Niñeces, trabajo, cuidado y vínculos generacionales en la recuperación de materiales en Mar del Plata1

Children, Work, Care, and Generational Relationships in Recyclable Material Recovery in Mar del Plata

M. Eugenia Labrunée

Grupo Estudios del Trabajo CIES FCEyS, Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina
https://orcid.org/0000-0002-7628-0446

Fecha de recepción: 07/03/2025
Fecha de aceptación: 02/06/2025

Resumen

Este trabajo explora los impactos de las tramas productivas y reproductivas en las vidas cotidianas de niñeces y adolescencias. Analiza la continuidad de roles, expectativas e intentos de ruptura con las trayectorias laborales de personas adultas de referencia. El estudio se centra en unidades domésticas familiares de Mar del Plata (Buenos Aires, Argentina), involucradas en la recuperación de materiales en vía pública, actividad enmarcada en la Economía Popular, durante la pandemia de Covid-19 (2020-2021). El análisis se inscribe dentro de los Estudios Sociales de la Infancia y las críticas al adultocentrismo, los aportes de la Economía Feminista y la Economía del Cuidado. Se referencian los diálogos intra e intergeneracionales en la construcción de imaginarios de las niñeces.

Con una estrategia metodológica cualitativa basada en entrevistas en profundidad, se adopta un enfoque interseccional que considera género, generación, clase, parentesco y territorio. Entre los resultados se observan continuidades en las percepciones sobre el trabajo y una mayor horizontalidad entre generaciones en cuanto a expectativas, aunque persisten posturas adultocéntricas y patriarcales en relación a las tareas domésticas y de cuidado en la vida cotidiana.

Palabras clave: Niñeces, Género, Adultocentrismo, Economía Popular, Economía del Cuidado.

Abstract

This paper explores the impacts of productive and reproductive frameworks on the everyday lives of children and adolescents. It analyzes the continuity of roles, expectations, and attempts to break away from the labor trajectories of reference adults. The study focuses on family domestic units in Mar del Plata (Buenos Aires, Argentina), involved in the recyclable material recovery from public spaces, an activity framed within the Popular Economy, during the Covid-19 pandemic (2020-2021). The analysis is situated within the field of Childhood Studies and critiques of adultcentrism, with contributions from Feminist Economics and the Care Economy. The intra- and intergenerational dialogues in the construction of children’s imaginaries are also referenced.

Using a qualitative methodology based on in-depth interviews, an intersectional approach is adopted, considering gender, generation, class, kinship, and territory. Among the results, continuities in perceptions of work and greater horizontality between generations regarding expectations are observed, although adultcentric and patriarchal positions persist in relation to domestic and care tasks everyday.

Keywords: Childhood, Gender, Adultcentrism, Popular Economy, Care Economy.

Introducción

Este documento indaga en las continuidades y reproducción de roles y expectativas que realizan las niñeces y adolescencias, NyA, involucradas en tramas productivas y reproductivas; así como en sus intentos de ruptura cotidianos. Interesa rescatar los diálogos intra e intergeneracionales en los procesos de apropiación de conocimientos y experiencias, así como en las respuestas al contexto que transitan, e identificar similitudes y diferencias de sus percepciones respecto a las de personas adultas responsables en sus unidades domésticas familiares –UDF–. Éstas son entendidas como organizaciones sociales donde ocurren relaciones de producción, reproducción y distribución (Salvia, 1995, Giberti, 2005) y donde se presentan estructuras de poder y posibles tensiones sobre los significados vinculados al género, la generación y el parentesco.

El análisis se acota a familias marplatenses (Buenos Aires, Argentina) involucradas en la actividad de recuperación de materiales en vía pública, con lógicas de la Economía Popular –EP– y en el contexto pandémico (2020-2021). Se cuenta con entrevistas en profundidad a integrantes de diferentes generaciones de esas UDF. Cabe preguntarse si los roles de cada quien pueden reelaborarse, atento a la capacidad, potencial y estructura que enfrenta cada sujeto para situarse como protagonista en el entorno en que convive y tomar decisiones sobre su vida presente (Pavez Soto y Sepúlveda Kattan, 2019).

La discusión considera las miradas sobre las NyA y su relación con el trabajo desde la perspectiva de los Estudios Sociales de la Infancia (Childhood Studies) la noción de adultocentrismo y la definición ampliada del trabajo. También se revisan las lógicas que presenta la EP, como estrategia para organizar el trabajo, desde una perspectiva de género.

Luego de explicitar la estrategia metodológica, se presenta el marco teórico y una caracterización de la actividad de recuperación de materiales en el contexto económico y social de la pandemia. Los siguientes apartados muestran los resultados, inicialmente, con una descripción de las UDF, las trayectorias laborales de las personas adultas, sus dinámicas familiares y roles de cada quien en esa trama. Seguidamente, desde el punto de vista de las NyA, se analizan sus vivencias y expectativas, las continuidades o cambios, así como los vínculos intergeneracionales.

Estrategia metodológica

Se presenta un análisis a nivel microsocial con una estrategia metodológica cualitativa. Se realizaron entrevistas en profundidad en cinco UDF dedicadas a la actividad de recuperación donde habitan NyA que trabajan2. En total, se considera información sobre 26 personas de las cuales se entrevistaron a 16 durante el segundo semestre de 2021, la observación de los espacios en que habitan, y de interacciones en el trabajo. En la Imagen 1 se resume la cantidad de miembros de cada UDF. Con gris oscuro, se identifican las personas adultas entrevistadas, gris medio a los NyA entrevistados y gris claro otras personas no entrevistadas, pero a quienes fue posible observar en su cotidianidad.

