Tomás QUEVEDO RAMÍREZ*
Recibido: 09/12/2025
Aceptado: 25/03/2026
Resumen
Este trabajo sostiene que el pensamiento de Mariátegui, contenido en la revista Amauta y Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, reconfiguró la comprensión de la realidad ecuatoriana. Mediante el análisis de archivo, hemerográfico y bibliográfico, se exponen tres dimensiones de su influencia: primero, se documenta la recepción de Mariátegui en el Ecuador durante la primera mitad del siglo XX y su reactivación en la década del setenta; segundo, se demuestra cómo dicho pensamiento impactó en los campos académico y político de izquierda al ofrecer elementos para una crítica marxista de la nación centrada en el problema del indio; finalmente, se constata que la influencia del pensador peruano expandió la crítica a los postulados de las III Internacional en el país, revelando que estas divergencias no eran aisladas, sino constitutivas de la identidad de la izquierda latinoamericana y ecuatoriana. El artículo rastrea esta influencia en autores clave como Hugo Rengel, Joaquín Gallegos Lara, Nela Martínez, Benjamín Carrión, quienes, bajo el influjo de Mariátegui, interpretaron la situación indígena como un fenómeno económico-social, rechazando las soluciones asimilacionistas, morales o religiosas que imperaban en la región andina.
Palabras clave: Mariátegui, Ecuador, marxismo, Amauta.
Debates em torno do sujeito indígena, o marxismo e a revolução: a influência de Mariátegui no Equador
Resumo
Este trabalho sustenta que o pensamento de Mariátegui, contido na revista Amauta e nos Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, reconfigurou a compreensão da realidade equatoriana. Mediante a análise de arquivo, hemerográfica e bibliográfica, expõem-se três dimensões de sua influência: primeiro, documenta-se a recepção de Mariátegui no Equador durante a primeira metade do século XX e sua reativação na década de setenta; segundo, demonstra-se como dito pensamento impactou nos campos acadêmico e político de esquerda ao oferecer elementos para uma crítica marxista da nação centrada no problema do índio; finalmente, constata-se que a influência do pensador peruano expandiu a crítica aos postulados da III Internacional no país, revelando que estas divergências não eram isoladas, mas constitutivas da identidade da esquerda latino-americana e equatoriana. O artigo rastreia esta influência em autores-chave como Hugo Rengel, Joaquín Gallegos Lara, Nela Martínez e Benjamín Carrión, que, sob o influxo de Mariátegui, interpretaram a situação indígena como um fenômeno econômico-social, rejeitando as soluções assimilacionistas, morais ou religiosas que imperavam na região andina.
Palavras-chave: Mariátegui, Equador, marxismo, Amauta.
Abstract
This paper argues that Mariátegui’s thought, as expressed in the journal Amauta and Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, reconfigured the understanding of Ecuadorian reality. Through archival, hemerographic, and bibliographic analysis, three dimensions of his influence are exposed: first, the reception of Mariátegui in Ecuador during the first half of the 20th century and its reactivation in the 1970s is documented; second, it demonstrates how said thought impacted the academic and leftist political fields by offering elements for a Marxist critique of the nation centered on the Indian problem; finally, it is established that the influence of the Peruvian thinker expanded the critique of the Third International’s postulates within the country, revealing that these divergences were not isolated, but rather constitutive of the identity of the Latin American and Ecuadorian left. The article traces this influence through key authors such as Hugo Rengel, Joaquín Gallegos Lara, Nela Martínez, and Benjamín Carrión, who, under Mariátegui’s influence, interpreted the indigenous situation as a socio-economic phenomenon, rejecting the assimilationist, moral, or religious solutions that prevailed in the Andean region.
Keywords: Mariátegui, Ecuador, marxism, Amauta.
Debates en torno al sujeto indígena, el marxismo y la revolución: la influencia de Mariátegui en Ecuador
Dejemos con sus cuitas estériles y sus lacrimosas
metafísicas, a los espíritus incapaces de aceptar y
comprender su época.
José Carlos Mariátegui, Aniversario y balance
El pensamiento de Mariátegui se desarrolló entre 1920 y 1930, período en el que inició la modernización de algunos países latinoamericanos, aún resonaban los ecos de la reforma universitaria de Córdoba (1918) y su estela democratizadora de la educación. Además, en esta época se formaron los primeros partidos socialistas y comunistas en la región, los cuales buscaron el reconocimiento por parte de la Unión Soviética y la III Internacional (Comintern). Esta instancia caracterizó a América Latina como semifeudal, y propuso una estrategia de Frente Único para la consecución de la revolución democrático-burguesa mediante una alianza interclasista que en términos teóricos incluía a la burguesía nacional.
Fue en ese marco que el pensamiento de Mariátegui tomó una actitud vanguardista y crítica, en especial, a su retorno de Europa en 1923, cuando inició su vinculación con la Universidad Popular Gonzáles Prada, con organizaciones de trabajadores de varios sectores y con la joven intelectualidad limeña y latinoamericana, con la que había establecido intercambios literarios y periodísticos. Estos contactos le permitieron dar forma a la editorial Minerva (1925) y a la revista Amauta publicada entre 1926 y 1930, donde se conjugó la estética con la literatura y sirvió como tribuna para problematizar la realidad peruana y latinoamericana.
Para realizar este trabajo se partió del análisis bibliográfico, hemerográfico y de archivo para identificar cómo y en qué lugares del Ecuador circularon Amauta, los Siete Ensayos y el resto de los trabajos de Mariátegui. Esto permitió identificar espacios, lectores claves y divulgadores del pensador peruano, a más de las lecturas, interpretaciones y usos que se hicieron de sus propuestas.
