Santiago Canevaro
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas /EIDAES, Argentina
https://orcid.org/0000-0002-2582-6859
Contacto: sancanevaro@gmail.com
El artículo analiza a partir de la situación de finalización de un vínculo laboral y la jubilación de un encargado de edificio en Buenos Aires la complejidad de negociaciones, acuerdos y conflictos que se generan entre los residentes del edificio. A partir de una indagación socio antropológica nos centramos en la trayectoria laboral de un encargado de edificio y en las posiciones que adoptan sus empleadores reconstruyendo las distintas evaluaciones, valores y expectativas que los residentes movilizan al momento de decidir sobre el futuro laboral del encargado de edificio. La nueva situación que se enfrentan los encargados de edificio se enmarca en una transformación urbana, arquitectónica y tecnológica de los edificios que impacta en las formas de sociabilidad y en los modos de vida, así como en un contexto de pauperización de los sectores medios empleadores.
Palabras clave: sociabilidad, encargados de edificio, sectores medios, tecnologización, mercado de trabajo, pauperización.
This article analyzes the complexity of negotiations, agreements, and conflicts that arise among building residents based on the termination of an employment relationship and the retirement of a building manager in Buenos Aires. Based on a socioanthropological inquiry, we focus on the career path of a building manager and the positions adopted by his employers, reconstructing the different evaluations, values, and expectations that residents mobilize when deciding on the building manager’s future career. The new situation facing building managers is framed within an urban, architectural, and technological transformation of buildings that impacts forms of sociability and lifestyles, as well as a context of impoverishment of middle-class employers.
Keywords: sociability, building managers, middle class, technologization, labor market, impoverishment.
Oscar es encargado de edificio con vivienda en el barrio de Palermo, tiene 63 años y ha completado los años de aporte para jubilarse. Sin embargo, esta posibilidad genera un punto de inflexión tanto para él como para los residentes del edificio ya que no desea abandonar el edificio ni el barrio, donde ha establecido su vida y puede continuar realizando trabajos por la zona. Por esta razón, un año antes de que la jubilación fuera una posibilidad concreta, habló con los residentes y la administración para encontrar una manera de seguir trabajando con una reducción de horas, pero manteniendo su vivienda. La idea de volver al barrio de Avellaneda, donde nació y donde tiene una casa alquilada, no le resulta atractiva ni económicamente viable. Esta situación plantea la pregunta sobre qué sucede cuando las personas en edad de jubilarse aún se sienten útiles y desean permanecer en el lugar donde han desarrollado su vida. Del lado reverso de la situación, para los residentes del edificio la decisión no solo supone evaluaciones monetarias, sino que involucra valoraciones complejas sobre el trabajo, la relación establecida de confianza, las expectativas futuras y diversos aspectos sobre un “estilo de vida” y un cambio en la sociabilidad.
La situación que plantea el caso de Oscar expresa un contexto en donde los edificios de propiedad horizontal se encuentran transitando un incipiente, aunque persistente proceso de terciarización del trabajo vía la aparición de empresas de limpieza y de reemplazo de sus tareas por distintos medios tecnológicos en la ciudad de Buenos Aires. En la actualidad proliferan los edificios que están optando por buscar jubilar a los encargados y contratar un servicio de limpieza por horas y eventualmente instalar cámaras de seguridad o servicios denominados “tótems” de seguridad1[. También se está viviendo un proceso de modificación arquitectónica de los edificios y transformaciones legales que hacen pensar que es un oficio que está en proceso de lenta desaparición. Estos cambios debemos pensarlos enmarcados en procesos más amplios de tecnologización, flexibilización laboral y de reemplazo del trabajo en la sociedad capitalista (Miguez, 2021; Zukerfeld, 2024) teniendo un impacto significativo en la sociabilidad y en los nuevos modos de vida.
En el caso de Argentina, y más en particular en el de los grandes centros urbanos donde se encuentran la mayor cantidad de encargados de edificio, el cambio en la modalidad laboral no sólo obedece a una transformación global de criterios sobre la organización del trabajo y las mejores formas de volverlo eficiente, sino que se vincula a una modificación en los salarios e ingresos de los sectores empleadores en las últimas décadas2.
Quienes llegan a jubilarse como encargados de edificio después de años de trabajo y acumulación de antigüedad tienen altas cargas sociales que deben afrontar los residentes. Sin embargo, la decisión de modificar la relación laboral con el encargado supone una transformación en la dinámica de sociabilidad del edificio ya que cuando existen extensas trayectorias laborales los encargados establecen relaciones de confianza, cercanía y complicidad, así como una diversidad de prácticas y compensaciones que forman parte de la manera en la que se habita el edificio. Esta situación genera ambivalencias y discusiones al interior del universo heterogéneo de residentes cuando deben definir su reemplazo.
El contexto en el que se inscribe este artículo es un trabajo de campo que venimos realizando con encargados de edificio con vivienda3 con una larga experiencia, así como con residentes de edificio en la ciudad de Buenos Aires. El objetivo del escrito consiste en revelar a partir de la instancia de finalización de un contrato laboral de un encargado que trabajó más de veinte años, una situación que enmarca un proceso de transformación en las formas de sociabilidad y en los modos de vida dentro de los edificios. Para ello también incluiremos la perspectiva de los residentes del edificio en cuestión.
En términos organizativos, el artículo exhibe en primer término la metodología utilizada para el artículo para luego describir las características generales de las transformaciones arquitectónicas, laborales y legales del sector, así como la situación en la que se encuentra el sector social que los emplea que podríamos enmarcar como parte de los sectores medios de la Ciudad de Buenos Aires4. Luego, repone algunas de las características de la relación de los encargados a lo largo del tiempo desde la experiencia de un encargado de edificio a punto de jubilarse. Posteriormente, reconstruye algunas de las evaluaciones, valoraciones y expectativas que los residentes movilizan en el momento de pensar la posibilidad de reemplazo de un encargado con vivienda en un edificio de la ciudad de Buenos Aires. La elección de este caso se debió a que sintetiza una recurrencia significativa5 que veníamos viendo a lo largo del trabajo de campo con encargados y residentes en Buenos Aires, al mismo tiempo que se enmarcó en un proyecto más amplio de realización de un documental sobre el tema6.