Imagen 1: Miembros adultos y NyA en cada UDF y entrevistados

Fuente: Elaboración propia

En los resultados se exponen citas textuales donde se refleja un nombre ficticio, la edad y la UDF a la cual pertenece cada entrevistado. Para enmarcar e interpretar la información, se incluyen referencias a estudios respecto a contexto de pandemia y en el ámbito local.

Marco teórico

Se consideran perspectivas analíticas críticas, como lo es el campo de los Estudios Sociales de la Infancia, con hincapié en las relaciones sociales (Gaitan Muñoz, 2006 y 2016, Magistris, 2013). Éste recibe aportes de diferentes disciplinas y busca visibilizar a las NyA como actores sociales y sujetos de derecho. Las NyA se han visto históricamente marginadas y limitadas en cuanto a la toma de decisiones sobre aquello que hacen y viven diariamente, como lo es su participación en actividades productivas y reproductivas, ejercer sus derechos y exigir su reconocimiento. La noción de adultocentrismo (Duarte Quapper, 2015; Morales y Magistris, 2018), resulta útil para este análisis ya que reconoce el sistema de dominio que perpetúa relaciones asimétricas entre generaciones, las cuales se suman a otras formas de dominio –patriarcales, colonialistas y de clase–. La experiencia pandémica puso nuevamente en el centro del debate el concepto de trabajo3. Aquí se enfrenta la definición acotada, vinculada al trabajo típico, asalariado, con la concepción ampliada, surgida luego de la denominada crisis salarial, definida como actividad humana que transforma objetos, de acuerdo a los medios de producción pero que también involucra relaciones sociales, afecta lo subjetivo e intelectual. El trabajo entendido de esa forma trasciende la producción instrumental para abarcar también la solidaridad y autorrealización personal (De la Garza Toledo, 2009; Noguera, 2002).

Atendiendo a la posición ocupada por mujeres y NyA en este contexto, se dialoga con la categoría de género para entender las desigualdades y relaciones de poder que atraviesan tanto la esfera productiva como reproductiva (Aspiazu, 2014) desde la Economía Feminista (Perez Orosco, 2015, Carrasco Bengoa, 2017, Rodriguez Enriquez, 2015). Se destaca la importancia de visibilizar y valorizar el trabajo de cuidado, históricamente asignado a mujeres y los impactos en sus trayectorias. Particularmente, la Economía de los Cuidados, con su concepto de organización social de los cuidados –OSC–, (Esquivel, 2011), al reflejar patrones culturales y orientar los vínculos entre familia y trabajo, pone en relieve la corresponsabilidad entre el Estado, el mercado y la sociedad civil, además de las familias (Esquivel, Faur y Jelin, 2012). Las situaciones vividas en pandemia, en concreto, exigen incluir a las NyA en un doble rol: como agentes receptores afectados por los déficits de esa infraestructura del cuidado y como agentes que cuidan (Hernandez, Leavy y Morano, 2023). También fue evidente la potencia de los cuidados comunitarios ante momentos de crisis, frente a rigideces de otros actores (Foglia, 2020, Roig, 2020, Partenio, 2022).

Desde estos posicionamientos, se revisan las posturas acerca de las implicancias del trabajo de NyA desde el enfoque abolicionista, vigente en Argentina (INDEC, 2018)4. Este resulta, de acuerdo a Barna 2002, entre otros) de cosmovisiones eurocéntricas y universalistas sobre el rol de las niñeces, las actividades que pueden realizar y cómo deben ser protegidas. Por otro lado, desde perspectivas latinoamericanas se reivindica su derecho a tomar decisiones sobre los aspectos de la vida que los y las afectan, como lo es su participación en espacios productivos y reproductivos (Liebel, 2019). Ciertamente NyA realizan estas tareas, su quehacer produce bienes y servicios y, además, acumula capitales para sí mismos –por los aprendizajes y vinculaciones con otros– y para su UDF (Hernandez et.al. op. cit., Leavy, et.al. op. cit.). Desde ahí, lo que está en cuestión es si, cuando desarrollan actividades productivas, tienen márgenes de maniobra o no para decidir las tareas, cómo y dónde las realizan y si ello implica o no renuncias a otros derechos.

Los distintos niveles de posibilidades de control y autonomía por parte de los NyA sobre esto dependen, en parte, de las relaciones de poder que se juegan en los vínculos intergeneracionales (Duarte Quapper, 2015). Se reconocen mandatos tácitos o explícitos que se instalan desde instituciones como la escuela, la familia, el Estado y la Iglesia, pero que pueden o no ser apropiados por los NyA para accionar y pensar acerca de sus inserciones laborales, ya sea en el presente como en el futuro, como desarrolla Rockwell (1986 y 2005). Los modos de observar la realidad están en permanente cambio, a nivel individual y, por ende, social (Shabel, 2018, García Palacios, et.al.; 2023). En particular, Shabel (op. cit.) estudia cómo se construye el conocimiento en las prácticas cotidianas de las niñeces. En el proceso de adquirir conocimientos considera la modificación del propio sujeto, el colectivo al que pertenece y su realidad material. Estas ideas permiten comprender los sentidos construidos respecto al trabajo y las posibilidades de que se produzcan cambios, en el modo que cada quien se apropia y reedita sus percepciones.

