario de Cooperativas de Viviendas de Propietarios y Conjuntos ambientales, la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR), la Cooperativa Nacional de Ahorro y crédito (COFAC) y la Confederación Uruguaya de Cooperativas (CUDECOOP).
Diez corresponden al subsector de las redes de la economía solidaria: la Red de Agroecología del Uruguay (RAU), la Red de Semillas Nativas y Criollas (RSNC), la Coordinadora Nacional de Economía Solidaria (CNES), la Asociación Nacional de Empresas Recuperadas por sus Trabajadores (ANERT-PIT CNT), la Red de huertas comunitarias del Uruguay, la Asociación de Mujeres Rurales del Uruguay (AMRU), la Red de Grupo de Mujeres Rurales (RGMR), la Mercada Feminista, la Feria Itinerante Feminista (FEFI), SANCOCHO (colectivo que aglutina editoriales independientes).
Tres de las entrevistas fueron realizadas a integrantes del subsector de la economía comunitaria/popular: IKI moneda social, la Coordinadora Popular y Solidaria de ollas y merenderos populares (CPS) y la Red Solidaria de Salto.
2.1. Sentidos otorgados a la participación femenina
Del análisis de las entrevistas podemos armar distintas cartografías de entramados según la composición sexo-género de sus integrantes: veinte son de integración múltiple (varones, mujeres y disidencias); dos integradas únicamente por mujeres y dos integradas por mujeres y disidencias.9 Las posiciones de lxs referentes significan de distinta forma las relaciones de género y la participación femenina,10 como veremos a continuación, la matriz organizacional de las experiencias imprime distintos sentidos a este problema.
Las distintas posiciones respecto a las relaciones de género y participación femenina configuran dos tendencias. La primera de ellas corresponde a las experiencias nucleadas por el sector cooperativo. En este grupo, si bien se encuentran diferencias internas, significan la participación femenina a través de los marcos institucionales de organismos internacionales que priorizan la mirada de la igualdad y paridad de género, así como en la incorporación de las mujeres a los órganos de gobierno. En este sentido, se subraya el diálogo que establecen con la CUDECOOP11 desde la cual se producen estrategias de inclusión buscando la paridad participativa entre varones y mujeres en ámbitos delegativos. Aunque con matices, estas organizaciones tienden a significar el género como tema “específico” a abordar, al igual que con el tema “ambiente”; se trata de asuntos que ingresan a la agenda de prioridad, pero que como podemos ver en el siguiente fragmento de entrevista, tienden a quedar ligados más a una macropolítica para enfatizar su incidencia en la regulación de políticas públicas, que a una micropolítica del deseo de transformación de las sensibilidades subjetivas a desplegar en los espacios colectivos de las cooperativas, federaciones, etc.
Particularmente en las cooperativas el tema medio ambiente y el tema equidad y género en los últimos años ha tenido una evolución muy grande (...) temas que están en la agenda pública y que las cooperativas particularmente lo han integrado en cada congreso que participa CUDECOOP a nivel de la ACI,12 hay comisiones de trabajo específicas sobre esos temas, se integran políticas internacionales a las nuestras sobre el tema género (...) la Federación nuestra todavía no pero seguramente en el plan estratégico va a estar presente (Entrevista individual, varón, 19 de agosto del 2021).
En este grupo de experiencias que tiende a generar acciones institucionales para canalizar las demandas de las mujeres, surgen diagnósticos sobre la situación de equidad de género, capacitaciones, talleres, creación de comisiones de género, publicaciones sobre temas específicos en la materia, encontrando resonancias positivas en las cooperativas de base. En este sentido, la experiencia del proyecto “Cooperación con Equidad”13 que implementó la Federación de Cooperativas de Producción es destacada por varias federaciones como importante. Sin embargo, otras posiciones plantean que, a pesar de los avances alcanzados, siguen detectando obstáculos en las Federaciones para consolidar la participación femenina hecho que se contrasta con la participación masiva de mujeres en las cooperativas de base —resolviendo tareas de gestión, de administración, de cuidado—. Este hecho interroga las lógicas de los espacios deliberativos de segundo y tercer grado, asociadas a la forma en que en estos espacios circula la palabra y a ciertos privilegios de los varones: su supuesta capacidad para la oratoria, el modo de entender el conocimiento, la experiencia en el debate que hace que se los dote de reconocimiento y valorización (Osorio, 2016). Algunas posiciones expresan que este hecho se entrelaza con los procesos macrosociales de opresión patriarcal y que el cooperativismo no es un ámbito apartado de la reproducción de las lógicas machistas.