El trabajo de campo que vengo realizando para mi proyecto de investigación como investigador del CONICET está centrado en las relaciones entre encargados de edificio y residentes en el área de la Ciudad de Buenos Aires. Para el caso de este artículo voy a trabajar con el material recolectado en un edificio de 32 departamentos en el barrio de Palermo, que cuenta con un encargado con vivienda y un encargado de suplente. El primero de ellos tiene una antigüedad de 22 años y el segundo de 38 años. Inicialmente las entrevistas fueron realizadas con el encargado con vivienda hasta que se comenzó con el trabajo de producción de un proyecto audiovisual de tipo documental en conjunto con una realizadora de la carrera de Cine Documental de la Universidad Nacional de San Martín. En las primeras jornadas las conversaciones se realizaron con el encargado principal en distintos espacios del edificio, como el patio en común, la sala de máquinas, un espacio de trabajo que tiene en la baulera del edificio, así como en su casa y en un garaje donde tiene un auto propio. Durante las jornadas de filmación aparecieron diversas situaciones de conversación e intercambio que nos hicieron ir acercándonos a los distintos residentes hasta lograr una confianza para empezar a realizar entrevistas en sus hogares y en los espacios en común. Si bien al principio la idea era trabajar con la historia y la trayectoria de Oscar7, al tiempo focalizamos durante las conversaciones en distintos espacios un eje conflictivo y reiterado relacionado con las distintas opiniones y valoraciones de los habitantes del edificio respecto a la continuidad de Oscar dentro del mismo. Así fue como a partir de la co-presencia en el campo, el eje problemático de la investigación como del audiovisual, siguiendo las prerrogativas de la etnografía visual (Sansi, 2016) en términos de guiarnos por las situaciones de campo y el punto de vista nativo, se orientó a partir de las negociaciones y conflictos que fueron emergiendo en torno a la posible transformación de la dinámica del edificio y de las prioridades en juego a la hora de prescindir del trabajo del encargado. De esta manera se realizaron entrevistas semi estructuradas con la mayor parte de los residentes del edificio donde estábamos realizando el trabajo de campo.
Partiendo del método del “caso extendido” (Gluckman, 1961; Buroway, 2009) y siguiendo el episodio de la jubilación del encargado de edificio como “caso límite”, nos interesa considerar la opinión de los residentes del edificio para continuar con un tipo de análisis que pondera el enfoque relacional del vínculo considerando las apreciaciones y expectativas que unos y otros realizan y tienen de los mismos hechos y situaciones. A continuación, realizamos una caracterización del rubro de los encargados de edificio y un sucinto racconto de las condiciones legales y sociales del mercado para explicar el contexto.
Lo primero con lo que me topé al iniciarme en el estudio de la relación entre encargados y residentes de edificio es la ausencia de investigaciones relacionadas con las clases medias vernáculas, salvo algunas excepciones. (Aboy, 2007; 2008; Canevaro, 2025). En la fina y pormenorizada (aunque acotada) producción historiográfica sobre las clases medias y sus anclajes urbanos resulta llamativa la ausencia de estudios sobre la presencia de encargados de edificio siendo que su existencia remite a mediados del siglo XX (Pérez, 2020). Solamente podemos rescatar el trabajo de Inés Pérez rescata el surgimiento de la legislación para el sector cuando en 1947 aparece la regulación correspondiente a los encargados y ayudantes de casas de renta8.
La presencia constante por más de medio de siglo de los encargados los ubica en el rol de testigos privilegiados de los cambios en las dinámicas familiares y en la vida doméstica de la gran mayoría de los sectores medios de Buenos Aires. Son personas que han visto nacer, crecer e irse a vivir a los hijos de los residentes de los edificios o transformarse esos mismos hijos en sus propios empleadores.
Por un lado, en tanto trabajadores formales los encargados forman parte de un rubro laboral ampliamente registrado, con derechos consolidados, salarios relativamente estables y cuentan con un sindicato con gran poder de negociación en la ciudad de Buenos Aires. Por otro lado, los residentes de edificio que viven en barrios de sectores medios han perdido sobre todo en la última década su poder adquisitivo y consumo, como consecuencia de sucesivas crisis relacionadas con los aumentos inflacionarios constantes y la pérdida del poder adquisitivo (ODSA, 2024; Visacovsky, 2023; Adamovsky, 2009).
El aumento en el precio de las expensas surge como un tema mencionado por los residentes de los edificios así como en los medios de comunicación vinculado directamente con el salario del encargado de edificio.9 Esta situación condujo a las administraciones de consorcio a pensar en alternativas para reducir costos buscando mantener los mismos servicios. Las empresas de limpieza por un lado y los “tótems” de seguridad por otro, aparecen como alternativas para reemplazar algunas (o todas) las tareas realizadas por los encargados (con o sin vivienda) (García, 2021; Saraví, 2004). La higiene y la seguridad quedarían cubiertas por trabajadores que no viven en el edificio (trabajadores de empresas de limpieza) y que realizan sus tareas de manera remota. Dentro de los edificios (administraciones y consorcios) se ha instalado la idea que el reemplazo de una empresa terciarizada o de un sistema de video vigilancia significaría un ahorro de dinero.
Ahora bien, cuando se habla de mantener ciertas características de los edificios, la presencia (o no) del encargado aparece como un asunto en discusión que excede lo propiamente técnico e instrumental y se amplifica hacia el rol y a tareas vinculadas con la presencia en situaciones concretas, la confianza construida a lo largo del tiempo y las relaciones de cuidado y afectivas de distinto tipo con mucho de los residentes. En este punto el artículo buscará retratar la ambivalencia e heterogeneidad de miradas que tienen los residentes de edificios con quienes conversamos respecto a esta discusión en torno a la continuidad del encargado en el edificio y sus consecuencias monetarias y cotidianas.
A continuación, nos detendremos en la trayectoria laboral de un encargado de edificio que resultó significativo por tratarse de un relato que mostró los distintos vaivenes de la relación durante el proceso de jubilación y de cambio en la modalidad de su trabajo.
Oscar está parado con un lampazo en la mano mientras mira para afuera. Tararea una canción. En ese momento llega Ana, una residente del quinto piso que lo consulta por un trabajo de electricidad que él le está haciendo en un departamento que tiene alquilado a un grupo de odontólogos privados.
O: ¿Qué paso que viene tan temprano? despacito, no corra que está todo húmedo. ¿A dónde se va que hace frío?
A: No, no, venía solo para hacerle una consultita
O: Si, que quiere
A: Se acuerda que usted fue al departamento de mis padres, que lo vimos, vimos el cableado... el tema es el siguiente... con este frío se ve que quieren usar estufas y saltó la térmica del sótano, tuvieron que cambiarla... ahora que puedo hacer, llamar a un gasista…
O: Ahora el tema es que ya estamos sobre la marcha... yo creo que a futuro sería mejor poner gas y electricidad... no todo eléctrico porque va a reventar todo siempre...
A: Ah, claro, mil gracias…yo le aviso en un rato.
O: de nada, Susana, no se preocupe hasta luego
Cuando termina la charla, Susana se toma el ascensor y Oscar sigue tarareando la misma canción que antes de su llegada. Luego me enteraré de que Susana es una psicóloga de unos sesenta años, vive hace treinta años en el edificio y está casada con otro psicólogo que está jubilado y ya no ejerce y con quien Oscar tiene una muy buena relación. Con ellos son quienes más trata cotidianamente porque están mucho en el edificio. La escena es una de las múltiples que acontecieron durante el trabajo de campo y reflejan la confianza y la cercanía que tiene con varios de los residentes del edificio.
Sin embargo, como menciona en su primera charla Oscar, la relación con los residentes no siempre fue así porque cuando comenzó a trabajar en el edificio tenía 38 años no tenía experiencia ni conocía el trabajo. Oscar había trabajado en una remisería, en una curtiembre, de ayudante de obra y en una fábrica de zapatos en San Martín. Oscar no tiene hijos, pero sí una pareja que tiene dos hijos que viven con ella en Lanús.
