Notas en torno a la gubernamentalidad “libertadora”

Notes on governamentality “libertadora”

Darío Pulfer

Cedinpe - Universidad Nacional de San Martín, Argentina
 https://orcid.org/0000-0003-1935-6333)
pulferdario@gmail.com.

Fecha de recepción: 11/07/2025
Fecha de aceptación: 14/08/2025

Resumen

El presente artículo busca reconstruir las formas de participación civil en la gubernamentalidad del gobierno militar de la Revolución Libertadora. La misma fue necesaria por la debilidad estructural de las facciones triunfantes en el seno de las Fuerzas Armadas y como parte del reconocimiento a la tarea desarrollada en la conspiración y el alzamiento cívico-militar. Esa participación se desarrolló a través de la gestión de áreas y niveles de gobierno, la intervención de organizaciones, la participación en instancias investigadoras, el despliegue de acciones armadas y la producción de imágenes acerca del peronismo proscripto mediantela prensa, folletos y publicaciones de todo orden. En el trabajo se identifican antecedentes y trayectorias de los participantes y se construye una tipología de los materiales orientados a producir sentido acerca de la experiencia peronista. A modo de hipótesis se sugieren algunos motivos para comprender ese compromiso.

Palabras clave: Participación civil, gubernamentalidad, Revolución Libertadora.

Abstract

This article seeks to reconstruct the forms of civilian participation in the governmentality of the Revolución Libertadora’s military government. This participation was necessary due to the structural weakness of the victorious factions within the Armed Forces and as part of the recognition of the work carried out in the civic-military conspiracy and uprising. This participation took place through the management of areas and levels of government, the intervention of organizations, participation in investigative bodies, the deployment of armed actions, and the production of images about the banned Peronism through the press, pamphlets, and publications of all kinds. On the one hand, the backgrounds and trajectories of the participants are identified, and on the other, a typology of the materials aimed at generating meaning about the Peronist experience is constructed. As hypotheses, some reasons for understanding this commitment are suggested.

Keywords: Civil participation, governance, “Revolución Libertadora”.

Introducción

En términos generales, vistos sus objetivos y los resultados obtenidos, se ha tendido a caracterizar al gobierno militar de la Revolución Libertadora (en adelante RL) como una experiencia puramente represiva y de magros resultados políticos. De manera reciente en la historiografía se han incorporado matices a estas interpretaciones, deteniéndose con mayor detalle en la dinámica política del proceso y en la dimensión “educativa” de la gestión militar. En ese marco, resulta importante recuperar la participación civil en la construcción de la gubernamentalidad “libertadora”. Esta se manifestó en variadas modalidades: de forma directa en la conformación de los cuerpos de gobierno en los distintos niveles, en instancias inquisidoras y en intervenciones en espacios propios de la sociedad civil; de manera semi-directa mediante la continuidad del accionar de civiles armados y de forma indirecta, a través de la producción de sentido reflejada en campañas periodísticas de corte sensacionalista y en la publicación de una vasta panoplia de folletos y libros de amplia difusión.

Los efectos de estas acciones erosionaron la imagen del peronismo como fuerza política, con los consecuentes efectos en su caudal electoral y en la constitución de un sentimiento persistente contrario a esa fuerza, encarnados en corrientes de opinión y en bases sociales concretas que configuraron el soporte de los procesos de exclusión posteriores.

La constitución de una lectura a través del ensayo y la historiografía

En el sentido común académico se fue instalando una doble imagen para referirse a la RL. Una faceta puramente represiva y otra vinculada a la política en la que se subrayaba la irrelevancia de su accionar, vistos los resultados obtenidos.

Para la construcción de la imagen represiva resulta suficiente mentar la referencia al Decreto 4161/56 (Scoufalos, 2007) y los títulos de dos obras, como Operación Masacre (Walsh, 1957) y Mártires y verdugos (Ferla, 1964), vinculadas a los fusilamientos de 1956, que tuvieron amplia difusión a través de sucesivas ediciones que llegan hasta la actualidad.

En la faz política los juicios vertidos por la producción se orientaron en un primer momento a mostrar las insuficiencias de las perspectivas de los promotores de la RL. Halperin Donghi señalaba la intención de desconocer los cambios que el peronismo había introducido en el país (1963: 75). Budeisky se empeñaba en graficar el sentido antihistórico de las medidas de supresión del Partido Peronista (1973: 77). Odena consignaba dos corrientes antagónicas que se neutralizaban políticamente entre sí y que finalmente dieron lugar a una tercera opción impensada (1977:17-18). Rodríguez Lamas además de referir a las dos líneas que confrontaban, subrayaba las fallas en el manejo del gobierno y la vana intención de la desperonización (1985: 8). Tiempo después, en un libro que marcó una inflexión en el análisis, Spinelli señalaba el fracaso del proyecto político en el título mismo de su obra, Los vencedores vencidos (2005: 11). Baschetti, inserta en una serie cronológica mayor, enfatizaba las dimensiones represivas (2013). Sáenz Quesada, tras caracterizar las tensiones institucionales generadas por el peronismo, consignaba que había sido un gobierno que agravó la situación previa (2007: 8).

Melon Pirro (2009) introdujo una lógica de análisis diferenciada en relación a esta cuestión, señalando la diléctica entre el oficialismo y la oposición bajo el “imperio” de la política. El estudio de Ferreyra (2018) analizó el rol de las comisiones investigadoras del peronismo y, en ese marco, exploró las denuncias realizadas. Ese estudio arrojó una serie de señalamientos que resulta preciso profundizar: el anudamiento entre procesos judiciales, denuncia de corrupción y producción de imagen, así como la doble dimensión represiva y pedagógica de la gestión de la RL.

Estas obras enmarcaron de un modo distinto el análisis sobre ese gobierno. En lo que sigue nos interesa reconstruir las formas de participación civil en la construcción de su gubernamentalidad (Foucault, 2006: 107-138; Castro, 2004: 149-153; Revel, 2008: 50-52), tanto en la gestión concreta como en la producción de consenso y legitimación.

Concurso civil

La alianza de fracciones militares (sectores de origen nacionalista con grupos de orientación liberal conservadora) o la que finalmente hegemonizó el proceso (liberal conservadora) resultaba minoritaria en el conjunto de las Fuerzas Armadas hacia 1955. La amplia amnistía dictada por Lonardi permitió la reincorporación de militares opositores al peronismo para engrosar las filas de los vencedores. Al mismo tiempo se efectuaron purgas que alcanzaron a las altas cúpulas de las fuerzas y a más de 180 oficiales superiores (Rodríguez Lamas, 1985: 29; Mazzei, 2025). En ese contexto el concurso del sector civil en las tareas de gobierno se imponía por sí sola. La entrega de cuotas de poder en las áreas de gobierno, en las administraciones provinciales y municipales o en la prensa, de las personas, grupos o partidos que formaron parte de la matriz golpista, actuaba como forma de reconocimiento a su contribución al derrocamiento de Perón.

Esa participación civil contribuyó, decisivamente, en el despliegue del gobierno y en la constitución de grupos, con una sociabilidad y expertise específica, que resultó perdurable en el tiempo.1 Ello fue posible por una nueva situación caracterizada por la inestabilidad política, un “empate hegemónico” (Portantiero, 1972), un “juego imposible” (O’Donnell, 1972) y la oscilación entre “autoritarismo y democracia” (Cavarozzi, 1983), que configuraron un régimen político basado en un pacto proscriptivo entre el orden castrense y sus aliados civiles.

