Lía Camila Díaz
Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio
(IIDyPCa - UNRN). Bariloche, Argentina
https://orcid.org/0000-0002-3718-1656
Contacto: liacamiladiaz@gmail.com
Como agentes productores de sus contextos, les niñes y adolescentes trans interpelan e intervienen en los diversos espacios sociales que transitan, entre ellos, los entornos familiares de los que forman parte. Actualmente, cada vez con más frecuencia las familias de origen de las personas trans, en especial madres y padres, acompañan los procesos de (des) identificación de género de sus hijes e incluso se posicionan como sujetos políticos en el espacio público mediante la conformación de grupos activistas.
En los relatos, es recurrente que se identifique como un evento significativo en las trayectorias familiares el momento de comunicarle a les abueles sobre la transición de género de les niñes o jóvenes. A lo largo de este artículo, analizaré las dinámicas y sentidos de las tramas intergeneracionales que se producen al interior de los círculos familiares de niñes y jóvenes trans de la ciudad de Bariloche en relación con otres miembres de las familias pertenecientes a generaciones anteriores a la de les xadres. A partir de un enfoque etnográfico, propongo explorar los afectos, las tensiones y las negociaciones que se ponen en juego así como también en la generación de complicidades en los vínculos intergeneracionales entre niñes/jóvenes, xadres y abueles.
Palabras clave: niñeces y adolescencias trans, relaciones intergeneracionales, familias, género, antropología.
As active agents in shaping their social contexts, transgender children and adolescents question and challenge the various spaces they inhabit, including their own family environments. At present, the families of origin of transgender individuals—especially mothers and fathers—are increasingly accompanying their children’s processes of gender (dis)identification and even positioning themselves as political subjects in the public sphere through the formation of activist groups.
A recurring theme in personal narratives is the moment when grandparents are informed about a child’s or adolescent’s gender transition, often described as a pivotal event in family dynamics. This article examines the intergenerational relationships that emerge within the family networks of transgender children and adolescents in Bariloche, focusing on interactions with family members from generations preceding their parents. Through an ethnographic approach, I aim to explore the affections, tensions, and negotiations that shape these dynamics, as well as the formation of alliances in the intergenerational bonds between children/young people, parents, and grandparents.
Keywords: transgender children and adolescents, intergenerational relationships, families, gender, anthropology.
Históricamente, la familia y la diversidad sexual se construyeron como categorías opuestas y excluyentes (Weston, 2003). Como explica la antropóloga Kath Weston (2003) a partir de su investigación con personas gays y lesbianas en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos, vivir una vida por fuera de los marcos de la cis-heterosexualidad era sinónimo de rechazo a la familia y un abandono del parentesco. Según Weston (2013), el rechazo familiar es parte de las narrativas con las cuales se enfrentan las disidencias sexo genéricas, se traduzca o no posteriormente en una expulsión real del hogar, teniendo un gran peso simbólico. Pensando en las experiencias travesti trans en Argentina, numerosos relevamientos realizados por las mismas comunidades y los activismos –en algunos casos en vinculación con áreas estatales– han dado cuenta de que la expulsión –explícita o implícita– por parte de la familia de origen es una de las variables más repetidas en las trayectorias de vida de las personas cuyo género no se corresponde con el asignado al momento del nacimiento y que actualmente son adultas1. Es a partir de mediados de los 90 y las primeras décadas de los 2000 que, lentamente, comienza a multiplicarse el apoyo y el acompañamiento por parte de las familias de origen –particularmente de madres y padres– a niñeces y adolescencias trans en sus procesos de transición 2 (Halberstam, 2019).
Este trabajo forma parte de una investigación en curso más amplia en la que busco indagar en esos procesos de acompañamiento familiar a niñeces y jóvenes trans de manera situada en la ciudad de San Carlos de Bariloche, Argentina. Particularmente, trabajo con familias de infancias y adolescencias que atraviesan o atravesaron su proceso de transición luego de la sanción de la Ley de Identidad de Género 26.743 en nuestro país.
Durante el trabajo de campo, en especial en las entrevistas a madres y padres de infancias y adolescencias trans, pude observar que uno de los momentos señalados como significativos en las trayectorias familiares es el momento de “contarle” a les3 mayores de la familia, es decir, los abuelos y las abuelas, sobre los procesos de transición de les hijes. Así nace la idea de este artículo, con el objetivo de analizar, de manera exploratoria, las dinámicas y sentidos de las tramas intergeneracionales que se producen al interior de los círculos familiares incluyendo a estas otras generaciones.
