Tomás VALLICA1
Nazareno CEJAS2
Recibido: 29/10/2025
Aceptado: 11/11/2025
Resumen
Ricardo Aronskind es Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Magíster en Relaciones Internacionales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Actualmente se desempeña como profesor consulto en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), donde dirige el Programa de Estudios Internacionales (PEI). Además, es autor de varios libros sobre políticas económicas argentinas, el pensamiento y el desarrollo económico, y numerosos artículos y ensayos de investigación publicados en diferentes revistas de ciencias sociales.En la presente entrevista, Aronskind reflexiona sobre la vigencia del pensamiento económico latinoamericano, particularmente del estructuralismo y la teoría de la dependencia. Desde una perspectiva crítica, analiza las asimetrías entre el Centro y la Periferia y la pérdida de densidad intelectual de las elites regionales, lo que limita la capacidad de construir proyectos nacionales autónomos. Asimismo, reivindica la importancia de las ideas como condición necesaria para impulsar transformaciones estructurales y repensar la soberanía económica, política, y cultural de la región. También nos invita a recuperar el legado intelectual latinoamericano como fin para reconstruir una mirada situada, capaz de comprender y afrontar los desafíos contemporáneos de la región.
Palabras clave: Soberanía, pensamiento económico, sur global.
O mundo visto do Sul: as ideias como ato de soberania. Uma entrevista com Ricardo Aronskind
Resumo
Ricardo Aronskind é licenciado em Economia pela Universidade de Buenos Aires (UBA) e mestre em Relações Internacionais pela Faculdade Latino-Americana de Ciências Sociais (FLACSO). Atualmente, é professor consultor na Universidade Nacional de General Sarmiento (UNGS), onde dirige o Programa de Estudos Internacionais (PEI). Além disso, é autor de vários livros sobre políticas econômicas argentinas, pensamento e desenvolvimento econômico, e de inúmeros artigos e ensaios de pesquisa publicados em diferentes revistas de ciências sociais. Nesta entrevista, Aronskind reflete sobre a vigência do pensamento econômico latino-americano, particularmente do estruturalismo e da teoria da dependência. A partir de uma perspectiva crítica, ele analisa as assimetrias entre o Centro e a Periferia e a perda de densidade intelectual das elites regionais, o que limita a capacidade de construir projetos nacionais autônomos. Da mesma forma, reivindica a importância das ideias como condição necessária para impulsionar transformações estruturais e repensar a soberania econômica, política e cultural da região. Também nos convida a recuperar o legado intelectual latino-americano como forma de reconstruir uma visão situada, capaz de compreender e enfrentar os desafios contemporâneos da região.
Palavras-chave: Soberania, pensamento econômico, sul global.
Abstract
Ricardo Aronskind holds a Degree in Economics from the Universidad de Buenos Aires (UBA) and a Master’s degree in International Relations from the Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). He is currently a consultant professor at the Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), where he directs the International Studies Programme (PEI). He is also the author of several books on Argentine economic policies, economic thought, and development, as well as numerous research articles and essays published in various social science journals.
In this interview, Aronskind reflects on the current relevance of Latin American economic thought, particularly Structuralism and Dependency Theory. From a critical perspective, he analyzes the asymmetries between the Center and the Periphery and the loss of intellectual density among regional elites, which limits the capacity to build autonomous national projects. Likewise, he asserts the importance of ideas as a necessary condition for driving structural transformations and rethinking the region’s economic, political, and cultural sovereignty. He also invites us to recover the Latin American intellectual legacy as a means to reconstruct a situated perspective, one capable of understanding and confronting the region’s contemporary challenges.
Keywords: Sovereignty, Economic Thought, Global South.
TV y NC: ¿Cómo comenzó tu acercamiento a la economía y a las corrientes latinoamericanas de pensamiento? ¿En qué momento de tu formación surgió el interés por comprender la evolución de las escuelas económicas en la región?
