América Latina en la New Left Review: ecos del debate sobre la dependencia y el desarrollo en los años sesenta y setenta

Andrés Tzeiman1

Cecilia Pato2

Recibido: 06/02/2025
Aceptado: 09/05/2025

Resumen

Son numerosos los temas de debate en los que se puede señalar una influencia recíproca entre la producción teórica del marxismo en Europa y América Latina. Una de las temáticas en las que se puede explorar tal influencia es el problema del desarrollo y la dependencia, un área de discusión que en las décadas del sesenta y setenta tuvo resonancias en el continente europeo. Una publicación que acusó recibo de aquel debate fue la revista británica New Left Review (NLR). A partir de un relevamiento sistemático sobre tal publicación, este trabajo aborda esa recepción, indagando el lugar que en ella tuvo el fenómeno del “Tercer Mundo”. Asimismo, se concentra en reflexionar acerca del modo en que ese aspecto fue presentado y tratado en la revista británica. De esa manera, el artículo problematiza el dilema de la asimetría en la producción y circulación de conocimiento; y, en particular, busca poner de relieve el papel otorgado por la NLR a las usinas intelectuales latinoamericanas (y sus referentes) como espacios de producción de teoría, partiendo de disyuntivas abordadas y ponderadas por la propia revista en los años sesenta y setenta.

Palabras clave: Desarrollo, Dependencia, New Left Review, América Latina.

A América Latina na New Left Review: ecos do debate sobre dependência e desenvolvimento nas décadas de 1960 e 1970

Resumo

São numerosos os temas de debate em que se pode apontar uma influência recíproca entre a produção teórica do marxismo na Europa e na América Latina. Um dos temas em que se pode explorar tal influencia é o problema do desenvolvimento e da dependência, uma área de discussão que nas décadas de 1960 e 1970 teve repercussões no continente europeu. Uma publicação que registrou esse debate foi a revista britânica New Left Review (NLR). A partir de uma pesquisa sistemática sobre essa publicação, este trabalho aborda essa recepção, investigando o lugar que o fenômeno do “Terceiro Mundo” ocupou nela. Além disso, concentra-se em refletir sobre a forma como esse aspecto foi apresentado e tratado na revista britânica. Dessa forma, o artigo problematiza o dilema da assimetria na produção e circulação do conhecimento e, em particular, busca destacar o papel atribuído pela NLR as usinas intelectuais latino-americanas (e seus referentes) como espaços de produção de teoria, a partir de dilemas abordados e ponderados pela própria revista nas décadas de 1960 e 1970.

Palavras-chave: Desenvolvimento, Dependência, New Left Review, América Latina.

Latin America in the New Left Review: echoes of the debate on dependency and development in the 1960s and 1970s

Abstract

There are numerous topics of debate in which a reciprocal influence between Marxist theory in Europe and Latin America can be observed. One of the areas in which this influence can be explored is the problem of development and dependency, a topic of discussion that resonated across Europe in the 1960s and 1970s. One publication that acknowledged this debate was the British magazine New Left Review (NLR). Based on a systematic survey of this publication, this paper addresses its reception, investigating the place that the phenomenon of the‘Third World’ had in it. It also focuses on reflecting on how this aspect was presented and treated in the British review. In this way, the article problematises the dilemma of asymmetry in the production and circulation of knowledge; and, in particular, seeks to highlight the role given by the NLR to Latin American intellectual powerhouses (and their references) as spaces for the production of theory, based on dilemmas addressed and weighed up by the review itself in the 1960s and 1970s.

Keywords: Development, Dependency, New Left Review, Latin America.

Introducción

En el año 1973, el sello editorial Granica Editor publicaba en Argentina un libro bastante particular. Bajo el título Capital monopolista yanqui y capital monopolista europeo, el volumen en cuestión compilaba un conjunto de artículos que habían salido a la luz previamente en distintos números de la revista británica New Left Review (de aquí en adelante: NLR). Se trataba de cuatro trabajos escritos respectivamente por Bob Rowthorn, Bill Warren, Arghiri Emmanuel y Fernando H. Cardoso.

La publicación de ese libro no se presentaba a sí misma como un gesto de excentricidad o de cosmopolitismo. Por el contrario, en su advertencia preliminar el editor confesaba a los lectores la principal inquietud política que guiaba tal empresa editorial. Sostiene dicha advertencia, a propósito de los artículos compilados:

Porque todos [los artículos], ya sea desde la perspectiva del análisis marxista del comportamiento del capitalismo monopolista, como del comportamiento de las economías de los países del llamado Tercer Mundo, aportan a dar respuesta a un interrogante de muchos argentinos: ¿puede nuestro país lograr un desarrollo capitalista autónomo con el aporte de los capitales europeos? (Granica, 1973, pp. 7-8)

La propuesta de Granica es elocuente: la publicación y la reflexión acerca de un conjunto de trabajos de autores europeos puede resultar de suma utilidad para pensar los problemas de la sociedad argentina. Para Granica, entonces, debatir el desarrollo argentino (y podríamos agregar nosotros, también el latinoamericano) demanda un ejercicio de reflexión crítica, cuyo despliegue incluye adoptar como insumos las elaboraciones teóricas más avanzadas de la academia europea sobre los aspectos a ser analizados. En este caso, se trata de la inserción del capital monopolista en América Latina, que obliga a acudir a los estudios sobre los modos en que esa inserción se lleva adelante. Y para ello, se vuelve necesario indagar en los abordajes que se están desarrollando en los países capitalistas avanzados sobre tales fenómenos.

Símbolo de las usinas de pensamiento más relevantes del marxismo europeo en la segunda mitad del siglo XX, en este trabajo buscaremos revisitar la publicación británica NLR, para realizar en torno de ella el ejercicio inverso al propuesto por Granica. Es decir, nos preguntaremos qué resonancias de los debates latinoamericanos sobre la dependencia y el desarrollo de los años sesenta y setenta existen en esa empresa editorial del marxismo occidental. Entendiendo que dicho problema fue un tópico central del marxismo latinoamericano en el curso de aquellas dos décadas.

A la luz de los artículos de la NLR publicados por Granica, todos de comienzos de los años setenta, la expansión del capital monopolista sobre el “Tercer Mundo”3 resultaba en ese entonces un hecho incontestable. Pues bien, teniendo en cuenta que uno de esos artículos pertenece a la autoría de Fernando H. Cardoso (uno de los principales exponentes del dependentismo, y artífice, junto con Enzo Faletto, de aquel libro que oficiara de “parteaguas” en los estudios sobre la materia en nuestra región), en vistas de indagar los modos de circulación del marxismo entre América Latina y Europa, consideramos válida y relevante la pregunta acerca de los ecos que las discusiones sobre la dependencia y el desarrollo tuvieron en la NLR.

Con el propósito de realizar tal indagación, en las páginas de este artículo intentaremos abordar los siguientes interrogantes: ¿De qué modos aparece América Latina en la NLR? ¿Qué sucede en dicha revista británica con el debate sobre la dependencia y el desarrollo en nuestra región? ¿De qué manera se presentan allí esas discusiones latinoamericanas? Para responder estas preguntas, el presente trabajo contará con cinco secciones (además de esta breve introducción). En la primera daremos cuenta del recorte temporal escogido en este trabajo, junto con un panorama general de la trayectoria de la NLR como emprendimiento editorial. En la segunda, nos abocaremos a presentar el modo general en que, según nuestra perspectiva, la NLR se dedicó al abordaje del “Tercer Mundo”. Mientras tanto, en la tercera nos referiremos particularmente a las irrupciones latinoamericanas en la publicación británica. En la cuarta, nos concentraremos en las resonancias en la NLR de los debates sobre la dependencia y el desarrollo en América Latina de los años sesenta y setenta. Y en el último apartado, plantearemos algunas reflexiones a modo de conclusión.

