Mariano Di Pasquale
Universidad Nacional de Tres de Febrero -
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Enfermedades argentinas es un libro que presenta un conjunto de historias socioculturales de la enfermedad en la modernidad argentina, desde mediados del siglo XIX al pasado reciente. Los dieciséis ensayos reunidos bajo la edición de Diego Armus parten de una premisa en común: una enfermedad existe luego de que se ha llegado a una suerte de acuerdo en que se la ha percibido como tal, se la ha denominado de cierto modo y se la ha abordado con acciones en materia de salud pública o privada más o menos específicas.
Las investigaciones que componen esta obra dialogan y se insertan en los estudios renovados, con frecuencia superpuestos, de tres grandes áreas o especialidades: la nueva historia de la medicina –enfocada en las condiciones de producción y aplicación del saber médico diplomado; la historia de la salud pública –abocada a las políticas de salud y la prevención de enfermedades, el Estado y las profesiones sanitarias; y la historia sociocultural de la enfermedad. Los tres niveles se orientan a pensar a la medicina como un terreno incierto, donde lo biomédico está atravesado por fenómenos sociales, culturales, políticos y económicos.
En este marco, el lector podrá encontrarse con estudios específicos de reconocidos especialistas que vienen hace muchos años, incluso décadas, investigando las tramas y recorridos de distintas enfermedades en Argentina. Para ser más precisos, los capítulos y los autores que componen este volumen colectivo son: “El cólera. Modernidad esperada y fantasmas del pasado” por Ricardo González Leandri; “Un virus, una epidemia, un mosquito: breve historia (y memoria) de la fiebre amarilla en Argentina”, por Maximiliano Fiquepron; “Neurastenia y neurasténicos en Buenos Aires, 1880-1907” por Mauro Vallejo; “La ciudad y las ratas. La epidemia de peste bubónica en Rosario y Buenos Aires, 1900” por Antonio Carbone y Matías Ruiz Díaz; “La gripe española en Argentina, 1918-1919” por Adrián Carbonetti; “Un enemigo menos: la campaña contra el paludismo en Argentina, 1890-1950” por Eric Carter; “La larga historia de la viruela y su vacuna” por María Silvia Di Liscia; “Crecimiento maligno. Cáncer, biología y cultura urbana en Argentina” por Yolanda Eraso; “Las enfermedades cardiovasculares en el mundo del trabajo, 1900-1950” por Pablo Maddalena y Karina Ramacciotti; “El de Venus. Sífilis, sexualidad y cultura (Argentina, siglos XIX y XX)” por María Luisa Múgica; “Tiempos de polio: entre alcanfor, vacunas y muletas” por Daniela Testa; “La tuberculosis: de la tisis pulmonar a la enfermedad de los más vulnerables” ´por Diego Armus; “La larga y silenciosa marcha de la enfermedad de Chagas. De endemia rural a problema global” por Juan Pablo Zabala; “Una larga epidemia: cuarenta años de VIH y del sida en Argentina” por Fedra López Perea; “De la endemia a la epidemia: el dengue al despuntar el siglo XXI” por Adriana Álvarez y, finalmente, “Los males del comer y del no comer” por Ángela Aisentein.
El estudio de diversas enfermedades en la Argentina contemporánea reviste de ciertas aclaraciones las cuales son señaladas en la Introducción que realiza Diego Armus. La primera perspectiva significativa que se sugiere resulta de presentar a las enfermedades de forma localizada. Esto significa comprender que una enfermedad no solo contiene un registro biológico sino que también se enlaza en contextos particulares donde cuentan las dimensiones políticas, culturales, económicas, tecnológicas. Se trata pues de contextualizar a las enfermedades en su época y en sus escenarios socioculturales ya que existen razones particulares y coyunturas temporales que enmarcan su vida y su muerte, su “descubrimiento”, ascenso y desaparición.
En segundo lugar, prestar atención a la historicidad y la localización de las enfermedades, implica a su vez abordar el problema de la medicalización. Se suele entender por medicalización el proceso histórico que se inicia a partir del último tercio del siglo XIX donde la biomedicina obtuvo una exitosa expansión de su autoridad mediante un saber-poder médico diplomado que avanzó sobre distintas dimensiones de la vida cotidiana, entre ellas, la manipulación de problemas no médicos -cuestiones morales y sociales- como si se tratase de enfermedades o desórdenes. Como bien lo señala Armus, desde las ciencias sociales el proceso de medicalización suele ser discutido críticamente enfatizando en que se trata de un dispositivo que ha servido para discriminar, marginalizar, estigmatizar, controlar y castigar a sectores de la sociedad, patologizar formas de conducta, monopolizar tecnologías, consolidar alianzas entre médicos, farmacéuticos y el Estado. Pero también indica el autor sobran ejemplos en los que la medicalización ha mostrado aspectos menos coercitivos. Por ejemplo, movilizar recursos médicos y permitir presionar sobre el Estado, alentar la construcción de infraestructura sanitaria, ofrecer una mejoría en las condiciones de vida.
