La posibilidad de un nuevo lector de Marx. Reseña de Marx en los márgenes. Nacionalismo, etnicidad y sociedades no occidentales de Kevin B. Anderson

Ramiro PARODI*

Recibido: 01/03/2026
Aceptado: 10/03/2026

Es dable pensar que su universo de ideas (eso que será el marxismo) tal vez no haya tenido en aquel azaroso tiempo argelino la rotundez de las convicciones, sino la relatividad de revisar las marchas y contramarchas de su memoria, más bien la incertidumbre de los pueblos diferentes (su incógnita de Rusia) o ese sentimiento de fugacidad va dando una agonía asumida dignamente ¿Cuál hubiese sido el libro escrito por ese Marx imaginario?

Nicolás Casullo

Kevin B. Anderson es sociólogo, profesor en la Universidad de California, Santa Bárbara y marxista… del siglo XXI. Esta inflexión temporal es la vía de entrada que propongo para la lectura de Marx en los márgenes el libro del autor que la editorial Verso tradujo (Francisco Viña Alfaro) en el año 2016.

Repasemos rápidamente algunos de los otros títulos del profesor Anderson: Lenin, Hegel, and Western Marxism (1995), The Rosa Luxemburg Reader (con Peter Hudis, 2004), Foucault and the Iranian Revolution (con Janet Afary, 2005), Dialectics of Revolution (2020), Class, gender, race and colonialism: The ‘intersectionality’ of Marx (2020), Lenin, Hegel, and Western Marxism: A Critical Study (Historical Materialism) (2023) y The Late Marx’s Revolutionary Roads: Colonialism, Gender, and Indigenous Communism (2025).

Una serie de términos parecen buscar especificar de qué marxismo se trata: occidental, género, raza, colonialismo, interseccionalidad, último Marx y podríamos sumar márgenes, el significante nodal del título al que se dedica esta reseña. Anderson ha intentado a lo largo de toda su obra poner en relación el legado de Marx con problemáticas contemporáneas. Ese es un gesto que caracteriza distintos estudios marxistas que van desde Nancy Fraser (2023) y las moradas ocultas hasta Silvia Federici (2015) y los “silencios” de Marx, y también desde el marxismo situado de Álvaro García Linera (2015) hasta el marxismo ecológico de Kohei Saito (2023). Todxs estxs autorxs del siglo XXI han tocado la puerta del marxismo con una inquietud política bajo su brazo: la urgencia por la autodestrucción del capitalismo actual, los feminismos y el punto de vista de la reproducción social, las organizaciones indígena campesinas y los movimientos ecológicos.

Gran parte de los lectores de Marx de la actualidad lo hacen desde la urgencia de un tiempo que parece estar devorándose a sí mismo tal como señala Fraser (2023). Anderson no es ajeno a esta corriente y busca en Marx en los márgenes explorar aquellas problematizaciones en torno al nacionalismo, la etnicidad y las sociedades no occidentales. Esta es una de las tres primeras cuestiones que quisiera remarcar sobre la relación del libro con el marxismo del siglo XXI: la primacía de la práctica política.

Revisemos de vuelta esa lista de términos que señalamos más arriba y retengamos uno, márgenes, que podría colocarse en el universo semántico de occidental. El margen es lo que muestra los límites de occidente. Por lo tanto, la segunda cuestión a resaltar es el problema del punto de vista. El punto de vista desarma el simplificado problema del eurocentrismo para revitalizar al marxismo desde una pregunta por la extimidad que exponga la potencia de un pensamiento desarrollado desde la periferia donde es posible ver el conjunto de relaciones que sobredeterminan a una formación social. Hay que situarse en los márgenes para ver el todo sería la forma sintética de resumir esta cuestión trabajada excelsamente por Eduardo Grüner (2010) a partir de la relación entre la revolución haitiana y la francesa. Entonces, el libro asume el punto de vista de las revueltas, aunque en el fin de los conflictos post 1848. Donde hay política la filosofía piensa, pero, parece decirnos Anderson, también donde hay despojo. O no, ¿cómo pensamos cuando hay expropiación? ¿Pensamos? ¿Qué pasa si hay despojo sin política?