NLR: contexto político-intelectual

El “Informe Secreto” de Krushchev ante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), con sus incriminaciones a Stalin, precipitó una seria crisis en el comunismo europeo. El británico, en ese sentido, no resultó la excepción. Si las armas soviéticas contra el levantamiento húngaro de 1956 pusieron fin a un cierto tipo de inocencia socialista y condujeron a una profunda conmoción dentro del comunismo internacional, el ataque anglo-francés en el Canal de Suez reveló el imperialismo latente de las potencias occidentales y cuestionó la complacencia socialdemócrata sobre el carácter de la sociedad capitalista de la posguerra. En el recuerdo de Stuart Hall, 1956 fue una coyuntura que estableció “fronteras y límites de lo tolerable en política”4 (Hall, 2010, p. 177) y en esos márgenes se identificaría la nueva izquierda británica5. Esta germinó en la pretensión de forjar un espacio político que terciara entre las posiciones dominantes en la izquierda: el estalinismo y la socialdemocracia. El Partido Laborista y el Partido Comunista de Gran Bretaña serían sus claros contendientes y causa de posteriores debates.

Con la ambición de construir un movimiento que recuperara el espíritu socialista extinguido en los años congelados de la Guerra Fría, los ecos del ‘56 se plasmaron en la fundación de University and Left Review, identificada con el socialismo humanista y dirigida por S. Hall, G. Pearson, R. Samuel y Ch. Taylor. Mientras que New Reasoner, dirigida por E. P. Thompson y J. Saville, se presentaba como una revista de la “oposición comunista democrática”, que promovía la regeneración de las tradiciones británicas pre-estalinistas. En las páginas de estas publicaciones se debatía el humanismo marxista, la ética, la comunidad, la conciencia de clase.

La fusión de los comités de New Reasoner y University Left Review se concretó en 1960 y dio nacimiento a la NLR. Como ya hemos señalado, su creación expresó un paso distintivo en la orientación política de la nueva izquierda surgida de las repercusiones políticas de 1956. Estos antecedentes resultaron suficientes para que la NLR, bajo la dirección inicial de Stuart Hall, se proclamara en su editorial inaugural en favor de un socialismo independiente. La Campaña por el Desarme Nuclear (CND) y el primer movimiento pacifista antinuclear6, dieron una perspectiva política común a estas dos corrientes que convergieron en la NLR. Contra el statu quo de la década anterior, la revista se posicionaba como órgano de una amplia organización de la nueva izquierda.

Una definición inicial por parte del primer grupo editorial, y en especial de Perry Anderson, tenía que ver con ubicar a la NLR en un rol protagónico dentro del movimiento de la izquierda británica. Así, el horizonte político de la revista se definía a partir del abordaje de temas cruciales: el advenimiento de un “Tercer Mundo” independiente, los logros y balances de la socialdemocracia del norte de Europa y la reorientación del conservadurismo británico. Muestra de ello es que un año después de la Revolución Cubana, en las vísperas de la conformación de la NLR, Anderson publicó, junto con Robin Blackburn, la nota “Cuba, territorio libre de América”, en la que mostraba por primera vez el entusiasmo que despertaban los acontecimientos de la isla: “[la Revolución Cubana] puede ser llamada un humanismo” (Anderson y Blackburn, 1960, p. 22). De este modo se configuraba el compromiso con el nacionalismo revolucionario del “Tercer Mundo”. Por tanto, los primeros números de la NLR constituyeron un período peculiar y autónomo; y, por ejemplo, en las discusiones entre Ralph Miliband y E.P. Thompson se leían reflexiones en torno a la izquierda y al laborismo, así como acerca del carácter de la “transición” británica (Kaye, 1989; Dworkin, 1997; Elliot, 2004; Blackledge, 2004; Palmer, 2004).

Sin dudas los debates más explícitos en torno a la dependencia comenzaron a tomar cuerpo a principio de los setenta, tal como se expondrá en el anteúltimo apartado de este artículo. Sin embargo, la indiscutible preocupación por el “Tercer Mundo” traía asociadas discusiones acerca del devenir del sistema capitalista y los países subdesarrollados, como se evidenció en el artículo del tándem Hall y Anderson titulado “The Politics of the Common Market”. Allí los autores se preguntaron sobre las consecuencias que estimularía la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) en las “naciones emergentes” de África y Asia, concluyendo en la necesidad de remodelar

nuestro propio sistema económico y prioridades, a fin de lograr tanto el tipo de “despegue” que es políticamente aceptable para los territorios subdesarrollados pero independientes, y mantener el crecimiento de nuestros propios niveles de vida y el desarrollo de nuestro propio sistema productivo. (Anderson y Hall, 1961, p. 14)

Diez años más tarde, en un número especial de 1972, “The Left Against Europe?”, Tom Nairn (1972) predecía una suerte distinta a la postulada por Anderson y Hall, y valoraba un favorable impacto de la pertenencia a la CEE para la izquierda británica. Desde luego estas definiciones acompañarían una nueva disputa dentro del espacio político al que pertenecía la NLR.

Hacia finales de 1961, el ocaso de la CND privó a la nueva izquierda de buena parte de su impulso como movimiento. Incertidumbres y discordancias en torno a la caracterización del laborismo llevaron al fin de la primera etapa de la revista. El liderazgo que en ese contexto asumieron Perry Anderson, Robin Blackburn y Tom Nairn condujo a que en 1962 se formara la “nueva” NLR, reemplazando al grupo editor que hasta entonces estaba a cargo de E. P. Thompson.

Entre 1962 y 1963 se inició entonces un período de transición. Al desintegrarse el movimiento de la nueva izquierda, la NLR se convirtió en una publicación teórica cuyo perfil intelectual se orientó cada vez más al tratamiento de las preocupaciones teóricas que surgían en Europa continental. El objetivo ya no era aglutinar un movimiento político, sino transformar lentamente la cultura británica como condición previa para la formulación de la política socialista. La referencia era Les Temps Moderns, la revista que dirigían Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, particularmente en lo que se reseñaba de crítica al estalinismo y a la difusión de las posiciones del anticolonialismo y del tercermundismo. “Un cierto sartreanismo difuso impregnaba también la política de la revista y Les Temps Moderns constituía un modelo admirado”, expresaba Robin Blackburn en torno a ese período de NLR (Blackburn, 1992, p. 8). Según Elliot, el propio comité editorial de NLR sintetizó que entre 1963 y 1964 la revista asumió un “giro editorial hacia la producción de una teoría marxista sistemática de la historia y la sociedad británicas”, desplazando el afán de “internacionalización” intelectual y política que pretendían las páginas de su primera hora (2004, p. 43)7.

Con distancia del espíritu de 1960, la inauguración del nuevo régimen editorial tuvo lugar en un momento de derrota e incertidumbre. En consecuencia, la identificación política de la “nueva” o “segunda” NLR tomó algún tiempo en formarse y, recién en 1968, al calor de la radicalidad de los acontecimientos en París y Praga, emprendió un pronunciado giro a la izquierda. Sin embargo, en sus páginas ya se vislumbraba lo que sería una controversia pública entre Anderson y Thompson luego de la publicación de las “Tesis Nairn-Anderson” (Blackledge, 2004; Elliot, 2004; Thompson, 2007)8.

