La guerra de Malvinas desde Ushuaia. Un análisis histórico, a escala local, de las prácticas y representaciones sociales en torno a un conflicto bélico internacional1

The Malvinas war from Ushuaia. A historical analysis, at a local scale, of the practices and social representations around an international war conflict

Karin Laura Otero2

Resumen

Este artículo aborda la experiencia de la guerra de Malvinas focalizando en los procesos históricos del pasado reciente situados en la comunidad de la ciudad de Ushuaia. Analiza testimonios orales de protagonistas civiles de las movilizaciones bélicas de la última dictadura militar argentina (conflicto del Beagle, 1978, y Malvinas, 1982). Releva las prácticas y representaciones puestas en juego por distintos actores sociales durante los conflictos internacionales. Aborda los efectos de la guerra en los vínculos sociales de comunidades integradas por inmigrantes de distintas nacionalidades. Caracteriza el proceso local de construcción de las memorias sociales sobre el pasado próximo.

Palabras claves: guerra de Malvinas, historia reciente, historia local, memorias sociales, Ushuaia.

Abstract

This article addresses the experience of the Malvinas war focusing on the historical processes of the recent past located in the community of the city of Ushuaia. It analyzes oral testimonies of civil protagonists of the military mobilizations of the last Argentine military dictatorship (Beagle Conflict, 1978, and Malvinas, 1982). It reveals the practices and representations put into play by different social actors during international conflicts. It addresses the effects of war on the social ties of communities made up of immigrants of different nationalities. It characterizes the local process of construction of social memories about the near past.

Keywords: Malvinas war, recent history, local history, social memories, Ushuaia.

Tal vez mi recuerdo de esas horas nocturnas sea confuso porque se hace difícil descansar cuando sabes que en algún lugar de la oscuridad se acercan barcos cargados de hombres armados que vienen con la intención de tomar el lugar donde vives, y que por la mañana tu mundo va a cambiar, aunque no sabes de qué manera.

John Fowler

Introducción

En las últimas décadas, el campo de estudios de la historia reciente argentina se encuentra en un proceso sostenido de expansión y consolidación. Las investigaciones relativas al pasado próximo de nuestras sociedades se han focalizado en temáticas y problemas vinculados, en particular, tanto a las lógicas como a los efectos de las políticas del terrorismo de Estado. A su vez, los temas e interrogantes sobre el período se han diversificado en diálogo con los debates políticos y sociales contemporáneos (Franco y Levín, 2007; Pittaluga, 2017; Águila et al., 2018; Carnovale, 2018; D’Antonio y Eidelman, 2018; Levín, 2020).

En este marco, las producciones académicas que indagan y tematizan sobre la guerra de Malvinas muestran un proceso gradual de desarrollo y renovación en lo relativo a las temáticas y a sus abordajes teóricos y metodológicos, lo que evidencia la constitución de un área o subcampo de estudios sobre el pasado reciente. Dicho proceso está necesariamente atravesado por los debates político-ideológicos de las últimas décadas, la reelaboración de las memorias colectivas sobre los pasados traumáticos y las distintas lógicas institucionales que atañen a la investigación social en la Argentina (Guber, 2004, 2017; Lorenz, 2011, 2021; Rodríguez, 2017, 2020; Tato y Dalla Fontana, 2020).

Dentro de este escenario, el abordaje de la historia reciente de Tierra del Fuego constituye un área vacante y de muy incipiente desarrollo. Los estudios que utilizan enfoques regionales y locales han dado cuenta de un modo aún fragmentario de los procesos sociales de la Patagonia austral. Las intersecciones entre los procesos históricos nacionales y sus especificidades situadas constituyen un espacio a ser explorado; los diálogos posibles entre los grandes relatos estatal-nacionales y los análisis a escala regional/local pueden abrir preguntas respecto de las periodizaciones, las experiencias y la capacidad de agencia de los sujetos, las representaciones y memorias construidas, entre otros tópicos (Bandieri, 2015, 2020; Bohoslavsky, 2018; Favaro, 2005; Jensen, 2010; Lorenz, 2006, 2013).

El objetivo del presente trabajo es indagar en la experiencia social de la guerra de Malvinas, focalizando en la comunidad de la ciudad de Ushuaia. Nos interesa, en particular, reconstruir las prácticas y las representaciones puestas en juego por distintos actores sociales durante el conflicto internacional. Ello requiere relevar las actitudes que –sostenidas en pensamientos y/o valoraciones afectivas– fueron desplegadas por los sujetos en sus vidas cotidianas durante el año 1982, considerando la reelaboración de la experiencia previa, de 1978, ligada al conflicto del Beagle. Nos interrogaremos, entonces, respecto de qué características específicas adquirió el proceso histórico a escala local.

Enfoque teórico-metodológico

Con la finalidad de abordar el problema aquí delimitado –el análisis de un conjunto de prácticas y representaciones que puedan dar cuenta de la experiencia social de la guerra en una localidad patagónica–, apelamos a distintas herramientas conceptuales propias de la historia social en clave regional/local. Esta perspectiva historiográfica tiene un largo recorrido de producción y debate epistemológico en torno a la categoría de escala, sostenido en diálogo con los desarrollos del microanálisis social, en la tradición de annales y de la microhistoria italiana. Según Sandra Fernández, aquellos abordajes

… encarados desde análisis exhaustivos de casos, no son referentes anecdóticos de un pasado más remoto o más cercano, ni tampoco son investigaciones parciales que no disponen de un contexto de comprensión significativo; por el contrario, ellos hacen que la Historia –en tanto que disciplina por excelencia del contexto– subraye la potencialidad de la representatividad del caso en la comprensión del todo, la interpretación de la particularidad para esbozar un plano general, la explicación de lo singular para la complejización de la totalidad (2007: 44).

