Fernando Adrover
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Facultad de Información y Comunicación,
Universidad de la República, Uruguay
https://orcid.org/0009-0009-6608-9056
fernando.adrover@fic.edu.uy
Fecha de recepción: 11/07/2025
Fecha de aceptación: 22/10/2025
Este artículo pretende dar cuenta de la recepción de la autodenominada Revolución Libertadora en Uruguay, entendida en el marco de viejas tensiones bilaterales entre ambos países acentuadas a partir de 1943. Busca comprender esa recepción en el contexto de un crecimiento del consenso antiperonista en Uruguay a partir de 1952, momento en que dichas tensiones llegaron a su pico de intensidad y la percepción de amenaza respecto del peronismo creció. Asimismo, analiza la coyuntura de junio a setiembre de 1955 como una de reactualización de los usos políticos del antiperonismo, que habían jugado un papel fundamental en la política interna uruguaya desde 1945 y habían sido instrumentados por distintos sectores políticos para definir autoidentificaciones partidarias y discursos sobre la nación uruguaya en función de la otredad peronista. La impronta moralizante de los discursos acerca de una revolución contra la “tiranía”, las diversas formas de solidaridad con el golpe y el posterior proceso de desperonización llevado adelante en Argentina, así como la dimensión de espectáculo que adquirieron los sucesos argentinos son abordados, privilegiando el análisis de la cobertura de la prensa montevideana y de la frontera litoral.
Palabras clave: antiperonismo, Revolución Libertadora, desperonización, relaciones internacionales, Uruguay.
This article approaches to the reception in Uruguay of the self-proclaimed Revolución Libertadora that took place in Argentina. It is understood within the framework of long-standing bilateral tensions between the two countries, intensified after 1943. It seeks to understand that reception within the context of a growing anti-Peronist consensus in Uruguay since 1952, when those bilateral tensions reached their peak of intensity and the perception of the threat represented by Peronism increased. It also analyzes the conjuncture from June to September 1955 as one of renewed political uses of anti-Peronism, which had played a fundamental role in Uruguayan domestic politics since 1945 and had been exploited by different political sectors to define self-identifications and discourses about the Uruguayan nation based on Peronist otherness. The moralizing discourses about a revolution against tyranny, the diverse forms of solidarity with the coup and the subsequent process of de-Peronization carried out in Argentina, as well as the treatment as a spectacle that the Argentine events acquired are addressed, with emphasis on the analysis of press coverage in Montevideo and along the coastal border.
Keywords: Anti-Peronism, Revolución Libertadora, de-Peronization, international relations, Uruguay.
El presente artículo pretende abordar la recepción en Uruguay del golpe de Estado que depuso al gobierno peronista en 1955, destacando dos dimensiones consideradas relevantes: por una parte, la que se vincula a los usos políticos de la condena al peronismo y por otra el apoyo al golpe brindado desde Uruguay. En relación a la primera dimensión, debe destacarse que la dicotomía antiperonismo/filoperonismo había sido un definidor político importante en Uruguay desde 1945, tanto por ser un eje en las disputas entre sectores embanderados con el antiperonismo –batllistas, socialistas, nacionalistas independientes– y un sector filoperonista, el herrerismo,2 como por su importancia en las autoidentificaciones de esos sectores partidarios. El viraje del herrerismo en su vínculo con el justicialismo, no obstante, generó un creciente consenso antiperonista en Uruguay: así el valor de la referida dicotomía como eje de conflicto se agotó, aunque no su calidad de espejo en función del que construir autoidentificaciones, que se analizarán a través de la prensa partidaria. Respecto de la segunda dimensión, como se verá, no existe evidencia concluyente sobre la existencia de un apoyo concertado al golpe desde Uruguay, aunque sí varios indicios de que esa asistencia existió en alguna medida. El artículo pretende dar cuenta de ellos. Finalmente, se abordarán las expectativas depositadas en la normalización de las relaciones bilaterales tras años de tensión y su relativa frustración.
La historiografía ha abordado en cierta medida la proyección del peronismo al otro lado del Río de la Plata, a menudo concentrándose en otras coyunturas del período 1945-1955. El año 1955 ha recibido escasa atención y abordajes muy sintéticos (Oddone, 2003; Adrover, 2020) que es preciso profundizar.
Las relaciones entre Uruguay y Argentina estuvieron marcadas por la tensión desde antes de la llegada de Juan Domingo Perón a la presidencia, dados los complejos vínculos de la administración de Juan José de Amézaga con los gobiernos militares surgidos del golpe de Estado de 1943 en Argentina (Rodríguez Ayçaguer, 2004, 2024; Figallo, 2001; Cerrano, 2017). La participación de exiliados argentinos radicados en Montevideo y de los principales medios de prensa y radios uruguayas en la campaña contra la candidatura de Perón entre octubre de 1945 y febrero de 1946 acrecentó esa tensión. En los meses que siguieron a la asunción de Perón en junio quedaron en evidencia algunas dinámicas que se consolidaron como constantes en el vínculo entre ambos países, y que en parte han sido estudiadas por Juan Oddone (2003) en uno de los escasos trabajos que abordan este proceso.
Una de estas dinámicas fue la presión económica: trabas al tránsito de personas a través de los ríos con el objetivo de perjudicar la actividad turística uruguaya,3 reducción y posterior cancelación en 1949 de las cuotas de importación de piedra y arena del litoral uruguayo hacia Buenos Aires –generando una crisis de desempleo en el departamento de Colonia–,4 y especulación en torno a la venta de trigo a Uruguay.5
El asunto del trigo se vinculó a otra de las referidas dinámicas, dada por el apoyo peronista a actores políticos –en particular el herrerismo– capaces de disputar la hegemonía de un batllismo que le era hostil en el gobierno uruguayo.6 Los herreristas y en menor medida el sector blancoacevedista del Partido Colorado se presentaron como capaces de negociar el trigo argentino sin la intransigencia que adjudicaban al batllismo.7 Así, el tema adquirió relevancia en la campaña electoral de noviembre de 1946 en Uruguay, en la que se denunció –como en otras posteriores– la asistencia económica argentina al herrerismo (Cerrano, 2017).
