Reseña

Franco, Marina (2023). 1983: transición, democracia e incertidumbre. Los Polvorines: UNGS

Maximiliano Ekerman*1

El año 1983, nos plantea la historiadora Marina Franco, es recordado como un momento clave en la historia del siglo XX argentino: es el retorno a la democracia, el final de la última dictadura y de un ciclo de más de cincuenta años caracterizado por el autoritarismo, la violencia y la represión; es el comienzo del pacto del “Nunca Más”. Asimismo, 1983 es un año turbulento, cargado de expectativas, ilusiones y deseos, pero también de tensiones, temores, asperezas, dificultades e incertidumbres (p. 13).

¿Por qué 1983 dio origen a un sistema democrático duradero y no fue un mero pasaje a otra experiencia de frustración, como tantas otras desde 1930? ¿Por qué ese momento tan crítico e incierto implicó el final del autoritarismo y el final de la más atroz violencia estatal y política? ¿Qué hizo de la Argentina un caso distinto del resto de los países vecinos de América Latina que atravesaron dictaduras similares por esos mismos años? ¿Qué acontecimientos y qué procesos fueron convergiendo allí para que el año 1983 fuera un año tan crucial? Estos son los interrogantes que atraviesan este libro, que tiene como objetivo dar cuenta de un proceso tan complejo como fue el de la “transición argentina hacía la democracia”.

El libro 1983 es parte de la serie “Años Cruciales”, dirigida por el investigador Ernesto Bohoslavsky y editada por la Universidad Nacional de General Sarmiento. El texto de Franco, de ágil lectura y pensado para un público amplio, está organizado en tres capítulos, antecedidos por una introducción que funciona como un sintético estado de la cuestión en torno al concepto de “transición a la democracia” y finalizados con una serie de conclusiones que invitan al/a la lector/a a reflexionar sobre el proceso transicional. A partir de ello, la autora busca demostrar que 1983 fue un año crucial para la historia argentina, no solo porque significó el final de una dictadura atroz, sino porque también rompió con un ciclo de más de cincuenta años caracterizados por la inestabilidad política, el autoritarismo y la violencia.

Para poder llevar adelante tamaña empresa, la autora utiliza una gran cantidad de bibliografía que incluye muchas investigaciones de reciente elaboración, lo que da como resultado un libro sumamente actualizado. A ello debe agregársele el uso de diversas fuentes primarias: documentos oficiales, discursos y declaraciones políticas, entrevistas, artículos de periódicos y revistas, fotografías, canciones, obras teatrales y filmes, que son fundamentales para que los/as lectores/as puedan reconstruir el clima de época.

En la introducción, Franco pone de relieve dos cuestiones. La primera de ellas, el concepto de “transición a la democracia”, el cual debe ser pensado más allá de su dimensión política e institucional, es decir, incorporando otros niveles de análisis como el económico, social y cultural. Desde esta perspectiva, sostiene la autora, la “transición” implicaría la existencia de diferentes temporalidades, ritmos disímiles en los procesos estudiados, cambios y continuidades, que le otorgan un espesor diferente a dicho proceso. La segunda cuestión que plantea está vinculada con la importancia que tuvo la forma en que se produjo la “transición” en la Argentina, comúnmente denominada por “colapso o ruptura”. Ello permitió la desmilitarización progresiva del Estado y el juzgamiento de las cúpulas militares en 1985, algo inédito en comparación a otras experiencias similares latinoamericanas caracterizadas por “transiciones negociadas”.

En el primer capítulo, “La dictadura se derrumba”, Franco busca dar cuenta de los procesos económicos, políticos y sociales que dieron comienzo al fin de la dictadura, ubicando temporalmente el inicio de su descomposición en los tempranos ochenta. Allí la pregunta que vertebra el capítulo es la siguiente: ¿cómo pudo ser que en un lapso tan corto de tiempo –apenas tres años– las Fuerza Armadas hayan perdido toda su capacidad de presión y todo apoyo social? Franco sostiene que, para entenderlo, es necesario comenzar por el fracaso de las políticas económicas implementadas por el ministro José Martínez de Hoz. Ellas produjeron una situación de crisis y deterioro social hacia el año 1981, que se tradujo en la merma de sus apoyos sociales y se convirtió en una de las razones fundamentales del desgaste del poder militar y de su derrumbe acelerado.

A su vez, la crisis económica abrió paso a otros problemas que se fueron acumulando como capas y retroalimentándose, y generaron un clima cada vez más antidictatorial: la “cuestión de los desaparecidos” cobró mayor visibilidad en la esfera pública; los partidos políticos a través de la Multipartidaria comenzaron a presionar al gobierno para generar una salida democrática, aunque, como aclara Franco, esgrimiendo un discurso que apuntaba a la “Reconciliación Nacional”; y, finalmente, el sindicalismo y el movimiento estudiantil universitario, que se incorporaron al frente opositor y generaron una serie de protestas y huelgas entre finales de 1981 y principios de 1982.

En este contexto, nos plantea Franco, las Fuerzas Armadas comenzaron a pergeñar una serie de estrategias con el fin de evitar cualquier investigación sobre las acciones represivas frente a una eventual vuelta a la democracia y provocaron un rechazo cada vez mayor de la sociedad. Todo ello, junto con la derrota estrepitosa que produjo la guerra de Malvinas, fueron las señales para el estallido masivo y generalizado de la oposición al régimen. A partir de allí, incluso los antiguos aliados de la dictadura –Iglesia católica, el Poder Judicial y los medios de comunicación– tomaron distancia del régimen militar y comenzaron a criticarlo, lo que generó un proceso acelerado hacía la normalización democrática.