En este sentido se retoma el concepto de reproducción, pero no como una repetición sino como un proceso activo de apropiación. Shabel se apoya en los desarrollos de Heller (1994), quien plantea que en la vida cotidiana los sujetos producen sentido aún en condiciones adversas, hay siempre una tensión entre sostener lo vigente y abrir otras formas de hacer. La reproducción, entonces, se considera una práctica situada, donde se manifiestan tensiones entre aquello que existe y resulta posible. Esto implica enfrentar aquellas interpretaciones acerca de la transmisión intergeneracional de la pobreza y de las precariedades en los vínculos con el mercado de trabajo, que suponen una condena a repetir historias (Bonfiglio et al., 2008, Bayon, 2013). Los “roles” de cada quien, son considerados desde una perspectiva crítica, que los reconoce no como posiciones fijas sino también como parte de esas prácticas situadas, que se resignifican en las interacciones cotidianas (Heller op. cit.), Estos roles se inscriben en relaciones atravesadas por el género, la edad, el parentesco y las desigualdades que estructuran los vínculos entre generaciones. Así, las NyA elaboran trayectorias singulares incluso desde posiciones estructuralmente desfavorables. En sentido similar es que se hace referencia al término “expectativas” en clave relacional, como construcciones subjetivas que dan cuenta de los horizontes de posibilidad advertidas por las niñeces, las cuales están condicionados por trayectorias previas y estructuras objetivas (Bourdieu, 1997). Sus representaciones acerca del futuro se determinan en un marco de oportunidades, pero no están determinadas de forma lineal.

Además, si esto se analiza desde una perspectiva de género, se suman condicionantes para las niñas respecto a su posicionamiento y poder de agencia. En América Latina, Pavez Soto (2013), refiere a una feminización de la pobreza que las afecta, ubicándolas en situaciones de vulnerabilidad y exclusión, facilitando nuevos escenarios de explotación. Se construye tempranamente una fuerza de trabajo diferenciada por género, que desarrolla aptitudes y orientaciones para adecuarse a una futura demanda laboral segregada. Las labores que realizan son invisibilizadas e incluso negadas o consideradas “ayudas”, aunque representen un beneficio para las UDF e implican, en realidad, una reciprocidad, donde los intercambios y actividades se repiten y acuerdan en el largo plazo en base al parentesco (Leyra Fatou, 2009). Rausky (2009 y 2015) menciona en sus estudios para Argentina, que estas marcas genéricas, no resultan importantes en la división sexual del trabajo entre niños y niñas pequeñas, pero que aparecen a medida que aumenta la edad.

La recuperación de materiales como estrategia de la Economía Popular en el contexto económico laboral y de pandemia5

La EP es una de las formas en que ocurre la organización de la producción y el trabajo en América Latina que empezó a estudiarse en la década de 1980, luego de la crisis de la sociedad salarial6. Mantiene una posición subordinada y articulada dentro de la economía capitalista (Chena, 2017 y 2022) y en nuestro país implica una gran heterogeneidad en el mercado de trabajo. Las explicaciones iniciales respecto a esta categoría responden a estrategias frente a vulnerabilidades, –que organizan producciones a partir de la cultura popular y tienen fácil acceso a los medios de producción–. Las actividades que conforman la EP se caracterizan por la ausencia de relaciones asalariadas, son intensivas en mano de obra, tienen bajo nivel de productividad y aportan bajos ingresos. Las relaciones de producción son mayormente interpersonales y se desarrollan de acuerdo a pautas culturales, afectivas o de parentesco, lo que involucra a todos los miembros de las UDF, con diferenciaciones de género. Actualmente, la bibliografía rescata la capacidad de la EP para dar respuestas pragmáticas en contextos adversos (Fernández Álvarez, 2018, Pegoraro 2022), pero la subordinación se mantiene, en concreto, en el funcionamiento de las relaciones comerciales, en las experiencias de quienes la desarrollan y en las relaciones sociales, impactando en las subjetividades de los y las trabajadoras.

Se reconoce a la actividad de recuperación de materiales, esa tarea de buscar, separar y vender materiales que otros desechan, como parte de la EP y un eslabón importante del sistema capitalista que ofrece en el mercado insumos a bajo costo para empresas productoras de bienes, que aprovechan el trabajo precarizado y en condiciones poco dignas realizado por grupos familiares y personas de todas las edades. Por otro lado, actualmente, aparecen discursos y exposiciones que remueven visiones vinculadas a las carencias y exclusiones de quienes desarrollan esta actividad, para dar relevancia a su potencial productivo, además de ambiental. También se han documentado experiencias de organización del trabajo en diferentes puntos del país, impulsados desde movimientos sociales y desde el propio Estado. En Mar del Plata, en 2017 desde el Movimiento de Trabajadores Excluidos y la Federación de carreros, cartoneros y recuperadores, –MTE y la FCCyR– se inicia un proceso de organización, que derivó años después en la creación de la cooperativa de trabajo RUM (Labrunée y Gispert, 2022, Labrunée, 2024c).  Esta ciudad intermedia, por la alta generación de residuos y recuperadores, se posiciona como una de las principales comercializadoras de materiales para reciclar en el país.

En concreto, a partir de un relevamiento realizado entre la FCCyR y la UNMDP en 2019 (González Insúa, et. al. 2023), se conoce la precariedad, escasez de herramientas y capital con la cual se lleva a cabo la actividad en la ciudad, los pobres réditos económicos y el arraigo que implica en muchas de las trayectorias laborales. También allí se plasman los problemas habitacionales y de vivienda, la importancia de las transferencias estatales para complementar ingresos y la vulnerabilidad en el acceso a sistemas de salud.

