Presentación dossier “A medio siglo del comienzo de la última dictadura militar (1976-2026)”

Gabriela Águila

Universidad Nacional de Rosario
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
https://orcid.org/0000-0002-4747-3345
gbaguila@gmail.com

Daniel Lvovich

Universidad Nacional de General Sarmiento
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
https://orcid.org/0000-0001-6439-5687
dlvovich@campus.ungs.edu.ar

Transcurridos cincuenta años desde el establecimiento de la última dictadura militar, resulta cada vez más claro que los procesos abiertos o profundizados desde 1976 han dejado una huella profunda en la historia argentina, y han provocado cambios estructurales en las dimensiones fundamentales de la vida social.

Se trató de un régimen que, a través de modalidades inéditas de despliegue de la violencia estatal por vía legales y clandestinas, provocó una enorme cantidad de víctimas directas –asesinados, desaparecidos, presos, personas sometidas a torturas, niñas y niños privados de su identidad– sobre las que en muchos casos aún ignoramos su destino. Entre las consecuencias de esas masivas violaciones a los derechos humanos destacan la emergencia de un movimiento por los Derechos Humanos con un indudable peso político y cultural en la Argentina post dictatorial, unos procesos de justicia iniciados con el Juicio a los Comandantes de 1985 y que aún no se han cerrado y unas disputas por la memoria de aquel pasado que ponen en el centro de la polémica la pregunta por el origen y justificación de la violencia. Esas batallas por la memoria, por momentos acalladas, han cobrado en nuestros días una centralidad y virulencia insospechadas. La pregunta por el peso, efectividad y perduración de los efectos del terror en el disciplinamiento de los sectores populares continúa igualmente abierta.

La última dictadura produjo también cambios sociales y económicos que transformaron el perfil de la sociedad argentina, en una deriva que la democracia no logró revertir y por el contario, profundizó. La concentración de la riqueza, el predominio del sector financiero, la centralidad de unos pocos grupos concentrados en la estructura económica, el peso del endeudamiento externo resultan la contracara del proceso de desindustrialización selectivo, la fragmentación y debilitamiento del poder social de la clase obrera, el debilitamiento del rol rector del Estado sobre la economía, el empeoramiento de las condiciones de vida de buena parte de la sociedad, el aumento de la heterogeneidad y la desigualdad social.

Los análisis sobre las características y políticas del régimen dictatorial son contemporáneos a su propia existencia. Desde el exilio y el movimiento por los Derechos Humanos se cartografiaron las modalidades y características del dispositivo represivo, mientras economistas y sociólogos buscaron en sus trabajos pioneros comprender la naturaleza y orientaciones del régimen militar. La acción de la CONADEP, el Juicio a las Juntas y los procesos judiciales que lo sucedieron permitieron incrementar el conocimiento acumulado sobre el sistema represivo, sus ejecutores y víctimas, a la vez que las renovadas ciencias sociales que se desarrollaron junto a la democracia se preguntaron por las características y bases sociales del estado dictatorial, la conducta de los partidos políticos, la vida cultural del período, entre otras temáticas fundamentales. La historiografía, en sentido estricto, desarrolló sus contribuciones más importantes a partir del nuevo milenio, ampliando los horizontes, las preguntas y los temas de indagación.

En su conjunto, estas indagaciones han permitido consolidar un conocimiento amplio y sólido sobre las dinámicas políticas, sociales, económicas y culturales de la dictadura y las diversas áreas de la vida social del período. En función de ello, el objetivo de este dossier es reunir balances y miradas de largo plazo que permitan sopesar el conocimiento acumulado sobre las distintas aristas de la experiencia dictatorial, así como sobre la enseñanza de la historia de la dictadura, o brinden representaciones de mediano plazo sobre distintas instancias de aquel pasado.

En su trabajo, Karina Forcinito e Ignacio Rossi postulan que el plan económico de Martínez de Hoz constituye un momento de clivaje en la historia del capitalismo en la Argentina y que su comprensión resulta imprescindible para abordar los problemas económicos del presente. Los autores dan cuenta el estado de la cuestión sobre las interpretaciones heterodoxas del Plan Martínez de Hoz, destacando dos coincidencias centrales en esa literatura: que su componente disruptivo es indisociable de las transformaciones globales del capitalismo a mediados de los setenta, y que la represión a gran escala instrumentada por las Fuerzas Armadas constituyó una condición de posibilidad del plan económico. Forcinito y Rossi agregan evidencia empírica que refuerza estas interpretaciones y da cuenta de sus impactos: el quiebre del proceso de industrialización orientado por el Estado; el inicio de una etapa de estanflación caracterizada por un déficit crónico de las finanzas públicas, en buena parte debida al peso del endeudamiento externo, el aumento de la gravitación de la valorización financiera y la formación de activos externos y el incremento en la desigualdad distributiva. En contraposición, fueron los grandes grupos integrados y diversificados de capital nacional y extranjero los beneficiarios de este proceso regresivo.