Los estudios socioantropológicos en relación a familias de infancias y adolescencias LGBTIQ+ en general y sobre niñeces y jóvenes trans en particular son escasos y recientes. La mayoría de los estudios sobre los vínculos entre infancias y adolescencias trans y sus familias provienen del campo de la psicología, disciplina que, junto con la biomedicina, ha tenido históricamente el monopolio del abordaje de las experiencias trans (Stryker, 2017). En el proceso de construcción del estado de la cuestión de mi investigación pude observar que los trabajos realizados desde miradas socioantropológicas son, en su mayoría, investigaciones doctorales o de maestría producidas en la segunda década de los 2000. En el contexto latinoamericano podemos mencionar, por ejemplo, los valiosos trabajos de Miriam Jiménez Ramírez (2014) con grupos de familiares de niñeces LGBT en México y el trabajo de Sofía Alvarado (2021) en Chile con familias de infancias trans. En Argentina podemos mencionar la reciente tesis doctoral de Verónica Ward Torchia (2024) con familias de niñeces y adolescencias trans vinculadas a la Secretaría de Niñez y Adolescencia trans de la Federación Argentina LGBT y el trabajo, más acotado, de Marcela Alejandra Parra y Gabriela Bercovich (2022), quienes realizaron un trabajo reflexivo a partir de la experiencia con Nueva Crianza, una asociación de familias del Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
Todos estos trabajos abordan los aspectos vinculares y las dinámicas familiares a partir de las vivencias de las madres y los padres, salvo el de Alvarado (2021) que incluye en su análisis las experiencias de los abuelos y las abuelas. Es por eso que, en este artículo propongo indagar en una dimensión menos explorada: las relaciones entre niñes/adolescentes, madres/padres y les abueles. Me interesa indagar en los roles, las tensiones y las negociaciones que se ponen en juego así como también en la construcción de complicidades en los vínculos entre distintas generaciones. De igual manera, propongo indagar en los aspectos afectivos que atraviesan estos procesos, entendiendo la afectividad en términos de Sara Ahmed (2015). Esta teórica queer entiende, en línea con el giro afectivo producido en las ciencias sociales, que las emociones no residen en los sujetos ni en los objetos como una verdad interior sino que son producidos como efecto de su circulación. Desde esta perspectiva, las emociones no son meros estados psicológicos sino prácticas culturales y sociales. Esto permite, entre otras cuestiones, dar cuenta de los modos en los que los afectos moldean sujetos y corporalidades, cómo circulan y cuáles son sus efectos y sus marcos.
El abordaje metodológico es etnográfico y está sustentado en entrevistas abiertas realizadas entre los años 2022 y 2024, en el marco de mi investigación doctoral en proceso, a madres y padres de niñes y adolescentes que no se identifican con el género asignado al momento de nacimiento. A su vez, la investigación se nutre de la construcción de datos a partir de la observación participante en distintos espacios sociales y políticos en los que transitan infancias y adolescencias trans y sus familias.
Las infancias y adolescencias trans4 como fenómeno social nombrado en esos términos y el acompañamiento familiar comenzó a visibilizarse en Argentina a partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género 26.743 en 20125 pero cobró mayor relevancia pública a partir del caso de Luana, la primera niña trans del país y del mundo en realizar, con en compañía de su madre, el cambio de nombre y de sexo/género en el DNI en el año 2013, cuando tenía cinco años. Se trató de un caso que cobró relevancia en los medios ya que, frente a la negativa de un juzgado de realizar los cambios registrales tal como indica la ley, la familia junto con la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) decidieron mediatizar y dar a conocer su situación. Luego de meses de gestiones y reclamos, Luana obtuvo su DNI (Mansilla 2014, 2018; Pavan, 2019).
Posteriormente, Gabriela, la madre de Luana, comenzó a asesorar e informar acerca de la temática de las infancias y adolescencias trans en diversos ámbitos e impulsó la conformación de la Asociación Infancias Libres en el año 2017. El objetivo de esta agrupación es, desde entonces, visibilizar la temática de las infancias trans, asesorar a otras familias que buscan acompañar a les niñes y generar espacios de intercambio entre niñes y adolescentes que no se identifican con el género asignado al momento del nacimiento. Desde ese momento en adelante, se han ido conformando agrupaciones de padres y, sobre todo, madres de niñes y adolescentes trans en distintas ciudades del país con el fin de promover y garantizar los derechos de las infancias, pero también con el objetivo de encontrar espacios de contención familiar. Algunas de ellas son Munay en la provincia de Buenos Aires, la Secretaría de NNA trans y sus familias de la FALGBT, Crianzas Diversas en Salta y la agrupación neuquina Nueva Crianza, por nombrar algunas.