Abordar el pensamiento, la obra y la influencia de Mariátegui no es una tarea sencilla, dada la abundancia de materiales, así como los movimientos políticos que han reivindicado su figura. Hay un acuerdo generalizado en considerarlo como el precursor del marxismo latinoamericano, pues su obra se construyó sobre la base de la polémica permanente y el cuestionamiento a los lineamientos de la III Internacional (Flores Galindo, 2021; Kohan, 2000; Quijano, 2009). Sin duda, su aporte más significativo fue la territorialización del marxismo para el análisis de la realidad peruana. Esto le permitió hacer un diagnóstico detallado de la composición de clases, de la estrategia política y del papel de los sectores campesinos e indígenas en la contienda revolucionaria.
Su influencia en un primer momento estuvo ligada a la discusión cultural y literaria a través de Amauta –revista que tuvo circulación inmediata en Ecuador–, y en un segundo momento, desde 1928 con los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. La lectura de las obras de Mariátegui permitió al campo académico y político de izquierda una nueva comprensión del problema indígena, ampliando su perspectiva teórica para criticar las buenas intenciones de legisladores, educadores y clérigos que se negaban a ver y actuar sobre la dimensión estructural del problema relacionado con lo social y económico.
Para desarrollar este argumento el trabajo se divide en tres partes, en la primera, se sintetizan los principales ejes de reflexión de Mariátegui, ubicando a la revista Amauta como medio que fortaleció la influencia del pensador peruano y la importancia de Benjamín Carrión en la difusión de su obra; en un segundo momento se expone y analiza la repercusión que tuvieron los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana sobre el replanteamiento del problema indígena en Ecuador; por último, se exponen las críticas de Agustín Cueva a las interpretaciones realizadas sobre la obra de Mariátegui, en especial la de José Aricó.
En el pensamiento latinoamericano de las primeras décadas del siglo XX se generó una disidencia de los lineamientos positivistas y evolucionistas de la mano de una mayor difusión del marxismo. José Carlos Mariátegui fue una de las piezas claves para la radicalización del pensamiento y la territorialización del marxismo entre 1920 y 1930.
Es en este marco que debe entenderse la emergencia de Amauta. Revista fundada desde una perspectiva del pensar con cabeza propia, en conexión con los problemas del mundo, convirtiéndose en la voz de una generación y un movimiento de renovación del panorama intelectual latinoamericano (Mariátegui, 1926). En el editorial titulado Aniversario y balance (1928) Mariátegui fue enfático en señalar que la revista no buscó la originalidad a ultranza, sino ser un espacio orgánico de definición ideológica socialista que trabaja por la revolución latinoamericana como un eslabón de la revolución mundial (Mariátegui, 1971).
Alberto Flores Galindo señaló que Amauta era una empresa colectiva que vinculó a una generación intelectual de Perú en diálogo con autores europeos. Un puente para superar el regionalismo interno e integrar a intelectuales de América Latina. Esta revista inició su publicación en 1926 y en sus páginas se conjugó la vanguardia política con la vanguardia cultural (Flores Galindo, 2021) convirtiéndola en la expresión de una reflexión detenida y detallada sobre el indigenismo, el arte, el socialismo; al mismo tiempo que divulgaba contenido sobre psicoanálisis y poesía. Amauta no debe verse como una revista de coyuntura que reflexiona sobre la inmediatez de la política, ya que en ella se recogieron “los mejores avances de Occidente” (Flores Galindo, 2021, p. 108) lo que le valió a Mariátegui la acusación de ser europeizante y a quienes dio respuesta en la advertencia de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.
Contrario a lo que podría pensarse por los conflictos territoriales con el Perú, el campo cultural ecuatoriano de la primera mitad del siglo XX tuvo conexiones, diálogos y colaboraciones con poetas, escritores, periodistas y ensayistas peruanos, como los observados en el caso del grupo ecuatoriano “Renacimiento” del cual era parte el poeta Medardo Ángel Silva y el grupo peruano “Colónida”. Varios de sus integrantes escribieron en la revista Letras coordinada por Isaac J. Barrera. De hecho, en 1916 la revista Renacimiento publicó dos poemas de Mariátegui, asimismo, en el libro de Carlos Rolando Cronología del periodismo ecuatoriano publicado en 1920 se menciona el nombre de Juan Croniqueur, seudónimo con el cual solía escribir Mariátegui (Albornoz Peralta, 2018).
A su regreso de Europa, en 1923 Mariátegui hizo una escala en Guayaquil de casi una semana, donde departió con varios exiliados peruanos e incluso tuvo reuniones con organizaciones sindicales y sobrevivientes de las jornadas de noviembre de 1922.1
Amauta en Ecuador tuvo una importante circulación e influencia, en especial para intelectuales y políticos relacionados con el debate sociológico, literario y de la izquierda. El Ecuador se encontraba en ese momento en una profunda crisis económica, de dominación política e ideológica, que se expresó, por un lado, en el surgimiento de nuevos movimientos culturales que abanderaron el socialismo y el realismo social para la construcción de un arte nacional-popular; y por el otro, la radicalización política de sectores intelectuales y populares que devino en la construcción del partido socialista (1926) y del comunista (1930). En ese contexto, la Revista jugó un papel ideológico fundamental, en la medida que alimentó la discusión de la joven intelectualidad ecuatoriana en proceso de radicalización, ya que cumplió “un papel educativo y de difusión política y doctrinaria” (Albornoz Peralta, 1989, p. 46).