Otra dinámica relevante estuvo dada por la tolerancia del gobierno uruguayo a la intensa propaganda antiperonista de exiliados argentinos, llegados al país en sucesivas oleadas. A pesar de las repetidas protestas diplomáticas argentinas, sus acciones no sufrieron restricción alguna y tuvieron una importante presencia en medios de comunicación con estrechas vinculaciones a los sectores partidarios en el gobierno –los diarios batllistas Acción y El Día, la radio Ariel propiedad de Luis Batlle Berres, o los diarios El País y El Plata vinculados al nacionalismo independiente al que pertenecía el canciller Eduardo Rodríguez Larreta–. Tras su frustrado golpe de Estado de 1951 varios militares argentinos se asilaron en Uruguay, y luego de una breve internación en cuarteles del Ejército gozaron de amplia libertad de movimiento en el territorio nacional.8
Finalmente, otra dinámica persistente en el tiempo estuvo dictada por los intentos del gobierno argentino de desplegar una intensa labor propagandística en Uruguay y establecer vínculos con diversos movimientos sociales. La presencia de la Fundación Eva Perón en el litoral uruguayo, la asignación de becas a estudiantes universitarios y el financiamiento de algunas publicaciones estudiantiles, la organización de viajes de intercambio para periodistas del interior con el objetivo de contrarrestar el discurso antiperonista de los grandes medios montevideanos, y la intensa labor de los cónsules argentinos en la distribución de propaganda, son algunos ejemplos de estos intentos.9 Pero la principal apuesta del peronismo fue el apuntalamiento de una central sindical, la CGT uruguaya (CGT-U) fundada en diciembre de 1951, que buscara disputar el lugar del “sindicalismo democrático” a la central vinculada a la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), la Confederación Sindical del Uruguay (CSU). La CGT-U se formó a partir de un sindicato portuario surgido en 1948, muy vinculado a la patronal y enfrentado a la hegemonía anarcosindicalista en el sector. Este núcleo logró ampliar de forma progresiva su influencia, reivindicando una forma de sindicalismo que a la vez combatiera la orientación comunista y anarcosindicalista en el movimiento obrero, pero rechazara desde un genuino “americanismo” la influencia imperialista de Estados Unidos. La CGT-U ganó adeptos entre las masas de desempleados del departamento de Colonia y participó de la constitución de la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS).10 No obstante, la experiencia se abortó tras setiembre de 1952, durante una coyuntura muy conflictiva en Uruguay, en la que el gobierno respondió con la aplicación de medidas prontas de seguridad –esto es, medidas de excepción que suspendían las garantías constitucionales–, a una oleada de huelgas de solidaridad dirigidas por una coordinadora de sindicatos autónomos (los “gremios solidarios”) (Cores, 1989). Durante las medidas prontas de seguridad de setiembre de 1952 se denunciaron a través de la prensa los vínculos de los agregados obreros argentinos con algunos sindicatos, lo que motivó su expulsión del país, una intensificación sin precedentes de la propaganda antiperonista y la denuncia de un esquema de infiltración. Esta coyuntura fue, a su vez, propicia para el surgimiento del Movimiento Antitotalitario del Uruguay (MADU), una organización de orientación liberal-conservadora nucleada en torno al Ateneo de Montevideo, que integró a exiliados argentinos y se insertó en las redes continentales del antiperonismo.11 Esta organización desplegó rápidamente su militancia por todo el país, en especial por el litoral con el objetivo de contrarrestar la influencia peronista en la zona. El MADU hizo del antiperonismo su principal bandera y fue pieza relevante en la movilización contra su injerencia en Uruguay. En ese contexto de intensificación del antiperonismo la CGT-U fue denunciada, perseguida y acorralada, y acabó disolviéndose. No obstante, su elenco dirigente cambió de estrategia política, formando el Movimiento Revolucionario La Escoba, que publicó desde mediados de 1953 un periódico amarillista abocado a la denuncia de los exiliados argentinos, al ataque a los políticos profesionales desde un discurso profundamente antipolítico, y a la defensa de un cambio social revolucionario tendiente a la implantación de un orden nacionalsindicalista con reminiscencias falangistas.12 Con todo, la experiencia fue breve: el movimiento fue ilegalizado por ser considerado antinacional y sus líderes presos en abril de 1954.13
En 1954, al silenciamiento forzoso de la voz filoperonista de La Escoba se sumó el distanciamiento respecto del gobierno argentino de su otro gran aliado en Uruguay, el herrerismo. La intensificación de las medidas de presión económica y diplomática argentinas tras setiembre de 195214 hirieron la sensibilidad nacionalista del sector, integrado en carácter minoritario en el Poder Ejecutivo colegiado. El acercamiento del gobierno argentino a Estados Unidos, más evidente a partir de 1953 (Morgenfeld, 2011, pp. 403-420; Rapoport y Spigel, 2009, cap. 15), y luego sus crecientes tensiones con la Iglesia católica (Caimari, 1995), hicieron que el modelo peronista perdiera el potencial que en el pasado había tenido para su reapropiación selectiva por el herrerismo, en tanto nacionalismo católico y antiimperialista. A eso debe sumarse el pragmatismo político de Herrera: las acusaciones de “peronista” y “fascista” por sus adversarios habían sido muy costosas políticamente, y una escisión interna en el Partido Nacional le ofreció una oportunidad para desembarazarse de esa asociación al endilgarla a un dirigente disidente, Eduardo Víctor Haedo (Adrover, 2020, pp. 90-92).
Ya sea por medio de la ilegalización y la prisión, o por el distanciamiento voluntario, las voces filoperonistas en Uruguay perdieron vigor entre 1953 y 1955, ampliándose en contrapartida el consenso antiperonista en el país. A este consenso se sumaron voces que en el pasado habían manifestado tímidamente su rechazo al peronismo, entre ellas la de la jerarquía eclesiástica y el laicado católico uruguayo, movilizado por el conflicto de Perón con la Iglesia.15 Este es el escenario en que se dio la recepción del golpe de Estado que tuvo lugar en setiembre de 1955 en Argentina.
