Notas a partir de tres Congresos Nacionales de Filosofía de segunda mitad de siglo XX
Inti Lautaro DÍAZ MORÁN*
Recibido: 29/10/2025
Aceptado: 22/12/2025
Resumen
La propuesta de este trabajo consiste en aplicar una lectura textual y contextual de una serie de congresos de filosofía de alcance nacional, para observar cruces históricos entre la filosofía y el Estado argentino en la segunda mitad del siglo XX, teniendo a las universidades nacionales como escenario. El objetivo del artículo es refrescar datos de nuestra historia reciente para pensar los diferentes modos y perfiles que va adquiriendo la relación de las prácticas filosóficas, y los filósofos y filósofas, con el Estado a través de sus funcionarios. A partir de este análisis comparativo, poder pensar en la normalización como un proceso abierto, y evitar presentarla como algo fijo o predefinido. Nos preguntamos: ¿Qué nos dicen estos congresos sobre la normalización de nuestra práctica profesional? ¿Qué podemos pensar filosóficamente a partir de ellos?; ¿por qué existe una voluntad estatal de intervenir en ámbitos de regulación del discurso filosófico?; ¿qué nos puede decir eso sobre distintos momentos donde se busca instituir una regularidad en la filosofía argentina?
Palabras clave: normalización, Congreso Nacional, filosofía argentina, profesionalización, universidades nacionales.
Uma trilogia da normalização
para narrar a filosofia argentina?
Notas a partir de três Congressos Nacionais de Filosofia da segunda metade do século XX
Resumo
A proposta deste trabalho consiste em aplicar uma leitura textual e contextual de uma série de congressos de filosofia de alcance nacional, a fim de observar cruzamentos históricos entre a filosofia e o Estado argentino na segunda metade do século XX, tendo as universidades nacionais como cenário. O objetivo do artigo é retomar dados de nossa história recente para refletir sobre os diferentes modos e perfis que a relação entre as práticas filosóficas, os filósofos e as filósofas, e o Estado – por meio de seus agentes – vai assumindo. A partir dessa análise comparativa, busca-se pensar a normalização como um processo aberto, evitando apresentá-la como algo fixo ou predefinido. Perguntamo-nos: o que esses congressos nos dizem sobre a normalização de nossa prática profissional? O que podemos pensar filosoficamente a partir deles? Por que existe uma vontade estatal de intervir nos âmbitos de regulação do discurso filosófico? O que isso pode nos dizer sobre diferentes momentos em que se busca instituir uma regularidade na filosofia argentina?
Palavras-chave: normalização, Congresso Nacional, filosofia argentina, profissionalização, universidades nacionais.
Notes from Three National Philosophy Congresses in the Second Half of the 20th Century
Abstract
The aim of this paper is to apply a textual and contextual reading of a series of nationally oriented philosophy congresses in order to observe historical intersections between philosophy and the Argentine state during the second half of the twentieth century, with national universities as their main setting. The article seeks to revisit data from our recent history in order to reflect on the different modes and profiles through which the relationship between philosophical practices–and philosophers themselves–and the state, through its officials, has taken shape. Based on this comparative analysis, the paper proposes to understand normalization as an open-ended process, avoiding its presentation as something fixed or predefined. We ask: What do these congresses tell us about the normalization of our professional practice? What can we philosophically think through them? Why is there a state-driven will to intervene in spaces that regulate philosophical discourse? And what can this tell us about different moments in which an attempt is made to institute a certain regularity within Argentine philosophy?
Keywords: normalization, National Congress, argentine philosophy, professionalization, national universities.
¿Una trilogía de la normalización para contar la filosofía argentina?
Notas a partir de tres Congresos Nacionales de Filosofía de segunda mitad de siglo XX
La propuesta de este trabajo consiste en aplicar una lectura textual y contextual de una serie de congresos de filosofía de alcance nacional, para observar cruces históricos entre la filosofía y el Estado argentino en la segunda mitad del siglo XX, teniendo a las universidades nacionales como espacio. El objetivo del artículo es refrescar datos de nuestra historia reciente para pensar los diferentes modos y perfiles que va adquiriendo la relación de las prácticas filosóficas, y los filósofos y filósofas, con el Estado a través de sus funcionarios. A partir de este análisis comparativo, poder pensar en la normalización como un proceso abierto, y evitar presentarla como algo fijo o predefinido.
Es necesario explicitar tres cuestiones de distinto orden para aportar claridad al planteo. Primero, nuestra perspectiva metodológica será una hermenéutica de la sospecha ejercida desde un textualismo desintegral (Jay, 2003; Ricca, 2022),1 que recaerá sobre los congresos concebidos como dispositivos de normalización, en tanto pretenden instituir un orden con cierta regularidad. Queremos aplicarlo a los tres primeros congresos de filosofía que tienen un alcance nacional, por eso hablamos de una trilogía de la normalización. Una trilogía hace referencia a un conjunto de tres obras cuya densidad argumentativa es determinada por su autor, formato que nos permite contar historias conectadas por una trama más allá de sus personajes, contextos y momentos.
En segundo lugar, queremos repensar la categoría de normalización, porque nos resulta útil como una herramienta analítica que permite observar distintas formas de regulación y modulación que se ejercen desde el Estado sobre el campo filosófico. Respecto de esta idea, es necesario aclarar el sentido abierto en que la tomamos para este artículo: no venimos a discutir si la idea de normalidad filosófica, tal como la esboza Francisco Romero en oposición a una generación de fundadores que sería anterior, es bien o mal interpretada en un sentido proyectivista o ha prevalecido una concepción más bien “prescriptivista” (Donnantuoni, 2016), porque esto nos empuja a tener que pronunciarnos a favor o en contra, y consideramos eso como una trampa epistemológica. Tampoco está en discusión si tal idea de normalidad se ha concretado o es una tarea pendiente.
Pensamos que la idea de “normalización” puede servirnos como una categoría de análisis ofreciendo un marco de inteligibilidad para pensar en distintos mecanismos a través de los cuales algo puede transformarse en normal respecto a una situación o etapa que se considera extraña o de excepcionalidad, mediante la regularización de ciertas prácticas. En ese sentido utilizamos la noción de normalización, más cercana a la idea de normativización que de normalidad, en tanto implica la concreción de un orden que se configura a sí mismo dándose normativas a través de distintos procesos. Por eso decimos, desde la perspectiva de Roig (1981; 1993), si normalidad refiere a un estado, normalización hace referencia al carácter procesual. Y, al mismo tiempo que nos permite hacer una lectura de la coherencia interna que regula la producción de los discursos filosóficos, nos deja mirar como en y entre ellos se establecen relaciones con un “afuera”, en este caso con el Estado, y a partir de ahí con un sector del campo político argentino, estableciendo una mediación de la conflictividad social (Ramaglia, 2010). Entonces, hay una tensión siempre presente cuando hablamos de normalización de la filosofía.
Tercero, consideramos que esta serie de procesos produce efectos negativos en la práctica, si se la concibe solamente como una tecnología de poder operando desde la censura y el control sobre la filosofía, tanto a nivel docencia (programas, temas, problemas, autores y bibliografías que se enseñan, estudian y evalúan) como a nivel de investigación (métodos, modos de pensamiento, formas de producción textual).