En 1997 estaba sin trabajo y un tío segundo que trabajaba en una administración le preguntó si no quería hacer una suplencia en un edificio de Palermo en donde el encargado que estaba había tenido una dificultad de salud. La suplencia iba a ser por un mes, pero se extendió a dos. En ese tiempo el encargado que estaba no tenía la edad para jubilarse, pero aceptó la propuesta para tomar una jubilación anticipada. En ese momento le ofrecieron a Oscar reemplazarlo, a pesar de que existía un ayudante desde hacía quince años en el edificio que trabajaba con retiro. Oscar no lo dudó y aceptó.
Oscar revela que al haber ingresado “de grande” al trabajo de encargado sentía que no tenía ningún conocimiento respecto al trabajo reconociendo que tuvo que ir aprendiendo “a los ponchazos”. Cuando rememora sus primeros pasos menciona tanto su actitud inicial como a las distintas generaciones del edificio, a quienes hoy ya no viven, son jubilados o a los propios hijos que vio crecer durante todo este tiempo.
“Yo al principio estaba mudo, no hablaba con nadie, pasaba la gente y sólo limpiaba y hacía un hola y chau, pero después me di cuenta que hay que hacer otras cosas, conversar, preguntar, estar (...) para que te des una idea, por acá (haciendo referencia al palier) pasaron muchas generaciones, tenés al abuelo, al padre y después al hijo, los vi cuando iban con la mochila, después doctores de la universidad, casados, después tienen chicos, algunos se separan, compran el auto y después son mis jefes ellos (risas) así que imaginate”
La imagen que utiliza es elocuente de su propio cambio al mismo tiempo que describe un cambio en las genealogías del propio edificio. Oscar no ahorra en anécdotas con hijos, nietos y hermanos de los familiares con quienes considera que tiene una relación de confianza dentro del edificio:
“Los vi de distintas maneras, en pedo cuando adolescentes, salían a la noche, agarrándose de las paredes, a veces les tuve que abrir, que Oscar esto, que lo otro, me pedían cosas, a veces alguno vino a tomar la leche porque la madre no había llegado (...) y después los veo pasar como padres, que le cuido el auto en la puerta y… es toda una vida”
Resulta interesante la importancia de haber acompañado el crecimiento de las distintas generaciones de residentes. En relación con la temporalidad del vínculo, Oscar menciona que tampoco las relaciones dentro del edificio se construyen de un día para el otro sino que llevan tiempo.
En ese sentido, menciona su vínculo con la pareja de Marcela y Carlos, dos abogados con quienes tenía una buena relación con ambos hasta que un día ambos se enojaron con él porque les decía “doctor, doctora”, sin llamarlos por su nombre:
“Yo tenía una relación bien, que se yo, me tenían confianza, les cuidaba la casa cuando no estaban, pero para mí, ellos estudiaron, son abogados y así me manejo yo, sé mantener las distancias (...) pero un día cuando se fueron de viaje me dijeron que si cuando ellos volvían yo seguía tratándolos de doctores iban a pedir que me despidan. Así son, después lo entendí que no les gustaba y dejé de decirlo pero hace poco”
Aunque este episodio resultó importante para él en la cercanía que lograría lo que más lo acercó a la pareja fue la enfermedad de Parkinson de Carlos. Durante todo ese tiempo que vivió en el edificio y hasta su posterior internación Oscar concurría a la casa, se quedaba a tomar un café y los frecuentaba más seguido. También los ayudaba con distintas tareas y trámites ya que los hijos no vivían en Buenos Aires. En particular relata la situación durante la pandemia ante la dificultad de recibir comida y la necesidad de conseguir medicamentos:
“(...) yo salía a comprar, me recorría todo porque a veces no conseguía, estaba todo muerto (...) me preocupé cuando empeoró Carlos porque Marcela estaba muy sola, todos encerrados, así que les traía todo, mirá que Marcela es una mina fuerte, pero estaba muy bajoneada, me hablaba despacito, ella que tiene un vozarrón”
La utilización de distintas escenas y episodios que surgieron en el trabajo de campo con Oscar en el edificio exhiben relaciones de confianza, cercanía y complicidad con gran parte de los residentes, que claramente exceden lo estrictamente laboral. Al mismo tiempo, hemos visto que Oscar ha sido testigo privilegiado de los cambios en las dinámicas familiares de los residentes, participando del acompañamiento en las enfermedades de estos así como viendo crecer a sus hijos y, en algunos casos, convirtiéndose estos en sus empleadores. Pero esta confianza, “no nació de un repollo” sino que se fue construyendo a lo largo del tiempo. Oscar afirma que una actividad muy reconocida por parte de los residentes y que lo ayudó para llegar a sentirse reconocido por los residentes fue la organización de un asado a fin de año en el jardín del edificio.
“La idea surgió de la charla con una vecina porque yo el primero, segundo año, porque no tenía mucho vínculo con la gente, me costaba entonces pensamos en eso porque yo le comenté que había trabajado un tiempito en una parrilla y porque me gusta”
Esta actividad resulta significativa porque además de haberla comentado Oscar fue constantemente mencionado por los residentes del edificio como un espacio generado por el encargado. Agrega que es uno de los pocos momentos donde los residentes se juntan, conversan y muchas veces se conocen por primera vez. En general concurren más de cuarenta personas, un indicador que para Oscar es sinónimo de éxito de acuerdo a la cantidad de departamentos y personas que viven en el edificio. La organización comienza casi dos meses antes del evento cuando Oscar envía un mensaje al grupo de whatsapp del edificio para fijar la fecha y pedirles que se anoten. Una semana antes del último viernes de noviembre (que es cuando en general se realiza el asado), se encarga de comprar el pan, las verduras y la carne. Solo les pide que traigan lo que quieren tomar. También instala luces de color, sillas, dos mesas de madera con taburete y música con parlantes. Como son en general más de cuarenta personas las que participan siempre tiene que traer dos parrillas móviles que le prestan dos encargados de diversos edificios del barrio, además de cuatro tablones que junta y sillas que le prestan los residentes del edificio. Durante las dos semanas previas al encuentro recibe los pagos en dinero físico o virtual para la compra del pan y de la carne. Todo esto lo gestiona por medio del grupo de whatsapp que tiene con los habitantes del predio.
Menciona que muchos residentes lo ayudan para cortar el pan, distribuir los sándwiches, decorar las mesas o en el caso que falte algo durante la comida lo ayudan saliendo a comprar algo que falte. Oscar dice que el “éxito” de los “asados” expresa una conformidad de los residentes con su tarea y un reconocimiento de su rol dentro del edificio:
“Imaginate que al principio venían siete, diez, después quince y así hoy, el último o el anteúltimo habremos sido más de cuarenta, eso habla de que me conocen, les gusta, la pasan bien, es un momento de distensión después de todo el año”
En alguna conversación más informal Oscar mencionaba que tanto las tareas de organización del asado de fin de año como por ejemplo el hecho de tener que atender a distintas empresas o diligencias fuera de su horario de trabajo, formaban parte de arreglos y decisiones que no estaban escritas en la ley que regula su trabajo. En la siguiente conversación, Oscar ubica la realización del asado dentro de un contexto más amplio.