En enero de 1955 el canciller argentino Jerónimo Remorino partió hacia Europa y Ángel Borlenghi ocupó de forma interina la cartera. Luis Batlle Berres, presidente electo del nuevo colegiado pronto a asumir en marzo, negoció con Borlenghi un aflojamiento de las restricciones a la movilidad de personas entre ambos países.16 Sin embargo, el regreso de Remorino implicó un retorno a la línea dura de la cancillería y el envío en junio de una nota de protesta que instaba al gobierno de Batlle Berres a tomar medidas efectivas para restringir los ataques de los exiliados argentinos al gobierno de Perón. Tras la negativa del gobierno uruguayo a adoptar tales medidas, las cancillerías estaban ocupadas en un intercambio acalorado de notas cuando se dio el golpe de Estado fallido en junio de 1955 en Argentina.17
La intentona frustrada llevó a que varios efectivos de la Marina y el diputado Miguel Ángel Zabala Ortiz se asilaran en Uruguay, y que el gobierno batllista tuviera que disponer la devolución de las aeronaves en las que llegaron al país a través de los aeropuertos de Carrasco y Colonia. La prensa uruguaya hizo una cobertura minuto a minuto de los acontecimientos, en lo que la mayoría de los medios coincidió en denominar como “un intento más de devolver al pueblo argentino su libertad”. 18 Se dio lugar a las proclamas de los golpistas y a diversas entrevistas con los asilados. En los principales diarios del país la cobertura transitó una línea que se profundizó más tarde durante el golpe de setiembre: la apuesta por el sentimentalismo con el objetivo de generar empatía con los militares argentinos. Se los representaba como militares jóvenes, no corrompidos por el peronismo y entregados de forma desinteresada a la causa de la libertad. Al mismo tiempo, se insistía en plasmar aquellas declaraciones que mostraban su humanidad, su congoja por los familiares que habían dejado atrás a merced de una tiranía, a la que se adjudicaba manifestaciones de brutalidad tanto de militares fieles al gobierno como de civiles agitados por un anticlericalismo fanático. Sólo la prensa comunista tuvo una visión crítica de lo que interpretó como “‘un golpe de palacio’ con la mano norteamericana atrás”.19
Pero a pesar de la atención que concitó en los medios uruguayos la situación argentina y las distintas fuentes de las que se nutrían, predominó la incertidumbre sobre el futuro político del país vecino. Cuando fue evidente que Perón se mantendría en el gobierno, los sectores antiperonistas más intransigentes reiteraron los llamados a su deposición. Se destacó en esto el socialismo: el periódico El Sol, en cuya contratapa se publicaba una sección de La Vanguardia redactada por exiliados, sentenciaba que “Perón no es hombre para un régimen de libertad. Debe irse o debe ser eliminado. Así deben entenderlo las fuerzas armadas y el pueblo argentino”,20 y alentaba un nuevo intento golpista en un editorial titulado “El cáncer argentino no se cura con aspirinas”.21
En el plano diplomático no hubo novedades: la cancillería uruguaya no hizo declaraciones más allá de las que informaban sobre la internación de los militares asilados. La voluntad del gobierno uruguayo fue la de esperar el desarrollo de los acontecimientos ante los rumores de nuevos preparativos golpistas y la información que el gobierno pudo obtener sobre los movimientos conspirativos que se estaban dando en la Marina y el Ejército (Potash, 1981; Rouquié, 1982; Spinelli, 2005; García Holgado, 2016). El embajador en Buenos Aires, Mateo Marques Castro afirmaba que “la revolución del 16 de junio no ha terminado y confían en que habrá un rebrote revolucionario que será definitivo, por parte de elementos de las fuerzas armadas y civiles”.22
El golpe de setiembre no tomó por sorpresa a la sociedad uruguaya, muy pendiente de la situación argentina y atenta a los rumores golpistas de los meses anteriores. Cuando el golpe finalmente se materializó, los medios uruguayos siguieron con sumo interés el desarrollo de los acontecimientos como lo habían hecho en junio. La conceptualización del hecho fue la misma: se la concibió como una revolución, como una rebelión contra la tiranía protagonizada por jóvenes gallardos.
La llegada de los buques “Cervantes” y “La Rioja” al puerto de Montevideo el 16 de setiembre, y su desembarco de los cuerpos de los caídos tras el ataque de aviones leales al gobierno, se convirtió en un acto multitudinario. El cortejo fúnebre hasta el cementerio del Buceo dio lugar a múltiples manifestaciones de solidaridad de un “piadoso” pueblo uruguayo, que la prensa estimó en 10.000 personas.23
Pero este hecho tuvo una trascendencia mayor. El gobierno uruguayo no sólo permitió el desembarco de los muertos, sino que habilitó a los buques a zarpar nuevamente para proseguir la lucha, lo que motivó una protesta del gobierno argentino en tanto se violaron las normas internacionales de neutralidad que obligaban a la internación de los militares y la devolución del material bélico.24 A eso debe sumarse que el buque de pasajeros “Alberto Dodero”, haciendo uso de la infraestructura portuaria uruguaya, se abasteció para plegarse a la operativa golpista proveyendo víveres y combustible a los buques militares.25 Esto puede interpretarse como un sutil respaldo del gobierno uruguayo al despliegue naval de los rebeldes.
Además, la detención de algunos exiliados antiperonistas en la frontera del departamento de Rivera, dispuestos a llegar a Argentina,26 evidenció algo que se rumoreaba en Uruguay y había sido largamente denunciado por las protestas de la cancillería argentina: la existencia de contingentes organizados en el país que se proponían participar del golpe. La libertad de movimientos de la que gozaron los militares asilados desde 1951 en adelante tras sucesivas intentonas favoreció esto.
Finalmente, no debe restarse importancia al papel jugado por algunas de las principales radios uruguayas en las comunicaciones de los golpistas. Los vínculos entre estas emisoras y la radio Puerto Belgrano controlada por los rebeldes fueron muy intensos.27 A través de este canal de comunicación se reprodujo la proclama del general Lonardi28, los partes militares de los sublevados29 y sus mensajes a los exiliados en Uruguay.30 A su vez, la actualización noticiosa de las radios uruguayas, entre ellas El Espectador, permitía “romper el cerco” de las emisoras oficialistas argentinas, siendo incluso retransmitida parte de su programación por Radio Puerto Belgrano.31 Esto motivó críticas por parte de las emisoras que respondían al gobierno argentino, como se evidencia en la respuesta corporativista cerrada de la Asociación Nacional de Broadcasters Uruguayos (ANDEBU).32 La colaboración de las radios uruguayas con el esfuerzo comunicacional de los golpistas fue tan evidente que el gobierno no pudo ignorarla. No obstante, sus medidas fueron testimoniales: el colegiado dispuso la suspensión por dos horas de Radio Carve.33
Como en junio, los principales medios uruguayos colaboraron en la generación de un clima de solidaridad con la autodenominada Revolución Libertadora. Para ello recurrieron a la exaltación de la lucha por la libertad frente a la tiranía34 y a la explotación del sentimentalismo. Esto último fue propiciado por el desembarco de un contingente de cadetes de la Escuela Naval argentina, niños y adolescentes de 10 a 17 años embarcados en buques rebeldes. El caso de los cadetes fue motivo de una intensa cobertura de prensa, en la que la fotografía jugó un rol fundamental para la generación de empatía en los lectores.35 Los fotorreportajes se abocaron a retratar la preocupación de los niños por una perra que llevaban como mascota, la celebración de los cumpleaños de algunos de ellos en circunstancias tan aciagas, y sus actividades de esparcimiento en dependencias militares uruguayas, buscando dar lugar a la “nota tierna del dramático panorama”.36 Asimismo, se exaltó la solidaridad uruguaya, tanto por parte de efectivos militares como por la Cruz Roja y la esposa de origen argentino de Luis Batlle Berres, Matilde Ibáñez.37 La partida de los cadetes y sus muestras de agradecimiento al pueblo uruguayo en un acto presidido por Luis Batlle Berres fue también objeto de un extenso fotorreportaje.38