El artículo del italiano Lucio Colletti (1970) titulado “The question of Stalin” inauguró otro giro editorial en NLR, abriendo camino a un programa teórico a través de análisis críticos sobre los pensadores de la tradición marxista occidental. Sin embargo, entrados los años setenta, la revista se vio algo aislada en los círculos de izquierda al promover el ingreso del Reino Unido a la Comunidad Europea, que tuvo su mayor expresión en la reedición del texto de Tom Nairn “The Left Against Europe?”, ya referido más arriba. Además, se reanudó la publicación en gran cantidad de artículos sobre el “Tercer Mundo”: no sólo estudios sobre ciertos países, sino también debates más generales sobre las características del estado poscolonial, así como la controvertida afirmación de Bill Warren de que el capitalismo iba ganando fuerza incluso en muchas regiones anteriormente subdesarrolladas, que expondremos en el último apartado de este trabajo9.

La NLR y el “Tercer Mundo”

Como hemos señalado aquí arriba, al desintegrarse el movimiento de la nueva izquierda inglesa propiamente dicho, la NLR se convirtió en una publicación cuyo perfil intelectual se orientó cada vez más al tratamiento de las preocupaciones que surgían en Europa continental, las cuales a menudo remitían a inquietudes en torno a la periferia capitalista.

Siguiendo esa línea, si tuviéramos que definir el modo en que se presenta en la revista todo aquello que no remite a los dilemas específicamente británicos y del centro europeo, podríamos sostener que la NLR tiene un notable interés en los avatares políticos de aquello que genéricamente se conocía como el “Tercer Mundo” (ver nota al pie número 1). Esto, a primera vista, parece bastante lógico, al menos por dos motivos. En primer lugar, por la época de la revista que hemos decidido relevar, la cual coincide con las luchas anti-coloniales y por la liberación nacional que se desatan en ese entonces en Asia y África. A su vez, converge con la huella impresa por la Revolución Cubana, especialmente en América Latina, pero también en el conjunto de la periferia capitalista. En segundo lugar, la preocupación de la NLR por el “Tercer Mundo” resulta lógica, en la medida en que la revista se radicó al interior de una potencia colonialista como Gran Bretaña, cuya economía, política e ideología están signadas por su histórica penetración en ultramar. Es por eso que las crónicas políticas -en varios casos precedidas por informes sobre las características de las formaciones económico-sociales abordadas- cubren buena parte del mapa de Asia y África, buscando de esa forma retratar los conflictos que ocurren en los lugares más recónditos del mundo subdesarrollado. Lo mismo, aunque con menor intensidad, sucede en el caso de América Latina10.

Dicho esto, y concentrándonos un poco más en la temática que nos concierne, vale subrayar el tipo de abordaje que predomina en la revista, acerca de América Latina en particular, y del “Tercer Mundo” en general. Como decíamos en el párrafo anterior, se trata esencialmente de crónicas políticas. Por supuesto, como también fue señalado más arriba, existe un esfuerzo por realizar una tarea informativa de cara a las/os lectoras/es de la publicación. Es decir, por convidar materiales acerca de la estructura social y económica, así como de las características de los regímenes políticos existentes en los países a los cuales se hace referencia. No obstante ello, el tratamiento de la periferia capitalista tiende a esbozarse, en ocasiones, como ecos de los debates teóricos del “viejo mundo” y no aparece como un espacio de producción de teoría: más bien se retratan las experiencias políticas que en ella se desenvuelven. La periferia es presentada, de esa manera, fundamentalmente como el terreno privilegiado de la acción política insurrecta, y como el espacio geográfico donde se desata el estallido más radical del conflicto social, en contraste con la quietud preeminente en el centro europeo. Así lo expresa de forma manifiesta la nota editorial publicada en el dossier de la NLR dedicado a los sucesos del mayo francés de 1968 (número 52, noviembre/diciembre): hasta el momento, señalaba el colectivo editorial, la izquierda europea parecía referirse a la revolución como “cartas desde lejos” (NLR, 1968, p. 1).

En esa misma clave de lectura, también encontramos en la NLR un conjunto de artículos en los cuales se aborda específicamente aquello que de forma genérica es conceptualizado como el “Tercer Mundo”. La realidad que atraviesan tales países en su conjunto, y las tareas que frente a ellos debe asumir la izquierda europea, se convierten en materia central de debate. Nos parece importante repasar algunos trabajos allí publicados que dan cuenta de tal aspecto.

Un artículo que podemos considerar distintivo del espíritu adoptado por la NLR a comienzos de los años sesenta en su abordaje del “Tercer Mundo” es el que publicara Peter Worsley en el año 1961 (número 12, noviembre/diciembre), bajo el título, precisamente, de “Revolution of the third world”. Allí, Worsley analiza la transformación producida en el orden geopolítico global como consecuencia de los procesos de descolonización en Asia y África. Refiere, por lo tanto, al contexto que rodea la Conferencia de Bandung de 1955. Es decir, el momento posterior a los procesos de liberación nacional desatados en el “Tercer Mundo”. Según el autor, dicho proceso provocó una “irrupción cualitativa” de las “nuevas naciones” en el orden internacional, que rompió el patrón rígido de división bipolar causado por la Guerra Fría. De esa manera, Worsley se encarga de enfatizar el impacto de la constitución del bloque de países “no-alineados”, y señala, a su vez, la originalidad de ese conjunto de naciones en relación con los bloques socialista y capitalista, en tanto las revoluciones de independencia se produjeron, según su perspectiva, no en función del campo antagónico conformado por la Guerra Fría, sino con la especificidad necesaria para romper con la desigualdad radical existente en los países de la periferia. De allí la originalidad de esos procesos de rebelión, que se expresó, asimismo, en la utilización creativa de las ideas provenientes de las tradiciones ideológicas pertenecientes a las dos superpotencias. Por otra parte, un aspecto destacado del artículo de Worsley es la crítica “humanista” que despunta hacia las principales potencias mundiales. De ese modo, el protagonismo de los países del “Tercer Mundo” en el escenario internacional es valorado como aquel con la capacidad de dirigir las renovadas energías revolucionarias a nivel global, y de expandir la personalidad humana de forma más enriquecedora y profunda (Worsley, 1961, pp. 21-22). En tanto, la posición política de Worsley indicaba que las formas de integración nacientes en Occidente (como la OCDE o el Mercado Común Europeo), como vía de distribución de la ayuda económica destinada a la periferia, debían ceder paso a una influencia creciente de la ONU, pues según su punto de vista era en ese organismo donde, con la irrupción de las “nuevas naciones”, se había generado un vuelco decisivo en la política internacional.

Pero podríamos decir que el capítulo emblemático de las referencias de la NLR acerca del concepto de “Tercer Mundo” se puede encontrar en el debate sostenido por Keith Buchanan y Michael Barratt Brown en el año 1963 (en los números 18, 20 y 21); especialmente en el artículo del primero que abre lugar a ese intercambio. Dicho autor comienza ese trabajo con la siguiente frase: “La irrupción política más potente de las dos últimas décadas ha sido la emergencia de aquello que los geógrafos y cientistas sociales franceses han llamado el Tiers Monde” (Buchanan, 1963, p. 5; énfasis del original). En primer lugar, Buchanan hace hincapié en que las dificultades existentes en Occidente a la hora de señalar la centralidad e importancia de dicha emergencia dan cuenta del carácter etnocéntrico de las miradas europeas sobre la periferia capitalista. Sin embargo, el artículo de Buchanan se destaca principalmente por el modo en que caracteriza, y por la mirada que tiene, acerca del “Tercer Mundo”. Ella recoge, explícitamente, los rasgos más salientes del “humanismo sartreano” que tanta relevancia cobrara por aquellos años, en consonancia con las palabras de Robin Blackburn citadas en el apartado anterior (como descripción del espíritu que inspiró a la NLR en los comienzos de los sesenta). En esa clave sartreana y fanoniana, el “Tercer Mundo” era presentado como un gran reservorio de diversidad humana. Pero, a su vez, los estados emergentes eran definidos en su conjunto como portadores de un pasado común de humillación, de explotación y de pobreza (la “commonwealth de la pobreza”, utilizando las palabras del propio Buchanan).