E: ¿Y lo haces porque te gusta? ¿Te lleva mucho?
O: “A ver, a mi hacer asado me gusta, siempre me gustó, aparte lo ves en la gente, que le gusta, me conocen por eso, hablan de eso en el grupo, yo además trabajé con mi hermano de eso un tiempo en una parrilla, y también bueno, en los edificios yo aprendí que tenés cosas que no tenés que hacer y haces, a mí ponele, hacer el asado es un laburón eh, darle de comer a 40 o 50 monos, porque a veces llegamos a esa cantidad, pero me gusta, después es así, porque también acá llegan las cartas o pedidos de mercado libre en horarios que yo no debería estar y las recibo, si no hay nadie me llaman a mí ( .) el sindicato no le avisa que yo a esa hora estoy en descanso, pero bueno, yo después me tomo algunas atribuciones, y así, una de cal y una de arena”
Al igual que varias de las tareas que realiza como encargado la del asado no está estipulada, aunque forma parte de una de las actividades que podríamos enmarcar como aquellas compensaciones y contrapartidas que los encargados tienen con algunos residentes. Por otra parte, queda clara su ambivalencia entre el cansancio de la tarea y los resultados positivos para su trabajo exhiben parte de las tensiones y negociaciones que los encargados realizan cotidianamente entre lo que se encuentra estipulado en la legislación y las prácticas implícitas.
A continuación, exploramos en las relaciones con residentes con quienes tiene mucha confianza y expondremos a quienes que no están de acuerdo con su trabajo, no participan de los asados y buscan que no continúe trabajando en el edificio.
Levanta la vista del celular y se saca los anteojos. Me pregunta qué opino de lo que le acaban de decir en un mensaje de texto. Un residente le pregunta si él está tirando desodorante en el quinto piso con fragancia “olor a porro” o si el olor viene de otro lado. Me vuelve a mirar para que lance una opinión. Dice que mandarlo a la mierda sería “lo que se merece” pero que él es un “caballero”. Le contesta que no tiene esa fragancia y que entonces entiende debe venir de uno de los departamentos. Después de responderle hace una mueca con la lengua, como relamiéndose, vengándose con la misma ironía en su contestación. Comenta que quien le envió el mensaje siempre se está quejando, que, aunque lo saluda cuando entre o sale, siempre se entera por otros vecinos que habla mal de él, que no le gusta su trabajo, que considera que deberían despedir a él o al ayudante.
Quien le manda ese mensaje se llama Ramiro y es una persona que ahora vive sola, después que se separó hace unos años y que debe tener cerca de sesenta años. Oscar menciona que Ramiro es uno de los que no vienen al asado. Comenta que la cuestión del asado organizado por él generó una especie de polarización entre quienes concurren al asado y avalan su trabajo y quienes no concurren y por ende están su contra.
Oscar decide exhibir otro de los mensajes en el grupo de whatsapp que comparte con los residentes del edificio. En este grupo se genera una discusión en torno a la calidad del trabajo de Oscar. Allí aparecen varios que lo defienden, pero uno en particular que manifiesta su desencanto y oposición al trabajo que realiza Oscar ofreciendo personas que lo pueden suplantar para el futuro.
El hecho que revela Oscar en una de nuestras charlas es que particularmente uno de los residentes (que en verdad ya no vive allí pero alquila su propiedad) es muy activo en el grupo de whatsapp de los residentes que el propio Oscar creó y del cual participa. Cuando le consulto por el origen de la enemistad con esta persona, Oscar realiza una observación interesante respecto a la dinámica que había tenido su vínculo:
“Para que te des una idea, yo estaba mucho en su casa, cuando la mamá empeoró de salud, nos frecuentábamos mucho, ellos siempre me invitaban a cenar, yo decía que sí a veces, otras que no, este tipo tiene un novio que venía con nosotros, pero un día por una cosa muy rara que se enojó que yo lo llamé por una pérdida de agua en su departamento, porque el ya no vivía ahí, sino que lo alquilaba, me empezó a gritar como nunca me gritaron, diciéndome que la tendría que haber puesto a la inquilina en el grupo de whatsapp del consorcio, me acuerdo que yo alejaba el teléfono de la oreja, iba parado en el colectivo, era domingo porque estaba volviendo al trabajo después del fin de semana”
Según Oscar, este último residente como Ramiro pertenecen a un mismo grupo de habitantes del edificio que cuando necesitan algo, te “puentean”, deciden “triangular” el vínculo por medio de la administración antes que realizar el pedido directamente al encargado. Este procedimiento no sólo enlentece su resolución, sino que busca deslegitimar el lugar del encargado a partir de mostrar una desconfianza en su propio trabajo:
“Los tipos éstos te puentean, lo que hacen es llamar al administrador para que después me diga a mí y yo finalmente tenga que hablar con el albañil y vuelva a arreglar con esa persona, y así pierden tiempo ellos y yo, además de que es un teléfono descompuesto (...) Son gente que prefieren no tratar conmigo, triangulan, como que no me confían y para serte sincero, la verdad que yo tampoco tengo buena onda con esos así que mejor, pero tarda todo el doble de tiempo y es una hinchada de pelotas para el administrador y para mí, pero bueno, lo quieren así”
En el mismo sentido Oscar considera que hay que “comerse muchos sapos” como parte del trabajo de encargado ya que cada uno de los residentes tienen sus gustos y exigencias:
“Acá es como dice un amigo, también encargado, estás en la pirámide invertida porque a diferencia de otros trabajos no tenés 20 compañeros y un jefe sino al revés, tenés 20 jefes y ningún compañero, entonces te la tenés que bancar con los que te toquen, porque cada uno tiene su cosita”
Oscar afirma que el desgaste en las relaciones con estos residentes que cuestionan su trabajo y una situación de salud que le dejó la cara paraliza durante más de dos meses producto de una discusión con la administración respecto al pago de horas extras hicieron que evaluara comenzar a trabajar menos tiempo. Luego de veinticuatro años y habiendo cumplido los años de aportes para jubilarse consultó con el sindicato y la administración y propuso un plan de reducción del horario laboral10 .
Desde enero de 2024 Oscar comenzó a trabajar solamente de siete a once de la mañana. Quien quedó encargado de sacar la basura y realizar las tareas por la tarde es el ayudante encargado sin vivienda que trabaja de ocho de la mañana a una de la tarde y de cinco a ocho de la noche. Su salario se redujo más del cincuenta por ciento, pero siendo que cobraba una jubilación mínima, podía contar con la vivienda y podía realizar arreglos a gente del edificio y alrededores para aumentar sus ingresos estaba contento.