El 19 de setiembre, al informarse la caída de Perón, los medios antiperonistas destacaron las manifestaciones espontáneas de júbilo de la población montevideana, comparadas con las motivadas por la liberación de París en 1944.39 Organizaciones como el Ateneo de Montevideo, muy activo en la lucha antiperonista, y la Asociación Argentina de Mayo que nucleaba a los exiliados argentinos, proyectaron actos de celebración que contaron con el apoyo privado y público para su difusión radial, por parte de Carve y el Servicio Oficial de Difusión, Representaciones y Espectáculos (SODRE).40 Otros festejos se desarrollaron en los días siguientes en Montevideo y ciudades del interior del país.41 Los más multitudinarios fueron los del día 22 en Montevideo, al conocerse la asunción de Lonardi como presidente argentino, hecho que motivó incluso la publicación de un número especial de Acción destinado a su distribución en Buenos Aires.42
La caída de Perón abría, para los antiperonistas uruguayos, un panorama promisorio para América Latina toda. Como argumentaba el editorialista de El País, el pueblo argentino, tras ejercer su derecho a la rebelión contra la tiranía, había puesto a la nación vecina en la senda de las libertades democráticas y la inserción en el mundo libre, abandonando una absurda tercera posición y los “chantajes económicos” a los Estados Unidos,43 en lo que se esperaba fuera una poderosa lección para el resto de las dictaduras del continente.44 Tanto nacionalistas independientes como batllistas se detuvieron en este valor aleccionador de la Revolución Libertadora, pero también de la resistencia valiente de Uruguay al expansionismo argentino. En sus usos políticos del antiperonismo estos sectores, ya desde 1945, recurrían a la otredad peronista para elaborar sus discursos sobre la nación. La coyuntura de setiembre de 1955 ofreció una nueva oportunidad para reivindicar una identidad uruguaya, asociada a la adhesión a valores democráticos y la idea de un orden político “civilizado” opuesto a la barbarie de las dictaduras personalistas que asolaban el continente.45
En las semanas siguientes al golpe, la prensa uruguaya se abocó a una cobertura atenta de los diferentes actos de “confraternización” entre instituciones y núcleos de ciudadanos argentinos y uruguayos en diferentes puntos del país, tratando de crear una sensación de normalización de los vínculos entre ambos países. Pero además se hizo eco de un proceso de “desperonización” en que se encontraba comprometido el gobierno de Lonardi. Periodistas uruguayos aceptaron la invitación del nuevo gobernante para visitar la residencia presidencial y la casa de veraneo de Perón, mientras en Argentina se anunciaba la creación de una comisión investigadora destinada a estudiar la corrupción del gobierno depuesto.46 Para los medios uruguayos que enviaron a sus representantes, las noticias de la “desperonización” constituían un espectáculo, en cierta medida morboso y sensacionalista, favorecido por la familiaridad con la actualidad argentina pero la distancia y relativa ajenidad de los problemas del país vecino. La actualidad argentina cautivaba a los lectores y favorecía ese sensacionalismo, al tiempo que ofrecía un contrapunto efectivo para un discurso aleccionador y moralizante, algo que era evidente para el editorialista de El Nacional: “en materia de sensacionalismo nada iguala a las publicaciones provenientes de nuestro país. Los propios argentinos tienen conciencia de ello y sobre todo los propios vendedores, que para colocarlos con facilidad, explican en alta voz su procedencia”.47
Como expresó el periodista de El País Juan Vila al iniciar su serie de notas sobre la corrupción del peronismo, “[e]l mito de Perón debe caer por la prueba y publicidad de sus crímenes”.48 Es así que medios que respondían a los sectores antiperonistas más recalcitrantes –batllismo, socialismo, nacionalismo independiente–, expusieron con numerosos ejemplos el enriquecimiento espurio de Perón y figuras importantes de su gobierno,49 así como los actos extravagantes y megalómanos que se adjudicaban al líder caído –como el embalsamamiento de Eva Perón o su plan de energía atómica–.50 Se expuso también la corrupción de la CGT a través del testimonio de “verdaderos obreros” perseguidos por la central oficialista,51 y la nómina de las empresas sometidas a interdicción por el nuevo gobierno por sus negocios con la administración peronista.52 Pero probablemente lo que concitó mayor atención fue la descripción minuciosa de los “tesoros” dejados atrás por Perón en su precipitada huida del país.53 Especialmente sensacionalista fue la cobertura de La Unión de Colonia del allanamiento de la “cueva de Aloé”, con fotografías de sus habitaciones lujosas y sus entradas secretas.54 A esto se sumó la búsqueda del “nido de amor” de Perón, en el que presuntamente había mantenido relaciones con una menor de edad perteneciente a la Unión de Estudiantes Secundarios, Nelly Rivas, como parte de su “disipación neroniana”.55 La amplia publicidad, con un fuerte tono moralista, dada a la degeneración de Perón y su régimen, fue un argumento que los batllistas, tradicionales defensores del derecho de asilo, utilizaron para reclamar que no se amparara en ese derecho al gobernante depuesto y se lo llevara ante la justicia.56
Los escándalos que salían a la luz presentaban “al mundo civilizado”, el “abominable caso Perón”, según el socialista El Sol: el “sátrapa argentino” era desenmascarado “como asesino monstruoso, como corruptor de la inocencia infantil, como toxicómano, como ladrón insaciable y sin límites de los bienes del Estado”.57 Junto con la revelación de esas verdades avanzaba, según la prensa antiperonista, un firme proceso de recuperación de libertades y regeneración moral.58 Para El País, la revolución había suplantado el imperio del “aluvión zoológico” por el de una nueva clase:
Se trata de la clase que estima su libertad y su decoro, conceptos que en la Argentina de hoy se han demostrado como propiedad de una clase que no es un estrato horizontal ni una cepa zoológica ni un plano de clivaje económico […].
No hay duda que ha sido una clase la que ha hecho la Revolución, pero una clase moral para la que no existe nombre en la sociología del marxismo, tanto comunista como tercerista.59
A este interés por la “desperonización”, a la vez concebida como espectáculo y como espejo para un discurso moralizante y de reivindicación nacionalista, la prensa uruguaya se hizo eco de las preocupaciones en torno a la normalización de los vínculos bilaterales, resentidos por años de tensión. Para el Poder Ejecutivo uruguayo, que reconoció rápidamente al gobierno de Lonardi el 22 de setiembre, era imperioso eliminar las trabas al movimiento de personas que afectaban al turismo, así como las medidas de presión económica que perjudicaban el comercio y el desarrollo de algunas actividades extractivas uruguayas cuyos principales mercados estaban en Argentina. No obstante, la actitud de la cancillería argentina fue muy cauta, con poca celeridad en la revisión de las exigencias de visado para los viajes, lo que motivó el envío de una nota de Luis Batlle Berres solicitando reciprocidad tras haber removido Uruguay toda restricción, y recordando la hospitalidad brindada por el país a los exiliados antiperonistas.60 El gobierno uruguayo, a su vez, pretendía avanzar en acuerdos comerciales y en la reactivación de las negociaciones para la construcción de una represa hidroeléctrica en Salto, atada a la resolución de la cuestión de los límites fluviales entre ambos países. A pesar de declaraciones promisorias de Américo Ghioldi y Raúl Prebisch en la Junta Consultiva Nacional formada en Argentina,61 los avances fueron muy escasos. La expectativa del gobierno uruguayo de reactivar la extracción de piedra y arena en el litoral –que a su vez tendría un efecto positivo en la recuperación de otros rubros como el de las reparaciones navales–, se encontró con una fría recepción por parte de su par argentino, sometido a la presión corporativa de los areneros de la costa del río Paraná.62 El acercamiento fraterno entre ambos países que la caída del peronismo había abierto, fue muy ampuloso en lo declarativo pero en los hechos mucho más moderado.