El artículo de Michael Barratt Brown, publicado a modo de controversia ante el de Buchanan bajo el título “Third World or Third Force?”, da cuenta tanto de una posición contrapuesta a la de su contendiente, como del problema que se intenta abordar a través de la preocupación por el “Tercer Mundo”. Barratt Brown cuestiona el “humanismo sartreano” de Buchanan de manera contundente:

No es nuestra caridad, y menos aún el autoflagelo propio de los últimos escritos de Sartre, aquello que los países en desarrollo demandan; son, más bien, simplemente nuestras máquinas y herramientas, junto con nuestra cooperación en la tarea común de desarrollar el comercio internacional. (Barratt Brown, 1963, p. 35)

Tal como se refleja en la cita, la inquietud del autor es por el modo en el cual los países centrales deben relacionarse con sus ex colonias.

Ahora bien, tal como fue adelantado en el apartado anterior, la NLR sufrió un cambio importante en su comité editorial hacia fines de los años sesenta. Y ello se expresó con mucha claridad en el desvanecimiento de la presencia del tópico del “Tercer Mundo” en la revista a lo largo de la década del setenta (aunque persistieran los análisis sobre los avatares políticos en la periferia, como ha sido señalado más arriba). Una de las pocas referencias al problema del “Tercer Mundo” aparece en el debate entre Ernest Mandel y Martin Nicolaus, llevado a cabo en el año 1970, a partir de un texto publicado un año antes por el primero, bajo el título “Where is America going?” (Mandel, 1969). La pregunta que atraviesa ese trabajo es aquella por las causas del deterioro del orden económico de posguerra en Estados Unidos. Mandel pretende cuestionar la hipótesis según la cual la principal razón de dicho deterioro se encontraba en las rebeliones sucedidas en la periferia capitalista contra la explotación del imperialismo norteamericano. El interrogante, entonces, residía en la importancia (o no) de las rebeliones en el “Tercer Mundo” a la hora de dilucidar las posibilidades de una situación revolucionaria en Estados Unidos. La respuesta de Mandel a esa pregunta le quita protagonismo al efecto de las luchas en la periferia capitalista (cuyo caso emblemático, en ese entonces, era sin dudas el de Vietnam).

Por su parte, el artículo de Nicolaus (1970), titulado “The universal contradiction”, plantea precisamente lo contrario al de Mandel. Sostiene que desde la posguerra el imperialismo ha ingresado en una etapa que impide pensar el capitalismo en términos locales, regionales o nacionales. Los efectos y las causas que lo explican, según su perspectiva, son universales. De manera tal que los sucesos externos a la sociedad norteamericana resultan fundamentales para explicar lo que ocurre en su interior.

Por último, en su respuesta crítica al artículo de Nicolaus, Mandel se asienta sobre las tesis (basadas en los escritos clásicos de León Trotsky) del desarrollo desigual y combinado (de hecho, su artículo se titula “The laws of uneven development”). Lo interesante en este texto de Mandel es que allí se observa con claridad meridiana el contrapunto con la perspectiva que leíamos en la NLR a comienzos de la década del sesenta:

¿Cuál era el objetivo político de mi argumento [en “Where is America going?”]? Era, obviamente, oponerme a la falacia de ese “tercermundismo” que, desde Franz Fanon a Lin Piao, pasando por El capital monopolista de Baran y Sweezy, excluye a la clase obrera norteamericana de cualquier perspectiva revolucionaria en el mediano plazo. (Mandel, 1970, p. 20)

Desde ese punto de vista, Mandel establece una contraposición entre el “tercermundismo” y lo que él entiende como el auténtico marxismo revolucionario. Éste último no considera que la pérdida del dominio sobre las colonias pueda provocar automáticamente una situación revolucionaria al interior de las potencias imperialistas (como indicaba para él el “tercermundismo”), a menos que tales pérdidas tuvieran allí como efecto el desencadenamiento de cambios materiales. De acuerdo con Mandel, la relación entre la política internacional y la revolución en los países de Occidente cuenta con mediaciones necesarias, como son: los cambios en la función de la economía, las relaciones de fuerzas entre las clases, y la conciencia y militancia de los diferentes grupos sociales al interior de esos países (Mandel, 1970, p. 21). El punto de partida que significa la ley del desarrollo desigual y combinado le permite a Mandel plantear la heterogeneidad de las formas de explotación del capitalismo en su funcionamiento global y, por ende, la especificidad de los dilemas de la revolución en las distintas latitudes, a diferencia del argumento de Nicolaus, que, en su énfasis sobre la universalización del régimen del capital, pierde de vista sus momentos específicos, su heterogeneidad y su temporalidad desigual.

Pero, más allá de las alternativas de la controversia Mandel-Nicolaus, nos interesa subrayar aquí el desplazamiento del “humanismo sartreano” del centro de la escena de la NLR, producido a fines de los años sesenta. Tampoco la temática de la caracterización del “Tercer Mundo” asume un protagonismo excluyente en esa etapa. Por el contrario, en la perspectiva de Mandel aparece más bien como una amenaza teórica y política al marxismo revolucionario. Y si bien la Guerra de Vietnam constituye un suceso político de envergadura en el contexto mundial, los fenómenos de la periferia capitalista en su conjunto ya no tendrán la misma relevancia, salvo, como decíamos más arriba, en su condición de territorio de emergencia de golpes militares, rebeliones, insurrecciones populares u otros conflictos políticos de enfrentamiento radical entre fuerzas sociales.

Irrupciones latinoamericanas en la NLR

Pues bien, hecho este breve repaso por las concepciones y debates en torno del “Tercer Mundo” en general, focalicemos ahora un poco nuestra mirada sobre la presencia de América Latina en la NLR. Si retomamos lo señalado en el apartado anterior, no es casual que las experiencias revolucionarias latinoamericanas hayan tenido un impacto considerable en la publicación británica. Especialmente en los inicios de la revista, la Revolución Cubana fue tratada con notable interés. Durante los años 1961 y 1962 fueron publicados diversos artículos acerca del proceso político en la isla (algunos ya mencionadas más arriba), así como también podemos rescatar una nota editorial en el año 1967 (número 46, noviembre/diciembre) en ocasión (y a propósito) del asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia. Entre todos esos artículos, se destaca por sobre el resto la elaboración y publicación de un dossier especial sobre Cuba en el número 7 de la revista, del año 1961. Aunque también debemos mencionar la publicación en el número 5 de la NLR, en 1960, de una serie de fragmentos de “La historia me absolverá”, el mítico discurso de Fidel Castro en el juicio por el copamiento del cuartel Moncada de Santiago de Cuba, allá por el año 1953.