En ese sentido, algunos matices importantes en este subcampo lo expresan las federaciones de cooperativismo de vivienda, fundamentalmente la experiencia de FUCVAM, quienes plantean que para un abordaje crítico de los problemas de género las propuestas institucionales lideradas por las comisiones de género (fundamentalmente compuestas por mujeres) no son suficientes. Estos matices dan cuenta de que otras claves epistemológicas hacen falta para analizar la fuerza con la que permean en las capas subjetivas las lógicas androcéntricas, puesto que como indica el siguiente testimonio las personas que hacen parte de experiencias cooperativistas no están exentas de las relaciones sexistas, heteropatriacales que demarcan la división sexual del trabajo y la discriminación de género. En ese sentido, vemos con buenos ojos estas sensibilidades inteligibles, porque dan un aliento fresco a los marcos analíticos añejados sobre la trama de opresiones que recae en las mujeres.
Como en toda la sociedad uruguaya, no somos una burbuja. Tenemos un área de género histórica. Fue la primera organización en este país en que las mujeres se pelearon con los capataces para poder hacer horas en las obras. Estamos hablando del año 68 (...) los capataces no querían. “Entonces no construimos” dijeron las mujeres. Porque los hombres estaban trabajando en los campos todos los fines de semana y el único momento que había para trabajar era los fines de semana (...) El lugar de la mujer, como en toda la sociedad, ha llevado a problematizarnos a cuestionarnos como organización, a descubrir que tenemos las mismas fallas que tienen cualquier organización, y cualquier nucleamiento de personas en la sociedad, tenemos violencia doméstica, tenemos situaciones de género, cooperativas que no quieren a las mujeres (Entrevista individual, varón, 13 de agosto del 2021).
El segundo grupo de experiencias se compone de posiciones que encuentran distancias con las anteriores. Las mismas pertenecen al sector redes y de algunas ollas populares, que cuentan con gran participación de jóvenes y eventualmente con disidencias. Suelen interpelar el asunto de la participación femenina criticando las dicotomías varón-mujer, participación no-participación, público-privado. Estas experiencias tejen entre sí alianzas políticas y herramientas desde una mirada de género interseccional. Encuentran en esta clave una potencia para pensar de modo crítico la imbricación de opresiones.
Sí, el área de género tiene toda una red, no solamente de nuestras organizaciones. (...) con una mirada de género particular, que hace que las compañeras a veces tengan que buscar con quien relacionarse, porque no se trata solamente de entender la desigualdad de género en el marco de las diferencias de clases, no todas las organizaciones parten de eso, entonces eso también pauta la política de alianzas (Entrevista individual, varón, 13 de agosto del 2021).
Aunque con matices, encontramos posiciones vinculadas al modo de producir una equitativa organización social de los cuidados en relación con otros seres y elementos que habitan el planeta (agua, tierra, plantas, árboles, bosques, animales, semillas). Sus prácticas están fuertemente territorializadas, preocupadxs en construir lazos de colaboración para sostener la vida en clave interespecie, en los marcos del modelo de producción de “lo común anticapitalista, antipatriarcal y anticolonial” (Gutiérrez, 2017; Federici, 2020). A través de esas sensibilidades, algunas experiencias vinculadas a la ruralidad producen una trama relacional afectivamente comprometida con el medio, a la que podemos denominar como “afectividad ambiental” (Giraldo y Toro, 2020), una afectividad multiplicadora de vínculos para el cuidado de la vida.
En este grupo de experiencias las mujeres no necesitan involucrarse en acciones diseñadas o lideradas por otrxs, puesto que ellas están allí todo el tiempo, siendo protagonistas y líderes en las tareas de gestión colectiva, en la resolución de alimentos, en el cuidado de lxs niñxs, en el cuidado de las semillas, tareas que son esenciales en este tipo de entramados por tratarse de redes que disputan lo común desde la defensa de la soberanía alimentaria, de la agroecología y otras que están vinculadas a generar mercados solidarios por medio de trueques y ferias en clave feminista. La cita a continuación hace evidente esta relación estrecha entre las mujeres y el cuidado de la reproducción de la vida que hace proliferar la biodiversidad ecosistémica.
Cuando el mantenimiento de la semilla es realizado por mujeres, cambian la cantidad de tipo de usos y la diversidad de colores, de formas o sea es diferente. Porque tiene su uso para lo culinario, para la artesanía y otros. Y la diversidad se amplía, entonces por eso la mujer en la conservación de semillas tiene un peso muy importante (Entrevista individual mujer, 10 de febrero de 2019).