Esta actividad se desarrolló en un contexto complejo. Se hace referencia para el análisis el periodo 2015 a 2021. En 2015, ya se observaba un periodo de contracción económica, con políticas económicas de tinte neoliberal. En los próximos cuatro años el PBI se redujo 4,1%. Como correlato, desde 2016 se desaceleró la creación de empleo registrado, mientras aumentaron los trabajos precarios e informales. En 2019, el nuevo gobierno reguló el esquema de divisas para recomponer ingresos y recuperar mercado interno, pero en un entorno donde el 52,5% de la PEA enfrentaba problemas de inserción laboral. El COVID-19 agravó la crisis, debido a las restricciones a la circulación, con una caída del PBI del 10% sólo en 2020, con medidas de transferencias a diferentes grupos poblacionales para mitigar los efectos. En la primera parte de 2021 se reacomodaron variables macroeconómicas permitiendo una recuperación de las tasas del mercado de trabajo y el trabajo registrado. (Actis di Pasquale y Dalle, 2022). La tasa de actividad de Mar del Plata7 alcanzó ese año el 50% y la de empleo el 45,8%, con un aumento del trabajo por cuenta propia en detrimento del asalariado, en un contexto inflacionario del 50,9% (GrET, 2022).

Las UDF y roles de sus integrantes8

Las familias entrevistadas son algunas nucleares tradicionales y otras ensambladas. Cada una presenta particularidades y distintas situaciones de vida e involucramiento de NyA en la recuperación de materiales u otras actividades. Sus dinámicas mostraron cambios, con frecuentes entradas y salidas de adolescentes hacia otros hogares, generalmente de familiares. Cuatro de las UDF expusieron una historia de consumos problemáticos. Dos de ellas describen el acompañamiento de la fe evangélica para afrontarlos, repercutiendo además en ciertas redefiniciones en los roles familiares. Residen en la periferia de la ciudad. La mayoría no posee vivienda propia, y son comunes las mudanzas. Enfrentan precariedades habitacionales, con carencias en servicios básicos, comparten camas y habitaciones. Varias están en autoconstrucción, con participación de adolescentes varones. En estos espacios se acopian materiales recuperados, generando desorden y suelen ser usados como juguetes por niños y niñas.

Las trayectorias laborales de los y las adultas a cargo de estas UDF se caracterizan por relaciones precarias, desigualdades de género y estrategias autónomas. Consideran que las limitaciones para insertarse en otras actividades más valoradas socialmente, responden a su bajo nivel de escolarización, sin cuestionar elementos estructurales –tal como aborda Bayon (2005)– que limitan la generación de puestos de trabajo en la trama productiva local. Estas experiencias, han sido poco rentables, con retrasos en el cobro y necesidad de endeudarse para cubrir necesidades diarias. Consideran trabajo a las actividades en el espacio público que generan ingresos. Los adultos varones cuestionan las formas laborales típicas y prefieren la autonomía, por su flexibilidad. Solo una trabajadora destaca su apuesta por el cooperativismo. Si bien perciben mayor respeto social, persisten miradas tradicionales sobre su labor, incluso en su propia percepción9. Algunos la ven como un recurso en momentos de crisis, otros como un modo de vida. Estas trayectorias permiten cuestionar el lugar del cirujeo frente a otras actividades que tampoco han garantizado derechos ni satisfacción personal. El trabajo de Gorbán (2014), que analiza a recuperadores, refuerza estos resultados cuando refiere que el trabajo asalariado no implica un horizonte para este grupo de trabajadores y a las diferencias por género.

En 2020, ante la merma de materiales por restricciones en la circulación, implementaron estrategias para sostener ingresos fluctuantes, complementados con transferencias estatales y changas. Su autonomía les brindó más flexibilidad que empleos dependientes, aunque con mayor competencia. Pese a la inestabilidad y riesgos, valoran su independencia y el impacto ambiental de su labor. (Labrunee y Gispert, op. cit.).

El proceso de recuperar materiales implica, en la práctica, la asignación de tareas diferenciada según género y edad: los hombres en la tarea concreta de recuperación junto a niños y niñas pequeños y en la comercialización final; las mujeres y adolescentes mujeres en la separación de los materiales en las viviendas, y a cargo del cuidado y tareas domésticas; y en algunos casos, suman recorridas durante fines de semana. Tal como se ha señalado en otros estudios (Gorbán, op. cit), las tareas de recolección de materiales no pueden pensarse sin incluir el resto de actividades que posibilitan la vida en estas UDF. La recuperación es, al mismo tiempo, una fuente de ingresos, una forma de organización cotidiana y una estrategia para sostener el cuidado. Aquí las esferas de lo productivo y lo reproductivo se entrelazan. muchas de las tareas que se hacen “puertas adentro” también implican esfuerzo, saberes y organización, aunque pocas veces sean reconocidas como trabajo y, además, son sostenidas generalmente por mujeres y adolescentes mujeres (Ierullo (2015). Esas tareas vinculadas al cuidado y la reproducción social se mantienen invisibles en los relatos –como si no formaran parte de las necesarias para completar el ciclo productivo/reproductivo que implica la economía de estas UDF–. Si bien el incremento de la participación laboral de las mujeres ya desde la crisis del empleo, modificó roles y recursos de poder al interior de las familias hoy se encuentran fuertes resistencias por parte de las dominaciones patriarcales, androcéntricas y adultocéntricas. Las mujeres entrevistadas tienden a internalizar los roles que se les asigna, e invisibilizan o minimizan ciertas actividades laborales que emprenden. Esto se refleja también en el nulo involucramiento en las tareas de cuidado de varones adultos y a su intento de reproducir el modelo tradicional de cuidado infantil (Ierullo, op. cit). Éstos enfatizan en sus exposiciones su rol como proveedores. Además, durante la pandemia, la carga sobre las mujeres aumentó, en un contexto de una OSC limitada, familiarista y feminizada y sin el apoyo institucional de las escuelas. Los relatos de las mujeres y NyA dan cuenta de los recursos colectivos, como comedores y organizaciones sociocomunitarias, que apoyan la sostenibilidad alimentaria, sobre todo durante esa etapa, pero los varones adultos no lo mencionan, reafirmando esa invisibilización de las tareas de cuidado. Entre estas mujeres, como también entre adolescentes mujeres, el involucramiento en movimientos y estrategias comunitarias resulta ser una alternativa de inserción conciliadora con las tareas de cuidado en sus hogares, tal como refiere también Gerbaudo-Suarez, (2025).