Los avances en materia de derechos –como la Ley de Identidad de Género y la Ley de Educación Sexual Integral– de los últimos años no estuvieron libres de debates y disputas políticas. Al momento de escribir este artículo, desde el gobierno nacional, encabezado por Javier Milei, se han puesto en circulación una serie de discursos y medidas que suponen un retroceso en los derechos adquiridos por las diversidades sexo-genéricas en nuestro país. En variadas instancias, el presidente vinculó a la diversidad sexual con el abuso infantil y se refirió a los tratamientos de hormonización y a las cirugías de adecuación de género en menores como experimentos y crímenes. A su vez, esta línea de pensamiento se materializó en el Decreto 62/2025 que modifica los puntos de la Ley que afectan a les menores de edad. Según este decreto, les menores de 18 años no podrían acceder a tratamientos hormonales ni a intervenciones quirúrgicas. Esta medida fue justificada públicamente con argumentos que ignoran décadas de activismo sexo-disidente y producción de conocimiento en diversos ámbitos, con información errónea e inexacta y prejuicios sobre la comunidad LGBTIQ+ y también con una noción de la niñez como una etapa de la vida caracterizada naturalmente por el riesgo, la inmadurez y la necesidad de cuidado y protección. Si bien no es objeto de este trabajo, es preciso poner en palabras que estamos en un momento de disputa por la noción de infancia y también sobre las vidas que son dignas de ser vividas (Butler 2006).
En este contexto, a nivel nacional, las familias, mediante agrupaciones o vinculaciones más informales, están ocupando un lugar en la escena política, por ejemplo, participando en el debate en sesión de la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados en la que se debatió, entre otras cuestiones, dicho Decreto6, el 11 de febrero de 2025.
Antes de comenzar con el análisis objeto de este artículo, reconstruiré brevemente el contexto local en relación a la problemática en cuestión, puntualizando en los eventos y las tramas que llevaron a que el tema de las infancias trans y el acompañamiento familiar emergieran en la agenda pública y política.
En Bariloche no existe hasta el momento una agrupación activista consolidada de madres o familias de infancias trans. Sin embargo, como relataré a continuación, en los últimos años se han producido una serie de eventos e iniciativas que fomentaron la emergencia de la temática de las infancias trans a nivel local y la conformación de ciertos vínculos, grupalidades y movimientos entre familias, tal como desarrollaré a continuación.
En esta localidad, desde el año 2014 se vienen tejiendo vínculos, no exentos de tensiones y conflictividades, entre los activismos sexo-disidentes y el estado municipal (Luna y Díaz, 2021). En el año 2019, se conformó dentro del organigrama de la Municipalidad de San Carlos de Bariloche (en adelante MSCB) el Área de Género y Diversidad Sexual (en adelante Área de Diversidad), dependiente de la Dirección de Instituciones. Durante ese mismo año comenzaron a acercarse madres y padres de niñes y adolescentes trans que no encontraban espacios para informarse sobre los procesos que estaban atravesando sus hijes. En consecuencia, el área comenzó a organizar los llamados Encuentros de Familias, espacios mensuales, presenciales, coordinados por les trabajadores del área, abiertos a madres, padres, hermanes, parejas, y demás vínculos significativos de personas trans, sean niñes, adolescentes o adultes. Con el transcurso de los meses, estos Encuentros se fueron transformando en un espacio exclusivamente de y para familias de niñeces y adolescencias trans y fueron el puntapié para la conformación de un grupo relativamente estable de familias que se acompañan y apoyan mutuamente compartiendo información, sentires y experiencias hasta el día de hoy, por dentro y por fuera del ámbito inicial pensado por les trabajadores del municipio.
Otro acontecimiento relevante en relación a la temática a nivel local fue la realización del conversatorio “Infancias trans, felices y libres”, impulsado por la madre y el padre de una niña trans de Bariloche y llevado adelante en febrero de 2020. Se trató de un evento que buscó ofrecer información a familias de infancias trans y a profesionales que trabajan con la niñez en educación y salud. Para su organización, la familia articuló con ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), el Área de Género y Diversidad de la MSCB y Comarca Diversa, agrupación de la ciudad de Viedma, Río Negro, conformada por activistas y profesionales de la salud y la educación. Este evento, que tuvo gran convocatoria, es nombrado con frecuencia por mis interlocutores como un hecho significativo que permitió que más familias se conocieran entre sí, se informaran con respecto a la temática y conocieran los Encuentros.