Esto nos conduce a la tercera cuestión. La corriente en la que Anderson se inscribe: la revisión del Marx tardío. Esta categoría es sumamente rica para la teoría marxista del siglo XXI por su carácter polifónico. El Marx tardío podría ser tanto el que vivió los últimos años y suscitar preguntas biográficas en torno a, por ejemplo, su paso por Argelia. Recordemos una intervención imaginaria de Nicolás Casullo quien, tres años antes de la caída del Muro de Berlín, se tomaba el tiempo para reflexionar qué Marx íbamos a heredar: “El viejo Marx contempla el Mediterráneo desde este otro lado, desde tierras colonizadas. Aunque esa soledad pareciera no servirle para repasar el Programa de Gotha ni para inspeccionar la realidad argelina bajo yugo francés” (Casullo, 1986, p. 46). Lo que dice es cierto. En la correspondencia de Marx desde Argelia no hay grandes menciones a proyectos de escritura sino descripciones del clima, saludos para sus seres queridos y quejas sobre su enfermedad.

Sin embargo, en partes muy marginales se puede leer que el Moro aún guardaba la capacidad de detectar procesos de trabajo, desarrollos capitalistas y comparaciones con pretensiones generalizadoras. En referencia a los constructores argelinos le cuenta a su amigo, Paul Lafargue, que:

constantemente se construyen nuevas casas en Mustapha supérieur, se demuelen las viejas, etc., pero aunque los trabajadores vinculados a esta actividad son gente sana y residentes locales, bajan con fiebre después de los tres primeros días. Parte de sus salarios consiste en una dosis diaria de quinina que les entregan los empleadores. La misma práctica puede observarse en varios lugares de Sudamérica (Marx, 2021, p. 52).

Sin lugar a duda, ese es un posible Marx tardío aunque no es la intención que parece sostener al libro de Anderson ya que, si bien posee ribetes biográficos como cuando señala que el apoyo a la causa polaca fue una de las grandes pasiones políticas de la vida de Marx, se trata de un ordenamiento de textos en función de un conjunto de preguntas: ¿Cómo lee Marx los conflictos políticos de su época? ¿Qué inflexiones se presentan en su pensamiento? ¿Funciona Marx como un antecedente de temas actuales como el colonialismo y la etnicidad? ¿Qué le hacen los acontecimientos políticos de la época a la teoría sobre la producción de valor y el capitalismo global?

Hay otro Marx “tardío” que tiene mayor relación con la construcción de un archivo. Acá ubicamos al libro Marx en los márgenes. En este campo de estudios podríamos situar (al menos) dos formas de construir ese archivo. Una lineal que remitiría al Marx “maduro”. Este archivo repondría una concepción evolucionista de su pensamiento: a medida que va pasando el tiempo su sistema filosófico se va complejizando. Es una opción, aunque la misma ambigüedad del significante “tardío” que remite tanto a lo último que escribió Marx como a los últimos descubrimientos de sus obras nos presenta otra forma de conformar ese archivo. Un pequeño subrayado semántico: no se le suele decir último sino tardío del mismo modo que no se le dice last sino late. Late y tardío mantienen la ambigüedad que nos interesa explorar para pensar cómo Anderson produce el archivo con el que va a trabajar. Siguiendo esta otra forma de conformar un archivo, este no respondería tanto a un recorte temporal sino a la búsqueda de una problemática.

Acá es importante destacar un dato: tanto Anderson como Saito y otrxs expertxs están leyendo el Marx-Engels-Gesamtausgabe (o MEGA) que es el proyecto que busca compilar y publicar todo el trabajo de los autores. Por ese motivo, lo que ese archivo tiene para dar, podemos intuir, no necesariamente es lo último que los autores escribieron sino, por ejemplo, reformulaciones de El capital (que se redactó en la década del 60) o trabajos de los años 70 en torno a la aldea comunal rusa como posible centro revolucionario.

