Marcelo STARCENBAUM1
Recibido: 13/10/2025
Aceptado: 22/11/2025
Resumen
Las intervenciones en el campo del marxismo propiciadas por el intelectual argentino José Aricó en los años 1960 y 1970 estuvieron condicionadas por las transformaciones ocurridas en el seno de la izquierda continental y mundial. El estancamiento de la experiencia soviética, los desafíos planteados por las revoluciones china y cubana, el proceso de descolonización y la reinterpretación de las tradiciones políticas populares de la región constituyeron elementos favorables para un procesamiento crítico del corpus marxista. En este sentido, el trabajo de traducción y edición realizado por Aricó de las producciones y los debates alrededor del concepto de formación económico-social puede ser captado como un esfuerzo por dotar a las formaciones de la nueva izquierda argentina de herramientas precisas para dar cuenta de la articulación de niveles de la vida social y delimitar una práctica política acorde a dicha singularidad. En este trabajo nos proponemos analizar los múltiples ejercicios de lectura del concepto de formación económico-social que se reflejan en los Cuadernos de Pasado y Presente. En este sentido, nos concentramos por un lado en el trabajo de direccionamiento dentro de la obra marxiana. Al respecto, analizaremos la publicación de Introducción general a la crítica de la economía política (1857) y Formaciones económicas precapitalistas. Por otra parte, nos detendremos en el trabajo de difusión de los desarrollos contemporáneos sobre el concepto de formación económico-social y sus efectos teóricos y políticos. Al respecto, analizaremos la publicación de las compilaciones El concepto de formación económico-social y Modos de producción en América Latina así como de Hegemonía y dominación en el Estado moderno de Nicos Poulantzas.
Palabras clave: José Aricó, marxismo, formación económico-social.
José Aricó e o conceito de formação
econômico-social
Resumo
As intervenções no campo do marxismo promovidas pelo intelectual argentino José Aricó nas décadas de 1960 e 1970 foram condicionadas pelas transformações ocorridas no seio da esquerda continental e mundial. O estagnação da experiência soviética, os desafios colocados pelas revoluções chinesa e cubana, o processo de descolonização e a reinterpretação das tradições políticas populares da região constituíram elementos favoráveis para uma análise crítica do corpus marxista. Nesse sentido, o trabalho de tradução e edição realizado por Aricó das produções e debates em torno do conceito de formação econômico-social pode ser entendido como um esforço para dotar as formações da nova esquerda argentina de ferramentas precisas para dar conta da articulação dos níveis da vida social e delimitar uma prática política de acordo com essa singularidade. Neste trabalho, nos propomos analisar os múltiplos exercícios de leitura do conceito de formação econômico-social que se refletem nos Cadernos de Passado e Presente. Nesse sentido, nos concentramos, por um lado, no trabalho de orientação dentro da obra marxiana. A esse respeito, analisaremos a publicação de Introdução geral à crítica da economia política (1857) e Formações econômicas pré-capitalistas. Por outro lado, nos deteremos no trabalho de divulgação dos desenvolvimentos contemporâneos sobre o conceito de formação econômico-social e seus efeitos teóricos e políticos. A esse respeito, analisaremos a publicação das compilações O conceito de formação econômico-social e Modos de produção na América Latina, bem como Hegemonia e dominação no Estado moderno, de Nicos Poulantzas.
Palavras-chave: José Aricó, marxismo, formação econômico-social.
Abstract
The interventions in the field of Marxism developed by the Argentine intellectual José Aricó in the 1960s and 1970s were conditioned by transformations that occurred within the continental and world left. The stagnation of the Soviet experience, the challenges posed by the Chinese and Cuban revolutions, the process of decolonization and the reinterpretation of the popular political traditions of the region constituted favorable elements for a critical reading of the Marxist corpus. In this sense, the work of translation and editing by Aricó of the developments and the debates around the concept of socioeconomic formation can be conceived as an effort to provide the formations of the Argentine New Left with precise tools to account for the articulation of levels of social life and delimit a political practice according to this singularity. In this paper we propose to analyze the multiple reading exercises of the concept of socioeconomic formation that are reflected in Cuadernos de Pasado y Presente. In this sense, we concentrate on the one hand on the work of addressing within the Marxian work. In this regard, we will analyze the publication of Introducción general a la crítica de la economía política (1857) and Formaciones económicas precapitalistas. On the other hand, we will focus on the dissemination of contemporary developments on the concept of socioeconomic formation and its theoretical and political effects. In this regard, we will analyze the publication of the compilations El concepto de formación económico-social and Modos de producción en América Latina as well as Hegemonía y dominación en el Estado moderno of Nicos Poulantzas.
Keywords: José Aricó, Marxism, Socio-economic formation.
El concepto de formación económico-social constituye una de las nociones más productivas y a la vez más discutidas en la historia del marxismo. Su origen se remonta a los textos del propio Marx, en los que formación económico-social [ökonomische Gesellschaftsformation] era utilizado como alternativa a modo de producción para designar la totalidad de relaciones sociales que caracterizan a una sociedad históricamente dada. Frente a las tentaciones mecanicistas y economicistas, el concepto permitió evidenciar en Marx el análisis de configuraciones sociales determinadas a partir de sus dimensiones estructurales, pero también superestructurales. Sin embargo, como veremos más adelante, el hecho de que la noción se presentara en algunos pasajes indiferenciada de la de modo de producción, así como la colocación de las formaciones económico-sociales en un ordenamiento sucesivo, constituyen el punto de partida de un conjunto de polémicas sobre su lugar en la obra marxiana.