Esta posición no se reduce al estudio de pequeños escenarios –una localidad, un poblado– a fin de confirmar o contrastar en la casuística los postulados de teorías generales o de los procesos macrosociales. Por el contrario, se trata de analizar “determinados problemas, acciones, conflictos o experiencias en la localidad” (Pons y Serna, 2007: 23). Los procedimientos de contrastación con marcos más generales habilitan a explorar aquellos rasgos o características que constituyen la especificidad de un objeto (Pons y Serna, 2002: 125). De este modo, la variación de escala adquiere en sí misma una potencialidad interpretativa: “… es un procedimiento analítico que puede ser aplicado en cualquier lugar independientemente de las dimensiones del objeto analizado” (Levi, 1993).

En el campo de estudios de la historia reciente, se ha ido fortaleciendo progresivamente el abordaje regional/local, apelando en particular al uso crítico de lo que Jacques Revel denominara “juego de escalas” (2015 [1996]). Se asume el desafío de construir procedimientos que articulen dimensiones locales, nacionales, regionales y globales que habiliten la posibilidad de comparar procesos, descubrir nuevos sujetos, periodizaciones y problemas (Jensen y Águila, 2017). Finalmente, la voluntad de sostener como objetivo central la elaboración de relatos generales y abarcadores que puedan dar respuesta a preguntas complejas sobre el pasado cercano sirve de encuadre para los usos y apropiaciones de las miradas microanalíticas (Jensen, 2010; Águila, 2015; Seitz y Rodríguez, 2017).

Intentar dar cuenta de una experiencia social específica, temporal y espacialmente situada requirió la búsqueda de testimonios de personas que, radicadas en Ushuaia en los años setenta, accedieran a ser entrevistadas. Los testimonios obtenidos, en calidad de fuentes orales, son la expresión de una relación dialógica; en este sentido, el rol del/la investigador/a no es relevar la memoria y sus expresiones verbales, sino “… provocarlas y, literalmente, contribuir –con su presencia, sus preguntas y sus reacciones– a crearlas” (Portelli, 2016: 69).

De un universo de trece testimonios, seleccionamos cinco para ser analizados en este trabajo. Se tuvo en cuenta que los/las entrevistados/as hubieran permanecido en la ciudad de Ushuaia durante los días que duró el conflicto, desempeñando sus tareas habituales. En aquel momento, una de las personas entrevistadas se desempeñaba como personal civil en la Base Naval, otra era biliotecaria y docente en escuelas secundarias, y otra era docente en escuelas primarias. En los otros dos casos, se trata de personas que eran niños o adolescentes en ese período.3

Es posible enmarcar este abordaje dentro del conjunto de estudios que analizan el comportamiento y las actitudes de la “gente corriente” –“ciudadanos comunes”, “gente de a pie”– durante la dictadura; se alude, por la negativa, a aquellas personas que no ocuparon posiciones de mando, roles jerárquicos o directivos en instituciones, funciones gubernamentales, liderazgos destacados, entre otras (Lvovich, 2017, 2018; Luciani, 2009; Seitz, 2015). Consideramos que es a través de las representaciones sociales y subjetivas que las actitudes y las prácticas son pensadas y reelaboradas en el ámbito de la vida cotidiana.4

En esta línea, el análisis de testimonios orales habilita a interrogarse respecto de los diferentes niveles de memoria y su articulación en torno a las representaciones que los sujetos históricos logran construir sobre su propia experiencia. A partir del testimonio oral se despliega –en una tensión productora de nuevos sentidos–, la interioridad y la exterioridad, la subjetividad y la historia, el espacio social y las instituciones; allí radica su potencial para el proceso de construcción de las memorias sociales y de su inscripción en las tramas de los saberes académicos (Jelin, 2017).

Ushuaia, del Beagle a Malvinas

En el período correspondiente a la última dictadura cívico-militar argentina, la sociedad de Tierra del Fuego se vio afectada por dos episodios bélicos de distinta envergadura: el conflicto limítrofe por el canal Beagle –soberanía en disputa sobre las islas Lennox, Picton y Nueva– y la guerra con Gran Bretaña en las islas Malvinas (1982). En ambos procesos, el territorio fueguino se constituyó en una zona clave del teatro de operaciones.5 La posibilidad de una guerra con Chile –finalmente evitada por la mediación del Vaticano en diciembre de 1978– implicó el despliegue logístico y la ocupación militar efectiva de las ciudades y las zonas rurales (Van Aert, 2016). A la presencia habitual de la Marina, característica del proceso de ocupación estatal de este territorio nacional (desde 1884, Subprefectura Marítima en Ushuaia; y desde 1947, Batallón de Infantería de Marina 5 en Río Grande), se sumaron los operativos de defensa llevados a cabo por militares profesionales y soldados conscriptos, que transformaron la vida cotidiana de la sociedad en su conjunto. A su vez, ningún habitante quedó exento de participar en las tareas de defensa civil –acopio de mercaderías, aprestamiento, oscurecimiento de los hogares, formación de cuadrillas urbanas, localización de refugios–, a fin de responder a las exigencias de un Estado al borde de la guerra. Los restos materiales del conflicto del Beagle son todavía observables en Tierra del Fuego: carcazas de cañones, carteles indicadores de zonas minadas y trincheras y refugios en el bosque constituyen sus huellas tangibles y documentan su cercanía temporal (Groh, 2015).