La imposición de ese régimen de exclusión contó con el apoyo y la colaboración de agentes concretos en cada período. En tiempos de la RL esa participación se expresó en diferentes ámbitos. En lo que sigue pasamos revista a esas formas de intervención, para dar base empírica a las afirmaciones precedentes. La enumeración no será exhaustiva por razones de espacio, aunque suficiente como para ejemplificar las situaciones descriptas.

Áreas de gobierno

Las autoridades militares reservaron para sectores de las Fuerzas Armadas la titularidad del ejecutivo, las carteras vinculadas a la defensa y el Ministerio de Transporte. También se reservaron el control de algunas provincias con fuerte presencia militar y la estratégica Provincia de Buenos Aires: el primer gobernador fue el Coronel Arturo Ossorio Arana, seguido de un civil que estuvo solo cinco días, Juan María Mathet2, hasta que asumió el Teniente Coronel Emilio Bonecarrere.3 Esta participación restringida resultó atípica si la comparamos con la composición fuertemente militarizada del golpe de 1943 y de los que se sucederían en 1966 y 1976, en los que los civiles tuvieron participación casi exclusiva en el área económica.

En el área de Prensa de la Presidencia fue designado en primer término Juan C. Goyeneche4, quien fue sucedido por Adolfo Lanús.5

En el primer tramo de la RL, el Ministerio de Economía fue ocupado por Eugenio Folcini6, el de industria por Horacio Morixe7, el de agricultura por Alberto Mercier8, el de comercio por César Bunge9 y el de Finanzas por Julio Alizón García10, sucedido por Roberto Verrier.11 En un segundo momento el Ministerio de Economía fue ocupado por Eugenio A. Blanco12, quien dejó el cargo a principios de 1957. El Ministro de Industria y Comercio fue Álvaro C. Alsogaray.13 Julio César Cueto Rúa fue Ministro de Comercio.14 Justiniano Allende Posse volvió al cargo de Director de Vialidad Nacional.15 El Procurador del Tesoro fue Ricardo Colombres.16 El titular del Banco Hipotecario Nacional fue Manuel Rawson Paz.17 Junto a quienes ocuparon posiciones relevantes en el área de Hacienda se iniciaron en la gestión pública, Roberto T. Alemann18, Guillermo Belgrano Rawson19, Carlos Brignone20, Adalbert KriegerVasena21, José M. Dagnino Pastore22, José A. Martínez de Hoz23 y Jorge Wehbe24, de significativas intervenciones posteriores. En todo el período fue asesor económico del gobierno Raúl Prebisch (Esto Es, N°100, 15-11-55, pp. 4-8).

En la cartera de Interior fue designado Eduardo B. Busso25, quien se desempeñó en el cargo entre el 23 de septiembre y 28 de abril de 1956. Lo acompañó como subsecretario de interior y justicia Carlos Muñiz.26 Juan Ramón Aguirre Lanari se desempeñó como director general de Provincias en 1956.27 Carlos R. S. Alconada Aramburú28, asumió en reemplazo de Busso. En ese ámbito se tramitó la renovación de la Corte Suprema de Justicia y la designación de nuevos jueces en los principales tribunales del país.

Repasemos rápidamente los otros ministerios. En la Cancillería se sucedieron Mario O. Amadeo29, Luis A. Podestá Costa Ruda30 y Alejandro Ceballos31. En ese ámbito fueron designados, entre otros, embajadores Alfredo Palacios32 del Partido Socialista en Uruguay y el radical Alberto Candioti33 en el Reino Unido; el poeta Francisco Luis Bernárdez34 fue agregado cultural en España y el escritor Eduardo Mallea35 fue Delegado Permanente ante la UNESCO. En el Ministerio de Trabajo se ubicaron Luis B. Cerruti Costa36, Carlos R. Migone37, Horacio Aguirre Legarreta38, Tristán Enrique Guevara39 y David Bléjer.40 En el Ministerio de Educación fue designado Atilio Dell’Oro Maini.41 Lo acompañaron como subsecretario Augusto Conte Mac Donell42 y Carlos A. Burundarena, como director de la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación Profesional.43 Carlos A. Adrogué44 ocupó el cargo de Ministro entre el 8 de junio de 1956 y 25 de enero de 1957 y su subsecretario fue Pedro Aberastury.45 Acdeel Salas fue ministro hasta el final de la gestión de gobierno, en abril de 1958.46 En el área de cultura se desenvolvieron Ricardo Caillet Bois47 fue Director General, acompañado por Julio C. Gancedo.48 En la Biblioteca Nacional fue designado Jorge L. Borges.49 El Archivo General de la Nación fue dirigido por Roberto Etchepareborda.50 En el Ministerio de asistencia social y salud pública se desempeñó Manuel A. Argibay Molina.51 El Director de Institutos Penales de la Nación fue Juan Ovidio Zavala52, el “Benjamín Administrativo de la Revolución” (Qué. N° 59. 30-11-55, p. 3), sucedido en mayo de 1956 por Juan Antonio Alfonsín, un especialista en criminología (Esto Es. N° 122. 22-05-56, p. 31).

Gobernaciones y municipios

Desde el comienzo de la administración militar la mayoría de las gobernaciones fueron ocupadas por civiles. Hubo algunas salvedades. Tras el golpe palaciego de noviembre, la provincia de Buenos Aires pasó a ser gobernada por un militar. En Tucumán, Corrientes y Formosa los interventores fueron militares, también. En Salta el primer interventor fue un militar retirado, Julio Lobos, para ser reemplazado por Alejandro Lastra53, quien se rodeó de un equipo integrado por Germán López54, José A. Martínez de Hoz55 y José M. Ruda.56 En la Municipalidad de Buenos Aires se sucedieron Miguel Madero57 (septiembre 1955-junio 1956), Luís M. de la Torre58 (junio 1956-enero 1957) y Eduardo H. Bergalli59 (enero-septiembre 1957). En San Luis gobernó Horacio Aguirre Legarreta, que luego fue ministro de Trabajo. Abel Raúl Altube60 fue Interventor Federal en la provincia de La Rioja (mayo1956-febrero 1957). En Mendoza estuvo Isidoro I. E. Busquets61 (mayo 1956-mayo 1958). En Santa Fe se desempeñó como interventor Clodomiro Carranza62 (abril 1957-mayo 1958).

No resultó muy distinta la cobertura de los cargos en las gestiones de importantes municipios de la Provincia de Buenos Aires, como La Plata, Bahía Blanca, Avellaneda, Lanús, Morón, La Matanza, San Martín, Tigre, Florencio Varela, Brandsen, Tres Arroyos o General Pueyrredón. Lo mismo ocurrió en la ciudad de Salta, en Santa Fe, Paraná, entre otras.

Junta Consultiva

El gobierno militar, bajo la responsabilidad del vicepresidente Isaac F. Rojas, constituyó una Junta Consultiva del gobierno con representantes de los partidos políticos considerados democráticos, a partir del 28 de octubre de 1955 mientras gobernaba Eduardo Lonardi y tenía como función asesorar al Poder Ejecutivo.