Imaginamos narrar estas historias como una trilogía, ya que existen otras propuestas de interpretar estos congresos desde otras líneas temporales, con otras segmentaciones. Por ejemplo, leer al 1CNF2 como un enclave del existencialismo alemán enmarcado en “la Argentina peronista” del ‘46 al ‘55 (Ruvituso, 2015); entender al 2CNF3 inserto en “la Argentina de la proscripción”, particularmente el tramo del ‘66 al ‘73 (González y Maddonni, 2018); o entender al 3CNF4 como parte de “la Argentina del terror” del ‘76 al ‘83 (AA. VV, 1993; Cremonte, 2022). Por otra parte, hay que decir que abundan los trabajos individualizados de cada congreso por separado. Menos son los intentos de establecer una relación entre el primero y el segundo (Lértora Mendoza, 2017), pocos entre el primero y el tercero (Belloro, 2017 y 2018); y nulos entre el segundo y el tercero. Por lo general, entre estos últimos se establece un corte y se habla de ruptura. Pero no hemos podido encontrar un estudio comparativo de los tres como un conjunto. Por eso nos resulta interesante pensar en su articulación, sobre lo cual se apoya la práctica filosófica y su ejercicio a nivel profesional en Argentina, y no concebirlos como casos sueltos, y de pensar a través de éstos las formas de intervención del Estado en el intento de establecer ciertas regularidades.
El enfoque para este artículo no se centra en un autor o un solo texto, sino en un conjunto, cuyo movimiento se percibe con mayor claridad en los congresos nacionales, concebidos como mecanismos que al activarse movilizan agencias y actores de distintas redes, y logran reconfigurar el campo. En este sentido, nuestra hipótesis es que constituyen un observatorio privilegiado para indagar la relación entre el campo filosófico y el Estado argentino, en diferentes gobiernos. Pretendemos no disociar lo filosófico de lo histórico-social a la hora de reconstruir debates intelectuales. Un congreso es un acontecimiento que nuclea una manifestación actualizada del conocimiento y que, por lo tanto, nos permite analizar la circulación de ideas de una época, recrear escenarios y contrastar los distintos discursos.
¿Por qué pensamos que a partir de un proyecto normalizador se han generado efectos negativos en la práctica? Porque hay una genealogía que remite a la situación crítica actual: sostenemos una forma de hacer filosofía que, en el mejor de los casos, pareciera ser inocente o prudente, desentendida o desconectada de los intereses de la sociedad. Sabemos ejecutar un texto académico ajustándonos a las normativas internacionales y criterios de la profesionalización, pero lo que decimos no tiene que ver con nuestra situación. Entonces, para mirar cómo se dio históricamente en nuestro país esa relación entre Estado y campo filosófico académico, leemos tres congresos nacionales realizados en la segunda mitad del siglo XX en nuestras universidades públicas. Nos preguntamos: ¿Qué nos dicen estos congresos sobre la normalización de nuestra práctica profesional? ¿Qué podemos pensar filosóficamente a partir de ellos?; ¿por qué existe una voluntad estatal de intervenir en ámbitos de regulación del discurso filosófico?; ¿qué nos puede decir eso sobre distintos momentos donde se busca instituir una regularidad en la filosofía argentina?
El 1CNF posiciona a Argentina en el centro de la atención filosófica justo en la mitad de siglo XX. Antes no había habido otro congreso de filosofía con ese alcance, ni en el país ni en Latinoamérica. El contexto es de un escenario internacional de posguerras. Europa reconstruyéndose, Estados Unidos empieza a ser una potencia económica y militar fuerte, y Argentina se encuentra en el primer gobierno de Perón.
Alrededor de 1947 el padre Juan Sepich -obispo que ingresó como docente con las intervenciones de 1943, junto con un número importante de miembros de la iglesia católica -, enseñaba Metafísica y Gnoseología, y dirigía el Instituto de Filosofía y Ciencias de la FyL de Cuyo.5 Es él quien tiene la iniciativa de convocar a un Primer Congreso Argentino de filosofía por el IV centenario del natalicio del filósofo español Francisco Suárez.6 Hay documentos que testifican la convocatoria al congreso, sobre las nociones de Dios, persona y comunidad. La propuesta contaba con el apoyo del Rector Irineo Fernando Cruz -quien había sido designado como normalizador con las intervenciones de 1943, ratificado a partir de 1947, año a partir del cual seguirá muy pegado al justicialismo.7
Al circular la propuesta, Luis García de Onubria8 -otro profesor, proveniente de la UBA-, le envía una carta a Carlos Astrada, que para ese entonces se desempeñaba como director del Instituto de Filosofía de la UBA. ¿Cuál era la urgencia? Le solicitaba nombres para remitir invitaciones a compañeros del pensamiento libre, ya que preveía que, dados los contactos del que encabezaba la propuesta, podría darse que el 1CNF tenga un perfil confesional.
Debido a distintas presiones, Sepich finalmente renuncia a la organización y entra una comisión dirigida por Coriolano Alberini. Alberini -tres veces decano de Filosofía y Letras de la UBA, reconocido en el ámbito de la filosofía por sus aportes en los estudios clásicos, y por participar en su juventud de los movimientos de la reforma del 18- impulsó y participó activamente en la creación tanto de la UNCuyo como de una carrera de filosofía fuerte en formación. Por eso, de hecho, el primer plantel docente cuyano, se nutre de docentes provenientes de la UBA, muchos recientemente egresados.
Pero percibimos que esto es lo que sobredetermina la lectura de muchos investigadores para sobreponer lo político y lo institucional a lo disciplinar, y estructuran una polarización que coincide piramidalmente: de un lado se coloca la red de filósofos católicos que entraron en la docencia universitaria por las intervenciones del poder militar en el ‘43 –algunas ratificadas por el peronismo-, defendiendo en sus discursos una filosofía cristiana identificados con la tríada clásica de Aristóteles-Tomás-Suárez -dos representantes principales de esta tendencia serían Sepich y Derisi; y por otro lado una filosofía de tradición alemana, idealista o existencialista, a partir del tridente Kant-Hegel-Heidegger -cuyos representantes son García de Onubria y Astrada, por ejemplo-. El propio Astrada fue discípulo directo de Heidegger, y es quien lee el trabajo que el filósofo alemán envía por no poder participar pese a haber aceptado públicamente la invitación.9
Por supuesto que, sobre esta “contraposición” -que es sobredimensionada al adquirir carácter nacional- entre católicos y laicos, se superpone una segunda oposición entre docentes y autoridades simpatizantes con las medidas del gobierno de Perón, y opositores acérrimos del régimen. De todos modos sobran elementos para indicar de que todos los participantes del 1CNF en realidad, de alguna u otra forma, estaban alineados con el gobierno, y que esos dos sectores al interior del campo filosófico recibían apoyo institucional y financiero para desarrollar actividades (Ruvituso, 2015). Por lo tanto, esa segunda oposición queda desestimada dentro del Congreso, porque es en todo caso externa.