Tanto los Encuentros generados por el Área de Diversidad como el conversatorio impulsado por la familia de una infancia trans de la ciudad son instancias que, según las propias familias, permitieron que eso que les estaba sucediendo en sus vidas y en sus hogares encontraran eco en relatos similares y que sus historias se anudaran con las de otres (Ingold, 2011) y, además, que el fenómeno cobrara visibilidad a nivel local. Con los años se fue consolidado una dinámica interna de contención y acompañamiento, pero no fue hasta los últimos años (2022-2023) que comenzaron a generar acciones por fuera del grupo y posicionándose como tal en otros espacios de intervención política como la Marcha del Orgullo o el Consejo Local Consultivo y Participativo de la Diversidad Sexual.
Las personas entrevistadas en el marco de mi investigación doctoral y para este artículo forman parte de estos circuitos o grupalidades. Se trata de familias urbanas de distintos sectores socioespaciales de la ciudad, con diversas trayectorias educativas y profesionales, diferentes vínculos previos con la temática y distintas conformaciones familiares. El denominador común es la decisión activa por parte de les progenitores de acompañar los procesos de transición de sus hijes.
A continuación, volveré sobre el objetivo del artículo, esto es, indagar en las dinámicas de las relaciones intergeneracionales entre niñeces/jóvenes - xadres - abueles.
En los relatos de madres y padres sobre los procesos de transición de género de sus hijes y las repercusiones familiares del mismo, emerge como uno de los eventos significativos el momento de “contarle” a les abueles. Se trata de un momento que se presupone complejo y, a su vez, importante. En este apartado, exploraré algunos de los modos en los que las familias abordan esta instancia así como ciertos preconceptos y prejuicios que se ponen en juego antes y durante las conversaciones.
En el caso de las adolescencias, les jóvenes usualmente dialogan con sus xadres para acordar de qué manera va a llevarse adelante esta comunicación con les mayores de la familia mientras que cuando se trata de niñeces, las madres y los padres eligen el momento para tener estas conversaciones. Fernanda 7 cuenta que su hijo adolescente, Benjamín, le preguntó si le iban a “decir a la abuela”, a lo cual ella le contestó que no era obligatorio, que era su decisión. En el caso de Paula, fue ella quien le preguntó a Azul, su hija adolescente no binaria, si quería que le contara a les abueles. Con frecuencia, los padres, y sobre todo las madres, asumen el rol de abrir y llevar adelante esta conversación.
Paula: (...) mis viejos viven en La Plata, y en un momento (Azul) no quería ir a La Plata. Entonces yo le digo “¿vos queres que yo le diga a los abuelos?”. Mis viejos son nada, tipos grandes. Pero mi viejo es médico, que se yo, sabe de lo que estamos hablando, no se... bueno, entonces yo le dije (...) “vamos a ir a la plata y Franco no se llama más Franco se llama Azul, y está haciendo la transición...”. Así muy corto y al pie, sin mucha explicación. Y bueno, mis viejos se quedaron así tipo (sin palabras). Yo no sé si entendieron. Al principio era como “de qué me está hablando esta piba”. (Fragmento de entrevista realizada el 21/7/2022)
Algunes xadres, como Paula, deciden hacerlo “sin mucha explicación” mientras que otras familias, en cambio, optan por abrir un momento específico para la abrir el diálogo. María, madre de un adolescente trans relata lo siguiente:
María: (...) hicimos una reunión familiar con mi mamá, mi papá, mi tía y se les dijo “miren, a partir de hoy tratemos de cuidar las palabras”. Fue como decirle a mi papá, porque mi papá siempre fue como el papá de ellos, fue el papabuelo. Mi papá por ahí tiene una mentalidad rupestre, antigua, “y mirá, Bautista es así, por favor tratemos de cuidar las palabras, no hagamos ciertos insultos...”. Y mi papá dijo, como cerrándonos la boca a todos, “igual yo ya lo sabía”. (Fragmento de entrevista realizada el 6/09/2023)
Como podemos ver en los fragmentos, ambas tenían ciertas ideas previas sobre cómo iba a ser recibida esa información por parte de sus xadres, les abueles, según los sus edades y sus trayectorias biográficas. Paula asumió que, si bien sus xadres “son grandes”, al dedicarse a la medicina, iban a tener información para entender y aceptar el proceso de Azul. Por el contrario, María temía cómo iba a reaccionar su padre por ser “del campo” y tener una mentalidad “antigua”. En ambas situaciones, antes de la conversación, las mujeres asumieron escenarios posibles en función de los grupos etarios a los que pertenecen les abueles. La antropología tiene una larga trayectoria, desde sus clásicos, en el estudio de la edad como práctica social, poniendo en cuestión que se trate de meros procesos biológicos.