R.A: Yo estudié en la escuela pública e ingresé en la universidad en un momento de enorme efervescencia social: en 1973, 1974 y 1975. Todo el clima social de la Argentina te generaba un interés, una motivación dentro de un momento mucho más politizado que el actual. Tengo que decir que también mi familia, mis padres tenían una simpatía socialista. Por socialista me refiero a Alfredo Palacios. También en mi casa se vivió con mucha alegría la llegada de Allende a la Presidencia de Chile y fue un drama su derrocamiento. En la secundaria me conecté con agrupaciones de izquierda, que eran las que había en ese momento disponibles. En mi secundaria no circulaban grupos pro guerrilla, sino grupos que creían en la acción de las masas. En ese entorno mi primera preocupación fue la preocupación social, pero rápidamente me di cuenta que eso también estaba vinculado con el tema de la economía y que hacía falta pensar un modelo económico alternativo que pudiera dar respuesta a lo social. Yo entré en la carrera de Economía en búsqueda de esas respuestas. Pero durante mi trayectoria en la Facultad de Ciencias Económicas se produjo el golpe militar.
En los primeros años nosotros teníamos cátedras más vinculadas al peronismo de izquierda y después viene puro neoliberalismo en un clima autoritario, totalmente alejado del espíritu universitario. Por ese motivo, parte de la formación la tuve que hacer por fuera, con lecturas propias, y ahí descubrí lo que era el estructuralismo latinoamericano, la teoría de la dependencia y las explicaciones desde el marxismo sobre el fenómeno de la acumulación del capital y el imperialismo. Todo eso me fue armando una combinación de ideas heterodoxas en la cabeza.
Cuando vuelve la democracia, la gran pregunta era por el desarrollo. Es decir, cómo salíamos de la trampa que había dejado la dictadura militar en materia de endeudamiento, el empoderamiento de grupos económicos y el peso negativo del sistema financiero. Lo viví muy de cerca porque tuve la oportunidad de ingresar en un centro de investigación (el Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración, CISEA) y de investigar junto con destacados profesionales de la economía, la sociología y la historia. La preocupación ahí era cómo Argentina superaba las trabas al desarrollo económico y social.
En ese proceso de búsqueda de respuestas en la economía, me di cuenta que la disciplina tiene soluciones limitadas porque están condicionadas por la política, por la sociedad, y a partir de ello, fui haciendo una especie de ida y vuelta entre la economía y otras disciplinas que me ayudaron muchísimo a pensar el hecho económico, ya no como una cuestión técnica o mecánica, sino como proceso en el que forma parte del conflicto social. Ahí también empecé a valorar la importancia de las ideas, no como conceptos abstractos, sino como capacidades para intervenir y darle forma a la realidad social.
Eso lo vi sobre todo durante la gestión de Alfonsín, al que considero un presidente bien intencionado, pero que empieza a naufragar en el control de la economía y al que finalmente las fuerzas del mercado lo trituran. La comprensión social de ese drama que vivimos en 1989 fue paupérrima, porque salimos de ese episodio sin que la gente entendiera absolutamente nada de lo ocurrido, viviéndolo como si nos hubiera impactado un meteorito, algo externo. Entonces ahí se me complejizó el esquema interpretativo, porque comprendí que tenía que incorporar en el esquema el valor y la importancia de las ideas que circulan en la sociedad. A su vez eso también tiene relación con las relaciones internacionales y con las ideas que circulan y se difunden a nivel global, incluso con el papel de la academia en materia de reproducción de las ideas e interpretaciones, y su validación. Sobre todo en el caso de la economía, las ideas predominantes en la academia global tienen un bajísimo nivel científico y, sin embargo, son predominantes en la vida social.
TV y NC: Diversas tradiciones intelectuales contribuyeron al desarrollo del pensamiento económico latinoamericano –desde el estructuralismo hasta la teoría de la dependencia–, incorporando aportes del marxismo y del keynesianismo. ¿Cómo interpretás el surgimiento de estas corrientes en relación con los contextos históricos y los desafíos propios de la búsqueda de desarrollo, emancipación económica y política de la región?
R.A.: La verdad es que hay varios cuerpos de ideas muy interesantes. En el marxismo no está la explicación de todo ni mucho menos, pero es una base muy importante para la comprensión de muchos fenómenos centrales del capitalismo contemporáneo. El keynesianismo aporta, dentro del mainstream, una visión más realista que comprende que sin el Estado, el capitalismo y el mercado no se sostienen armoniosamente y entran en desequilibrios severos. Ahí el keynesianismo y algunas figuras post keynesianas son muy interesantes como Joan Robinson, Michal Kalecki y Piero Sraffa. Hay unas cuantas figuras notables como Friedrich List, de gran influencia en el desarrollo de Alemania y Estados Unidos, poco estudiadas en la economía. Estoy mencionando explícitamente extranjeros, porque el pensamiento latinoamericano que arranca, por situarlo temporalmente, con Prebisch y otros autores de varios países de América Latina, abreva de todos estos grandes pensadores.