La participación de delegaciones extranjeras fue lo más importante. Vienen muchos filósofos de Estados Unidos. De Europa, mayoritariamente de Alemania y de España. Por ejemplo, Löwith, Fink, o Gadamer; pero también filósofos de Italia y Bélgica. Sin embargo, la mayor atención posterior quizá esté puesta en las voces ausentes, tanto nacionales como internacionales. De las que se suelen distinguir dos tipos: los que no asisten, pero mandan sus trabajos; y los que no participan. Nosotros además distinguimos entre los que asistieron y los que no solo no asistieron, sino que hablaron intentando disuadir de la participación a terceros. Empezando por los primeros, al caso ya mencionado del filósofo alemán Heidegger quien no asistió, pero hizo llegar su trabajo, se suman los casos de Benedetto Croce, Gabriel Marcel, Karl Jaspers, Bertrand Russel, o Jean Hyppolyte.10 Quienes no asistieron por diversos motivos fueron, entre otros, el grupo latinoamericano Hiperión con figuras como José Gaos o Leopoldo Zea. O el caso de los españoles Ferrater Mora y Ortega y Gasset. Este último declinó la invitación al congreso al hacerse eco de uno de los filósofos argentinos que inició una campaña de desprestigio contra el 1CNF. Se trata de Francisco Romero, creador de la idea de normalidad filosófica dos décadas atrás, quien además de ser opositor al peronismo desde la época de las intervenciones, ese año integraba un congreso en defensa de las ideas liberales de la Constitución Nacional de 1853. Otros filósofos reconocidos del ámbito nacional que no participan del 1CNF son Risieri Frondizi, León Dujovne y Vicente Fatone. Este enclave de pensadores del ala liberal del reformismo tardío, pero también de izquierda se alejan de la universidad pública conformando una oposición en el campo intelectual en torno a institutos y revistas no universitarios (Ruvituso, 2015).
Por último, cabe agregar que en el año 2009 con motivo de la conmemoración del 60° del 1CNF, y enmarcado en la celebración del Bicentenario de la Patria, se llevó a cabo en la UNCuyo una conferencia integrada por la filósofa tucumana Lucía Piossek Prebisch y el filósofo mendocino Arturo Andrés Roig, quienes habían participado en 1949. Piossek se referirá tanto en la conferencia como en algunas crónicas posteriores a la figura de Gadamer y su participación, destacando el nivel internacional del acontecimiento. Por su parte, Roig hará notar que no hubo participación de filósofos del Reino Unido -por lo tanto, la ausencia de ponencias relativas al pensamiento analítico de tradición británica-, así como no se invitaron a colegas de la Unión Soviética, lo cual explica sólo en parte la ausencia de trabajos relativos al pensamiento marxista, al menos visto desde las Actas.
Ahora bien, hay que distinguir niveles, tácticas y estrategias que se solapan. También hay genealogías, filiaciones, enemistad, rivalidad, o competencia, disputa por espacios. Nos referiremos a algunos cruces.
En el nivel político, el vínculo Estado, universidad y campo filosófico. El ejecutivo nacional tenía un programa de modernización del país que impactaba de lleno en el sector de la educación en todos sus niveles, a la par de un proyecto sostenido de desarrollo en materia de ciencia y técnica. A nivel de matrícula, para el momento del congreso, el número de estudiantes en universidades nacionales creció un triple. Hay un nuevo régimen universitario, hay un consejo nacional de rectores en contacto permanente con el ministro de educación; antes de la aprobación de la nueva Constitución, se aprueba una ley de financiamiento para ampliaciones edilicias y reparaciones importantes de las seis universidades nacionales históricas, y se decide crear lo que después será la UTN.11
En ese sentido es que, durante 1948, y dentro de todo ese paquete de medidas, el presidente declara de carácter nacional el congreso. Ese gesto político permitió aprobar el presupuesto que cubrió de manera total todos los pasajes de los invitados tanto nacionales como extranjeros, así como su estadía y viáticos generales, incluyendo una velada de gala de cierre, en el teatro Colón. De manera tal que el 1CNF fue totalmente gratuito para asistentes y expositores. Muchos testimonios posteriores constatan que luego no volvió a haber una atención de esa magnitud por parte del Estado hacia la filosofía. Estado argentino que en ese momento enmarcó el 1CNF dentro de políticas que pretendían una reforma institucional integral. Si podemos hablar de filosofía nacional para referirnos a una imagen de la filosofía argentina es desde aquel momento, ya que el Estado al darle ese alcance al congreso a través de un decreto, produce el efecto performativo que habilita a pensar en la existencia de una filosofía ‘hecha en Argentina’ con sello occidental.
En el nivel estratégico del campo filosófico, de un lado había mayor cercanía entre los filósofos de Buenos Aires con el gobierno; y en el otro también, de las autoridades de la universidad cuyana con funcionarios nacionales. Algunos estudios hablan de una estrategia centralista (Belloro, 2017) de los profesores de la UBA por copar el congreso, apoyándose en una lectura parcial de la memoria epistolar y fuentes documentales, pero no se entiende bien si la estrategia además de centralista tiene un sesgo abiertamente laico que encaja tal cual con los planteos existencialistas o no – por ejemplo, el libro de Clara Ruvituso (2015) que estudia la relación entre idealismo alemán y peronismo en la Argentina de la década del ‘40 lleva el título de Diálogos Existenciales-, –ya que otros autores introducen matices internos al existencialismo (Vázquez, 2018; Ramaglia 2018).
En todos los casos, se interpreta que hay una presión ejercida sobre la primera comisión que encabezaba Sepich hasta culminar con su renuncia y no participación. Además, el rector que fuera designado normalizador en el período de intervenciones es confirmado como rector interino por el justicialismo, bajo condición de apoyar la nueva estructura en la organización. Quizás de ahí proviene la proyección de que todo ayuda a iniciar una tradición filosófica estrictamente porteña, con la UBA como centro de la filosofía nacional y el eje puesto en la Facultad de Filosofía y Letras. Algunos investigadores sostienen que ahí se consuma la normalidad filosófica (Belloro 2017, 2018), aunque la opinión está dividida respecto a qué posición filosófica resulta victoriosa del debate. La tendencia hegemónica es pensar a los existencialistas de tradición alemán bonaerenses como la postura que resulta dominante a partir de entonces, reconociendo algunas raíces idealistas y con impronta humanista (Ruvituso, 2015).
El tercer nivel estratégico es el editorial, mediador entre lo institucional y lo filosófico, a partir de lo textual. El secretario de Actas es Juan Luis Guerrero. Las Actas incluyen tres tomos. No se publican la totalidad de trabajos, hay una selección, aunque no es claro el criterio: de delegaciones relativamente menores como las de Italia salen 14 trabajos publicados. Se publican 65 ponencias entre Estados Unidos y Europa. En el caso de los filósofos argentinos, se publican 23 trabajos de la UBA y 17 de La Plata. Pocos de Córdoba y de Cuyo particularmente. Entonces los intérpretes señalan que la estrategia centralista también se cumple desde lo editorial porque el perfil profesional de participación que pensó la organización puso énfasis en pautas de escritura y dinámicas para el intercambio que se empezaban a implementar en el Norte global (Lértora Mendoza, 2017).12 La estrategia desde lo editorial es mostrar afuera una filosofía que ya superó la etapa escolástica, hispanista y católica, que pertenece a la actualidad de la filosofía universal, al canon laico y moderno de occidente. Para adentro, la consolidación de un campo, con un centro.
