Sandra Vanina GREENHAM CELIS*
Recibido: 14/03/2026
Aceptado: 18/03/2026
En uno de sus versos más conocidos, la poeta argentina Alejandra Pizarnik caracterizó la rebelión como el acto de “mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos” (2021, p. 125). Esta hipérbole, la cual establece una especie de dialéctica entre el deseo y el límite, muestra cómo el ser humano se debate entre la necesidad de sentido y la imposibilidad de alcanzarlo plenamente. En última instancia, podríamos decir que el fragmento evoca el cúmulo de contradicciones en que consiste la producción humana de lo civilizatorio. Elegimos esta imagen para introducirnos en la vida y obra de Ana María Rivadeo.
En el núcleo de su teorización, Rivadeo relanzó el ideal socialista como proyecto civilizatorio factible. Pero esto lo hizo en un tiempo –el nuestro– lleno de perplejidades, miedos y furias: un tiempo heredero de derrumbes y derrotas. Pocas tareas podían ser tan obstinadas como retomar el marxismo en medio del estupor neoliberal, o pensar la nación desde el exilio. Y, sin embargo, ella lo hizo. Fue como si mirase una rosa hasta pulverizarse los ojos.
Para relanzar el ideal socialista había de retomar los debates marxistas acerca de la cuestión nacional, pues aún en el marco de la globalización capitalista, la reapropiación de un territorio y de una historia de los pueblos que luchan constituye una deuda con los que fueron y con los que todavía no están, o sea un punctum dolens, como solía decir Pancho Aricó. La nación engarza pasado y futuro, deseo y límite, y por ello se antoja como una tarea titánica.
Porque para teorizar de manera concreta la cuestión nacional (más allá de la metafísica del nacionalismo y de los internacionalismos sin territorio), había que dar cuenta del grosor nacional en tanto producto de las luchas políticas: de las herencias de la memoria y la potencia de la imaginación. La nación, pues, es una realidad histórica y abierta, y en ese sentido es disputable. Señalar esto era indispensable porque el concepto de nación, al no ser una categoría inmediata, tiende a la reductibilidad, ya sea economicista, politicista o culturalista. ¿Cómo eludir los fetiches a los que puede llevar su caracterización? El punto de partida no podía ser la nación abstracta, sino que sólo podía serlo la elaboración previa de una teoría de la historia basada en la producción humana, sobre la cual pudiera erigirse una nueva definición teórica de la nación y, con ella, del socialismo y la democracia.
Tomando en cuenta lo anterior, dedicaremos estas líneas a exponer, de manera somera, lo que subyace a la teorización crítica acerca de la cuestión nacional que realizó la Dra. Rivadeo. Sin duda no hay mejor espacio para ello que el que ofrece este dossier, lo cual nos congratula.
Ana, nacida en Tucumán un 11 de abril de 1952, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de dicha provincia. Siendo muy joven se involucró en los principales movimientos sociales de la época; sin embargo, su precoz militancia se vería truncada por el terrorismo de Estado, el cual la orilló al exilio en 1975. Con apenas 22 años llegó a México, país donde fundó la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán de la UNAM, centro educativo en el que sería docente e investigadora hasta el año 2015. En esta institución cursó la maestría y el doctorado, graduándose con dos tesis que pronto serían convertidas en libros: Epistemología y política en Kant. Inmanencia y totalidad en la filosofía moderna (1985) y El marxismo y la cuestión nacional (1991). Posteriormente, la teoría hilvanada en ambos libros serviría de base para análisis más contemporáneos, elaborados en diversos cuadernos de investigación, así como para el que sería su último libro: Lesa patria: Nación y Globalización (2003).
No cabe duda de que, en el universo teórico inaugurado por Rivadeo, cada obra tiene vida propia y establece sólidamente los parámetros de aquello que investiga. Sin embargo, hay también un indudable nexo articulador que, a falta de algo mejor, definiremos como una tenaz búsqueda de la lógica interna a la praxis social. La pregunta que flota en el aire de cada uno de estos libros es la siguiente: ¿Cómo es que se produce la emergencia de un proyecto hegemónico en una formación social dada? La nación es un requisito, claro está: porque no hay clases fuera de la nación. Pero a su vez, no hay nación fuera de las clases. En tanto que producto histórico, las condiciones de emergencia de la nación moderna también debían ser teorizadas.
Es por lo anterior que, en Epistemología y política en Kant, Rivadeo estudiará el nexo entre la filosofía moderna europea del siglo XVIII y los proyectos políticos emergentes en los albores del capitalismo. Aquí el estudio no se reduce a un análisis de las características de la época, ni a la relación abstracta entre dos instancias separadas (la filosofía y la política). Más bien, la filosofía moderna será concebida como inscrita en el horizonte de la producción humano-social de lo real; pero al mismo tiempo, su autonomía relativa será respetada: la filosofía puede responder, o no, a los problemas planteados por la realidad. Esta es la mediación que Rivadeo establece entre filosofía y política: no es que una responda a la otra de manera mecánica, sino que ambas se relacionan en la medida de que surgen nuevas y originales problemáticas cuya resolución no está dada, sino que se producirá al calor de la lucha de clases.