En este sentido, las experiencias marcadas por la ruralidad conforman un grupo en sí mismo. En este grupo se expresan posiciones cercanas a los enfoques feministas autónomos, comunitarios y campesinos14 en diálogo con los ecofeminismos, desde la clave “cuerpo-tierra-territorio” (Cabnal, 2010) que encuentra articulaciones con la memoria larga de los movimientos latinoamericanos donde lo femenino no alude a un sujeto sino a un signo político que tiene como finalidad el cuidado (Rivera Cusicaqui, 2018). Como podemos ver en el siguiente testimonio, estas experiencias producen acciones en clave “ecodependiente” (Herrero, 2016) y reconocen el liderazgo de las mujeres en el cuidado de los bosques nativos, las semillas criollas, acciones de ocupación de tierras en contra del modelo extractivista depredador del agronegocio, en defensa de la especulación inmobiliaria, la disputa de tierras públicas a través del Instituto Nacional de Colonización, acciones frente a las problemáticas asociadas a la forestación, la contaminación de ríos y arroyos, la sequía, el envenenamiento de la tierra, el saqueo, la extranjerización y acumulación, etc. Estos cuidados constituyen pedagogías ambientales que forman parte del círculo de saberes que se reconocen en este tipo de experiencias.
En el caso de las Red de Semillas había algo previo ancestral histórico del papel de las mujeres con relación a la conservación de la semilla. ¡Eso siempre se reconoció! (…) yo creo que en la red eso incide para bien, porque eso es parte de la identidad femenina que a vos te interesa valorar. (...) Lo que tiene que hacer el varón es aprender a compartir eso que no es la obligación de la mujer, y eso se da bastante en la red (Entrevista individual, varón, 9 de julio del 2021).
Estas experiencias muestran que el carácter político de las racionalidades se produce en el proceso de cuidar los comunes como territorios de vida. Del mismo modo la subjetivación política femenina en estas redes está marcada por la “identidad relacional” (Hernando, 2018) de las mujeres con sus familias y comunidades que le dan sentido a su lucha. Esta observación es importante para pensar los matices que las organizaciones y experiencias presentan en este campo respecto a este problema. A diferencia del tipo de organización que genera un sentido de la participación femenina institucionalizada (sostenida en los feminismos liberales desde una razón instrumental y autosuficiente que nos dicen “no dependerás de nadie”), otras organizaciones colectivas producen condiciones de posibilidad para desplegar sentidos relacionales basados en un sentido crítico de la interdependencia (conectadas con los feminismos comunitarios, populares y autónomos que plantean que toda producción de subjetividad es inter y eco-dependiente).
2.2. Sentidos y prácticas del cuidado
Algunos estudios sobre economía feminista (Nobre, 2015; Osorio, 2016) indican que en las experiencias de integración mixta se vuelve un gran desafío visibilizar las tareas de cuidado y superar la reproducción de roles jerárquicos de poder. En estas suelen imponerse los tiempos acelerados de la militancia —desde una lógica masculinizada— lo que lleva a no contemplar los tiempos del cuidado —invisibilizando el aporte de las mujeres—. Estudios recientes (Osorio, et. al. 2019) sobre la relación de los cuidados y la Otra economía en nuestro país nos aportan tres gradientes de sentido para poder comprender y acompañar las prácticas de estos entramados: i) un sentido clásico, que reivindica a la mujer desde el rol maternalista; ii) un sentido crítico que cuestiona la división sexual del cuidado, reivindicando la corresponsabilidad de los cuidados domésticos; iii) un sentido antisistémico que muestra la invisibilización del trabajo reproductivo para la producción de la fuerza del trabajo como parte de la estrategia del capital.
En el primer caso podemos agrupar varias experiencias que significan el problema de los cuidados como un asunto de responsabilidad casi exclusiva de las mujeres y que por ese motivo debería ser un tema de debate y de abordaje específico de las comisiones de género. Este sentido da cuenta de la naturalización de los cuidados con relación a los cuerpos feminizados, tareas que supuestamente les conciernen por ser tareas reproductivas; así como en el punto anterior, para estas experiencias los cuidados adquieren sentido como “temas de agenda” articulados con el ritmo y los intereses impuestos por las políticas públicas. Este hecho genera un sentido institucionalizado de las prácticas del cuidado sin cuestionar la división sexual de los mismos ni las consecuencias que tiene para los cuerpos feminizados sostenerlos.