En el momento de desencadenarse la guerra en 1982, la sociedad fueguina contaba con aquellas experiencias y saberes acumulados de la situación prebélica de 1978. Los sentimientos de exaltación y euforia nacionalistas vinculados a la recuperación de las Islas –característicos de las manifestaciones populares en los grandes centros urbanos del país–, si bien estuvieron presentes, fueron matizados y atravesados, a escala local, por los temores e incertidumbres asociados a las memorias traumáticas de aquel pasado cercano (Lorenz, 2013; Gutiérrez y Rodríguez, 2021). En los setenta y cuatro días que duró el conflicto internacional, la población debió nuevamente movilizarse para la defensa civil ante los requerimientos de las autoridades, a la vez que se transformaba en testigo directo de algunos episodios significativos (un caso relevante lo constituyó el retorno a Ushuaia de los náufragos del hundimiento del crucero ARA Gral. Belgrano).6

En este punto, es preciso explicitar que nos referimos a Tierra del Fuego y a Ushuaia como territorios de frontera. En el sentido definido por Bandieri, las diferencias entre límite y frontera radican en

… el primero implica una separación lineal de jurisdicciones bajo distintas soberanías, la segunda involucra una concepción de espacio social, donde las comunidades involucradas no necesariamente responden a la necesidad de los Estados nacionales de afirmar sus soberanías nacionales en los límites del territorio (2007: 51).

De este modo, las distintas formas de interacción social son las que posibilitan definir un ámbito espacial específico y una temporalidad, constitutivos de la categoría de “región” (Bandieri, 2018). Desde esta perspectiva, es posible contextualizar los modos en que las disputas interestatales respecto de los límites políticos –que tanto en el conflicto por el Beagle como en Malvinas se tradujeron en situaciones de movilización y/o enfrentamiento bélico– impactaron sobre un conjunto de vínculos sociales y procesos de integración específicos de la Patagonia austral.

Algunas voces

En primer término, introduciremos un marco referencial a fin de contextualizar el proceso de construcción de las entrevistas. Entre 2018 y 2019, durante la etapa inicial de ejecución del proyecto de extensión Espacio Malvinas (SPU-UNTDF), se realizaron en Ushuaia nueve entrevistas registradas en soporte audiovisual con la finalidad de constituir un fondo documental de acceso público para el museo Pensar Malvinas, sito en la misma ciudad.7 Por otra parte, en el marco del proyecto de investigación “Historias de ausencias…” (PID-UNTDF) se registraron otros cuatro testimonios durante el año 2021.8 Se trata, como ya hemos señalado, de un conjunto seleccionado como expresión de la “gente corriente”, personas cuyas vidas se vieron atravesadas y conmovidas por acontecimientos históricos específicos.

En el momento de desencadenarse la guerra de Malvinas, Cristina –que había sido bibliotecaria en la Base Naval y se desempeñaba como docente en escuelas secundarias–, Ana –que se desempeñaba como docente del nivel primario– y José –un trabajador civil de la Base Naval a cargo de un depósito de suministros– tenían entre veintiséis y treinta y dos años de edad. Como la mayor parte de la población adulta de Tierra del Fuego en aquel período, eran trabajadores/as jóvenes, migrantes de distintas provincias argentinas. Por su parte, Diana y Marcos, que en 1982 tenían diez y catorce años respectivamente, habían nacido en Ushuaia e integraban familias en las que padre y madre pertenecían también a la clase trabajadora.9

A fin de organizar el análisis de los testimonios, delineamos tres ejes temáticos, que consideramos permiten estructurar la construcción de las memorias sobre la experiencia de guerra: los cambios en la vida cotidiana, la transformación de los vínculos comunitarios y el hundimiento del crucero ARA Gral. Belgrano.

Diana: ¿Qué recuerdo de Malvinas? Poco, en realidad, tengo muchos más recuerdos del conflicto previo por el canal de Beagle. Recuerdo que en mi infancia éramos muy pocos, pocos. […] Yo iba a la escuela, estaba cerca de mi casa, la vida era normal; en las escuelas y en tu casa se hacían los ejercicios de oscurecimiento, de protección debajo de los bancos […] sonaba la sirena, se apagaban las luces y te tenías que esconder debajo de algo, eso podía durar toda la noche, podía durar un rato porque en realidad era como una manera de entrenar a la población. Y mi viejo, el otro día me relataba […] Ahí, yo tengo una confusión, él me decía que fue para Malvinas, y es probable que así fuera, que él formaba parte de grupos civiles en el barrio, y que, en caso de bombardeo o desembarco, tenían en el bosque zonas pintadas, marcando refugios, y me decía: “¡Yo pinté! Era jefe de cuadrilla, ¡cómo no te vas a acordar!”. Y yo no me acuerdo, lo tengo borrado Malvinas, no sé por qué.