Es decir, tampoco el pensamiento latinoamericano nace espontáneamente, sino que se nutre y es capaz de hacer algo que es extraordinario, que es de pronto decir: “Acá -en nuestra región- hay un fenómeno no identificado, esto es distinto, esto requiere otra explicación. Vamos a aprovechar lo que dicen otras corrientes”. Así descubrí el estructuralismo latinoamericano y sus vertientes, porque también lo metemos en un solo bloque y hay autores muy diversos.
Yo tuve la fortuna para nuestra universidad [Universidad Nacional de General Sarmiento] de poder escribir el libro3 sobre Celso Furtado. Cuando surgió la propuesta, en el marco de una colección sobre el pensamiento latinoamericano, descubrí que en mi biblioteca tenía seis o siete libros de Furtado. Había leído dos o tres, otros los tenía para leer en algún momento y esa fue la ocasión para leerlos todos. Extraordinarios. ¿Por qué digo extraordinario? Por comparación con la pobreza del pensamiento latinoamericano actual, que extravió un legado intelectual muy rico, que en todo caso debimos haberlo criticado, mejorado y profundizado.
No se puede estar repitiendo lo que dicen autores que son modas transitorias internacionales, que no aportan nada a la comprensión de nuestra realidad, mientras se ignora el pensamiento latinoamericano que dijo muchísimas cosas valiosas. El concepto de centro y periferia es elemental para que no te digan “si hacemos las cosas bien, podemos ser Estados Unidos”: Para ser Estados Unidos tenés que tener condiciones geográficas, demográficas, culturales, idiosincráticas, tenés que haber ingresado en el capitalismo mundial en un momento en el cual el mercado mundial no estaba saturado, y tener un continente en el que proyectarte.
En nuestro caso, al estructuralismo le siguió en los años sesenta -un momento de gran radicalización en América Latina y mundial por la Guerra de Vietnam y la Guerra Fría- la teoría de la dependencia. Ahí surge esta teoría por la conjunción de brillantes exiliados de diversos países latinoamericanos en Santiago de Chile. Se arma allí una cosa interesantísima, unos cerebros impresionantes pensando sobre América Latina, y que llegan a conclusiones muy contundentes sobre la necesidad de realizar rupturas muy osadas con los países centrales, para poder desarrollarnos.
Sin embargo, hoy, la teoría de la dependencia ha sido enterrada en el mundo académico, ni se la menciona, cuando la propia palabra dependencia es una palabra fundamental: no se entiende América Latina sin ese factor multidimensional. En la actualidad te pueden señalar, legítimamente, que nosotros también influimos en el mundo, generamos efectos sobre el sistema y no somos meramente un apéndice de los países centrales. Sin embargo, es fundamental considerar la relación asimétrica de poder, porque sin eso no se entienden las relaciones internacionales.
TV y NC: Considerando las distintas vertientes del pensamiento latinoamericano, ¿qué rasgos teóricos o metodológicos identificas que les dan identidad propia frente a los paradigmas económicos dominantes a nivel global?
R.A.: Primero, lo que consta en todas las corrientes latinoamericanas es el reconocimiento de las reales asimetrías económicas, de poder, de tamaño y de fuerza existentes en la economía mundial. Hay un centro hegemónico que marca los ritmos y las características de la economía mundial y una periferia que se va adaptando como puede a tendencias productivas y de consumo que vienen desde el centro.