No corrió la misma suerte en la NLR el proceso chileno de la Unidad Popular. En 1969, más específicamente en el número 54 de la revista, fue publicado un artículo del sociólogo norteamericano James Petras titulado precisamente “Chile” (se trata, por lo tanto, de un escrito previo a la llegada de Salvador Allende a la Casa de la Moneda en 1970). Hablamos de un texto relativamente breve, pero que retrata con bastante precisión el fracaso del gobierno de Eduardo Frei Montalva y de su promesa de una “Revolución en libertad”. De hecho, el objetivo del artículo de Petras se condensa en la frase final del mismo: “Chile (…) simplemente confirma la ley del continente: sólo una revolución socialista de masas podrá liberar a los pobres de su condición de explotación” (Petras, 1969: 59). Lo que resulta muy llamativo del artículo, tratándose de un escrito del año 1969, es la ausencia de una perspectiva sobre el estado de situación de las organizaciones de izquierda en el país trasandino.

Al mismo tiempo, es curiosa la ausencia de trabajos sobre Chile en el período inmediatamente posterior al triunfo de la Unidad Popular en septiembre de 1970. Lo mismo podríamos decir acerca de la visita de Fidel Castro a ese país en el año siguiente. No encontramos un registro de ello en la NLR. Habrá que esperar a la llegada del número 78, de marzo/abril de 1973, para que fuera publicado un artículo sobre el proceso chileno. Se trató de un trabajo de Kyle Steenland, que llevara el título “Dos años de la Unidad Popular en Chile: un balance”. Éste último es un trabajo bastante extenso en comparación con el promedio de los artículos de la revista, y se muestra muy informado acerca de la coyuntura política chilena. Tanto es así, que recupera artículos de autores de ese país, como el célebre trabajo de Sergio Ramos Córdova, de 1972, titulado “Chile: ¿una economía de transición?”. También hace referencia a la caracterización de las clases dominantes chilenas realizada por André Günder Frank, en la que éste las calificó de “lumpen-burguesías”11.

Entre otros aspectos, en dicho artículo Steenland aborda la relación de la Unidad Popular con el Estado burgués, la economía chilena en vistas de un proceso de transición, la ofensiva de la derecha local y la injerencia del imperialismo norteamericano en Chile. Es un trabajo cuyo espíritu general es sumamente crítico de las posiciones del Partido Comunista de Chile (PCCh), de la dirección política ejercida por Salvador Allende y del rumbo asumido por la Unidad Popular (UP), especialmente después de las elecciones municipales de abril de 1971. Pues el autor considera que ése era el momento indicado para profundizar el proceso de transformación chileno en un sentido más radical, que rompiera con el orden burgués, mediante la sanción de una nueva constitución. El argumento de Steenland sostiene que la UP desarrolló la lucha contra los monopolios y el imperialismo, pero dejó de lado la construcción del socialismo y la destrucción del Estado burgués. En ese sentido, sus críticas al proceso chileno eran esencialmente dos: 1) haberse recostado sobre la legalidad burguesa; y 2) no haber contado con un partido de vanguardia (Steenland, 1973, p. 6). Steenland asigna al PCCh la máxima responsabilidad por esas insuficiencias, y lo acusa por “etapista” y por la posposición indefinida de la construcción del socialismo. Tal como es señalado en las páginas finales del texto, el autor se inclina por las posiciones que expresara e impulsara por ese entonces el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y por la necesidad de su incorporación a la UP como forma de radicalizar el proceso chileno, frente al creciente acoso de la derecha local y del intervencionismo norteamericano.

En relación con otros países de América Latina y el Caribe, podríamos mencionar también algunos artículos aislados sobre ellos que fueron publicados en la revista (en orden de aparición en la publicación): México, Guyana, Brasil, Jamaica, Paraguay, Bolivia, República Dominicana, Argentina12. En cualquier caso, y más allá de estas apariciones que nos interpelan particularmente, es una nota característica de la NLR, tal como fue adelantado más arriba, el hecho de que el “Tercer Mundo” (y América Latina en particular) se presente, fundamentalmente, como escenario de episodios políticos, mas no como escenario de producción de teoría. Esto es especialmente destacable, en tanto se trató de una revista que se dedicó muy profusamente a publicar textos de pensadores marxistas heterodoxos, o bien, de referentes del pensamiento crítico, tales como: Antonio Gramsci, Gyorgy Lukács, Louis Althusser, Nikos Poulantzas, Jean Paul Sartre, Theodor Adorno, Walter Benjamin, Jacques Lacan, Mao Tse-Tung, Lucio Coletti, Karl Kautsky, Galvano Della Volpe, Lucio Magri, Auguste Blanqui, entre otros.

Ciertamente, en ese aspecto hubo un lugar para la excepción. Vale destacar, en ese sentido, la presencia de José Carlos Mariátegui, en el número 70, del año 1971, y de René Zavaleta Mercado en el 73, de 1972. En ambos casos sus trabajos estuvieron precedidos por una introducción a cargo del equipo editorial de la NLR. También debemos subrayar los artículos de Octavio Ianni (números 25 y 26, ambos de 1964), Ernesto Laclau (1971) y Fernando H. Cardoso (1972). Pero más allá de estos casos, el “Tercer Mundo” (y lo que más nos interesa, América Latina), tal como ya ha sido señalado más arriba, irrumpió en la NLR como escenario de revueltas, insurrecciones, golpes de Estado, y otros hechos que expresaron la existencia de un clima de evidente convulsión política. La teoría se presentaba en la revista, prácticamente, como un patrimonio perteneciente a las usinas europeas.

La dependencia y el desarrollo en la NLR: debates sobre el imperialismo y la industrialización capitalista en el
“Tercer Mundo”

Realizando un rastreo sistemático en la NLR, se puede observar que en sus páginas fueron publicados varios artículos en los cuales podemos encontrar las huellas de los debates sobre la dependencia y el desarrollo en América Latina desplegados en los años sesenta y setenta. Prueba de ello en tales artículos son las referencias a autores como Raúl Prebisch, André Günder Frank, José Serra, entre otros que podríamos mencionar.

Sin embargo, la dependencia y el desarrollo en tanto preocupación, o bien, como problemas teóricos, no fueron moneda corriente en la NLR para el período indagado. Como excepción, hay una discusión que se despliega en la revista, que creemos se halla íntimamente vinculada a dichos problemas. Nos referimos a tres artículos, publicados entre 1973 y 1974, que, estableciendo un diálogo entre sí, implicaron un abordaje en torno a la dependencia y el desarrollo en América Latina. Por supuesto, tal abordaje se llevó a cabo sin asumir la modalidad bajo la cual esa discusión se produjo en nuestra región. Pero, aun así, se realizaron preguntas que se mostraban en sintonía con las preocupaciones que por aquellos años orientaban y motivaban los estudios sobre la dependencia y el desarrollo en América Latina. Hablamos de la triada de trabajos constituida por un artículo iniciático de Bill Warren, titulado “Imperialism and capitalist industrialization”, publicado en el número 81 de la NLR, en 1973; y las dos réplicas que suscitó dicho artículo, ambas publicadas en el número 85, de 1974: “Myths of development versus myths of underdevelopment”, de Arghiri Emmanuel e “Imperialism and the contradictions of development” de Philip McMichael, James Petras y Robert Rhodes.

No es casual que el texto de Bill Warren haya sido motivo de un intercambio posterior en la NLR. Pues dicho artículo contiene un conjunto de afirmaciones extremadamente polémicas. De hecho, la hipótesis de ese trabajo resulta ya muy provocadora: Warren afirma que, según sus observaciones empíricas, la perspectiva de un desarrollo capitalista exitoso en los países subdesarrollados es bastante favorable, y que las tendencias en ese sentido se inclinan hacia un relajamiento (o un posible borramiento) de las relaciones de dependencia en relación con los países imperialistas, provocando una distribución menos desigual del poder entre países desarrollados y subdesarrollados. El horizonte esbozado por Warren es el de un proceso de “industrialización independiente” por parte de los países subdesarrollados, aprovechando las ventajas que desde su punto de vista habrían ofrecido las inversiones extranjeras en tales países.