Así, más recientemente, autores como Kropff (2010) han utilizado el concepto de alteridad etaria para hacer referencia a la función indexical de las categorías de edad. Tanto Paula como María marcaron en sus relatos la diferencia en términos etarios y, a su vez, le atribuyeron ciertas características que, tal como relataron, fueron distintas a las expectativas. Si bien en ambos casos se trata de personas mayores, el solo hecho de tener una edad no es condición para aceptar o rechazar la diversidad sexo genérica.
Las lecturas previas y los estereotipos no solamente vienen por parte de les xadres, también por les mayores. Victoria es mamá de Sofía, una niña trans que inició su proceso de (des) identificación de género a los cinco años de edad. En la entrevista relata lo siguiente:
Victoria: (...) cuando yo se lo conté a mis papás, para mi papá fue un quilombo. Mi papá hizo cuestionamientos horribles del estilo “pero ustedes tendrían que mandarlo a fútbol”. “Ay papá por dios”, bueno... Y también ahí hizo cuestionamientos acerca de mi marido. Mi marido no es el típico macho, entonces era “bueno no, quizás como (Sofía) no tuvo una figura tan masculina...”. “Wow, en serio vas a decir eso?”. (Fragmento de entrevista realizada el 15/02/2023)
Al comunicarlo a su padre, Victoria se encontró con que él no solo evaluó negativamente la transición de Sofía sino que también responsabilizó a ella y a su marido por no reforzar los roles de género en la crianza de la niña. Según el padre de Victoria, Sofía no se identifica con el género asignado al momento de su nacimiento por no tener figuras “masculinas” de referencia ni realizar actividades “de varones”, como el fútbol. Como señala Butler (1990), todo aquello que se distancie de la coherencia de género, es decir, de la cis-heterosexualidad y de lo que se espera de una persona en términos genéricos, es castigado y catalogado como abyecto. El abuelo de Sofía no solo estuvo en desacuerdo con el proceso de la niña, sino que puso en cuestión la crianza porque el padre no es una figura “lo suficientemente masculina”. Por otra parte, esto refuerza ciertas afectividades, como la culpabilidad, experimentadas por madres y padres que deciden acompañar a sus hijes (Díaz, 2023).
En ocasiones, son les mismes niñes o jóvenes quienes le cuentan a sus abueles sobre sus vivencias de género. En una entrevista, Silvana relató que su hijo, Liam, le contó el mismo a su abuela que –en ese momento identificándose como mujer– le gustaban las chicas. La respuesta de la abuela a Liam fue que eso que él sentía era “anormal”. Ante situaciones de este estilo, que podemos llamar de resistencia por parte de les mayores, les xadres generalmente optan por dialogar con les abueles y brindarles mayor información pero, a su vez, establecen límites. En este caso, Silvana dejó de hablarle a su madre por un tiempo.
Silvana: (...) él (Liam) le dice a la abuela (...) “te quería contar que me gustan las chicas”, o sea, él se sintió lesbiana o no sé si se sentía lesbiana, no se sentía mujer entonces yo creo como que iba encontrando su identidad por ese lado y (la abuela) le dijo que era una anormal. Casi me la como cruda, el quilombo que se armó. (...) No, no, no sé cuánto tiempo no le hablé a mi mamá (...) se creen que porque son adultos son inimputables (...). (Fragmento de entrevista realizada el 22/04/2024)
En su caso, Paula le advirtió a su padre que se esfuerce en entender a Azul y tratarla de la manera en que ella elige, porque es la adolescente la que va a marcar ese límite si no se respeta.
Paula: (...) “lo único que te digo es que hacé el esfuerzo” le dije (al abuelo de Azul), “vos hacé el esfuerzo, porque lo único que va a suceder es que Azul te va a mandar a la re puta que te parió, y sabés que lo va a hacer, porque sabes el carácter que tiene” heredado de la madre (se ríe), (...) Te la banca una, te la banca dos, y a la tercera ya no se la banca más... Bueno, entonces ahora le dicen Azul, pero a veces la tratan de varón, con el pronombre (...) Pero bueno, fue como lo más duro. Porque además mi viejo, sobre todo mi papá, como no entiende y no quiere entender porque es una roca era como “bueno ya se le va a pasar” o “bueeeno, vos me tenés que entender porque yo...”. “No! Vos tenés que entender, no es que la piba te tiene que entender a vos”. Y ahora le dice Azul, y a veces se le escapa el masculino en su discurso, pero bueno, ya está allanado, pero como dos añitos fueron (...). (Fragmento de entrevista realizada el 21/7/2022)
En los relatos, es usual que les mayores soliciten, como el padre de Paula, que les entiendan a elles, por formar parte de otra generación distinta. En este sentido, Paula responde que son elles quienes tienen que entender a las niñeces y adolescencias y no lo contrario.