Si la filosofía juega aquí un papel protagónico es porque ésta representa la única forma de conocimiento capaz de procesar, ordenar y sistematizar una conceptualización totalizadora en referencia al conjunto de la realidad social. Esta realidad social reviste problemas, entendidos como el desarrollo de diversas contradicciones que dan pie a la formulación de proyecciones políticas que buscan proponer un nuevo ordenamiento de las relaciones sociales. Ahora bien, no todas las proyecciones políticas logran realizarse. Ello depende de las condiciones socio-históricas, así como de la viabilidad de la programática que un bloque social pretenda establecer como configuración normativa y directiva sobre el conjunto de las prácticas sociales. Esa base teórica, necesaria para viabilizar una programática y dotar a la acción social de una estructuración, sólo puede formularse de manera definitiva desde el pensamiento filosófico –el cual, como ya dijimos, puede no responder a los llamados de su realidad.
Un ejemplo de lo anterior es la propia idea de la nación moderna, cuya constitución y orientación es parte integral de lo que se disputaba en el siglo XVIII, y un eje que, en la filosofía moderna, se relacionaba íntimamente con la problemática de la totalidad de lo real. Lejos de ser una invención burguesa o una comunidad ilusoria, la nación representa un espacio abierto, de rupturas y mediaciones, que a la vez que determina a las luchas es determinada por ellas. En su constitución, que va brotando al interior de cada formación social, es indudable que la filosofía ha jugado un papel clave.
Con esta teoría de la historia bajo el brazo –que representa una lectura minuciosa y una sistematización del pensamiento gramsciano–, Rivadeo emprenderá la tarea de escribir El marxismo y la cuestión nacional, libro donde cuestiona las orientaciones dominantes del marxismo en torno a la nación (a saber, el universalismo abstracto del clasismo y el particularismo nacionalista étnico-cultural). Será aquí donde postule, a contracorriente de la idea de que el proletariado no tiene patria, la importancia de la nación, en tanto que no existe nación fuera de las clases, ni clases fuera de la nación. El hecho nacional será concebido como aquello que unifica economía, política y cultura, y en cuya continuidad histórica se juega el presente y futuro de los sistemas hegemónicos.
Mención especial merece la demostración de que, si bien la cuestión nacional nunca llegó a convertirse en núcleo sistemático del pensamiento de Marx, éste sí llegó a valorar el carácter revolucionario de los movimientos nacionales, lo cual constituye hasta hoy un antídoto contra el dogmatismo de quienes niegan el espesor nacional y se ciñen al internacionalismo abstracto. En cualquier caso, lo que nos gustaría destacar es que El marxismo y la cuestión nacional representa el libro bisagra en la producción teórica de Rivadeo. Porque ahí, parte de lo planteado en Epistemología y política en Kant ya no servirá para el estudio de un fragmento de la historia de la filosofía (en relación, como ya dijimos, con la producción humano-social de lo real), sino para el estudio de la cuestión nacional en el marxismo y su relación con los derroteros de la programática socialista.
Ya sistematizado el estudio de la cuestión nacional y postulada una teoría original, Ana María publicará Lesa Patria. Aquí se las verá con la tarea más compleja de todas: la de establecer por qué la nación moderna, con todo y sus tensiones, permanece como la modalidad más estable para el dominio hegemónico. Y más importante aún: ¿qué significa eso para las luchas populares del siglo XXI?
Rivadeo explora en Lesa Patria el conflicto entre la forma nacional, espacio privilegiado de articulación hegemónica, y la globalización, entendida como estrategia trasnacional de gestión del capitalismo. De cara al reto que supone deshacer los fetiches promovidos por el imperialismo acerca de una armónica aldea global, Rivadeo asume la necesidad de diseccionar socio-históricamente a la nación, concibiéndola como un metabolismo cuya producción tiene dos matrices clave: la temporal, por un lado, que destaca la importancia de la memoria colectiva, la lengua, las tradiciones y la cultura; y la espacial, por otro, que indica la importancia decisiva, en su producción y reproducción, de la disputa por el territorio. Historia y territorio son el nexo clave que permite a la autora explicar por qué, aunque la globalización pareciera engullir a la nación, no puede prescindir de la forma nacional.