El planteo de Warren (1973), tal como se desprende de su hipótesis central, desconoce los aportes del dependentismo, aun cuando en su trabajo sea mencionada la figura de André Günder Frank. Warren desestima el concepto de “neo-colonialismo” en virtud de la importancia que le otorga a las independencias nacionales de los países del “Tercer Mundo”, y al mismo tiempo rechaza la existencia de una dependencia tecnológica de estos países, confiando en su capacidad para absorber las nuevas tecnologías que las empresas extranjeras instalan en el mundo subdesarrollado. De tal manera que, para el autor, la relación entre países del “Tercer Mundo” y empresas extranjeras se presenta como mutuamente beneficiosa en el largo plazo.

Mientras tanto, el trabajo de Emmanuel asume como punto de partida un cuestionamiento a la imprecisión que, desde su perspectiva, existe en los conceptos de “dependencia”, “subdesarrollo” y “atraso”. El principal contrapunto que establece con el texto de Warren remite a la idea de una “industrialización independiente”. Pues, para Emmanuel, la industrialización no es equivalente a desarrollo, en tanto éste último supone un proceso de modernización y mecanización, no sólo en la industria, sino en todos los campos de la producción (incluida la agricultura). Sólo de esa manera se puede producir un desarrollo que implique un incremento de la mejora en la calidad de vida, entendida como un crecimiento del consumo de bienes y servicios.

Según Emmanuel (1974), la exportación de capital desde los países capitalistas avanzados a los países del “Tercer Mundo” no bloquea el desarrollo de estos últimos. El problema reside en el modo en que se produce esa exportación de capital, porque un país subdesarrollo no es, según su perspectiva, de tal condición por recibir inversiones extranjeras, sino por la falta de inversiones. Emmanuel considera que el problema central del imperialismo reside en la desigualdad internacional entre el nivel de consumo y bienestar en los países capitalistas avanzados y los del “Tercer Mundo”. La destrucción del imperialismo solo puede ser posible, entonces, cuando los países del “Tercer Mundo” logren poner en cuestión esa distribución desigual. Es por eso que la contradicción principal del mundo contemporáneo no se encuentra, según Emmanuel, en la lucha de clases al interior de los países avanzados, sino en las relaciones económicas internacionales.

Pero el artículo que mayor sintonía esboza en relación con las discusiones dependentistas es, sin dudas, el de Philip McMichael, James Petras y Robert Rhodes (1974). Ello no significa que dichos autores se sitúen en aquella corriente. De hecho, comienzan su artículo coincidiendo con Warren acerca de la ambigüedad y la carencia de sofisticación teórica de los conceptos de subdesarrollo y dependencia. Sin embargo, la problematización que producen en su artículo y el enfoque allí utilizado, pueden ser emparentados con el modo en que los dependentistas llevaron a cabo sus análisis sobre América Latina.

El principal rasgo de parentesco del artículo de McMichael, Petras y Rhodes con el dependentismo latinoamericano es, para nosotros, que asumen como puntapié inicial de su trabajo la comprensión del capitalismo como una totalidad, la cual caracteriza y condiciona las relaciones sociales de producción y los desequilibrios sectoriales internos que signan a las naciones del “Tercer Mundo”. Dicha totalidad es la causante de un capitalismo donde prima el “desarrollo desigual”13. Tanto es así que, para los autores, ese punto de partida es la gran diferencia entre su perspectiva y la de Warren. Esa omisión en el texto de Warren es, para los tres autores, el gran defecto que produce la lectura mistificada de aquél. A tal punto que McMichael, Petras y Rhodes llegan a cuestionar a Warren por desconocer el “colonialismo interno” (una categoría inicialmente acuñada por el sociólogo mexicano Pablo González Casanova, aunque los autores no den cuenta de ese origen), haciéndolo perder de vista de esa manera las consecuencias que la industrialización produce en los países del “Tercer Mundo”.

El texto de McMichael, Petras y Rhodes coloca en el centro del debate la dependencia tecnológica y financiera, a través de una ponderación de la penetración imperialista en el “Tercer Mundo” por medio de la exportación de capitales iniciada ya a comienzos de los años setenta. Es por esa razón que dichos intelectuales impugnan la lectura de Warren, al considerarla carente de un juicio crítico, en la medida en que observa el intercambio internacional sin dar cuenta de los lazos de dependencia entre las naciones y los actores en el funcionamiento mundial del régimen del capital. Al mismo tiempo, cuestionan a Warren el hecho de soslayar las condiciones sociales y políticas en que se produce el proceso que llama “industrialización independiente”. Y subrayan particularmente el caso de Brasil, donde el desarrollo capitalista se despliega en ese entonces en el contexto de una violenta dictadura militar.

En resumidas cuentas, el argumento central de McMichael, Petras y Rhodes sostiene que, si el desarrollo capitalista en la periferia se encuentra en manos de empresas multinacionales provenientes de los centros imperialistas, difícilmente ello pueda redundar en un proceso dinámico de desarrollo en el “Tercer Mundo”. Menos aún si ello agudiza la relación dependiente con respecto a la tecnología implementada por esas firmas o conglomerados multinacionales, o con respecto a las divisas necesarias para respaldar el giro de dividendos y el pago de regalías que esas corporaciones demandan al recalar con sus inversiones en el “Tercer Mundo”.

No resulta una casualidad que el final del trabajo de McMichael, Petras y Rhodes acuda como referencia a un texto del intelectual brasileño José Serra a propósito del “milagro económico” de Brasil (del que tanto se hablaba a finales de los años sesenta). Subrayan las consecuencias del modelo económico de ese país, donde el desarrollo capitalista “significa fascismo” e implica un ingreso masivo de capitales norteamericanos, provocando una concentración creciente del ingreso para expandir el mercado de consumo de bienes durables. Así, la conclusión a la que llega el artículo es que existen muy pocas posibilidades en países de escasa extensión geográfica o de pequeño mercado interno para alcanzar un desarrollo mediante la expansión industrial imperialista. El desarrollo capitalista en el “Tercer Mundo”, por el contrario, significa un crecimiento dependiente en un puñado de países, y en beneficio de un sector muy reducido de la población. Por lo tanto, para McMichael, Petras y Rhodes, el desarrollo en los países del “Tercer Mundo”, sólo puede ser comprendido al ser colocado en el contexto del pasado, el presente y el futuro del imperialismo.

Conclusiones

En su libro titulado La oscuridad y las luces, el sociólogo y ensayista argentino Eduardo Grüner recupera con mucha gracia, al mismo tiempo que con seria profundidad, una anécdota que oportunamente le fuera convidada por el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro. Éste último supo relatar, nos cuenta Grüner, que en una conversación con su colega Claude Levi-Strauss acerca de las vicisitudes del trabajo de campo en América Latina, su par francés le brindó un cálido reconocimiento por la riqueza que esa tarea revestía en nuestras tierras. Pero cuando luego el brasileño quiso transmitirle sus inquietudes específicamente teóricas, afirma Grüner, la acogida ya no fue la misma. Al ingresar en ese terreno, Levi-Strauss lo miró severo a Ribeiro, y remató: “Ah, non, Monsieur: la théorie… c´est a nous” (Grüner, 2010, pp. 25-26). Esta afirmación, tan superficial como extendida en sectores de la intelectualidad de izquierdas en ambos continentes, refleja una mirada del sentido común, interiorizada incluso por pensadores/as ilustrados/as en los círculos académicos de sendas latitudes. La teoría, según tal aseveración, estaría sujeta a una división internacional del trabajo similar a la del intercambio comercial, de forma tal que su producción correspondería a Europa, y viajaría en barco (como los productos manufacturados) desde allí hacia América Latina. Mientras que, en ese mismo reparto, el trabajo de campo, ligado a los sentimientos, experiencias y vivencias, le habría tocado en suerte a nuestra región.