Prácticas de las niñeces y adolescencias en el trabajo y en los espacios que habitan

Aquí se puntualiza en los decires de los NyA “para comprender a la infancia y los procesos en los que se inscribe atendiendo a su punto de vista” (Rausky y Leyra Fatou, op. cit., p. 57).

Mediante las entrevistas se conoce a Agustina, (15, UDF A) quien asume la responsabilidad del cuidado de su hermano menor, Iván (6), incluso, afectando su escolaridad, mientras su hermano Nicolas, un año mayor, convive con sus abuelos y se dedica a estudiar. En la UDF B se observan a Alan y Adrián, de 5 y 8, –y sus hermanito y hermanita de 2 y 3– quienes acompañan a su madre y padre en su carro a pie, durante buena parte de sus días. Ninguno de estos hermanos asiste a la escuela al momento de las entrevistas. Adrián, pretende volver, pero se enfrenta a un entorno con obstáculos burocráticos del sistema educativo (para lograr un cupo en la escuela cercana a su vivienda) y a una realidad familiar, vinculada a consumos y que prioriza la supervivencia diaria. Andrés, de 16 años, (UDF C) por su parte, participa en tareas de mantenimiento de la vivienda donde habita con su padre y la pareja. Su rendimiento escolar es bueno y se relaciona con compañeros y otros familiares. no suelo acompañar a su padre en el carro traccionado a caballo. En la UDF D se suman las historias de Martín (13)y Luciana (11), quienes recorren las calles en auto en busca de materiales reciclables junto a su madre y su pareja. Martín ha trabajado también en la construcción y se mostró renuente a volver a la escuela al finalizar las restricciones más fuertes de la pandemia. Según explica, no hay una conexión entre esa actividad y su abandono escolar. Luciana, en cambio, asiste regularmente y mantiene buenas calificaciones. Finalmente, en la UDF E, Cintia, de 17 años, hija mayor, y sus 4 hermanos (dos de ellos mayores que ella) y hermana, viven en un entorno familiar donde se transitaron problemas de salud mental, consumos problemáticos y violencia. Cintia avanza con atrasos en su educación secundaria y se sintió durante un tiempo responsable por sus hermanos y hermana más pequeños cuando su madre padecía de depresión. También ha cuidado de otros niños de forma remunerada. Según cuenta, sufrió experiencias de bullying que afectaron sus relaciones con otros. Aún en contextos socioeconómicos similares, cada NyA vive su propia realidad, producen y reproducen condiciones en las cuales participan (Heller, op. cit) con dinámicas familiares particulares y con diferentes tipos y grados de involucramiento en actividades laborales, relación con la escuela y modos de transitar su cotidianeidad.

Las exposiciones refuerzan la evidencia de complementariedad entre trabajo y educación, y que los desincentivos con la escolaridad no se asocian a situaciones de necesidad o elección por trabajar, sino a otras problemáticas del orden vincular y organizativo de las UDF y propias del sistema educativo. En el contexto por Covid, a las tensiones del sistema educativo ya existentes, se suma un aumento de situaciones de trabajo por la no presencialidad –como aprovechó Martin (UDF D)– y las dificultades económicas para acceder a modalidades virtuales de enseñanza en el periodo de ASPO, tal como se verifica en otros estudios (Grasso y Labrunée, 2021, Labrunée, 2024a)

En general, en los estudios sobre el bienestar y las limitaciones para las niñeces no suele incluirse, referencias a los imaginarios sobre los barrios periféricos de habitar su barrio. En Mar del Plata el crecimiento poblacional avanzó sin infraestructura urbana suficiente. Estas vulneraciones, coadyuvan a que en estos barrios aumente la peligrosidad. Esto plantea en las UDF disyuntivas y decisiones que agregan sesgos de género, especialmente, en cuanto a las actividades permitidas a niños y niñas, adolescentes varones o mujeres en los espacios públicos. Ierillo, op. cit, refiere esta situación y la importancia de estudiar cómo se organizan las prácticas de cuidado y crianza en las familias en estos sectores frente a hostilidades y situaciones de violencia en determinados barrios. En el trabajo de campo de este estudio, se observa que las mujeres y niñas se mantienen dentro de las viviendas, incluso afectando la consolidación de amistades por fuera del ámbito familiar, como resguardo a su salud integral y episodios de violencia de género. Los varones tienen mayor facilidad, menores cuestionamientos de las personas adultas y circulan en el barrio y, por ende, entablan diálogos intrageneracionales que les permite repensarse y desarrollar sentidos y perspectivas diferentes de las que surgen con otras generaciones en el entorno de su UDF, donde se mantienen jerarquías.

Como cierre de esa sección, respecto a su vínculo con tareas productivas y reproductivas, se concluye que los adolescentes suelen estar en una posición más favorable, dado que expresan contar con autonomía para elegir sus actividades y el momento de realizarlas. Mientras que los niños y niñas más pequeños y las adolescentes se enfrentan a mayores rigideces. Además, ellas están afectadas en tareas que tradicionalmente se asocian con el género femenino. Realizan estas actividades en contextos de precariedad y sin supervisión.

