Ser de otra manera dentro de la modernidad capitalista y colonial. A propósito de María Lugones. Descolonización y alegría de Gabriela González Ortuño

María Candela FERNÁNDEZ BUGNA*

Recibido: 20/03/2026
Aprobado: 21/04/2026

El libro María Lugones. Descolonización y alegría, de Gabriela González Ortuño, profesora-investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos ofrece una reconstrucción del pensamiento de la filósofa y teórica feminista María Lugones. El texto busca recuperar los ejes conceptuales más significativos de su obra para mostrar su potencia crítica frente a la modernidad colonial y capitalista. González Ortuño presenta a Lugones como una pensadora que discute simultáneamente en varios frentes: con ciertas vertientes de la teoría descolonial que no toman en consideración los dispositivos sexo-genéricos, con un feminismo blanco que ha ignorado el peso del hecho colonial y con distintas formas de esencialismo que tienden a fijar identidades y a establecer cercos rígidos entre sujetxs políticxs. En ese marco, el libro propone explorar la formulación lugoniana del feminismo descolonial y de los conceptos y prácticas que lo sostienen.

Desde las primeras páginas, la autora explicita su propio lugar de enunciación en un libro que se presenta como el resultado de un trabajo que, por un lado, asume el desafío de pensar críticamente a una autora que admira y que, por el otro, pretende sumarse a la estela de mujeres que leen y discuten a otras mujeres, un hecho que sigue siendo demasiado excepcional dentro de la práctica académica. El gesto de González Ortuño consiste, precisamente, en contribuir a normalizar esa práctica recuperando la obra de una pensadora que condensa, en muchos sentidos, debates y experiencias provenientes de las luchas feministas del sur global. Así, el libro nos muestra la relevancia de Lugones para comprender las formas contemporáneas de dominación y para imaginar estrategias políticas de liberación.

El texto está organizado en una serie de capítulos que recorren distintos núcleos conceptuales de la obra de María Lugones. A lo largo de ellos, González Ortuño examina las críticas que aquella le hiciera a la noción de interseccionalidad, su cuestionamiento al sistema colonial de género, su formulación del feminismo descolonial y las estrategias de resistencia que forman parte de su pensamiento. El recorrido combina reconstrucción teórica con discusión conceptual, con el objetivo de identificar “las constantes de la pensadora” (2025, pp. 20-21), es decir, aquellas preocupaciones que atraviesan sus textos, aún cuando estos sean de diferentes etapas de su trayectoria.

El primer capítulo se concentra en la discusión que Lugones establece con la noción de interseccionalidad. Aunque reconoce la importancia de este enfoque para pensar la articulación entre diferentes formas de opresión, González Ortuño afirma que Lugones considera que ese concepto resulta insuficiente para explicar acabadamente ciertos modos de la dominación y que, además, deja por fuera a sujetxs cuyas experiencias no encajan en las coordenadas de líneas cruzadas que traen consigo las perspectivas de la interseccionalidad.

Contra esta noción, Lugones propone pensar los sistemas de dominación a partir de la noción de emulsión, que le permite observar los sistemas de poder de manera intrincada (y no intersectada) y no separarlos en dimensiones autónomas. Así, en lugar de concebir a las personas como portadoras de una suma de opresiones, la perspectiva de María Lugones enfatiza el modo en el que las relaciones de poder se mezclan y producen subjetividades específicas. Para González Ortuño, esta propuesta resulta especialmente fértil porque permite pensar la heterogeneidad de lxs sujetxs y cuestionar las formas de clasificación que caracterizan a la modernidad colonial. En este marco, los argumentos de Lugones apuntan contra el pensamiento dicotómico que organiza la realidad en pares opuestos y jerarquizados (González Ortuño se detiene específicamente en la revisión del binomio hombre-mujer que identifica en los textos de esta feminista).

Pensar en términos de emulsión lleva a Lugones, nos dice González Ortuño, a concebir al sujetx como heterogénex e impurx. Esta perspectiva se opone a las lógicas –coloniales y modernas– que buscan ordenar el mundo social en categorías rígidas. La heterogeneidad, en cambio, remite a entender al sujetx como constitutivamente múltiple. Leer a Lugones desde este ángulo implica, entonces, preguntarse por los modos en que se producen sujetxs que se organizan por fuera de las normas dominantes y que, al hacerlo, contribuyen a desestabilizarlas.