Una de las ciudades donde se puede evidenciar esta influencia fue Loja –al Sur del Ecuador– en ella los integrantes del “Centro Socialista La Vanguardia” accedieron de primera mano a la revista Claridad (1924) de Haya de la Torre y a los artículos de Mariátegui publicados tanto en La Razón como en Amauta. Uno de los fundadores de este grupo Clotario Maldonado señala que estos materiales “influenciaron en nuestra formación y en nuestras preocupaciones políticas y sociales” (Maldonado citado en Rodas, 2006, pp. 25-26). El intelectual lojano Víctor Guerrero plantea que una de las principales características de Amauta fue la capacidad ideológica de su mentor, ya que en ella:
con los ojos fijos en el continente europeo, pero con el corazón abierto sobre su patria. Mariátegui expone las causas de la gran crisis mundial, y habla como un iluminado sobre la trayectoria que va recorriendo la revolución socialista, hacia la cual llama la atención de los estudiantes y obreros de su tierra (V. Guerrero, 1930, p. 152).
En 1926 en el número 2 de la Revista, el sociólogo ecuatoriano Ángel Modesto Paredes publicó una respuesta a las observaciones realizadas por Dora Mayer de Zulen a su libro Sociología general aplicada a las condiciones de América (1924), el intercambio giró alrededor de la raza y el papel de los asiáticos en el proceso nacional peruano. Además, difundió materiales de pensadores marxistas, publicaciones soviéticas y resaltó la figura y pensamiento de Lenin, o las campañas antiimperialistas de Sandino. Para la comunista ecuatoriana Nela Martínez, Amauta fue una nueva forma de mirar el mundo desde el punto de vista americano, en sus palabras:
Aquí –en Cuenca– encontré la primera huella del mundo americano, de la nueva manera de mirar al hombre americano, me encontré con Mariátegui. En las librerías de Cuenca se vendía AMAUTA, una revista extraordinaria y los Siete Tratados de la Realidad Peruana; eso me hizo comprender ya desde el plano político e histórico esa relación mía, así tan espontánea y natural con el indígena. Supe ver la otra dimensión del indígena, el primer habitante de este mundo que ahora lo ha perdido (Martínez citada Albornoz Peralta, 1989, p. 49).
De lo señalado por Nela Martínez se desprende que la revista cumplió su objetivo principal, es decir, ser un espacio de difusión americano. Y al mismo tiempo posicionó a Mariátegui como uno de los intelectuales más influyentes desde inicios del siglo XX en Ecuador. Esto se sintetiza en lo señalado por Benjamín Carrión: “la revista de Mariátegui comenzó a realizar el milagro unificador, quizá más aún, de crear una conciencia continental indo-española” (Carrión, 1930, p. 221). A Carrión le sorprendió la dimensión cosmopolita de Amauta y calificó a Mariátegui como un agitador espiritual, con una revista de carácter partidista y doctrinario (Carrión, 1987, p. 98).
Rafael Quintero y Érika Silva con base en una serie de entrevistas a intelectuales de la primera mitad del siglo XX concluyeron que el pensamiento de Mariátegui fue una influencia decisiva2 (Quintero & Silva, 2001). Con ello, se puede afirmar que Amauta circuló de forma inmediata en Ecuador –en especial en Loja, Quito, Guayaquil y Cuenca– y tuvo un público diverso; pero concentrado en gente relacionada con el arte y la política, de esta manera contribuyó e influenció el debate del campo intelectual del país en la primera mitad del siglo XX.
Una de las primeras reflexiones sobre esta obra la realizó Víctor Guerrero, en su trabajo titulado José Carlos Mariátegui. En el momento de la revolución actual (1930) dio cuenta de que su alineamiento al marxismo y a la causa de la transformación social fue el resultado de la lectura de las obras del autor peruano.3 Guerrero propuso que el marxismo “sólo aparece entre nosotros definitivamente estructurado, y formando cuerpo de doctrina, con la obra de José Carlos Mariátegui, quien se erige en su más alto y ferviente panegirista” (Guerrero, 1930, p. 150), destacando su crítica al revisionismo de Henri de Man y Max Eastman que está presente en Defensa del marxismo. Al mismo tiempo destaca los estudios literarios de Mariátegui, los cuales le tornan atractivo también para un público más “refinado” (Guerrero, 1930, p. 155).
El socialista lojano Jorge Hugo Rengel en sus artículos publicados en la revista Bloque de 1934, al igual que en Guerrero hizo un uso sistemático de la obra de Mariátegui para la comprensión de la literatura ecuatoriana de su tiempo.4 En su artículo La nueva ecuatorianidad (1935) destacó al Perú de Mariátegui y a su juventud por los avances en la construcción del partido revolucionario (Rengel, 1954, p. 8). En la misma clave de Mariátegui propuso que para la apertura de un nuevo tiempo para el Ecuador era necesaria “la interpretación de nuestra realidad y planteamiento de sus problemas a través del materialismo histórico” (Rengel, 1954, p. 14), a más de clarificar el papel de los intelectuales que necesitan pensar con cabeza propia frente a los modelos dogmáticos que viene de fuera. Para él,
La aplicación oportuna del marxismo no consiste en llevar su dogmatismo al grado superlativo, sin preocuparse del medio en que actúa. Por el contrario, a cada momento se ve “el continuo replanteamiento de los problemas económicos y políticos, conforme a los nuevos aspectos de la realidad” (Rengel, 1954, p. 26).