La teoría de la dependencia pone mucho más énfasis en la explotación, en la idea de que hay un mecanismo voluntario de robo de riqueza en la periferia, que empieza en 1492 y sigue sistemáticamente hasta la actualidad. Eso los llevaba a ellos a una impugnación mucho más importante de las relaciones económicas y políticas internacionales, mientras que el estructuralismo se concentraba más en una cuestión de desarrollo industrial, que nos iba a permitir tener otro perfil internacional, suponiendo además que nadie se iba a oponer a eso. El estructuralismo-desarrollismo prefería pensar que todos los actores del sistema, centro y periferia, aceptarían el desarrollo nuestro, ya que nuestro mercado sería más grande, así que les compraríamos más productos. Sería un proceso armónico a nivel internacional al mismo tiempo que nosotros podríamos resolver nuestros propios problemas internos. Esa era, en parte, la perspectiva del estructuralismo latinoamericano. Brasil, México, Argentina, pero también Chile y otros países creyeron en que nosotros podíamos darnos políticas que redujeran nuestra distancia económica y social con los centros de poder internacional, y que iríamos hacia un mundo más democrático e igual en materia económica.
En este periodo, otro gran aporte del pensamiento latinoamericano fue identificar la existencia de un intercambio desigual4 y asimétrico entre el centro y la periferia. A lo que luego se sumó el análisis de los impactos de la presencia de las multinacionales, la distancia tecnológica y los lazos financieros como otro mecanismo de esa relación desigual. A eso debe agregarse lo político y las instituciones internacionales, que son las que regulan al sistema para acercarnos a una comprensión mayor de los problemas latinoamericanos.
TV y NC: Teniendo en cuenta esto último ¿Siguen teniendo vigencia los conceptos de nación, soberanía, colonialismo, integración, entre otros que fueron desplegados en las obras latinoamericanas, o es necesario hacer una revisión de ellos?
R.A.: Yo creo que, en el caso latinoamericano, en nuestra historia intelectual, jugó un gran papel la crisis mundial de 1929 porque fue el empujón que le hacía falta a América Latina para empezar a pensar su autonomía. Ahí hay un tramo en los años cuarenta, cincuenta, sesenta, de orgullo latinoamericano, de autoafirmación latinoamericana, que hasta se refleja en el boom literario de una América Latina que era leída en todo el mundo. Es un momento único de nuestra región, donde la idea de nación se empieza a tomar más en serio. Ahí es donde se dan procesos espectaculares tanto en Argentina como en Brasil. Brasil de alguna forma supo sostenerlo y hoy es la novena economía del mundo, pero en otros casos eso se debilitó.
Es un gran tema el nacionalismo porque uno podría decir: “la globalización ya lleva más de 40 años, se hizo tarde para la idea de naciones soberanas”. Hoy los espacios económicos mundiales son de tal dimensión, que naciones de 40 o 45 millones de habitantes son municipios, no tienen la proyección que podrían tener en otras épocas, salvo si se juega en serio la carta de la integración regional. Claro, vos pensás América Latina como un bloque de seiscientos cincuenta millones de personas y eso ya empieza a tener un sentido bastante diferente. Podrías ser un espacio económico internacional que con un cierto grado de planificación podría tener un lugar diferente en el mundo.
A veces en América Latina, y producto de nuestro propio subdesarrollo y del tipo de ideología que circula entre nuestras élites, nos conformamos con cuestiones formales poco relevantes y no vamos a las cuestiones de fondo en economía, en tecnología, en finanzas, en capacidades militares. Nos quedamos en el parloteo y nos cuesta muchísimo ir a cuestiones de efectividades conducentes, como decía Yrigoyen5. En ese sentido, tenemos una explicación que es que nuestras clases dominantes han sido bastante parasitarias y poco innovadoras y competitivas, y no fueron capaces de abrirse efectivamente un espacio propio en el mundo. Por eso también somos dependientes y esas prácticas y comportamientos de las élites se transmiten al resto de los sectores de la sociedad.
Nosotros con el Mercosur tendríamos que estar mucho más avanzados. Tendríamos que tener mucho más conectados nuestros sistemas científico-tecnológicos y aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Necesitamos Estados autónomos de nuestras propias burguesías porque son muy mezquinas, muy limitadas, no tienen un horizonte trascendente, por lo que están buscando todo el tiempo sus negocios particulares y no son capaces de concebir un horizonte más lejano. Ello también afecta la integración porque todos nuestros estados nacionales están sometidos a la presión de lobbies privados que impiden que la integración avance en serio. Como nuestros estados son relativamente débiles frente a los lobbies privados, nunca se avanza adecuada y fuertemente. Y claro, falta un liderazgo político más decidido.
