El lugar de la “Revolución Libertadora”. Reflexiones y debates desde la historiografía política argentina

The Role of the ‘Liberating Revolution’: Reflections and Debates in Argentine Political Historiography”

María del Mar Solís Carnicer

Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
https://orcid.org/0000-0002-5065-3611
marimarsolis@yahoo.com.ar

Mayra Maggio

Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Argentina
https://orcid.org/0000-0002-0305-3701
mayitamaggio@hotmail.com

Fecha de recepción: 11/08/2025
Fecha de aceptación: 17/10/2025

Resumen

Este artículo se propone analizar críticamente la historiografía política producida en torno a la Revolución Libertadora, abarcando lo referido a la organización del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955 y a la etapa que le sucedió. Para ello, se relevaron especialmente los estudios publicados en la Argentina en las últimas décadas que provienen del campo de la historiografía académica. Se identificaron los principales enfoques teóricos, los temas y problemas más trabajados y las escalas de abordaje utilizados en ellos. Asimismo, se reflexiona sobre las características que presenta esta producción historiográfica, las mutaciones en las distintas lecturas del período, así como las áreas de vacancia y problemáticas aún no resueltas en las investigaciones.

Palabras clave: Argentina, Revolución Libertadora, historiografía, historia política, escalas.

Abstract

This article aims to critically analyze the political historiography produced around the Liberating Revolution, covering the organization of the coup d’état of September 16, 1955, and the period that followed. To this end, the studies published in Argentina in recent decades within the field of academic historiography were reviewed. The main theoretical approaches, the most frequently explored themes and problems, and the approaches used within them were identified. The article also reflects on the characteristics of this historiographical production, the changes in the different readings of the period, as well as the areas of gaps and problems still unresolved in research.

Keywords: Argentina, Liberating Revolution, historiography, political history, scales.

Introducción

La “Revolución Libertadora” (RL), denominación acuñada por civiles y militares protagonistas del golpe de Estado que derrocó al peronismo en septiembre de 1955 y que se extendió a los años siguientes, ha sido objeto de debates e interpretaciones desde el mismo momento en que ocurrió. El ‘55 ha sido considerado una cesura histórica respecto a la experiencia política anterior, como un momento bisagra o un parteaguas en la historia política argentina o bien como antesala de la emergencia de un nuevo ciclo de inestabilidad de los gobiernos democráticos, de las intervenciones de los militares en política y de creciente conflictividad social (Franco, 2018). Lo cierto es que su abordaje ha recorrido ya varias décadas que además se vieron atravesadas por transformaciones teóricas y metodológicas en las ciencias sociales en general y en la historiografía, en particular. En la actualidad, lejos de ser un episodio lejano y clausurado, su resignificación y referencias constantes en el debate público sigue condicionando parte de la producción de los historiadores en la Argentina.

Este artículo propone revisar críticamente la literatura académica que abordó este período, con el objetivo de presentar un estado actualizado del conocimiento y ofrecer una posible periodización de la labor historiográfica sobre el tema. Se identifican obras pioneras y contribuciones recientes que introdujeron nuevos enfoques, objetos de estudio, escalas analíticas y fuentes.1 Cabe aclarar que el recorte en este trabajo se centra en el plano político de la RL privilegiando a las instituciones y actores partidarios.

El artículo está organizado en cinco apartados. En el primero se presentan a los estudios pioneros que se interesaron por comprender esta etapa tanto desde las ciencias sociales como desde la historiografía. A partir del segundo, se analiza específicamente la producción más reciente. Así, se abordan las investigaciones que analizaron los antecedentes y los gobiernos de la RL, los estudios centrados tanto en el antiperonismo como en el peronismo y finalmente, en la diversidad de escalas desde las cuales se ha analizado al período. El artículo se cierra con algunas reflexiones surgidas a partir de esta revisión bibliográfica, en las que se identifican a las líneas de trabajo más recurrentes y las más innovadoras, los temas más y menos explorados, los enfoques metodológicos y las fuentes utilizadas. Al mismo tiempo, se ensayan algunas hipótesis sobre el desarrollo del campo, los vacíos en la producción existente y posibles vías de abordaje para futuras investigaciones.

1. Las primeras aproximaciones a la Revolución Libertadora

Los primeros intentos por reflexionar sobre la RL, sus protagonistas y consecuencias provinieron de actores contemporáneos a los hechos, quienes la reivindicaron o criticaron según su posición política. María Estela Spinelli (2000) sostiene que gran parte de la producción sobre el tema hasta fines del siglo XX se mantuvo anclada en una concepción ético-política de la historia: asociada a la idea de restauración oligárquica o contrarrevolucionaria en las lecturas de izquierda, y a una restauración republicana en las visiones favorables al golpe.

Durante las décadas de 1960 y 1970, la renovación de las ciencias sociales en Argentina propició interpretaciones de corte estructural, orientadas a explicar la inestabilidad política de la segunda mitad del siglo XX y el estancamiento económico; en ese marco se pensó también a la RL. Estos estudios elaboraron modelos generales sobre el comportamiento de diversos grupos y sectores de poder, dentro de una perspectiva de larga duración. Se preocuparon por construir conceptualizaciones sobre la etapa y coincidieron en que la dinámica política del período estuvo condicionada por la proscripción del peronismo, la fragilidad de las alianzas partidarias y la intervención militar. La más influyente de estas propuestas fue sin dudas la metáfora del “juego imposible” del politólogo Guillermo O’Donnell (1972).2 Otro politólogo, el francés Alain Rouquié (1982), analizó el rol de los militares en la historia argentina y lo que llamó la “sociedad pretoriana de masas”. Por suparte, Juan Carlos Torre y Senén González (1969) y Marcelo Cavarozzi (1984) se interesaron por estudiar las transformaciones del sindicalismo y sus vínculos con la política durante estos años.