Unos meses después de que se puso en funcionamiento el convenio Oscar se mostraba contento por su nueva realidad ya que estaba más tranquilo y podía disponer de su tiempo para hacer otras cosas que antes no podía11. Luego de más de nueve meses bajo esa condición se empezó a comentar en el edificio que a mediados de diciembre irían a definir si renovaban su convenio. Unas semanas antes de la fecha que habían puesto en el edificio para decidir la revalidación o rechazo del convenio que habían firmado un año antes, Oscar le comunicaba al administrador que en la reunión les dijera a los residentes que a él le “daba lo mismo” que renovaran o cancelaran el convenio. A pesar de que en múltiples oportunidades nos había manifestado su deseo de continuar con el mismo régimen al menos por un año más decidió no manifestarle lo mismo al administrador cuando un día antes lo consultó al respecto.
El 13 de diciembre de 2024 (un año después de trabajar bajo lo establecido en el convenio) el consejo de administración del consorcio decidió no renovar el convenio por un año más e informarle a Oscar que debía dejar el departamento el 31 de marzo de 2025. Oscar recibió la noticia de la peor manera. Un día después de recibirla lo visitamos y notamos una mezcla de incredulidad y bronca en su expresión y en su manera de hablar. Su mirada estaba en el piso y fue el primer día que nos pidió que nos dedicásemos a conversar con los residentes del edificio porque no se sentía bien. Al final de la jornada y refiriéndose a la reunión del consorcio y con el objetivo de reconstruir lo que le comentaron de la asamblea y reflexionó sobre su propia sorpresa:
“La cuestión fue así, vinieron los dos hijos de puta de siempre, que la pudrieron, que son los que quieren que me vaya y empezaron con lo de siempre, que no estoy en la puerta, que no me río tanto, que esto que lo otro ( .) la verdad que no la vi venir, me desayuné de todo esto ayer cuando me lo comentó Marcelo (administrador) (...) aunque hay temas personales con uno de los dos de acá que no me banca pero yo no esperaba que ellos me defendieran, pero el resto sí, algunos por lo menos?”
Luego, continúo nombrando a varios de los residentes con sus nombres de pila y buscó distintas maneras de imaginarse porqué tomaron esa actitud:
“(...) De Popi lo puedo entender porque no escucha, andá a saber lo que pudo cazar pero de otras personas como Gladys o Héctor que siempre están Oscarcito de acá, de allá, cuando había que jugársela y salir hicieron la de la rotonda, giraron, giraron pero no se decidieron para ir a ningún lado ( .) también es verdad que faltaron dos de los que más me quieren y sé que iban a estar al pie del cañón, pero llegaron tarde y ya se había votado”
Las expectativas de Oscar respecto al comportamiento de alguno de sus empleadores se sostenían en las relaciones de confianza, de proximidad, cara a cara que habían construido a lo largo del tiempo. El hecho de que no lo “defendieran” o “saltaran” en la reunión a su favor lo llevó a sentirse traicionado ya que esperaba que pudieran defenderlo a partir de la relación que habían constituido. Como muestra Lygia Sigaud (1996) respecto al comportamiento de trabajadores rurales en Pernambuco, la relación personalizada y de lealtad construida en el tiempo hace que los trabajadores que logran relaciones de cercanía con sus patrones no realicen reclamos judiciales ante éstos últimos ya que consideran que tienen una deuda moral con éstos últimos. En el caso de Oscar, lo interesante es que su confianza se centraba en que habiendo sido una persona leal, de confianza y cercana a muchos de ellos, pensaba que éstos actuarían desde la misma lógica y no haciendo primar una lógica utilitaria, impersonal, de primacía del mercado.12
Si hasta el momento vimos la manera como Oscar fue construyendo su trayectoria laboral y los vínculos con los residentes, a continuación nos focalizamos en la perspectiva de los residentes en relación al rol de Oscar dentro del edificio, su continuidad en el trabajo y las posibles consecuencias que puede traer el hecho de ser reemplazado.
Como telón de fondo encontramos que los cambios sociodemográficos, tecnológicos y laborales inscriptos en un proceso de pauperización de los sectores medios empleadores se condensan en el tipo de negociaciones, conflictos y acuerdos que se realizan en estos espacios.
En este apartado, nos interesa rescatar categorías que surgieron de los propios residentes del edificio, como las de eficiencia, comunidad y humanidad y aparecieron articuladas en los relatos de los residentes al momento de fundamentar su posición respecto a la situación de Oscar.
Francisco tiene 52 años, es oriundo de Corrientes pero vivió diez años en Córdoba cuando estudió ingeniería antes de mudarse a Buenos Aires en 2005. Es inquilino, aunque participa de las reuniones de consorcio. Cuando le pregunté a Oscar por personas para entrevistar me sugirió a Francisco ya que era una persona que tenía “horarios flexibles”. El día que teníamos pactado para conversar, Oscar me comenta que Francisco iba a bajar y que tendríamos la entrevista en el palier. Aunque sabía de la dificultad para la audición en ese lugar del edificio encontré muy positiva la llegada de Francisco, ya que apareció muy predispuesto y con un mate para compartir en la puerta del edificio.
Nos sentamos y ni bien comenté lo que estaba interesado en conversar, Francisco comenzó la charla mencionando que él iba a “ir y venir” de su “doble condición”, como habitante del edificio y como administrador de consorcios, destacando que para él existen dos características que ellos buscan en los encargados. En tanto administrador reconoce que en el rubro lo que más se busca es que el encargado “tenga criterio propio y no consulte por todo” y lo segundo es que tengan espíritu de “crear comunidad”. La primera cualidad la describe con un ejemplo en su rol como administrador: “Cuando se maneja solo todo es más rápido, fluye, sin trabas ni tiempo que perder, pero cuando no es ducho o todo lo consulta, ahí se arma la galleta”.
Cuando afirma que va a hablar como habitante de un edificio, realiza una observación inicial respecto al cambio que percibe tuvo la práctica de los encargados a lo largo del tiempo:
“Cuando yo vivía en Córdoba tenía el encargado que le gustaba charlar, que estaba en la puerta, hacía chistes, pero también a la gente estaba más en la puerta de las casas, se conocían, entonces para el encargado entrar a la casa era como normal que se te metía en la casa, que trataba a todos de vos, te voceaba (...) yo acá (Buenos Aires) no lo vi, eso ya no está bien visto, creo que ni allá ni acá, la cosa cambió por muchas razones”
Luego de pasar por tres edificios antes de llegar al actual, reconoce que fue en la actividad de organización del asado por parte de Oscar donde percibió algo del espíritu del encargado que busca crear “comunidad”. Al respecto, comenta de su experiencia:
“En esa actividad ves un esfuerzo de parte de Oscar en este caso, por conectar a la gente, yo ahí conocí a mis vecinos después de años, no sabía el nombre, nada, yo alquilo, yo no iba a las reuniones de consorcio, por eso también estaba muy afuera pero ahí los conocí y comencé a participar. Eso que hace Oscar es muy valorable”
Cuando revela que comenzará en esta parte de la entrevista a responder como administrador, afirma que a pesar de reconocer la tarea y el ímpetu de Oscar, considera que el trabajo de encargado con vivienda es algo que ha venido cambiando y que como tendencia él encuentra que está en lenta desaparición, algo que lo asocia con la representación del Estado:
“Siempre digo la imagen de que el edificio donde uno vive es un poco el reflejo del país porque si te pones a pensar un edificio es como el Estado nacional, que los políticos que llegan traen al suyo, la prima, el hijo, etcétera y ahí creaste un elefante, o no? (...) porque te voy a decir una cosa (se pone la mano de costado para hablar más despacio), en este edificio tenemos dos encargados, sin y con vivienda pero también ayudantes los fines de semana!, entendés? Son 28 departamentos, ¿es necesario?... ¿es eficiente?, no, no lo es, pero bueno, es un lógica de ir agregando, metiendo como se dice en la jerga, como en la política, tu gente y así seguís acumulando gastos”
La metáfora del Estado y de la Argentina que utiliza para describir el edificio donde vive pero también aquellos que administra resulta particularmente interesante porque se asocia con una idea de la eficiencia y el gasto que está muy presente en las conversaciones con los residentes.