Marcos: En el 82 había como un clima festivo, […] como una algarabía adolescente, impensada, […] imaginate, le hicimos algo a estos tipos, las Malvinas volvieron a ser argentinas. Ese día, mi vieja me levantó y me dijo: “Tengo algo que contarte”, […] y me dijo que habían echado a los ingleses de Malvinas. Era un 2 de abril con sol, raro, pero había sol. Yo agarré las cosas y ni llegué al colegio, […] la gente estaba en las calles y nos invitaron a festejar en la plaza Piedrabuena, se cantó el himno y la verdad es que había como un clima festivo, yo nunca lo había visto salvo cuando se ganó el mundial 78, la gente en las calles con banderas. […] Como en la guerra del 78, vos escuchabas radio Magallanes de Chile, no me olvido más; la radio se llamaba “Siete mares”, y escuchábamos lo que decía la radio Magallanes, que era muy distinto a las noticias que venían en la revista Gente, La Semana, Siete días. […] Decían que la Argentina había hecho una locura, que los ingleses iban a llegar y que iban a recuperar Malvinas. Y nosotros nos enojábamos mucho, yo tenía catorce años y quizás ese momento fue más cruel por las circunstancias del barrio en que vivía; muchos trabajaban en la Base, mi vieja estaba todo el día ahí porque tenía que ayudar en el hospital, había oscurecimientos, su función diaria, que era lavar ropa… no, no era ya lavandera, tenía que estar ahí, en el hospital.

Cristina: En el 82, en Ushuaia estaba muy organizada la población para la defensa civil, había toques de queda, oscurecimientos, era angustiante, cartones en las ventanas, poca luz en las casas. Se sentía lo raro de la situación. […] comparado con el 78, no hubo tantos militares; con lo del Beagle era como estar en una gran base naval, parecía una ciudad tomada […]. Recuerdo cuando empezó el conflicto el 2 de abril, yo estaba trabajando, fuimos a la plaza Piedrabuena y allí hubo una manifestación popular, como de alegría porque pensábamos que se habían recuperado las islas Malvinas. Los chicos del colegio, mucha gente, cantábamos el himno […]. No nos imaginábamos que tres meses después iba a ser el desastre que fue.

José: Se desencadena todo este tema del conflicto con las Malvinas, empezó una serie de preparativos para la misma gente de la ciudad […] porque decían que iba a haber ataques aéreos a la noche, y sonaban las sirenas; bueno, todas esas situaciones en que uno estaba en permanente tensión, tanto es así que un día vino un camión y puso un cañón con una ametralladora antiaérea en la puerta, […] como apuntando al monte Cinco Hermanos. Vino un oficial, o dos, y nos dieron a los que trabajábamos ahí –que éramos, si no recuerdo mal, cuatro varones y una señorita que hacía la parte administrativa–, bueno, nos dieron un mini curso de cómo teníamos que meter la bala, y el otro que ayudaba en caso de un ataque aéreo. Nunca lo usamos, pero estaba ahí. Iban transcurriendo los días y se iba acentuando más el tema de los ejercicios. En un primer momento, nadie pensaba que los ingleses se iban a atrever a cruzar todo el Atlántico para llegar a las islas Malvinas, pero vimos que, bueno, nos equivocamos.

Ana: Para Malvinas, recién me había casado. Por un lado, me parecía una locura, pero por otro te dejabas arrastrar […] Yo venía de una guerra no procesada de la que no podía hablar y termino con otra encima. […] Cuando se declara la guerra con Chile, todos mis alumnos eran chilenos o hijos de chilenos […] Era un lugar que iba a ser atacado y fulminado, iba a haber una guerra, iban a caer bombas, y estábamos todos juntos, los que supuestamente estaban de un lado y del otro, íbamos a morir todos juntos, por algo que no habíamos decidido.

A partir de estos fragmentos, es posible caracterizar algunos de los rasgos de la “brecha experiencial” (Lorenz, 2013: 111) de la sociedad ushuaiense respecto de la guerra.10 En los relatos, los recuerdos se sobreimprimen en un juego entre las distintas capas de memoria (Jelin, 2017: 258); una experiencia más cercana –Malvinas– es resignificada a partir de aquella más lejana en el tiempo –la “guerra” con Chile–; y en la reflexión sobre este pasado se trama un diálogo entre los recuerdos individuales y los procesos sociales atravesados por toda una comunidad. Las valoraciones posteriores –resultado de información empírica a la que no se tenía acceso o para la que no estaban dadas las condiciones de escucha– son también efecto de las disputas simbólicas en torno a Malvinas del período posdictatorial a escala nacional (Guber, 2001) y dejan en evidencia tanto los silencios como la diferente intensidad en la rememoración (Traverso, 2011).

En un nivel microsocial, las políticas de defensa –del gobierno nacional y de la gobernación fueguina– se materializaron en acciones cotidianas y concretas, lo que dio lugar a un conjunto de prácticas que, en función de la repetición, se automatizaron: oscurecer las ventanas a cierta hora, correr si suena la sirena, etc. Se observa, entonces, una cierta rutinización de lo extraordinario en función de la preparación para la guerra. Por otra parte, las tareas habituales –concurrir a la escuela o al trabajo, reunirse, escuchar noticias en la radio, leer revistas– estuvieron atravesadas por sentimientos contradictorios: la alegría y el fervor en clave patriótica, un clima de angustia e incertidumbre, el enojo ante las críticas al desembarco en las islas, la amargura por el sinsentido de otra guerra. Las claves actuales de interpretación son las que cada sujeto pone en juego en el análisis de su propia vida, algo que puede entrar en tensión con las memorias más extendidas sobre Malvinas.

En segundo lugar, seleccionamos los relatos en los que se tematizan los efectos que los conflictos bélicos tuvieron sobre los lazos comunitarios y la convivencia cotidiana.