Allí convergieron figuras del radicalismo, el socialismo democrático, el partido demócrata progresista, el partido demócrata nacional, la Unión Federal y el partido demócrata cristiano. Buscaron constituir ese espacio como un reemplazo del Parlamento, funcionando en el mismo recinto y bajo la conducción de quien era vicepresidente.

Solo a título de ejemplo puede mencionarse a los siguientes civiles que cumplieron papeles significativos en ese espacio: José Agustín Aguirre Cámara63, Enrique Arrioti64, Luís María Bullrich65, Manuel Ordoñez66, Rodolfo Corominas Segura67, Miguel A. Zavala Ortiz68, Oscar Alende69, Oscar López Serrot, Alicia Moreau de Justo70, Américo Ghioldi71, Nicolás Repetto72, Ramón Muñiz73, Reynaldo Pastor74, Luciano Molinas75, Horacio Thedy76 y Julio Noble77 (Qué. N° 57-58, 23-11-55, p. 6).

Comisiones investigadoras

El estudio de Ferreyra (2018), describió los tiempos y objetos de las comisiones, su número (realizando un cálculo a la baja del orden de las 413, entre comisiones y subcomisiones), el tipo de denuncias que recibieron y el volumen de documentación producida, así como su publicación. Esas tareas estuvieron orientadas por figuras de las Fuerzas Armadas e impulsadas por el vicepresidente de la Nación, desde los orígenes mismos de la RL.78 Para el desarrollo de sus tareas contaron con la inestimable colaboración de civiles voluntarios.

El presidente de la Comisión Nacional de Investigaciones fue el Contraalmirante Leonardo Mac Lean. El doctor Rodolfo Medina fue vocal de la CNI y luego fue presidente de la fiscalía nacional de Investigaciones Administrativas.79

En el orden nacional, hubo comisiones presididas e integradas enteramente por civiles (1, 5, 6,7, 11, 13, 14, 20, 21, 25, 28, 29, 31, 33, 35, 36, 38, 40, 52, 55 y 60) representando un 33% del conjunto. En el resto, excepto en tres, todas tuvieron participación de civiles. Los voluntarios, en este nivel, alcanzaron a las doscientos veinte personas. El perfil de quienes participaron en las mismas puede caracterizarse como figuras desplazadas del poder tras el golpe militar de 1943 y partícipes en distintos grados en actividades conspirativas y golpistas en 1955.80 A modo de ejemplo, en el primer campo podemos ubicar a Alejandro Ceballos81, partícipe con el cargo de Vocal en la Comisión N° 2 que llevaba por título “Irregularidades administrativas imputables al presidente depuesto” y en el segundo a Norberto Rodríguez Bustamante82, vocal de la Comisión Investigadora Número 21 que revisó la actuación de la Subsecretaría de Prensa.

En cada uno de estos espacios se recibieron denuncias de todo orden. Los involucrados en las mismas fueron interrogados en la sede del Congreso Nacional, donde funcionaban estas comisiones. En algunas de ellas, como fue la que investigó a ex – legisladores de filiación peronista, se libraron pedidos de captura. En ese ámbito desempeñó un rol polémico Próspero Fernández Albariño, alias “Capitán Gandhi”. Voces oficialistas comenzaron a criticar los procedimientos ilegales utilizados para hacer comparecer a testigos y, por tanto, a advertir acerca del “antiperonismo con métodos peronistas” (Esto Es. N° 100. 15-11-55, p. 9 y N° 102, 2-12-55, pp. 4-5).

Cada comisión dictaminó sobre casos con implicancias judiciales que fueron remitidos a la Justicia. Las conclusiones de estas instancias fueron publicadas por el gobierno militar en una voluminosa compilación bajo el título “Documentación, autores y cómplices de las irregularidades cometidas durante la Segunda Tiranía” en 1958, al terminar su gestión (Comisión Nacional de Investigaciones - Vicepresidencia de la Nación, 1958).

Confederaciones, sindicatos y asociaciones civiles

Resulta un lugar común mencionar la intervención de la Confederación General del Trabajo como parte de las modalidades represivas y disciplinadoras impuestas por la RL. Junto a ello se procedió a allanar sindicatos, inhabilitar dirigentes obreros83, designar figuras civiles a cargo y más tarde, intentar procesos de normalización que excluyeran a las agrupaciones o listas ligadas al peronismo obrero. Esas medidas fueron impulsadas desde el Ministerio de Trabajo, en manos civiles como hemos visto, aunque la intervención de la CGT en buena parte del período estuvo a cargo de un Almirante, Alberto Patrón Laplacette. La intervención gozó del apoyo del C.O.A.S.I. (Comité Obrero de Acción Sindical Independiente) que tenía delegados en todos los gremios y respondía al socialismo (Qué. N° 59, 30-11-55, p. 11) y del Movimiento Pro Recuperación del Gremialismo Libre (Qué. N° 80. 25-04-56, p. 7). Una Comisión Especial Verificadora Administradora de la CGT investigó a 1500 organismos gremiales (Esto Es. N° 152. 28-01-57, p. 5). En las intervenciones de algunos gremios participaron civiles84 o figuras desplazadas en 1945.85

Igual suerte corrió la Confederación General Económica. De manera inmediata se desató una campaña de prensa en su contra: “una intervención que es impostergable: la C.G.E.” (Esto Es. N° 95, 11-10-55, p. 15). Fue disuelta por Decreto - ley 916 del 25 de octubre de 1955. La CGE, presidida por José B. Gelbard, representativa de pequeñas y medianas empresas del interior del país, fue intervenida por una comisión integrada por Horacio R. Ball, Manuel J. Crespo Casal, Eduardo S. Azaretto, que formaban parte de la misma, pero en posición minoritaria (Esto Es. N° 98. 1-11-55, p. 15). Esa instancia fue dotada de “amplias facultades para intervenir las Confederaciones de la Producción, Industria y Comercio; Federaciones Económicas Provinciales y Territoriales, Federaciones Específicas, Cámaras y Asociaciones en los casos que lo considere necesario” por el Decreto 2022 (Qué. N° 66, 18-01-56, p. 10).

Una mención particular merecen las asociaciones deportivas. Arturo A. Bullrich Cantilo fue interventor de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), asumiendo su cargo el 10 de octubre de 1955, sucedido por Raúl Héctor Colombo, quien estuvo a cargo de la institución hasta 1965 y de la Confederación Sudamericana de Fútbol entre 1961 y 1966. Amador Barros Hurtado fue interventor de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) nombrado en febrero de 1956. En estos espacios se llevaron adelante procesos de segregación de personas y equipos que habían tenido connotada actuación bajo el peronismo (Campana, 2025).

Comandos Civiles Revolucionarios

Hemos destacado la participación civil de forma indirecta a través de agrupamientos que colaboraban o actuaban en complicidad con las fuerzas militares o policiales. La historiografía subrayó el rol de los Comandos Civiles en el proceso revolucionario que derrocó a Perón (Ruiz Moreno, 1994; Sáenz Quesada, 2007, Bartolucci, 2018). Menos atención se ha prestado al papel desempeñado por estos grupos durante la RL, en la que continuaron actuando.