Para ahondar en su idea de la falta de eficiencia, Francisco afirma que en el “rubro de los edificios” se mantienen ciertas “cosas” que ya “nadie pregunta porqué ni cómo” pero que ya no existen en el resto de los lugares laborales. Específicamente refiere a los “tiempos muertos” y la “rigidez” en los horarios, algo propio de otro modelo de sociedad. Ahora hablando como administrador Francisco menciona la transformación que percibe en su trabajo ante el ingreso de una gran cantidad de empresas de limpieza y de tótems de seguridad como maneras de encontrarle un reemplazo a la salida del encargado de edificio. Aunque Francisco comenta que él sugirió estas opciones como reemplazo de los dos encargados, considera que todavía hay una idea en el edificio de “querer tener a alguien, a una persona ahí para cualquier cosa, sobre todo vi esto en la gente mayor”.
A continuación, encontramos el caso de Nelson, quien con setenta y dos años, complejiza la generalización realizada por Francisco. Nelson tiene setenta y nueve año s, está jubilado, vive solo y es arquitecto, aunque ya no ejerce. Se considera cercano a Oscar porque siempre conversaron sobre fútbol, hizo arreglos en su casa y conoce también a la mujer de Oscar porque participa de los asados de fin de año. Nelson afirma que “como todo” con el paso del tiempo Oscar ha comenzado a adquirir “mañas”:
“¿Viste cuando dicen que escoba nueva barre bien?, bueno, más habla de lo que estás dejando que de lo que viene, porque uno ya lo viene viendo a Oscar más cansado, con menos paciencia, menos atento, porque también como en todo trabajo, menos presente en la puerta, son como dicen, mañas que son como derechos adquiridos, entonces, como todo, está pero no está, ya maneja los tiempos”
Por su parte, quienes consideran que Oscar no debe dejar el edificio enfatizan en la dimensión humana y el aspecto social y comunitario que genera la presencia de un encargado. Marcela, quien ha tenido problemas de salud con su marido, revela una diferencia entre los tótems y la presencia del encargado:
“¿Si uno está mal, a quién va a llamar, al tótem? ¿Que son como unas momias? Acá lo tenés a Oscar, que por lo menos a mí me conoce, sabe cómo estoy, pero no es conmigo solo, muchos en el edificio, él sabe y está atento, sabe quién sos, como estás, porque te ve, porque además, todos sabemos lo que hizo en la pandemia con cada uno, que tiene tus llaves, todo (...) a mí no me van a venir con eso de los robots porque así terminamos”
Marcela rescata la dimensión humana, de cercanía y de confianza construida a lo largo del tiempo y revela el rol de Oscar durante el aislamiento en la pandemia. También revela su rechazo a la presencia de agentes tecnológicos que reemplacen la presencia del encargado porque afirma que no estarían pudiendo responder en términos “humanos” a las demandas. Por otra parte, Susana incorpora lo que considera como “contradicciones” que ocurren tanto dentro del edificio como en la sociedad:
“Acá vos ves que todos hablan de lo importante de los encargados pero en las reuniones de consorcio no se oponen a que se plantee su despido las personas reconocen la dependencia y el cuidado que les da el encargado pero al mismo tiempo es como si estas nuevas formas de pensarse como .eh como que cada uno piensa en lo individual, personal, los lleva a decir que se tiene que ir, solo por gastar menos .no piensan que un salario es un inversión en cuidado y bienestar sino como un gasto que hay que eliminar y reducir .yo no pienso que se tiene que pensar así como un objeto de consumo a alguien que te cuida. .ahí comenzó a pasar todo lo que pasa en la sociedad pero adentro del edificio, para mí es bajar la calidad humana del edificio”
Más allá del análisis de Susana, en el edificio de Oscar (así como en gran parte de los edificios de sectores medios en los realicé trabajo de campo), las mismas personas que destacaban a Oscar por su trabajo como encargado y sobre todo en tareas de cuidado y de cercanía en distintos momentos y situaciones delicadas eran adultos mayores que al mismo tiempo manifestaban dificultades para continuar con los gastos que supone un trabajador de éste tipo13.
La historia de Elsa resulta interesante porque exhibe la complejidad de la situación. Ella tiene setenta y siete años, se jubiló hace diez años y es una residente de hace cuarenta y cinco años en el edificio. Vive con su marido y su madre de noventa y un años en un departamento de cuatro ambientes en la planta baja. Cuando la conocimos haciendo el documental fue la primera persona que nos mencionó alguna ambivalencia respecto a la posibilidad de apoyar a Oscar en la próxima reunión de consorcio. En su relato habló del ahorro y de la posibilidad de mejorar el edificio a partir de poder alquilar el departamento donde vive Oscar.
“Nosotros estamos muy conformes con todo el trabajo de Oscar, como también de Raúl, yo personalmente los conozco desde que entré al edificio, son muy comprometidos con el trabajo, atentos, de eso no hay duda (...) pienso que en algún momento vamos a tener que definir la situación pero que tenemos que pensar muy bien qué hacer porque no todos estamos en la misma situación, con la misma billetera”.
En el relato de Elsa se revela que la posición respecto al encargado tiene que ver en parte con la condición socioeconómica del habitante del edificio. En otra parte de la conversación Elsa plantea que la idea de la continuidad no fue algo que surgió de los residentes:
“Es que fue así, el (Oscar) vino, fue hablando uno a uno para decirnos la propuesta. Después comentamos en donde nos encontramos con los vecinos y pensamos que por un lado… me da pena porque uno se acostumbra y funciona las cosas y después no sé qué haremos tenemos que reunirnos y ver que vamos a hacer hay muchas opiniones, sobre todo la gente grande que quiere seguir con una persona que esté siempre...”