Marcos: Es como un desafío al tiempo, no sé por qué, pero yo recuerdo mucho más el 78 que el 82. Mamá laburaba desde temprano y me dejaba al cuidado de una familia que era chilena; es más, en mi barrio eran todos chilenos. Yo vivía en una especie de pensión y, ya de grande, le decía las “Naciones Unidas” porque la única argentina era mi mamá. Eran chilenos, italianos, españoles y polacos, pero la mayoría eran chilenos, era toda gente chilena. Así que lo del 78 fue mucho más, cómo se puede decir, no hubo tiempo de festejo, fue mucho más lastimoso porque el rumor de guerra influía en lo habitual, no era que te peleabas contra los gringos, contra los ingleses que estaban cerca pero lejos; los chilenos eran parte de acá, entonces, como que de repente iba a haber un conflicto, así que era mucho más tenso para mí. […] En el 78 apresaron por “espía” a Juancito, el hijo del matrimonio dueño de “El hornero”, un quiosco de revistas. La gente acá estaba muy enojada, ¿cómo van a apresar a Juancito? Ese hecho me lo acuerdo como un altercado serio y muy triste; o los chilenos que se tuvieron que ir por no tener los papeles […] Desde los 13 años siempre me gustó el rugby; empecé en el 82 a ir a mi club, el Ushuaia Rugby Club. La tripulación del rompehielos Endurance jugó un partido con mi club, días antes del 2 de abril. Acá, en la cancha del polideportivo, yo fui a ver el partido, que se reeditó treinta y algo de años después, y jugamos, jugaron contra esos ingleses, con absoluto respeto, y eran soldados, eh, y días después sucede lo que sucede en las islas Sandwich y Georgias […] Muchos chicos de acá de Ushuaia decían “este es malvinense”, no inglés; el problema no eran los malvinenses, los kelpers, el problema, nuestro problema era contra la corona británica, contra el Estado, Margaret Thatcher; por eso te decía que nosotros sabíamos, el tema Malvinas estaba presente […] Recuerdo que en el viaje de egresados de séptimo grado fuimos a la misión salesiana y había estudiantes ingleses de Malvinas. Para nosotros eran bichos raros, pero jugábamos al futbol con ellos, no había agresión; pero la Corona británica era como mala palabra, a pesar de que escuchábamos Led Zeppelin y Pink Floyd. Pero eso era otra cosa, el gobierno no.

José: Yo venía de Puerto Belgrano, muy recientemente había pasado lo del Beagle y […] teníamos ideas encontradas para con los chilenos, al menos para mí. Cuando vine a la Base, acá de Ushuaia, me llamó poderosamente la atención –porque yo me había enterado de que habían sacado chilenos de acá y los habían mandado a Chile–, yo me encuentro en el galpón con un chileno, hoy un antiguo poblador, lo quiero mucho a Don Quique […], ¿cómo un chileno dentro de la Armada?, tanto es así que los cañones de Monte Gallinero los habían sacado hace poco, los de Almanza también, yo venía con eso, con lo del Beagle. Nunca pensé que podía armarse lo que se armó para Malvinas, además éramos muy poquitos, seis mil habitantes creo que éramos para esa época. […] Rusia se ofreció a ayudarnos y no quisieron, cosa que Estados Unidos no, y los chilenos tampoco.

Ana: […] Esto no me involucraba como con los chilenos [vecinos y alumnos], porque escuchar la discusión de que los espías chilenos beneficiaban a los británicos era algo tan lejano para mí. […] Los británicos son como los chilenos y los argentinos…, pero estabas desvinculada de lo humano, no tenías contacto como para dimensionarlo […] Importaban las Malvinas, yo no me podía imaginar que había mujeres ahí, que habían sufrido como locas.

Nos interesa destacar algunos de los elementos que, consideramos, pueden expresar las tensiones y desacoples entre las representaciones subjetivas de las experiencias y los idearios más generales sostenidos desde las políticas estatales en clave nacionalista. Para poder analizarlo, debemos retomar la caracterización del territorio fueguino como “frontera”, como espacio social. A lo largo de gran parte del siglo XX, la población extranjera superaba en número a la argentina nativa, una tendencia que recién comienza a revertirse hacia los años sesenta. En la década del setenta, el total de los extranjeros alcanzaba casi el 40% de la población; la mayoría eran de nacionalidad chilena. La integración entre nativos e inmigrantes se evidenciaba en su incorporación plena a las actividades económicas y sociales (Horlent, 2018).11

A su vez, la región patagónica austral se hallaba integrada a través de lazos económicos, sociales y culturales que articulaban a Ushuaia, Chiloé y Punta Arenas (Chile), Río Grande, Río Gallegos y Malvinas desde mucho tiempo antes de la conquista estatal nacional (Luiz y Schillat, 1997; Pierini y Beecher, 2012; Pierini et al., 2017; Bascopé, 2018; Bandieri, 2020). Por otra parte, tanto la presencia de las misiones anglicanas como las salesianas destacan en las políticas de colonización; algunas de las primeras familias británicas radicadas descienden de aquellos pastores, provenientes de las islas Malvinas.

