Revoluciones, perspectivas, ecos: revisitando la Libertadora de 1955 (II Parte)

Sandra Gayol

Universidad Nacional de General Sarmiento
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
https://orcid.org/0000-0003-3624-2119
sgayol@campus.ungs.edu.ar

Los cuatro artículos que integran esta segunda entrega del dossier “Revoluciones, perspectivas, ecos: revisitando la Libertadora de 1955” prolongan y amplían los ejes interpretativos trazados en el número anterior. Si aquella primera parte examinó los mecanismos internos –militares, civiles, comunicacionales y emocionales– mediante los cuales se intentó no solo derrocar a un gobierno sino desmantelar y borrar una identidad política, los trabajos aquí reunidos desplazan la mirada hacia afuera. Lo hacen en un doble sentido: hacia el sur del territorio argentino, donde la “Libertadora” encontró terrenos de fricción y resistencia que no siempre coincidían con los guiones trazados desde Buenos Aires, y hacia el exterior de las fronteras nacionales, donde el acontecimiento fue leído, disputado e instrumentalizado desde lógicas políticas propias. Juntos, estos cuatro artículos demuestran que septiembre de 1955 no fue un acontecimiento encerrado en sí mismo sino el nodo de una red de sentidos que se extendía a lo largo y a lo ancho del continente, y cuya interpretación exigía –y sigue exigiendo– la variación de escalas que distingue a la historia política y cultural de mayor densidad analítica.

La apertura de este conjunto la inicia el texto de Valeria Galván, quien examina la reorientación de la política exterior argentina tras el golpe y su inserción en la lógica bipolar de la Guerra Fría. Donde María Estela Spinelli mostró en el número anterior cómo la falta de acuerdo programático entre los vencedores derivó en el desplazamiento de Lonardi por Aramburu, Galván toma ese giro liberal-conservador como punto de partida para examinar sus consecuencias internacionales. Así, muestra cómo el gobierno de Pedro Eugenio Aramburu no se limitó a revocar los acuerdos comerciales que el peronismo había suscripto con el bloque soviético, sino que construyó activamente un discurso en el que peronismo y comunismo quedaban equiparados como variantes de un mismo totalitarismo. Esta operación retórica no fue apenas una coartada doméstica: fue la credencial de acceso al “mundo libre” liderado por Washington. Apoyada en fuentes diplomáticas argentinas, norteamericanas, británicas y alemanas hasta ahora subutilizadas, la autora reconstruye la trama de organismos transnacionales anticomunistas –financiados por Bonn y la CIA– que colaboraron con la SIDE de Aramburu y alentaron la profesionalización de la agencia estatal, la vigilancia y represión desplegada tanto como la persecución del peronismo proscripto. El resultado es una imagen paradójica pero históricamente precisa: la de un gobierno que proclamaba restaurar la democracia liberal mientras construía, con asistencia extranjera, una burocracia represiva sofisticada e internacionalizada. Su artículo establece, así, el marco geopolítico global en el que los demás trabajos del dossier encuentran su coordenada más amplia.

Fernando Adrover examina cómo la “Revolución Libertadora” fue recibida en Uruguay. El artículo no trata simplemente de “lo que pensaron los uruguayos” sobre el golpe: su objeto es más preciso y revelador. Adrover demuestra que el antiperonismo había funcionado durante años como un espejo identitario para los principales partidos uruguayos –batllistas, socialistas, nacionalistas independientes–, que construyeron sus autoimágenes en oposición a la “otredad” peronista. Un punto central del análisis es la periodización: hacia mediados de 1953, con la ilegalización del movimiento La Escoba y el distanciamiento del herrerismo respecto de Perón, ese antiperonismo había alcanzado en Uruguay un consenso prácticamente hegemónico, de modo que el golpe de septiembre no tomó por sorpresa a la sociedad uruguaya, sino que fue recibido en un clima de expectativa y festejo casi unánimes. A través de un análisis minucioso de la prensa montevideana y del litoral, Adrover revela además la existencia de un apoyo concreto –que define como sutil– al esfuerzo golpista: el permiso de zarpar a los buques rebeldes desde el puerto de Montevideo y la tolerancia hacia los contingentes de civiles que cruzaban la frontera para participar del movimiento. El trabajo conecta así con el análisis que Sandra Gayol realizó en el número anterior sobre el “espacio sonoro transfronterizo”, confirmando que el Río de la Plata fue una frontera porosa que amplificó y retroalimentó la crisis argentina.