Si, a nivel de la Comisión de mujeres. Hay una agenda política que se armó (...) se instaló una mesa de diálogo interinstitucional, en la que ellas participan mucho y el tema de la agenda de cuidados está ahí. Y parte de ese fruto del trabajo, es que por ejemplo el Ministerio de Ganadería es uno de los primeros que tiene un Plan Nacional de género para la ruralidad, y mira que gran parte de eso es el empuje que vienen haciendo las mujeres. En esa agenda está la agenda de cuidados (Entrevista individual, varón, 6 de junio del 2021)
En el segundo sentido de los cuidados encontramos experiencias que significan este asunto como transversal a su vida organizacional. Estrategias de cuidado que se despliegan intermitentemente, es decir, una permanencia que no es continua. Dicho de otro modo, las prácticas del cuidar se activan y se desactivan discontinuadamente, aunque exista una intención permanente de producir un sentido crítico del cuidado. En esta tendencia, se encuentran posiciones que realizan una crítica a la división sexual de los trabajos y reivindican cierta corresponsabilidad de los cuidados domésticos que en consecuencia le permitirá a las mujeres mayor “empoderamiento”. Como vemos en los testimonios, estas experiencias muestran un abanico de haceres compartidos-cotidianos que imprimen la posibilidad de ensayar circunstancialmente otros arreglos de las relaciones interdependientes para sostener la reproducción de la vida de una manera crítica. Aunque con limitaciones, estas prácticas van aportando a otros sentidos de la reproducción, haciendo visible la condición de “vulnerabilidad de los cuerpos” (Butler, 2019) y el cuidado como estrategia para abordar esa condición pre-contractual de las personas. De forma incipiente, podemos decir que sus prácticas van resquebrajando los sentidos patriarcales del cuidado.
Ahora en Canelones una va a participar de una reunión entonces deja los hijos con otra y después si esa otra va a participar a una reunión le cuida los hijos. Colaboran entre ellas (...) Sino también si el marido tiene la tarde libre entonces nos podemos reunir (Entrevista individual, mujer, 6 de agosto del 2021).
Mis hijas salían a jugar y la casa de ellas no terminaba en la puerta de mi casa, la casa de ellas era la cooperativa. Y se abría la puerta y entraban 10 gurises y te decían “venimos a merendar” y decías “por qué no me avisaste”, porque te quedaba medio litro de leche es para las dos gurisas que tenías vos y a los 5 minutos tenías a los padres de esos gurises, con otro medio litro de leche y dicen “sabemos que te vino el clavo”. Entonces en las cooperativas están dadas las condiciones para que sucedan mucho más frecuentemente y sea vivido naturalmente, no como una situación de excepción, eso es lo que cambia (Entrevista individual, varón, 13 de agosto del 2021).
En este segundo sentido también cobra relevancia el caso de la Red de Grupos de Mujeres Rurales por tratarse de una red que nace en los años 90’ para sostener la carga de los cuidados feminizados en el medio rural, que tiene como característica la superposición de las tareas productivas y reproductivas. En las múltiples instancias de trabajo que hemos compartido, ellas evidencian los cuidados como una clave política potente para releer sus historias. Sus relaciones con los cuidados domésticos intrafamiliares operan como “marcas de dolor” (Ahmed, 2019) y las transforma en mujeres cansadas, amargadas, aisladas entre sí y siempre a disposición de los demás. Itinerarios femeninos llenos de preocupaciones por la salud, educación y trabajo de sus hijxs y sus comunidades, que les impide generar tiempo e interés para sí mismas. Frente a esta problemática, la red de mujeres aparece como un lazo solidario para socializar entre ellas, genera condiciones de posibilidad para producir otras relaciones afectivas y autonomía económica a través de sus microemprendimientos colectivos.
En las experiencias que veo acá afuera de la gente, las mujeres son muy dominadas por los hombres, por el machismo, también veo en algunos casos las crianzas de los varones, (...) antes ni hablaban de sometimiento (antes no se veía como algo malo) pero en realidad están sometidas al quehacer de la casa, a no tomar decisiones (...) antes decidieron sus padres por ellas, se casan y deciden sus maridos, el no tener acceso a dinero, a decir quiero comprar esto para mi casa, si no es lo que quiere el marido…(Entrevista individual, mujer, 14 de agosto de 2020).
En el tercer sentido, antisistémico, podemos agrupar experiencias que por sus formatos organizacionales tienden a considerar los cuidados como un asunto micropolítico otorgándoles un valor revolucionario dentro de la vida organizacional. El abanico de prácticas que se observa es heterogéneo, como ser: respetar los pronombres que las personas eligen para sí mismas porque de esa forma los cuerpos disidentes pueden expresarse con más libertad; desplegar estrategias colectivas para que las personas pueden llegar a fin de mes; crear espacios de cuidado para poder realizar asambleas, fiestas, encuentros de las redes; trocar alimentos, yuyos, semillas, productos medicinales; organizar grupos de sostén para el cuidado de la salud mental; crear estrategias colectivas de recaudación de fondos que permita pagar honorarios profesionales por situaciones de violencia de género; crear fondos colectivos para que las personas con cuerpos menstruantes puedan acceder a los productos que necesitan de manera gratuita (“toallitas”, copas menstruales), colectivizar necesidades en torno a la vivienda; hacer “vaquitas”, rifas, sorteos de productos autogestionados para solventar los gastos de las mudanzas; cuidar a otros seres de la naturaleza a través del despliegue de una alimentación vegana y prohibir en las ferias la comercialización de productos que contengan materia prima proveniente de animales, entre otros.