El concepto de formación económico-social fue posteriormente retomado por Lenin en su polémica contra los populistas rusos. En Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas, la noción de formación económico-social aparecía como refutadora de la sociología subjetivista, la cual tendía a pensar las configuraciones sociales en términos de generalidad (Lenin, 1973). Asimismo, la noción se presentaba como posibilitadora de un análisis científico de la sociedad a partir del carácter determinante de las relaciones de producción, lo cual conducía a pensar una configuración social tanto en términos de singularidad como de repetición y regularidad. De una lectura de El Capital mediada por la importancia del concepto de formación económico-social se derivaba la caracterización del análisis de las relaciones de producción como un esqueleto que debía ser recubierto con la carne y la sangre de la superestructura. La formación económico-social capitalista era caracterizada como un organismo vivo, en tanto siempre era analizada junto a sus aspectos de la vida cotidiana, la manifestación efectiva del antagonismo de clases, sus expresiones políticas institucionales y su dimensión ideológica.2
En este trabajo nos proponemos un análisis del lugar ocupado por el concepto de formación económico-social en la tarea de renovación del marxismo emprendida por el intelectual argentino José Aricó en las décadas de 1960 y 1970. Como es conocido, su trabajo como editor, traductor e intelectual se plasmó principalmente en la revista Pasado y Presente, que tuvo una primera época entre 1963 y 1965 y una segunda en 1973, y en los Cuadernos de Pasado y Presente, una iniciativa editorial que alcanzó casi los cien volúmenes entre 1968 y 1983. En el marco de la crisis del movimiento comunista internacional, el desarrollo de procesos revolucionarios en el Tercer Mundo y la revisión de las experiencias nacional-populares de la región, la relectura del corpus marxista emprendida por Aricó buscó dotar a la izquierda argentina de esquemas interpretativos que permitieran dar cuenta de las especificidades de la sociedad argentina y de los requerimientos de una práctica política efectivamente transformadora. Esta operación teórica y política intentaba superar los esquematismos del marxismo ortodoxo sustentado por el Partido Comunista Argentino, cuyos dirigentes e intelectuales habían encorsetado la realidad argentina en interpretaciones históricas y estrategias políticas predeterminadas.3
Creemos que el concepto de formación económico-social cumplió un rol fundamental en el desarrollo de esta renovación del marxismo. Frente a las limitaciones de los análisis sociales e históricos mediados por el concepto de modo de producción, el de formación económico social permitía abordar una totalidad articulada sobre elementos pertenecientes a distintos modos de producción. Asimismo, de cara a interpretaciones economicistas, dicho concepto habilitaba una comprensión no reduccionista de las instancias superestructurales. Frente a las estrategias políticas planteadas a escala global, el concepto de formación económico-social contribuyó a jerarquizar la singularidad social e histórica de la sociedad sobre la cual se pretendía actuar políticamente. Asimismo, ante las concepciones evolucionistas, dicho concepto habilitó un pensamiento sobre la política como una práctica cuyo desarrollo y resultado no estaban garantizados por leyes generales de la historia.
Trataremos de calibrar estos efectos a partir de un análisis del proceso de traducción y difusión del marxismo llevado a cabo en los Cuadernos de Pasado y Presente. Como ha sido señalado en la bibliografía sobre Aricó y los Cuadernos, esta experiencia constituye una iniciativa editorial con marcados objetivos políticos. En este sentido, si bien cada uno de los Cuadernos contiene una breve introducción realizada por Aricó, lo más significativo de esta experiencia radica en los efectos de los ejercicios de traducción y difusión de textos, autores y debates teóricos. Por ello, más que atender la producción teórica de Aricó, nos proponemos hacer hablar a los Cuadernos. Es decir, preguntarnos qué elementos de las problemáticas teóricas y políticas en ellos atendidas se tornaban relevantes para su trabajo de renovación teórica y política de la izquierda argentina. Tomando como eje el concepto de formación económico-social, nos concentramos en dos grandes grupos de Cuadernos. El primero es el de la intervención sobre el corpus marxiano. En ellos se reproducen los textos de Marx en los que esboza el concepto y otros materiales que proporcionan variables analíticas para su interpretación. El segundo es el de la recuperación de los debates contemporáneos alrededor del concepto de formación económico-social. En estos Cuadernos se publican los materiales pertenecientes al proceso de reactivación del concepto en el marxismo italiano y francés en las décadas de 1960 y 1970.
La introducción del concepto de formación económico-social en los Cuadernos puede ser enmarcada en el sentido que Aricó le asignaba a esta experiencia editorial en términos de reapropiación del corpus marxiano. Los volúmenes en los cuales se desplegaron los problemas relativos a dicho concepto forman parte de un conjunto de materiales que dan cuenta de un esfuerzo por transformar los modos en los cuales había sido concebida la obra de Marx en la primera mitad del siglo XX. Como ha sido señalado en los estudios específicos dedicados al trabajo de Aricó y la experiencia de los Cuadernos, uno de los segmentos más destacados de los volúmenes publicados es aquel en el que se lleva a cabo una reinterpretación de los textos de Marx. Al respecto Horacio Crespo (2009, p. 192) se ha referido a la existencia de una serie de Cuadernos caracterizada por la incitación al trabajo y la lectura filológica de Marx. En un sentido similar, Martín Cortés (2015, p. 20) ha llamado la atención sobre la tendencia de Aricó a trabajar sobre textos que permitían desarticular relatos consolidados y pensar de otra manera el despliegue del pensamiento del propio Marx.
El abordaje de estos Cuadernos a partir del problema del concepto de formación económico-social requiere a su vez una delimitación de dos subconjuntos. Por un lado, puede recortarse un grupo de publicaciones en las cuales la noción era introducida y en la que se brindaban elementos interpretativos necesarios para su procesamiento. Pueden ser ubicados aquí el Cuaderno número uno, correspondiente a Introducción general a la crítica de la economía política, publicado en 1968, y el Cuaderno número veinte, correspondiente a Formaciones económicas precapitalistas, publicado en 1971. Siguiendo los términos recientemente esbozados, podemos afirmar que mientras el primero de los Cuadernos permitía una aproximación a la concepción marxiana de las formaciones económico-sociales, el segundo daba cuenta de un conjunto de problemas relativos a su conceptualización.
El concepto de formación económico-social ocupa un lugar central en los principios esbozados por Marx en el “Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política”. Luego de la explicitación del hilo conductor de sus estudios, consistente en el carácter determinante de las relaciones de producción sobre lo jurídico-político, y del tratamiento del problema del desarrollo, relativo a la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción, las formaciones económico-sociales aparecían representando los diversos estadíos atravesados por la humanidad a lo largo de la historia. Se desplegaba allí la célebre frase que caracterizaba la concepción marxiana sobre el problema a la vez que sentaba las bases del debate alrededor del concepto: “A grandes rasgos puede calificarse a los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués moderno de épocas progresivas de la formación económica de la sociedad” (Marx, 1968, p. 67). Se trataba nada menos que de una enumeración de formas societales y la asignación de un carácter progresivo a la sucesión de ellas a lo largo de la historia de la humanidad. Además, este esbozo se acompañaba de las sentencias concurrentes de que una formación social no desaparece hasta tanto no se hayan desarrollado las fuerzas productivas para las cuales resulta suficiente y que las nuevas relaciones de producción no ocupan su lugar hasta que sus condiciones de existencia hayan sido engendradas por la antigua sociedad.