Específicamente sobre la RL, además de las memorias de protagonistas –como la de Bonifacio del Carril (1959)– y de trabajos vinculados a la militancia, existen aportes pioneros que ofrecieron reconstrucciones más o menos detalladas del golpe de 1955, el contexto previo y los problemas que generó en la política argentina. Entre ellos se destacan los de Félix Luna (1973) e Isidoro Ruiz Moreno (1994). El primero, caracterizó a la Libertadora como una restauración liberal, destacando la apertura del debate político; y el segundo, desde una perspectiva de la historia política tradicional, realizó una pormenorizada reconstrucción de los acontecimientos, basada en un importante corpus de fuentes. A estos se suma el estudio de María Sáenz Quesada (2007), centrado en las internas del antiperonismo durante el gobierno de facto, así como el clásico trabajo del historiador norteamericano Robert Potash (1985), quien analizó minuciosamente el rol del Ejército en el siglo XX, dedicando un volumen específico a este periodo. También Tulio Halperín Donghi (1964) se ocupó de este tema y ubicó la RL como la tercera de una serie de revoluciones del siglo XX, interpretándola como parte de un accidentado camino hacia una “segunda restauración”. No obstante, cabe señalar que su análisis del frondicismo se vio matizado por su afinidad con esa experiencia política. Sus textos, más que académicos en sentido estricto, pueden leerse como reflexiones de un “observador participante” (Acha, 2015, p. 25).

A partir de 1983, con el retorno a la vida democrática y la normalización institucional, se planteó un proceso de renovación de la práctica historiográfica con la incorporación de miradas renovadas, pero, sin embargo, la etapa de la RL no constituyó un tema de mayor interés para la disciplina. Uno de los primeros estudios propiamente historiográficos que ofreció una visión general del período posterior al derrocamiento de Perón hasta su regreso en 1973 fue la compilación de Samuel Amaral y Mariano Plotkin (1993). En particular, los capítulos de Amaral aportaron una mirada novedosa sobre la actividad política de Perón en el exilio, basada en documentación inédita, especialmente su correspondencia conservada en el archivo de la Hoover Institution perteneciente a la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos).

A principios de los 2000 se publicó la exitosa colección Nueva Historia Argentina coordinada por Juan Suriano. La etapa de la RL es abordada en el tomo IX titulado Violencia, proscripción y autoritarismo 1955-1976, dirigido por Daniel James (2003). Este período es presentado en el marco de un análisis histórico de larga duración a partir de los aportes teóricos provenientes de los cientistas sociales. Como afirma Acha (2023), no fue casual la elección de James para la dirección, ya que en ese momento era uno de los pocos historiadores que había realizado un estudio historiográfico de conjunto sobre ese periodo.

Más allá de estos importantes antecedentes, consideramos que son cuatro las obras que marcaron una renovación historiográfica en torno a la RL, tanto en sus enfoques como en sus preguntas y metodologías y se constituyeron en modelos inspiradores de nuevas investigaciones. En primer lugar, el libro de James (1990) que propuso una nueva interpretación sobre el vínculo entre el sindicalismo y el peronismo tras el golpe de 1955. Pese a la represión y el desmantelamiento de sus estructuras, James destacó la capacidad adaptativa del movimiento obrero, que logró reconstituirse como actor político relevante. Desde la nueva historia política, destacamos el trabajo de Spinelli (2005) que reconstruyó la organización de la sublevación militar e indagó en las características, prácticas y posicionamientos de los partidos antiperonistas, a los que clasificó en tres grupos según su nivel de oposición al peronismo: optimistas, tolerantes y radicalizados. Julio Melón Pirro (2009), por su parte, exploró el derrotero del peronismo tras 1955, las estrategias de resistencia frente al régimen militar, la reorganización partidaria y la recomposición sindical. Finalmente, César Tcach (1994 y 2012) analizó el proceso político desde Córdoba e identificó en esa provincia una plataforma clave del golpe de 1955, pero también un territorio donde emergieron actores sociales transformadores como el sindicalismo y la juventud universitaria.

Estas cuatro investigaciones fueron decisivas para la renovación de los estudios sobre el período, tanto por las preguntas e hipótesis que introdujeron, como por las interpretaciones que formularon, las cuales continúan siendo un punto de referencia ineludible. Algunas de sus propuestas fueron retomadas y profundizadas en investigaciones posteriores, mientras que otras abrieron líneas de indagación aún en desarrollo, entre ellas: las relaciones entre peronismo y antiperonismo; la proscripción y la resistencia peronista; el gobierno de la RL y el proceso de desperonización; la historia de las emociones; los estudios con perspectiva de género; el papel de la prensa; la incorporación de nuevos actores; y el análisis en distintas escalas.