En este contexto histórico más amplio arraigan las distintas prácticas sociales a las que refieren los/las entrevistados/as: crianza y cuidado de niños/as, amistades, escolarización, trabajo, entre otras. En la vida comunitaria y cotidiana se incluían colectivos de distintas nacionalidades (Fernández y Malizia, 2017): los trabajadores chilenos en actividades privadas e instituciones estatales –Base Naval, por ejemplo– o algunos jóvenes malvinenses en las escuelas. Respecto de los habitantes de las Islas, las políticas gubernamentales argentinas de inicios de la década del setenta habían propendido a reforzar la integración.12 En el testimonio de Marcos, las diferencias culturales respecto de los británicos –aun siendo soldados del HSM Endurance– o de los estudiantes malvinenses son resignificadas a partir del deporte y la música. La distinción entre colectivos nacionales y Estados es formulada de un modo tajante y se manifiesta en el rechazo al imperialismo simbolizado en la figura de Margaret Thatcher.

Respecto de la colectividad chilena, las consecuencias inmediatas de los conflictos bélicos fueron la sospecha (espionaje), la persecución (encarcelamiento) o los exilios (deportaciones). Las Fuerzas Armadas y de Seguridad localizadas en Tierra del Fuego cumplieron allí una función de amedrentamiento y punición. A la construcción del “enemigo externo/interno”, propio del conflicto de 1978, se agregó la figura del “colaborador” con los intereses británicos en 1982, como consecuencia de la política que asumiera la dictadura de Augusto Pinochet durante la guerra. Ante la artificialidad de los límites políticos interestatales, se reforzó el carácter represivo de su imposición.

Por último, se destaca un acontecimiento en particular: el hundimiento del crucero ARA Gral. Belgrano y la llegada de los náufragos a la ciudad, formulado como una marca local específica y articulado simbólicamente con la finalización de la guerra.

Diana: Recuerdo en la ciudad, en sí, poca gente viviendo el conflicto; recuerdo fugazmente que cuando pasó lo del Belgrano no pudimos llegar al puerto; a mi viejo, que quiso llevarnos, no lo dejaron pasar.

José: Vivimos la llegada del Belgrano, que estuvo amarrado en el muelle de la Armada varios días, hasta que zarpó para las Malvinas, nadie, yo nunca me imaginé que iba a pasar la tragedia que pasó, más en las circunstancias que las investigaciones dijeron, que estaba fuera de las doscientas millas, así que vivimos todo […] La vivimos como una zarpada más, como les digo, nadie pensó… Igual estaban acá tres o cuatro destructores que eran el Espora, el Bouchard, el Seguí, que eran los que le hacían de apoyo al Belgrano. […] Y bueno, el 5 de mayo fue que entró el primero de los destructores con gente del Belgrano […] que trajo los primeros chicos, que venían algunos semidesnudos, muy manchados con petróleo, lastimados algunos, con principio de hipotermia, los cargaron en unos colectivos ahí en el puerto. A nosotros ya nos habían dado la orden de buscar todos los elementos como para proveer a esta gente, les dimos unas zapatillas de lona blanca, tipo Pampero, un par de medias, un calzoncillo, una musculosa, […] ¡y nada más! Un cartón de cigarrillos a algunos les dábamos, el que quería, no? Pero no tuvieron tiempo de higienizarse ni nada […] Los embarcaron en aviones que los llevaron al aeropuerto de Comandante Espora en Bahía Blanca, de ahí los cargaron en colectivos que los llevaron a la Base de Puerto Belgrano, […] pero todo como muy escondido. Fueron dos días seguidos.

Cristina: La población no podía ir al puerto y ver descender a los náufragos […] me parece una cuestión de respeto por esa gente que no estaba en las mejores condiciones. Algunos fueron trasladados inmediatamente al Hospital Naval […] Cuando se supo la noticia, llamaba al hospital gente de todas las provincias, muchos del norte –Salta, Jujuy–, preguntando por sus familiares; habían buscado en la guía, lloraban desesperados.

Marcos: Creo que fue como que la guerra se terminó el 2 de mayo cuando se fue el Belgrano, cuando lo hundieron, porque el Belgrano era como otros barcos, cuando llegaba con tanta gente […] la vida de la ciudad cambiaba, en otra comparación era como cuando venía un barco de la línea C italiana, traía dos mil pasajeros, imaginate, era como la mitad de la población. Cuando se enteraron de que habían hundido al Belgrano fue un golpe muy fuerte, imaginate, y después empezaron a llegar los sobrevivientes y los cadáveres […] y uno iba tomando dimensión de las cosas; me acuerdo que empezaron a tapar las ventanas de la casa de gobierno, y fue todo como muy raro, muy triste, muy extraño. Yo no recuerdo que hayan prohibido transitar por la Maipú, porque estábamos con mis amigos. Aquello que decía la radio extranjera era como que al otro día se comentaba lo que había dicho la radio Magallanes, el cachetazo fue el Belgrano.

El episodio del hundimiento enlaza en los testimonios la dimensión más traumática de la guerra a escala local. Por una parte, el buque representa aspectos de la cotidianeidad de Ushuaia, como ciudad capital y puerto marítimo de Tierra del Fuego. La recalada del Belgrano en tiempos de paz era un acontecimiento esperado y vivido con alegría por la población en general. El ataque ilegal –por fuera de las 200 millas de exclusión–, como episodio bélico, ejerce un efecto sorpresa que aparece significado en los testimonios como algo inesperado e inimaginable: el advenimiento de lo real de la guerra, sus sobrevivientes y sus muertos. La intranquilidad, los temores o la angustia que podían haber provocado los ejercicios para la defensa civil se desdibujan en su magnitud ante un acontecimiento que deja sin palabras; faltan recursos simbólicos para tramitar esa experiencia. Las imágenes que rodean el acontecimiento –la vulnerabilidad de los cuerpos, el frío, la ayuda mínima y desesperada– traducen prácticas de afecto y solidaridades sociales. No se trata solamente de cumplir órdenes –tampoco en el caso del trabajador naval–, sino de acudir ante la urgencia, lograr ver y recibir a los náufragos. La necesaria rapidez del operativo –el rescate, la atención médica y la evacuación de los sobrevivientes– no impide a los testigos interrogarse acerca de si hubo una política de ocultamiento por parte de las autoridades navales.