Un caso re puntual (...) fue que hicimos una rifa separada del sorteo nuestro, el sorteo era de los emprendimientos, la rifa era para ayudar a que una mujer pudiera pagar los honorarios de los abogados para que trabajara en su caso por la tenencia de su hije, en un caso de violencia basada en género (Entrevista grupal, mujeres, 31 de julio del 2021).
Se ha conformado un equipo que es rotativo, de doce compañeras, porque sabemos que en la situación de contenernos, de escucharnos, llamarnos también agota, porque somos seres humanos. Entonces está bueno tener un seguimiento, pero irnos rotando todo el tiempo. Es desde las prácticas (...) y como decíamos hoy, el trabajo en redes (Entrevista grupal, mujeres, 14 de agosto del 2021).
Vemos en estas prácticas ensayos autogestionados del cuidar que -con más o menos éxito, con más o menos permanencia en el tiempo- despliegan estrategias que resquebrajan los arreglos intrafamiliares para la resolución de sus necesidades y que además en algunos casos despliegan estrategias de cuidado que toman en cuenta la existencia de otros seres no humanos, de modo de no despreciarlos y aprender a valorarlos (si bien son pocas, estas experiencias constituyen antecedentes importantes en clave feministas-antiespecistas). Además de esto, se destacan por ser experiencias que logran problematizar la imagen del “buen militante” que dedica gran cantidad de tiempo al activismo en una organización en detrimento de las tareas de cuidar la vida de modo integral (Tommasino, et. al, 2021). En este sentido cobra relevancia las relaciones político afectivas (Teles, 2009) que tejen con otros movimientos sociales antisistémicos. Nos referimos a: la Vía Campesina, Amigos de la Tierra, La Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo, Movimiento Sin Tierra, Movimiento Campesino Santiago del Estero, así como con grupos feministas locales e internacionales como Minervas, Enredadas, Donde Están Nuestras Gurisas, entre otros.
En síntesis, este grupo de experiencias explora paulatinamente nuevos sentidos del cuidar desde lo familiar extendido —comunalizado—. Como plantean Vega Solis, Martínez-Buján y Paredes (2018: 5) esto admite cierta resignificación del rol de las mujeres (sobre todo las mujeres precarizadas, migrantes y racializadas) como recursos para proveer cuidados, explorando sus capacidades sociales de cuidar “por fuera de los confines normalizados y disciplinarios como la casa, la familia, el hogar, la cárcel, impugnando el lugar central del dinero y del uso residual de lo público para ello”. Así, cuando analizamos estas prácticas y relaciones sobre los cuidados la clave de la Sostenibilidad de la vida (SDV) (Pérez Orozco, 2014) adquiere un sentido especial, puesto que es un enfoque que prioriza la construcción de una organización social donde todas las “vidas sean vivibles” (Butler, 2017), impugnando las lógicas del mercado como estructurantes de las relaciones sociales y criticando las claves teóricas economicistas androcéntricas que dicotomizan las esferas productivas y reproductivas de la vida. Y como pudimos ver en varios ejemplos, varias de las experiencias de este campo van explorando alternativas éticas para sostener la vida desde esta clave.
Entendemos las praxis entre-mujeres como una politicidad feminista viva que genera la posibilidad de producir espacios, tiempos y problemas sobre los mandatos patriarcales y los valores androcéntricos. Con esta clave buscamos comprender las condiciones de emergencia y conformación de los espacios entre mujeres en al menos tres aspectos: sus diferencias, alianzas y construcciones políticas. Cuando exploramos esta praxis desde la trama de la otra economía, encontramos distintos agrupamientos de experiencias. Pudimos mapear un total de trece organizaciones y experiencias que despliegan la praxis entre mujeres de diferente manera, cinco pertenecen al sector cooperativo (experiencias de integración mixtas) y ocho al sector de redes (de las cuales cuatro son mixtas y cuatro de integración exclusiva de mujeres y disidencias).
Estos datos coinciden con la observación que hemos realizado (Tommasino et.al, 2021) hace algunos años sobre el florecimiento de esta praxis en el campo de la Otra economía, fundamentalmente en el subcampo de las redes. Este subcampo se caracteriza por generar espacios abiertos, múltiples, tensionados por cuerpos disidentes, tratando de superar lógicas identitarias cerradas y esencialistas. La integración de lo disidente en las experiencias se genera tanto por la forma de nombrar esos espacios (como el caso del Mercado Popular de Subsistencia “mujeres y disidencias del MPS”), como por la composición de las experiencias (en el caso de la Mercada Feminista y la Feria Itinerante Feminista que es integrada por mujeres y disidencias), como por las articulaciones con otras colectivas que son integradas por personas trans (como es el caso de la Red de Semillas Nativas y Criollas, la Red de Agroecología y Red de Editoriales Independientes Sancocho).