TV y NC: A partir de esta idea de integración regional, ¿considerás posible ampliar el concepto de nación hacia una forma de nación latinoamericana compartida, más allá de las fronteras estatales?
R.A.: Hace unos años en nuestra universidad hicimos una convocatoria de trabajos sobre el tema de la integración y uno de los autores hizo un aporte muy interesante, mostró cómo la integración en términos de Mercosur sólo se daba por arriba, superestructuralmente. Es decir, se creaban instituciones, se coordinaban áreas, pero por abajo, en la sociedad civil, no había ninguna integración real. No estaba presente la noción de que nos estamos fusionando, de que nos enriquecemos con la cultura de Ecuador, con la de Bolivia, con la de Paraguay y que todos aprendemos de todos y nos conocemos y reconocemos. Eso no pasó y es central para armar el interés colectivo. Este interés colectivo se tendría que entender y fomentar rápidamente porque, sino, vamos rumbo a la intrascendencia completa.
Las diferencias son realmente pocas entre nosotros en comparación a otras regiones del mundo, y eso debería facilitar este proceso. Estamos a la espera de liderazgos a la altura de las circunstancias, que por ahora no aparecen. Ocurre que los liderazgos latinoamericanos, sobre todo en esta época de la globalización, se someten a la lógica del capital, sea local o internacional, al cual no le importa la integración latinoamericana. Por supuesto que sigue presente la idea grandiosa de la creación de la nación latinoamericana, a la que habría que encarar perseverantemente en todos los niveles, desde el económico al universitario, pasando por lo gastronómico, lo turístico, lo cultural. Lo esencial es que se potencien los intercambios. Hoy podemos aprovechar todo lo que nos da la tecnología para acercarnos, enriquecernos, valorar, apreciar y disfrutar de todo lo que hay en Latinoamérica, que es absolutamente increíble.
TV y NC: Esto último va directo a la cuestión de la soberanía. Es una idea entonces de soberanía regional ¿Cómo podemos pensar eso?
R.A.: Pienso que el mejor momento para pensar la soberanía fue desde la Segunda Guerra Mundial hasta el comienzo de la globalización: desde entonces, en la periferia la noción de soberanía se hundió como idea. No por casualidad en Argentina estamos en el momento político en el que estamos, que es dramático. Como sostenía Aldo Ferrer, para alcanzar el desarrollo se requería la capacidad de pensar con tu propia cabeza tus problemas. Es un fenómeno multifacético que es político, pero también es económico y cultural.
Buscando respuestas a estos problemas actuales, estaba leyendo la biografía de Lee Kuan Yew, que fue el padre fundador de Singapur, un hombre totalmente anticomunista, aliado de Occidente, pero que sin embargo supo tener y construir su propia visión nacional singapurense de dónde estaba el país, qué le convenía y cuáles eran las relaciones que tenía que tener con el mundo. Siempre pensó independientemente de los norteamericanos, a pesar de que eran sus principales aliados y que Singapur, en la guerra fría, formaba parte del dispositivo internacional de lucha contra el comunismo en Asia. Este aspecto de pensamiento propio lo noto en líderes asiáticos que nadie podría vincular con la izquierda. De modo similar pasó con Park Chung-hee, el dictador militar de Corea del Sur entre 1961 y 1979.
En nuestra región, las élites están completamente intervenidas por el pensamiento proveniente del Norte para la periferia. Esta cosa de una supuesta pertenencia a “Occidente” los hace diluirse en la irrelevancia, y no está en sus horizontes un sur global conectado. En contraste, en África se están dando interesantes procesos de autoafirmación nacional, a pesar de niveles paupérrimos comparados con nosotros. Ellos están, desde el punto de vista neocolonial, mucho peor que nosotros, mucho más débiles e intervenidos por los europeos. Pero se están dando procesos de reacción -propiciados por países que se oponen a la forma actual de la globalización-. Hay un movimiento de impugnación de esa situación de sometimiento de sus países en el mundo global.