Ciertamente, la apelación al dilema retratado por Grüner plantea de un modo extremo la asimetría propia de la circulación del conocimiento entre las distintas partes del mundo. Sin embargo, su recuperación nos permite introducir una primera advertencia que florece de la revisión planteada en este artículo: la problemática de la dependencia como característica propia del Tercer Mundo en general, y de América Latina en particular, está presente en la NLR pese a que sus páginas no otorgan un estatuto teórico a las reflexiones que simultáneamente forjaban los intelectuales latinoamericanos. En ese sentido resulta ineludible preguntarnos por el lugar que ocupó la teoría forjada en América Latina en la empresa editorial británica. Y esa pregunta resulta posible en al menos dos sentidos: 1) ¿qué presencia tuvieron los/as pensadores/as de nuestra región y su producción teórica en la NLR?; y 2) ¿qué huellas del debate teórico latinoamericano se pueden encontrar en las preguntas y los problemas planteados por la intelectualidad europea en la revista británica de referencia?

Si en este artículo escogimos la cuestión de la dependencia y el desarrollo como prisma para indagar en esos dos interrogantes fue porque se trató del principal problema a través del cual la intelectualidad latinoamericana se interrogó en términos teóricos (además de políticos, desde ya), desde el marxismo, por la relación de nuestra región con el funcionamiento del capitalismo a escala mundial. Y porque, además, ese problema invitaba, a través de su propio planteamiento, a abordar el capitalismo como una totalidad. Así, el punto de partida de las teorías de la dependencia obligaba a las izquierdas de las potencias europeas (como Gran Bretaña) a hacerse parte de la historia de América Latina (con todos sus capítulos trágicos a cuestas).

El relevamiento y el análisis realizados, volcados en las páginas de este artículo, nos muestran un saldo ambivalente acerca del impacto del dependentismo en la NLR. En primer lugar, la presencia del “Tercer Mundo” y de América Latina es incontestable, y el interés de la publicación por los principales problemas políticos de la periferia es inequívoco. Pero, como hemos repetido aquí arriba, sus huellas nos remiten fundamentalmente a las convulsiones políticas desatadas en esos territorios. En segundo lugar, la presencia de intelectuales latinoamericanas/os y su producción teórica en la NLR es débil, más allá de algunas honrosas excepciones (como las señaladas antes, de Mariategui, Zavaleta, Ianni, Cardoso y Laclau). Pero, en tercer lugar —quizá el aspecto que resulta más controversial y que potencia otros interrogantes14— se encuentra el modo en que en las propias indagaciones de la intelectualidad europea podemos hallar rastros del debate latinoamericano. No tenemos dudas de que el dependentismo se encuentra omnipresente en varios trabajos de la NLR, ya que ciertas problemáticas abordadas así lo indican, como fue el caso de las cuestiones tanto de la “industrialización independiente” como del subdesarrollo en los artículos reseñados de Warren, Emmanuel y McMichael, Petras y Rhodes. Incluso, las referencias, aún ocasionales, a Raúl Prebisch, André Günder Frank o José Serra, dan cuenta de la presencia espectral que tuvieron las temáticas de la dependencia y el desarrollo en el contexto intelectual de fines de los sesenta y comienzos de los setenta. No obstante, esta peculiar presencia no expresa una recuperación sustantiva y sistemática, es decir, teórica, del debate latinoamericano, en tiempos en los que el clima intelectual de nuestra región se caracterizaba por una enorme productividad, en su intensa y compleja vinculación con el conflicto político y social.

Aun cuando con el correr de los años —en el trayecto que va desde los inicios hacia el final de la década del sesenta— haya sido desplazado de su condición de perspectiva predominante, es posible señalar que el “tercermundismo” de cuño “humanista” fue el modo principal y más sistemático a través del cual la NLR se aproximó de forma sustantiva a los dilemas más acuciantes de América Latina. Si bien durante el decenio del sesenta esa mirada iría perdiendo vigor con el paso de los años, fue la modalidad más potente por medio de la cual la intelectualidad que participó de la NLR se vio interpelada y tendió a interpretar los fenómenos más trascendentes de la periferia capitalista.

En suma, resulta evidente que, a la hora de analizar el funcionamiento del capitalismo a escala mundial, los aportes latinoamericanos no consiguieron ocupar un lugar protagónico en la NLR. También es bastante claro que las fuentes teóricas a través de las cuales allí fueron interpretados los principales dilemas de América Latina no provinieron del otro lado del océano Atlántico. El predominio de las crónicas y acontecimientos políticos tercermundistas y latinoamericanos expresa un modo de aparición, un eco peculiar, una impronta propia de nuestras latitudes que irrumpió con fuerza en los centros del poder global. Pero, en contraposición con ello, la omnipresencia de los debates latinoamericanos sobre la dependencia y el desarrollo en la NLR, carente de un reconocimiento abierto y de un tratamiento sistemático de la producción teórica latinoamericana, nos habla de una asimetría en la producción y circulación de conocimientos que, pese al contexto de radicalización política de los años sesenta y setenta, no fue reconocida ni mucho menos revertida por la revista británica.

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1 Argentino. Doctor en Ciencias Sociales, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires (FSOC-UBA), Argentina. Investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con sede en el Instituto del Desarrollo Humano de la Universidad Nacional de General Sarmiento (IDH-UNGS), Argentina. Contacto: andrestzeiman@hotmail.com

2 Argentina. Licenciada en Ciencia Política, Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario (FCPOLIT-UNR). Contacto: mceciliapato@gmail.com

3 . Considerando las transformaciones históricas sufridas por el concepto de “Tercer Mundo” en el siglo XX, cuando hagamos referencia a lo largo de este artículo a dicha categoría, retomaremos las coordenadas planteadas por Martín Bergel (2019) acerca de su significado en los años sesenta y setenta. Es decir, aludiremos siempre al conjunto heterogéneo de países subdesarrollados que existe frente a la consolidación de las dos potencias emergentes en la segunda posguerra. Siguiendo el señalamiento del historiador alemán Cristoph Kalter recuperado por Bergel, adoptaremos como propia la afirmación según la cual el concepto de “Tercer Mundo” se erige como tal en el marco de tres procesos: 1) la descolonización; 2) la Guerra Fría; y 3) el escándalo provocado por la brecha de prosperidad que separa a dos tercios de la humanidad del inusitado crecimiento de los países occidentales en la segunda posguerra.

4 . Debido a que varios textos que analizaremos en este artículo sólo se encuentran disponibles en inglés, los citaremos en español mediante traducciones nuestras. Por lo tanto, todas las citas en español de trabajos referenciados en inglés en el apartado de la bibliografía, corresponden a traducciones realizadas por los autores de este artículo.

5 . El propio Hall reconoce que tomaron prestado el término de la nouvelle gauche, la tendencia independiente en la política francesa asociada al semanario France Observateur y a su editor, Claude Bourdet, quien personificó después de la guerra el intento de abrir una “tercera vía” en la política europea: independiente del estalinismo y la socialdemocracia, lejana a los bloques militares de la OTAN y del Pacto de Varsovia, y opuesta a la presencia tanto estadounidense como soviética en Europa (Hall, 2010, p. 178).