El grupo conformado por organizaciones y experiencias de integración mixta encontramos significaciones distintas sobre esta praxis pero en general le otorgan un sentido de proveer “autoconciencia” (Lagarde, 2006) que revela una conexión con las prácticas de los feminismos radicales de los 70’. Tal como lo plantea una de las personas entrevistadas “podemos hacer cosas nuevas gracias a que otras hicieron otras cosas, rompieron otras redes” (Entrevista grupal, 31 de julio del 2021), refiriéndose a distintos ciclos de proliferación feminista que visibilizaron al patriarcado como un sistema de todas las opresiones, en articulación con el capitalismo y el colonialismo. En ese sentido, se expresa que los feminismos han revalorizado las relaciones entre-mujeres, entendida como una práctica de sororidad que “emerge como alternativa a la política que impide a las mujeres la identificación positiva de género, el reconocimiento, la agregación en sintonía y la alianza” (Lagarde, 2006: 3). Como podemos ver en el primer testimonio a continuación, ciertas posiciones destacan la misticidad de estas relacionalidades haciendo énfasis en el factor de sanación así como también se destaca el valor de estas relaciones para problematizar la supuesta rivalidad entre mujeres. En el segundo testimonio podemos apreciar cómo este grupo de experiencias mixtas manifiestan una valoración positiva sobre el espiral problematizador con capacidad interpeladora que produce este tipo de relacionalidad en la vida institucional de las organizaciones; dicho espiral genera condiciones de posibilidad para cuestionar algunos sentidos instituidos relacionados con el mandato social de cuidar y con la subjetividad femenina mediada por las mediaciones patriarcales.
Los espacios entre-mujeres son re mágicos. El poder resonar con un montón de cosas. Y además, poner en palabras lo que estás sintiendo. Y sentir a veces ahí también, uno no está acostumbrada a sentir el apoyo y la contención. Es un lugar donde siento que lo encuentro (Entrevista individual, mujer, 16 de noviembre de 2020).
Estas mujeres organizadas, yendo y viniendo, metieron, generaron que un Consejo Directivo tenga más representación femenina (...) permeó de tal manera que es parte inherente de la cotidianidad. Es una de las acciones de participación que genera más adhesión y con más regularidad e incidencia (Entrevista individual, varón, 12 de julio del 2021).
En este grupo cobra especial relevancia el caso de la Red de Semillas Nativas y Criollas. Habitando distintos espacios de la red pude apreciar la potencialidad que tienen los talleres temáticos sobre género y feminismos donde se suelen generar agrupamientos diferenciados entre mujeres, varones y personas no binaries para intercambiar sobre sus preocupaciones, anhelos, experiencias. Como podemos ver en la siguiente viñeta, se comparte lo reflexionado con diversos recursos creativos-artísticos (cantos, versos y poesías) que permiten seguir ampliando el debate sobre la consecuencia del pacto patriarcal en la vida de las personas y de otros seres. En el caso de los varones, se observa que reconocen en ellos un linaje socio-histórico patriarcal que pauta sus relacionalidades y que desean deconstruir. Como nuevas generaciones de varones visualizan en esta red un tiempo social histórico fértil para hacer memoria, reconocerse vulnerables e ir en contra de la “impermeabilidad” (Butler, 2019) propia de la racionalidad androcéntrica.
“La cumbia del nuevo ser” (canción): perder el miedo a perder, vengo intentando ver, sanar el dolor de ayer y dejar de ser, dejar de ser. Sanando el dolor de ayer. Desaprender, comunidad, volver a nacer. Tierra, agua, fuego, aire. Cultura y amor (Diario de campo, setiembre 2021).
El segundo grupo de experiencias se compone de redes en las que su integración es únicamente de mujeres y disidencias sexuales. Ellxs consideran hacer esta exclusión como una necesidad de marcar límite a las mediaciones patriarcales que se despliegan en los espacios mixtos. Sus posiciones suelen ser mucho más críticas respecto a las relacionalidades “entre pares”. Tal como lo explica Gutiérrez (2021) estas relaciones se estructuran a través de una antiquísima jerarquía masculino-patriarcal que separa los cuerpos masculinos y femeninos produciéndose una dinámica entre quienes son reconocidos como varones para establecer un “pacto patriarcal” que bloquea a las mujeres y les fija criterios de admisibilidad. Como podemos apreciar en el siguiente testimonio, se configuran así ciertas agresiones contra las mujeres desde las más sutiles a las más violentas.