Vanesa es mamá de Ramiro, un niño trans. Ella, al igual que Paula, relata que el proceso con su padre fue de las instancias más “duras” en relación a la identidad de género de Ramiro.
Vanesa: Mi papá igual, tiene 50 y pico de años y no, no había caso “ah, mi nena tiene el pelo corto” (decía). “Te está diciendo que se llama Ramiro, no le podes decir mi nena” (le decía ella). Y un día, para su cumpleaños, me dice “¿qué les puedo regalar?” y me dice “¿querés que les compre una campera de algodón” y le digo “bueno dale, comprales, pero una de varón y una de nena, porque tenés que entenderlo, y si no lo entendés no voy a venir más, porque no voy a venir con el pibe a sufrir”, “bueno”. Nos invitó a su casa a comer un asado y le entrega una bolsa a cada uno y cuando Ramiro mira la bolsa dice “mirá, el abuelo entendió todo” porque era una campera azul camuflada. Mi papá...se le llenaron los ojos de lágrimas, tragó saliva y se fue (...) viste, era simple, era solo hacerle notar que vos también estás de acuerdo con lo que él está eligiendo (...) (Fragmento de entrevista realizada el 28/07/2022)
Al igual que el abuelo de Azul, el abuelo de Ramiro continuó, al menos por un tiempo, refiriéndose a él con el género y pronombre asignado al momento del nacimiento. Vanesa señala que un momento clave fue el cumpleaños de Ramiro y de su hermana melliza. En ese momento Vanesa le dijo a su padre que si no se refería ni trataba a Ramiro como él quería, no iban a ir más a su casa, es decir, iban a cortar o al menos distanciar el vínculo. Tal como vengo reflexionando en otros trabajos (Díaz, 2024), las infancias y adolescencias trans, en tanto sujetos sociales activos, desafían el mundo adulto y despliegan su agencia en contextos sociales diversos (Szulc, 2008; Colángelo, 2003; Morales y Shabel, 2000), en este caso, dentro de la institución familiar. Sus existencias y sus modos de habitar el mundo por fuera de la norma cis-heterosexual provoca desestabilizaciones y reconfiguraciones en sus entornos familiares, poniendo en tensión incluso la supuesta incondicionalidad de los vínculos “biológicos” o “de sangre” e interviniendo en ellos, en estos casos de manera indirecta y en complicidad con sus madres. Vanesa, al igual que Silvana, estaban dispuestas a romper el vínculo o distanciarse para priorizar el bienestar de su hijes.
Tal como se desprende de las experiencias relatadas en las últimas secciones, es usual que las madres actúen como mediadoras en los vínculos. En trabajos anteriores y en paralelo a este tengo pensando en estas vivencias en términos de cuidados y nuevas responsabilidades asumidas por las madres que acompañan a niñeces y adolescencias trans (Díaz, 2023).
Finalmente, las experiencias dan cuenta de que, si bien la posibilidad de cortar los vínculos está presente, los procesos atravesados por las familias deben ser entendidos más allá del binario rechazo/aceptación. En el medio de ambos extremos están las tensiones, las charlas, las negociaciones, los desafíos, los intentos.
En los relatos recuperados en los apartados anteriores, puede observarse otra dinámica que emerge en los contactos intergeneracionales. Me refiero a los momentos o a los gestos que llamo de complicidad entre las madres y les niñes/jóvenes ante ese encuentro con les mayores.
Fernanda es madre de Benjamín, un joven trans. Ella cuenta que con su hijo “están muy solos”. No tienen una familia de origen muy amplia y con elles tampoco tiene una relación cercana. En un momento dado, Benjamín comenzó a preocuparse por lo qué pensaría su abuela, una de las pocas personas de la familia con la que tienen vínculo.