En este sentido, la publicación de Formaciones económicas precapitalistas permitía apropiarse tanto de un conjunto de variables analíticas del problema del desarrollo y la sucesión de formaciones sociales como de argumentos tendientes a contrarrestar interpretaciones pretéritas pero sedimentadas sobre la obra de Marx. Debe destacarse, al respecto, que si bien el propio texto de las Formen cumplía un rol fundamental en dicha tarea, era sobre todo la introducción realizada por Eric Hobsbawm la que posibilitaba una aproximación novedosa al corpus marxiano. Esto obedecía tanto a las dificultades propias de la lectura de las Formen, un material conformado por anotaciones por momentos impenetrables, como al hecho de que el análisis del marxista británico, que ocupaba el mismo espacio que el texto de Marx, estaba dirigido fundamentalmente a aclarar el problema del desarrollo y la sucesión de las formaciones económico-sociales. Los efectos de la introducción de Hobsbawm pueden ser pensados, por un lado, en términos de un reordenamiento del corpus marxiano. Allí se caracterizaba a las Formen como el intento más sistemático de abordar el problema de la evolución histórica. Se trataba de una constatación que tenía un marcado efecto correctivo sobre interpretaciones históricas apuntaladas por esquemas teóricos pertenecientes a otros espacios de la obra marxiana. Según Hobsbawm (1971), “cualquier análisis histórico marxista que no tenga en cuenta esta obra –es decir, prácticamente todos los análisis anteriores a 1941 y, por desgracia, muchos de los posteriores- debe ser reconsiderado a su luz” (p. 6).
Por otra parte, sus efectos pueden ser pensados en términos de un redireccionamiento de las operaciones interpretativas sobre el propio corpus. Al respecto Hobsbawm ubicaba los esbozos teóricos de las Formen y del “Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política” en un nivel muy alto de generalización, esto es, en términos sumamente abstractos. Esta caracterización conducía a una comprensión de las formulaciones de Marx en clave de mecanismo general de todo cambio social. Es decir, que el análisis de las fuerzas productivas, las relaciones de producción y las contradicciones no implicaba afirmaciones sobre períodos históricos específicos. Lo cual llevaba a Hobsbawm (1971) a referirse a la célebre frase del “Prólogo” como una “breve lista, no fundamentada ni explicada, de las épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad” (p. 7). En este sentido, el problema de la sucesión de las formaciones económico-sociales era abordado a partir de dos razonamientos convergentes. Por un lado, la lista y el análisis de cada momento histórico no era un resultado de la teoría sino de la observación. La teoría general del materialismo histórico exige una sucesión de modos de producción, “no necesariamente de cualquier modo en particular, y quizás no en un orden predeterminado en especial” (Hobsbawm, 1971, p. 13). Por el otro, el carácter evolutivo de la sucesión de estadíos pertenece a un nivel general y no específico. Es decir, que no se trata de una sucesión cronológica ni de la evolución de un sistema a partir de su predecesor. La afirmación de que las formaciones económico-sociales son progresivas refiere al apartamiento de la situación originaria del hombre y “no implica, en consecuencia, ninguna visión lineal simple de la historia, ni el sencillo punto de vista de que toda la historia es progreso” (Hobsbawm, 1971, p. 27).
Con alusiones explícitas a textos significativos de la tradición marxista soviética, Hobsbawm evidenciaba las tendencias generadas por una lectura esquemática del problema de las formaciones económico-sociales en la obra de Marx. Una de ellas es la del ordenamiento de un conjunto de estadíos históricos en un sentido teleológico. Según el marxista británico, este procesamiento del problema de la sucesión de modos de producción conducía a la creencia en un desarrollo civilizatorio común a todos los pueblos del mundo. De este modo, las diferentes formaciones sociales eran reducidas a una especie de escalera única por la cual las diversas sociedades humanas se dirigen a distintas velocidades hacia un mismo lugar. Junto a este enfoque unilineal se encontraba una tendencia hacia la revisión de los estadíos que integraban la lista de formaciones sociales esbozada por Marx. Al respecto Hobsbawm daba cuenta de un triple desplazamiento. La lectura esquemática de la sucesión marxiana había propiciado una omisión del modo asiático, una limitación del antiguo y una extensión del feudal. Con este movimiento se había puesto en marcha una “vasta categoría de feudalismo” (Hobsbawm, 1971, p. 45), la cual había planteado un serio problema de clasificación histórica y había aplanado las evidentes diferencias entre sociedades pertenecientes a diverso tiempo y espacio.
Decíamos que Introducción general a la crítica de la economía política y Formaciones económicas precapitalistas podían ser comprendidas en el marco de una serie de Cuadernos en los cuales el concepto de formación económico-social era introducido y problematizado. Ahora bien, junto a ellos puede ser pensado otro agrupamiento de Cuadernos en los cuales el concepto y sus implicaciones se volvían operativos en el análisis de un conjunto de situaciones históricas y políticas. Al respecto, una porción significativa del trabajo editorial realizado por Aricó hacia fines de la década de 1970 estuvo dedicado a la difusión de los textos de Marx en los que se condensaba una visión heterodoxa sobre la periferia del mundo capitalista. Igualmente enmarcados en la reconfiguración del corpus marxiano, los escritos sobre Irlanda y Rusia permitían apropiarse de una perspectiva materialista alejada de esquemas explicativos evolucionistas y fatalistas. Tal como ha insistido Cortés (2015), en el ejercicio de recuperación del “último Marx” o el “Marx de los márgenes” se cifra uno de los afluentes fundamentales de la renovación del marxismo emprendida por Aricó, en tanto estos materiales habilitaban una complejización de la tradición en el sentido de “una crítica del progreso, el esbozo de una teoría del desarrollo desigual del capitalismo y la atención a las singularidades nacionales como eje del análisis concreto” (p. 126).
Una parte significativa de este trabajo de recuperación se expresó en 1979 en el Cuaderno número setenta y dos, dedicado a la cuestión irlandesa. Con el título Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda, el volumen reunía la correspondencia entre Marx y Engels, y la que éstos habían mantenido con otros referentes del movimiento socialista internacional acerca del proceso revolucionario desarrollado en Irlanda en la década de 1860. Entre esos documentos se destacaba la carta de Marx a Engels de 1867 en la que se discutían las particularidades del programa político que debía ser desplegado en Irlanda. En este texto Marx (1979a) aseguraba que “lo que los irlandeses necesitan es: 1) Gobierno autónomo e independiente de Inglaterra 2) Revolución agraria 3) Aranceles proteccionistas frente a Inglaterra” (p. 153; énfasis del original). El establecimiento de dicho programa por parte de Marx implicaba una rectificación de posiciones previas en relación a las necesidades del movimiento revolucionario en Irlanda. La creencia en el carácter subsidiario del derrocamiento del régimen irlandés con respecto al despliegue de la clase obrera inglesa había sido reemplazada por la necesidad de llevar a cabo un proceso de liberación nacional en Irlanda. Tal como era anunciado a Sigfrid Meyer y August Vogt en 1870, luego de haberse ocupado durante años de la cuestión irlandesa, Marx (1979b) había llegado a la siguiente conclusión: “el golpe decisivo contra las clases dominantes en Inglaterra (que es decisivo para el movimiento obrero en todo el mundo) sólo puede darse en Irlanda y no en Inglaterra” (p. 21; énfasis del original).4
Los textos que funcionaban a modo de presentación del material sobre Irlanda estaban centrados en la verificación del proceso rectificador experimentado por Marx y en la calibración de sus potenciales efectos teóricos y políticos. Por un lado, un artículo del italiano Renato Levrero sobre la cuestión nacional en Marx y Engels. Levrero, un marxista especializado en el análisis marxista del colonialismo y el imperialismo, ubicaba a los textos sobre Irlanda en el marco de un viraje decisivo en el pensamiento de Marx y Engels. Según el italiano, estos textos, considerados menores o marginales durante la primera mitad del siglo XX, evidenciaban el distanciamiento de una concepción de la revolución que descansaba sobre la creencia en el predominio de las relaciones de producción capitalistas en Europa occidental, en la existencia de un proletariado internacional homogéneo y en la absoluta reductibilidad de factores nacionales a los intereses de clase. Lo que ocurriría en los textos de la década de 1860 sería una consolidación del análisis del dominio del capital en todo el globo en términos de una especialización de la producción generadora de un desarrollo desigual de la economía mundial. Al concebir al subdesarrollo de Irlanda como producto de las exigencias de acumulación de la metrópolis, Marx le quitaba cualquier sentido de fatalidad o naturalidad al estadío en el cual se encontraba aquella sociedad. Según la perspectiva de Levrero, la interpretación realizada por Marx de la cuestión irlandesa podía constituir la base de un análisis riguroso del problema del subdesarrollo y una superación de los programas políticos sustentados en el fatalismo y el evolucionismo. La constatación de que Marx había asumido definitivamente la idea de que el desarrollo desigual del capitalismo requería un desarrollo desigual de los procesos revolucionarios equivalía a decretar la caducidad tanto del reformismo socialdemócrata como del izquierdismo obrerista y eurocéntrico.