Yo siento que como que acaparan la palabra, como que siempre es más visibilizado una opinión masculina que la femenina. Así sea de repente que la mujer lo dijo primero y después, como salta el varón a decir lo mismo, son los aplausos para él y se invisibiliza totalmente el aporte de la mujer. Yo creo que tenemos un tremendo trabajo entre los jóvenes y las mujeres (...) que se escuche su opinión y que se escuche su voz (Entrevista individual, mujer, 16 de noviembre de 2020).
Desde estas críticas se crean ambientes afectivos que se tornan fuente de fuerza y de saber para valorar y explicitar las relaciones cotidianas y políticas (Menéndez, 2019) que tejen entre sí mujeres y disidencias. Desde estas claves las mujeres y disidencias pueden explorar sus inspiraciones sin cohibirse, ocupar roles que de otra manera los ocuparía un varón (ser DJ, dirigir una asamblea), producir ciertos temas de conversación, calibrar democráticamente las formas de circulación de la palabra, hablar desde la emocionalidad de forma “desordenada” “confusa” sin sentirse juzgadas, contar anécdotas e historias íntimas marcadas de dolor, etc.
Son espacios para reafirmarnos, potenciarnos entre nosotres. Potenciarnos... Definirnos… Alentarnos, capaz en la rama de la poesía… Habilitarnos y darnos el espacio para de repente experimentar cosas que no podemos experimentar en otros lugares, se nos habilite a crecer como sonidista, por ejemplo, en espacios mixtos que te den el espacio y que te dejen agarrar la consola, o habilitar una compañera para que venga a hacer el sonido junto con otra que ya sabe, no es... Porque de repente en un espacio mixto siempre va a estar el varón primero (Entrevista grupal, mujer, 31 de julio del 2021).
En este texto presento un mapa —abierto, inacabado, alterable— de la politicidad feminista en entramados comunitarios-solidarios, entendiendo a esta trama como un universo heterogéneo de organizaciones y experiencias con potencialidad interpeladora y capacidad de aprendizaje mutuo respecto a esta forma de politicidad; esta política tiene como especificidad la capacidad de hacernos reflexionar sobre qué vida podemos construir conectadas con lo femenino como una práctica y una sensibilidad para cuidar y defender la vida “disputando la lógica relacional colonial-patriarcal-capitalista que tiene como finalidad el ataque a la reproducción social generando una permanente crisis de la vida cotidiana (Federici, 2020). Una crisis que pone en evidencia el conflicto entre el capital y la vida planteandonos el problema político de la reproducción ¿cómo, con quiénes y para qué vamos a reproducirnos?
Esta es una preocupación que las mujeres y disidencias haciendo “políticas en femenino” colocan en las tramas que habitan. Los entramados de la Otra economía no son una excepción. Ellxs disputan en estas experiencias otros sentidos de la política, una política afectada que ponga la vida en el centro. Una politicidad creada desde el accionar cotidiano y territorializado, interpelada por las disidencias sexuales y seres de la naturaleza no humanos. Desde su accionar cotidiano y territorializado exploran otros sentidos políticos relacionales interpeladas por las disidencias sexuales y por otros seres de la naturaleza. Como “existencias menores” (Lapoujade, 2018) estas relaciones abren surcos profundos a las subjetividades de género instituidas. Como pudimos ver, varios entramados exploran también los cuidados comunitarios-comunalizados y cooperativos que corroen los arreglos privatizados, feminizados y precarizados; “hacen común el proceso de cuidar, cuidarse y luchar inscribiendo lo político desde allí” (Drapper, 2018:202), vuelven a articular lo que se presenta como desarticulado (cuidar, habitar, militar, trabajar). Por último, muchas de estas tramas experimentan una praxis entre-mujeres y disidencias desde las cuales producen alianzas y estrategias “sororas” para visibilizar las partículas de la lógica patriarcal enfrentándolas y modificándolas.
Pensamos que todos estos elementos aquí analizados dan cuenta de que la politicidad feminista genera condiciones de posibilidad para reconfigurar los marcos de inteligibilidad y sensibilidad de las personas que habitan las experiencias y organizaciones de otra economía. En los marcos globales de la reproducción, estas personas comparten el deseo de “desordenar el mundo”, se organizan de forma amistosa y solidaria en la vida cotidiana para satisfacer sus necesidades, haciendo de estas experiencias alternativas éticas y políticas para sostener la vida. Estas reflexiones dan paso a pensar en estas experiencias como gérmenes de futuro en el presente, puesto que nos confirman que otro mundo está latiendo y es posible aquí y ahora, basta con interrogarnos sobre qué modos y relaciones construimos para reproducirnos.