2. Relecturas de la Revolución Libertadora en la historiografía reciente: nuevas agendas académicas

A partir del inicio del nuevo milenio se observa la conformación de una nueva agenda académica que se propuso estudiar al golpe de Estado de 1955 y a la RL como objetos de análisis específicos. Estas investigaciones se multiplicaron y diversificaron hacia 2010, muchos de estos trabajos corresponden a historiadores que se ocuparon previamente de la etapa peronista y que avanzaron en sus indagaciones sobre la década siguiente.

Si bien el golpe de Estado de 1955 ha sido considerado el hecho decisivo que inauguró la RL, fue en realidad el resultado de varios años de profundos conflictos entre los sectores opositores y el gobierno peronista, en los que no faltaron episodios de violencia extrema. Ese proceso, junto con sus antecedentes y consecuencias, constituye uno de los principales objetos de análisis abordados por la historiografía en los últimos años.

Los estudios sobre la oposición al peronismo antes de 1955 no son numerosos; entre ellos se destacan los de García Sebastiani (2005) y Pizzorno (2018 y 2020), quienes analizaron las prácticas del radicalismo y el socialismo frente a las restricciones impuestas por el peronismo. Mientras García Sebastiani examinó el papel de estos partidos en el Congreso Nacional, Lichtmajer (2016b) y Solís Carnicer (2022) realizaron indagaciones similares en torno a las legislaturas de Tucumán y Corrientes, respectivamente. Con respecto a los trabajos que han intentado reconstruir algunos procesos claves que se dieron –o profundizaron– en la segunda presidencia de Perón, encontramos algunos aportes que permiten entender los posicionamientos y la radicalización experimentada en la oposición. Los mismos indagaron sobre la represión y las normas de control estatal llevadas adelante por el peronismo contra sus adversarios (Bartolucci, 2018, 2020), los servicios de información e inteligencia utilizados contra el movimiento obrero (Kabat, 2018) y la deriva por la aplicación del “estado de guerra interno” decretado por Perón tras el intento golpista del ´51 (Pizzorno, 2020). Sobre la confrontación entre la Iglesia católica en la última etapa del peronismo, además de los ya clásicos textos de Caimari (1994) y Bianchi (2001), algunos aportes han indagado sobre las variaciones regionales del conflicto, como los de Blanco (2014) en Córdoba y Santos Lepera (2015 y 2022) en Tucumán y otras aproximaciones matizan algunas explicaciones más generales (Kabat y Toro Tesini, 2021). Otros abordajes interesantes fueron realizados para comprender la áspera relación de los intelectuales y de la SADE con el peronismo (Fiorucci, 2001) y los discursos de las mujeres antiperonistas (Perrig, 2022).

Dentro de los temas recientemente revisitados se encuentra el bombardeo a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Pese a ser considerado un antecedente inmediato en ese camino de incrementación de la violencia que llevó al golpe, no ha sido objeto de muchas investigaciones, aunque existen algunas publicaciones que recopilan testimonios del acontecimiento y que podrían ser la base para nuevos trabajos (Abatte et al, 2022; Besse y Kawabatta, 2007 y Portuguesi, 2015). Además, merece citarse la compilación editada por Besse y Rodríguez (2016), que recupera algunas aproximaciones desde las ciencias sociales. Recién en los últimos años la historiografía ha intentado explicar este acontecimiento con mayor profundidad. Muestra de ello es el artículo de Mackinze (2023) sobre la representación de los bombardeos en los periódicos La Nación y La Razón.

Como es sabido, los levantamientos contra el gobierno peronista comenzaron el 16 de septiembre de 1955 en la provincia de Córdoba. Los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas, los comandos civiles y las fuerzas leales al gobierno se extendieron por varios días y se produjeron combates en varias ciudades del país. En los últimos años se han comenzado a reconstruir los escenarios provinciales y locales del golpe. Podemos mencionar algunos trabajos iniciales como los de Nieto (2009) sobre los bombardeos en el puerto de Mar del Plata, ciudad caracterizada por la presencia de un fuerte antiperonismo y el repliegue del movimiento obrero. Solís Carnicer (2017), por su parte, analizó el modo en que se articuló la conspiración y el desarrollo del golpe en Corrientes. Una línea de trabajo interesante ha sido la recepción de estos acontecimientos en la prensa, tal como lo estudiaron Yuszczyk (2013) y Orbe (2014) para Córdoba y Bahía Blanca, respectivamente. Asimismo, los posicionamientos y representaciones sobre el peronismo en la prensa durante el gobierno de la RL fueron estudiados por Melón Pirro (1997), Panella (2000 y 2007), Ladeuix y Contreras (2007), Galván (2013) y Castillo (2013).

Menos “relecturas” ha merecido la caracterización de las dos etapas del gobierno militar, encabezadas por las dos principales figuras del golpe: los generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu. La asunción de este último en noviembre de 1955 provocó el alejamiento definitivo de los cuadros que habían visto la posibilidad de retomar algunos postulados del peronismo. Con él inició la etapa más fuertemente antiperonista de “la Libertadora” en la que se llevó adelante lo que se conoce como la “política de desperonización”. Estos procesos, fueron analizados en profundidad en el trabajo de Spinelli (2005), modelo que sigue guiando la forma de caracterizar a los momentos políticos que atravesó esta dictadura.