En este punto podríamos decir que la problemática que ordena el gesto archivístico de Anderson es que el Marx tardío se encuentra en los márgenes. A pesar del carácter fuertemente “evolucionista” de algunas de sus afirmaciones, Anderson logra volver sobre una problemática vital para el marxismo contemporáneo que atañe a la pregunta por la lectura: ¿cómo vamos a leer a Marx? Anderson responde a esto componiendo un archivo donde recopila muchas intervenciones de Marx respecto a distintos conflictos políticos periféricos que se incrustan en su práctica teórica. El libro de Anderson busca enfatizar fuertemente el modo en el que las preocupaciones políticas de Marx afectaron su obra produciendo una gran cantidad (claramente expuestos en el libro) de virajes en su pensamiento.

Esto le permite complejizar una tesis que ya estaba presente en el pensamiento de Lawrence Krader y que, entre otros, ocupa gran parte de la revisión marxista que hace el boliviano Álvaro García Linera: el problema de la multilinealidad. Para Anderson, el antídoto contra las clásicas críticas al carácter teleológico de la obra de Marx puede ser refutado a partir de la tesis de la multilinealidad que apunta a desarmar el etapismo evolutivo de los modos de producción y reemplazarlo por una lógica de los casos que mostrarían que existen distintas líneas temporales organizadas a partir de eslabones diferentes. Esto, para América Latina, es bastante fácil de entender hoy en día: acá nunca existió el feudalismo. Sin embargo, esta claridad nunca fue tan nítida y sabemos que existieron trabajos como los de Roberto Alvarado (1979) que caracterizó como feudal a la economía agrícola boliviana.

Anderson encuentra y organiza las vacilaciones de Marx. En el libro estas aparecen como virajes o evoluciones, pero son, más bien, dudas, reflexiones, preguntas que leídas complementariamente con las afirmaciones más esquemáticas de Marx nos permiten ver cómo la política se incrusta en forma de hesitaciones en su pensamiento. Si en primera instancia Marx celebró los efectos modernizadores del colonialismo británico en la sociedad india, luego este entusiasmo se vio aplacado por la brutalidad inglesa y el estancamiento indio. Este ejemplo es claro, Marx podría seguir, en última instancia, sosteniendo la necesidad de modernizar la periferia, pero, al mismo tiempo, no puede dejar de ver los escombros que este efecto civilizador produce y, con ellos, la inquietud en torno a sus beneficios. Esto nos vuelve a conectar con la carta enviada desde Argelia: está muy bien que se construyan casas, pero… se les está pagando con una dosis diaria de quinina (y esto ya lo estudió en Sudamérica) y bajan afiebrados.

Las observaciones complementarias a esta relación colonial también son relevantes. Anderson muestra, y esto es parte de la teoría multilineal que quiere exponer, que las revoluciones pueden producirse en los márgenes debido a la importancia que estas naciones periféricas comienzan a tener en el comercio internacional. India y China pueden producir crisis en el centro del capitalismo global. Esas ideas estaban en Marx ya a fines de la década del 50 cuando comienza a mostrar su decepción con el progreso capitalista.

Rusia es importante en ese sentido. En este caso la categoría viraje es bien precisa. Anderson expone que Marx consideraba a Rusia como la sociedad más conservadora y despótica en 1853 y, en 1870, señala que la aldea comunal rusa puede ser un posible centro revolucionario. El caso ruso ha sido ampliamente trabajado por la literatura marxista. En América Latina de José María Aricó (1980) a Álvaro García Linera (1989) se han dedicado a armar un corpus específicamente ruso: el prefacio a El Capital de la edición rusa, los borradores y las cartas con Vera Zasulich, los escritos sobre Rusia. Este conjunto de textos conforma un laboratorio para ver las rectificaciones, dudas y, en otras palabras, el pensamiento vivo de Marx cuyo saldo es una concepción compleja del tiempo y de la historia.

De este modo, Anderson avanza sobre los márgenes que, a esta altura, ya podemos denominar como zonas marginales. No se trata entonces solamente de estudios sobre naciones aisladas sino de análisis de casos puestos en relación para leer qué le hace el estudio de la periferia al pensamiento de Marx y, por ende, qué teoría del capitalismo global se puede conformar. Para Anderson hay en Marx temas multilineales en las descripciones de las formas comunales, la propiedad de la tierra y los tipos de trabajo. El problema es que la metáfora de la línea parece borrar algo que Anderson quiere demostrar y es el énfasis en la relación entre los casos. Esos temas multilineales son producidos por Anderson al detectar qué otros textos estaba escribiendo Marx cuando redactaba, por ejemplo, El capital. De ese modo, construye una serie de lectura más amplia expandiendo la sospecha que señala que la de Marx es una teoría inacabada porque su objeto, el modo de producción capitalista, no cesa de transmutarse.