Resulta interesante que a pesar de su edad Elsa habla de la “gente grande” aunque se percibe que refiere a quienes son adultos mayores que viven solos. Luego, continúa con alguna de las posturas en las reuniones de consorcio:
“El encargado es importante, eso es verdad pero hay gente que quiere una empresa de limpieza… a veces yo pienso que si viene una persona a la mañana y a la tarde y queda el departamento solo podemos usar esa plata para pintar los aire y luz o arreglos que tenemos que hacer, nunca hay dinero para afrontar eso igual todavía no sabemos cómo vamos a proceder”
En las opiniones de Elsa encontramos consideraciones que no resultan lineales ni pueden leerse desde un solo prisma, sino que responden a una situación en donde la situación económica se pondera al mismo tiempo que se analiza la relación de confianza desarrollada a lo largo del tiempo y la performance laboral.
Por su parte, Beatriz es una mujer de ochenta y dos años, viuda, contadora pública aunque ya no ejerce y sufrió un accidente de salud hace unos años que la llevó a tener que moverse con un andador y con un bastón. Este episodio llevó a que Oscar en muchas ocasiones la ayudara con diligencias y distintas cuestiones relacionadas con su impedimento. Cuando conversamos sobre el futuro de Oscar dentro del edificio realizó la siguiente observación:
“Yo estoy muy al tanto de la situación eh, porque si querés, a ver de manera lógica debería pensar que siga Oscar, porque él con lo que me ayudó y está, sobre todo al principio después del accidente, porque además mis hijos viven en provincia (...) pero uno pone viste, en la balanza y también yo tengo que ver también mi economía, desde que falleció mi marido yo tengo menos ingresos, mis hijos pueden con lo suyo y yo desde el accidente tengo dos personas que vienen a cuidarme para dormir y tengo una prepaga que se fue por las nubes (...) estoy ahorcada y esto es como una decisión como de que estás en Guatemala pero si seguís así podes estar en guatepeor”
Resulta interesante la postura de Beatriz porque directamente aparece la necesidad de establecer prioridades y definir la distribución de sus ingresos independientemente de su opinión sobre el trabajo y de la relación que ha construido con Oscar.
Elsa y Beatriz tienen distintas realidades, necesidades y expectativas respecto al futuro. Todas consideran fundamental el trabajo de Oscar y con distintos matices encuentran un límite en la proporción que ocupan los gastos de salarios y antigüedad de los encargados en sus propias economías. Elsa no manifiesta una posición concreta sobre la continuidad de Oscar ya que se muestran en una situación ambigua respecto a la posibilidad de perder un tipo de servicio pero no poder continuar pagando los costos que supone. Es solo Beatriz quien exhibe una dificultad manifiesta a continuar erogando el dinero necesario para mantener el salario de Oscar.
En el artículo analizamos la relevancia que tiene el momento de la jubilación de un encargado como instancia clave para comprender los sentidos y valoraciones que se movilizan al momento de tomar una decisión. La elección de considerar las perspectivas de un trabajador y sus distintos empleadores remite a un enfoque relacional que apuntó a comprender los distintos sentidos e intereses que se movilizan en un momento particular de la relación laboral.
La decisión de mantener o despedir a un encargado de edificio contiene diversas valoraciones y criterios que pueden priorizar lo material, personal, moral o el bienestar. Al mismo tiempo, estas apreciaciones y expectativas también se modifican a lo largo del tiempo, si uno pondera la dimensión generacional, la etapa en el ciclo vital y la condición laboral y familiar de residentes y del encargado. El impacto de esta decisión también incide en la transformación de un tipo de sociabilidad, de relaciones de confianza y de contacto cotidiano entre empleados y empleadores.
Como vimos, en el artículo elegí utilizar la dimensión temporal tal cual aconteció en el más de año y medio que estuve haciendo trabajo de campo en un mismo edificio. Inicialmente Oscar se mostró muy confiado y tranquilo respecto a la decisión positiva de los residentes por haber aceptado su propuesta. Su seguridad se basaba en la confianza, la seguridad y la cercanía como valores que habían ponderado sus empleadores para aceptar su propuesta inicial del convenio.
Esto apareció reflejado en los relatos y ejemplos que daba Oscar respecto a los vínculos estrechos, de confianza y construidos a lo largo del tiempo en el edificio. También e sta serenidad apareció expresada en la legitimidad que el asado de fin de año tenía para los residentes del edificio, siendo ponderado por la gran mayoría de los residentes. Esta imagen de consenso y de confianza sobre su futuro laboral empezó a verse opacada por una serie de reuniones formales e informales de los residentes y de la cual Oscar se enteró de manera indirecta.
La reconstrucción de la trayectoria laboral de Oscar dentro del edificio y su relación con los distintos residentes a lo largo de la vida de ambos revela una centralidad de esta figura en la conformación de los modos de sociabilidad dentro de los edificios de la ciudad. También denota una cualidad del tipo de trabajo que excede lo estrictamente material y que se vincula con una dimensión relacional que los encargados de edificio deben desarrollar. La realización de un asado anual se constituyó para Oscar como para los residentes en una demostración de ésta cualidad y del lugar de cierto tipo de favores y compensaciones que se generan en estos vínculos que exceden lo laboral. La realización de una actividad de estas características nos revela una manera de construir “comunidad” como parte de las tareas no escritas y realizadas por algunos encargados de edificio. Asimismo, las relaciones cambiantes y en algunos casos perjudiciales para la realización de su trabajo como es el caso de los residentes que no simpatizan con su trabajo y prefieren que no continúe en el mismo, llevaron a que Oscar decidiera reducir su horario laboral al mismo tiempo que demuestra la dimensión personal y subjetiva que tiene el trabajo como encargado.
La sensación de Oscar de haberse sentido traicionado por algunos de los residentes revela el hecho de que sintió que quienes consideraba más cercanos en el trato personalizado y la confianza construida a lo largo del tiempo son quienes al mismo tiempo habían cedido ante la lógica del ahorro y de la “impersonalidad” del mercado para apoyar su despido.
En una segunda parte del texto nos interesó reconstruir el universo heterogéneo de valoraciones, sentidos y discursos que movilizan los residentes de un edificio al momento de tomar una decisión respecto al futuro del trabajo del encargado de edificio. Encontramos que las evaluaciones de los residentes no siempre fueron lineales ni obedecen a un solo criterio, aunque fue evidente que la relevancia de valores como la eficiencia, el bienestar, el costo y la dimensión humanitaria (solo para mencionar algunos) juegan a la hora de tomar una posición respecto al lugar que tendrá el encargado dentro del edificio y las consecuencias que esto traerá para los habitantes del mismo.
Desde aquellos que priorizan la eficiencia antes que la construcción de una comunidad, pasando por las dificultades económicas que suscita pagar dos personas en un edificio por parte de personas jubiladas, así como residentes que valoran el cuidado y el aspecto humano, encontramos un heterogéneo conjunto de aspectos y valoraciones que también van modificándose en el tiempo.
Lo interesante es pensar que la discusión en torno a la figura del encargado no sólo habla de la persona sino también sobre el edificio, su mantenimiento, calidad, pero también de las relaciones humanas y de sociabilidad que se pueden desarrollar bajo su presencia, así como la atención y la confianza que se genera con alguien que los conoce desde hace tiempo y convive en el mismo edificio.