En el caso latinoamericano, nosotros hemos sido abandonados por nuestras burguesías, es decir, se han desentendido de los procesos nacionales, de la soberanía. Es evidente por su agenda, por su comportamiento público, que la soberanía, el proyecto nacional, no les interesa. En el caso particular de la Argentina, teniendo un país formidable entre manos, un país con un potencial espectacular; y no lo digo por los recursos naturales, sino por las capacidades humanas que es capaz de desarrollar la Argentina, las élites no valoran eso y no les interesa ese potencial. Este proceso que ocurre en este momento de demolición de la ciencia y la tecnología, de las universidades, es típico de una burguesía latinoamericana subdesarrollada y subdesarrollante. Es algo que no pasa en otros países subdesarrollados de Asia donde comprendieron perfectamente qué se debe hacer para ser algo en el mundo. En Argentina la visión global de la elite es una visión mucho más precaria, que los está llevando a una situación desastrosa para los propios empresarios, que están siendo arrasados por no tener estrategia propia frente a los procesos de globalización.
Este es un caso particular porque Argentina no es un país pequeño y porque supo tener una trayectoria de desarrollo y logros significativos en materia económica, social y cultural. El Estado argentino tendría que tener horizontes propios, autónomos e independientes de estos empresarios que atienden su negocio, pero que hacen apuestas ideológicas colonizadas y que van llevando al país de fracaso en fracaso.
TV y NC: ¿Hoy en día es posible pensar solo en las cuestiones locales o es necesario ampliar los horizontes para encontrar las soluciones a los problemas del desarrollo? Y en ese sentido, ¿es posible pensar el desarrollo latinoamericano sin tener en cuenta los nuevos bloques económicos en un mundo multipolar?
R.A.: En el Norte hay pensamientos muy interesantes que no es en general el que nosotros tomamos. Creo que en ese sentido nosotros tenemos que romper toda barrera mental y de pronto ver lo que se hizo en Finlandia y en Canadá porque es interesante, o lo que hicieron los israelíes con sus empresas de alta tecnología. Muchos países tienen cosas para decirnos. Después el esfuerzo es pensar qué cosas nos sirven y qué cosas podemos adaptar y cuáles no.
En este momento América Latina se quedó afuera del salto tecnológico reciente. Ferrer decía que no puede ser que no exista una empresa automotriz latinoamericana que tenga relevancia internacional. Lo veía como un síntoma de algo que estaba muy mal en nuestra región. Hay espacios en los que nosotros sí podríamos intervenir, que es en la transición energética6. Ahí tenemos mucho para inventar y decir a nivel internacional en diferentes áreas del conocimiento. Pero en general queremos hacer lo mismo, imitar lo que hacen los países centrales y algunas de esas carreras ya las perdimos. Sin embargo, podríamos proponer y ser punta en cosas vinculadas a formas de organización social, de producción de utilidad social, y de mejora del contexto del desarrollo humano. Hay muchísimas cosas que nos hacen falta, pero que a la vez nos podrían servir para ser punta en algo que humanice el sistema internacional, y ser valorados por aportar cosas que le hacen falta a toda la humanidad.
No se trata de intentar hacer lo mismo. Se trata de preguntarnos ¿qué podemos hacer nosotros? Petro en Colombia ha planteado desafíos ecológicos muy interesantes. Él planteaba un perfil de América Latina como una región libre de contaminación donde la naturaleza sea un bien colectivo. Hay exploraciones novedosas que podríamos hacer –tanto en materia productiva como en materia de exportación de otro tipo de bienes y servicios– que no serían los mismos que hacen los países centrales. Todavía podemos avanzar por otros terrenos y ver cómo, en principio, satisfacer necesidades locales que no están ni son reconocidas por los mercados.
TV y NC: Para cerrar, ¿consideras que conceptos como independencia económica y autonomía han perdido valor para nuestras clases dirigentes?
R.A.: Sí, creo que esos conceptos perdieron todo valor para ellos. Estoy convencido de que, por ejemplo, ellos entienden que Malvinas es una causa absolutamente perdida, que no tiene ningún sentido preservar la soberanía y que hay que ir a algún tipo de asociación dependiente con los norteamericanos. Su horizonte es ese, se creen Occidente. Son alienados y tienen un conjunto de ideas muy precarias que sin embargo se niegan a discutir. Son muy ignorantes. Por eso perciben a todos los que planteen algún tipo de soberanía como una molestia, una traba para que nos integremos “al mundo”, que para ellos es sinónimo de regalar nuestros países a los países centrales.