El otro texto introductorio era la Advertencia preparada por Aricó. Fuertemente influenciado por las hipótesis de Levrero, Aricó centraba su presentación en el cambio de perspectiva de las posiciones de Marx sobre Irlanda. Si en un primer momento Marx y Engels habían pensado que la independencia de Irlanda sería un resultado de la revolución en Inglaterra, luego comenzaron a advertir que la clase obrera inglesa era un producto de la expoliación sufrida por el pueblo irlandés. De esa forma los fundadores del materialismo histórico habían llegado a la conclusión de que la emancipación nacional de Irlanda era la condición primordial para alcanzar la emancipación social de los obreros ingleses. La situación irlandesa se convertía entonces en un elemento que permitía abordar de manera novedosa el problema de las relaciones entre la lucha de clases y la lucha nacional. En palabras de Aricó:
el Marx europeísta y privilegiador de los efectos objetivamente progresivos del capitalismo cede el lugar a un Marx inédito, matizado, profundamente dialéctico y hasta, podríamos decir, “tercermundista”, para el cual ya no es simplemente la revolución social la que resuelve el problema nacional, sino la liberación de la nación oprimida la que constituye una premisa para la emancipación social de la clase trabajadora. (Aricó, 1979, p. 11)
Así como la jerarquización de los escritos sobre Irlanda habilitaba un planteo general sobre las relaciones entre la lucha de clases y la lucha nacional, también permitía un balance sobre el tratamiento de dicho vínculo en otras expresiones de la izquierda argentina. Al respecto, Aricó contraponía el énfasis de Marx en el establecimiento de aranceles proteccionistas con la defensa del librecambismo esbozada por los socialistas argentinos. Al recortar únicamente los intereses de clase, los socialistas “olvidaban por completo el lazo de unión inescindible que tanto Marx como Engels pretendían establecer entre los factores nacional y social” (Aricó, 1979, p. 12).
Los otros Cuadernos implicados en este trabajo de recuperación del Marx silenciado fueron los dedicados al problema ruso. En 1980 fueron publicados dos volúmenes titulados Escritos sobre Rusia. El primero, Revelaciones sobre la historia secreta del siglo XVIII, reunía los textos sobre la política internacional británica con respecto a la Rusia zarista. El segundo, El porvenir de la comuna rural rusa, compilaba los materiales de Marx y Engels sobre el problema del desarrollo ruso y las características que debía adquirir el movimiento revolucionario en aquel territorio. Nos interesa resaltar sobre todo los textos reproducidos en el segundo de los cuadernos mencionados. Uno de ellos lo constituía la respuesta de Marx a Vera Zasúlich a propósito del destino de la comuna rural rusa. Como ha sido señalado, los aspectos sobresalientes de la respuesta radicaban en afirmaciones de que la inevitabilidad del capitalismo estaba expresamente restringida a los países de Europa occidental y que la comuna rural podía constituir el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia. Otro de los textos era la carta enviada por Marx a la redacción de la revista Anales de la Patria a propósito de las lecturas de su obra en Rusia. Como también ha sido advertido, la potencia de aquel texto se encuentra en la crítica a la transformación de su esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en Europa occidental “en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a la que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ellas concurran” (Marx, 1980, pp. 64-65).
Junto a estos dos Cuadernos debe mencionarse otra iniciativa editorial igualmente inscripta en los problemas relativos al abordaje marxiano de la situación rusa. En 1981, como parte de la Biblioteca del Pensamiento Socialista que Aricó coordinaba para la editorial Siglo XXI, fue publicada la correspondencia que Marx y Engels habían mantenido con el populista ruso Nikolái Danielsón. De la presentación al volumen realizada por Aricó puede concluirse que había dos aspectos del material reproducido que resultaban significativos a ojos del argentino. El primero tenía que ver con cierta aplicabilidad de los principios fundamentales del marxismo en el análisis de una situación concreta. Al respecto, Aricó (1981) lamentaba el poco interés despertado por estos textos en tanto se trataba de “un prolongado diálogo en el que las hipótesis fundamentales intentan medirse productivamente con una situación tan extremadamente singular como la de Rusia de fines de siglo” (p. XII). El segundo se enmarcaba en el ya mencionado desplazamiento teórico de Marx y tenía que ver con la importancia de la cuestión rusa en la apertura de una serie de problemas novedosos. Según Aricó, en la correspondencia con Danielsón se podía constatar un cuestionamiento a la conversión de la doctrina en una ideología del desarrollo de las fuerzas productivas, así como el esbozo de
una crítica de la noción de “progreso” capitalista, una delimitación precisa del área geográfica-histórica de validez de su análisis, un cuestionamiento de la ineluctabilidad del proceso de expropiación de los productores directos, una aguda percepción de la posibilidad de un tipo de desarrollo no capitalista en países atrasados y un reconocimiento explícito de la potencialidad revolucionaria que en ellos tienen las masas rurales. (Aricó, 1981, p. XXII)
Las aproximaciones de Marx a la situación rusa implicaban, al igual que las consideraciones sobre Irlanda, un cambio de perspectiva. Si en aquel caso se trataba del pasaje desde la centralidad de la clase obrera metropolitana hacia una jerarquización de las luchas de liberación nacional, en esta ocasión se trataba de un desplazamiento desde una caracterización como región atrasada hacia la delimitación de una singularidad capaz de ofrecer condiciones propicias para un proceso revolucionario. Como ha afirmado Shanin (1983), en el centro de las aproximaciones novedosas de Marx a la situación rusa puede encontrarse una jerarquización de los problemas del desarrollo desigual y combinado del capitalismo y de la multiplicidad de las vías de la transformación social dentro del marco mundial de influencias mutuas y diferenciales. A lo largo de estos últimos años, mucho se ha discutido acerca de las características del viraje de los textos tardíos de Marx. Por ejemplo, se ha examinado el verdadero alcance del evolucionismo de los textos anteriores, lo cual ha llevado a evaluar el tenor de la supuesta ruptura posterior. Se ha debatido también acerca de la matriz orientalista de Marx, lo que ha conducido a calibrar la potencia del desplazamiento hacia la periferia del mundo capitalista (Musto, 2016). Sin embargo, más allá de estas discusiones, es posible constatar en estos textos una serie de problemas que se presentaban como relevantes para el trabajo de relectura del corpus marxiano emprendido por Aricó. Como ha resumido Anderson (2010), en el viraje de Marx hacia los márgenes del capitalismo se condensa la idea de que estas sociedades poseían estructuras sociales marcadamente diferentes a aquellas de Europa occidental y que las nacionalidades y grupos étnicos oprimidos debían desplegar una política diferenciada de la del sujeto revolucionario de los países centrales.