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1 En esta investigación se realizó un mapeo de los entramados comunitarios-solidarios de Uruguay. El objetivo fue “Sistematizar y visibilizar, desde la perspectiva de la inclusión/transformación, la heterogeneidad el campo contemporáneo de la “Otra Economía” a través de la realización de un mapeo (que incluyó las dimensiones sostenibilidad de la vida, ampliación de la democracia y economía solidaria), cuyos resultados fueran compartidos y debatidos con las organizaciones integrantes del sector. Esta investigación fue financiada por la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Udelar a través del llamado de Inclusión Social cuyo equipo estuvo integrado por: Betty Weisz, Anabel Rieiro, Nat Tommasino Comesaña, Ismael Ibarra, Daniel Pena, Daniel González, Gonzalo Karageuzian, Brisa De Giacomi.
2 Dicha tesis se titula “Politicidad feminista en entramados-comunitarios de Uruguay”.
3 El uso del plural a lo largo de este texto hace referencia a la polifonía de voces que nutren y producen colectivamente una posición singular respecto al problema de investigación que aquí abordo.
4 Pasó de 1.117 a 3.653 cooperativas registradas, lo que significa que un tercio de la población del país es parte de alguna modalidad cooperativa. Esto puede comprenderse por la relación que establece este sector con el estado; el cooperativismo prolifera en la medida que existe un estado fuerte e interventor (Marti, 2019). Este hecho puede verse por ejemplo en la institucionalidad específica para el sector que se crea durante los gobiernos del Frente Amplio, a través de la Ley General de Cooperativas votada en 2008 (Nº 18.407) que incluye la creación del Instituto Nacional de Cooperativismo al que le compete administrar los fondos que surgen de la Ley Nº 18.716, que modifica la Carta Orgánica del Banco República para crear el Fondes, que incidió por ejemplo en la proliferación de las fábricas recuperadas. En esta ley, en Artículo 172, se establece la creación de un programa de inclusión sociolaboral en órbita del Ministerio de Desarrollo Social que tiene como objetivo generar la promoción de oportunidades de desarrollo e inclusión social y económica de grupos de personas en situación de vulnerabilidad a través de la formación, capacitación y control de Cooperativas Sociales, dando surgimiento a muchas experiencias en esta clave.
5 Así se explica el temprano surgimiento de experiencias como la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua, la Comisión Nacional de Fomento Rural, la Federación de Cooperativas de Producción del Uruguay, la Federación de Cooperativas de Vivienda por Ahorro Previo, entre otras, quedando agrupadas bajo la órbita de la Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (1988).
6 La Coordinadora Nacional de Economía Solidaria, la Red de Agroecología del Uruguay, la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas y la Asociación Nacional de Empresas Recuperadas por sus trabajadores.
7 Proponemos en este texto la “x” como una forma de escritura ético-política que visibliza todos los modos sexo-genéricos existentes de lo humanx.
8 Por segundo grado nos referimos a experiencias que aglutinan grupos o redes de base.
9 Experiencias que se componen de mujeres cis, personas trans y no binaries. Trabajo algunas características de estas experiencias en el punto tres.
10 Entendemos por participación femenina la integración activa de mujeres a todos los espacios democráticos de las organizaciones.
11 Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas, organización de tercer grado referente de las Federaciones Cooperativas.
12 Alianza Cooperativa Internacional.
13 Ver: http://fcpu.coop/proyecto-cooperacion-con-equidad/; “Diagnóstico de género del cooperativismo uruguayo 2018” http://fcpu.coop/diagnostico-de-genero-del-cooperativismo-uruguayo-2018/; “Análisis comparativo sobre experiencia internacional: antecedentes y buenas prácticas en tema de participación de las mujeres en el cooperativismo y la economía social y solidaria” https://fcpu.coop/analisis-comparativo-de-buenas-practicas/ ; “Cooperativismo con lentes de género: pistas en la búsqueda de la igualdad de género” (2019), http://fcpu.coop/cooperativismo-con-lentes-de-genero/; “Aportes para las políticas públicas desde el cooperativismo con perspectiva de género” (2020), disponible en: http://fcpu.coop/wp-content/uploads/2020/12/Incidencia-en-Politicas-Publicas-COOP-Web.pdf
14 Estas organizaciones conectan con la mirada feminista que despliega la Vía Campesina como feminismo campesino y popular que reivindica el trabajo productivo y de sus saberes ancestrales. Véase:https://cloc-viacampesina.net/protagonismo-de-las-mujeres-campesinas-y-el-feminismo-campesino-y-popular