Los gérmenes de su actuación se sitúan el 15 de abril de 1953. Mientras Perón daba un discurso en la Plaza de Mayo, explotaron dos bombas de las varias que habían sido colocadas. Participaron de los hechos: Arturo Mathov (jefe del operativo), Roque Carranza (ingeniero con conocimientos en explosivos), el capitán Eduardo Thölke (quien entregó el material explosivo), entre otros. Eran de procedencia radical. Tras los hechos hubo redadas a mansalva y la Policía alcanzó a capturar a los responsables. La mayoría fue amnistiada en noviembre de ese mismo año, quedando solo detenidos Mathov y Carranza, sobreseídos provisionalmente en junio de 1955 y definitivamente merced a un decreto de Lonardi (Cloppet, 2023).

En octubre de 1953 planificaron otro atentado, dirigido contra Perón mediante un jeep cargado de explosivos. Tomaron inspiración y nombre de la “operación antropoide” y se frustró por desinteligencias de sus miembros. El intento fue bautizado por la prensa como “bebé” por la escasa edad de sus promotores: Diego Muniz Barreto, Mariano N. Castex, Hernán Blaksley, entre otros.

Otro grupo fue desactivado entre junio y septiembre de 1955. Así Eduardo A. Canclini y Andrés Cornejo fueron detenidos en la madrugada del domingo 14 de agosto de 1955 por la Policía Federal, acusados de ser parte de un complot en el que se habían fijado como objetivo atentar contra altas autoridades y dejar fuera de uso los sistemas de luz, agua corriente, comunicaciones, etc. Al día siguiente fueron detenidos Luis D. Aguirre, Julio Aguirre Naón, Manuel Balaguer, Roberto Brie, Jaime Cabrera. Poco después en la esquina de Avenida Quintana y Junín, otra comisión policial procedió a incautarse armas de un jeep estacionado frente a la confitería “La Biela”, en torno al cual estaban algunos adolescentes (Ruiz Moreno, 2004, pp. 397-400).

Por afinidades políticas podemos determinar distintos grupos. Entre los radicales se destacaron figuras individuales como Héctor Bergalli, Hipólito Solari Yrigoyen, Adolfo Canitrot, César Carman. El 16 de junio de 1955 actuó una célula dirigida por Alberto Candioti y Oliva Day, a la que reportaban Raúl Rabanaque Caballero, Roberto Etchepareborda, Francisco H. Uzal, Jorge Spota, entre otros (Esto Es. N°125. 11-06-55, pp. 6-7).

Sacerdotes, profesionales e intelectuales del mundo católico fueron parte del accionar y configuración de los comandos civiles. El Hermano Septimio Walsh, marista, desplegó una importante tarea en la impresión de materiales, publicando el periódico La Verdad, con la colaboración de Emilio F. Mignone, José E. Miguens y Horacio Storni.

En torno a los nacionalistas Juan C. Goyeneche y Mario O. Amadeo se organizó el Comando “Unión Nacional”, en el que militaban los jóvenes estudiantes Germán Zavalía, Carlos Burundarena, los hermanos Juan y Raúl Puigbó, Ernesto Diaz Vieyra, Juan Carlos Murgizur. Se ocupaban de la reproducción y distribución de panfletos. Se movilizaron el 16 de junio bajo la dirección del capitán Gustavo Martínez Zuviria, vinculados a Luis María de Pablo Pardo, apostado en el Ministerio de Marina, mediante los enlaces de Mario Amadeo, Bonifacio Lastra, Juan C. Goyeneche y Ricardo Curutchet (Esto Es, No 100. 15-11-55, pp. 143-146). Miembros de otros comandos marcharon hacia Ezeiza para neutralizar esa base, entre los cuales estaba Mariano Grondona. Alberto Camps tomó radio Mitre y pasó una proclama revolucionaria. Al mando de esa operación estaba el teniente de navío Siro de Martini (a) Capitán Siro.

Conocemos la existencia de las actividades de otros grupos a través de la publicidad que dieron a sus acciones con posterioridad. Uno de ellos fue el denominado “Grupo Zárate”, en la que militaron Ricardo Ferrer, Jorge A. Giménez Zapiola, Salvador Michel, Arturo Otaño, Rómulo Aguirre Naón, Alfredo Olivera, Juan Bayá Casal, Rodolfo Cárdenas, Alejandro Cordeiro Echagüe (Esto Es. N° 97, 25-10-55, p. 30). Otro fue el de la ciudad de Curuzú Cuatiá, Corrientes en el que participaron un centenar de civiles. Allí se destacaron Enrique J. Arballo, elemento de enlace entre el comando de Buenos Aires y el de esa ciudad (Hume, 1962) y Elías Abad, Fernando Miranda Gallino, Pedro De la Fuente, Pedro Estigarribia, Gabriel Feris (Solís Carnicer, 2017). Córdoba fue un centro decisivo en este aspecto, contando con una participación cercana a las 1500 personas armadas (Capellupo, 2005). Estaban identificadas con brazaletes. Unos eran estudiantes reformistas de la Universidad Nacional de Córdoba, otros militantes radicales, socialistas, católicos y conservadores. Tuvieron un rol central en la captura del gobernador y la toma de la central de policía. Tras el triunfo, desfilaron en formación frente a las nuevas autoridades, portando banderas argentinas. Entre ellos se encontraban: Gustavo Aliaga García, Héctor Allende Pinto, Emilio Allende Posse, José Manuel Álvarez, Tristán Castellano.

Resulta difícil determinar el número de miembros de estos comandos. Una estimación realista los situó en torno a los 3000 miembros clandestinos (Bartolucci, 2018:80).86 El accionar de los Comandos Civiles durante la Revolución Libertadora se orientó a distintos campos. Algunos tomaron posiciones de gobierno, en la justicia o en universidades. Otros se orientaron a la acción política, dejando atrás esta práctica. Por último, existieron grupos que continuaron con su accionar durante largos años, de los que nos han quedado diferentes registros. Por un lado, en la memoria de actores que señalaron la existencia de disputas callejeras o por el control de determinados espacios públicos de la Capital Federal.87 Otras referencias aparecieron en la prensa gráfica, denunciando su actuación en países limítrofes88 o a nivel interno considerándolos una asociación ilícita, brindando para ello como prueba la Orden General Número 1 de esa organización en la que se fijaban los objetivos y misiones generales así como su estructura nacional (Mayoría, N° 13, 1-07-57,p. 9). Por último, los CCR aparecían en imágenes de revistas de tirada nacional que daban cuenta de su presencia armada en determinadas manifestaciones en fechas tan avanzadas como junio de 1958 (Así, N° 128, 16-06-58).