El segundo capítulo del libro se centra en el análisis del sistema colonial de género, aspecto al que González Ortuño ingresa reponiendo el desacuerdo entre Lugones y el sociólogo Aníbal Quijano. Si bien la filósofa retoma en buena medida la noción de colonialidad del poder que desarrollara Quijano, considera que su formulación no otorga suficiente importancia a los dispositivos de generización, que deberían ser considerados en un mismo nivel de importancia que los de racialización para poder dar cuenta de dos procesos inseparables dentro de la organización colonial del mundo. Por esta vía, Lugones argumenta que el sistema sexo-género moderno es una imposición colonial (algo que le permite, además, cuestionar la universalidad y omnimpresencia del patriarcado). Esto implica entender la dicotomía hombre-mujer, no como una estructura universal de dominación patriarcal, sino como una forma específica de organización social que se consolidó, en nuestro sur, junto con el proyecto colonial europeo, en un proceso que significó imponer nuevas categorías de género y sexualidad en la población, así como también desarticular formas preexistentes de organización social que no se basaban en la división sexual del trabajo. Entonces, desde esta perspectiva, la colonización tiene que entenderse como la producción simultánea de procesos de racialización y de generización. Los pueblos colonizados fueron definidos como inferiores y, al mismo tiempo, sometidos a una clasificación sexual que (des)organizaba sus vidas sociales. González Ortuño señala que Lugones describe esto como parte de una política sexual de disciplinamiento de los cuerpos, regulación del deseo y establecimiento de nuevas jerarquías, modificando tanto las prácticas sociales como la construcción de nuevas formas de subjetividad. En la emulsión entre la opresión racial y de género que le preocupa a Lugones, González Ortuño señala como central la categoría de bestialización, que contribuye a hacer de la categoría mujer una que refiere a las mujeres europeas burguesas como modelo.

El tercer capítulo se detiene en la formulación del feminismo descolonial. González Ortuño señala que una de las contribuciones centrales de Lugano es que muestra que gran parte del feminismo hegemónico ha ignorado el carácter colonial del sistema de género; ha ignorado el hecho colonial. En ese sentido, el feminismo blanco habría construido la categoría de mujer a partir de una experiencia histórica específica que, sin embargo, es presentada como universal. Frente a este problema, Lugones no propone abandonar la categoría, pero si desesencializarla, historizarla y desencantarla para reconocer su potencial político y la diversidad de experiencias que quedan ocultas bajo su aparente unidad. Aquí la autora del libro también analiza las categorías políticas que Lugones utiliza para pensar los vínculos entre sujetos de la liberación. Inicialmente Lugones recurrió a la noción de compañera, para describir una relación cuyo elemento amalgamante es la lucha común. Sin embargo, luego privilegiaría la categoría de amistad.

La amistad, en el sentido que le da Lugones y que recupera González Ortuño, no es un vínculo afectivo individual, sino “una forma de solidaridad que implica compromiso con el conocimiento y la comprensión de la otra” (2025, p. 39). A diferencia de la sororidad –vocablo común en el léxico feminista–, que da cuenta de una cierta inmediatez en el lazo entre mujeres, la amistad supone un trabajo de acercamiento y de reconocimiento mutuo. Es, además, un vínculo no mediado por las instituciones; una apuesta política por la infra-política (2025, p. 40).

El capítulo también introduce la idea del locus fracturado, expresión con la que Lugones describe la posición en la que se encuentran aquellxs sujetxs de la liberación, en una tensión entre “haber sido construídos bajo parámetros de la modernidad colonial” y, al mismo tiempo, “estar en resistencia activa frente a ella” (2025, p. 43); entre corporeizar las formas de subjetividad heredadas y los intentos por transformarlas. Según González Ortuño, esta perspectiva permite pensar la descolonización no sólo como un proyecto político abstracto, sino como uno anclado en prácticas y experiencias cotidianas, prácticas y experiencias a las que le dedica los capítulos siguientes del libro. González Ortuño se detiene especialmente en dos de las lógicas de descolonización que propone Lugones: los viajes entre mundos y lo lúdico, por un lado, y la crítica espacial por el otro.