Por último, también este caso nos permitió evidenciar el carácter público que puede tener un supuesto conflicto “privado” entre grupos sociales que se vinculan “puertas adentro” de la esfera pública. El lugar del encargado, su rol con los residentes tanto desde la realización de tareas instrumentales como vínculos relacionales evidencia una complejidad que opera como instancia privilegiada desde donde poder analizar fronteras morales de clase, modos de sociabilidad en disputa y maneras de construir lo comunitario en la actualidad.
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1 Los tótems de seguridad son otra opción que, aunque no reemplazan a un encargado, muchas veces son contratados en lugar de este. Son paneles con una pantalla que muestra a un empleado remoto, un altavoz y un micrófono para interactuar con ellos. El vigilador observa las imágenes de las cámaras distribuidas en el edificio y, de ser necesario, llama a la Policía. Son más frecuentes en zonas de alto poder adquisitivo, como la Avenida del Libertador a la altura de Palermo, el sector de Las Cañitas o incluso la misma área de Belgrano donde se filma El Encargado. Según Prosegur, que provee su servicio de Ojo de Halcón, las zonas con mayor demanda están en los barrios de Recoleta, Palermo, Belgrano y Caballito (https://www.clarin.com/ciudades/encargados-edificios-especie-peligro-consorciosprescinde_0_dVck3DVPcM.html?srsltid=AfmBOoq4DP_uUeSIehOljV17MWZmM3DgJw13hSWDCh70AdaEudkjzsP6). Para un estudio pormenorizado del tema, se recomienda el texto de García (2021) y Saraví (2004).
2 Estos indicadores de cambio en la modalidad de trabajo aparecen menos en la literatura de investigación que en referencias de los medios de comunicación (https://www.clarin.com/
ciudades/encargados-edificios-especie-peligro-consorcios-rescinde_0_dVck3DVPcM.html?srsltid=
AfmBOoogZbuVXb6DTIFvNjq35QgQpTwx98vqB_qPwPYLUBgnwoPafro7
3 Según la ley 12.981 y el Convenio Colectivo de Trabajo 589 del año 2010 existen distintas categorías del personal que se desempeña en los edificios sometidos al régimen de propiedad horizontal. Entre las categorías se encuentran: “encargado permanente”, “encargado no permanente”, “ayudante” y “suplente”. El encargado permanente es el único de los cuatro que goza de una de las viviendas del edificio, quedando a cargo de los consorcistas el pago de las expensas y servicios comunes (gas, agua y electricidad).
4 Siguiendo a Ezequiel Adamovsky (2009), considero como sectores medios a aquellos grupos que no siendo ni parte de los sectores de la elite ni a las populares, ocupan una posición intermedio en la estructura socioeconómica. De esta manera, sería aquellas personas que tienen acceso a ciertos niveles de capital cultural, educativo o económico, pero cuya posición es inestable y cambiante, al mismo tiempo que muestran trayectorias laborales variadas (profesionales, empleados administrativos, pequeños comerciantes, docentes, etc.). Finalmente se trata de sectores atravesados por una gran heterogeneidad interna y una relación ambivalente con el poder .
5 A diferencia de la recurrencia estadística, en este caso se trata de una reiteración de lógicas y patrones de respuesta que aparecen en las entrevistas con diversos encargados que se encuentran en edad de jubilarse.
6 El trabajo de campo de tipo etnográfico e intensivo comenzó con entrevistas con distintos grados de profundidad con los encargados de edificio (un titular con vivienda y un ayudante) y de los habitantes del edificio. Luego, se comenzó con una idea de producción de un documental en conjunto con una realizadora audiovisual de la licenciatura en Cine Documental de la UNSAM. Este último aspecto hizo que siguiera focalizando mi trabajo en la producción del audiovisual, reiterando y generando nuevas entrevistas al pasar más tiempo en el edificio durante la realización del proyecto documental.
7 En mi investigación de campo para el CONICET yo lo había conocido a Oscar y lo había entrevistado en tres oportunidades. Cuando surgió la idea de realización del documental una de las opciones fue la del edificio de Oscar ya que logramos una buena relación con la administración para ingresar al mismo.
8 Ley 12.981, Boletín Oficial, Buenos Aires, Argentina, 20 de mayo de 1947.
9 Aunque en la ciudad de Buenos Aires no existe una obligatoriedad de contar con encargado de edificio (siendo una decisión y potestad de la asamblea de propietarios), en 2018 se sancionó una ley que vuelve no obligatoria la construcción de vivienda para el encargado de edificio en nuevos desarrollos inmobiliarios que tengan menos de quince departamentos. Ya en el año 2014 se había sancionado la Resolución N° 3634 dictada por la AFIP en que la que se fijaba Indicadores Mínimos de Trabajadores (IMT). En dicha regulación se habla de un trabajador jornalizado con 18 horas semanales para edificios de cinco a 15 viviendas, y uno de jornada completa para consorcios de entre 26 y 35 horas.
10 El convenio consistió en que Oscar trabajaría de lunes a sábado de siete a once de la mañana quedando por las tardes libre del trabajo presencial aunque se comprometía a estar disponible de manera on line para cualquier eventualidad. El acuerdo incluía que siguiera utilizando la vivienda del edificio que se encuentra en la planta baja, limita con dos departamentos y a diferencia del resto de los cuarenta y dos departamentos del edificio tiene un ambiente de veintinueve metros cuadrados, un baño y un pequeño patio de un metro y medio por dos.
11 Oscar es dueño de una coupé Renault Fuego que tiene en una cochera a una cuadra de su trabajo, la que visita cotidianamente para hacerle distinto tipo de arreglos y modificaciones ya que es una apasionado de la mecánica de los autos.
12 Roberto Da Matta (1977) es quien descubre en un estudio clásico que existe un lenguaje diferente correspondiente al espacio del hogar y de la calle, y que cada uno contiene un conjunto de códigos, prácticas y relaciones diferentes. El autor destaca que el hogar emerge como un espacio de “tranquilidad”, de “cariño”, y “consideración”, en oposición a la “calle” (rua) en donde los sujetos aparecen en tanto “individuos” y no como personas. El autor destaca la especificidad que tiene la casa, con sus propios códigos, lógicas de categorización y principios de organización social. Ajena al mundo de la calle, donde gobiernan los códigos y las leyes impersonales, Da Matta encuentra que en la casa las relaciones se rigen por la afectividad y la personalización de los vínculos. En definitiva, como bien lo retrata el autor brasileño, la matriz que guía la relación cotidiana en el espacio doméstico está estructurada en relaciones, cercanas, de conocimiento, de cierta intimidad y confianza, que formando el núcleo de la moralidad en juego tienen una gran relevancia, sobre todo en aquellos espacios en los que las leyes del Estado y de la economía no penetran (Da Matta, 1977: 200).
13 Lo paradójico del caso reside en que e stas personas, que están en general jubiladas, pasan gran parte del tiempo en el edificio y son quienes en general establecen relaciones de mayor duración, confianza y proximidad con los encargados, son también quienes mayores dificultades tienen de afrontar el pago de las expensas debido a que sus salarios son menores a los que tienen las personas se encuetran en actividad.