Percepciones, expectativas, reproducción e intentos de ruptura en las trayectorias de las NyA

Los relatos de los NyA revelan que la pobreza y las condiciones laborales de los adultos no son factores determinantes en su decisión de participar en actividades económicas para el mercado. Éstas pierden peso frente a dimensiones más significativas. Los más pequeños valoran la compañía de su padre durante los recorridos con el carro, mientras que los adolescentes ven su participación en trabajos de construcción como una forma de contribuir a la mejora del hogar, sin sentir presiones o responsabilidades. En el caso de las adolescentes se observa que las experiencias en actividades económicas realizadas para el mercado –asistencia en peluquería, cuidado de niños– no se piensan como solución a la pobreza, sino más bien como oportunidad para satisfacer gustos personales. Ellas no reconocen que las tareas de cuidado y domésticas que llevan adelante sean trabajo.

En general, la mirada más extendida entre estos NyA respecto al trabajo es que las actividades realizadas en su casa, y donde no hay un pago o contraprestación monetaria, no son trabajo: “trabajar es conseguir plata...” (Martín, 13, UDF D); y se realiza en el ámbito público: “Si es en otra casa y te dan plata, sí, pero en tu casa no.”(Cintia, 17, UDF E). Estos sentidos, resultan, tal como desarrolla Gorban, (op. cit). de construcciones historicas y sociales entre grupos de excluidos, según sus términos, los cuales se anclan en la sostenibilidad del sistema capitalista, y agregamos, patriarcal y androcéntrico desde la modernidad. y parece ser aprendida y experimentada por las niñeces de manera casi directa y de acuerdo a sus experiencias de vida concretas, donde, además, la OSC es acotada y poco cuestionada.

Pero, las adolescentes, a diferencia de los varones, reconocen el esfuerzo y las demandas de esas tareas de reproducción. Además, exponen la falta de apoyo y comprensión de la carga emocional que suponen, incluso por parte de sus propias madres, quienes también las han vivido. La crisis de los cuidados queda teñida e invisibilizada con un manto de adultocentrismo y es sufrida, sobre todo, por ellas. Poder contar con la voz de los propios NyA permite concluir que lo que más les afecta e interesa de su vinculación a nivel productivo y reproductivo, es tener márgenes para decidir el tipo de tarea, la carga horaria y, sobre todo, evitar situaciones y sensaciones de soledad. Las preocupaciones de los NyA entrevistados, refieren a las ausencias por largas horas de sus familiares adultos y adultas, como expresan Agustina (15, UDF A): “…que trabaje menos, y más tiempo con nosotros…”; o  Alan, (5, UDF B): “E: ¿Qué te gusta hacer [cuando vas en el carro]?; A: Estar con mi papá. …”. Esto suele ser minimizado o apenas registrado por las y los adultos.

Se detallan ahora las expectativas expresadas por los propios NyA respecto a su futuro laboral: Cintia, quiere ser enfermera, Ramiro, recuperador urbano como su padre, Josefina, maestra jardinera, (UDF E). Andrés, policía (UDF C), Agustina, criminóloga y/o abogada y Nicolás, médico, (UDF A), Martín, diseñador y programador de juegos por internet, y Luciana, también policía (UDF D). No se cuenta con relatos en primera persona de varios NyA, por eso no es posible completar en detalle todas las expectativas, aunque luego se mencionan las que sobre ellos y ellas tienen los y las adultas de sus UDF. Los más pequeños (Alan, Adrián y sus hermano y hermana de la UDF B), no estaban en condiciones de expresarse en ese sentido. Luego de varias preguntas, mientras jugaba, Alan, de 5 años expone: “Policía de la moto, la que tiene luz arriba”.

La actividad de recuperación está excluida de las expectativas –con la excepción de Ramiro–. Eligen desarrollarse como profesionales independientes o asalariados en el sector público. Estas formas de inserción laboral son las que vienen traccionando los puestos de trabajo en el contexto económico y laboral entre 2015 y 2021. Y es que, leyendo las trayectorias de sus adultos y adultas responsables, las formas asalariadas en el ámbito privado resultan hostiles y enmarcan los horizontes de posibilidad advertidas por las NyA.

Aún cuando sus recorridos escolares no son los más alentadores, NyA reconocen la importancia de finalizar los estudios secundarios para alcanzar sus objetivos de perfilarse hacia otras actividades. Desde los 11 años en promedio, tienen respuestas claras al respecto:

I: Tengo que terminar primero el colegio, la universidad...(Martín, 13, UDF D)

…hay chicas que están embarazadas y quieren dejar la escuela. Yo quiero terminar, estudiar (Cintia, 17, UDF E) 

Para estos NyA el sistema educativo mantiene su rol de inclusión, de otorgar autonomía, aun cuando, en el presente, ese dispositivo no ofrece respuestas claras como garantía de obtener los créditos suficientes ni los conocimientos que les permitan sostener y mejorar su vida, (Labrunée, 2024a, Miño y Gómez, 2022, Miranda y Alfredo, 2021).

Las rupturas también se observan en las manifestaciones en respuesta a ciertas dinámicas de sus UDF que dejan en claro la necesidad de modificar, en general, de forma conflictiva, ciertas interacciones. Ello ocurre entre los 11 y 13 años, con un desinterés por cumplir con la escolaridad o problemas de comportamiento. Si bien en sus discursos, permeados por imaginarios adultocéntricos, el pasaje por la escuela es la puerta hacia mejores oportunidades, sus vivencias cotidianas les impiden actuar consecuentemente con esa imposición. Ahí es donde se marcan intentos de cambio, pero con resultados disímiles.