En 1973 se produjo un hito fundamental en el proceso de recepción de los problemas relativos al concepto de formación económico-social. Ese año fue publicado el Cuaderno número treinta y nueve, que con el explícito título El concepto de formación económico-social, reunía un conjunto de artículos de intelectuales marxistas italianos y franceses. De este modo, Aricó agrupaba en un solo volumen dos discusiones que se habían dado de forma simultánea y articulada en ambos países europeos. Por un lado, el contrapunto en la revista italiana Critica marxista entre Emilio Sereni y Cesare Luporini originado a partir de la publicación del artículo del primero “Da Marx a Lenin: la categoria di ´formazione economico-sociale´”. Por el otro, el número especial sobre el tema que había publicado la revista francesa La Pensée con trabajos de Christine Glucksmann, René Gallisot, Guy Dhoquois, Jacques Texier, Pierre Herzog, Pierre Gruet y Georges Labica.
Este cuaderno reflejaba la reactivación del debate sobre el concepto de formación económico-social que se había desarrollado en el marco del marxismo europeo entre finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. La reproducción de ambas discusiones daba cuenta de los dos afluentes teóricos y políticos que habían conducido a dicha reactivación. Por un lado, el trabajo teórico e historiográfico de Sereni, quien desde la década de 1950 venía propiciando un rescate del concepto de formación económico-social en pos de una práctica intelectual rigurosa y comprometida con las necesidades de la izquierda italiana.5 Como ha resaltado un estudioso de su obra (Redolfi Riva, 2009), el concepto de formación económico-social le permitía a Sereni la realización de un análisis histórico y político de la situación italiana y la delimitación de las particularidades de la revolución democrática y socialista en aquel país. Por el otro, el trabajo de relectura de Marx emprendido por Althusser y sus colaboradores, quienes postulaban al término de formación económico-social como un concepto abstracto que permitía reemplazar la noción ideológica de sociedad y designar el objeto de la ciencia de la historia en tanto totalidad de instancias articuladas sobre la base de un modo de producción determinado.6
En este sentido resulta relevante la inclusión en el Cuaderno del artículo de Luporini, titulado “Dialéctica marxista e historicismo”, publicado originalmente en Critica Marxista. La producción de este marxista italiano entre fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970 puede ser concebida como un vector entre los dos afluentes señalados. Formado en la tradición historicista del marxismo, por aquellos años se había vuelto uno de los lectores más destacados de Althusser y uno de los principales introductores de su obra en la cultura de izquierdas italiana.7 Como ha señalado Tosel (2008), la especificidad de la obra de Luporini debe ser pensada en los marcos del proceso de descomposición de la filosofía de la praxis y de regreso a Marx desarrollado en el seno del marxismo italiano. Apuntalado por la relectura althusseriana de Marx, Luporini desarrolló una crítica al historicismo por su incapacidad para analizar las diferentes formaciones sociales y su tendencia a subsumir dicha diferencia en un conjunto de opciones tácticas. En contraposición, su propuesta consistió en el estudio de los diversos modos de transición hacia otra sociedad en los marcos de un modo de desarrollo desigual de las relaciones de producción y las instancias superestructurales.
Como parte de este programa de investigación, Luporini proponía una noción científica de formación económico-social. De acuerdo al italiano, las formaciones económico-sociales concretas debían ser captadas a partir de un modelo que fuese capaz de propiciar un conjunto de operaciones analíticas. En primer lugar, este modelo debía poseer una función interpretativa respecto de los hechos desarrollados en el ámbito al que se refiere y delimita. Por otra parte, debía poseer una capacidad de periodización en sentido historiográfico. Finalmente, debía estar constituido en la oposición entre las leyes generales de la producción y las leyes específicas que definen una formación económico-social determinada. En conjunto, se trataba de construir un esquema interpretativo que permitiera descubrir tendencias objetivas de desarrollo, a la vez que determinar las acciones concretas de una fuerza política. En este sentido, la obra de Lenin representaba un hito fundamental en los esfuerzos por construir un esquema con tales características. Según la lectura desarrollada por Luporini, la riqueza de dicha obra radicaba tanto en el análisis de las particularidades de Rusia, en tanto sociedad capitalista atrasada, como en la delimitación de las características que debía adquirir el movimiento revolucionario en aquel país.
Desde un espacio teórico que se pretendía superador de las limitaciones del historicismo, pero cauteloso de cierto formalismo estructuralista, Luporini insistía en la necesidad de contar con un modelo interpretativo de las formaciones económico-sociales que tuviera un carácter universal a la vez que fuese flexible en cuanto a sus posibilidades de aplicación. Una indagación sobre dicha insistencia permite constatar que lo que se encontraba por detrás del esfuerzo por construir un modelo de tales características era una evaluación crítica de la experiencia de dogmatización propiciada por el marxismo de la Segunda Internacional. Las consecuencias de dicha experiencia eran procesadas en términos historiográficos y políticos. En el primer plano, se trataba de la imposición del esquema del feudalismo occidental a la historia de los pueblos orientales y el relegamiento de los problemas relativos al modo de producción asiático. En el segundo, de la idea de que todos los pueblos debían recorrer las mismas etapas de desarrollo de los países occidentales y que éstos últimos debían cumplir un rol determinante en la evolución de las regiones dependientes.