Fernanda: (...) nos reíamos mucho entre nosotros, viste. Porque decíamos las cosas que podían pasar, y las cosas que pasaron... que mi mamá no quería saber nada. Porque decíamos “ahora quiere que le digamos su nuevo nombre”, “bueno pero no sé por qué” decía. Y cuando egresó fue muy gracioso, fuimos con mi mamá, era la única familia que teníamos acá así que fue ella, fue Matías (hermano de Benjamín) y fui yo. Y entraron todas las chicas, y las iban nombrando y después entraron los chicos y el primero Benjamín, encima bajito así que estaba primero por el orden de altura (se ríe). Habíamos hecho con un amigo que hace vestuario, le habíamos hecho un vestuario inspirado en Oscar Wilde. Y se había hecho un color violeta en el pelo, estaba fantástico. Y mi vieja así, nada, viste. No dijo nada. Fue como...dijimos bueno… (...) No le quedó otra. Todo lo tonta que se había hecho hasta el momento. Eso fue divertido. (Fragmento de entrevista realizada el 28/08/23)
Fernanda cuenta que, hasta el egreso del secundario de Benjamín, su mamá “se hacía la tonta”, ignorando lo que estaba pasando el joven. En el evento del egreso, Benjamín y Fernanda optaron por sobrellevar esa incomodidad a partir de la complicidad, del saber que entre elles se entendían y divertirse ante el desconcierto de la abuela. Al igual que el abuelo de Ramiro, la abuela de Benjamín permaneció en silencio.
En “Sentimientos queer”, capítulo nº 7 de La política cultural de las emociones, Ahmed (2015) reflexiona sobre la sensación de (in)comodidad y la norma heterosexual. Según la autora, la heteronormatividad funciona como una forma de confort público. Quienes se adaptan a las normas de género circulan por los espacios con comodidad, se extienden a través de ellos. Las personas encajan, están a gusto. Por el contrario, los cuerpos que viven por fuera de la heteronorma suelen experimentar incomodidad, la sensación de torpeza y de estar “fuera de lugar”. La escena que relata Fernanda me resulta sugerente para pensar de qué manera las juventudes trans, en este caso en alianza con adultes, pueden desafiar no solo las normas de género sino las afectividades asociadas a la misma. Con esta performance, Fernanda y Benjamín redirigieron la incomodidad hacia la abuela que, en este caso, representaba al sistema heterosexual.
Durante las últimas décadas, el lugar de la familia en las trayectorias de vida de las personas del colectivo LGBTIQ+ en general y de las personas trans en particular se ha ido transformando. Si bien aún no podemos decir que todas las familias de origen acompañen, cada vez es menos usual el rechazo y el desarraigo familiar de las infancias y adolescencias que no se identifican con el género que les fue asignado en el momento del nacimiento. Esto no implica que estos procesos sean lineales ni que estén exentos de desafíos, conflictividades y desestabilizaciones al interior de estos entornos familiares. Tampoco implica que no existan contextos en los que el rechazo y/o la expulsión familiar no sucedan. A su vez, no podemos perder de vista que estamos en un contexto mundial y regional de proliferación de discursos de odio hacia la población LGBTIQ+. En este sentido, es crucial continuar dando visibilidad a las infancias trans y a las familias que acompañan, pero no de cualquier modo, sino recuperando las vivencias encarnadas y situadas.
El acompañamiento familiar a niñes y adolescentes trans es un fenómeno social relativamente nuevo y, como tal, pone sobre la mesa contrastes generacionales. En este artículo me interesó indagar en una situación que en los relatos de madres y padres emergió como significativa en el trabajo de campo: el momento de comunicarle a los abuelos y las abuelas, las personas mayores de la familia, sobre los procesos de les niñes y jóvenes. Según las narrativas de las madres, estas situaciones suelen vivirse con tensión previa y en el momento y se ponen en juego afectos, prejuicios y resistencias que son entendidas/leídas en términos etáreos.
Este trabajo parte de la idea de que les niñes y adolescentes, lejos de ser sujetxs pasivxs, producen modificaciones e interpelan los contextos de los que forman parte, entre estos, la familia. Las existencias trans en la niñez interpelan tanto a la norma cis-heterosexual como al adultocentrismo y al guion familiar. Con sus modos de transitar la vida y los diferentes espacios sociales, interrogan y cuestionan al mundo adulto y, en este caso, desestabilizan los vínculos familiares. Tal como vimos en el artículo, la falta de comprensión de les mayores con frecuencia deviene en que las madres y los padres opten por señalar las consecuencias, entre las que se encuentran el corte o el distanciamiento de los vínculos.