Uno es la reducción de situaciones de trabajo recuperando materiales, lo cual ha generado el espacio para otras actividades, también laborales, vinculadas al mercado por cuenta propia, específicamente, de los varones, y en situaciones esporádicas por las adolescentes. Por otro lado, se observan diferencias de género en los discursos de las propias niñeces y adolescencias en el modo de transitar hacia trayectorias distintas. Las adolescentes mujeres se enfrentan de forma reconocida y explícita a la necesidad de romper con roles preestablecidos. Entre los varones adolescentes entrevistados, se reconocen comportamientos sin conflictos respecto al lugar que ocupan en su entorno familiar, en tanto no muestran disconformidades.

Sin embargo, los intentos realizados por las adolescentes de romper con ciertas dinámicas de su hogar, no mostraron cambios específicos en sus realidades. Se verifica, en el caso de la UDF A, diferencias de género contundentes, al revisar el camino que tomó el hermano varón de 16 años, Nicolás, respecto a la historia de su hermana Agustina. Su madre explica: “…con el papá de los chicos siempre tuve una… una relación muy violenta, entonces el nene cuando se hizo más grande, quiso estar en la casa de la abuela y lo habló conmigo y yo creí que era lo mejor para él.” (María).

Agustina, escapando de su casa desde los 11 años, dio muestras claras de su necesidad de cambio. Estos problemas fueron interceptados desde el Estado, mediando en el conflicto y ofreciendo la opción de que ingresara en un Hogar de tránsito, durante 6 meses. Luego retornó a su UDF, donde volvieron a repetirse las situaciones hasta que sucede la separación de sus padres:

A:- y… no sé, cuando mi mamá se separó del chabón, cambió, cambió todo en mi día, estaba más tranquila. Antes era de terror.

E:-Y también tenías que estar a cargo de tu hermano chiquitito

A:-Si.

E: y eso no cambió en tu día a día.

A:-En eso no cambió (...) En mi tranquilidad mental, sí.

La conflictividad expuesta por Agustina estaba fundada en las exigencias de su padre para que realizara tareas en su hogar que, de acuerdo a éste, responden a su condición de género. La adolescente remarca la falta de diálogo y comprensión de su madre en este aspecto, lo cual le generaba, aún al momento de la entrevista, angustia. Si bien la raíz del conflicto familiar cesó, eso no afectó el peso del trabajo de cuidado, dejando en claro el arraigo y naturalización de este tipo de tareas entre adultas y adolescentes.

En el caso de Cintia (17, UDF E) sus manifestaciones de incomodidad aún no implican un cambio en su vida, aunque, según cuenta, lo planifica. Le interesaba sumarse al Programa Potenciar Trabajo10 –vigente al momento de las entrevistas–. Desistió de su trabajo cuidando y acompañando a niños a la escuela para finalizar su escolaridad e iniciar su formación de enfermera. Quiere evitar repetir las vivencias de su madre y otras adolescentes y en ello recibe influencias de la religión: “Las chicas que viven acá es que van por el mal camino, están en la joda, si no fuéramos a la Iglesia…” Expresa abiertamente posponer su maternidad hasta que finalice sus estudios.

Los y las adultas también esperan que sus hijos e hijas finalicen los estudios secundarios y avancen en otras formaciones. Pero no especifican preferencias e insisten en que los propios NyA lo decidan. Sólo resaltan que sean ocupaciones dignas, que logren una vivienda propia y, posteriormente, una familia y que los apoyarán en lo que decidan: “Mientras estén bien no me importa lo que sea. Que ellos se sientan bien. “(Alicia, 40, Hogar E). Aquí se encuentra una ventana de cambio respecto a posicionamientos adultocéntricos. Al menos en los decires, las personas mayores no se consideran como sujetos de pensamiento único y verdadero respecto a cómo construir vínculos con el trabajo (Morales y Retali, 2020), y en ese sentido manifiestan no imponer criterios de lo válido o racional para el futuro, ni se observan diferenciaciones según género. Entonces, por un lado, en lo discursivo expresan una igualdad, pero por otro, es clara la transmisión de roles y estereotipos en las tareas en el presente.  

Finalmente, las entrevistas permiten verificar limitaciones respecto a diálogos intergeneracionales. Las personas adultas parecen tener en claro las preferencias sólo de algunos de sus hijos e hijas. En el caso de la UDF A, la adulta responsable, María, sabe los intereses de su hijo mayor, quien convive con sus abuelos: tiene planificada su formación como médico. Sin embargo, respecto a la hija mujer no conoce sus inquietudes para el futuro. Se sigue a Morales y Retali, (op. cit.) para entender que, respecto a las actividades cotidianas en las UDF, aparecen las injusticias cognitivas por parte de los y las adultas y la naturalización por parte de las niñeces de la ideología del opresor, especialmente para las niñas. María, en su exposición, refiere a lo que espera de su hija: “Y, espero que centrada, quiero que estudie y centrada. Yo le doy todas las herramientas, hoy yo ya no puedo ponerme a pelear con ella (...) las limitaciones se las pone ella nada más”. Esta cita es contradictoria con la imposición tácita hacia Agustina para que realice las tareas domésticas y de cuidado por largas horas, incluyendo ausencias a la escuela.

