Presentación
Abstract
Diferentes voces – académicas, gubernamentales y multilaterales - celebran la disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso que se está produciendo en los últimos diez años en algunos países latinoamericanos. Los más optimistas celebran a las “clases medias emergentes” en países otrora caracterizados por una estructura social polarizada, la “democratización del consumo” que beneficiaría ahora a los sectores populares y se preguntan si, finalmente, el largo ciclo de incremento de las desigualdades en la región no estaría conociendo un punto de inflexión. Hay quienes cuestionan, en cambio, esta constatación optimista basada en gran medida en indicadores tales como el coeficiente de Gini, por sus limitaciones metodológicas y sus presupuestos teóricos. En esa línea de análisis, señalan, por ejemplo, que la distribución funcional del ingreso (o sea, la apropiación diferencial de las ganancias entre capital y trabajo) no muestra un quiebre de tendencias tan pronunciado como el indicador anterior y que las elites, algunas tradicionales y otras que crecieron al calor de los nuevos tiempos, continúan gozando de una apropiación desmesurada de las riquezas. Asimismo, otros bienes colectivos centrales para el bienestar no son tenidos en cuenta en la construcción de los indicadores de desigualdad de ingreso de personas u hogares. Estas perspectivas dan cuenta, más en general, de un descontento con una visión de la desigualdad centrada casi exclusivamente en la distribución del ingreso. Por ello, es difícil tener una imagen acabada de las sociedades latinoamericanas actuales si no se adopta una mirada compleja y multidimensional de la desigualdad.
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Copyright (c) 2023 Gabriel Kessler, Ania Tizziani

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