La profundización de la desperonización significó desmontar el aparato peronista, lo que no se limitó a la faceta investigadora y represiva sobre el movimiento, sino que estuvo acompañada por diversas medidas que pretendían devolver la autonomía institucional al país y derogar la legislación que el peronismo había utilizado contra sus opositores (Ferreyra, 2018). El objetivo principal era el de suprimir todo rastro de sentimientos afines al peronismo y se creyó que eso podría ser posible a través de la re-educación de sus militantes (Spinelli, 2003). Parte de esta persecución incluyó encarcelamientos y castigos. Pocos son los trabajos que se focalizaron en estudiar estas detenciones; uno de ellos es el de Castronuovo (2016) centrado en el encarcelamiento de las mujeres en la provincia de Buenos Aires.

3. El antiperonismo: del “gran ausente” al objeto revisitado

En su balance de la producción historiográfica sobre la RL, Spinelli (2000) señalaba que el “gran ausente” en los estudios sobre el período era el antiperonismo, entendido tanto como fenómeno político y cultural. Esta omisión, que la autora se propuso subsanar en su obra publicada cinco años más tarde, ha sido revertida en las últimas décadas a través de una creciente variedad de investigaciones que lo han abordado desde múltiples perspectivas.

En los últimos años, el antiperonismo ha sido ampliamente revisitado como objeto de estudio, visto no solo como un conglomerado de partidos políticos contrarios al peronismo, sino como una identidad política; aunque aún subsiste un marcado desequilibrio entre la cantidad de trabajos que estudiaron al antiperonismo en comparación con la vasta bibliografía dedicada al peronismo. Como han señalado Ferreyra (2021) y Pizzorno (2023a), fue a partir de la crisis de 2001 cuando se reactivaron los debates en torno a los elementos constitutivos de esta identidad.

Los estudios recientes se han nutrido tanto de nuevos abordajes empíricos como de renovadas elaboraciones teóricas. Siguiendo algunas de las propuestas planteadas por Pizzorno (2018) y Ferreyra (2021), es posible agrupar estos trabajos en dos grandes líneas: por un lado, aquellos que examinan las continuidades y rupturas respecto de tradiciones políticas e ideológicas anteriores; y, por otro, los que se interrogan sobre el grado de heterogeneidad y homogeneidad que caracteriza al antiperonismo como identidad.

En el primer grupo se incluyen investigaciones que trazan líneas de continuidad con expresiones ideológicas previas al surgimiento del peronismo, como las corrientes antifascistas. Una primera aproximación a esta idea la formuló Halperín Donghi (1956) al conectar algunos rasgos identitarios del antifascismo con los existentes en el campo de opositores al peronismo. Para Ferreyra (2021), el texto de Altamirano (2002) y para Acha (2023), el de Sigal (2002) –incluidos en el tomo titulado Los años peronistas dirigido por Torre en la colección Nueva Historia Argentina– constituyen modelos ejemplares para esta perspectiva. Según Ferreyra (2021), también comparten esta línea de continuidad entre el antifascismo y el antiperonismo las interpretaciones de Bisso (2005) sobre el éxito de la apelación antifascista a principios de los cuarenta y de Nallim (2014) quien, sin embargo, establece algunos matices, ya que considera que no se trató de un camino lineal ni predeterminado, sino que se fue reconfigurando a lo largo de los años. Otro autor al que puede incluirse en esta perspectiva es Adamovsky (2009), para quien la línea de continuidad no reposa tanto en la apelación al antifascismo sino en la idea del peronismo como hijo del antiperonismo. Desde una perspectiva centrada en la ruptura se destacan los aportes del campo de estudios sobre identidades políticas y populismo, como los de Groppo (2009), quien a partir del análisis del discurso político indaga sobre la dislocación que generó la palabra de Perón sobre sus opositores. Desde el estudio sobre las derechas, Morresi y Vicente (2017), consideran el antitotalitarismo como un momento intermedio entre el antifascismo y el antipopulismo.

En un segundo grupo ubicamos aquellos trabajos que examinan el grado de heterogeneidad y homogeneidad del antiperonismo. En el primer caso –los que subrayan la heterogeneidad interna– se incluyen los de Tcach (1994), García Sebastiani (2005 y 2006) y Spinelli (2005), que analizan las variaciones entre los partidos, las prácticas y trayectorias de la oposición al peronismo. En contraste, menos son los trabajos que enfatizan en los elementos de homogeneidad del antiperonismo tales como el rechazo al populismo y la defensa de la república liberal planteado por Morresi (2011) o el carácter antipopular y elitista que menciona Adamovsky (2017). Desde la sociología política y la historia conceptual, Azzolini (2016) propone una mirada intermedia en el estudio de la constitución identitaria del peronismo y el antiperonismo, señalando la importancia de indagar en los espacios de fronteras y de superposición entre ambas.

Por último, cabe destacar una línea de estudios en expansión que aborda el antiperonismo desde la historia de las emociones. Artinian (2017), por ejemplo, analizó los saqueos de 1955 como una forma de violencia vindicativa y Gayol (2023), a partir de las expresiones emocionales tras la muerte de Eva Perón en 1952, mostró cómo los lazos afectivos también atravesaron a la oposición. En una perspectiva centrada en una experiencia local, Santillán y Taroncher (2024) estudiaron los sentimientos que generaron en la población marplatense los bombardeos de septiembre de 1955. Tanto peronistas como antiperonistas reconocieron el papel central de las emociones en la movilización y el compromiso colectivo (Bartolucci y Gayol, 2025). Esta perspectiva habilita nuevas interpretaciones sobre el antiperonismo como fenómeno político, en el que se advierten elementos comunes que remiten a cierta homogeneidad.