Este acontecimiento singular puede ser inscripto en las memorias de la guerra y reelaboradas en cada testimonio como una fractura en el orden cotidiano. Todo lo que el despliegue bélico había modificado durante los primeros treinta días del conflicto podía ser resignificado en función de la experiencia social vinculada al proceso de 1978. Sin embargo, las consecuencias locales del ataque al crucero operan como un hiato que alterará luego la periodización del conflicto. En este sentido, aparece resignificado al punto de otorgársele el valor de último episodio de la guerra de Malvinas en Ushuaia. Finalmente, opera como una transición traumática (Pollak, 2006) que, al interpelarnos, posibilita la reflexión conjunta y, tal vez, la reconstrucción de los vínculos quebrados por la guerra.

Conclusiones

En este trabajo planteamos una aproximación cualitativa al problema de la experiencia de la guerra de Malvinas en Ushuaia. Para ello contamos con las herramientas conceptuales de la historia social, desde un enfoque regional y local. Los testimonios, producidos en situación de entrevista, requirieron la voluntad y la generosidad de quienes quisieron compartir sus recuerdos e interrogantes sobre aquel pasado, desde nuestro presente. A partir del análisis de los testimonios intentamos dar cuenta de la complejidad de un espacio social, la zona en la que se articula lo subjetivo de cada experiencia con los procesos colectivos extensos. Las vivencias individuales enlazan con procesos sociales más amplios; cada entrevistado/a construye las representaciones desde las que analiza lo vivido, a la vez que procesa las emociones y los afectos que le despierta la evocación del pasado.

Los distintos niveles de memoria y sus intensidades permiten expresar la tramitación de experiencias históricas traumáticas; el saber social producido en Ushuaia a partir del conflicto del Beagle posibilitó afrontar la nueva situación bélica vinculada con Malvinas. En este sentido, un abanico extenso de prácticas concretas y ya conocidas se pusieron en funcionamiento para afrontar la nueva guerra; lo extraordinario y sorpresivo –la posibilidad de invasión y bombardeo– fue asumido y rutinizado mediante el despliegue de acciones concretas: oscurecer, refugiarse, controlar. Sin embargo, en cada episodio los vínculos sociales habituales fueron conmocionados y los lazos de convivencia comunitaria dañados. En la región de frontera austral, de la que la sociedad ushuaiense era parte, las prácticas de integración social, económica y cultural excedían largamente la fijación de límites políticos precisos. En este contexto, las políticas dictatoriales de construcción de un enemigo, fuera y dentro del país –la nación limítrofe en pie de guerra y sus migrantes radicados en Tierra del Fuego–, se materializaron en persecuciones, encarcelamientos y exilios sobre los habitantes de origen chileno; el dolor y la impotencia asociados a aquella situación están presenten en los relatos. A su vez, el apoyo del gobierno de Chile a la intervención británica en 1982 resituó a los migrantes en una posición de sospecha y peligrosidad (espionaje, colaboración, etc.), en tensión con todas las otras formas de relación que se habían mantenido durante casi un siglo (trabajo, amistad, vínculos familiares).

Por su parte, observamos que Malvinas, como causa presente, convocaba la alegría de la recuperación junto con los temores asociados a la guerra. A escala local, la cercanía de las islas excedía lo geográfico; existían relaciones históricas entre sus habitantes y los de Tierra del Fuego. La historia de la ocupación de Ushuaia en particular se vincula con las misiones anglicanas provenientes de Malvinas. La soberanía estatal argentina se emplaza sobre el reconocimiento, por parte de los misioneros ingleses, de la legitimidad pretendida por la Armada sobre estos territorios y sus habitantes originarios. Destacamos aquí que las políticas de entendimiento e integración de la década del setenta del siglo XX conllevaron la consolidación de los vínculos fluidos entre la sociedad fueguina y los/las isleños/as. Nuevamente, aparece significada en algunos de los testimonios la diferencia entre la nación y el Estado: la aceptación de la presencia de estudiantes de las islas, la voluntad de integración y el sostenido rechazo a las políticas imperiales.

Por último, los desafíos vinculados a la experiencia de la guerra –en su faz más cercana y perturbadora de las mínimas certezas– se presentan ante el hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano. El ataque británico a una embarcación asociada a la cotidianeidad de la vida en la ciudad y la llegada al puerto de centenares de sobrevivientes y fallecidos movilizó el interés y la solidaridad de la población, así como también significó una ruptura respecto de las representaciones previas sobre los conflictos bélicos. El acontecimiento se inscribe, entonces, como disrupción en el entramado simbólico de las memorias locales de la guerra de Malvinas.

Abordar la historia reciente nos exige indagar en las huellas de los grandes procesos a escala humana con la intención de profundizar, desde contextos y sujetos específicos, en preguntas colectivas que todavía nos convoquen. En este sentido, la escritura de este artículo estuvo guiada por la voluntad de generar conocimiento histórico situado a fin de aportar otras perspectivas sobre nuestro pasado cercano.

