Auyero, Javier y Servián, Sofía (2023). Cómo hacen los pobres para sobrevivir. Buenos Aires: Siglo XXI
Malena Rubinstein*1
Cómo hacen los pobres para sobrevivir es un libro de socioantropología, publicado de manera conjunta en el año 2023, que se propone reformular un interrogante planteado hace décadas desde la antropología (Lomnitz, 1975), pero poniendo el foco de atención en las formas de sentir y experimentar la subsistencia por parte de los habitantes pobres de los márgenes urbanos. Por lo tanto, el texto es rico en descripciones sobre las formas de afrontar la escasez material a través de diversas fuentes de ingresos, de carácter registrado e informal, lícito e ilícito. Pero, sobre todo, cobran especial centralidad los efectos que estas tienen sobre las percepciones de la política y los políticos, el Estado, la delincuencia, la educación, el progreso y la violencia. Para dar cuenta de estas tensiones y articulaciones, la metodología implementada consistió en observaciones participantes en un comedor comunitario; conversaciones informales; 105 entrevistas cortas, así como 48 entrevistas en profundidad realizadas de manera presencial y 22 de manera telefónica durante el período de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, dictado por el gobierno durante el transcurso de la pandemia de covid-19. Este trabajo fue desplegado entre marzo de 2019 y diciembre de 2021 en los barrios La Matera, El Tala y La Paz, pertenecientes al municipio de Quilmes y originados a partir de tomas de tierras, en el año 2000 en el primer caso y en 1981 en los otros dos.
Uno de los puntos para destacar de la publicación es que –al igual que en Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental (Auyero y Swistun, 2009)– nos ofrece a los lectores una combinación de dos aspectos que permiten profundizar el acercamiento al objeto de investigación. Por un lado, la larga trayectoria y experiencia en investigación por parte de uno de los autores y, por otro, la sensibilidad y conocimiento que otorga la propia experiencia de vida de la coautora. Javier Auyero es sociólogo y doctor en Sociología por The New School for Social Research. Su labor como investigador dio como fruto la publicación de múltiples libros fundados en trabajos etnográficos que se proponen captar múltiples dimensiones cuyo interés estriba en la sociología política. Las más destacables son la relación entre los pobres y el Estado, distintas formas de violencia y crimen organizado. Sofía Servián es estudiante avanzada de la licenciatura en Ciencias Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires y estudia la percepción del riesgo y la violencia en el conurbano bonaerense. Es oriunda del barrio La Paz, uno de los territorios en los cuales se despliega el trabajo de campo. Esta condición la convierte en una “investigadora nativa” inserta en el campo de estudio, que va a brindarnos a los lectores vastas notas de autoanálisis basadas en los recuerdos de su infancia, sus sensaciones y emociones, así como el registro reflexivo de la experiencia de seguir habitando hoy en un barrio pobre del conurbano bonaerense.
La estructura del libro consta de seis capítulos descriptivos y analíticos con recursos fotográficos para ilustrar el escenario al que hacen referencia. Allí se sumergen en discusiones teóricas, el rol de la acción colectiva, las prácticas “punteriles”, la experiencia de la inseguridad, la violencia institucional y el rol de las instituciones comunitarias. El primer capítulo presenta las principales discusiones teóricas en torno a las nociones de “enfoque multidimensional” de la pobreza, las limitaciones del concepto de “estrategia” y “supervivencia”, y los principales antecedentes de estudios sobre “redes de reciprocidad”. A su vez, los autores dejan asentado que su investigación da cuenta de procesos de entrelazamiento tanto horizontales como verticales que revisten un carácter contradictorio en tanto dichos vínculos pueden suponer, en simultáneo, una ayuda para la “subsistencia”, así como el ejercicio de violencia directa o indirecta. Es importante destacar que dentro de los casos de “reciprocidad”, entendidos como vínculos horizontales por darse entre personas que ocupan lugares similares dentro de espacios sociales, también existen jerarquías: la desigualdad de género, cuando en los relatos se describe el rol de las mujeres en el sostenimiento del hogar y de los espacios comunitarios; la desigualdad de los vecinos que no auspician como intermediarios del Estado frente a aquellos que sí lo hacen y disponen del poder de distribuir recursos en la comunidad a cambio de favorecer sus intereses personales; o la desigualdad entre los reclusos de acuerdo con los crímenes que hayan cometido y el tratamiento que se les da en el interior de la cárcel o la comisaría. De esta paradoja darán cuenta los capítulos siguientes mediante la descripción y análisis del trabajo empírico.