Reflexiones: Lo que se dice, se espera y se hace

Como cierre, se reflexiona sobre la importancia de problematizar el lugar del trabajo en la vida cotidiana para las niñeces y adolescencias. En sus procesos de construcción de conocimientos importa la historia pero también aparecen nuevas posibilidades. Se observa, a través del trabajo de campo, la relevancia de los vínculos entre pares y con las personas adultas en la dinámica de las actividades que realizan y están dispuestos a realizar, y sobre los sentidos que dan al trabajo. Sus tareas se plantean como un problema para ellos y ellas cuando son impuestas, cuando son realizadas sin tener opción en decidir las horas dedicadas ni el tipo de tarea.

Sus preocupaciones refieren a las ausencias por largas horas de sus familiares adultos y adultas. También hacen hincapié en las dinámicas de las relaciones, ya sea con personas de la misma edad, o con personas adultas –respecto a su acompañamiento o exigencias–. Tal como explica Shabel (op. cit.), lo afectivo se suma para converger en las prácticas, vivencias y pareceres.

La recuperación de materiales, con su forma de organización y la interrelación de las tareas en las UDF, convoca a los y las niñas más pequeños, como estrategia de cuidado familiarizada, y estrategia para conseguir bienes y alimentos. En la medida que aumenta la autonomía de estas niñeces, acercándose a la adolescencia, se involucran en otro tipo de actividades. A partir de ese momento es que aparecen con más fuerza estereotipos de género, reduciendo, para ellas, las opciones para decidir y actuar, con exigencias para cuidar y realizar tareas domésticas. Es en estos casos donde se expresan disconformidades. Se verifican algunas continuidades en lo que entienden como trabajo con sus familiares adultos.

Por su parte, las personas adultas, reconocen las precariedades y limitantes en su propia trayectoria, y por ello no se posicionan frente a las generaciones nuevas de forma diferente o superior. Por eso se observa una mayor horizontalidad al pensar opciones para las niñeces y adolescencias en su relación con el trabajo. Sin embargo, en lo referente a la carga de las tareas de reproducción social en el presente, se constatan posicionamientos adultocéntricos y patriarcales muy arraigados, respecto al lugar que ocupa o debe ocupar cada quien.

Las prácticas y decisiones de las niñeces en contextos de precariedad como el analizado, no implican per se, una mera reproducción o su extremo, una resistencia o ruptura. Por ello, recuperar sus voces –que implica por momentos advertir ambigüedades, contradicciones, omisiones, silencios– permite visibilizar márgenes de actuación, espacios de negociación permanente entre el trabajo, el cuidado, la interacción con pares, el juego y la visualización del futuro.

Estos resultados llevan a pensar los desafíos para reducir desigualdades, con nuevos contratos sociales entre diferentes actores de la OSC, con prácticas y relaciones de cuidado infantil y formas de encarar los procesos de sociabilización respetuosos de los roles de las niñeces y sus percepciones. Se considera importante, justamente hoy, donde las posturas neoliberales parecen reeditarse en el país, marcar posicionamientos, cuestionar discursos y modos de observar las niñeces.

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1  Este artículo resume algunos resultados de la tesis doctoral de la autora, quien agradece expresamente a Eliana Aspiazu y María Estela Lanari.

2 Se consideraron pautas éticas de resguardo de la identidad y se obtuvieron los consentimientos informados, (UNICEF 2002), y recomendaciones para el análisis de relatos de niñeces (Rausky y Leyra Fatou, 2017).

3 El concepto de trabajo ya había sido puesto en discusión y problematizado, y por ende, ampliado, frente a los cambios en las dinámicas el capital y el trabajo desde los años 1970, (Gorz, 1995, De la Garza Toledo, op. cit, Castel, 2010, y las miradas y aportes de la Economía Feministas.

4 Aquí se refiere a la Ley N° 26.390/2008 de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente; Ley 26.847/2013 de Trabajo Infantil en el Código Penal, (Artículo148 bis); Decreto 1117/2016 sobre tipos de trabajo que constituyen Trabajo Peligroso para Menores.

5 Aquí se refiere a la Ley N° 26.390/2008 de Prohibición del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente; Ley 26.847/2013 de Trabajo Infantil en el Código Penal, (Artículo148 bis); Decreto 1117/2016 sobre tipos de trabajo que constituyen Trabajo Peligroso para Menores.

6 Hacia fines del siglo XX –cuando se extendieron las actividades laborales informales, precarias, no asalariadas, flexibles o atípicas–, era necesario pensar nuevas fuentes de identidad y acción colectiva entre trabajadores (de la Garza Toledo, op. cit.). Se requería volver a debatir el significado del trabajo. En este marco aparecen nuevas formas de pensar y organizar el trabajo, como la Economía Popular. Varios de estos elementos fueron desarrollados y publicados en Labrunée y Gispert, 2022 y Labrunée. 2024b).

7 Esta ciudad suele presentar niveles de desempleo altos, empleos informales y precarios, a partir de su estructura productiva con estacionalidades vinculadas al turismo y la pesca extractiva e industrial (Lacaze, et.al. 2014).

8 Las particularidades de las UDF y las trayectorias laborales de las personas adultas fueron explicitadas en Labrunée, (2024b).

9 La valoración de la actividad se fue reconfigurando, y reivindicado por su función ambiental, lo cual aportó a un nuevo posicionamiento (en ciertos ámbitos) de las y los recuperadores, como trabajadores (Dimarco, 2012, Schamber, Sarandón & Tagliafico, 2019).

10 Este programa se implementó en 2020, con una transferencia equivalente al 50% del salario mínimo. Dependía del Ministerio de Desarrollo Social y la población destinataria se definía a partir de su situación de vulnerabilidad (Hopp, 2023). En febrero de 2024 fue reemplazado.