Por último, existe también la interpretación de que el 1CNF es una puesta en escena (Belloro, 2017) y que la verdadera estrategia detrás del telón es el discurso de Perón denominado Comunidad Organizada –hablan de una politización del evento en sentido peyorativo (Klappenbach, 2000). Ese asunto merece un tratamiento aparte, pero observamos que no deja de ser el elemento más atendido de aquel acontecimiento.
Pero sumando todo eso al número de participantes extranjeros y considerando toda la prensa que movilizó,13 el 1CNF es relevante para nuestra historia por como reconfiguró el desarrollo de la filosofía posterior en las universidades nacionales; un hito de esa magnitud no se volvió a repetir.
Veintidós años de distancia en el tiempo separan el primero del segundo episodio de nuestra trilogía, lo cual dificulta sostener nuestra hipótesis. Este congreso se da en el marco de un gobierno militar, con la proscripción del peronismo a partir de un decreto de 1956. Es otro plantel de protagonistas, las mesas cuentan con nuevos nombres. Aparece un conflicto intergeneracional y mayor diversidad de ideas. Participa la primera generación de jóvenes intelectuales del país que retornan de sus estancias de formación en el exterior. Pero también entran a jugar otras agencias en el campo filosófico: universidades privadas, hay presencia de auspiciantes, -como el caso del Hotel donde se realizará el evento- para poder cubrir los costos de la organización, ya que, si bien el gobierno militar dio autorización, su apoyo no llegó a ser significativo. Cada participante, salvo excepciones, tuvo que cubrir los gastos de su participación.
El 2CNF lleva cuatro años entre que se piensa y se concreta. Surge a partir de una iniciativa de A. Caturelli y el decano de la FFyH de la UNC, Olsen Ghirardi, en el año 1968. En ese entonces gobernaba el país Onganía. Se conforma una comisión ejecutiva con E. Sosa López y M. G. Casas. Se prevé una invitación amplia donde la organización pretende incluir a filósofos y filósofas profesionales que vienen marcando presencia desde hace al menos veinte años -vemos aquí una referencia lejana al 1CNF-, pero deciden convocar también a los más jóvenes, así como a representantes de otras universidades.14 Esto respalda la tesis de mayor apertura intergeneracional en los participantes del 2CNF.
El rector de la UNC en ese momento es Nores Martínez, quien resuelve la adhesión del congreso a los festejos por los 400 años de la fundación de la Ciudad de Córdoba, motivo por el cual algunos investigadores sostienen que se trata de resaltar una identidad histórica entre la ciudad y la universidad, y que, por ese lado, el acento no estaría puesto en retomar la tradición de la secuencia iniciada por el 1CNF (González y Maddoni, 2018). Por distintos motivos institucionales a nivel local y nacional, se prevé el encuentro para el año 1969. Sin embargo, con el cambio de gobierno en todo ese año no hay actividad documentada sobre avances en la organización. Recién se retoma la misma en 1970 cuando se da en la Universidad un cambio de autoridades, y Olsen pasa a ser rector, por lo que la organización pasa a depender directamente de rectorado. El congreso finalmente se realiza en junio de 1971 en el Sierras Hotel de Alta Gracia.
El nombre de la convocatoria fue variando a lo largo de esos cuatro años. Al principio, sobre las nociones de “Mundo, hombre y Dios”, luego sobre la filosofía en el mundo contemporáneo, y finalmente “Presente y futuro de la filosofía en la Argentina”. Bastante ilustrativo del momento, motivo para considerarlo dentro de nuestro estudio de la normalización. Al mismo tiempo, autores remarcan que las orientaciones, contenidos y dinámicas de trabajo no logran establecer relaciones con la situación del país en ese momento, aunque dentro de esa trama, jóvenes filósofos que venían haciendo relecturas críticas, vuelcan esas investigaciones en sus ponencias y eso se manifiesta como desmarques teóricos dentro del congreso (González y Maddoni, 2018); como también hay evidencia que hubo selectividad en la participación, mesas paralelas y testimonios de participantes que no recuerdan sesiones masivas. En lo que sí coinciden varios asistentes es en que es difícil hablar de dos tradiciones claramente distinguibles en disputa tal como en el ‘49, como también en que a partir del 2CNF se da el inicio de un movimiento que cuestiona no solo la importación acrítica de modalidades académicas de otras disciplinas y de situaciones distintas (Lértora Mendoza, 2017), sino implica una propuesta de renovación integral del canon y los problemas, desde el impulso de nuevas redes, nuevos encuentros, institutos en vinculación, intercátedras; a partir de lo cual se genera además la crítica de todo un programa instalado como modelo en el cual venía corriendo hasta entonces la filosofía argentina: el de la normalidad filosófica (Casalla, 2018).
De nuevo nos referimos a tres niveles estratégicos para el análisis.
En el nivel político, hay alternancia de gobiernos democráticos y de facto después del golpe de 1955 y la caída de Perón. Un año después se inicia la proscripción que a la hora de realizarse el congreso todavía no se había levantado. Por su parte, la provincia de Córdoba venía de experimentar en 1969 un levantamiento histórico sin precedentes producido por obreros y estudiantes en contra de las medidas implementadas por Onganía. Pero luego de su caída a manos de Levingtnon, y la posterior asunción de Lanusse a la presidencia, la provincia se encontraba bajo intervención federal. Córdoba tuvo nueve gobernadores interventores en un período de ocho años.
En cuanto a políticas universitarias, todas las UUNN venían sufriendo decretos que recortaban su autonomía y reducían su presupuesto. Además, al estar intervenidas, se habían eliminado los órganos de cogobierno, las organizaciones estudiantiles y gremiales, se prohíbe el proselitismo político en el ámbito universitario. Las universidades dependían del Ministerio del Interior, y a las autoridades las elegía el poder militar. Meses antes del 2CNF se intensifican medidas de protesta estudiantil contra los exámenes de ingreso y el arancelamiento, con tomas y movilizaciones. Vemos que la situación de las universidades nacionales está lejos de ser normalizada en términos socio-políticos.
Una hipótesis es que, por este motivo, un año más tarde el Congreso de la Nación haga lugar a la propuesta del doctor Taquini, que consistía en un plan de regionalizar la distribución de carreras universitarias en el país, el cuál fue implementado dentro del Gran Acuerdo Nacional (GAN) sancionado en 1972. Dentro del mismo se crean 14 nuevas universidades nacionales, lo cual implica también una reestructuración institucional de la educación superior.. Por ejemplo, en el NOA se crean las de Jujuy, Salta y Catamarca y en 1973 la de Santiago del Estero.