Otra organización civil orientada a interesar a la juventud en las cuestiones políticas y sociales, era la que se nucleaba en torno al Ateneo de la Juventud Democrática Argentina, también conocida como Demos, por el nombre de su publicación trimestral. Allí participaban José A. Martínez de Hoz, Miguel Padilla, Mariano Zavalla, Enrique Pinedo, Carlos P. Blaquier, Jorge Giménez Zapiola, Isidoro Ruiz Moreno, Juan Balestra, Jorge Correas, entre otros (Esto Es. N° 108. 10-01-56, p. 38). Desde allí se integraron a funciones de gobierno o participaban en distintas fuerzas políticas.89 Algunos de sus colaboradores participaban del emprendimiento editorial de Ciudad.90

Periodismo gráfico

Los estudios sobre la prensa política reconstruyeron el papel de una profusión de publicaciones que buscaban construir un sentido crítico hacia la experiencia del peronismo derrocado (Carman, 2015; Petrecca, 2019, Pulfer, 2020). Al giro dado por las revistas de mayor tirada en la época como Esto Es, Ahora, Hechos en el mundo, El Hogar, El Mundo y la reaparición de Qué, debemos agregar una serie de nuevas publicaciones de carácter sensacionalista como Así, 7 días en el mundo, Simpatías, Orbe, La Patada y Cachaditas en Pocholandia. Esa prensa contribuyó al despliegue discursivo de la coalición antiperonista centrando sus objetos de impugnación en la corrupción, el autoritarismo, la censura y la violencia asignada al peronismo. Un breve repaso de algunos títulos ejemplifica al respecto: “La Alianza intentó rescatar a Perón” (Simpatías, N° 2, 7-11-55); “La vida secreta y misteriosa de Eva y Juan Perón (7 días en el mundo, N° 1, 21-11-55); “Una mujer espera a Perón en Suiza. En un castillo de Suiza Mary Terán espera a Perón” (Así, N° 1, sep-55). Mención aparte requiere la reproducción de piezas amorosas atribuidas a Perón dirigidas a Nelly Rivas.91

La prensa diaria adicta al peronismo fue rápidamente intervenida desde el Ministerio del Interior a cargo de Eduardo Busso. Ese hecho explica las denuncias y el hostigamiento al peronismo en derrota desde medios que le eran afines de manera absoluta hasta el día anterior a su derrocamiento. Ello puede constatarse en los diarios Noticias Gráficas, Democracia y El Laborista del grupo Democracia S.A. intervenido por Ricardo Mosquera (radical intransigente, vuelto del exilio) y en El Mundo y La Época del grupo ALEA, intervenido por Carlos A. Erro. Distinto fue el caso del diario Clarín cuyo viraje fue producto de un súbito acomodamiento a los hechos políticos del momento. La Prensa fue restituida a la familia Gainza Paz (Qué. No 66, 18-01-56, 22-23). Los diarios se distribuyeron según un criterio político entre los partidos de la coalición antiperonista. El Laborista quedó en manos del Partido homónimo liderado por Cipriano Reyes, bajo la dirección de Juan A. Bracamonte; Democracia fue dirigido por el mismo Mosquera; La Época quedó en manos del socialismo, conducido por Walter Costanza y La Razón fue entregada al radicalismo unionista.92 Distinta fue la situación del grupo El Mundo de la Editorial Haynes, que si bien era una empresa de capital privado, fue intervenida por el escritor José P. Barreiro de afinidades socialistas.93 Similar fue la situación de El Líder, en manos de la CGT, que fue intervenido poco tiempo después y limitadas las expresiones favorables al pasado peronista o de crítica al rumbo económico del gobierno, hasta llegar a su cierre para fin de 1955 (Qué. No 65, 11-01-56, p. 41). Noticias Gráficas quedó a cargo de Alejandro Llanos y luego se configuró en una cooperativa mediante la constitución de una comisión integrada por Bernardo Verbitsky (Esto Es. N° 111, 2-02-56, p. 8). Crítica fue reclamada por la familia de Botana. El Pueblo, diario de filiación católica que había sido clausurado en diciembre de 1954, reanudó su salida en octubre de 1956 (Esto Es. No 141, 1-10-56, p. 25).

Para dar relieve a esta cuestión, cabe subrayar tres elementos: el primado de la prensa impresa en la construcción de la opinión pública en ese momento (la televisión estaba dando sus primeros pasos), la existencia de tiradas que podían ascender a más de 100.000 ejemplares y el uso de la fotografía en la construcción de imágenes sobre personas, acontecimientos y procesos.

Radio y televisión

En el ámbito radial también se tomaron medidas para controlar la difusión. Isidro Odena, de orígenes radicales, fue designado director nacional de Radiodifusión. Luego fue sucedido por el escritor Antonio Pagés Larraya, quien contó con la colaboración de Ricardo Pueyrredón en Telam (Esto Es. N° 119. 3-05-56, pp. 28-29; Qué. N° 79, 18-04-56, p. 39). Allí se destacó Augusto Bonardo, quien asumió la Dirección General y la intervención de la entonces llamada “Red B de Emisoras y TV” integrada por Radio Belgrano, sus repetidoras y Canal 7. Al año siguiente renunció a su puesto de director general de Canal 7 y fue reemplazado por Julio Bringuer Ayala. Reynaldo Tettamanti se desempeñó como director de la TV a partir de octubre de 1956. Como en otros campos, aquí también el gobierno publicó una memoria (Ministerio de Comunicaciones, 1958).

Publicaciones

Dar cuenta de la multiplicidad de materiales difundidos tras el golpe de 1955 ocuparía largas páginas. En lo que sigue intentaremos ofrecer una idea de su significado, organizando una tipología y sintetizando de manera rápida y sumaria los argumentos más significativos que fueron movilizados.

Tras el golpe de 1955, el antiperonismo intelectual desplegó una ensayística que tomó como preocupación principal el significado del hecho peronista. Sobre ese grupo de obras se ha concentrado el análisis y la crítica (Sarlo 2001; Altamirano, 2001). Allí debemos ubicar lo publicado como artículos en revistas de renombre como Sur (Borges, Ocampo, De Torre), Contorno (Halperin Donghi, Viñas, Sebreli, Rozitchner) y Cursos y Conferencias (Germani) o en libros como los de Amadeo (1956), Sábato (1956) y Martínez Estrada (1956 a, 1956 b, 1957 a, 1957 b).

De manera simultánea, se desarrolló una vasta publicística, integrada por una literatura opaca y de circunstancia, que tuvo un significativo peso en la coyuntura y en la sedimentación de argumentos e imágenes perdurables en el imaginario antiperonista. Esa producción combinaba la denostación de la experiencia peronista; la reconstrucción de los hechos decisivos del derrocamiento del gobierno; la crítica y sátira contra Perón; la descripción de situaciones particulares en tono de denuncia o la celebración de la nueva situación. Una particularidad de algunas de ellas fue su rápida y repetida reedición.

En el primer campo, referido al proceso histórico anterior, podemos encontrar materiales de las distintas tradiciones políticas argentinas: La dictadura peronista (Armando Alonso Piñeiro, 1955), Perón y la crisis argentina (Irazusta, 1955), La razón de su huida. Historia de una época infame (Rafo, 1955), ¡Doce años de barbarie! Bajo la dictadura de Perón (UCR, 1955), Ayer fue San Perón. Doce años de humillación argentina (DamonteTaborda, 1955), Proceso contra la dictadura y En defensa de la democracia y de la moral administrativa (Nudelman, 1956 a y 1956 b), El fracaso de Perón y el Problema Argentino (Beveraggi Allende, 1956), Perón contra Perón (Confalonieri, 1956), Esquema de la Argentina (Etchecopar, 1956), La realidad argentina (Frondizi, 1956), De la tiranía a la Democracia Social. Cayó la dictadura y ahora qué (Ghioldi, 1956), Porfiando por el buen camino y El fatal estatismo (Pinedo, 1956 a y 1956 b), La tragedia de las dictaduras latinoamericanas (Lubertino, 1956), Política argentina (1949-1956) (Meinvielle, 1956), Claves para un país maduro (Odena, 1956), El fin de un ciclo histórico. Función y perspectiva de la oligarquía, clase media y clase obrera frente a los problemas nacionales (Reisig, 1956), Doce años de oprobio (itinerario de la dictadura) (Solari, 1956), Las ideas políticas en la Argentina y Argentina: imágenes y perspectivas (Romero, 1956 a y 1956 b), Por qué se creyó en Perón (Baquerizas, 1957); Economía y política del petróleo argentino (1939-1955) (Kaplan, 1957), La política como conciencia. Meditación sobre la argentina de 1955 (Cossio, 1957), Nuestra América difícil (Lattendorf, 1957), La solución federalista en la crisis histórica argentina (Lazarte, 1957), La constitución que necesitamos (Martins, 1957), Aquello se llamó justicialismo (Buzio, 1958) y El culto de la infamia (Sánchez Zinny, 1958).