Anderson demuestra que la edición francesa de El capital complejiza la lectura de la historia de Marx. Lo universal parece ser la expropiación de los cultivadores (de ahí la importancia a todo lo que concierne a la posesión de la tierra, como bien había anticipado José Carlos Mariátegui en 1928) y lo particular la potencia de abrir nuevas líneas temporales. La pregunta por la totalidad histórica se sostiene bajo una complejidad dialéctica. Todas las naciones son expropiadas, esa expropiación no es local sino relacional y, esas mismas naciones tienen sus particularidades que hacen que esa expansión se expanda de modos disímiles potenciando la posibilidad de seguir un orden diferente de sujeción. Recordemos que luego del famoso capítulo XXIV sobre la “Llamada acumulación originaria” viene el XXV sobre el artificio capitalista en Australia. Dos casos distintos, uno en el centro y otro en la periferia, pero estrictamente relacionados.

De este modo, Anderson nos hace notar que la filosofía del progreso marxista duda: ¿Y si las formas comunes ya existentes o pretéritas son la base de una asociación de hombres libres que trabajan con medios de producción comunes? Esta teoría vacilante es política y conceptual al mismo tiempo. Muestra vías revolucionarias al mismo tiempo que sacude la teoría del tiempo histórico.

Sin embargo, podríamos pensar, que el resultado de este trabajo sobre la edición francesa de El capital no es editorial. Del mismo modo que todo el trabajo de Anderson no apunta meramente a descubrir un conjunto de documentos olvidados en algunas cajas de una oficina. Sino que el efecto de esta reconstrucción archivística, adopción del punto de vista del conflicto político y formación de nuevas series de lectura es un nuevo lector. Probablemente, el que se requiera para seguir pensando el marxismo en el siglo XXI.

Si Marx estuvo hasta el último día de su vida observando la explotación de los obreros que construían las casas de las zonas marginales de Argelia, es dable pensar que no solo su proyecto de investigación quedó inconcluso, sino que estaba destinado a continuar al calor de las transformaciones del propio capital. El libro de Anderson cumple con continuar ese legado.

Referencias

Alvarado, R. (1979). Apuntes para una visión dialéctica de Bolivia. Roalva.

Aricó, J. (1980). Marx y América Latina. Fondo de Cultura Económica.

Casullo, N. (1986). La izquierda: entre mitos, modernidades y nihilismo. Crisis, 45, 46-49.

Federici, S. (2015). Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Tinta Limón.

Fraser, N. (2023). Capitalismo caníbal. Cómo nuestro sistema está devorando la democracia y el cuidado y el planeta, y qué podemos hacer con eso. Siglo XXI.

García Linera, A. (1989). Introducción al Cuaderno Kovalavsky. En P. Stefanoni (Comp.), La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia (pp. 23-39). Prometeo y CLACSO.

García Linera, A. (2015). El marxismo situacional. En R. Parodi y A. Tzeiman (Comps.), Álvaro García Linera. Para lxs que vendrán: crítica y revolución en el siglo XXI (pp. 143-166). Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación y Ediciones Universidad Nacional de General Sarmiento.

Grüner, E. (2010). La oscuridad y las luces: capitalismo, cultura y revolución. Edhasa.

Mariátegui, J. (1970). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Biblioteca Amauta.

Marx, K. (2021). Cartas desde Argel 1882. Fondo Documental EHK.

Saito, K. (2023). Marx in the Anthropocene: Towards the idea of degrowth communism. Cambridge University Press.


  1. * Argentino. Doctor en Ciencias Sociales (UBA) y Filosofía (París 8), Instituto de Investigaciones Gino Germani, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina. Contacto: ramiro.parodi@hotmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8331-1343