Esta imagen se vuelve más compleja cuando el análisis se desplaza hacia el accionar concreto de los partidos antiperonistas. Esta mirada sobre el antiperonismo en tanto identidad política y fenómeno cultural allana el camino para examinar más de cerca el papel de los partidos políticos que lo integraron, sus trayectorias, tensiones internas y formas de intervención durante el período de la RL.

3.1. Los partidos políticos y la Libertadora

Los partidos políticos antiperonistas tuvieron un papel central durante esta etapa: colaboraron con el golpe de Estado, adhirieron al nuevo régimen, retomaron la actividad política e integraron el gobierno mediante cargos en la administración pública, en las Comisiones Investigadoras y las Juntas Consultivas. Este protagonismo llevó a caracterizar al gobierno de la RL como una verdadera dictadura cívico-militar (Ansaldi, 2014). Sin embargo, esa cooperación inicial no impidió que pronto se plantearan conflictos vinculados con la desperonización, la “cuestión peronista” y las disputas internas, lo que explica el interés de la historiografía por analizarlos, reflejado en una producción abundante y diversa.

El radicalismo fue el partido que más tempranamente recibió la atención de los investigadores, tanto por su relevancia previa como por su protagonismo posterior. El frondicismo fue analizado por Rouquié (1975) y Smulovitz (1988); Persello (2007) le dedicó un capítulo especial en su Historia del radicalismo y Pizzorno (2025) examinó los discursos previos a la ruptura entre la UCRI y la UCRP. Spinelli (2005) también otorgó un lugar destacado al rol de este partido en ese contexto. Desde una perspectiva provincial, Tcach (1991) investigó los vínculos entre radicalismo sabattinista y el peronismo en Córdoba, y posteriormente (2012) abordó el período iniciado en 1955. En Tucumán, Lichtmajer (2014, 2016a) estudió los conflictos internos y nuevas dinámicas políticas en esa provincia, mientras que Castillo (2015) analizó al radicalismo jujeño durante esos años.

Una situación distinta es la referida a los trabajos sobre los partidos de izquierda. En el caso del socialismo, la mayor parte de los estudios se concentraron en los años de su formación y menos en este período. Sin embargo, este partido apoyó el golpe de 1955 y participó institucionalmente en el gobierno posterior. Su postura frente al peronismo, su actuación durante la RL y sus redefiniciones ideológicas fueron analizadas por Blanco (2005, 2006), Bisso (2005), García Sebastiani (2005), Tortti (2009, 2014), Panella (2007) y Ferreyra (2011, 2015). El comunismo, proscripto tras el golpe, recibió menos atención, aunque Camarero (1997, 2014), Califa (2010), Murmis (2016) y Sánchez (2018) estudiaron su resistencia, estrategias frentistas, inserción en ámbitos laborales y universitarios y acercamiento a bases peronistas. Para la etapa previa al ‘55, Staltari (2014) y Tcach (2020) analizaron las tensas relaciones entre el PC y el peronismo y su posicionamiento frente al golpe.

El Partido Demócrata Cristiano, surgido en la última fase del gobierno peronista en el marco del conflicto con la Iglesia, apoyó el golpe y participó en la RL. Sus estudios provienen en su mayoría de fuentes militantes y testimoniales, aunque desde la historiografía algunos trabajos como los de Touris (2007), Fares (2007), Castillo (2014), Mauro (2020) y Solís Carnicer y Maggio (2021) analizaron su formación, participación, vínculos transnacionales y experiencias regionales en estos años.

Las derechas constituyen otro sector heterogéneo. Como señala Morresi (2011), estos grupos deben pensarse en plural y considerando su dimensión histórica. Tras 1955 se distinguieron entre ellos a los liberales-conservadores y a los nacionalistas. Los primeros, estudiados por Morresi y Vicente (2017), aprovecharon la caída de Perón para promover una “democracia auténtica” de corte liberal, opuesta a la “falsa” o “perversa” que atribuyeron al peronismo. Organizados en partidos como el Demócrata y el Demócrata Progresista, reinterpretaron la democracia en clave republicano-liberal. En cuanto a la derecha nacionalista, ésta también conforma un conjunto diverso. Tuvo su mayor influencia durante la presidencia de Lonardi, dividiéndose frente al peronismo entre quienes se integraron y quienes permanecieron críticos. Fares (2007) y Galván (2013) estudiaron al partido Unión Federal y al semanario-partido Azul y Blanco. Estos sectores pasaron de respaldar la RL a oponerse al gobierno de Aramburu.

Este panorama diverso de los partidos políticos evidencia la heterogeneidad del antiperonismo partidario, las tensiones internas y la variedad de respuestas que se plantearon frente al régimen y al peronismo.