En el nivel filosófico, después de la caída del régimen peronista, la vertiente existencialista y de matriz idealista que había disputado hegemonía en el 1CNF enfrentándose al sector religioso, parece ahora matizar su crítica, y ambas posturas se muestran cercanas. No obstante, se superponen con las viejas peleas de arrastre, las diferencias ideológicas y filosóficas, algunas irreconciliables, pero lo que ahora se introduce es lo que algunos autores van a caracterizar como un conflicto intergeneracional. Un grupo de intelectuales que habían vuelto al país, ingresó en cátedras en las universidades nacionales con ideas, no necesariamente afines al peronismo pero sí críticas al gobierno militar. Por otro lado, tenían entre sus seguidores a la generación de los recientes egresados y estudiantes avanzados escribiendo sus tesis, muchos ya con becas para formación en el exterior. Los estudiantes por lo general quedaban afuera de los congresos o solo tenían permitido participar como asistentes, y aun recibidos tenían que tener contactos para lograr destacarse.
No obstante, lo que después se atiende más de este congreso, es que surgirá un movimiento filosófico argentino y luego, latinoamericano: la filosofía de la liberación. Dos consideraciones sobre esto.
La primera, es que a partir de 1968 se empiezan a juntar en el Valle de Calamuchita, en las altas cumbres, un grupo de teólogos y filósofos, católicos y laicos.15 Y justo por esos años vuelve Dussel al país y se integra como profesor en la UNCuyo. J.C. Scannone cuenta que su amistad empieza cuando Dussel le solicita trabajar en la biblioteca del Colegio Máximo ubicada en la ciudad de San Miguel, en 1969 porque investigaba sobre la historia de la iglesia católica en América Latina. En ese marco arman unas jornadas. Dussel convoca a una reunión en la casa diocesana en Santa Rosa de Calamuchita, cerca del río, con filósofos de Santa Fe y Paraná interesados en Latinoamérica –entre ellos De Zan y Kinen-. El brote de la semilla de la filosofía de la liberación está ahí. Este primer grupo se verá ampliado en el marco del 2CNF, donde participan de la mesa América como problema, y ahí conocen a “otra serie de grandes filósofos que se interesaban por problemas de América” (Scannone, 2018, p.26). Está también presente el grupo que después de 1973 se denominará grupo de Salta (Cerutti Guldberg, Croatto, y Santos).
La segunda cuestión es que la mecha se enciende en 1968 pero el estallido es en 1971, el mismo tiempo que dura la organización del evento. Quien plantea una crítica dentro de los filósofos cristianos y propone un acercamiento a temas antropológicos y éticos, que antes quizá le concernían exclusivamente al existencialismo, es Enrique Dussel- quien, por ejemplo, introduce a Lévinas o el marxismo-. Además en 1968, en Ecuador, hay un congreso donde Dussel utiliza un trabajo sobre Tomás de Aquino para decir que muchos compañeros en Argentina justifican y legitiman desde la doctrina tomista a gobiernos militares que sostienen prácticas de violencia, censura y persecución a quienes ejercen la filosofía de libre pensamiento. Esto es convalidado en muchos de los testimonios posteriores que dan cuenta de una tensión entre jóvenes estudiantes y algunos docentes de trayectoria; y por otro lado entre peronistas y/o marxistas –según quien cuente la historia-, y el sector más conservador. Esto está presente en testimonios de dos extremos opuestos, por ejemplo, el padre Gustavo Ponferrada de la Universidad Católica habla de maniobras invasivas y un intento de boicotear el congreso; o Mario Casalla que habla de un copamiento peronista y una confusión generada por unas páginas de la Comunidad Organizada apareciendo en el programa del 2CNF (González y Maddonni, 2022).
De todos modos, del 2CNF abunda el testimonio de los protagonistas, un relato generalmente autorreferencial, con el tono característico de quienes vivieron esa época, y tuvieron que exiliarse, o perdieron amigos y familiares, o tuvieron que reacomodar su vida para sobrevivir.
Ahora bien, ese conflicto puede verse también en lo textual a partir de la edición anticipada de resúmenes que lanza la organización una vez recibidos los trabajos, confirmando participación de algunos miembros destacados. El campo estratégico editorial lo podemos dividir en dos partes. Esa publicación anticipada, y las Actas completas del congreso publicadas con posterioridad.
Antes que se interrumpa la actividad organizativa durante el año 1969, se toma una decisión editorial que en las sucesivas modificaciones posteriores no cambia: se designa a cargo de las publicaciones a Caturelli y Sosa López. Su estrategia fue incluir trabajos de filósofos de distintas tradiciones y edades, que represente lo más que se pueda el arco de las diversas filosofías que se trabajan en el país y en general en la actualidad. En ese sentido, incluyen a Derisi y a Farré, de la generación anterior;16 de la generación intermedia docentes con influencia como Ricardo Maliandi; y de los más nuevos incluyen a Dussel,17 que a partir de sus últimas intervenciones, y de la publicación anticipada que la comisión editora pensó y circuló como estrategia para garantizar asistencia al congreso, justamente atrajo la atención de jóvenes estudiantes de filosofía, muchos de los cuales venían participando de los movimientos estudiantiles contra los gobiernos militares. Aun así, esto no explica por sí solo lo que ocurrirá después: los organizadores se distanciarán de Dussel a partir de su ruptura con la tradición de la filosofía cristiana; o el alejamiento de Osvaldo Ardiles del tomismo de su maestro Caturelli a partir de un acercamiento al marxismo de corte frankfurtiano.
Por último, las Actas publicadas propiamente. Salen a la luz en 1973, dos años después. Se publican casi la totalidad de trabajos presentados, 150 trabajos de 139 autores, la amplia mayoría hombres, solo 16 mujeres. Hay reiteraciones, por ejemplo, Scannone presenta tres trabajos. Por las Actas podemos saber que la mayor atención se concentró en la sesión plenaria “Sentido, función y vigencia de la filosofía” con 19 trabajos; y en segundo lugar en la sesión “Presencia de Dios en la filosofía” con 18 trabajos. Este dato no nos dice nada concluyente, pero es un indicio de dónde se concentró la principal atención. Por otro lado, podemos mencionar que el nombre de la sesión con mayor cantidad de expositores es el nombre que volverá después como convocatoria del 3CNF en la UBA en 1980 bajo dictadura.18
Para cerrar este apartado podemos mencionar que el vínculo con el estado nacional en el ámbito del congreso está exento, no así la tensión política interna. Por lo demás, se manifiesta como un conflicto intergeneracional entre estudiantes y docentes, no todos, sino particularmente los de la organización y los de tendencia católica (González y Maddonni, 2018; 2022; Dussel et al., 2018).
Cerramos la trilogía en este punto.19 No porque marca un final, sino una inflexión. Un antes y un después. Este es el último Congreso que se desarrolla en un régimen militar. La UBA finalmente es local, en un contexto de crisis total para la libertad de pensamiento y de expresión, con un campo intelectual quebrado, inhibido por la censura, fragmentado por los exilios y las desapariciones. Muchos filósofos se van del país, muchos de ellos no regresan; otros ya no están por distintos motivos, por ejemplo, Carlos Astrada o Rodolfo Kusch -figuras importantes de los congresos anteriores- ya habían fallecido. Pero además, este congreso se inserta en un marco desregulatorio de las instituciones, por el cual la Junta Militar que encabezaba el Proceso de Reorganización Nacional pretendía terminar con el Estado de bienestar de modelo populista y modernizarlo para volverlo más eficiente. Pero en un sentido completamente distinto al que operaba en el 1CNF. Sin embargo, la dictadura, ya hacia su ocaso, decide apoyar públicamente la realización de un congreso de filosofía en la universidad más grande y conflictiva del país. Nos podemos preguntar, entonces, ¿por qué?