Como se observa la influencia de Mariátegui le ayudó a pensar la realidad ecuatoriana a partir de sus circunstancias concretas, y con ello, cuestionar las visiones ortodoxas expresadas por los partidos que adhirieron a la III Internacional como era el caso del Partido Comunista Ecuatoriano (PCE). Un partido revolucionario monolítico, sigue creyendo que en la política existe realmente la línea recta sin tomar en cuenta, a pesar del experimento ruso, que la línea recta es “teórica, imaginaria” (Rengel, 1954, pp. 26-27).
Algo que llama la atención fueron las reacciones que tuvieron varios intelectuales ecuatorianos a la muerte de Mariátegui, pues le dedicaron poemas y reseñas de su obra. Muestra de ello fue lo escrito en Quito por José Alfredo Llerena: “Mariátegui se ha ido. Su huella está en el agua, en la noche multánime, amiga y pecadora. Él, hará con pirámides, lejos de aquí, una fragua para enviarla a los hombres en la próxima aurora” (1930). En la revista Hontanar de la ciudad de Loja, Humberto Mata (1932) escribió el poema “El ande pan–- mariátegui del pobre”: “JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI, bramido americano en la historia de todas las latitudes fecundadas por tus libros descuajados de tu vida: tronco de sol al fondo de los callejones tartamudos de tu época” (pp. 74-76), en ese mismo número de la Revista se incluyó el artículo de Waldo Frank “Un nuevo americano” dedicado a la trayectoria del autor peruano.
Como se aprecia, en esta primera parte, la obra de Mariátegui fue leída con atención y tuvo un impacto significativo en el campo intelectual ecuatoriano, a tal punto que su muerte tuvo una repercusión importante en revistas locales. Tanto Amauta, como los Siete ensayos tuvieron una función ideológica y política pues ampliaron la perspectiva de los grupos socialistas y comunistas, e incluso su lectura, como expresa Guerrero, sensibilizaba frente a los problemas del mundo que necesitaban ser intervenidos.
Es en este contexto, que puede entenderse el papel de Benjamín Carrión como lector clave y el principal difusor del pensamiento de Mariátegui en la primera mitad del siglo XX, no solo en Ecuador, sino también en América Latina y Europa. Carrión había forjado una trayectoria como uno de los escritores más importantes del país, esto le permitió ser el conductor del campo cultural ecuatoriano y el mentalizador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1944.
En su libro Mapa de América5 Carrión señaló que Mariátegui fue “la figura más alta y pura del socialismo hispanoamericano” y lo destacó como un “líder espiritual” (Carrión, 1930, p. 208), resaltó su rigurosidad y conocimiento, ya que “antes de lanzarse a la acción, se ha constreñido reciamente a sí mismo en la vigilia porfiada con el libro y el dato, y en la directa observación de la tierra, de los hombres, de los pueblos” (Carrión, 1930, p. 197). Destacando “una aplicación peculiar de las doctrinas marxistas a la realidad del Perú” (Carrión, 1930, p. 210; 1987, p. 93).
En el año de 1959 Carrión participó con un capítulo en el libro colectivo José Carlos Mariátegui. Etapas de su vida donde subrayó que el peruano fue una fuerza crítica enfocado en “desentrañar la auténtica realidad de nuestros pueblos y construir su personalidad” (Carrión, 1987, p. 87). Sin embargo, Carrión también expresó sus discrepancias con el indigenismo agrario del pensador peruano y con su radicalismo (Rodríguez, 2015, p. 144). Esto debió a que, mientras para Mariátegui lo indígena y su resistencia a la Colonia eran elementos clave para el socialismo indoamericano, Carrión abogó, en cambio, por la asimilación del indígena a los códigos de la “civilización Occidental”, como él mismo lo señaló, reivindicando a Vasconcelos “por España y por el indio” (Carrión, 1987, p. 96).
A pesar de sus críticas, Carrión realizó la selección de textos y el prólogo para la Antología de José Carlos Mariátegui realizada por la editorial mexicana Costa-Amic en 1966. En el prólogo volvió a expresar su admiración por Mariátegui como un santo del espíritu, por su “milagro fecundo de conducir los espíritus de los hombres y los niños por los buenos caminos de la belleza, de la sabiduría, del dolor y del júbilo” (Carrión, 2007, p. 164). Otra recopilación la realizó en 1976 con el título: José Carlos Mariátegui. El precursor, el anticipador, el suscitador por encargo de la Secretaría de Educación Pública de México. Hay que puntualizar que la voz de Carrión era la del intelectual más influyente del momento en Ecuador, por tanto, su reivindicación temprana del pensamiento de Mariátegui sirvió como catapulta para que su obra tenga una mayor difusión y acogida.
Lo anterior toma más fuerza con la reflexión de Nela Martínez, para ella “en ‘Mapa de América’ Benjamín Carrión incendia el rumbo –como el anillo ecuatorial del mundo– con Mariátegui”. La lectura del texto de Carrión le llevó a plantear que hay dos polos de lucha: con el indio y con el obrero (Martínez & Gallegos Lara, 2012, p. 81). Este criterio fue compartido por el dirigente comunista y escritor Joaquín Gallegos Lara, quien en la correspondencia responde a Nela Martínez que Mariátegui es el “maestro actual más grande América” (Martínez & Gallegos Lara, 2012, p. 130). En suma, Carrión fue clave en la recepción que Mariátegui iba a tener en el campo cultural en la primera mitad del siglo XX.