En el segundo rubro, vinculado a la recreación de los hechos de septiembre de 1955, hay que incluir obras como: Puerto Belgrano. Hora Cero. La Marina se subleva, reeditada de manera inmediata (Cavallo, 1955), La voz de la libertad, publicada por Radio Base Naval Puerto Belgrano, también reeditada; Así cayó Perón: crónica del movimiento revolucionario triunfante (Diez periodistas, 1955), La batalla de la libertad. Vividos momentos de la gesta revolucionaria (Vergara, 1955), La revolución del 16 de septiembre (Zabala, 1955), Los panfletos, su contribución a la Revolución Libertadora (Lafiandra, 1955), Recuerdos de la resistencia (Álzaga, 1955), El ogro no los pudo enterrar. Cuatro discursos contra la dictadura (Amil, 1955), Esa noche de Perón (Boizard, 1955), El llanto de las ruinas (Anónimo, 1955), Operación “Rosa Negra” (José Flores, 1956), Las dos revoluciones del 16 de septiembre (Montemayor, 1956), La Iglesia frente al peronismo (García de Loydy, 1956), La masonería y el comunismo en la Revolución del 16 de septiembre (Genta, 1956), La agonía del régimen (Pan, 1956), Crónica interna de la Revolución Libertadora (Del Carril, 1958).

En tercer lugar, se encontraban los materiales críticos y satíricos contra el propio Perón: 150 caricaturas (Tristán, 1955), Yo…y mis anécdotas, citas, recuerdos, relatos, ejemplos, conversaciones (Camisado, 1955), El apóstol de la mentira, Juan Perón. Las palabras y los hechos de una tiranía (Domínguez, 1956), Proceso en verso de la dictadura de Perón (Canta-Claro, 1956), Fábulas de la resistencia (Ramicone, 1958). Lugar aparte merecen las confesiones sentimentales del momento: Mis amores con Perón (Madier, 1956).

En el cuarto espacio, ligado a denuncias de casos y situaciones, podemos enumerar: Una gran locura en la historia argentina (Allende Lezama, 1955), Técnica de una traición y Yo acusé a la dictadura (Santander, 1955 y 1957) Los torturadores: crímenes y tormentos en las cárceles argentinas (Lamas, 1956), Celda 43. Treinta y dos meses de cautiverio (1951-1953) (Viñas, 1956), Bemberg ante la justicia de la revolución (Bulnes, 1956), Un país sin justicia. Un episodio de la resistencia (Bonaparte, 1956), Sucedió en la Argentina. 1943-1955: lo que no se dijo (Rabinovitz, 1956), El grito sagrado (30 días presa) (Grondona, 1957), Por defender la libertad (Diario La Prensa, 1957), Crítica y su verdad (Operación Cadena) (Medina Onrubia, 1957), Tras las rejas de Perón. Infamias de un proceso (Arenas Luque, 1957).

Por último, aparecieron materiales celebratorios de la RL: Canto de la liberación (Paniza, 1956), Marcha cívica de la libertad, 1810 – 25 de mayo - 1956 (Bolaño, 1956), En la libertad dos pueblos se abrazan (Comisión de Homenaje a la R. O. del Uruguay, 1957).

Al mismo tiempo y en la misma orientación descripta, se reproducían las ediciones del libro La mujer del látigo, dedicado a Eva Perón (Main, 1956).

Al final de este período, a modo de síntesis de las investigaciones realizadas por las comisiones dependientes de la Vicepresidencia y de los argumentos vertidos en las campañas se publicó el Libro Negro de la Segunda Tiranía, en grandes tiradas y distintos formatos, redactado por el escritor Julio Noé (Presidencia de la Nación, 1958).

Consideraciones finales

Estas notas apuntan a la provisión de elementos para la comprensión de los sentimientos y razones que constituyeron la subjetividad política de estos actores. Esta aproximación, por su carácter descriptivo y empírico, no ingresa de manera decidida en el estudio de las emociones políticas (Bartolucci & Gayol, 2025) aunque, modestamente, puede contribuir a ello. ¿Qué fue lo que movió a estos grupos, mayoritariamente varones, profesionales, de mediana edad a participar y comprometerse activamente en la constitución de los cuerpos de agentes gubernamentales o paragubernamentales de una dictadura militar?

Quienes participaron en la oposición al peronismo se representaban como parte de una vital resistencia a una dictadura o, en el lenguaje de época, de un régimen de características totalitarias. De allí derivaban, en su óptica, la necesidad de sostener igual impulso en las empresas de redención del país todo.

El sentimiento de desplazamiento del poder político, territorial y cultural que habían sufrido a expensas de grupos a los que descalificaban de manera abierta, puede haber incidido para la ocupación de lugares de preferencia.

Para el sector de sensibilidad nacionalista y católica, la disputa se tiñó de motivos patrióticos y religiosos. La quema de la bandera, el conflicto con la Iglesia y la negociación con la California Standard Oil resultaban elementos más que suficientes para movilizarlos. En los sectores medios profesionales, que habían sido desplazados de los ámbitos académicos y científicos, esta participación se revistió de un afán que mezclaba dosis diferenciadas de reparación y revancha. Por último, entre las viejas figuras que actuaron durante la década del ’30, este movimiento se vinculaba con un deseo de restauración, de regreso a los “tiempos de la república”.

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1 En la producción académica disponible podemos encontrar señalamientos previos, en esta dirección (Sábato y Schvarzer, 1987; Basualdo, 2015; Baschetti, 2025). En la jerga política fueron bautizados como “chichones”, esto es, los que aparecían después del “golpe”.

2 General Alvear, Provincia de Buenos Aires, 45 años, escribano, ganadero. Ex presidente de la Sociedad Rural Argentina (1954-1955) (Kraft, 1958: 494).

3 Buenos Aires, 45 años, militar. Fue uno de los conspiradores de 1951 (Kraft: 1958: 121).

4 Porteño, 42 años, abogado. Dirigente nacionalista (Esto Es, N° 94, 4-10-55, p. 10).

5 La Rioja, 63 años, periodista. Político conservador. Ex gobernador de su provincia y legislador nacional. Redactor y editorialista de La Prensa hasta 1951 (Qué, N° 59, 30-11-56, p. 28; Esto Es. N° 102, 28-11-55, p. 8).