Para ese entonces, como lo mencionamos, existían más universidades en el país, en comparación con los dos congresos anteriores. Cuando decimos que es un punto de quiebre es porque a partir de ahí se reconfigura completamente el campo filosófico argentino, porque el estado pretende –y finalmente logra- controlar la producción del discurso de la filosofía, y porque diseña un denso entramado de dispositivos, un complejo conjunto de tecnologías y de redes, de agentes y de agencias, que es puesto en marcha y aun no podemos desactivar. Esa violencia estatal ejercida en ese territorio repercute necesariamente en la disciplina, con prácticas institucionales que impactan en todo el país. El ambiente hacía que los profesores ensayen una estrategia de participación o denuncia.
Después de 1976 entra en vigencia un plan de ajuste económico implementado por el ministro Martínez de Hoz que impactaba en la universidad porque significaba no solo el congelamiento salarial de los docentes, sino suspensión de paritarias y de órganos de cogobierno. Se cierran carreras, cae la matrícula y se clausuran investigaciones. Para el lado de la filosofía, recobran relevancia los organismos de afuera de las universidades como institutos privados y religiosos que participan desde el 2CNF. Desde el Estado se piensa en un plan de regionalización para la educación que finalmente no tiene impacto, pero al interior de la universidad se produce una tajante separación disciplinar de profesiones.
En filosofía, en la UBA, se modifica el plan de estudios. Se crea una comisión asesora para instaurar correlatividades más fuertes y suprimir optativas, lo cual no solo dejaba cesantes a algunos docentes, sino que impactaba en otras carreras de la Facultad que tenían materias filosóficas. Por eso, algunos investigadores consideran que ese signo de normalización empieza con una regulación por especialización cuyo inicio es en la década del ochenta, aspecto que luego se verá reflejado en normativas para la investigación y para acceder a la docencia universitaria. El que estuvo a cargo de ese proceso en la UBA fue Eugenio Pucciarelli.20 El nuevo plan de estudio de filosofía entra en vigencia en el año 1979, y en ese marco la UBA, a partir de la Facultad de Filosofía y Letras con su decano Berenguer Carisomo, decide convocar a un nuevo Congreso Nacional de Filosofía, para el año siguiente, a nueve años del anterior Y se crea una comisión organizadora que tiene a Pucciarelli como presidente, a Mercedes Bergadá y Adolfo Carpio como vocales, y Francisco Olivieri como secretario. Las Actas quedan a cargo de la profesora Yerga de Ysaguirre.
El perfil de Pucciarelli se alejaba tanto del peronismo como del radicalismo por lo que no era mal visto por la Junta. En algunos artículos referidos al 3CNF (Belloro, 2018; Cremonte 2022) se destaca su rol de articulador o constructor de consensos, necesarios en la comunidad filosófica, que permanecía activa para poder asegurar una participación, no tan masiva ni internacional como en años anteriores, pero sí significativa como para obtener prensa.
Ante la situación de recortes la organización debió buscar apoyo financiero en el municipio de la ciudad, en el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno, los dos institutos que dirigía Pucciarelli, hasta se gestiona una declaración de la UNSECO por mediación del filósofo diplomático Victor Masuh. Además, coincide con el V centenario de la segunda fundación de la ciudad y el 85° aniversario de la facultad. Todo esto genera un movimiento que atrae a la prensa y logra tener un impacto como para generar la asistencia de casi 800 personas durante los seis días que dura el congreso, desarrollado en octubre de 1980. Se organiza en ocho sesiones plenarias y ocho comisiones. La convocatoria es “Sentido y vigencia de la filosofía en el mundo”. Paradójico título si uno tiene en cuenta el contexto.
La hipótesis mayor difundida que manejan los investigadores del pasado reciente (Cremonte 2022, 2024; AA.VV., 2010), es que los filósofos negociaron un pacto de silencio –en algunos casos explícito- o un llamado a no comprometerse, a no cuestionar ni criticar, a cambio de permanecer en sus lugares de trabajo e incluso de resguardar su vida y la de sus familiares.
Hay dos tesis fuertes en torno al 3CNF. La primera es la interpretación de que el evento significó un esfuerzo de los filósofos, y gran capacidad de sus organizadores, para sostener un congreso de filosofía en tiempos de dictadura, cuando ya se sabían las desapariciones de personas y muchos colegas habían sufrido atentados, secuestros y el exilio.21 Sin embargo, se interpreta que hay voluntad de abrir una negociación con el poder para sostener el capital simbólico del campo filosófico y poder rearticularlo. Pero entonces aparece la otra cara de esa moneda, que es la tesis del pluralismo, la cual dice que reaparecen docentes alejados de la universidad – el exilio interior-, muchos de ellos por su expulsión de las universidades, junto con algunos que retornan del extranjero, y algunos profesores de bajo perfil que se mantenían activos en institutos privados. Estos son presentados generalmente como adherentes al régimen por otorgarle legitimidad, una lavada de cara intelectual a la Junta militar, al poner en escena una imagen de un Estado tolerante de la diversidad de ideas, sobre todo porque el acto de clausura tuvo como principal orador al presidente de facto, Jorge Rafael Videla, quien pronunció un discurso que fue aplaudido por la audiencia, en el cuál utilizó el concepto de libertad (AA. VV,2010).
Volvemos sobre la idea de que la principal causa era el rearticular un espacio a desde donde poder seguir haciendo filosofía, no relegar nuestro territorio, pelear por la universidad desde adentro. Es ambiguo, algunos dirán que se negocia con el régimen por posiciones de poder (AA. VV,2010, Cremonte 2024), pero uno puede pensar también que hay un velo de ignorancia de que sucedería al llegar la transición democrática. Eso cae en el campo de la especulación.
Pero es la tesis que enfatiza el papel que juega el congreso dentro de un proceso amplio de normalización disciplinar, es decir, asegurar el carácter profesional de la filosofía que se hace en el país, y, por lo tanto, la legitimidad del congreso en sí mismo, independientemente del contexto. Sin embargo, hay elementos que le quitan merito a ese argumento: hay ausencias significativas que le restan autoridad, por lo tanto, la performance de espacio plural y profesional pierde sustento (Belloro 2018). En las mesas de pensamiento latinoamericano, como ya dijimos, no está Kusch por fallecimiento ni Dussel por exilio, pero tampoco está la parte de historia de las ideas: no está Roig, ni Terán, ni Agoglia (Cremonte, 2022). Tampoco asiste Klimovsky -por decisión propia- en el área de lógica, o Sazbón en filosofía contemporánea. Es decir, profesionales a quienes sus propios colegas reconocían como autoridad en la materia. Consecuencia negativa: que se invistan hegemonías en determinadas áreas cuya base se remite solamente a llenar un vacío de especialización.