La tarea de Luporini (1973) consistía, en este sentido, en la recuperación de un conjunto de variables interpretativas que podían hallarse en la obra de Marx pero que habían sido oscurecidas “por una interpretación del marxismo al mismo tiempo exageradamente evolucionista y exaltadora de la necesidad con respecto a las fases históricas recorridas por las sociedades humanas” (p. 30; énfasis del original). Frente a dicha interpretación se reivindicaba la disponibilidad teórica del esquema de interpretación de las formaciones económico-sociales para desarrollos diferenciados de la experiencia histórica que había servido de base para la construcción del modelo. Volviendo a los planos señalados en relación a los efectos de la dogmatización en el campo del marxismo, el rescate propiciado por Luporini tenía consecuencias tanto historiográficas como políticas. En relación a las primeras, quedaba habilitada la comprensión sobre la introducción del capitalismo en sociedades distintas a las occidentales. Con respecto a las segundas, se le quitaba el carácter de necesidad al pasaje por una fase democrático-burguesa para alcanzar el socialismo.
El modo a través del cual Luporini se vinculaba con los problemas relativos al concepto de formación económico-social difería en gran medida con la lectura desarrollada por Sereni. Dijimos anteriormente que la obra de este marxista italiano representaba uno de los afluentes del proceso de reactivación del concepto. Ahora bien, este trabajo de recuperación se realizaba sobre un marco historicista marcadamente reactivo frente a los términos de la relectura althusseriana. La propuesta de actualización del concepto de formación económico-social esbozada por el otro afluente del debate era caracterizada por Sereni como un episodio más de los asedios sociologistas e idealistas a la tradición marxista. En este marco puede ser captado su esfuerzo por desligar los problemas del concepto de la estaticidad de los modelos mecánicos y acercarlos a la dinámica concreta y real del proceso histórico. En este sentido, una lectura como la de Luporini implicaba el alejamiento del sentido que Marx le habría dado al concepto de formación económico-social en el marco de una concepción especialmente dinámica del devenir social. De allí la densa tarea filológica que caracterizaba al trabajo de Sereni y que consistía principalmente en evidenciar el pasaje en la obra de Marx de la utilización de un término de carácter estático (Form) hacia uno de carácter dinámico (Formation).
Sin embargo, más allá de estas diferencias, es posible recortar un conjunto de problemas en los cuales las lecturas de ambos marxistas italianos tendían a ser convergentes. Así como Luporini resaltaba el tenor anti-teleológico del concepto de formación económico-social, Sereni (1973) volvía a la respuesta a Zasúlich para insistir en que el carácter progresivo que Marx le otorgaba a la sucesión de formaciones sociales no debía ser comprendido en el sentido de “un juicio de valor ni tampoco en el de una línea de sucesión única y obligatoria de las diversas formaciones sociales o épocas históricas” (p. 61; énfasis del original). Del mismo modo en el que Luporini destacaba el efecto anti-mecanicista del concepto, Sereni regresaba a Lenin a los fines de constatar que la noción de formación económico-social refiere a la totalidad y la unidad de todas las esferas de la vida social. En este sentido, la inclusión de las instancias superestructurales en la realidad a la que refiere el concepto estaba asociada a una jerarquización de la “incidencia histórica global, y no sólo económica, de la noción de formación económico-social” (Sereni, 1983, p. 74; énfasis del original). Se trata de una convergencia que da cuenta del potencial que entrañaba dicha noción para una aproximación renovada a la realidad histórica y política italiana. Como ha advertido Favilli (2006), los análisis mediados por el concepto de formación económico-social eran portadores tanto de un rechazo de cualquier filosofía de la historia como de una negativa a pensar de manera escindida las esferas estructural y superestructural.
Los términos en los cuales Aricó justificaba la publicación del Cuaderno sobre el concepto de formación económico-social dejan entrever que su lectura gravitaba alrededor de los dos problemas recién analizados. Por un lado, la reproducción del debate estaba mediada por una valoración de los dos afluentes implicados en la reactivación del concepto. Puede inferirse al respecto que Aricó encontraba más productiva la lectura novedosa que se desplegaba en el texto de Luporini que las conclusiones que se derivaban del artículo de Sereni. Si bien formado al igual que este último en la vertiente historicista del marxismo, su apertura al diálogo con la incipiente tradición althusseriana lo ubicaba en un espacio convergente con el primero.8 En ese sentido resulta sintomático su lamento acerca de que los problemas relativos al concepto de formación económico-social se plantearan en términos antinómicos en “la polémica entre las interpretaciones historicistas y estructuralistas del marxismo, que ha marcado muchas de las investigaciones y de los debates de los últimos años” (Aricó, 19873, p. 8).9 Es decir que en un planteo como el de Luporini podía encontrarse un modo de sortear el tratamiento escindido de, por un lado, la modalidad propia del condicionamiento económico y la causalidad estructural objetiva que rige el movimiento de la sociedad capitalista, y por el otro, la eficacia específica de la lucha política y el papel desempeñado por la subjetividad y la acción política.
En este mismo sentido se percibe la importancia que las lecturas en términos de totalidad y unidad de las esferas de la vida social representaba para un análisis preciso de un contexto como el argentino. Al respecto resulta de interés la aclaración de Aricó acerca de la trascendencia del material reproducido. A su entender no se trataba únicamente de un debate teórico, sino que lo que estaban indicando aquellos textos era una demanda producida en el seno de la lucha revolucionaria por superar el mecanicismo propio del marxismo de la Segunda Internacional. Es decir que la comprensión sobre cómo nace y se desarrolla el movimiento histórico sobre la base de la estructura económica no podía ya descansar sobre las interpretaciones economicistas y su correlato político reformista. En suma, en la discusión europea podían encontrarse insumos para pensar
los problemas de la construcción de la hegemonía proletaria en los movimientos de liberación social y nacional en los países dependientes, coloniales y semicoloniales, y los de la conformación del estado de la dictadura del proletariado en la transición hacia la sociedad sin clases”. (Aricó, 1973, p. 7)
Destaquemos finalmente dos proyecciones del proceso de recepción del debate europeo sobre el concepto de formación económico-social. En primer lugar, el Cuaderno siguiente al que reproducía los textos europeos correspondió al problema de los modos de producción en América Latina. Con textos de Ernesto Laclau, Carlos Sempat Assadourian, Ciro Cardoso, Horacio Ciafardini y Juan Carlos Garavaglia, Modos de producción en América Latina daba cuenta de las diversas posiciones de los historiadores latinoamericanos sobre los procesos de producción, circulación e intercambio en el período colonial. Al respecto resulta sumamente relevante el hecho de que en el propio Cuaderno el concepto de modo de producción apareciera claramente desplazado por el de formación económico-social. Con referencias a la Introducción general a la crítica de la economía política y a los textos de Sereni y Luporini, la presentación realizada por Garavaglia aseguraba que mientras el concepto de modo de producción designa un modelo explicativo en el cual se contemplan los elementos comunes a una serie de sociedades, el de formación económico-social refiere siempre a una realidad concreta y pasible de una ubicación histórico-temporal. En consecuencia, el historiador argentino intentaba demostrar la productividad de una caracterización de los espacios coloniales americanos, no tanto en términos del concepto que le daba título al Cuaderno como a través de la noción privilegiada en el Cuaderno anterior. Como ha resaltado Cortés (2015), los Cuadernos El concepto de formación económico-social y Modos de producción en América Latina pueden ser entendidos en conjunto como parte de “una preocupación por la estructura específica de las sociedades latinoamericanas, y lo que ello supondría en términos políticos (el problema del sujeto revolucionario y de la transición)” (p. 74).