Los principales avances se dieron en aquellas dimensiones que más interesaban al gobierno argentino, lo que evidencia que la asimétrica relación entre ambos países permaneció incambiada. Hubo mayores acuerdos y coordinación en cuestiones represivas, en concreto en la colaboración de las respectivas fuerzas policiales. Tras un viaje del jefe de policía uruguayo Pedro Onetti a Argentina se acordó la autorización a agentes policiales de ambos países para permanecer en territorio vecino, y se establecieron canales para el intercambio de información. La consecuencia inmediata de esta coordinación fue la vigilancia y persecución a algunos exiliados peronistas que llegaron a territorio uruguayo tras el golpe. Fueron especialmente polémicos y cubiertos por la prensa local los secuestros, por parte de policías argentinos encubiertos, del exdiputado peronista Eduardo Rumbo y el juez Miguel Rivas Argüello,63 así como el secuestro fallido de Eduardo Colom.64 Tanto Rumbo como Rivas Argüello declararon –posiblemente bajo coerción– haber decidido regresar para someterse voluntariamente a la justicia argentina, lo que pasó a ser la versión oficial de ambos gobiernos. Un estudio más profundo del exilio peronista en Uruguay a partir de 1955 y de la vigilancia policial a la que fue sometido es necesario para echar luz sobre este asunto.
El desarrollo de la autodenominada Revolución Libertadora fue vivido con particular intensidad en Uruguay. Esto se debió en parte a la larga historia de tensiones con el gobierno peronista y la percepción de amenaza respecto de un régimen considerado hostil y expansionista por parte de numerosos actores en Uruguay. La caída de Perón fue largamente esperada por los antiperonistas uruguayos y los exiliados argentinos, unidos por densas redes de militancia y vínculos personales. Desde la perspectiva uruguaya, en el fin del peronismo se depositaban expectativas de recuperación económica, de seguridad nacional y de avance de un panamericanismo con el que la mayoría de los sectores partidarios en el país se encontraban comprometidos.
El agotamiento del discurso antiimperialista del peronismo y su conflicto con la Iglesia católica fueron factores influyentes en la toma de distancia de sectores filoperonistas uruguayos, como el herrerismo, respecto del gobierno argentino, y en la radicalización del antiperonismo moderado de otros actores, como el partido católico Unión Cívica. Esto, junto con la ilegalización del movimiento La Escoba, heredero del ensayo de organización de un sindicalismo peronista uruguayo, implicó que el golpe de setiembre se diera en el contexto de un casi absoluto consenso antiperonista en Uruguay.
La recepción del golpe estuvo marcada por diversas manifestaciones de júbilo, por una inclinación sensacionalista de la prensa local que explotó el potencial del acontecimiento como espectáculo, y por los usos políticos del “espejo argentino” para reforzar autoidentificaciones partidarias y discursos sobre la excepcionalidad nacional. Este último aspecto fue una constante durante todo el ciclo peronista, pero tuvo en la coyuntura de setiembre de 1955 un momento de intensificación.
Adrover, F. (2020). “El peronismo y las derechas uruguayas (1947-1955)”. Anuario IEHS, 35(1): 75-99.
Bohoslavsky, E. (2016). “Los liberalismos de Argentina, Brasil y Uruguay ante el enigma peronista (1943-1955)”. Nuevo Mundo Mundos Nuevos [en: https://journals.openedition.org/nuevomundo/68805].
Bohoslavsky, E. (2020). “Las izquierdas y derechas de Uruguay, Brasil y Chile ante el peronismo (1943-1955)”. Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Coloquios [en línea: https://journals.openedition.org/nuevomundo/82058].
Bohoslavsky, E. y Broquetas, M. (2019). “Os congresos anticomunistas da América Latina (1954-1958): redes, sentidos e tensões na primeira guerra fría”. En Bohoslavsky, E., Patto Sá Motta, R., Boisard, S. (orgs.). Pensar as direitas na América Latina. San Pablo: Alameda, pp. 439-459.
Caimari, L. (1995). Perón y la Iglesia Católica. Religión, Estado y sociedad en la Argentina (1943-1955). Buenos Aires: Ariel.
Cerrano, C. (2017). “La campaña presidencial del herrerismo en 1946 desde El Debate”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 2017 [en línea: http://journals.openedition.org/nuevomundo/70697].
Cerrano, C. y López D’Alesandro, F. (2017). “Dictadura militar argentina 1943-1946. Temor, rechazo y desconfianza en el Uruguay”. Anuario de Estudios Americanos, 74(1): 323-352.
Cores, H. (1989). Las luchas de los gremios solidarios, 1947-1952: neo-batllismo, protesta social y Fuerzas Armadas. Montevideo: Banda Oriental.
Díaz, O. (1991). Historia de “La Escoba”: génesis sindical y política. Montevideo: IGLHER.
Figallo, B. (2001). “Desde la crisis internacional a los conflictos regionales: la Argentina y el Uruguay, 1940-1955”. Anuario del CEH, 1(1): 329-350.
García Ferreira, R. (2009). La CIA y el caso Arbenz. Montevideo: CEUR.
García Holgado, B. (2016). “Vencedores y vencidos: surgimiento y éxito de la coalición golpista antiperonista dentro de las Fuerzas Armadas (1946-1955)”. Postdata, 21(1): 85-128.
Iglesias, M. (2011). “La excepción como práctica de gobierno en Uruguay, 1946-1963”. Contemporánea. Historia y problemas del siglo XX, 2(2): 137-155.
Morgenfeld, L. (2011). Vecinos en conflicto. Argentina y Estados Unidos en las Conferencias Panamericanas (1880-1955). Buenos Aires: Continente.
Nállim, J. (2014). Las raíces del antiperonismo. Orígenes históricos e ideológicos, Buenos Aires: Capital Intelectual.
Oddone, J. (2003). Vecinos en discordia. Argentina, Uruguay y la política hemisférica de los Estados Unidos. Selección de documentos. 1945-1955. Montevideo: Udelar-FHCE.
Panella, C. (1996). Perón y ATLAS. Historia de una central latinoamericana de trabajadores inspirada en los ideales del Justicialismo. Buenos Aires: Vinciguerra.