En lo textual no hay evidencias de alguna ponencia que haga referencia al pensamiento de Marx así como no hay referencia directa a lo que ocurre en el contexto alrededor. No obstante, hay una postura de algunos participantes, como el caso de Francisco Olivieri (Cremonte, 2022), pero más evidente quizá en las enunciaciones de E. Rabossi o de C. Nino (Cremonte, 2024) – ambos cercanos al radicalismo- que hablarán de prudencia, “razones prudenciales”, o de un repliegue al interior, de la universidad y de uno mismo, llamando al silencio y al no comprometerse desde la filosofía con la función social y la política (AA. VV, 2010).22
La pregunta por la posibilidad de esta trilogía, real o ficticia, resultó ser buena excusa para hablar de distintos procesos que permiten pensar en una normalización de la filosofía argentina. Nosotros tomamos como puntos de referencia históricos a tres congresos nacionales como hechos canónicos.
Utilizamos la categoría analítica de normalización como herramienta para unir estos congresos y hacer conexiones de fechas distantes en nuestra línea temporal habitual, y relacionarlos más allá de las diferentes figuras, entendiendo que la unidad argumental la dan los intentos de establecer o romper con ciertas regularidades. Y al mirar eso, mostrar distintos modos que va adquiriendo el vínculo de la filosofía argentina con el Estado nacional. Algo que observamos al mirar esa secuencia es un enclaustramiento inducido por parte del Estado sobre la filosofía, lo que produce un repliegue al interior de la academia, maniobra ejecutada en paralelo al discurso de las razones prudenciales y de no comprometerse en los asuntos públicos. Una autonomía recortada para la disciplina filosófica, tanto dentro de la universidad, como en el Estado y para la sociedad.
Por eso constituye un obstáculo epistémico hablar de normalización como algo ya consumado para la filosofía. Porque los efectos performáticos nos restringen el marco interpretativo, y nos conducen a leer que el 1CNF consolida el proyecto de la “normalidad filosófica” pensado en la década del ‘30 por pensadores liberales, con un circuito establecido con pocas universidades en juego, cancelando la posibilidad de disputar hegemonía a otras redes intelectuales que no daban la discusión dentro de la academia. O incluso para redes que van a surgir después en el tiempo; de hecho por eso se interpreta al 2CNF como un gesto de conflicto o desplazamiento. Pero nos fuerza a leer que en el 3CNF la filosofía intenta una negociación con el poder militar para seguir siendo una disciplina con algo de sentido social, una profesión universitaria que se mantiene vigente cediendo su autonomía y renunciando al desafío kantiano.
Observamos que si en el 2CNF el Estado casi no interviene o desatiende al evento restándole importancia -pero dejando a cargo a filósofos de ideología conservadora-, y de alguna manera esto permite que hayan desmarques y discusiones filosóficas relevantes, tanto como para crear un nuevo movimiento y abrir nuevas redes intelectuales a nivel de América Latina; el Estado toma nota tanto del 1CNF como del 2CNF, y por lo tanto va intervenir fuertemente en la organización del 3CNF. Porque, de hecho, ese grupo de filósofos de la liberación que pretendían cuestionar el paradigma de la normalidad y torcer el camino de la normalización hacia otros horizontes, es totalmente desarticulado por el terrorismo de Estado. Y ese es uno de los motivos de que esta línea teórica tenga mayor impacto en otros países que en el nuestro, o que por ejemplo esa generación intermedia y muchos de los jóvenes filósofos no lleguen al Congreso realizado en 1980 en la UBA.
Por lo tanto ese hilo conduce al resultado apresurado, parcial, inconcluso, de que todas las filosofías argentinas están igualmente desvinculadas de la verdad, por lo tanto, siempre funcional al Estado. Esto lo vemos en algunos discursos del congreso del ‘80. Y en las épocas posteriores, ya en democracia, en el silencio y el olvido. Esto es lo que nos habilita a hacer una hermenéutica como ejercicio de la sospecha pensada desde una lectura desintegral y situada de los acontecimientos y los discursos. El desafío es pensar a la normalización como un proceso todavía abierto, mirarla como actos de refundación permanente.
Pensemos conjuntamente en cuatro posibilidades, para nada excluyentes. O bien la normalidad, más que regularidad, consiste en todas esas irregularidades. O bien, prescindimos de manejarnos bajo el marco categorial de mirar la filosofía desde la normalización como un objetivo, cumplido o no. O bien, la normalización de la filosofía es un proceso siempre abierto, elástico, flexible. Porque hay momentos históricos donde el Estado permite una expansión institucional y el contexto favorece la producción de filosofía crítica de alta calidad académica; pero también hay momentos de políticas de ajuste, que se solapan con procesos en los que el campo filosófico por asegurar un cierto nivel profesional, incorpora pautas y se adecúa a criterios que vienen de otras disciplinas y de otros contextos. O bien lo podemos usar de herramienta de análisis, lo cual puede ser útil para pensar en un diálogo filosófico sin un centro gravitatorio, no desde una verticalidad, sino en simétrica posición argumentativa a nivel interregional, con vistas a generar un nuevo consenso sobre pautas propias de validación, evaluación, regulación y control propias. Reclamando tanto la autonomía de la filosofía dentro de la universidad, como de la universidad y la filosofía respecto del Estado, y demandándole presupuesto. Pero, en ningún caso, la normalización de nuestra práctica es algo que puede estar asegurado, menos en un país como Argentina; y en todo caso, es algo que no se puede desvincular de lo político ni del Estado.
La consecuencia más nociva que podemos sacar desde la óptica de esta trilogía, que culmina con una subsunción de lo filosófico a lo estatal, y un discurso acrítico, es el resultado final: la filosofía como una carrera más dentro del mercado laboral que propone el neoliberalismo. Pero así como hay lugares comunes que los investigadores reiteran, hay hechos concretos y datos reales que habilitan interpretaciones con las cuales coincidimos. Destaco algunas.
Respecto del 1CNF, al ser el primero del país de alcance nacional, es de una importancia especial, sobre todo porque crea lineamientos, fija direcciones para la investigación, actualiza algunos problemas y temas para la docencia, blanquea posiciones a nivel institucional, también blanqueo de posicionamientos políticos. También crea redes e impulsa proyectos, proyecciones –para nada inalterables-, se habilitan espacios que son objeto de disputa, y esto genera que haya además de los debates filosóficos, discusiones políticas.
Del 2CNF, que hay un grupo de filósofos que, mayor o menor la radicalidad de sus planteos, se destaca como disruptivo en el nivel táctico, al menos en cuanto a lo discursivo, ocupando la posición opuesta a la línea conservadora representada por la comisión organizadora, que defendían una filosofía despolitizada y con los estudiantes afuera.
Tampoco es discutible que en el 3CNF el disenso es anulado de raíz, no existen en el congreso ponencias sobre pensamientos que puedan contradecir la verdad del gobierno militar o que puedan incluso ejercerle alguna crítica sutil, por lo tanto, al interior del congreso no se interpreta una tensión o conflicto sino una negociación con el poder o una legitimación. La hipótesis del pluralismo y la del repliegue de la filosofía hacia su interior son la propuesta de la organización –aparece literal en la presentación de las Actas-. Por lo tanto, la despolitización de los trabajos es un criterio de exclusión implícito. Lo cual es el inicio de algo que nos sigue afectando como conjunto, que es la despolitización de docentes, investigadores y estudiantes de filosofía, y la dispersión creciente que llega hasta nuestros días, la que nos conduce a pensar la profesionalización disciplinar como un ajuste a determinados protocolos y estándares internacionales.