El artículo de César Ayala instala la mirada en Colombia y abre el dossier a una dimensión verdaderamente latinoamericana, y mucho menos transitada. En 1955, Colombia vivía también bajo un régimen militar –el del general Gustavo Rojas Pinilla– y esa coincidencia no es irrelevante: Ayala demuestra que el peronismo funcionó para la política colombiana como un modelo a imitar o a rechazar, nunca como un fenómeno indiferente. Rastreando con notable erudición la prensa colombiana de la época –desde los periódicos gaitanistas que veían en Perón la realización de sus propios sueños populistas hasta el diario El Tiempo y su red continental de antiperonismo liberal–, el autor construye un retrato polifónico de la recepción colombiana del fenómeno argentino. La figura del caricaturista húngaro Péter Ildor, al servicio de El Tiempo, emerge como el vector más mordaz del antiperonismo gráfico en todo el continente. Pero la contribución central del artículo es de orden interpretativo: Ayala argumenta que la caída de Perón funcionó como preludio y como modelo del derrocamiento de Rojas Pinilla en 1957, estableciendo una cadena de resonancias que hace imposible pensar 1955 como un acontecimiento exclusivamente argentino. Leído en diálogo con los trabajos de Galván y Adrover, el artículo de Ayala completa un tríptico de miradas externas que revela hasta qué punto la “Libertadora” fue un acontecimiento latinoamericano antes que meramente nacional. Completa, además, el horizonte comparativo que María del Mar Solís Carnicer y Mayra Maggio trazaron en el número anterior al señalar la necesidad de integrar la experiencia argentina a debates regionales más amplios.

El dossier cierra con la contribución de Gabriel Carrizo, quien restituye al análisis la escala local y la densidad de lo cotidiano. Su artículo estudia la irrupción del antiperonismo en Comodoro Rivadavia a través de la prensa local –los diarios El Chubut y El Rivadavia– y de las comisiones investigadoras que se constituyeron para denunciar la corrupción del régimen depuesto en YPF. Lo que Carrizo muestra con precisión documental es el funcionamiento de una “pedagogía antiperonista”: la prensa no solo informaba, sino que construía representaciones, estigmatizaba identidades y convocaba a la ciudadanía a participar activamente en la persecución de quienes todavía osaban manifestar su adhesión al peronismo. Francisco Santillán había mostrado en el número anterior cómo esa misma prensa operaba como dispositivo de pedagogía emocional en el contexto del bombardeo de junio; Carrizo extiende ese análisis hacia la etapa de consolidación del nuevo orden, revelando cómo los “emotives” de la traición y la corrupción se sedimentaron en el discurso cotidiano de la prensa patagónica. La singular historia de Comodoro Rivadavia –una ciudad escindida entre el “pueblo” civil y la sede de YPF, con sus propias tensiones preexistentes– le permite a Carrizo clarificar cómo las lógicas nacionales de la desperonización se articularon con conflictos locales específicos, produciendo fricciones y modulaciones que no estaban previstas en los guiones metropolitanos. Su trabajo retoma y complejiza, en la escala patagónica, el concepto de «gubernamentalidad libertadora” que Darío Pulfer desarrollara en el número anterior de Prácticas de Oficio, demostrando que esa gubernamentalidad enfrentó en cada territorio resistencias y desafíos singulares.

La lectura conjunta de estos cuatro artículos propone, en definitiva, una geografía ampliada de 1955 que transita desde los despachos de Washington y Bonn que celebraban el fin de la “Tercera Posición”, pasando por las redacciones montevideanas y bogotanas que convirtieron la crisis argentina en espejo de sus propias disputas internas, hasta las calles de Comodoro Rivadavia donde vecinos comunes denunciaban a sus conciudadanos ante las nuevas autoridades. Esta multiplicidad de escalas y de miradas no diluye el acontecimiento, sino que lo enriquece: revela que la violencia política de 1955 no fue solo el producto de una conspiración militar, sino el efecto de un clima epocal que se construyó simultáneamente en muchos frentes y en muchos idiomas. El dossier asume, en sus dos entregas, la tarea de historizar ese clima con rigor y complejidad.

https://doi.org/10.67215/practicasdeoficio.1583