3.2 El antiperonismo desde las instituciones de la Libertadora: Juntas Consultivas y Comisiones Investigadoras

Uno de los rasgos distintivos de la RL fue la participación institucionalizada de los sectores políticos y su incorporación a espacios de poder. Entre las instituciones más relevantes estuvieron las Juntas Consultivas y las Comisiones Investigadoras, cuyo estudio se vio favorecido por la puesta en disponibilidad de nuevas fuentes que permitieron enfoques renovados, centrados en las experiencias de los actores.3

La Comisión Nacional de Investigaciones, que funcionó entre el 7 de octubre de 1955 y el 31 de marzo de 1956, tuvo como objetivo investigar los hechos de corrupción del peronismo. Su análisis permite trazar una radiografía de la política y la sociedad de la etapa. Ferreyra (2016a, 2016b, 2018) estudió su funcionamiento a nivel nacional y en la provincia de Buenos Aires, destacando el imaginario que asociaba al peronismo con la corrupción. Ruffini (2012a) examinó los Territorios Nacionales de la Patagonia, donde las denuncias, detenciones y cesantías formaron parte de un fuerte proceso represivo. Castillo (2016b) analizó el caso jujeño, caracterizado por la persecución y la eliminación de símbolos peronistas; Castelo (2022) estudió el caso de Corrientes, donde las comisiones también fueron ámbitos de disputa entre partidos antiperonistas. Los estudios coinciden en que pocas causas concluyeron en condenas, pero resaltan su impacto “pedagógico”: la difusión mediática de los ilícitos consolidó un imaginario que vinculaba el peronismo con la corrupción y el autoritarismo, legitimando su proscripción.

La Junta Consultiva Nacional, creada el 28 de octubre de 1955 bajo el gobierno de Lonardi y potenciada con Aramburu, fue presidida por Isaac Rojas e integrada por representantes de todos los partidos –excepto peronistas y comunistas–, y tuvo un carácter meramente consultivo. Además, cada provincia organizó sus propias Juntas Consultivas. Spinelli (2005), le dedicó especial atención a la actuación de los partidos políticos en esta institución. Más recientemente, Ferreyra (2016b, 2018) propuso un esquema interpretativo orientado a analizar estas juntas como parte del proyecto desperonizador del gobierno militar. Pizzorno (2023b) examinó sus diarios de sesiones para mostrar cómo los partidos resignificaron nociones como dictadura, democracia, totalitarismo y demagogia. En el ámbito provincial, Solís Carnicer y Castelo (2021) estudiaron la Junta Consultiva correntina, destacando conflictos tempranos que limitaron su gravitación.

Estas investigaciones evidencian que, aunque inicialmente hubo consenso en la crítica al peronismo, pronto surgieron tensiones derivadas de la desperonización, la “cuestión peronista” y las disputas internas al interior de las instituciones y de los mismos partidos. Tras el levantamiento de Juan Valle en junio de 1956, algunos sectores radicalizaron sus posiciones, mientras que otros comenzaron a incluir en sus programas reivindicaciones obreras para ocupar el espacio político dejado por el peronismo.

4. Los estudios sobre el peronismo: entre la proscripción y el exilio

La situación del peronismo tras su derrocamiento en 1955, el exilio de Perón y los dieciocho años de proscripción han sido también objeto de estudio por la historiografía reciente, aunque el interés que ha generado esta etapa es menor al de la enorme producción que existe sobre el período 1943-1955. Entre los trabajos pioneros sobre la etapa post 55 figuran Amaral (1991), Amaral y Plotkin (1993) y Otero (2010). Posteriormente, una investigación más sistemática sobre la documentación del Archivo de la Hoover Institution dio lugar a nuevas contribuciones, como la obra editada por Chiaramonte y Klein (2017). Sobre la figura de Perón, sus preparativos de retorno y el rol de los intermediarios se destacan las contribuciones de Lichtmajer (2021) y Lichtmajer y Pulfer (2023, 2024). Las formaciones “neoperonistas”, sus estrategias de oposición e integración en contexto de proscripción, fueron estudiadas por Arias y García Heras (1993) y García y Contreras (2011). La reorganización peronista ha sido analizada para la provincia de Buenos Aires por Marcilese (2020 y 2023) y para Santa Fe por Papili (2024). Otros temas estudiados son la prensa clandestina y la militancia femenina (Melón Pirro, 2007; Erhlich, 2022; Gorza, 2016, 2017). Finalmente, en el marco de sus trabajos sobre la derecha peronista, Besoky (2023) exploró las convergencias con jóvenes nacionalistas durante el exilio de Perón.

El proceso denominado “Resistencia peronista” ha generado debates sobre su definición, etapas y actores (Acha y Pulfer, 2025). Melón Pirro (2009, 2018) lo vincula con múltiples formas de oposición posteriores a septiembre de 1955 –insurrecciones cívico-militares, sabotajes, enfrentamientos callejeros, acción sindical, terrorismo político, propaganda clandestina, debates electorales– que pueden analizarse de forma separada. Amaral (1993) estudió esta etapa desde la retórica del líder y su apelación a la violencia; Melón Pirro (2009) profundizó en la diversidad de grupos participantes, sus acciones y expectativas políticas desde 1958. Los análisis también se enfocaron en la transformación de estructuras sindicales, el papel de los delegados en las comisiones internas, la relación sindicatos-comandos y las redes barriales de trabajadores (James, 1990; Salas, 1990; Schneider, 2006).

En los últimos años, se ha venido publicando un Diccionario del peronismo (1955-1969), alojado en el sitio web del CEDINPE (Centro de Documentación e investigación acerca del peronismo- UNSAM) y coordinado por destacados historiadores (Cattaruzza et al., 2025). Este proyecto colectivo, publicado desde 2021 y actualizado periódicamente, reúne entradas elaboradas por especialistas que ofrecen información actualizada y material de archivo sobre diversos temas, constituyéndose en una herramienta clave para investigadores del período.