Parcero, D. (1987). La CGT y el sindicalismo latinoamericano. Historia crítica de sus relaciones. Desde ATLAS a la CIOSL. Buenos Aires: Editorial Fraterna.
Potash, R. (1981). El ejército y la política en la Argentina: 1945-1962 de Perón a Frondizi. Buenos Aires: Sudamericana.
Radio Base Naval Puerto Belgrano (1957), Radio Base Naval Puerto Belgrano. “La voz de la libertad”. Buenos Aires: s/d.
Rapoport, M. y Spigel, C. (2009). Relaciones tumultuosas. Estados Unidos y el primer peronismo. Buenos Aires: Emecé.
Reali, L. y Borba, M. (2022). “Herrerismos de posguerra: la lucha por el poder y el antiimperialismo”. En Broquetas, M. y Caetano, G. (coords.). Historia de los conservadores y las derechas en Uruguay. Guerra Fría, reacción y dictadura. Montevideo: Banda Oriental.
Rodríguez Ayçaguer, A. (2004). Entre la “hermandad” y el panamericanismo: el gobierno de Amézaga y las relaciones con Argentina. Parte I: 1943. Montevideo: Departamento de Historia Nacional, FHCE-Udelar.
Rodríguez Ayçaguer, A. (2024). Uruguay: entre las grandes potencias y los grandes vecinos. Escritos sobre historia de la política exterior uruguaya (1900-1945). Montevideo: Banda Oriental.
Rouquié, A. (1982). Poder militar y sociedad política en la Argentina. II: 1943-1976. Buenos Aires: Emecé.
Semán, E. (217). Ambassadors of the working class. Argentina’s international labor activists & Cold War democracy in the Americas. Durham: Duke University Press.
Serralta Massonnier, A. (2019). “El intento de cooptación del movimiento sindical uruguayo realizado por el peronismo (1947-1952)”. Revista Latino-Americana de História, 9(21): 213-230.
Sosa, A. (2019). “‘Libres’, ‘democráticos’ e ‘internacionalistas’. La Confederación Sindical del Uruguay en los años cincuenta”. Claves. Revista de Historia, 5(8): 94-122.
Spinelli, M. (2005). Los vencedores vencidos. El antiperonismo y la “revolución libertadora”. Buenos Aires: Biblos.
Urriza, M. (1988). CGT y ATLAS. Historia de una experiencia sindical latinoamericana. Buenos Aires: Legasa.
Zanatta, L. (2013). La internacional justicialista. Auge y ocaso de los sueños imperiales de Perón. Buenos Aires: Sudamericana.
1 Este artículo forma parte mi investigación doctoral, defendida en la UDELAR.
2 El Partido Colorado, gobernante en el período, se encontraba dividido en dos fracciones que se reivindicaban herederas de la tradición reformista y estatista de José Batlle y Ordóñez, el batllismo “quincista” bajo el liderazgo de Luis Batlle Berres y el “catorcista”, embarcado en un viraje conservador que lo distanciaba progresivamente de aquel reformismo. A ellos se sumaba una derecha colorada antibatllista, cuyo líder más importante era Eduardo Blanco Acevedo (blancoacevedismo). El opositor Partido Nacional estaba hegemonizado por el liderazgo de Luis Alberto de Herrera (herrerismo), y de él se había escindido en 1931 un sector que concurría a las elecciones bajo un lema distinto, el nacionalismo independiente, a su vez tensionado por esos años por disputas internas en torno a la oportunidad de procesar una reunificación del Partido Nacional. Cabe destacar que la reforma constitucional de 1951 creó un Poder Ejecutivo colegiado que, en funciones desde 1952, era de mayoría colorada, pero incluía un tercio de representantes del Partido Nacional como segunda fuerza política del país.
3 Ver: Raymond Herremans, representante diplomático belga en Uruguay, al ministro de Asuntos Exteriores Paul von Zeeland, 18/3/1953 (Nahum, 1999, p. 128).
4 Ver, por ejemplo: “Está paralizada la exportación de arena para la R. Argentina”, La Unión (Colonia), 18/3/1949, p. 1; “La desocupación”, El Municipio (Carmelo), 11/7/1950, p. 1
5 Según Loris Zanatta (2013) la diplomacia del trigo fue un instrumento del expansionismo peronista. La dependencia uruguaya de este grano tras una mala cosecha se disparó en 1946 y la escasez de harina generó un conflicto del gobierno con los panaderos que llevó a un lock-out y la aplicación de medidas prontas de seguridad (Iglesias, 2011).
6 Sobre el devenir del herrerismo en la posguerra ver: Reali y Borba (2022).
7 Este hecho era evidente para la embajada argentina, que informaba a la cancillería sobre el uso político del asunto del trigo por parte de la oposición al gobierno: Nota de la Embajada Argentina al canciller Gregorio Martínez, 4/5/1946, AHD-MRE, División Política, 1946, Caja 13, Expediente 1.
8 Las inquietudes del gobierno argentino respecto de la libertad de movimiento de los militares asilados en 1951 y la acción de otros exiliados fueron recogidas en un informe de la cancillería uruguaya durante la crisis de setiembre-octubre de 1952: Memorándum reservado y muy confidencial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay, 23/10/1952, Archivo del Museo Histórico Nacional, Fondo Andrés Martínez Trueba, Carpeta 3487.
9 Esto quedó consignado de forma minuciosa en los informes resultantes de una investigación de la inteligencia militar ordenada por Luis Batlle Berres durante su presidencia: Serie de informes del Servicio de Inteligencia del Ejército, fechados entre el 18 y 21/10/1948, AGN-LBB, Caja 149.
10 Sobre la CGTU ver Adrover (2020) y Serralta Massonnier (2019). La CSU ha sido estudiada por Álvaro Sosa (2019), mientras que la proyección continental del sindicalismo peronista ha sido abordada por Ernesto Semán (2017), Daniel Parcero (1987), Manuel Urriza (1988) y Claudio Panella (1996).
11 Ver: “El movimiento popular contra el totalitarismo expuso sus propósitos”, El País, 12/9/1952, p. 4. Sobre la inserción de esta organización o algunos de sus miembros en redes trasnacionales pueden encontrarse algunos indicios en la obra de Roberto García (2009, p. 76), Ernesto Bohoslavsky (2016, 2020), Bohoslavsky y Magdalena Broquetas (2019) y Jorge Nállim (2014).
12 “Cómo funciona La Escoba”, La Escoba, primera quincena de junio de 1953, p. 3; Movimiento Nacional La Escoba”, La Escoba, segunda quincena de junio de 1953, p. 3. Ver también la historia escrita por su líder, Omar Díaz (1991).
13 Actas del CNG, Sesión del 9/4/1954, pp. 6-7; “Fue clausurado el pasquín difamatorio ‘La Escoba’”, El Plata, 9/4/1954, p. 14; “Policía. Fueron remitidos otros integrantes del pasquín difamatorio”, El Día, 14/4/1954, p. 7; “Probó el Poder Ejecutivo que ‘La Escoba’ recibía subvenciones del extranjero”, Acción, 10/4/1954, pp. 5 y 10.