Los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928) fue un libro parteaguas del pensamiento latinoamericano de las primeras décadas del siglo XX, ya que condensó la territorialización del marxismo a los problemas peruanos realizada por Mariátegui. La dinámica social va a ser vista en relación con la distribución de la propiedad –en especial la tierra–, con el lugar que se ocupa en el proceso productivo, e incluso la dimensión cultural entró en un proceso de interrogación inaugurando una crítica literaria de corte materialista (Mariátegui, 2007). Para el lojano Víctor Guerrero los Siete Ensayos son la respuesta a quienes lo tildaron como europeizante, y hace un paralelo con el libro Sociología argentina de Ingenieros, ya que Mariátegui reflexionó sobre los problemas vitales del Perú (Guerrero, 1930).
Pero el mérito mayor de este libro fue el replanteamiento del problema del indio, frente a las tesis indigenistas y religiosas que señalan como limitación el acceso a la educación o las fallas en la moral cristiana con esta población (Mariátegui, 2007). Mariátegui afirmó que es un problema de carácter económico relacionado con el acceso a la tierra, y en especial con la permanencia del latifundio, instancia que afirma un régimen de servidumbre que limita la modernización de las relaciones de producción. En el caso ecuatoriano el debate sobre la problemática indígena no había sido ignorado, ya que se había establecido un amplio debate alrededor de temas como el concertaje, la prisión por deudas, la integración o asimilación de esta población teniendo a los integrantes de la Sociedad Jurídico-Literaria como sus protagonistas.
En el plano parlamentario las tesis sobre la eliminación del concertaje generaron un fuerte debate, por un lado, los liberales criticaron esa forma de trabajo por considerarla ineficiente, poco moderna y perjudicial –un limitante para el progreso– para la unidad nacional, pues quienes la padecen no pueden ser considerados ciudadanos; por el otro, los conservadores y en especial Luis Felipe Borja se oponía a la libre contratación; para él, eran los mecanismos coercitivos los que garantizaban el cumplimiento del trabajo y eso implicaba mantener la prisión por deudas (Prieto, 2004). Como demostró Prieto los legisladores y pensadores conservadores no podían dejar su argumentación de carácter racista vinculado a ideas como: ausencia de moralidad o atrofia en la voluntad, en consecuencias, ya que “estaban limitados en sus capacidades intelectuales y morales, necesitaban de la protección moral e intelectual de los terratenientes” (Prieto, 2004, p.61).
En este marco el lojano Víctor Guerrero resaltó el aporte de Mariátegui y los siete ensayos, ya que generó un replanteamiento del problema del indio, como un elemento clave que conecta con la realidad ecuatoriana. Con base en la lectura de Mariátegui, Guerrero cuestionó también las soluciones de carácter “administrativo, jurídico, étnico, moral educacional y meramente religiosa” (Guerrero, 1930, p. 161), pues Mariátegui demostró que el problema era económico. Esto ya que, “los legisladores que han actuado en este plano de reivindicación social y humanitaria no han pasado del marco teórico y verbalista en que se han situado los mismos mandatarios encargados de llevarlas a la práctica” (Guerrero, 1930, p. 161). Guerrero, cuestiona la efectividad de las leyes y las buenas intenciones legislativas –que no pasan de eso–, y siguiendo el planteamiento de Mariátegui se posicionó por la solución económica, lo que le llevó a la discusión del problema de la tierra. En Ecuador asegura está tesis es eludida por parte de las élites políticas (Guerrero, 1930).
Esta posición fue compartida también por el dirigente comunista Joaquín Gallegos Lara, en su texto Replanteamiento del problema del indio (1944) señaló que la situación de esta población era similar a la de colonia y de la persistencia de rezagos feudales, ya que “ni un solo día en nuestro país, en la costa o en la sierra, los indios o montubios, han dejado de ser siervos de la gleba de las haciendas establecidas de acuerdo con un sistema de propiedad exótico y medieval” (Gallegos Lara, 2013, p. 204). Para él, fue Mariátegui quien “estableció científicamente que el problema del indio es económico, es el problema de la tierra. El movimiento que sustenta el socialismo científico en el continente debe a Mariátegui la primera formulación correcta del problema del indio” (Gallegos Lara, 2013, p. 204). Por ello y siguiendo con la línea de reflexión del pensador peruano descartó las soluciones pedagógicas, médicas y religiosas que se habían planteado, colocando en el centro la dimensión económica del problema relacionado con la propiedad de la tierra.
Así mismo, Mariátegui estuvo presente en el pensamiento sociológico para abordar esta problemática. Muestra de ello fue el uso que hizo Luis Monsalve Pozo en su libro de 1943 El Indio, cuestiones de vida y su pasión con el que se incorporó a una discusión que ya tenía cerca de dos décadas. En el texto se observa un recurrente uso de citas de Mariátegui para discutir el rol desempeñado por la religión, la ley, la escuela, el arte y la literatura, ya que la vida del indio había sido pensada y representada desde dicha institucionalidad social. Pero, además, hay un uso sistemático de la obra del pensador peruano para discutir las soluciones al problema indígena como el cruzamiento con inmigrantes y la integración; o siguiendo la línea de Marx y Mariátegui la necesidad del mito de la revolución socialista como elemento que levante el alma del indio; sin embargo, señala que en Ecuador
La solución económica aún no ha encontrado al indio, porque todo lo que se ha hecho entre nosotros bajo su signo, no ha pasado del terreno teorético y de la mente de sus defensores o de la declamación de sus poetas, cuentistas y novelistas…por su parte, el Estado, insensible y sin emoción, sargento centinela de los intereses gamonalistas, carabinero de guardia en el “palacio”, no ha hecho otra cosa que reprimir con sangre el más leve intento de enunciación siquiera de tal tesis (Monsalve Pozo, 1988, p. 215).