6 Porteño, 57 años, economista (Kraft, 1958, p. 306).

7 Porteño, 56 años, abogado (Kraft, 195, p. 435).

8 Porteño, 57 años, médico, ruralista. Presidió Confederaciones Rurales Argentinas (Kraft, 1958: 509).

9 Porteño, 37 años, médico y abogado (Kraft, 1958, p. 142).

10 Rosario, Provincia de Santa Fe, 48 años, Doctor en Ciencias Económicas. Ingresó a trabajar en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (Kraft, 1958, p. 33).

11 Buenos Aires, 49 años, abogado (Kraft, 1958: 776). En 1942 viajó a Estados Unidos junto a Raúl Prebisch para gestionar un empréstito y en 1956 lo hizo ante el Club de París (Qué, N° 79, 18-04-56, p. 7).

12 Porteño, 60 años, docente secundario y universitario, doctor en Ciencias Económicas, de afinidades radicales. Al inicio de la RL fue designado director del Banco Hipotecario Nacional y tras el desplazamiento de Lonardi fue nombrado ministro de Hacienda de la Nación y desde junio de 1956 fue también presidente del Banco Central de la República Argentina (Baschetti, 2025, pp. 100-101).

13 Esperanza, Provincia de Santa Fe, 43 años, capitán ingeniero. Fue director de la Flota Aérea Mercante Argentina entre 1947 y 1948 (Kraft, 1958, pp. 36-37).

14 La Plata, Provincia de Buenos Aires, 35 años, abogado (Kraft, 1958, p. 220). De origen conservador.

15 Porteño, 70 años, ingeniero, fue el primer director de la Dirección Nacional de Vialidad en 1932 (Kraft, 1958, p. 41). De origen conservador.

16 Tucumán, 34 años, abogado (Baschetti, 2025, pp. 177-178).

17 Porteño, 42 años. Industrial (Kraft, 1958, p. 640).

18 Porteño, abogado, 30 años (Kraft, 1968, p. 15). Fue miembro de las misiones argentinas para gestionar préstamos públicos y tratamiento de la deuda externa con el Club de París en Londres, entre 1956 y 1957 con el cargo de consejero Financiero.

19 San Luís, maestro normal, abogado, 33 años. Fue abogado del Banco Industrial de la República Argentina desde 1956. Formó parte de la Convención Constituyente de Santa Fe en 1957 por San Luis (Kraft, 1968, p. 70).

20 Porteño, 40 años, economista. Colaboró en la confección del Informe Prebisch (Baschetti, 2025, pp. 116-117).

21 Buenos Aires, 35 años, doctor en ciencias económicas (Kraft, 1958, p. 419).

22 Buenos Aires, 23 años, doctor en ciencias económicas (Kraft, 1968, p. 197).

23 Buenos Aires, 30 años, abogado y hacendado. Presidente de la Junta Nacional de Granos (Kraft, 1958, p. 485). Ministro de Economía de la Provincia de Salta entre 1956 y 1957 (Baschetti, 2025, p. 439).

24 Río Cuarto, Provincia de Córdoba, 35 años, abogado (Kraft, 1968, p. 779).

25 Porteño, 57 años, abogado. Jurista especializado en derecho civil (Kraft, 1955, pp. 121-122).

26 Buenos Aires, 33 años, abogado (Kraft, 1958, p. 533). Se desempeñó como director de la Revista Ciudad, publicada entre 1955 y 1956.

27 Corrientes, 35 años, abogado. Militante del Partido Liberal de Corrientes. Luego fue designado ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires en la intervención del teniente coronel Emilio A. Bonnecarrére (Kraft, 1968: 10).

28 La Plata, Provincia de Buenos Aires, 35 años, abogado, profesor universitario, de orígenes radicales (Kraft, 1958: 30-31).

29 Porteño, 44 años, abogado. Dirigente político nacionalista (Kraft, 1958: 42; Carvajal, 1955).

30 Porteño, 71 años, abogado. Especializado en Derecho Internacional (Kraft, 1955: 507).

31 Porteño, 60 años, médico. fue partícipe con el cargo de Vocal en la Comisión N° 2 que llevaba por título “Irregularidades administrativas imputables al presidente depuesto”. En abril de 1956 fue designado como académico titular de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba. Luego fue nombrado rector interventor de la Universidad de Buenos Aires (Kraft, 1958: 191-192).

32 Porteño, 75 años, abogado, profesor universitario y publicista. Exiliado durante el peronismo (Kraft, 1958, pp. 573-574).

33 Rosario, Provincia de Santa Fe, 67 años, diplomático (Kraft, 1958, p. 161). Participó como comando civil.

34 Porteño, 55 años, poeta y periodista (Kraft, 1958, p. 102).

35 Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, 52 años, escritor (Kraft, 1958, p. 472).

36 Porteño, 40 años, abogado. Se había desempeñado como letrado en sindicatos (Kraft, 1958, p. 195).

37 Porteño, 58 años, abogado y diplomático (Kraft, 1958: 512). Se desempeñó como delegado ante la OIT hasta 1945. Vivió en Estados Unidos y Uruguay trabajando para el Instituto Interamericano de Altos Estudios (Esto Es. N° 141. 1-10-56, pp. 10-11).

38 Porteño, 41 años, médico. Había sido interventor federal en San Luis. Miembro del Partido Demócrata Nacional (Kraft, 1958, p. 26).

39 El Trébol, Provincia de Santa Fe, 53 años, abogado (Kraft, 1958, p. 375).

40 Porteño, 43 años, abogado (Kraft, 1958, pp. 115-116).

41 Porteño, 60 años, abogado y periodista (Kraft, 1955, p. 218). Animador de los Cursos de Cultura Católica.

42 Porteño, 29 años, abogado (Baschetti, 2025, p. 178).

43 Porteño, 34 años, ingeniero. Fue candidato a diputado por la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) en las elecciones de 1946. En 1955 defendió la Catedral Metropolitana. Fue Comando Civil (Baschetti, 2025, p. 124).

44 Porteño, 54 años, abogado (Kraft, 1958, p. 124). Miembro de la UCR, unionista.

45 Porteño, abogado, 51 años (Kraft, 1958, p. 15). Pertenecía al Partido Demócrata Progresista.

46 Porteño, 46 años, abogado (Kraft, 1958, pp. 685-686). Pertenecía a la Unión Cívica Radical.

47 Porteño, 45 años, profesor de Letras (Kraft, 1958, p. 154).

48 Porteño, 32 años, abogado (Baschetti, 2025: 308).

49 Porteño, 56 años, destacado escritor. Presidente de la SADE de 1950 a 1953 (Kraft, 1955: 105-106).

50 Milán-Italia, 32 años, historiador. Militante de origen radical. Participó como convencional en la reforma constitucional de 1957 (Kraft, 1958, p. 282).

51 Córdoba, 50 años, médico (Kraft, 1958, p. 57).

52 Mercedes, Provincia de Buenos Aires, 32 años, abogado (Kraft, 1958, p. 804). De origen radical.

53 San Isidro, Provincia de Buenos Aires, 51 años, abogado. Presidente del Colegio de Abogados porteño (Kraft, 1958, p. 433).

54 Cartera de Asuntos Sociales y Salud. Porteño, 38 años, químico. Presidente de la FUA entre 1945 y 1946 de origen radical (García Lupo, 1956, pp. 5-6).