14 Esto estuvo marcado primero por la presión de la cancillería argentina para la interrupción de los vínculos diplomáticos uruguayos con la administración británica de las islas Malvinas (Actas del Consejo Nacional de Gobierno, Sesión del 30/10/1952), y por el fracaso posterior de la “misión Jude”, una embajada confidencial enviada por el gobierno uruguayo para negociar la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países y la reactivación del comercio (DSCS, Sesión del 13/4/1953, pp. 169-170). Durante el año 1953 ambos países retiraron sus respectivos embajadores aunque sin romper formalmente relaciones diplomáticas.
15 Para una síntesis de esta valoración del peronismo por el laicado católico vinculado al partido Unión Cívica, ver la serie “Porqué y para qué del ateísmo peroniano”, El Bien Público, 1 al 7/6/1955, p. 3.
16 “A bordo de un yate, frente a Colonia, se entrevistaron el 31, Batlle Berres y Borlenghi”, El Debate, 7/1/1955, p. 1; “Relaciones uruguayo-argentinas”, El Plata, 7/1/1955, p. 3.
17 “Una nota del gobierno argentino al nuestro”, El Plata, 7/5/1955, p. 2; “Fue entregada la respuesta uruguaya”, La Mañana, 20/5/1955, p. 3; “Y va de notas…”, Marcha, 17/6/1955, pp. 1 y 4; Actas del CNG, sesiones del 20/5/1955 y 15/6/1955.
18 “Ante la sangre argentina”, El Bien Público, 25/6/1955, p. 3.
19 “‘Yo vi caer las bombas sobre Buenos Aires’”, Justicia, 23/6/1955, p. 4. Los comunistas uruguayos, movilizados en repudio al golpe el 22 de junio, declararon su condena a los golpistas, a los que presentaban como parte de una coalición reaccionaria de militares, el imperialismo estadounidense y el Vaticano. Pero también responsabilizaban a Perón del clima de violencia generado en Argentina y por la atribución de la quema de iglesias a comunistas como pretexto para su represión (“En gran acto, nuestro partido expresó su solidaridad con el pueblo argentino” y “Sobre los sucesos en la Argentina”, Justicia, 23/6/1955, p. 1).
20 “Convivencia democrática o sometimiento a Perón”, El Sol, 6/7/1955, p. 5.
21 “El cáncer argentino no se cura con aspirinas”, El Sol, 3/8/1955, p. 5.
22 Nota de Mateo Marques Castro al canciller Santiago Rompani, 1/8/1955, AHD-MRE, Fondo Legaciones y Embajadas, Argentina-Confidenciales, 1955, Caja 1, Carpeta 7.
23 “Una multitud despidió los restos”, Acción, 17/9/1955, p. 3; “Sincera fraternidad rioplatense”, Acción, 18/9/1955, p. 6. Una cobertura detallada, en varias páginas y con fotografías, hicieron también los diarios El Día El Plata, El Bien Público y La Mañana.
24 Actas del CNG, Sesión del 19/91955.
25 “El capitán del “Alberto Dodero” explica su actuación en el movimiento revolucionario”, El Bien Público, 23/9/1955, p. 7.
26 “En Rivera detuvieron a exiliados”, Acción, 18/9/1955, p. 2.
27 Ver por ejemplo: “Sublevación militar en la República Argentina”, El Bien Público, 17/9/1955, p. 1; “Nueva teoría de ‘las fuentes responsables’”, El Bien Público, 18/9/1955, p. 5; “Al saber de la caída de Perón y su oprobioso régimen, el pueblo se lanzó a las calles, vivando a la libertad y a la Argentina”, El Día, 20/9/1955, pp. 7 y 9. Para comprender el rol de esta radio en el golpe y tener un panorama de las proclamas propaladas por ella, puede verse: Radio Base Naval Puerto Belgrano (1957).
28 “Texto de la proclama de los revolucionarios”, El Plata, 18/9/1955, p. 2.
29 “Un parte del Almirante Rojas por la emisora revolucionaria”, Acción, 17/9/1955, p. 9.
30 “Noticias captadas ayer, taquigráficamente, por EL DIA, desde CX32 de Montevideo”, El Día, 19/9/1955, p. 9.
31 “Las radiodifusoras uruguayas se convierten el factor importante”, El Bien Público, 20/9/1955, p. 2.
32 “La ANDEBU señala su objetividad ante apreciaciones desde B. Aires”, La Mañana, 19/9/1955, p. 4.
33 Actas del CNG, Sesión del 20/9/1955.
34 Este fue el tono, por ejemplo, del número especial dedicado por el diario Acción y la edición de El Plata del 19 de setiembre, cuando se anunció la renuncia de Perón (ver: “Ha renunciado el Gral. Perón”, Acción, 19/9/1955, p. 1; “Perón se habría suicidado”, Acción, 19/9/1955 (Edición extra), p. 1; “Triunfó la revolución. Cayó Perón”, El Plata, 19/9/1955, p. 1).
35 Para la reconstrucción de la saga de los cadetes me concentraré sólo en El Plata, que junto a Acción dedicó más notas al tema que otros medios, aunque su cobertura se dio en numerosos diarios de Montevideo y el interior del país.
36 “La llegada de los cadetes puso una nota tierna dentro del dramático panorama”, El Plata, 19/9/1955, p. 2; “Entre los diez y diecisiete años oscilan las edades de los cadetes”, El Plata,19/9/1955, p. 4; “Agradecidos al Uruguay”, El Plata, 19/9/1955, p. 20; “Instalan a los cadetes argentinos en la colonia de vacaciones de Piriápolis”, El Plata, 20/9/1955, p. 20. Deben destacarse también en relación a esto algunas notas de La Mañana, por la búsqueda de imprimirle una mayor carga emotiva: “‘Gina’ y los 273”, La Mañana, 19/9/1955, p. 4; “Raúl Oscar Laterrade celebró sus 14 años en la Escuela Naval”, La Mañana, 20/9/1955, p. 5.
37 “La Cruz Roja ha recibido miles de ofrecimientos para alojar a los menores”, El Plata, 19/9/1955, p. 4; “‘Corre por mis venas tanta sangre argentina como uruguaya’”, El Plata, 20/9/1955, p. 19.
38 “Magnífica despedida a cadetes y exiliados”, El Plata, 29/9/1955, p. 2; “En emocionante ceremonia, los cadetes rindieron homenaje al Uruguay”, El Plata, 29/9/1955, p. 6.