En el segundo capítulo, “Un poder desesperado, una sociedad en ebullición”, la autora aborda el “largo 1983”. Allí, Franco busca reconstruir las tensiones, conflictos, debates y posicionamientos que tuvieron los diferentes actores sociales, tanto civiles como militares, en torno al tema de los “desaparecidos”. Con respecto a las Fuerzas Armadas, el foco está puesto en analizar las diferentes estrategias (“Documento Delta”, “Documento final”, “Ley de Pacificación”) elaboradas por los militares con el objetivo de eludir las consecuencias judiciales del accionar represivo durante la “lucha antisubversiva”. La autora sostiene que, a medida que el poder dictatorial se derrumbaba, la posición de los militares se endurecía, obturaba cualquier tipo de negociación y generaba un clima cada vez más antidictatorial.

Por otro lado, la autora analiza el comportamiento de los diferentes partidos políticos. Franco muestra que mientras Ítalo Luder, candidato del peronismo, se mostraba poco confrontativo frente al régimen militar saliente, algo que compartía con otros sectores políticos y de poder, Raúl Alfonsín, postulante de la UCR, aseguraba que debía haber un castigo legal para las violaciones a los derechos humanos. Para ello, el candidato radical esbozaba los primeros trazos de una interpretación –que no era novedosa– sobre lo ocurrido: la idea de la existencia de “dos demonios” enfrentados y de una responsabilidad inicial de la “subversión” seguida de una respuesta militar sumamente desmesurada. Por otro lado, la retórica innovadora de Alfonsín, la idea de una refundación democrática bajo el imperio de la ley y la promesa de una democracia con la que se podría “comer, educar y curar” fueron los elementos que le valieron el triunfo electoral el 30 de octubre de 1983.

Finalmente, en el capítulo tres, “Cultura, efervescencia y expectativas”, la autora nos muestra que fue el mundo cultural uno de los espacios donde el cambio social, la crítica hacia la dictadura y la revalorización de la democracia se iniciaron más temprana y velozmente. Desde los inicios de los años ochenta, se hizo evidente la avidez por recuperar la libertad, espacios y formas de hacer y participar que habían quedado cancelados por años de autoritarismo y censura. Esa apertura cultural y social, sostiene Franco, “fue uno de los síntomas del final de la dictadura y, a la vez, empujó y aceleró el proceso de transición, mucho más allá que las élites políticas que conducían el proceso con cautela y extrema moderación” (p. 159).

Para llegar a esas aseveraciones, la autora trabaja a partir del análisis de diferentes experiencias del mundo de la cultura de los años ochenta, como son la música, el teatro, el cine y las revistas. En cuanto a la música, Franco sostiene que el rock comenzó a ser visto como una forma de crítica al autoritarismo y una música de resistencia, aunque esa no había sido su intensión originaria, algo que sí había ocurrido con el folclore o la música de protesta. El teatro también puso en cuestionamiento el autoritarismo y la falta de libertades del régimen militar: es el caso de Teatro Abierto. Junto a ello, filmes como Tiempo de revancha, Plata dulce o No habrá más penas, ni olvido generaron las primeras críticas y denuncias sobre la violencia política, la corrupción, la destrucción de la economía y las actitudes sociales frente a la dictadura, a la vez que habría otras fisuras en temas obturados como la exhibición del cuerpo y la sexualidad. Por último, revistas como Humo®, El Porteño, Cerdos & Peces se encargaron de introducir “temáticas transgresoras como el consumo de drogas, las libertades sexuales, la homosexualidad, la prostitución o incluso la ecología y los nuevos estilos de vida” (p. 140).

En las conclusiones, la autora asegura que 1983 debe ser pensado, por un lado, como el inicio de la reconstrucción de un sistema político democrático (casi) ininterrumpido hasta el día de hoy. Por otro lado, 1983 significó el cierre de un largo proceso político que atravesó buena parte del siglo XX argentino y que se había iniciado formalmente con el golpe de Estado de 1930. Ahora, ante la pregunta ¿por qué 1983 fue distinto a otras transiciones?, Franco sostiene: primero, porque la forma en que se produjo el derrumbe de la dictadura no dejó margen para nuevos intentos militares de intervenir en el juego político; segundo, ese derrumbe dictatorial dejó espacio para una política de reconstrucción democrática cuya voluntad de investigación y juzgamiento de los crímenes militares fue crucial para recomponer la legalidad y legitimidad del juego democrático; tercero, porque el régimen militar fue exitoso en desarticular la protesta social y socavar el modelo económico industrial mercado internista; y, finalmente, porque el triunfo del capitalismo en el mundo occidental fortaleció la convicción de que el liberalismo democrático era el más virtuoso de los sistemas políticos.

En suma, 1983 es un libro fundamental para comprender un proceso tan complejo y crucial como fue el de la “transición hacia la democracia” y constituye, a su vez, una ventana de análisis a diversos temas nacionales y regionales. El amplio sustento documental y las agudas reflexiones de Franco vuelven al libro una obra insoslayable para comprender la historia reciente argentina de los años ochenta. Además, contiene sugerencias bibliografías para profundizar cada uno de los ejes temáticos abordados a lo largo de los tres capítulos, una cronología para orientar al/a la lector/a y filmes recomendados para pensar el período analizado. Todo ello da como resultado un texto que está pensado no solo para los/as investigadores/as, sino también para un público amplio, una herramienta para docentes, alumnos/as de nivel terciario o universitario, así como para toda persona que esté interesada en conocer más sobre ese “1983”.


1* Doctor en Historia (EIDAES-UNSAM) y magíster en Historia Contemporánea (UNGS). Correo electrónico: maxiekerman@gmail.com.