55 Ministro de Finanzas y Obras Públicas. Porteño, 31 años, abogado (García Lupo, 1956, pp. 5-6).

56 Ministro de Gobierno. Porteño, 31 años, abogado. Dirigente estudiantil. Funcionario de Naciones Unidas (García Lupo, 1956, pp. 5-6).

57 Tigre, Provincia de Buenos Aires, 59 años, arquitecto (Kraft, 1958, p. 467).

58 Porteño, 66 años, abogado. Dirigente de la Democracia Progresista (Baschetti, 2025, p. 213).

59 Porteño, cincuenta años. abogado. Radical. Participó en la conspiración del 16 de junio y el levantamiento de septiembre. Comisionado en Avellaneda entre 1955 y 1956.Intendente de la Municipalidad de Buenos Aires, entre enero y septiembre de 1957 (Esto Es. N° 97. 25-10-55, pp. 10-11).

60 Campana, Provincia de Buenos Aires, 36 años, abogado (Kraft, 1958, p. 37).

61 Mendoza, productor rural. Dirigente radical (Kraft, 1968, p. 118).

62 Santa Rosa de Calamuchita, Provincia de Córdoba, 58 años, abogado (Kraft, 1958, p. 172).

63 Alta Gracia-Córdoba, 55 años, abogado. Pertenecía al Partido Demócrata (Kraft, 1958, p. 55). Fue Comando Civil en 1955.

64 Santa Fe, 31 años, abogado (Kraft, 1968, p. 37). Participó en representación de la Unión Federal Demócrata Cristiana. De orígenes nacionalistas.

65 Porteño, abogado, fue consejero de la Junta Consultiva Nacional en el período 1955-1958, como representante de una Corriente Católica Democrática No Partidaria (Baschetti, 2025: 121).

66 Porteño, 54 años, abogado. Actuación en defensa del diario La Prensa. Dirigente demócrata cristiano (Esto Es, N° 95, 11-10-55, p. 5).

67 Montevideo- Uruguay, sesenta y cinco años. Había sido gobernador de Mendoza por el Partido Demócrata. integró la JCN por ese partido. Al mismo tiempo, fue designado ante el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, como uno de sus directores ejecutivos en representación de la Argentina y de otras repúblicas del continente. Se retiró en 1958 (Kraft, 1958, p. 210).

68 San Luis, 55 años, abogado (Kraft, 1968, p. 793). Estuvo implicado en las acciones de junio de 1955. Convencional por la UCR.

69 Maipú, Provincia de Buenos Aires, 47 años, médico (Kraft, 1958, pp. 32-33). Representante de la UCR.

70 Londres, 71 años, médica. Dirigente del Partido Socialista (Henault, 1983).

71 Porteño, 56 años, maestro. Dirigente del Partido Socialista (Kraft, 1958, p. 345).

72 Porteño, 62 años, médico. Dirigente socialista democrático (Kraft, 1958, p. 647).

73 Porteño, 49 años, abogado. Miembro del Partido Socialista (Baschetti, 2025, p. 492).

74 Mercedes, Provincia de Buenos Aires, 57 años, político conservador (Kraft, 1958, p. 583).

75 Buenos Aires, 67 años, abogado, dirigente demócrata progresista (Kraft, 1958: 518-519).

76 Santa Fe, 49 años, abogado (Kraft, 1958, p. 744). Dirigente demócrata progresista.

77 Porteño, 53 años, abogado (Kraft, 1958, p. 547). Dirigente demócrata progresista.

78 Decreto 479. 7 de octubre de 1955.

79 La Plata, Provincia de Buenos Aires, 70 años, abogado y profesor universitario (Kraft, 1958, p. 501).

80 Varios de los integrantes de estas comisiones revistaron con anterioridad como “comandos civiles revolucionarios” y durante la RL, fueron denunciados por continuar recibiendo apoyos de esa fuente: “Es sabido que los miembros de esas asociaciones llamadas Comandos son espléndidamente retribuidos con sueldos en las Comisiones Investigadoras, que fracasadas dieron fin a su cometido, pero subsisten al efecto de mantener los sueldos de esos delincuentes” (Semana Obrera, N° 16, 21-05-57).

81 Ver nota 31.

82 Buenos Aires, 37 años, maestro normal y profesor de filosofía. Participó de la Revista Imago Mundi.

83 Para octubre de 1956 seguían en esa condición 8000 dirigentes (Esto Es. N°143. 15 de octubre de 1956).

84 En la Unión Docentes Argentinos fue Víctor M. García Laredo. Sesenta mil afiliados siguieron cotizando después del golpe, lo que impidió su disolución lisa y llana (Esto Es. N° 138. 10-o9.56, pp. 18-19).

85 Héctor Pérez Leirós en Municipales de Buenos Aires (Tarcus, 2024), Jesús Fernández en la Unión Ferroviaria (Qué. N° 83. 15-05-56, p. 13), Ángel Di Giorgio en la Unión de Transportes Automotor (Qué. N° 85. 29-05-56, p. 5).

86 Según el testimonio de Adolfo y Alberto Sánchez Zinny: “Desde hace tiempo…han llegado a la conclusión de que para deponer a la tiranía es necesario organizarse. Y forman una junta de acción coordinada…Al tiempo cuentan con una organización de más de tres mil hombres, dispuestos a todo” (Esto Es. N° 139. 17-09-56, p. 6).

87 “Así se inicia lo que yo llamo la batalla por el centro de Buenos Aires, que fue la lucha contra los Comandos Civiles que eran una plaga terrible…Ejercían un antiperonismo visceral y estaban por todas partes. No había una esquina donde te manifestaras donde no apareciera uno” (Rulli, 1988. p. 25).

88 Antes de las elecciones de julio de 1957 se registraron ataques a domicilios particulares de exiliados argentinos, tanto en Chile como en el Uruguay. Mayoría denunciaba la existencia de más de doscientos civiles vinculados a esas misiones (N° 14. 8-07-57, p. 23).

89 Mariano Zavalla aparecía como vocero de los jóvenes conservadores (Esto Es. N°119, 3-05-56, p. 21). Enrique Pinedo formaba parte de la Junta Coordinadora del mismo espacio (Esto Es.N° 128, 2-07-56, p. 5).

90 Martínez de Hoz escribió un comentario a La cultura occidental de José L. Romero (Ciudad. N° 1. Primer trimestre 1955) y un texto sobre la “Libertad” (Ciudad. N° 3. Segundo y tercer trimestre 1956).

91 “Sigue jugando un papel preponderante en el panorama sentimental del mandatario depuesto la pequeña Nelly Rivas? A ella dirigió dos cartas desde la cañonera paraguaya, en los instantes previos a su partida hacia tierra guaraní, prometiendo hacer gestiones para que pudiera reunirse con él dentro de breve tiempo” (Así, N° 1, sept-55). Una reciente aproximación señalando el vínculo de Rivas con el sobrino de Perón, de nombre Antonio, en Cloppet (2024).

92 Al poco tiempo se produjo un litigio por las acciones del diario reclamadas por Ricardo Peralta Ramos, sustanciados por la Comisión investigadora N° 7 y derivada a la justicia. Este proceso derivó en el sonado “caso Satanowsky” (Walsh, 1973).

93 Ernesto Sábato fue director del periódico El Mundo, hasta su discrepancia con el gobierno por la denuncia de torturas (Qué. N° 98. 28 de agosto de 1956: 7).