39 “Nada detiene al pueblo uruguayo en su magnífica expresión de auténtica democracia”, Acción, 19/9/1955 (Edición extra), p. 3; “Conmovió hoy al Uruguay la alegría del pueblo hermano”, Acción, 19/9/1955 (Edición extra), p. 12. Ver también: “Nuestra juventud en la calle”, Acción, 20/9/1955, p. 3; “Con desbordante entusiasmo vibró ayer el pueblo”, El Bien Público, 20/9/1955, p. 3; “Al saber de la caída de Perón y su oprobioso régimen, el pueblo se lanzó a las calles, vivando a la libertad y a la Argentina”, El Día, 20/9/1955, pp. 7 y 9; “Montevideo festejó como propio el triunfo de la revolución en la Argentina”, El País, 20/9/1955, p. 4.
40 “En el Ateneo de Montevideo, se rindió emotivo homenaje a la Revolución Argentina”, El Día, 24/9/1955, p. 10, Libro de actas del Ateneo de Montevideo, 26/9/1955, f. 1.
41 “Dos pueblos en la alegría del triunfo”, Acción, 26/9/1955, p. 16; “Los exiliados argentinos ofrecieron un emotivo homenaje al Uruguay”, El País, 26/9/1955, p. 4; “Una expresiva manifestación de confraternidad rioplatense” y “Marinos y exiliados argentinos luego de desfilar por 18 de julio, tributaron un homenaje a Artigas”, La Mañana, 26/9/1955, pp. 3 y 5; “Homenaje al Uruguay de los exiliados argentinos”, El Bien Público, 27/9/1955, p. 8; “La partida del ‘Cervantes’ dio motivo a escenas de honda emotividad”, El Plata, 27/9/1955, p. 16; “Reafirmación de la amistad de dos pueblos”, La Colonia (Colonia del Sacramento), 27/9/1955, pp. 8 y 4.
42 “En nuestra ciudad se celebró la toma de posesión del General Lonardi”, El Plata, 23/9/1955, p. 4; “En la alegría…”, Acción, 23/9/1955 (Edición Buenos Aires), p. 1.
43 “¡Peor que Rosas!”, El País, 22/9/1955, p. 5; “Un vuelco total”, El País, 25/9/1955, p. 5.
44 “Lección para las dictaduras”, El País, 28/9/1955, p. 5.
45 Varias de estas reflexiones fueron expresadas en el Senado: DSCS, Sesión del 21/9/1955.
46 “Asombran y conmocionan las riquezas dejadas por Perón”, Acción, 30/9/1955, pp. 1-2.
47 “Buenos Aires por dentro”, El Nacional, 22/10/1955, p. 3.
48 “El mito de Perón debe caer por la prueba y publicidad de sus crímenes”, El País, 26/9/1955, p. 4.
49 Entre ellas se destacó a Borlenghi, a quien se adjudicaba el desfalco de la Caja de Jubilaciones de Comercio: “El desfalco de la dictadura de Perón”, El País, 7/11/1955, p. 4.
50 “300.000 dólares…”, El Litoral (Fray Bentos), 1/10/1955, p. 3; “Otro ‘bluf’ del peronismo: la bomba atómica del profesor Richter”, La Unión, 18/10/1955, p. 6.
51 “Obreros argentinos nos hablaron del falso justicialismo peronista”, El País, 1/10/1955, p. 4.
52 “A 125 personas y 73 empresas comprende la interdicción de bienes peronistas”, El Plata, 12/12/1955, pp. 3 y 2; “Interdicción de capitales a los vinculados con los negociados de jerarcas peronistas”, El Plata, 28/12/1955, pp. 3 y 2; “Los amigos de Miranda”, El Ideal (Fray Bentos), 12/11/1955, p. 1.
53 “Humilde descamisado”, Litoral (Carmelo), 29/9/1955, p. 1.
54 Se trataba de un apartamento del ex gobernador de Buenos Aires Carlos Aloé, en torno al que se creó un halo de misterio y en el que se presumía que Perón realizaba reuniones secretas. “El misterioso escondite de Perón y Aloé”, La Unión (Colonia del Sacramento), 4/10/1955 (Sección especial), p. 6. Ver también: “Fue allanada la cueva secreta de Perón y Aloe”, Acción, 30/9/1955, p. 16.
55 “Disipación Neroniana – Fortunas fabulosas”, La Unión (Colonia del Sacramento), 4/10/1955, p. 5.
56 “Mientras resurge la Argentina de verdad”, El País, 2/10/1955, p. 4; “Asombran y conmocionan las riquezas dejadas por Perón”, Acción, 30/9/1955, pp. 1-2; “En casa de la amiga de Perón hallaron joyas por valor de $325.000 y $ 310.000 en efectivo”, La Unión (Colonia del Sacramento), 7/10/1955, p. 7; “Lo que va apareciendo muestra las lacras del régimen peronista”, La Unión (Colonia del Sacramento), 7/10/1955, p. 8.
57 “El abominable caso Perón”, El Sol, 5/10/1955, p. 1.
58 “La enseñanza en el régimen ‘justicialista’”, El País, 23/10/1955, p. 5; “Los partidos argentinos se multiplican”, El País, 19/10/1955, p. 5; “No se camina por Florida”, El País, 22/10/1955, p. 5; “Un habilidoso plan de recuperación democrática se cumple en la Argentina”, La Mañana, 3/12/1955, p. 3.
59 “¿Quiénes hicieron la Revolución Argentina?”, El País, 28/10/1955, p. 5.
60 “Nuestro gobierno afirma los propósitos de consolidar la confraternidad rioplatense”, El Plata, 29/9/1955, p. 16.
61 “Confraternidad argentino-uruguayo”, El Plata, 16/12/1955, p. 3.
62 “Argentinos contrarios a importar arena uruguaya”, La Mañana, 23/12/1955, p. 1.
63 “Fue secuestrado en Montevideo el ex juez peronista Rivas Argüello”, El Plata, 17/12/1955, p. 18; “Se supone que ha sido secuestrado otro ex diputado peronista”, El Plata, 22/12/1955, p. 18; “Confirman que se raptó a E. Rumbo”, Acción, 23/12/1955, p. 8; “La policía trabaja en el presunto secuestro del ingeniero Rumbo”, El Plata, 23/12/1955, p. 20; “Rivas Argüello habría sido secuestrado por un capitán de la marina mercante argentina”, El Plata, 20/12/1955, p. 16; “Hubo secuestro, afirma el Consejo de Gobierno”, La Mañana, 21/12/1955, p. 4.
64 Sobre el fallido secuestro de Colom, ver: “Hay que investigar los presuntos secuestros”, El Debate, 24/12/1955, p. 7. Herreristas y comunistas denunciaron la colaboración brindada por la policía uruguaya: “¡Secuestran argentinos en nuestro país!”, Justicia, 19/12/1955, p. 2; “En Buenos Aires se dice que para el secuestro del Dr. Arguello se contó con nuestra Policía”, El Debate, 20/12/1955, p. 7; “Los secuestros de los argentinos”, Justicia, 26/12/1955, p. 2.