Quienes asumieron el compromiso de enfrentar esta problemática fueron el Partido Socialista y el Partido Comunista quienes apostaron por fortalecer sindicatos agrarios para la lucha por la tierra (Prieto, 1978). En este Partido destacó la figura de Ricardo Paredes quien fue cercano a estos procesos organizativos y desde diferentes instancias había planteado la necesidad de abordar el problema indígena como un tema particular de nuestra realidad ecuatoriana, presentando un diagnóstico similar al que había realizado Mariátegui en 1928. Ese mismo año Paredes señala que la directriz de la revolución democrático-burguesa impulsadas por la III Internacional, generan confusión, pues para él “en ningún país de América Latina los terratenientes constituyen una capa diferente de la burguesía” (Paredes, 2013, p. 87), por tanto, el establecimiento de una alianza era imposible.
En las elecciones de 1933 Ricardo Paredes se presentó como candidato a la presidencia por el PCE. En su programa resaltó, por un lado, la entrega de tierra a campesinos pobres y la devolución de todas las tierras a las comunidades indígenas que habían sido robadas por los gamonales; llama la atención la propuesta de “libre derecho para indios y negros de organizarse en propias repúblicas de obreros y campesinos” (Comité Central del Partido Comunista del Ecuador, 2013, p. 133), pues implica un proceso de reconocimiento de la diversidad étnico-cultural que había sido negada en la construcción del Estado ecuatoriano por las élites blanco-mestizas. Los criterios de Paredes fueron compartidos también años más adelante por Pedro Saad quien destacó que “es interesante constatar que el proceso señalado por Mariátegui en los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana es real en el Ecuador también. La destrucción de la comunidad india no se ha hecho en beneficio de una producción de tipo capitalista, sino que se hace en beneficio de una producción de tipo feudal” (Saad, 2013, p. 307).
Lo anterior es un indicador, como señala Albornoz de que los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana permitieron a los militantes y pensadores socialistas construir un nuevo enfoque sobre el llamado problema del indio, rompiendo los abordajes asimilacionistas y colocándolos como sujetos de lucha. En resumen, el pensamiento de Mariátegui tuvo un peso determinante para los primeros socialistas y comunistas. Esto les posibilitó una mejor comprensión del problema indígena, cuya conflictividad iba en aumento dentro de las haciendas serranas, en especial la zona de Cayambe, donde se gestaron los primeros sindicatos agrarios (Prieto, 1978) con la presencia de dirigentes como Ricardo Paredes, Nela Martínez y Luisa Gómez de la Torre. Estas organizaciones desbordaron las dinámicas indigenistas y pusieron como parte del sujeto revolucionario a esta población. En ellas se formaron dirigentes como Dolores Cacuango, Tránsito Amaguaña, Neptalí Ulcuango y Jesús Gualavisí quienes se convirtieron en referentes del PCE y de la lucha social en el Ecuador.
En 1978 se publicó Mariátegui y los inicios del marxismo latinoamericano, este texto presentó nuevas interpretaciones y lecturas realizadas tanto en Europa como en América Latina, la edición estuvo a cargo de José Aricó en los Cuadernos de Pasado y Presente. Dos años después en 1980 se reunió en Sinaloa el coloquio Mariátegui y la revolución latinoamericana cuyo objetivo era la discusión sobre aristas como: el marxismo, la cuestión nacional, la realidad latinoamericana. Tanto el texto, como el coloquio se dieron en un contexto marcado por la crisis del marxismo clásico y del marxismo soviético, en un ambiente intelectual de cuestionamiento a la crítica de la economía política por parte de algunos marxistas latinoamericanos, de ahí la importancia que tuvo el “redescubrimiento” de figuras como Gramsci o Mariátegui, ya que permitían interpretaciones heterodoxas de la obra de Marx.
En ese contexto de crisis y búsqueda de nuevos referentes, Agustín Cueva publicó en 1987 La teoría marxista. Categorías de base y problemas actuales. Este libro era una polémica abierta contra el abandono de la crítica de la economía política en las ciencias sociales. Uno de los ensayos se titula: “El marxismo latinoamericano: historia y problemas actuales” el cual está dedicado a las lecturas que fueron convirtiendo a Mariátegui en un mito. Para Cueva Mariátegui devino en una figura de reivindicación por parte de las más variadas corrientes de izquierda e incluso de la socialdemocracia. Esto lo convirtió en “un clásico de nuestro marxismo y una suerte de espacio simbólico en el cual confluyen múltiples mitos” (Cueva, 1987, p. 170).