Ahora bien: la pervivencia de lo nacional en pleno auge de la globalización neoliberal se explica tanto en términos económicos como políticos. Por el lado económico tenemos que el capital, si bien abre las fronteras para liberalizar sus propios movimientos, las mantiene cerradas para la fuerza de trabajo, lo cual es clave para mantener condiciones ventajosas para el capital trasnacional en los países subordinados. No por nada “las empresas trasnacionales, que aparentemente hacen saltar el sistema estatal nacional, en realidad operan precisamente sobre su base” (Rivadeo, 2003, p. 243). Por su parte, la escena política destaca porque no han emergido formas de dominación supranacionales capaces de articular proyectos hegemónicos fuera del espacio nacional. Esta analítica da cuenta de que el neoliberalismo, si bien no implica la desaparición de la nación, sí induce una radical reconfiguración del metabolismo nacional. Lo anterior tiene como consecuencia la expulsión de lo popular-democrático de la nación, cuestión que se traduce en formas inéditas de subordinación y explotación. Se trata de un escenario donde conviven a un tiempo la des-socialización de la política y la despolitización de lo social, y donde la corrupción se alza como el modelo de gestión política por excelencia.
Las consecuencias de las contradicciones explosivas que entraña la relación entre nación y globalización siguen determinando a la sociedad actual. Así lo demuestra la incapacidad de los gobiernos progresistas para avanzar más decididamente en sus agendas soberanas, o el surgimiento de nuevas derechas radicalizadas, mismas que, no obstante, tienen serias dificultades para construir hegemonía. En este contexto, la lógica del terror se sigue imponiendo sobre los pueblos: el genocidio en Palestina, las intervenciones en Venezuela e Irán, e incluso los chantajes económicos de Estados Unidos hacia México, entran dentro de dicha instrumentalización del terror. Pese a los avances hechos en las últimas décadas, gracias a los movimientos sociales, en el terreno de la democracia, lo cierto es que ahora mismo nos encontramos atravesando los tiempos agónicos del capitalismo trasnacional que Rivadeo teorizó. Su teoría es por eso más relevante que nunca.
Pero entonces, ¿por qué reivindicar la posibilidad de una nación-otra en este contexto? Para Rivadeo –y aquí podremos escuchar los ecos de lo que plantea en Epistemología y política en Kant:
La vida y el desarrollo de las naciones son siempre procesos específicos. En lo fundamental, porque la constitución del bloque histórico y del sistema hegemónico poseen un carácter original y único, vinculado a las condensaciones incesantes, y siempre particulares, de la lucha social. En esta perspectiva, la nación es el campo de una lucha: la lucha hegemónica (2003, p. 265).
Desde esta perspectiva, la nación involucra proyectos nacionales diferentes, alternativos y contradictorios. Y aunque en el mundo que habitamos sea difícil concebir una nación como comunidad humana homogénea, plural, solidaria y democrática, Rivadeo insiste en la idea de luchar por ella. Porque, “¿Dónde se aloja la ‘patria’, si no es en esa brecha entre su realidad empírica inmediata y su sueño como construcción colectiva?” (2003, p. 266). Así pues, todo proyecto con vocación hegemónica está obligado a retomar la lucha por la nación como eje programático –tanto la soberanía enarbolada por los gobiernos progresistas, como los nacionalismos excluyentes del conservadurismo, son parte de una trama que apunta a ello.
Por supuesto, a lo que Rivadeo apunta no es a un atrincheramiento en la forma nacional. Aquí la disputa por la nación enlazará con la lucha internacional por medio de una contrahegemonía entendida como “el surgimiento de un poder democrático [...] capaz de disputar la textura del metabolismo social nacional en su conjunto, y por ende –correlativamente y al propio tiempo–, la consistencia misma de lo mundial” (2003, p. 283).
Se trata de una propuesta integral de autotransformación que, sin plantearse como una teoría de la revolución (en sentido dogmático, entendida como estrategia plena de certidumbre respecto a su realización), se orienta a la disputa de la totalidad de lo real y su producción, entendiendo que no se trata de elegir entre reforma y revolución, nacionalismo o internacionalismo, o lucha por fuera o por dentro del Estado, sino de convertir a la soberanía y a la democracia en el piso mínimo de todo avance hacia el socialismo.
Por eso y más creemos que la obra de Ana María Rivadeo tiene una tremenda actualidad: porque no sólo nos ayuda a entender mejor este tiempo de perplejidades, sino que dota a la acción social con vocación emancipadora de un sólido fundamento teórico.
Referencias
Pizarnik, A. (2021). Poesía completa (1955-1972). México: Debolsillo.
Rivadeo, A.M. (1994) El marxismo y la cuestión nacional. México: Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán.
Rivadeo, A. M. (2003). Lesa Patria. Nación y globalización. México: Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán.
Rivadeo, A. M. (2008) Epistemología y política en Kant. Inmanencia y totalidad en la filosofía moderna. México: Facultad de Estudios Superiores Acatlán
Sandoval, E. (2025). Ana María Rivadeo. En G. Vargas Lozano (Director), Enciclopedia Electrónica de la Filosofía Mexicana (2014–2021). Universidad Autónoma Metropolitana – Unidad Iztapalapa / Centro de Documentación en Filosofía Latinoamericana e Ibérica.
* Mexicana, feminista popular y colaboradora voluntaria del Instituto Nacional de Formación Política de Morena. Contacto: altar.de.plumas@gmail.com