La posibilidad de desarrollar un plan soberano de desarrollo técnicamente es posible, porque la región tiene condiciones, recursos y gente capacitada. Pero todavía no veo el imprescindible liderazgo político y social. Por ejemplo, siendo Brasil tan importante para nuestra región, tiene casi la mitad del electorado votando por un proyecto antinacional brasileño. Bolsonaro fue un ejemplo extraordinario de ese patrioterismo latinoamericano que al mismo tiempo que enarbola la bandera de Brasil y se golpea el pecho, te dice: “Disolvamos el Mercosur y hagamos un tratado de libre comercio con Estados Unidos”. La burguesía brasileña no ha sido capaz de implantar firmemente la idea de un Brasil independiente; a pesar de que es claro que Brasil tiene un destino internacional importante. Sin embargo, una parte de la población está ganada por un discurso contrario a esa posibilidad.
Si la administración Trump decide avanzar militarmente sobre Venezuela, ¿quién la defendería? De sus vecinos, nadie. Cuando teníamos la UNASUR, donde había una cierta sinergia de líderes nacionales, pudimos defender a Ecuador, Venezuela y Bolivia de golpes internos -apoyados por Estados Unidos y países de Europa- porque Brasil y Argentina ejercían un liderazgo importante. De alguna forma estábamos sosteniendo la idea de “Latinoamérica para los latinoamericanos”.
Pero para eso se necesitan liderazgos muy claros y decididos. Uno podría decir: “Es interesante lo de Claudia Sheinbaum, lo de Petro, lo de Lula”. Pero se necesitan reemplazos a largo plazo, salir de los proyectos tan personalizados. En Argentina hoy estamos completamente extraviados, protagonizando un experimento neocolonial y debilitando a toda la región. Es muy importante la recuperación argentina de este pozo en el que hemos caído. Imagínense lo que podríamos hacer con un modelo productivo y social más inteligente, que nos amplíe los mercados latinoamericanos, con el que comenzar a avanzar en un camino de acumulación inclusiva virtuoso.
1 Argentino. Licenciado en Estudios Políticos, Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Maestrando en Desarrollo Económico Regional, Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), Argentina. Contacto: vallicatomas97@gmail.com
2 Argentino. Profesor de Historia y Licenciado en Estudios Políticos (UNGS). Maestrando en Desarrollo Económico Regional (UNPAZ), Argentina. Contacto: nacejas@campus.ungs.edu.ar
3 El libro que referencia el entrevistado es: Aronskind, R. (2020). Celso Furtado: economía, poder y cultura en la dependencia latinoamericana. Ediciones UNGS, Colección Pensadores y Pensadoras de América Latina [Nota de los entrevistadores].
4 El concepto de intercambio desigual describe la transferencia sistémica de valor de forma estructural desde las economías periféricas hacia las centrales que ocurre a través de las relaciones económicas internacionales dadas las asimetrías productivas, salariales y de especialización productiva y tecnológica, lo que conlleva a una distribución desigual del intercambio. Las bases y desarrollo teórico de este concepto pueden encontrarse en las siguientes obras: Emmanuel, A. (1972). El intercambio desigual: Ensayo sobre los antagonismos en las relaciones económicas internacionales. Siglo XXI; Marini, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia. Ediciones Era; y Amin, S. (1974). La acumulación a escala mundial: Crítica de la teoría del subdesarrollo. Siglo XXI [Nota de los entrevistadores].
5 Hipólito Yrigoyen (1852–1933), ex presidente de la Argentina (1916-1922 y 1928-1930), utilizaba la expresión “efectividades conducentes” para referirse a soluciones prácticas y efectivas en materia política y económica [Nota de los entrevistadores].
6 En principio, por transición energética se entiende el proceso de transformación del sistema energético mundial hacia modelos sostenibles, con una reducción progresiva del uso de combustibles fósiles y una creciente incorporación de energías renovables, eficiencia energética y tecnologías de bajas emisiones. Este cambio busca alcanzar la neutralidad de carbono y garantizar un suministro seguro (IEA, 2023). Para más información véase, International Energy Agency (IEA) (2023). World Energy Outlook 2023. IEA, Paris. World Energy Outlook 2023 – Analysis - IEA [Nota de los entrevistadores].