Al caer esas premisas caen los dos pilares que sostienen la tesis de la normalización de la filosofía como hecho consumado, pero es cuestión de un posicionamiento: político y filosófico. El olvido y el pacto de silencio, la amnistía académica que promueve la profesionalización sin criterios propios, la mirada para otro lado o el miedo a decir la verdad; es decir, el no adoptar una actitud crítica frente a la realidad, y no la normalización, son algunas causas de la desconexión entre Estado, universidad y filosofía.
Referencias
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* Argentino. Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE). Doctorando en Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Becario Doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto de Investigaciones Filosóficas, Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud (IIF-FHCSyS-UNSE) Contacto: intidiazmoran@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0009-0007-1944-0590
1 Los autores referidos hablan de lectura o textualismo desintegral porque el significado del texto trasciende su integridad, es decir, su sentido se juega en un contexto determinado que luego entra en movimiento con el paso del tiempo, de la biografía de su creador, su intención, la situación del país, del soporte material e institucional que lo vuelve posible, entre otras texturas. Se trata de recuperar lo extra textual sin aislar al texto del mundo. Es una perspectiva que matiza pretensiones del textualismo integral, así como la pretensión de un contextualismo extremo.
2 Abreviatura para: Primer Congreso Nacional de Filosofía, realizado en 1949 en la UNCuyo.
3 Abreviatura para: Segundo Congreso Nacional de Filosofía, realizado en 1971 en la UNC.
4 Abreviatura para: Tercer Congreso Nacional de Filosofía, realizado en 1980 en la UBA.
5 Para tener una idea de su magnitud, piénsese que hasta entonces había siete universidades nacionales. La UNC (fundada en 1613, nacionalizada en 1856 en la presidencia de Urquiza); la UBA (fundada en 1821, presidencia de Mitre con participación de Rivadavia, nacionalizada en 1881 en la presidencia de Roca). En 1897 se crea la UNLP; en 1914 la UNT, en 1919 UNL, 1939 la UNCuyo y 1948 la UTN. Creada por el peronismo bajo el nombre de Universidad Obrera, entra en vigencia después.
6 Clara Ruvituso (2015) plantea otra hipótesis que es muy verosímil, y de hecho cuenta la historia posterior de este personaje.
7 De hecho, fue convencional constituyente en una comisión durante la reforma constitucional que el peronismo logra aprobar en marzo de 1949.
8 En 1947 le gana un concurso de Psicología a Octavio Derisi, no obstante, se incorpora en la carrera de filosofía cuyana como profesor.
9 Alemania se encontraba en un proceso de desnazificación y no se le permitió salir del país.
10 Otros participantes de prestigio internacional que asisten: Werner Jaeger, Jacques Maritain, Nicolai Hartmann, Julián Marías, José Vasconcelos, Gabriel Marcel, Luigi Pareyson.
11 De hecho, para el mismo año, el Dr. Ramón Carrillo dirige un congreso latinoamericano de neurobiología que se desarrolla en paralelo al de filosofía. En una nota periodística señala la importancia que le da ese proyecto de gobierno al desarrollo de las ciencias y las humanidades, y señala ese año como un pico alto para la Argentina en cuanto a inversión en ese sector. Es más, el propio Carrillo integra como vocal el comité de honor del 1CNF, junto con todos los demás ministros. El presidente de dicho comité es, por supuesto, el presidente de la nación, y llama la atención que el único hombre fuera de la política, representando a la universidad y a la filosofía, es Coriolano Alberini, vicepresidente de honor, por la Universidad de Buenos Aires.
12 Cfr. I. Wallerstein sobre el período que se inicia posterior a 1945 respecto de los saberes en la universidad, particularmente de las ciencias sociales.
13 Por ejemplo, fue la primera vez que se utilizó públicamente tecnología de última generación que había adquirido la universidad anfitriona a través del gobierno para poder realizar traducciones en tiempo real de las ponencias leídas en los distintos idiomas. Otro aspecto que otorga masividad es que el discurso de clausura del presidente de la Nación fue transmitido en vivo en todo el país por radio.
14 Está presente por la Universidad de Tucumán además de Casas, H. Zucchi. No asisten a la reunión M.E. Valentié y R. Rojo, que estaban invitados.
15 Entre el año 1962 a 1965 se produce el Concilio Vaticano II, y en el año 1968 se hace una relectura y bajada a Latinoamérica en Medellín, esto es el antecedente directo de la teología de la liberación.
16 Derisi fue monseñor, rector de la UCA, neotomista; Farré era laico pero ligado a la filosofía de la religión y la teología.
17 Dussel egresado de la UNCuyo se va a Europa becado, y regresa diez años después con dos doctorados: de historia y de filosofía, con gran producción textual. Por ejemplo, trabaja en el archivo de indias en Sevilla como bibliotecario y maneja muchos datos nuevos para un intelectual latinoamericano.
18 Como también se usa ese nombre en el NOA, en las Primeras Jornadas de Filosofía del NOA desarrolladas en Tucumán en 1987, organizada con quienes en el 2CNF y el 3CNF con trabajos –y publican en las Actas-.Estos filósofos y filósofas son: R. Rojo en el plenario de “Lenguaje y Comunicación”; mientras que en el de “Verdad y enmascaramiento participan” Canal Feijóo, Piossek Prebisch, y Saltor. El filósofo y decano, Hernán Zucchi participa como expositor en el simposio “Filosofía y Ciencias Humanas”, donde también se encuentra Diego Pró y el propio Caturelli. Por su parte M. E. Valentié participa de la mesa “Balance y perspectiva de la filosofía en la Argentina”.
19 Lo cual no quiere decir que los congresos nacionales de filosofía no se hayan seguido realizando, de hecho, continúan hasta la fecha y a lo largo de las épocas cambiaron las sedes, los organizadores y los filósofos que las animaron.
20 Filósofo que estuvo presente en las tres primeras ediciones del Congreso Nacional de Filosofía.
21 Hay algunos filósofos de la liberación que participan, pero sus trabajos son para homenajear a Kusch recientemente fallecido en el norte del país.
22 Son filósofos de ideología radical que se nuclean en SADAF y posteriormente en AFRA, que se dedican mayormente a la filosofía analítica. Este grupo formará más tarde parte del consejo de asesores del primero candidato radical y luego presidente en el retorno de la democracia, Raúl Alfonsín, por lo que adquiere notoriedad en la prensa. La importancia de este grupo de filósofos especialistas en materia de derecho jurídico es tan significativa para el gobierno que su participación será determinante tanto para habilitar el proceso del juicio a las juntas, como para la sanción de la ley de obediencia debida. En muchas cátedras e institutos de filosofía siguen siendo fuerza hegemónica hasta el presente, imponiendo sus lógicas de producción del conocimiento, y sosteniéndolas desde posiciones estratégicas.