6 . La Campaña por el Desarme Nuclear (CND) nació en Gran Bretaña en 1958 como expresión del humanismo rebelde ante el creciente autoritarismo estatal y la proliferación de armas nucleares. Durante los años sesenta se consolidó como un espacio de activismo y movilización social; la marcha anual entre Londres y la base militar de Aldermaston simbolizó su esplendor. Además, fue tal la influencia que adquirió el movimiento pacifista en la sociedad británica que en las páginas de New Reasoner se incluyó una sección llamada “Campaign Notes” que funcionaba como receptor y difusor de protestas. El historiador E. P. Thompson fue uno de los principales exponentes de este movimiento, con peculiar interés en involucrar el anclaje social del CND con el Partido Laborista en las contiendas electorales de 1961 (Ruiz Jiménez, 2009, p. 59). Cabe señalar, por último, que existieron otros grupos pacifistas durante la Guerra Fría en la sociedad británica, como el “Comité de los 100”, fundado en octubre de 1960, bajo el liderazgo de Bertrand Russel (entonces presidente del CND).

7 . Se trata de una aseveración del comité editorial, que se difundió en un documento no publicado, conocido como “A Decennial Report”, pero que fuera referido en numerosas ocasiones en el estudio de Elliot (2004) sobre la trayectoria intelectual de Perry Anderson.

8 . Los artículos que conforman las llamadas “Tesis Nairn-Anderson”, publicadas en NLR, son (presentados a continuación según autor, año y número de publicación): Tom Nairn, “The British Political Elite” (1964/23); “The English Working Class” (1964/24); “The Anatomy of the Labour Party” (1964/27 y 28); Perry Anderson, “Origins of the Present Crisis”, (1964/23). Ver también los artículos de Perry Anderson: “Socialism and Pseudo-Empiricism” (1966/35) y “Components of the National Culture” (1968/50). Con autoría de Tom Nairn: “The British Meridian” (1970/60) y “The Twilight of the British State” (1976/101). Algunos de estos artículos fueron publicados por Perry Anderson (1992) en el libro titulado English Questions.

9 . Al respecto, en la biografía de Perry Anderson, Elliot comenta que el texto de Warren “motivó unas premiosas notas de Anderson en las que admitía la superioridad de sus posiciones sobre las de los ‘teóricos de la dependencia’, a la vez que argumentaba que el verdadero antecedente de Warren no era, como él creía, Lenin, sino los defensores del capitalismo de la corriente del ‘marxismo legal’. Frente a estos espejos deformantes opuestos, Anderson insistía en el desarrollo conjunto del capitalismo y la persistencia del imperialismo en el Sur” (Elliot, 2004, p. 147).

10 . Vale la pena reponer una breve sistematización de los países de la periferia capitalista a los cuales se han dedicado artículos en la NLR durante la década del sesenta y la primera mitad del setenta, pues ello nos habilita mostrar la diversidad a la que hacemos referencia. Al mismo tiempo, nos permite dar cuenta del interés de la revista por los sucesos políticos ocurridos en el “Tercer Mundo”. A continuación el listado de los países periféricos abordados en la NLR (ordenado alfabéticamente según el país), colocando entre paréntesis el año y número de publicación: Angola (1962/17); Arabia Saudita (1973/80); Argel (1974/83); Argelia (1960/6 -edición especial dedicada a ese país-, 1962/13-14, 1963/22); Argentina (1970/62, 1972/71); Bangladesh (1971/68, 1972/74); Bolivia (1966/39, 1968/51); Brasil (1964/25, 1964/26, 1970/59); Camboya (1964/25); Ceylon (1971/69, 1971/70, 1974/84); China (1960/3); Congo (1965/31); Corea del Sur (1973/77); Cuba (1960/5, 1961/7, 1961/8, 1961/9 -suplemento especial-, 1961/11, 1962/17, 1962/21); Egipto (1967/45, 1976/98); Eritrea (1971/67); Ethiopia (1965/30); Filipinas (1973/78, 1973/81); Ghana (1967/42); Guyana (1963/23, 1968/47); Hong Kong (1974/87-88); India (1967/42, 1970/61, 1973/79, 1975/93); Indochina (1975/91); Irán (1968/47); Jamaica (1965/31); Malasya e Indonesia (1964/28, 1966/36); Malawi (1967/45); México (1962/17); Omán (1969/58, 1971/66, 1975/92); Pakistán (1970/63, 1971/68, 1972/74); Palestina (1969/57, 1971/67); Paraguay (1966/38, 1968/48); República Dominicana (1966/40, 1967/41); Rhodesia (1966/39); Siria (1967/45); Sudáfrica (1969/53, 1973/82, 1974/83); Tailandia (1972/71); Vietnam (1965/33, 1968/48, 1971/68); Yemén (1970/63); Zanzibar (1964/25).

11 . Vale recordar en ese sentido el libro de Frank (1979) de 1972 titulado Lumpenburguesía: lumpendesarrollo. Dependencia, clase y política en Latinoamérica.

12 . El año y número de publicación de los artículos sobre esos países se pueden encontrar más arriba en la nota al pie número 8.

13 . Aquí resuena nuevamente la fórmula originalmente acuñada por León Trotsky, ya utilizada por Mandel en su artículo de 1970 mencionado más arriba (“The laws of uneven development”). Por otra parte, el trabajo de Tom Nairn, publicado en el número 94 de la NLR, en 1975, titulado “The modern Janus”, aborda desde otro ángulo el problema del desarrollo desigual como un aspecto clave de la constitución del sistema capitalista a escala mundial.

14 . Destacamos en ese sentido la indagación propuesta por Clara Ruvituso (2020) acerca de la traducción al alemán y la posterior publicación en ese idioma de trabajos dependentistas en la República Federal Alemana, y en particular, en el sello Edition Surhkamp. Allí la autora plantea un problema central a ser explorado, como es el de los distintos modos de intermediación desplegados para que esas traducciones y publicaciones se vuelvan posibles tomando en cuenta la asimetría en la producción y circulación de conocimientos. Esto puede resultar vital para responder ciertas preguntas relativas al caso que hemos analizado en nuestro artículo, ya que, de los pocos autores latinoamericanos publicados en la NLR, dos de ellos son Fernando H. Cardoso y Ernesto Laclau. Tal como señala Ruvituso, en 1972 se llevó a cabo una conferencia en Dakar (organizada por Samir Amin) para debatir el tema del desarrollo, de la que participaron intelectuales de distintas partes del mundo. Entre esos intelectuales, como atestigua la publicación posterior de esas conferencias por la editorial Siglo XXI, se encontraba Cardoso (Nerfin, 1978). Al mismo tiempo, en el período que hemos estudiado, Laclau se encontraba viviendo y trabajando en Gran Bretaña (en la Universidad de Essex). De ese modo, entre los agradecimientos del libro del filósofo argentino titulado Política e ideología en la teoría marxista figuran dos personajes centrales de la NLR: Perry Anderson y Robin Blackburn (Laclau, 2015, p. 8). Con esto queremos remarcar que los autores latinoamericanos publicados en la NLR formaban parte de ciertos entramados institucionales de circulación global, que sin dudas repercutieron en la posibilidad de que sus artículos lleguen a incluirse en las páginas de la revista británica. En ese sentido, consideramos que el trabajo de Ruvituso sobre Edition Surhkamp resulta instructivo para una indagación en esa misma línea sobre otras experiencias editoriales.