En esta línea, podemos ver que las madres ocupan el lugar de mediadoras o intermediarias generacionales, dado que son ellas quienes habilitan el diálogo y “cuentan” a les abueles lo que están atravesando las niñes o adolescencias. A su vez, a partir de asumir este rol de intermediarias, muchas veces se generan dinámicas de entendimiento y complicidad con les hijes.
Antes de finalizar me interesa destacar la importancia de producir trabajos que se distancien de las líneas de investigación que posicionan a las personas trans como meros objetos de estudio. Como dice Susy Shock sobre su libro Crianzas y sobre la tendencia a “hablar sobre las infancias”: “¡No! El libro no habla de las infancias trans; el libro habla de ustedes. De ustedes. Del bajón que construyen para que una infancia crezca desolada” (Wayar, 2018, p. 70). Como señala Blas Radi (2019), desde los estudios trans se argumenta que los análisis no deberían concentrarse meramente en el “fenómeno transexual” sino en las operaciones mediante las cuales esa normatividad se ejecuta. En esta línea, sostengo que no es posible estudiar la temática de las infancias trans sino es de manera relacional y contextual, atendiendo no solo a las experiencias de las niñeces sino de los entornos sociales cis-heterosexuales.
Queda pendiente, para los siguientes momentos de mi investigación, conocer las perspectivas y las lecturas que realizan les abueles, quienes, en estos vínculos intergeneracionales, también suelen ocupar un rol central en el cuidado diario de les niñes y adolescentes y que, en los relatos analizados aparecen sus voces solo a través de otres. Resulta significativo poner en diálogo las distintas perspectivas generacionales para dar cuenta de las transformaciones sociales en proceso.
Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones (C. Olivares M., Trad.). México: Universidad Nacional Autónoma de México. Programa universitario de estudios de género.
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1 Algunos de los relevamientos más difundidos son “La Gesta del Nombre Propio” (2005), “Cumbia, Copeteo y Lágrimas” (2007) y “La Revolución de las Mariposas” (2017). Posteriormente se replicaron iniciativas similares al interior del país.
2 La categoría “trans” es utilizada como concepto paraguas que engloba las identidades travesti, transexual y transgénero (Wayar, 2018). No obstante, como afirma Radi (2019), es preciso tener en cuenta que trans, transgénero, travesti, transexual no son términos equivalentes ni intercambiables. Teniendo esto en cuenta, utilizo la palabra trans como término para referirme a las personas que no se sienten identificadas con el género que les fue asignado al momento del nacimiento. A su vez, el término transición, que también utilizaré con frecuencia a lo largo del artículo, es una categoría nativa, utilizada por el activismo y por las familias para referirse al proceso por el cual una persona comienza a des–identificarse con un género para identificarse con otro. En ambos casos, es preciso tener en cuenta que las experiencias son irreductibles y que las palabras son siempre terreno de disputa.
3 A lo largo de este artículo, opté por utilizar una variante del llamado lenguaje inclusivo (LI), en este caso, la “e”, con el objetivo de desmarcar el masculino genérico universal. En ocasiones, empleo otras variantes del LI, como la “x”, en palabras como “xadres”, para referirme tanto a madres, padres y personas de género no binario.
4 Con respecto al uso de los términos infancia y niñez, utilizo ambos términos, prefiriendo el segundo por la carga etimológica que tiene la palabra infancia y su referencia a la incapacidad de habla de las niñeces. De todos modos, es preciso reconocer que la noción infancias trans es con frecuencia utilizada por los activismos, es decir, es también una categoría nativa.
5 Según la Ley de Identidad de Género argentina, artículo N° 5, les menores de 18 años pueden realizar el cambio registral de nombre y sexo/género en el DNI a través de sus representantes legales –usualmente sus progenitores– y con expresa conformidad del menor. Asimismo, la persona menor de edad deberá contar con la asistencia del abogado del niño. En lo que respecta a las modificaciones corporales (artículo 11), a partir de los 16 las personas trans no necesitan autorización judicial ni parental para llevar adelante tratamientos hormonales ni cirugías. Les menores de 16 años pueden acceder a tratamientos tales como los bloqueadores hormonales con el acompañamiento de especialistas de la medicina y con el consentimiento informado de sus padres, madres o representantes legales, además del suyo propio, siempre que tengan capacidad progresiva para comprender el tratamiento (según lo establece la Ley 26.529 y el Código Civil y Comercial).
6 La sesión puede verse en el canal oficial de YouTube de la Cámara de Diputados de la Nación. Participaron de este debate la Asociación Infancias Libres y Munay.
7 Todos los nombres utilizados en este trabajo son ficticios con el fin de proteger la identidad de las personas.