Una de las tesis más polémicas esbozadas por Cueva es sobre la relación de los Partidos Comunistas latinoamericanos con la III Internacional, ya que para Cueva esta instancia podía imponer su línea política en la medida que estos partidos “eran débiles y carentes de arraigo popular” (Cueva, 1987, p. 168), situación que contrastaba con las corrientes asiáticas del marxismo. Mao, por ejemplo, se permitió divergir con Stalin. Sin duda, este planteamiento hace girar la reflexión sobre la fuerza del movimiento comunista latinoamericano y su capacidad para el desarrollo de un proyecto propio. Esto explica, desde una óptica diferente la censura a Mariátegui en 1929 en Buenos Aires, ya que fueron los propios partidos latinoamericanos quienes se resistieron al desarrollo de una línea política autónoma y cerraron cualquier disputa con la III Internacional.6
Así mismo, Cueva criticó la caracterización de Löwy sobre Mariátegui como filotroskista; y la de José Aricó como antiestalinistas. Cueva abre una polémica con Aricó en relación con la distancia que tienen con Mariátegui las problemáticas que se discuten en el Cono Sur, ya que dicha realidad es distinta a la de la zona Andina. En ese sentido el trabajo de Aricó sería un “esfuerzo por traducir al lenguaje de los ‘blancos’ el sui generis discurso del ‘cholo’ peruano” (Cueva, 1987, p. 169), resaltando que para los andinos el pensador peruano nunca fue un desconocido, ya que gran parte de los debates de la región como el problema agrario, del indio o la literatura no eran posibles “sin conocer mínimamente los 7 ensayos” (Cueva, 1987, p. 168). Para Cueva, en los años cincuenta este libro ya era un clásico en la zona andina, pues no se podía debatir el problema indígena, agrario o literario sin tomarlo en cuenta. Si bien no habría una reelaboración de las principales categorías teóricas del marxismo, para Cueva la grandeza de Mariátegui radica
en habernos legado el primer esquema marxista de interpretación de las modalidades específicas de desarrollo del capitalismo en América Latina, en condiciones de dependencia y articulación con otras formas productivas (feudalismo, esclavitud, comunidad primitiva); esquema que muchos de nosotros, discípulos suyos, seguimos considerando válido. Al hacerlo, JCM ligó por vez primera el discurso marxista a nuestra realidad, evitando que el discurso flotara como una sustancia etérea incapaz de incorporarse al referente empírico que pretende explicar ¿Nacionalización del marxismo? Si se quiere, sí (Cueva, 1987, p. 169).
Así la genialidad de Mariátegui estuvo en su amplio acervo teórico que le permitió ir desde la problemática económica a las significaciones sociales de la literatura. En consecuencia, para Cueva, Mariátegui fue “un pionero al señalar la necesidad de una vía revolucionaria y socialista de los problemas latinoamericanos, justificada científicamente por el análisis de nuestro específico desarrollo capitalista. Inmensos aportes de este hombre singular” (Cueva, 1987, p. 170). Las críticas de Cueva expresan, por un lado, su distancia frente a las lecturas que se hicieron por gran parte de los marxistas latinoamericanos en relación con su enfrentamiento a la III Internacional; y por el otro, deja clara la centralidad que tuvo el pensador peruano para la zona andina.7
La presencia de Mariátegui en Ecuador se dio desde inicios del siglo XX con sus escritos periodísticos y poemas, evidenciando la colaboración que el campo cultural ecuatoriano estableció con el Perú –pese a los conflictos bélicos por límites fronterizos–, tanto el grupo Colónida como Renacimiento generaron una fructífera colaboración. La territorialización del marxismo realizada por Mariátegui se relaciona con la lectura propia y adaptada a las condiciones de la realidad concreta de Perú. Este proceso generó y alentó nuevas lecturas sobre el sentido y la construcción de la nación, desde una perspectiva crítica y localizada, en especial sobre el problema del indio. Este ejercicio tuvo un impacto significativo tanto en círculos académicos, como en espacios de izquierda de la zona Andina y el Ecuador, pues permitió reorientar el debate hacia la estructura productiva heredada de la colonia y a las formas de dominación que persistían sobre la población indígena.
Mariátegui fue una de las fuentes principales para renovar y radicalizar el debate sobre este tema como lo expresan las reflexiones de Benjamín Carrión, Joaquín Gallegos Lara, Nela Martínez, Hugo Renguel, Víctor Guerrero, Pedro Saad, entre otros. Benjamín Carrión se convirtió en un lector clave y el principal divulgador de la obra del peruano, convirtiendo en el puente entre el pensador peruano y toda una generación de intelectuales ecuatorianos. Su acercamiento a la obra de Mariátegui respondió, tanto a sus búsquedas intelectuales, como al sentido de integración latinoamericana que estaba presente en ese momento. Pese a trabajar en dos antologías que recogían la obra de Mariátegui, cuestionó su radicalismo y su visión sobre la población indígena, pues para él, la solución estaba en el equilibrio del mestizaje y de la herencia española con la indígena. La posición de Carrión representaba un alineamiento con la visión blanco-mestiza de la construcción de la nación frente a una socialista y nacional-popular de Mariátegui.
La influencia del pensador peruano se incrementó a partir de 1928 cuando publicó los Siete ensayos. Este libro se convirtió en un referente para sostener por parte de varios intelectuales ecuatorianos que la solución a la problemática indígena no era educativa, religiosa o de beneficencia; sino que se relacionaba con la tenencia de la tierra. Esto posibilitó una mejor comprensión de la dinámica socioeconómica y dotó a la militancia de izquierda de herramientas conceptuales y políticas para reconfigurar la idea del sujeto revolucionario hacia la población indígena, que había sido anulada en términos político-sociales y solo existía en su condición de siervo. En este sentido, la realidad del campo en el Ecuador fue el escenario propicio para que varias de las ideas de Mariátegui fueran integradas como parte de la justificación teórica y política de la lucha por la tierra, la cual tomó la forma organizativa de sindicatos agrarios desde 1925 en la zona de Cayambe.
Mariátegui también fue revisitado de forma permanente por el campo académico, no solo para la discusión de la problemática indígena, sino también para debatir temas relacionados como el regionalismo y el gamonalismo. Esta recuperación respondió a la persistencia de la feudalidad hasta bien entrado el siglo XX y a una estructura estatal que reproducía el racismo como parte de su política, pues se les había negado a las poblaciones indígenas la participación democrática, la cual, como advirtió Mariátegui, solo fue posible mediante sus procesos organizativos y de lucha que llevaron al Ecuador en el 2008 a declararse un Estado Plurinacional.
