v. 1, n. 26
[ene. jun. 2021]

Reseña: Gené, M. (2019). La rosca política: el oficio de los armadores delante y detrás de escena (o el discreto encanto del toma y daca). Buenos Aires: Siglo XXI, 272 pp.

Joaquín Gonzalo Foresti1*

Se puede hacer política de forma ocasional o bien volverla una profesión secundaria o principal, señalaba Max Weber en una célebre conferencia que brindó en 1919. Fue en ese marco que también nos legó su definición del “político profesional” como aquel que “vive de y para la política”. Los estudios que retomaron esta senda señalaron diversos roles, prácticas y espacios de desenvolvimiento. En La rosca política…, Mariana Gené2 analiza un tipo específico de profesionales, los “armadores políticos”, quienes serían, a grandes rasgos, aquellos dirigentes encargados de articular voluntades, negociar con actores de distintos niveles de gobierno y procurar gobernabilidad. ¿Cuál es el oficio de un armador? ¿Cómo se construye un armador político? ¿Qué cualidades son tenidas en cuenta por los propios armadores para valorar y evaluar su profesión? Estos interrogantes organizan un atrapante trabajo que es el resultado de una rigurosa investigación doctoral de largos años.

La rosca política… nos invita a conocer el Ministerio del Interior de la Nación Argentina, un escenario por el que transitan con frecuencia los armadores. Con el objetivo de demostrar la centralidad de esta agencia estatal y el quehacer de sus miembros jerárquicos, Gené analiza las trayectorias, las destrezas y los estilos puestos en práctica por los elencos políticos, con especial atención hacia los ministros que condujeron la cartera entre 1983 y 2007. El soporte fundamental del estudio son las entrevistas en profundidad, realizadas mayormente a las primeras y segundas líneas (ministros, secretarios y subsecretarios) y, en menor medida, a funcionarios de carrera del Ministerio. Una minuciosa recopilación de bibliografía especializada y la sistematización de fuentes secundarias contribuyen a delimitar, como luce la portada del libro, el “delante y detrás de escena” de los armadores. Las referencias a la “trastienda de la política”, es decir, aquellos ámbitos desde los que se toman decisiones de repercusión pública y de los que la ciudadanía poco suele conocer, también están en sintonía con el título de la investigación. En línea con la sociología interpretativista francesa, la autora recupera una serie de categorías nativas, como el término “rosca”, para describir las características de los armadores, su rol político y sus territorios de acción. En este plano, la “rosca” representa un trabajo cotidiano de intermediación y generación de acuerdos que supone negociaciones entre actores, también denominado “toma y daca”. Los armadores, asiduamente encargados de conducir esta labor, se configuran como agentes especializados en la articulación de consensos y gestión de apoyos, cuyas acciones se manifiestan en lo que Gené denomina “política con minúsculas”. El vínculo de estas prácticas –no siempre visibles y muchas veces confinadas a ámbitos informales– con el Ministerio del Interior se instituye a partir de las erogaciones de la cartera y se resignifica, según la investigadora, con la impronta de sus elencos. Entre las múltiples tareas que suelen ser encomendadas a esta agencia, se destacan las siguientes: encabezar la relación con los gobiernos subnacionales y con el Congreso de la Nación, ejecutar intervenciones federales, distribuir recursos provenientes de los Aportes del Tesoro Nacional, organizar contiendas electorales y, en ciertas circunstancias, dirigir las fuerzas de seguridad. Estas erogaciones, según los propios entrevistados, dan cuenta de un “ministerio político por excelencia”, desde el cual sus miembros tienen como meta central sentar las bases de la gobernabilidad nacional.

El texto se organiza en dos partes. En la primera, compuesta por dos capítulos, se presentan las trayectorias y las experiencias de quienes conformaron los elencos ministeriales. El capítulo 1 evidencia que gran parte de los armadores,3 ya sea por tradición familiar o por influencia de hitos históricos, tuvieron una socialización temprana en la arena política. Ocupando cargos electivos y no electivos, solidificaron una expertise basada en sus portes para aunar voluntades desde sus vastas redes de vínculos interpersonales. En el capítulo 2 se reconstruyen las destrezas y las habilidades que pusieron en marcha quienes se desempeñaron como ministros del Interior. Atenta a los aportes de la sociología comprensiva, Gené concibe el mundo político como un territorio moral y cognitivamente constituido por los actores que lo habitan; de esta manera, les otorga valor analítico a las voces de quienes trabajaron en la cartera. El conocimiento de los “códigos” de la negociación política, la astucia para diagramar estrategias de consenso (especialmente en situaciones extraordinarias o conflictivas), el respaldo del presidente en funciones y la capacidad de articulación con líderes opositores son enumerados como las cualidades primordiales de un “buen armador”.