El otro caso lo constituye el Cuaderno número cuarenta y ocho, que con el título de Hegemonía y dominación en el Estado moderno, reunía un conjunto de artículos escritos por Nicos Poulantzas hacia mediados de la década de 1960. Por un lado, esta compilación puede ser abordada en los mismos términos que referíamos a la lectura de Luporini y el proceso de articulación entre las tradiciones historicista y estructuralista. Un prefacio escrito por el propio Poulantzas daba cuenta de un tránsito desde una posición marxista estructurada sobre el gramscianismo y el sartreanismo hacia una de neto perfil althusseriano. Por otra parte, los textos de Poulantzas daban cuenta de la productividad del concepto de formación económico-social para un planteo de los problemas relativos a la configuración de una sociedad dada y las particularidades de la lucha política en ella desplegada. Esto era especialmente evidente en la crítica a la que eran sometidas las tesis de Perry Anderson y Tom Nairn sobre la especificidad de la sociedad inglesa. Según el griego, el análisis de los marxistas británicos estaba dotado de una concepción historicista y subjetivista de la realidad social. Es decir que, en lugar de concebir a una formación social como una articulación de niveles particulares a partir de un modo de producción dado, era entendida como una organización regida por una instancia central dadora de sentido. Se trataba de un desvío que tenía evidentes consecuencias políticas. Al respecto, Poulantzas constataba los efectos que esta concepción historicista tenía en la explicación de los vínculos entre el carácter subalterno de la burguesía inglesa y la tendencia tradeunionista de la clase obrera de aquel país. Pensar que las limitaciones de la clase obrera remitían a la ausencia de una ideología burguesa coherente que pudiera ser transformada presuponía una “una concepción historicista de la sucesión de los diversos modos de producción, un pretendido esquema marxista universal de sucesión necesaria y unilateral de las formaciones esclavista, feudal, capitalista y socialista” (Poulantzas, 1973, p. 128; énfasis del original).
Decíamos en la introducción que el material de los Cuadernos nos imponía una estrategia de lectura indirecta del marxismo de Aricó. Ahora bien, una aproximación a los pocos textos en los cuales Aricó procede a una sistematización de su lectura de Marx no hace sino verificar nuestra hipótesis acerca del lugar ocupado por el concepto de formación económico-social en su empresa renovadora del marxismo. En este sentido, su trabajo Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo resulta especialmente relevante. En ese texto, producto de un curso dictado en El Colegio de México entre 1976 y 1977, el concepto de formación económico-social tiene un rol privilegiado en el tratamiento al que Aricó somete los principales problemas del marxismo contemporáneo. Centrado en Lenin, el abordaje del concepto intentaba evidenciar la diferenciación que las formulaciones del teórico y dirigente ruso habían propiciado en relación a los postulados de la Segunda Internacional. Según Aricó (2011), el uso del concepto por parte de Lenin tenía una importancia fundamental desde el punto de vista teórico “dado que su característica esencial consiste en concebir a todos los fenómenos relativos a la producción material como mediaciones de las relaciones sociales humanas” (p. 146). De esta forma, Aricó regresaba a la metáfora del esqueleto para destacar que a través del concepto de formación económico-social el marxismo se volvía una teoría dedicada a analizar no la vida económica sino la totalidad de la vida social. Asimismo, el abordaje de la obra de Lenin resaltaba el hecho de que éste hubiese llegado a los problemas relativos al concepto de formación económico-social no a través de lecturas metodológicas previas sino a través de un razonamiento determinado por los requerimientos de la práctica política en Rusia.
En este texto Aricó indagaba en los usos del concepto de formación económico-social en la obra de Lenin a los fines de evidenciar los efectos de ruptura con un marxismo de perfil dogmático. A su entender, dicho distanciamiento podía ser pensado en el marco de tres problemáticas teóricas y políticas. Una de ellas era la de la necesidad del desarrollo. Según Aricó, podía advertirse en Lenin un rechazo a la transformación del análisis sobre la acumulación originaria en una filosofía de la historia de tipo evolucionista. De este modo el problema de la necesidad histórica era procesado en términos de análisis minuciosos de la coyuntura presente y no de una utopía futura. La otra corresponde al vínculo entre ciencia y revolución. Al respecto, el distanciamiento del evolucionismo y la jerarquización del momento actual empujaban el problema de la ciencia hacia el análisis de las formaciones económico-sociales. Así, la cuestión de la mediación científica con la realidad se desplazaba hacia el análisis de las relaciones antagónicas que se despliegan en una sociedad históricamente dada. Finalmente Aricó analizaba las implicaciones del concepto para un replanteo de las relaciones entre teoría y movimiento social. Al respecto la concepción leninista sobre la conciencia de clase era singularizada como aquella que enfatizaba el conocimiento y la determinación científica de las relaciones de clase existentes en una formación económico-social.
Podemos afirmar que la lectura de Lenin realizada en las Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo constituye la culminación de un largo proceso de seguimiento y difusión de los problemas relativos al concepto de formación económico-social. Como vimos a lo largo del trabajo, dicha tarea fue emprendida por Aricó en el marco de una amplia y significativa empresa de relectura de la obra de Marx y de las tradiciones del marxismo contemporáneo. En ella, el concepto de formación económico-social se presentó como un insumo privilegiado a los fines de apuntalar un esquema interpretativo marxista capaz de dar cuenta de la especificidad de la sociedad argentina y de proporcionar conocimientos tendientes a una práctica política verdaderamente revolucionaria. La recuperación del concepto y la calibración de sus efectos se canalizó, por un lado, a través de un ejercicio de reapropiación del corpus marxiano. Mientras que las lecturas más novedosas sobre la obra de Marx permitieron apropiarse de una explicación heterodoxa del problema de la sucesión de las formaciones económico-sociales, la indagación sobre el Marx de la periferia habilitó la incorporación de un esquema marxista crítico de la noción de progreso, atento al carácter desigual del desarrollo del capitalismo y al problema nacional. Dicho trabajo se desarrolló, por otra parte, a través del seguimiento de los debates contemporáneos sobre el concepto de formación económico-social. En este caso, los desarrollos del marxismo italiano y francés de las décadas de 1960 y 1970 permitieron profundizar en la importancia del concepto para un marxismo capaz de dar cuenta de las configuraciones sociales en términos de totalidades complejas estructuradas.