Como en investigaciones anteriores (Auyero y Sobering, 2021), se pone de relieve cómo el Estado, lejos de ser una institución monolítica y unívoca, es ambivalente y todo accionar y omisión de los agentes públicos forma parte constitutiva de este. Cuando se reconstruye la historia del barrio La Matera a través de testimonios y reflexiones autobiográficas, los autores dan cuenta del progreso en la infraestructura como resultado de la autoconstrucción, pero también de la acción colectiva y beligerante para conseguir recursos del Estado y evitar el desalojo. Sin embargo, estos recursos públicos muchas veces fueron obtenidos por la colateralización de otras disputas. La fricción entre distintos funcionarios públicos, por ejemplo, puede conjugarse con los reclamos vecinales que son utilizados para presionar en la contienda. En este mismo sentido, el rol de los “referentes” barriales, más que una ausencia, es la expresión y la forma en que se materializa la estatalidad. Son quienes se encargan de vehiculizar las demandas, centralizar la información, distribuir los recursos, tercerizar el contrato de servicios públicos, entre otras tareas. En algunos casos, esto puede derivar en una condena moral del accionar o en una legitimidad asociada a la resolución de problemas que otros agentes no garantizan.
Otra de las dimensiones que aborda la investigación son las formas específicas que asume la “violencia” en los barrios pobres. La inseguridad es recrudecida por la presencia del narcotráfico, la connivencia policial y la extensión del consumo de drogas, como la pasta base entre “los pibes”. Esto deriva en el desarrollo de estrategias colectivas y cursos de acción regulares como el establecimiento de horarios de ingreso y salida del hogar, pero también de la mitigación del riesgo mediante el mejoramiento de los cerramientos o el aislamiento. A su vez, la violencia institucional se manifiesta en detenciones ilegales, casos de “gatillo fácil” y hacinamiento en comisarías que se utilizan como centros de detención prolongada donde los reclusos se ven expuestos a la violencia de la policía, pero también de sus propios compañeros de celda. Mediante el relato de las trayectorias biográficas de algunos familiares de Sofía que devinieron en distintos actos delictivos, los autores plantean que existe una mayor disposición a la resolución violenta de los conflictos entre aquellos que fueron expuestos tempranamente a estas dinámicas, al ser criados en contextos violentos, cuyo mecanismo luego replicaron en otros espacios domésticos o públicos.
Por último, aparece el rol del trabajo comunitario en espacios donde no solo se compensan carencias materiales, sino que se auspician como espacios de sociabilidad, recurseros para saber a quién y a dónde acudir en distintas situaciones de vulnerabilidad; espacios donde se configuran rutinas y se garantiza estabilidad. Javier y Sofia describen las magras recompensas materiales que reciben quienes trabajan en los comedores: una transferencia mínima por parte del Estado y mercadería. Sin embargo, las prendas simbólicas son las que revisten mayor peso. Definen a quienes trabajan en las organizaciones barriales como “guardianas de la comunidad en riesgo” que proveen educación, alimentos y otras formas de cuidado. El Estado nuevamente aparece de forma adyacente mediante la administración de recursos municipales por parte de agentes de la comunidad, pero, en este caso, sin demanda de acciones resarcitorias.
Para terminar, me permito formular algunas conclusiones. Las acciones “clientelares” no son un patrimonio exclusivo de la dinámica en barrios pobres, como tampoco la discrecionalidad en la distribución de recursos, la selección de destinatarios o la formulación de excepcionalidades son ajenas al funcionamiento cotidiano del Estado. Sin embargo, la especificidad de muchas de las dinámicas que se describen radica en cómo se inscriben en circunstancias de despojo que recrudecen sus efectos y las vuelven más ineludibles. Cómo hacen los pobres para sobrevivir recorre un repertorio de múltiples formas de atravesar las violencias que se imponen en el barrio, las cuales son valoradas, interpretadas y jerarquizadas por los propios protagonistas, construyendo taxonomías y marcos de moralidad e inmoralidad. Este análisis relacional permite comprender cómo las experiencias propias y ajenas se trasladan en formas de concebir a la política, al Estado, al trabajo, a la educación. En otras palabras, cómo se forjan prácticas de persistencia, entendidas por los autores como los esfuerzos por “cultivar o mantener un sentido de sí mismos, de su comunidad, de los significados de sus vidas y las de sus seres cercanos o del propósito colectivo en el mundo” (Auyero y Servián, 2023: 17).
Auyero, J. y Sobering, K. (2021). Entre narcos y policías. Buenos Aires: Siglo XXI.
Auyero, J. y Swistun, A. (2009). Flammable: Environmental suffering in an Argentine Shantytown. Nueva York: Oxford University Press.
Lomnitz, L. (1975). ¿Cómo sobreviven los marginados? México: Siglo XXI.
1* Escuela IDAES-UNSAM. Correo electrónico: rubinsteinmalena@gmail.com.