En la segunda parte se expone un recorrido sociohistórico que abarca las diferentes gestiones ministeriales del período 1983-2007. El capítulo 3 inicia con el abordaje del gobierno alfonsinista. En un contexto en el que las cúpulas militares mantenían cierto poder de fuego, el Ministerio fue conducido por dos dirigentes radicales con algunos matices entre sí: Antonio Tróccoli y Enrique Nosiglia. A pesar de no acordar con la impronta revisionista respecto del golpe cívico-militar precedente que impulsaba Raúl Alfonsín, Trócolli fue una pieza clave en las negociaciones previas al juicio a las juntas. Proveniente de filas balbinistas, no mantuvo una relación estrecha con el presidente y fue destituido tras la derrota de la UCR en las elecciones intermedias de 1987. Nosiglia, en cambio, representaba a los sectores juveniles del partido radical y tenía una mayor proximidad con Alfonsín. Denominado por la prensa como un “operador”, por su vocación negociadora y su rol preponderante en la toma de decisiones del partido, terminó su gestión después de organizar el traspaso adelantado del mando presidencial luego de la hiperinflación de 1989. De esta manera, ingresamos al capítulo 4, en el que Gené observa el papel de los armadores durante la década menemista. Si bien transitaron por la cartera seis ministros, sobresalieron dos modelos contrapuestos de armador político: Gustavo Beliz y Carlos Corach. Con poca trayectoria y magra red de contactos, Beliz solo contaba con el apoyo de Menem y con la valoración positiva de la opinión pública. Sin grandes logros, culminó su corta gestión denunciando irregularidades en el gobierno, con lo que se ganó las críticas de sus pares, quienes lo consideraron un outsider que nunca supo manejar los códigos del “ministerio político”. En las antípodas, Corach fue considerado por radicales y peronistas como un hábil y respetado negociador, una imagen totalmente distante de la que se manifestaba en la prensa, la cual lo vinculaba con acuerdos espurios y causas de corrupción. Así, quien más se acercó a las aptitudes de un “buen armador”, según sus pares, se mantuvo en el cargo por más tiempo que sus antecesores.

El capítulo 5 nos introduce en la breve gestión de la Alianza, con la advertencia de que la sostenida crisis económico-social que atravesaba la Argentina había debilitado considerablemente al Ministerio como instrumento de negociación política. Aun contando con credenciales para desempeñarse en el cargo, los dos ministros del período no lograron resolver los problemas que asediaron al gobierno aliancista. Federico Storani presentó su renuncia debido a que discrepaba con el plan de ajuste impulsado por el Ejecutivo a comienzos de 2001, y Ramón Mestre culminó su periplo tras las protestas del 19 y 20 de diciembre del mismo año, luego de haber sido uno de los responsables de la represión policial de las jornadas. Los desafíos de la cartera entre 2002 y 2003, abordados en las páginas iniciales del capítulo 6, cabalgaron a la par de una creciente vulnerabilidad socioeconómica y un agitado clima de protestas que continuaron debilitando el “ministerio político”. Una vez iniciado el mandato de Néstor Kirchner, se designó a Aníbal Fernández para conducir la cartera, un dirigente con larga trayectoria en el PJ y próximo a Eduardo Duhalde. Por esta situación, Kirchner confió las tareas que otrora eran encabezadas por el ministro político a su jefe de Gabinete Alberto Fernández, quien tenía una estrecha relación con el presidente y había sido una pieza clave en la campaña electoral. En este plano, Gené destaca que el solapamiento de funciones con la Jefatura de Gabinete (creada durante la Reforma Constitucional de 1994) profundizó el debilitamiento del rol político del Ministerio del Interior.

En las conclusiones del estudio se enfatizan el carácter multifacético del trabajo político y las condiciones de eficacia de los armadores en sus respectivas gestiones. Asimismo, se resalta la importancia de matizar aquellas visiones que analizan la actividad política desde una perspectiva fuertemente normativa. Finalmente, se incluye un epílogo con reflexiones acerca de la presidencia de Mauricio Macri, en el que se resalta la vigencia de los armadores en la coalición Cambiemos. Las tensiones entre el “ala política” del gobierno, de la cual formaba parte el ministro del Interior Rogelio Frigerio, y el sector denominado “PRO puros” son brevemente caracterizadas en las líneas finales del texto, el cual deja camino para próximas investigaciones.

La rosca política… representa un convite para acercarnos a los entretelones del mundo político, aquel terreno poco conocido y alejado de los grandes discursos, pero cuyas decisiones tienen un impacto significativo en el funcionamiento de la democracia argentina. No es solo por explorar territorios de difícil acceso para el trabajo académico que esta obra recoge notoriedad. Además, el recorrido sociohistórico presentado por Gené constituye una puerta de entrada para quienes pretendan examinar el quehacer de los armadores, tanto en el Ministerio del Interior como en otros ámbitos estatales y no estatales. La del armador es una labor que, lejos de extinguirse, se amoldará a los vaivenes de los contextos históricos y a los estilos presidenciales venideros. Por otra parte, la apuesta por una novedosa sociología política que recupera herramientas analíticas de otras disciplinas (como la ciencia política o la antropología) también arroja nuevos enfoques y perspectivas para futuras producciones académicas. Lejos de las miradas normativas y sus profetas del “deber ser”, este libro exhibe una visión más acabada de los sentidos y las prácticas menos visibles que predominan en la arena política nacional. Invita a conocer las múltiples caras del trabajo político a partir de una sociología realista que nos retribuye, parafraseando a la autora, una imagen menos encantada y más informada de la democracia y sus rutinas.

Referencia bibliográfica

Weber, M. (2002 [1919]). “La política como vocación”. En Weber, M., El político y el científico. Buenos Aires: AC Editores.


1 * Universidad Nacional de General Sarmiento, joaquinforesti@gmail.com.

2 Investigadora del Conicet, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y en Sociología Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

3 La autora utiliza el término en masculino debido a que fueron mayormente varones quienes cumplieron tareas de armado político. Un dato que ilustra la masculinización de la profesión es que ninguna mujer se desempeñó en el máximo cargo del Ministerio hasta el momento.