5. La “Libertadora” y los análisis en escala: de lo local a lo global

Otro rasgo que se destaca en la historiografía reciente sobre la RL –aunque responde a una tendencia más general– es el análisis en diversas escalas. Entre ellas, las investigaciones regionales y provinciales han permitido profundizar en aspectos como la organización y recepción del golpe, la identidad de sus protagonistas y las formas de implementación de la desperonización, con sus alcances y matices.

Los estudios pioneros de Tcach (1994, 2012) mostraron cómo en la provincia de Córdoba, por ejemplo, tras el golpe, la “cuestión peronista” fue solo uno de los problemas sobre los cuales giró el conflicto político provincial en el que resurgieron viejos enfrentamientos partidarios. Trabajos posteriores profundizaron en las particularidades de los casos locales de Río Cuarto (Pécora, 2016; Escudero, 2018) y Malagueño (Garbero, 2020).

Durante la última década, han proliferado estudios sobre otras provincias y localidades, que contribuyeron a complejizar aún más el panorama general (Vega, 2019). El dossier compilado por Castillo (2016a), constituyó un primer intento de balance de estos aportes. En él, el autor señala que, más allá del análisis de actores tradicionales del período, los trabajos más recientes se han enfocado en nuevos sujetos, instituciones y prácticas. El mismo Castillo, en diversos trabajos sobre Jujuy, ofreció un panorama completo del antiperonismo, la política de desperonización y la resistencia peronista, subrayando los rasgos particulares que esta última adquirió en un espacio de frontera. Álvarez (2007, 2016) abordó el caso de Mendoza; Solís Carnicer (2017) y Solís Carnicer y Castelo (2021) estudiaron ese proceso en Corrientes; Ibañez y Calvimonte (2011) y Perea (2024) hicieron lo propio en Catamarca; y Ferreyra (2016b) en la provincia de Buenos Aires.

Los estudios sobre los Territorios Nacionales recientemente provincializados o en proceso de serlo en el momento en el que se produce el golpe, constituyen un objeto de análisis especialmente interesante para estudiar esta etapa. Chaco revirtió símbolos y normas del peronismo, aprobando una nueva constitución en 1957 (Leoni, 2013; Maggio y Barreto, 2024). En La Pampa, pese al alineamiento inicial con la dictadura, la resistencia de 1956 fue significativa (Zink y Moroni, 2011; Ferrari, 2012). En la Patagonia, Ruffini (2012a) analizó el rol de las comisiones investigadoras en Río Negro y las paradojas de su convención constituyente que organizó la nueva provincia en 1957 bajo un gobierno que limitaba las libertades políticas (Ruffini, 2012b). Neuquén mostró una temprana fragilidad del peronismo y el surgimiento de partidos neoperonistas, además fue objeto de una fuerte represión (Mases, 2003). Santa Cruz evidenció una limitada participación ciudadana y una actitud relativamente tolerante hacia el peronismo (Bona y Vilaboa, 2009), contraste que resalta frente a la fuerte política de desperonización implementada en Chubut, tal como documentan los trabajos de Pérez Álvarez (2021).

En escalas más amplias, Galván y Osuna (2018) abordaron la RL en el marco de la Guerra Fría, analizando interacciones entre actores locales y organismos internacionales, y destacando cómo el enfoque sincrónico de 1955-1958 revela conclusiones que las perspectivas diacrónicas de largo plazo no permiten.

La articulación de escalas locales, regionales, nacionales y globales enriqueció el conocimiento y el análisis del antiperonismo, la desperonización y la resistencia peronista, abrió la posibilidad de plantear nuevas preguntas y problemas de investigación y habilitó el espacio a la realización de estudios comparados entre historias regionales con problemáticas comunes, esta última una tarea aún pendiente en la historiografía argentina.

Reflexiones finales

Este recorrido por la producción historiográfica sobre la RL permite esbozar un balance necesariamente parcial e inacabado acerca de las formas en que fue estudiada esta etapa, así como identificar algunas fases en la evolución de las investigaciones académicas sobre el tema.

Después de los aportes decisivos de las ciencias sociales en las décadas de 1960 y 1970, las primeras interpretaciones con enfoques renovados desde la historiografía aparecieron tras el retorno institucional de 1983. Cuatro obras, publicadas entre la última década del siglo XX y la primera del XXI –las de James, Spinelli, Melón Pirro y Tcach–, marcaron el inicio de este desarrollo. Estos trabajos sentaron las bases de una producción historiográfica profusa que, a partir de 2010, se caracterizó por la diversificación temática, la ampliación de los interrogantes, la incorporación de nuevas fuentes y la elaboración de interpretaciones más complejas sobre el período. Desde el diagnóstico inicial propuesto por Spinelli en el año 2000 hasta la actualidad, las investigaciones se han multiplicado, al punto de que ya no puede sostenerse que el antiperonismo sea el gran ausente de la historiografía. Además, este constituye sólo uno de los múltiples ejes que han recibido atención en los estudios recientes.