El término viajar entre mundos alude a la capacidad de lxs sujetxs de moverse entre distintos contextos sociales y de adoptar diferentes formas de identificación según las situaciones. Para Lugones, esta movilidad revela el carácter multidimensional de los sujetos y cuestiona la exigencia moderna de la coherencia identitaria. De la mano de esta movilidad, en la lectura que hace González Ortuño, Lugones otorga un lugar importante a la dimensión lúdica de la acción política, marcando que la exploración y la sorpresa forman parte de las prácticas de resistencia. Lejos de concebir la política exclusivamente como confrontación, su propuesta enfatiza la dimensión creativa de ésta y de sus sujetxs, incluso en la cotidianidad. El juego aparece así como una manera de imaginar otras formas de habitar el mundo y de establecer vínculos que no reproduzcan las jerarquías dominantes. Esto no implica, tampoco, ignorar las violencias de las estructuras de poder. Por el contrario, aparece como una forma de enfrentarlas. La alegría, como práctica colectiva que permite sostener procesos de transformación, es trabajada por Lugones (nos dice González Ortuño), como una forma de promover relaciones horizontales entre sujetxs diferentes, articuladxs a través de lo que Lugones denomina diferencias no dominantes.

En lo que respecta a la dimensión espacial, González Ortuño examina el papel que Lugones le otorga a la ciudad y a los espacios públicos. La idea de callejeo aparece como una práctica que permite explorar el mundo social y generar formas de solidaridad, convirtiendo a la calle en un espacio de encuentro y resistencia, especialmente para lxs históricamente excluídxs de los ámbitos institucionales. Esto implica discutir con ciertas lecturas –feministas, por cierto– que identifican lo público con lo masculino para denunciar la exclusión de las mujeres. Leer a Lugones nos recuerda que muchas mujeres, particularmente racializadas, han ocupado históricamente lo público, han trabajado y no han quedado recluídas al espacio doméstico, una crítica que, nuevamente, señala los límites del universal de mujer que ha pretendido imponer el feminismo blanco. Por este camino, González Ortuño nos introduce la política espacial que se desprende de estas reflexiones, una propuesta que implica resistir los cercos que buscan limitar nuestra circulación, y explorar y habitar los espacios: ocupar la ciudad, caminarla, habitarla de manera creativa, como formas de disputar las estructuras de poder que organizan la vida cotidiana.

En sus consideraciones finales, el libro retoma los principales argumentos y reafirma la importancia de leer a Lugones para pensar los desafíos actuales del feminismo. González Ortuño insiste en que la obra de esta autora ofrece herramientas conceptuales valiosas para comprender la persistencia de las desigualdades producidas por la colonialidad. Al mismo tiempo, su pensamiento nos invita a imaginar prácticas de resistencia basadas en la creatividad, la amistad y la construcción de alianzas entre sujetxs diferentes.

En conjunto, María Lugones. Descolonización y alegría logra ofrecer una presentación clara y rigurosa del pensamiento de la filósofa. El trabajo de González Ortuño permite seguir el hilo de las principales discusiones en las que intervino Lugones y comprender la coherencia de su proyecto intelectual. Al mismo tiempo, el libro muestra (y nos deja abierta la puerta para seguir pensando) cómo esas reflexiones se vinculan con prácticas políticas concretas por parte de los feminismos del sur global. Nos invita a pensar la descolonización como práctica cotidiana, a criticar las categorías rígidas, a reivindicar la hegerogeneidad y a apostar por formas de relación más horizontales y lúdicas. En este sentido, el libro recupera el legado de una pensadora fundamental y, con ella, amplía las herramientas teóricas disponibles para imaginar otras formas de ser dentro de la modernidad colonial.

Referencias

González Ortuño, G. (2025). María Lugones. Descolonización y alegría. Ediciones UNGS.


  1. * Argentina. Especialista en Filosofía Política por la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con sede en el Instituto del Desarrollo Humano (IDH-UNGS). Docente en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Contacto: mcfernandezbugna@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7302-8846.