Referencias
Anderson, K. (2010). Marx at the margins: On nationalism, ethnicity, and non-Western societies. University of Chicago Press.
Aricó, J. (1973). Advertencia. En C. Luporini et al., El concepto de “formación económico-social” (pp. 7–9). Pasado y Presente.
Aricó, J. (1979). Advertencia. En K. Marx y F. Engels, Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda (pp. 5–7). Pasado y Presente.
Aricó, J. (1981). Presentación. En K. Marx, N. Danielsón y F. Engels, Correspondencia (1865–1895) (pp. 7–12). Siglo XXI.
Aricó, J. (2011). Nueve lecciones sobre economía y política en el marxismo. El Colegio de México.
Balibar, E. (1970). On the basic concepts of historical materialism. En L. Althusser & E. Balibar, Reading Capital (pp. 199–308). New Left Books.
Burgos, R. (2004). Los gramscianos argentinos: Cultura y política en la experiencia de Pasado y Presente. Siglo XXI.
Cortés, M. (2015). Un nuevo marxismo para América Latina: José Aricó, traductor, editor, intelectual. Siglo XXI.
Crespo, H. (2009). En torno a Cuadernos de Pasado y Presente, 1968–1983. En C. Hilb (Ed.), El político y el científico: Ensayos en homenaje a Juan Carlos Portantiero (pp. 168–195). Siglo XXI.
Favilli, P. (2006). Marxismo e storia: Saggio sull’innovazione storiografica in Italia (1945–1970). FrancoAngeli.
Gallino, L. (1978). Formazione economico-sociale. En Dizionario di sociologia (pp. 320–323). Unione Tipografico-Editrice Torinese.
Godelier, M. (1982). Formation économique et sociale. En G. Bensussan & G. Labica (Dirs.), Dictionnaire critique du marxisme (pp. 473–476). Presses Universitaires de France.
Hazelkorn, E. (1980). Capital and the Irish question. Science & Society, 44(3), 326–356.
Hazelkorn, E. (1983). Reconsidering Marx and Engels on Ireland. Saothar, 9, 79–88.
Hobsbawm, E. (1971). Introducción. En K. Marx, Formaciones económicas precapitalistas (pp. 7–19). Pasado y Presente.
Izzo, F. (2015). Althusser and Italy: A two-fold challenge to Gramsci and Della Volpe. International Critical Thought, 5(2), 200–210.
Lenin, V. (1973). En Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas. Ediciones en lenguas extranjeras.
Lo Iacono, C. (2011). Althusser in Italia: Saggio bibliografico (1959–2009). Mímesis.
Luporini, C. (1967). Notta introduttiva. En L. Althusser, Per Marx (pp. VII–XXVII). Riuniti.
Luporini, C. (1973). Dialéctica marxista e historicismo. En C. Luporini et al., El concepto de “formación económico-social” (pp. 11–39). Pasado y Presente.
Luporini, C. (1974). Dialettica e materialismo. Riuniti.
Marx, K. (1968). Introducción general a la crítica de la economía política (1857). Pasado y Presente.
Marx, K. (1979a). Marx a Engels, 30 de noviembre de 1867. En K. Marx & F. Engels, Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda (pp. 75–77). Pasado y Presente.
Marx, K. (1979b). Marx a Sigfrid Meyer y August Vogt, 9 de abril de 1870. En K. Marx & F. Engels, Imperio y colonia. Escritos sobre Irlanda (pp. 89–91). Pasado y Presente.
Marx, K. (1980). Carta a la redacción de Otiéchestviennie Zapiski. En K. Marx & F. Engels, Escritos sobre Rusia II. El porvenir de la comuna rural rusa (pp. 45–50). Pasado y Presente.
Musto, M. (2016). L’ultimo Marx (1881–1883): Saggio di biografia intellettuale. Donzelle.
Poulantzas, N. (1973). La teoría política marxista en Gran Bretaña. En Hegemonía y dominación en el Estado moderno (pp. 145–170). Pasado y Presente.
Redolfi Riva, T. (2009). La nozione di formazione economica-sociale nel marxismo di Emilio Sereni. Il pensiero economico italiano, 17(1).
Sereni, E. (1947). Il capitalismo nelle campagne (1860–1900). Einaudi.
Sereni, E. (1966). Annalisi strutturale e metodologia storica. Critica Marxista, 5–6, 1–37.
Sereni, E. (1973). La categoría de “formación económico-social”. En C. Luporini et al., El concepto de “formación económico-social” (pp. 41–62). Pasado y Presente.
Shanin, T. (1983). Late Marx: Gods and craftsmen. En T. Shanin (Ed.), Late Marx and the Russian road: Marx and the peripheries of capitalism (pp. 1–26). Monthly Review Press.
Simoni, N. (2006). Tra Marx e Lenin: La discussione sul concetto di formazione economica-sociale. La città del sole.
Starcenbaum, M. (2014). Más allá del principio de exclusión: Gramsci y Althusser en Pasado y Presente. Prismas. Revista de historia intelectual, 18, 199–203.
Tosel, A. (2008). The development of Marxism: From the end of Marxism-Leninism to a thousand Marxisms—France-Italy, 1975–2005. En J. Bidet & S. Kouvelakis (Eds.), Critical companion to contemporary Marxism (pp. 651–678). Brill.
1 Argentino. Doctor en Historia, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de la Plata, Argentina. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Contacto: mstarcenbaum@gmail.com
2 Para una reconstrucción integral del concepto en la tradición marxista y un análisis diferenciado de los momentos marxiano y leninista, ver Gallino (1978) y Godelier (1982).
3 Para una reconstrucción del itinerario teórico y político de Aricó, ver Cortés (2015). Sobre la revista y el grupo que la animó liderado por Aricó, ver Burgos (2004). Sobre la experiencia de los Cuadernos, ver Crespo (2009).
4 Para una reconstrucción integral de la cuestión irlandesa en Marx y Engels, ver Hazelkorn (1980 y 1983).
5 Ver Sereni (1947 y 1966).
6 Ver especialmente Balibar (1970). Para una reconstrucción integral de la reactivación del concepto y el debate que le siguió, ver Simoni (2006).
7 Ver su Introducción a la edición italiana de For Marx, Luporini (1967) y su obra Dialettica e materialismo (Luporini, 1974). Para un panorama de la recepción italiana de Althusser, ver Lo Iacono (2011) e Izzo (2015).
8 El hecho de que el artículo de Luporini hubiese sido publicado solo en forma de libro en el Cuaderno número once parece abonar esta hipótesis.
9 El Cuaderno número diecinueve titulado Gramsci y las ciencias sociales expresa en gran medida esta articulación. Hemos trabajado el vínculo Gramsci-Althusser en Aricó y la experiencia de Pasado y Presente en Starcenbaum (2014).