Una crítica singular a las interpretaciones realizadas por el campo académico fue la de Agustín Cueva, quien se enfocó en explicar cómo las reinterpretaciones y redescubrimientos en muchos casos crearon una mitología de la figura de Mariátegui. Para Cueva es central el legado crítico y la idea de pensar nuestra realidad con apego a las necesidades del momento histórico que atravesamos, o como concluye Moreano, Mariátegui encuentra siempre su espacio de influencia y expresión en la crítica teórica y política (Moreano, 2025), campo en el que ejerció y sigue ejerciendo una importante influencia en Ecuador y América Latina.
Referencias
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consultado: 25 de agostos 2025.
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* Ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. Profesor-investigador de la Carrera de Sociología-Universidad Central del Ecuador (UCE) y parte del Observatorio del Trabajo y el Pensamiento Crítico-UCE. Quito. Contacto: ntquevedo@uce.edu.ec. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3710-3287
1 El 15 de noviembre de 1922 hace referencia la primera huelga moderna de trabajadores en la ciudad de Guayaquil, la cual terminó con el asesinato de varios de sus participantes, la lectura de referencia para entender esta manifestación es el libro: Las cruces sobre el agua de Joaquín Gallegos Lara. En relación con la visita de Mariátegui a la ciudad, como señala Guillermo Rouillido, Mariátegui “entró en relación directa con el sector laboral, es decir, con los dirigentes de la Confederación Obrera del Guayas quienes, le brindaron datos sobre el movimiento sindical, que se hallaba fuertemente influido por la orientación anarcosindicalista; y acerca de la última huelga general por baja de las subsistencias, que terminará con una masacre de la clase trabajadora guayaquileña […] según testimonio de Saavedra Pinón, insistió Mariátegui en la dirección ideológica y organizativa de las masas proletarias sobre la base de un programa científico, elaborado por medio de la doctrina revolucionaria marxista” (Rouillo, 1986, p. 198).
2 Las entrevistas fueron realizadas a Pedro Jorge Vera, Alba Calderón y Nela Martínez en marzo de 1980 (Quintero y Silva, 1991, p. 476)
3 “Estudiando y aquilatando su vasta y amena obra revolucionaria, cuántos de nosotros no nos hemos alistado también a su bando y hemos emporado nuestra ideología por el norte de una escuela racional y humana, más acorde con las exigencias de la hora actual, con el imperativo categórico de la vida” (Guerrero, 1930, p. 150). Lo llamativo es que el artículo se acompaña de una ilustración del autor peruano en 1918 realizada por Julio Ojeda. Esta reflexión se enriqueció con una reedición del estudio en 1954, en la que Guerrero resaltó la problematización realizada por Mariátegui sobre el problema educativo en Perú y América Latina.
4 Para Rengel, a partir de 1925 con la Revolución Juliana “surgió un gran movimiento literario de carácter nacional, realista y renovador” (Rengel, 1954, p. 4) donde destacó la figura del escritor lojano Pablo Palacios como un vanguardista no sólo literario, sino también político.
5 “Cuando este ensayo estaba por cerrarse llega de Lima esta noticia brutal: la muerte de José Carlos Mariátegui, de quien justamente esperaba una carta. No lo conocí personalmente. Nunca-a pesar de mi simpatía y de mi admiración-pude complacer a su solicitud benévola y premiosa de colaborar en su revista” (Carrión, 1930, p. 222).
6 Con base en la revisión del archivo de Latinoamérica de la III Internacional en Rusia, Jeifets Viktor y Jeifets Lazar proponen sobre este tema lo siguiente: “La lucha de Stalin contra la derecha en el PCUS y en la Comintern, también tuvo un impacto directo en el desarrollo del movimiento comunista latinoamericano. Su ataque a los “círculos conocidos de comunistas” que niegan la utilidad de la consigna ‘clase contra clase’, que se oponen a los candidatos comunistas independientes en las campañas electorales o que no quieren insistir en la cuestión de la lucha contra la socialdemocracia de ‘izquierda’, significó en América Latina el abandono total de la línea de alianzas de las fuerzas antiimperialistas, incluida la pequeña burguesía, los intelectuales y el campesinado [...] Teórica y organizativamente, esto exigía una intensificación de la lucha en los partidos contra los ‘ismos de derecha’: ‘penelonismo’, ‘mariateguismo’, ‘recabarrenismo’” (Jeifets, 2023, p. 75).
7 Es importante, antes de cerrar este trabajo, mencionar que en los últimos años el sociólogo ecuatoriano Álvaro Campuzano se ha dedicado sistemáticamente al estudio de la obra de Mariátegui, poniendo énfasis en la dimensión literaria y de crítica cultural realizada en los ensayos publicados en la revista Amauta; esto se observa en el artículo “Mariátegui, el escritor vanguardista contemporáneo” (2005), y el libro de 2017 La modernidad imaginada: arte y literatura en el pensamiento de José Carlos Mariátegui (1911-1930). Campuzano llama la atención sobre la centralidad que Mariátegui le otorgó al arte y a la literatura como medios de crítica y comprensión del mundo en clave de una modernidad alternativa y desde el marxismo. Hay que señalar, además, que en el segundo trimestre de 2025 (centenario de La escena contemporánea) la revista Ecuador Debate dedicó un número especial a José Carlos Mariátegui el cual recoge el artículo de Hernán Ibarra “Las interpretaciones de Mariátegui”.