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  1. El presente artículo se enmarca en el proyecto de investigación “Historias de ausencias en el relato turístico de Ushuaia” (PID-UNTDF “B”, 2020-2022) y expresa los resultados parciales del eje que problematiza el período de la última dictadura militar en Tierra del Fuego. A su vez, algunos de los testimonios analizados fueron producidos en el Proyecto de Extensión “Espacio Malvinas, propuesta integral para nuevos itinerarios educativos” (Resol. 5135/17. ME-SPU).↩︎

  2. ∗∗ Docente investigadora en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Instituto de Cultura, Sociedad y Estado. kotero@untdf.edu.ar.↩︎

  3. En función de lo acordado con los/las entrevistados/as y a fin de establecer un criterio, utilizaremos su nombre de pila. En el apartado “Algunas voces” se introducirán otros elementos de referencia y contexto.↩︎

  4. Desde esta perspectiva, retomamos a Jodelet: “Representar o representarse corresponde a un acto de pensamiento por el cual un sujeto se relaciona con un objeto. Esto puede ser bien una persona, una cosa, un evento, una teoría, etc.; este objeto puede ser tanto real como imaginario o mítico; en cualquier caso, la presencia del objeto es requerida siempre” (1991: 32). A su vez, la subjetividad se halla anclada en un contexto social, político y cultural con el que el sujeto entra en relación, en la medida en que dicho contexto lo interpela y sobredetermina; no se trata, por lo tanto, de un sujeto abstracto, sino de un cuerpo situado (Jodelet, 2008).↩︎

  5. El 7 de abril de 1982, la junta militar dicta el Decreto Nº 700 “S”, que establece el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS), al sur del paralelo 42. Esto afectaba a las provincias de Chubut y Santa Cruz y al territorio nacional de Tierra del Fuego, junto a las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.↩︎

  6. El crucero había zarpado el 24 de abril del puerto de Ushuaia, y navegando por fuera de la zona de exclusión marítima establecida por Gran Bretaña, fue atacado el 2 de mayo de 1982. El 5 y el 6 de mayo llegaron a la ciudad los sobrevivientes y los fallecidos que pudieron ser rescatados. De los seiscientos cuarenta y nueve argentinos muertos durante la guerra, trescientos veintitrés eran tripulantes del crucero.↩︎

  7. De las entrevistas realizadas junto con el profesor Gustavo Ortiz –coordinador del Programa de Historia Oral del Instituto Provincial de Educación Superior “Florentino Ameghino”–, seleccionamos los testimonios de Diana (21/8/2018), José (6/7/2018) y Marcos (27/9/2019). Los aspectos técnicos estuvieron a cargo de la Dirección de Producción Audiovisual de la UNTDF.↩︎

  8. Analizaremos aquí los testimonios de Cristina (12/5/2021) y Ana (17/5/2021), registrados por la autora a través de la plataforma en línea Google Meet. En este caso, como parte de los objetivos del proyecto aún en curso, se busca enriquecer el acervo documental del pasado reciente de Tierra del Fuego mediante la construcción de fuentes orales.↩︎

  9. El padre de Diana, originario de Punta Arenas –Chile–, era empleado de maestranza y administración en el Hospital Regional. La madre de Marcos, ciudadana argentina, trabajaba en la lavandería de la Base Naval.↩︎

  10. En su investigación sobre las marcas de la guerra en la sociedad de Río Grande –Tierra del Fuego–, Lorenz analiza diferentes testimonios –entrevistas a pobladores, diarios locales, coberturas de corresponsales nacionales– y destaca un conjunto de elementos comunes y específicos del proceso histórico en la Patagonia austral: ciudades pequeñas integradas al escenario de la guerra, movilizadas para la defensa, vínculos cotidianos y habituales con las Fuerzas Armadas (por la presencia de destacamentos, regimientos o bases, en las que parte de los habitantes trabajan), crisis de los lazos comunitarios (de la integración y convivencia entre chilenos, argentinos y malvinenses a la ruptura y construcción de un enemigo), cercanía con los caídos en combate (en Río Gallegos, el registro de salidas de aviones, el conocimiento de los pilotos y sus bajas, o la activa participación del BIM 5 de Río Grande, en Monte Tumbledown), entre otros aspectos propios que diferenciaron la experiencia local respecto de Buenos Aires y las grandes ciudades del país.↩︎

  11. La población total de Tierra del Fuego era de 13.527 habitantes en 1970 y de 27.358 en 1980, de los cuales vivían en Ushuaia 5.677 y 11.443, respectivamente (DGEyC).↩︎

  12. La “Declaración sobre comunicaciones entre el territorio continental argentino y las islas Malvinas” expresó el acuerdo entre los gobiernos argentino y británico para el establecimiento de vuelos, correo y telefonía; lo que posibilitó el posterior desarrollo, por parte del Estado argentino, de obras de infraestructura en las islas –pista de aterrizaje, YPF, LADE–, políticas de inclusión cultural –destinar maestras bilingües, otorgar becas para estudiantes isleños– y facilidades para la circulación de las personas (la tarjeta blanca que habilitaba el libre tránsito entre Malvinas, la isla de Tierra del Fuego y el continente). Instituida mediante ley nacional (19529/71), la Declaración fue el resultado del cumplimiento de las recomendaciones surgidas de la Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ernesto Manuel Campos (capitán de Navío retirado), quien había sido gobernador del territorio nacional de Tierra del Fuego entre 1958 y 1963 –por tres períodos– y luego diputado nacional por el mismo territorio (1973-1976) ejerció un rol clave en el desarrollo de las políticas de integración.↩︎