Una tercera perspectiva importante que plantea este libro es que las enfermedades no solo fueron tratadas por los agentes de la medicina profesional también fueron objeto de las ofertas de otras medicinas, alternativas, híbridas y hogareñas. Subordinadas, compitiendo o complementándose con aquella.
En las 16 historias que se ofrecen, el lector encontrará que se reponen estos puntos de partida logrando así una coherencia argumental y una gama de problemas que hilvanan la obra tales como los parámetros biológicos propios de una patología y la mayor o menor incertidumbre en materia científica y de salud pública que la rodea; la relevancia simbólica de la enfermedad en la imagen de una nación, una región o un grupo social; su relación con las condiciones materiales de existencia; las prácticas sociales e individuales desplegadas para lidiar con esa patología; las cambiantes narrativas y performances sobre una enfermedad; como incidencia en la política, la economía, la ciencia, la cultura. Pero la unidad conceptual del texto no solo deviene de los planteos heurísticos señalados, sino también en que se sigue una estructura narrativa de algún modo biográfica: un enfoque en torno a las enfermedades localizadas definidas y clasificadas nosológicamente por la medicina diplomada y la biomedicina, asumiendo que esas taxonomías no solo revelan algo de sus éxitos en materia de tratamientos sino también sus incertezas, impotencias y fracasos.
Como bien se demuestra en el libro, la relación entre esas taxonomías médicas y la comprensión de las enfermedades resulta compleja y variable a lo largo del tiempo. Por ejemplo, la homosexualidad fue etiquetada como enfermedad y luego dejó de serlo. En las últimas décadas, se ha prestado más atención a la relación entre los estilos de vida y los hábitos y el desarrollo de enfermedades crónicas no infecciosas. Así se ha establecido una conexión entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón, el consumo de azúcar refinada y la diabetes, y el consumo de grasas y las patologías cardiovasculares. También hoy en día se observa cómo existen factores que conectan la contaminación ambiental y la aparición de diversas enfermedades, como las respiratorias. Y en esta dirección, es que Enfermedades argentinas demuestra con exhaustividad cómo algunas endemias necesitaron años para ser reconocidas como tales, cómo algunas epidemias terminaron caracterizadas como endemias, y cómo algunas endemias luego de varias décadas adquirieron el estatus de epidemias.
Otra reflexión que atraviesa el libro y que merece destacarse es la propuesta de problematizar y matizar el uso de las periodizaciones que ofrece la historia política nacional en cuanto a comprender los ciclos de las enfermedades. La historia política, centrada en el estudio de los cambios de gobierno, elecciones y golpes militares, puede presentar una mirada esquemática y encorsetada ya que en general los tiempos de la enfermedad no suelen ajustarse a los acontecimientos y procesos netamente políticos. Aunque también como se observa en algunos de los capítulos que se conectan con la historia de la salud pública, los quiebres de la historia política y la mayor o menor presencia del Estado puede tener relevancia.
Se ha insinuado que con el COVID-19 y con todas las pandemias, en todos lados y en todos los tiempos, pasaba más o menos lo mismo. Así, se difundieron interpretaciones que establecían puntos de contacto entre lo que se estaba viviendo y algunas pandemias del pasado. Estas miradas descontextualizadas pueden ser atractivas pero tal como surge de la intención de este libro resultan poco convincentes. Tampoco lo son aquellas narraciones esencialistas que terminan reduciendo la enfermedad a un fenómeno biológico, en el que la historia de la medicina no es otra cosa que microrganismos y el exitoso e inevitable progreso del saber y hacer de los médicos. Como lo demuestra esta compilación, abordar históricamente una enfermedad resulta algo mucho más complejo.
En suma, la contribución principal de las indagaciones que se reúnen es que tratan de seguir del mejor modo posible algo de la agenda de las biografías de enfermedades en las que cuentan representaciones y discursos, política, ciencia y tecnologías sanitarias, experiencias individuales y colectivas, todas ellas en cambiantes contextos donde la biomedicina no siempre ha logrado ofrecer respuestas efectivas y eficientes. Como expresa Armus en su presentación, abordar históricamente una enfermedad implica estudiar todo aquello que sucede a su alrededor: sean conceptos, emociones, prácticas, instrumentos, remedios, representaciones.