Por su parte, Martín Mangiantini presenta un balance historiográfico sobre el accionar y organización de la clase obrera en los años dictatoriales, concentrado en particular en las modalidades de la conflictividad. Tras recorrer los principales aportes y debates historiográficos en términos conceptuales y metodológicos, el autor destaca cinco áreas o problemas que requieren mayor reflexión y desarrollo, a saber: los relativos a la periodización de la conflictividad obrera en dictadura, los vinculados al papel de las organizaciones políticas en dichos conflictos, los atinentes a la necesaria expansión de la perspectiva de género, los relacionados con las posibilidades de cuantificación de las huelgas y conflictos laborales y los derivados de la necesidad de expandir el universo de fuentes y lograr un mayor entrecruzamiento de la documentación proveniente de diversos orígenes para impulsar y desarrollar el estudio de la vida obrera en dictadura.

En su contribución, María Paula González analiza la configuración de la historia de la última dictadura como contenido escolar en el nivel medio, a la luz de los enfoques e interpretaciones desplegados por la prensa educativa en los primeros cuarenta años de democracia. La autora considera para ello una amplia gama de publicaciones, oficiales y comerciales, de escuelas privadas –incluyendo las católicas– y sindicales. Ello le permite construir un análisis muy matizado, que muestra los modos en que, más allá de los posicionamientos oficiales que se pueden pretender hegemónicos, a lo largo de todo el período existieron disputas por las interpretaciones, resistencias y negociaciones por los sentidos, que expresan, en definitiva, la persistencia en los ámbitos educativos de las luchas por la memoria del pasado reciente.

Silvina Jensen recupera y revisa la nutrida producción sobre los exilios en la historiografía argentina, poniendo el foco en cinco ideas que organizan esos abordajes: el problema de la cuantificación del exilio argentino, dando cuenta no sólo de las cifras, sino también de su expansión geográfica y las temporalidades de la emigración política antes y durante la dictadura; la relación entre exilio y represión, o el exilio como dispositivo represivo; los capítulos nacionales del exilio como marca de la historiografía sobre la cuestión en la Argentina; la cronología de las luchas antidictatoriales en el exilio; las reconfiguraciones ideológicas de las izquierdas en el exilio y la transformación de los repertorio de luchas que derivó en la centralidad de la narrativa humanitaria. El trabajo sistematiza los principales desarrollos de la historiografía de los últimos veinticinco años y traza un panorama cuidadoso y complejo de un tema central en el campo de los estudios sobre el pasado reciente argentino, proponiendo esas cuestiones como la base de la agenda de futuras investigaciones sobre la problemática.

Emilio Crenzel aborda un tópico que sigue siendo relevante en los debates públicos y políticos de las últimas décadas, cual es el de la cuantificación de las víctimas. Con rigor documental y analítico, propone ampliar el universo de represaliados, revisando las cifras de desaparecidos, asesinados, presos políticos, exiliados, sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, insiliados y cesanteados, basándose en datos y reconstrucciones del movimiento de derechos humanos y registros oficiales como el RUVTE (Registro Único de Víctimas del Terrorismo de Estado), realizadas en distintos momentos. Mostrando las dificultades para precisar las cifras más allá de los desaparecidos, el autor llega, por esta vía, a una estimación provisoria y notablemente superior a la cifra canónica de “los 30.000”.

Finalmente, Roberto Pittaluga analiza, en un texto sugestivo, los modos de representación que la última dictadura desarrolló en relación al uso de la violencia en el espacio público, a través de dos tipos de expresiones visuales: las producidas por el mismo gobierno militar y las producidas por medios periodísticos afines. A través de un conjunto diverso de imágenes reconstruye el dispositivo represivo dirigido sobre los cuerpos individuales y colectivos, analizando el control y la militarización del espacio público, la intención de modelar comportamientos sociales y la relación entre terror y legitimación desplegada por el poder militar y algunos medios de comunicación en los años dictatoriales.

La conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado no sólo se presentó como un momento propicio para realizar balances y revisar la historiografía de la última dictadura, sino también para interrogarse sobre las formas de recordar ese pasado, en un contexto en que la ultraderecha gobernante ha colocado la memoria de la dictadura en el centro de su batalla cultural. Mientras se dejaron oír una vez más los discursos negacionistas o justificadores de los crímenes de las Fuerzas Armadas agitados por la extrema derecha, las marchas multitudinarias y las numerosas iniciativas memoriales evidenciaron una renovada condena social a las violaciones a los derechos humanos y el interés en el período dictatorial. La producción académica no discurre alejada de estas preocupaciones, tal como lo muestran las contribuciones elaboradas por reconocidos investigadores e investigadoras que integran este dossier, las que además de dar cuenta de la expansión de los estudios sobre la dictadura militar, de la variedad de temas analizados y de la profundidad de las interpretaciones producidas en las últimas décadas, echan luz sobre los sentidos y contenidos de ese pasado de violencia extrema y sus relaciones con el conflictivo presente que atraviesa la sociedad argentina.

https://doi.org/10.67215/practicasdeoficio.1582