De todas formas, consideramos que estos trabajos están lejos aún de constituirse en un campo específico o consolidado de estudios, tal como ocurre, por ejemplo, con el peronismo. De hecho, pareciera que los trabajos sobre la Libertadora han surgido, en muchos casos, como desprendimientos de investigaciones centradas en el peronismo o en la historia de los partidos políticos, en un derrotero que llevó a interrogarse por los actores, procesos e instituciones del período 1955-1958 o posteriores.

Si bien en los últimos años se ha ampliado notablemente el abanico temático de los estudios sobre la RL, sobre todo gracias al acceso a nuevos archivos, siguen existiendo zonas de vacancia que merecen ser exploradas. Entre ellas, se destaca la necesidad de profundizar en el estudio de las fuerzas armadas, protagonistas centrales del período que, sin embargo, han sido menos abordadas por la historiografía reciente. Lo mismo podría decirse del sindicalismo que, si bien ocupó un lugar privilegiado en los primeros trabajos de las ciencias sociales, ha perdido centralidad frente a la emergencia de nuevos actores y perspectivas.

Asimismo, se advierte una relativa escasez de investigaciones centradas en las derechas liberales y los sectores conservadores, especialmente aquellos de implantación provincial; lo cual representa un vacío significativo en la comprensión de las dinámicas políticas del período. Esta omisión resulta más llamativa si se tiene en cuenta que muchos de estos sectores desempeñaron un rol destacado en las conspiraciones previas al golpe y en las instituciones de la dictadura.

A lo largo de este balance, también se intentó ensayar algunas hipótesis sobre el estado del conocimiento sobre el tema. En lugar de una fragmentación absoluta o de una concentración temática clara, observamos un campo en franca expansión, con múltiples entradas, donde la dispersión de objetos convive con ciertos núcleos de diálogo más consolidados. En ese sentido, las redes académicas como la Red de estudios sobre el peronismo, la Red de estudios sobre el Socialismo, la Red de estudios en política subnacional argentina o los grupos de estudios de historia de la guerra, han contribuido a estimular las investigaciones sobre la RL, al igual que el apoyo de la política científica de las últimas décadas a través de los sistemas de becas y subsidios orientados a proyectos interesados en reconstruir este período.

Por otro lado, si bien aún no se observa una fuerte institucionalización de los estudios sobre la RL en la historiografía argentina –como lo muestra la ausencia o debilidad de mesas específicas en encuentros académicos como las Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia–, sí se advierte una convergencia creciente entre historiadores que trabajan la etapa previa y la posterior, lo que ha permitido articular el estudio de este período con procesos más generales.

La ampliación temática de la historiografía reciente también se ha visto favorecida por un diálogo más profundo con otras disciplinas, especialmente con la ciencia política y, de forma más incipiente, con la antropología y la psicología. Quedan aún caminos por recorrer, como el diálogo más sistemático con la historiografía latinoamericana y global, análisis comparados entre diversos casos regionales y estudios desde la historia de las emociones, aspectos que podrían enriquecer la comprensión de las experiencias de los actores.

Se inició este artículo destacando el carácter del ‘55 como una bisagra en la historia política argentina. Si bien la historiografía de los últimos años reforzó esa idea, al mismo tiempo advirtió sobre la necesidad de observar los procesos en ciclos más largos de continuidad para restituir la historicidad y la complejidad de algunos fenómenos. En este marco, el lugar de la Libertadora en la historiografía política argentina ha dejado de ser marginal, no obstante, continúa siendo un campo en construcción atravesado por nuevas formas de interrogar un pasado que persiste como objeto de disputa.

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1 Una revisión rápida del buscador integral de Ciencia y Tecnología del CONICET –con los recaudos que deben tenerse en cuenta respecto a este tipo de herramientas, así como a los sesgos y problemas de representación– arroja un resultado de 6.358 publicaciones relacionadas con el tema. Si se agrupa esta cifra por fecha de publicación, se observa un salto ascendente significativo a partir del año 2000, con un incremento aún más considerable desde 2010 y, especialmente, en los últimos cinco años. Este último quinquenio concentra el 19% del total de las publicaciones sobre esta temática.

2 La noción planteada por O’Donnell, indicaba que el juego político luego de 1955 se tornó inviable ya que era imposible ganar elecciones sin el voto peronista y, al mismo tiempo, sostenerse en el poder sin el respaldo del Ejército. Marcelo Cavarozzi propuso caracterizar al período como una semidemocracia por encontrarse el peronismo proscripto; José Nun aludió al “parlamentarismo negro”, en referencia al ejercicio extrainstitucional de la política; y Juan Carlos Portantiero introdujo la noción de “empate hegemónico”, que señalaba la capacidad de los actores para bloquear proyectos ajenos sin poder imponer los propios. Catalina Smulovitz, retomando el concepto de O’Donnell, advirtió que entre 1955 y 1966 no existió un único juego, sino múltiples intentos –todos fallidos– de resolver la “cuestión peronista”, siendo la “desperonización” impulsada por la Libertadora la estrategia más radical (Tortorella, 2022).

3 En 2002 se habilitaron para la consulta de los investigadores las Memorias inéditas de las Comisiones Investigadoras que se encuentran en el Archivo Intermedio del Archivo General de la Nación. Se trata de los expedientes originales de cada una de las Comisiones investigadores del país depositadas en 13 cajas pertenecientes al fondo de la FNRP que consta de 230 metros lineales de expedientes. Un análisis de estas fuentes y su utilidad para la historiografía de la etapa en Ferreyra (2016a).